UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Urgente Llamado a la Acción Internacional para Detener el Genocidio en Gaza

La situación en Gaza ha alcanzado un punto crítico, donde la violencia y el sufrimiento humano se han convertido en la cruda realidad donde han sido asesinados más de 50,000 civiles, la mayoría de ellos niños, mujeres y ancianos. Este escenario desolador no puede ser tratado como un mero conflicto; se trata de un genocidio en curso que exige la atención y la acción inmediata de la comunidad internacional. Las recientes operaciones militares del ejército israelí en localidades como Mauashi y Rafah han intensificado el sufrimiento de la población civil, que se encuentra atrapada en un cerco militar, sin acceso a ayuda humanitaria y con escasas posibilidades de supervivencia. Se estima que alrededor de 15,000 personas, en su mayoría niños, están en grave peligro. Las imágenes desgarradoras que emergen de esta región son un llamado urgente a la conciencia global. Cada día que pasa sin una intervención efectiva es un día más donde se pierden vidas inocentes. A pesar de las condenas verbales y las declaraciones de algunos líderes mundiales, la respuesta de la comunidad internacional ha sido insuficiente. El silencio de organismos internacionales y gobiernos ante esta masacre es, en sí mismo, una forma de complicidad. La historia nos ha enseñado que la inacción frente a atrocidades humanas no solo perpetúa el sufrimiento, sino que también allana el camino para que tales crímenes se repitan en el futuro. La comunidad global tiene la responsabilidad moral y legal de actuar, de no ser meros observadores ante el horror que se desata en Gaza. Es alarmante que, a pesar de la reciente sentencia de un tribunal internacional que ordena la captura y el juicio del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos, este se pasea por medio mundo, sin que nadie actúe, reconociendo que no existen mecanismos concretos para hacer cumplir esta orden. Esta ineficacia pone de relieve las limitaciones de la justicia internacional y la necesidad de un cambio estructural que permita que los responsables de genocidios y crímenes de guerra enfrenten las consecuencias de sus actos sin importar su estatus. El momento de actuar es ahora. La humanidad no puede permanecer pasiva ante la devastación que se está llevando a cabo en Gaza. La comunidad internacional debe utilizar todos los medios a su alcance para detener esta barbarie y proteger a los civiles. Es imperativo que se exijan acciones concretas, que se implementen sanciones efectivas y que se brinde apoyo humanitario inmediato a los afectados. Las vidas de miles de inocentes dependen de la acción colectiva y de la voluntad política para poner fin a este genocidio. Este llamado a la acción es urgente. La justicia, la protección y la dignidad de todos los afectados por este conflicto no pueden esperar. La comunidad internacional debe levantarse y actuar, no permitir que más vidas sean cobradas en esta tragedia humanitaria. Es momento de que el mundo responda con determinación y compasión, porque cada vida perdida en Gaza es una pérdida para toda la humanidad.

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Ecuador en la encrucijada

Hoy, más de 13 millones de ecuatorianos tienen en sus manos una decisión trascendental: elegir entre la continuidad de un gobierno que ha profundizado la crisis o el cambio hacia un proyecto que promete recuperar la esperanza. Daniel Noboa llegó al poder en 2023 presentándose como una alternativa renovadora, pero su gestión ha sido un fracaso rotundo. Bajo su mandato, Ecuador se ha convertido en uno de los países más inseguros de la región, con índices de violencia que superan incluso a los de naciones en conflicto. Su incapacidad para resolver la crisis energética —que dejó al país sumido en apagones recurrentes— y su manejo económico, marcado por el desempleo y el alza del costo de vida, demuestran que su discurso no se tradujo en soluciones. Peor aún, ha usado los recursos del Estado para favorecer su campaña, violando el principio básico de equidad democrática. Frente a esto, Luisa González representa no solo la posibilidad de un giro, sino la oportunidad de reconstruir un país fracturado. Las encuestas la ubican como favorita, no por casualidad, sino porque su propuesta —respaldada por amplios sectores sociales, incluido el movimiento indígena— ofrece políticas concretas: reactivación productiva, seguridad con justicia social y defensa de los servicios públicos. Es significativo que, en un momento de polarización, su llamado a la unidad haya logrado sumar a fuerzas políticas diversas, desde la izquierda hasta sectores moderados. El pueblo ecuatoriano no puede permitirse cuatro años más de improvisación y retroceso. Noboa ha tenido su oportunidad y la desperdició. Hoy, la democracia exige rectificar el rumbo. Votar por Luisa González no es solo un acto político; es una defensa del futuro del Ecuador. Que prevalezca la voluntad popular, sin interferencias, y que el país demuestre, una vez más, que la dignidad se elige en las urnas.

