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Santo Domingo. – El acuerdo de cooperación suscrito entre República Dominicana y Estados Unidos ha generado una aguda polarización entre los sectores políticos y sociales del país.

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Tokio se rinde al \’Conejo Malo\’: Bad Bunny conquista por primera vez Asia con un concierto íntimo y nostálgico

El puertorriqueño ofreció anoche en Chiba un espectáculo de hora y media para celebrar sus billones de reproducciones en Spotify. Entre ritmos de reguetón, un guiño a la isla de Yonaguni y un homenaje final a la salsa, el artista conectó con un público que coreó en español y japonés cada uno de sus himnos. Por César Dalmasi Guzmán  Tokio, 7 mar .- Por primera vez, la música de Bad Bunny dejó de ser un eco lejano en auriculares para convertirse en una experiencia colectiva en suelo asiático. El Tipstar Dome de la vecina ciudad de Chiba fue el escenario de un hito: el debut en Japón del fenómeno de Puerto Rico, un concierto que, lejos de la pirotecnia de los grandes estadios, optó por la intimidad de un encuentro con sus seguidores más fieles en el archipiélago. Poco antes de las siete y media de la tarde, las luces del recinto se extinguieron. Las primeras notas de \’EoO\’ emergieron en la penumbra, pero fue la transición inmediata a \’Me Porto Bonito\’ lo que detonó el primer estallido. Cientos de voces, en un crisol de japonés y español, se elevaron al unísono. Entre la multitud, la peruano-japonesa Naomi Uehara, nacida en Perú pero criada en Japón desde el año de edad, resumía el sentir general: \»Es un sueño poder estar aquí y ver a un artista como él cantando en español\». A su lado, Mizuki Arce aún procesaba la fortuna de estar ahí: \»Estaba en el metro cuando recibí las entradas. Al principio no me lo creía\». El concierto, encuadrado en la serie \’Spotify Billions Club Live\’, está reservado para aquellos artistas que acumulan múltiples canciones con más de mil millones de reproducciones. Bad Bunny, con apenas 31 años y más de una veintena de temas en esa selecta lista, se ganó con creces el derecho a esta celebración. El repertorio fue un viaje expreso por la columna vertebral de su éxito. \’No Me Conoce\’, \’La Neverita\’ y \’Si Veo a Tu Mamá\’ mantuvieron el pulso alto, antes de que la irrupción de Arcángel y Ñengo Flow en la pantalla para \’Safaera\’ desatara la euforia. \»La noche acaba de empezar. Sé que ustedes tienen mucha energía todavía y quiero que eso se note en esta canción\», arengó el cantante antes de sumergir al público en el universo de \’Dakiti\’ y \’Titi Me Preguntó\’. Sin embargo, el momento de mayor conexión llegó con un cambio de registro. La silueta del artista se recortó sobre el escenario mientras confesaba: \»Esta canción es muy especial para mí. Cuando la escribí me imaginé aquí, en Japón\». Los primeros acordes de \’Yonaguni\’, cuyo nombre evoca la enigmática isla del extremo occidental de Japón, inundaron la sala. En su tramo final, el público tomó la voz cantante, replicando la estrofa en japonés con una precisión que obligó al artista a detenerse, abrir los brazos y rendirse ante la entrega de sus fans. Tras recuperar el pulso del reguetón con \’Callaíta\’, Benito Martínez, nombre de pila del artista, arrojó su chaleco al público para enfundarse un esmoquin que guardaba un detalle para la posteridad: el reverso, bordado con kanjis brillantes, rezaba \’Tokio\’. La noche deparaba aún otra sorpresa: una versión de ‘Mía’ despojada de su producción original y reconstruida sobre la base cálida de tambores, timbales y bongós, en un gesto que viró hacia la tradición. \»Ya bailamos reguetón toda la noche, ahora toca un poco de salsa\», anunció Bad Bunny, transformando la pista en una fiesta de barrio. \»Tokio baila sin miedo\», arengó. El tramo final incluyó \’Nueva York\’, su más reciente incorporación al club de los billones, y un falso adiós que nadie creyó. \»Ya se acabó\», advirtió con picardía, pero el público, sabedor de lo que se avecinaba, rugió exigiendo el último ritual. La noche cerró con \’Debí Tirar Más Fotos\’, el tema que da título a su más reciente producción discográfica, un homenaje a la cultura de su Puerto Rico natal que acaba de hacer historia al ganar el Grammy al mejor álbum del año, el primero otorgado a una obra íntegramente en español. Antes del último acorde, el cantante impartió una lección que trascendió la música: \»Son ustedes los que me trajeron a Japón, algo que nunca imaginé. Dejen los móviles y disfruten, porque como dice la canción, mientras uno esté vivo, uno tiene que amar lo más que pueda\». Las luces se apagaron para entonar la melodía final, sellando así un capítulo inolvidable en la historia de la música latina en Japón.  