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La tragedia de la discoteca Jet Set y la necesidad de responsabilidad

El derrumbe parcial del techo de la discoteca Jet Set no es solo una desgracia fortuita; es el resultado de una cadena de negligencias que pudieron—y debieron ser evitadas. Ante el dolor de las víctimas y sus familias, surgen las preguntas inevitables: ¿Cómo se permitió que un local con antecedentes de riesgo, como el incendio de 2023, siguiera operando sin las debidas inspecciones? ¿Por qué las advertencias sobre la sobrecarga en el techo, mencionadas por testigos, no fueron atendidas a tiempo? En medio de la conmoción, algunos buscan simplificar el análisis o desviar las culpas, pero la verdad es clara: esta tragedia es consecuencia de la dejadez de las autoridades y de la irresponsabilidad de los propietarios. Las instituciones encargadas de garantizar la seguridad en establecimientos públicos fallaron al no fiscalizar adecuadamente una edificación que ya había demostrado su vulnerabilidad. Por su parte, los dueños del local, conscientes—o que debieron estarlo—de las condiciones estructurales, prefirieron arriesgar vidas antes que invertir en reparaciones o cerrar temporalmente para evitar lo peor. No basta con el lamento, hace falta justicia Ahora, cuando el impacto emocional aún es profundo, las promesas de investigaciones rigurosas y sanciones ejemplares se multiplican. Pero la historia reciente nos ha enseñado que, en demasiados casos, los culpables de tragedias similares terminan evadiendo la justicia gracias a influencias, maniobras legales o simplemente porque el paso del tiempo diluye la presión social. No puede permitirse que eso ocurra ahora. Si las pesquisas confirman negligencias o incumplimientos, los responsables—sean empresarios, funcionarios o intermediarios—deben enfrentar todo el peso de la ley. No como un gesto de venganza, sino como una medida necesaria para sentar precedentes y demostrar que la impunidad no puede ser la respuesta habitual ante la pérdida de vidas inocentes. Aprender para no repetir Más allá de las sanciones, esta tragedia debe servir para revisar los protocolos de seguridad en locales de alta concurrencia, exigir inspecciones rigurosas y periódicas, y garantizar que quienes incumplan las normas afronten consecuencias antes de que ocurra una desgracia, no después. El duelo de las familias afectadas no se aliviará con discursos, pero al menos deben tener la certeza de que su dolor no fue en vano: que esta vez, a diferencia de otras, las lecciones se aprenderán y las responsabilidades se asumirán. Solo así podrá honrarse a las víctimas y evitar que futuras generaciones sufran por los mismos errores.  

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Regular la migración con transparencia y firmeza

La República Dominicana tiene el derecho soberano de controlar sus fronteras y regular los flujos migratorios, especialmente cuando se trata de migración irregular que afecta la seguridad nacional, los servicios públicos y la cohesión social. Sin embargo, este ejercicio legítimo debe realizarse con estricto respeto a los derechos humanos de los migrantes y, sobre todo, con una estrategia integral que ataque no solo los síntomas, sino las causas profundas del problema. En las últimas semanas, las autoridades han intensificado las redadas y deportaciones de nacionales haitianos en situación irregular, una medida que, aunque legal, resulta insuficiente si no va acompañada de acciones contundentes contra las redes de corrupción que operan en la frontera. Mientras el gobierno anuncia con bombo y platillo las expulsiones masivas, en la misma frontera, bajo la mirada cómplice de funcionarios civiles y militares, cientos de indocumentados continúan entrando al país, alimentando un negocio ilícito que lucra con la necesidad y la desesperación de miles de personas. La doble moral fronteriza No hay política migratoria efectiva sin erradicar la corrupción en la frontera. Resulta hipócrita expulsar a miles de haitianos indocumentados mientras autoridades dominicanas —encargadas de vigilar los pasos fronterizos— permiten el ingreso ilegal a cambio de sobornos. Este tráfico de personas no solo socava la seguridad nacional, sino que perpetúa un ciclo perverso: los migrantes son deportados por un lado, mientras por otro se les permite entrar nuevamente, en un juego macabro que beneficia a mafias locales. Pero el problema no se limita a los haitianos. Ciudadanos chinos, venezolanos y colombianos también se mueven con impunidad en el país, muchos de ellos sin documentos regulares, gracias a la misma red de complicidades. ¿De qué sirve la retórica de \»mano dura\» si no se ataca el corazón del problema? Hacia una solución integral El Estado dominicano debe: 1. Desmantelar las redes corruptas en la frontera, investigando y sancionando a funcionarios cómplices, sin importar su rango. 2. Fortalecer los controles migratorios con tecnología y capacitación, más allá de las operaciones mediáticas. 3. Garantizar procesos de deportación transparentes y humanos,  evitando abusos y violaciones a los derechos de los migrantes. 4. Trabajar con Haití y otros países, en políticas migratorias coordinadas que aborden las causas de la migración irregular. La migración no se resuelve solo con redadas. Exige una estrategia clara, coherente y libre de dobles discursos. La República Dominicana tiene derecho a proteger sus fronteras, pero ese derecho debe ejercerse con justicia, eficiencia y, sobre todo, limpiando primero su propia casa.

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El verdadero periodismo no es un espectáculo

En el Día del Periodismo en la República Dominicana, es necesario reflexionar sobre la esencia de una profesión que, más que un oficio, es un pilar de la democracia. Hoy, en medio de la era digital, enfrentamos una distorsión preocupante: la usurpación de funciones por parte de influencers y opinadores, quienes sin formación, ética ni rigor, se autoproclaman \»periodistas\», confundiendo el entretenimiento con la información y el chisme con el reporteo. La trivialización de la noticia Las redes sociales han democratizado la difusión de contenidos, pero también han abierto la puerta al intrusismo profesional. Personajes con miles de seguidores —muchos dedicados al espectáculo, el morbo o la desinformación— ahora se atreven a dictar \»noticias\» sin verificar fuentes, sin contexto y, lo más grave, sin responsabilidad ante el daño que causan. Mientras el periodismo tradicional se rige por códigos de ética, estos actores convierten la información en un circo de fake news, donde lo relevante no es la verdad, sino los \»likes\». El legado de los gigantes Frente a esta frivolización, vale recordar a quienes sí ejercieron el periodismo con honor: figuras como Orlando Martínez y Marcelino Vega, mártires de la palabra, quienes con su ejercicio profesional apegado a la ética y en defensa de los mejores intereses nacionales, son recordatorios de que esta profesión puede costar la vida cuando se ejerce con integridad. Ellos, junto a maestros como Rafael Herrera, Emilio Herasme Peña, Juan Bolívar Díaz, Huchi Lora, Marino Zapate, Elsa Peña o María Isabel Soldevila, entendieron que el periodismo no es un juego, sino un servicio público. Investigaron, contrastaron datos, dieron voz a los sin voz y, sobre todo, respetaron a su audiencia. Hoy, muchos de los que se llenan la boca hablando de \»libertad de expresión\» no son más que mercantilistas de la desinformación, que cambian la verdad por clics y el análisis por el escándalo. Peor aún: algunos medios, en su afán por competir con las redes, imitan estos formatos vacíos, rebajando la profesión a un reality show. Llamado a la defensa del periodismo serio En este día, los verdaderos periodistas —los que estudian, los que se especializan, los que asumen este trabajo como una misión— deben alzar la voz. No se trata de negar la evolución de los medios, sino de defender los principios que hacen del periodismo un contrapeso al poder. Las escuelas de comunicación, los colegios profesionales y los medios tradicionales tienen la obligación de exigir estándares de calidad y denunciar a quienes, sin preparación ni ética, intoxican el debate público. Que el ejemplo de los grandes reporteros dominicanos —los que enfrentaron dictaduras, los que revelaron corrupción, los que murieron por decir la verdad— nos recuerden que el periodismo no es un hobby. Es un compromiso con la sociedad, y como tal, merece respeto, no caricaturas. ¡Feliz Día del Periodismo a quienes lo ejercen con honor!  