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La Resistencia Sonora: Bad Bunny, Jara y la Memoria en Tiempos de Pinochetismo

El Grito Inesperado Bad Bunny transforma su concierto en el Estadio Nacional de Chile en un potente acto de memoria política, homenajeando a Víctor Jara con \»El Derecho de Vivir en Paz\» en el mismo lugar de su martirio. Este gesto, realizado en el contexto de la inminente asunción presidencial de José Antonio Kast, un declarado admirador de Pinochet, trasciende el espectáculo para erigirse como un acto de resistencia generacional y una defensa simbólica de la memoria histórica frente a la normalización del olvido. Por Julio Guzmán Acosta Hay silencios que gritan. Hay escenarios que, más allá de las luces y el sonido, son heridas abiertas en el cuerpo de un país. El Estadio Nacional de Chile es uno de ellos. Sus gradas no son solo de cemento; son un archivo de ecos ahogados, un monumento al dolor infligido cuando la dictadura lo convirtió en una fosa común de la dignidad. Allí, en 1973, le quebraron las manos a Víctor Jara para silenciar su guitarra. Y allí, sin manos, su voz se alzó por última vez, desnuda y desafiantemente, entonando \»El Derecho de Vivir en Paz\» antes de que el odio lo callara para siempre. Cincuenta y dos inviernos después, en ese mismo óvalo de memoria, irrumpió el ritmo urbano de Bad Bunny, el fenómeno global del perreo. Pero en la cúspide de su espectáculo, algo se quebró en la lógica del mero entretenimiento. Con una decisión cargada de una lucidez tan profunda como arriesgada, cedió el espacio sagrado del hit momentáneo para dar paso a un canto antiguo y eterno. Invitó a un artista local a entonar, ante miles de jóvenes, aquella misma canción de Jara. No fue una pausa nostálgica; fue un puente tendido en el abismo de la desmemoria. Fue colocar el grito de un mártir en el centro del oído de una generación que quizás desconocía el peso de la tierra que pisaba. Y lo hizo en el instante preciso en que la historia amenaza con enredarse en un nudo familiar. Mientras Chile se apresta a recibir a un presidente que ha declarado, sin rubor, que Pinochet votaría por él, y que ha tejido su gabinete con abogados que defendieron al dictador, este gesto reverbera como un aldabonazo. Es la valentía de incomodar. Es decir, desde el epicentro simbólico del horror, que el pasado no es un museo, sino una línea que se puede cruzar de nuevo si se olvida. Los que ven en Bad Bunny solo reguetón banal y espectáculo fugaz no entienden la naturaleza del arte en tiempos de peligro. Un artista consciente no es el que corea consignas, sino el que elige el lugar y el momento para, con un solo gesto, desenterrar la verdad y enfrentarla al presente. Este no es marketing; el marketing huye de la controversia. Esto es posicionamiento: pararse del lado de los que cantaron hasta el final, justo cuando algunos se preparan para blanquear a sus verdugos. El Puente Generacional en Tiempo de Peligro: He aquí la belleza urgente del acto: su poder de despertar. Miles de asistentes, movidos por el beat del perreo, se encontraron de pronto con la historia viva de su país. Recibieron, en el templo del entretenimiento, una lección de memoria. Fue una siembra a contrareloj, una arma de conciencia entregada semanas antes de que un gobierno que reivindica aquella oscuridad asuma el poder. Bad Bunny, Benito Antonio Martínez Ocasio, realizó así la acción más punk y más profunda: usar su plataforma colosal para iluminar una sombra. Convirtió el dolor en dignidad resonante, el olvido en memoria colectiva, la complacencia en resistencia sónica. Recordó, con una potencia que ningún discurso académico podría lograr en ese foro, que hay ecos que no se disipan. Que mientras se cante \»El Derecho de Vivir en Paz\» en el lugar donde quisieron matar la paz para siempre, los Pinochet —los de ayer y los de hoy— no ganarán. La memoria, como el perreo, tiene su propio ritmo implacable. Y no se detiene.

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Sabina Baja el Telón: Un Último Vals Entre Lágrimas y Memoria