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No subestimar el auge de las corrientes de ultraderecha: un llamado a la acción

La reciente marcha en Friusa y los anuncios de la llamada Antigua Orden Dominicaca —que ahora planea una movilización hacia el Palacio Nacional y amenaza con un paro nacional— confirman un fenómeno preocupante: grupos que antes operaban en los márgenes están ganando audiencia y organización, imitando el patrón de crecimiento de movimientos ultraderechistas en Europa y América Latina. No se trata de un hecho aislado. El discurso del odio, el racismo, el autoritarismo y la retórica antiinmigrante han encontrado eco en figuras como Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina, y ahora buscan arraigarse en República Dominicana. Lo más alarmante es que estos grupos ya no son marginales: abogados, exmilitares, políticos e incluso antiguos militantes de izquierda se han sumado a sus filas, legitimando un proyecto que amenaza la convivencia democrática. El peligro de normalizar el odio La marcha de Friusa dejó al descubierto no solo la capacidad de movilización de estos sectores, sino también la complicidad de ciertos medios y \»influenciadores\» que amplifican sus mensajes. Peor aún: algunos partidos de oposición, como el PLD y la FP, han cedido a la presión de esta agenda reaccionaria, llegando incluso a criticar las medidas de contención frente a actitudes claramente provocadoras y violentas. Mientras tanto, el PRM en el gobierno, que se autodenomina socialdemócrata, guarda un silencio cómplice. Ante el avance de estas corrientes, no basta con la neutralidad: el Estado y las fuerzas políticas democráticas deben tomar una posición clara frente a quienes promueven el divisionismo, la intolerancia y el odio. Lecciones de Europa y América Latina: no esperar a que sea tarde En Europa, partidos de ultraderecha han logrado llegar al poder o influir en políticas migratorias represivas, mientras que en América Latina, figuras como Bolsonaro y Milei han demostrado cómo el discurso del miedo y la demonización del \»otro\» pueden ganar elecciones. Si República Dominicana no actúa a tiempo, este movimiento podría consolidarse como una fuerza política capaz de alterar el equilibrio institucional. Un llamado a la definición Frente a este escenario, la sociedad dominicana no puede permanecer indiferente. Los partidos políticos, las organizaciones civiles, los medios de comunicación y la ciudadanía deben: 1. Denunciar sin ambigüedades las prédicas de odio y las estructuras paramilitares que puedan estar surgiendo bajo este movimiento. 2. Exigir al gobierno y a la oposición democrática una postura firme contra la ultraderecha, más allá de cálculos electorales. 3. Fortalecer el debate público con argumentos sólidos, desmontando las falsedades y el alarmismo que alimentan estos grupos. La historia ha demostrado que los movimientos autoritarios no se detienen solos: se les enfrenta con decisión. República Dominicana aún está a tiempo de evitar que el odio y el extremismo se normalicen. El momento de actuar es ahora.

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 Primer Aniversario de Umbral

El 27 de febrero de 2024 marcó un hito en nuestra historia: el día en que Umbral salió a la red por primera vez. No fue una fecha escogida al azar. La seleccionamos con profundo significado, pues ese día, la República Dominicana celebra su independencia, el momento en que nos constituimos como una nación libre y soberana. Al elegir esta fecha, rendimos homenaje a los libertadores que lucharon por nuestra patria y asumimos un compromiso inquebrantable con sus ideales. Estos principios nos guían y motivan a hacer un periodismo ético, de calidad y sin medias tintas, siempre en defensa de una República Dominicana libre e independiente. Umbral nació inspirado en los padres de la patria, con la firme convicción de ejercer un periodismo sin censuras y con apego irrestricto a la verdad. Durante estos primeros 365 días, hemos mantenido ese compromiso: informar con veracidad, combatir la mentira y la desinformación, y defender la ética informativa en cada una de nuestras publicaciones. Nuestro equipo editorial y periodístico ha trabajado de manera incansable y brillante, enfrentando desafíos y superando expectativas. Hemos buscado, en todo momento, hacer periodismo de calidad, apegado a la verdad y al servicio de nuestros lectores. Este primer año nos llena de orgullo, pero también nos impulsa a seguir adelante, porque sabemos que nos aguardan días mejores. A nuestros lectores, les expresamos nuestro más sincero agradecimiento. Su confianza y apoyo son el motor que nos impulsa a seguir creciendo y mejorando. Reiteramos nuestro compromiso con la verdad, la ética y el periodismo responsable. ¡Vamos por el segundo año! Con la misma pasión, dedicación y compromiso que nos ha caracterizado desde el primer día. Muchas gracias por seguirnos y por ser parte de esta historia que juntos estamos construyendo. ¡Adelante, Umbral! ¡Adelante, República Dominicana!

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Oportunidades laborales y formación adecuada a las necesidades del pais, son claves para frenar la emigración

En el contexto actual de la política migratoria estadounidense, donde la deportación masiva de inmigrantes se ha convertido en una realidad alarmante, los gobiernos latinoamericanos están siendo puestos a prueba. La forma en que cada nación responde a esta crisis no solo revela su capacidad de gestión, sino también su compromiso con la dignidad y el bienestar de sus ciudadanos. En este sentido, la República Dominicana se enfrenta a un reto crucial: la creación de mejores oportunidades laborales y programas de formación que reduzcan la necesidad de emigrar. La reciente actitud del gobierno dominicano, que ha optado por una postura de indiferencia ante la deportación de sus ciudadanos, es preocupante. Mientras otros países de la región, como México, Colombia, Honduras y Brasil, han implementado planes integrales para recibir y reintegrar a sus deportados, la administración de Luis Abinader se ha limitado a aceptar la autoridad de Estados Unidos en este asunto. Esta falta de sensibilidad no solo desatiende las necesidades de los migrantes, sino que también subestima el potencial de desarrollo que podría surgir al invertir en la formación y el empleo en el país. La emigración no es solo una decisión personal; es un fenómeno complejo que a menudo es impulsado por la falta de oportunidades. Al proporcionar mejores condiciones laborales, así como acceso a educación y capacitación, el gobierno dominicano podría ofrecer a sus ciudadanos alternativas viables para prosperar en su propio país. Invertir en programas de formación técnica y profesional, así como en políticas que fomenten el emprendimiento y la innovación, son pasos necesarios para construir un futuro más prometedor. La creación de empleos dignos y bien remunerados no solo beneficia a los individuos, sino que también fortalece la economía nacional. Una población empleada es una población que contribuye al crecimiento del país, que paga impuestos, que consume y que, en última instancia, puede contribuir a un ciclo de desarrollo sostenible. La falta de oportunidades laborales es un caldo de cultivo para la desesperanza y la migración. No se trata solo de evitar que nuestros ciudadanos abandonen el país, sino de ofrecerles razones para quedarse y construir su vida aquí. Es imperativo que el gobierno dominicano reoriente sus políticas hacia el desarrollo económico inclusivo. Esto implica no solo la creación de empleo, sino también la facilidad para la adquisición de viviendas, con politicas crediticias avaladas por el Estado y la promoción de un entorno en el que los jóvenes y adultos puedan adquirir las competencias necesarias para afrontar los desafíos del mercado laboral. Esto no solo es una cuestión de justicia social, sino también de estrategia económica. La migración debe ser vista como una opción, no como una necesidad. Para ello, es fundamental que nuestros líderes entiendan que la verdadera fortaleza de una nación se mide por su capacidad para ofrecer un futuro digno a sus ciudadanos. La solidaridad y la empatía deben ser los principios rectores de nuestra política migratoria interna y externa. En resumen, la situación actual nos brinda una oportunidad única para reflexionar sobre nuestras prioridades como nación. Es hora de que la República Dominicana tome un papel proactivo en la creación de un entorno que fomente la estabilidad y el desarrollo, reduciendo así la presión migratoria. Solo así podremos garantizar que nuestros ciudadanos tengan las oportunidades que merecen, y que sean ellos quienes decidan, desde una posición de libertad y elección, si desean emigrar o permanecer y contribuir al desarrollo del país.

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Unas felices navidades y un 2025 de esperanza   En estas festividades navideñas, queremos extender nuestras más sinceras felicitaciones a todos los dominicanos. Este es un tiempo de celebración, unidad y reflexión, donde nos reunimos con familiares y amigos para compartir momentos que atesoramos en nuestros corazones. Sin embargo, es fundamental recordar que la alegría de estas fechas debe ir acompañada de prudencia y responsabilidad. En un país donde la movilidad es parte de nuestra cultura, instamos a todos a evitar desplazamientos innecesarios. Las carreteras pueden volverse peligrosas, especialmente en esta época del año cuando el tráfico aumenta y la fatiga puede afectar nuestra concentración. Si bien el deseo de disfrutar con nuestros seres queridos es comprensible, es crucial que lo hagamos de manera segura. Recordemos también que el consumo de alcohol puede nublar nuestro juicio; por ello, es imperativo no conducir después de haber bebido. La vida es un regalo invaluable y debemos cuidarla. Además, en este contexto de celebración, no olvidemos la importancia de controlar nuestros gastos. Las navidades pueden ser un tiempo propenso a excesos financieros, pero una planificación cuidadosa nos permitirá disfrutar de estas festividades sin la carga de deudas innecesarias. Vivamos estas fiestas con tranquilidad, priorizando lo que realmente importa: la compañía de nuestros seres queridos y la creación de recuerdos significativos. Mirando hacia el futuro, deseamos que el 2025 nos traiga paz social y mejoras en las condiciones laborales y de estabilidad económica. Que el nuevo año sea un periodo de oportunidades para todos, donde cada dominicano pueda encontrar un camino hacia la prosperidad y el bienestar. Es momento de unirnos, trabajar juntos y construir un país donde todos podamos prosperar. En esta Navidad, celebremos con alegría, pero también con responsabilidad. Que cada uno de nosotros haga un esfuerzo consciente por vivir en armonía, cuidando de nosotros mismos y de los demás. Desde aquí, les deseamos unas felices fiestas y un próspero año nuevo lleno de esperanza y oportunidades. ¡Felices fiestas, República Dominicana!

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Recordando a Manolo Tavárez Justo: Un héroe de la libertad

El 21 de diciembre de 1963, las balas que resonaron en Las Manaclas no solo marcaron el fin de la vida de Manolo Tavárez Justo y 14 de sus compañeros, sino que también dejaron una herida abierta en la memoria colectiva de la República Dominicana. Este aniversario, que conmemora 61 años de uno de los episodios más oscuros de nuestra historia, nos invita a reflexionar sobre el legado de un hombre que se convirtió en símbolo de resistencia y lucha por la justicia. Manolo Tavárez Justo, líder del movimiento 14 de junio, no fue un simple activista; fue un ferviente defensor de la democracia, un hombre que se atrevió a alzar la voz frente a la opresión que se cernía sobre nuestro país tras el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Bosch. Su captura y ejecución, junto a sus compañeros, no solo fueron un acto de barbarie, sino un intento deliberado de silenciar la esperanza de un pueblo que anhelaba un cambio. La brutalidad de este hecho pone de manifiesto una historia marcada por la violencia, donde las instituciones armadas han actuado como instrumentos de terror en lugar de ser garantes de la paz y la justicia. El momento que vivía el pais cuando se produjo una represión en el que se desarrolló la masacre de Las Manaclas es fundamental para entender la magnitud del sacrificio de Tavárez Justo. En un momento en que la voz de la oposición era perseguida, su firmeza y determinación se erguían como un faro de resistencia. La historia no debe olvidar que la lucha por la democracia y los derechos humanos requiere valentía, y Manolo encarnó esa valentía en su máxima expresión. Los testimonios de quienes sobrevivieron a aquel día fatídico, como el Dr. Emilio Cordero Michel, nos ofrecen una visión desgarradora de la realidad que enfrentaron. La imagen de hombres rendidos, ondeando banderas blancas y siendo asesinados a sangre fría, no puede ser silenciada ni relegada al olvido. Este crimen, clasificado como una masacre, exige justicia, no solo para honrar a sus víctimas, sino para asegurarnos de que nunca más se repita un episodio tan atroz en nuestra historia. En este sentido, el legado de Manolo Tavárez Justo debe ser un faro que guíe a las futuras generaciones. No podemos permitir que el nombre de un militar responsable de esta masacre, como Ramiro Matos González, continúe honrando instituciones educativas del país. Esta situación no solo es un despropósito, sino una ofensa a la memoria de aquellos que lucharon por la libertad. La justicia exige que la historia sea contada con veracidad, y que los héroes como Manolo sean recordados con dignidad. El aniversario de la masacre de Las Manaclas debe servir como un llamado a la acción. En un país que aún busca su rumbo, es imperativo que honremos la memoria de Tavárez Justo y sus compañeros, y que su sacrificio inspire un compromiso renovado con la verdad, la justicia y los derechos humanos. Recordar su lucha no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino una responsabilidad que todos debemos compartimos como dominicanos. La historia no debe ser olvidada. La figura de Manolo Tavárez Justo debe permanecer viva en nuestra conciencia colectiva, impulsándonos a seguir luchando por un país donde la violencia y la opresión no tengan cabida. Que su legado nos inspire a construir una sociedad más justa, donde nunca más se repitan masacres como la de Las Manaclas. La memoria de estos héroes es un llamado constante a la lucha por la libertad y la dignidad de todos los dominicanos.

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Con el presidente Mao

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