El poeta del canallismo cierra su vida en los escenarios en Madrid con un concierto cargado de emoción, repasando cinco décadas de canciones que han habitado la memoria sentimental de generaciones, pero no su arte. Por Julio César Guzmán Acosta MADRID. – Ante la silueta expectante de doce mil almas congregadas en la penumbra del Movistar Arena, Joaquín Sabina, el trovador de la vida cruda y el verso brillante, pronunció con voz rota la sentencia que todos temían escuchar: “Este concierto en Madrid es el último de mi vida y por tanto el más importante”. Con esas palabras, cargadas del peso solemne de una despedida largamente anunciada pero no por ello menos desgarradora, el hombre de Úbeda, de 76 años y una leyenda a cuestas, puso punto final a su gira ‘Hola y adiós’. O, como él mismo corrigió bajo los focos, a lo que ahora se llama simplemente ‘Adiós’. El aire dentro de la arena era espeso, impregnado de una nostalgia colectiva. No era solo un concierto; era un ritual de despedida, un acto de comunión donde el poeta, sus músicos y un mar de seguidores sellaron un pacto final de gratitud. “Un adiós enormemente agradecido”, lo definió Sabina, por haber visto “crecer sus canciones”, esas que, “de un modo misterioso”, se han “colado en la memoria sentimental de varias generaciones”. Entre el público, figuras como Feijóo, Sémper, Víctor Manuel y Ana Belén, o Dani Martín, eran testigos anónimos más de un momento histórico. Tras un video introductorio con ‘Un último vals’, el artista apareció, fiel a su leyenda de impuntualidad elegante, apenas nueve minutos tarde. Lo que siguió fue un viaje de más de dos horas por el atlas sentimental de medio país. Desde la temprana y desgarrada ‘Calle Melancolía’ –“la segunda que escribí en mi vida”, confesó, rescatada del baúl para la ocasión– hasta los himnos masivos de ’19 días y 500 noches’. Cada acorde era un eco de una vida, cada estrofa un jirón de memoria compartida. Uno de los instantes más puros llegó con el relato del ‘Bulevar de los Sueños Rotos’. “Chavela me contó que vivía allí… y yo pensé que me estaba regalando un verso maravilloso”, recordó, evocando a la inmensa Vargas antes de entonar la canción que nació de aquella confidencia, en un silencio reverencial que estalló en ovación. Fue un repaso exhaustivo y emocional: ‘Y nos dieron las diez’, ‘Princesa’, ‘Yo me bajo en Atocha’… 23 temas que fueron otros tantos latidos en la noche. Al final, las lágrimas, que Sabina no disimuló –tampoco sus músicos ni miles de asistentes–, fluyeron libremente. No eran de derrota, sino de agotamiento vital y de una gratitud inmensa. El último vals había terminado. El hombre que convirtió el canallismo en poesía y la bohemia en crónica de una época bajaba por última vez de un escenario, entre una ovación interminable que pretendía, en vano, detener el tiempo. Sin embargo, este adiós a los escenarios no es un punto final, sino un profundo punto y aparte. Su entorno aclara que la faceta artística del creador no se extingue. El adiós es al rigor del tour, a la tensión del directo, a los sustos médicos que marcaron sus últimos años –como la caída de casi dos metros en este mismo recinto en 2020–. Es el retiro del gladiador, no del poeta. Joaquín Sabina se retira habiendo despachado más de 700.000 entradas en 71 conciertos en esta gira final. Se va, pero sus canciones, esas que hablan de trenes, de bares, de amores torpes y de madrugadas infinitas, se quedan. Se quedan, como él dijo, coladas para siempre en la memoria sentimental de un país que, anoche, le devolvió el favor llorando su adiós.

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Silvio Rodríguez: la trova que vuelve a casa

El poeta de la guitarra inicia su gira latinoamericana en la escalinata de la Universidad de La Habana, donde comenzó todo Por Julio Guzmán Acosta  La Habana, Cuba.– La voz que cinceló versos en el alma de América Latina volverá a resonar donde empezó su leyenda. Silvio Rodríguez, el trovador que convirtió canciones en banderas, anunció hoy que iniciará su nueva gira continental el 19 de septiembre en ese templo secular de la cultura cubana: la escalinata de la Universidad de La Habana. Será un concierto gratuito, como aquellos que hicieron historia. Bajo el cielo caribeño, acompañado por siete músicos de su confianza, el autor de Unicornio y Ojalá reencontrará a su público más fiel antes de emprender un periplo por Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia. No es casual el escenario elegido: en estos peldaños que han visto desfilar generaciones de revolucionarios, el joven Silvio ayudó a fundar en 1968 el movimiento de la Nueva Trova Cubana junto a Pablo Milanés y otros poetas de la guitarra. El regreso del cronista Esta gira marca el retorno de Rodríguez a los escenarios latinoamericanos después de su histórico concierto en el Zócalo de Ciudad de México (2022), donde cien mil almas cantaron al unísono sus versos. Ahora, con 77 años y un nuevo álbum (\»Quería saber\», 2024) bajo el brazo, el cantautor emprende lo que podría ser su última gran tournée continental. Será como ver florecer de nuevo el jardín que plantamos hace medio siglo, confesó el músico en su blog Zurrón del Aprendiz, donde detalló la formación que lo acompañará: desde el vibráfono de Emilio Vega hasta el piano de Jorge Aragón, pasando por la flauta de Niurka González. Una orquesta íntima para canciones que son patrimonio emocional de millones. La trova que no envejece El movimiento que ayudó a crear –esa fusión de filin cubano con poesía social– sigue siendo hoy referencia obligada para artistas jóvenes. La Nueva Trova, con su mezcla de romanticismo y compromiso, demostró que las canciones pueden ser al mismo tiempo arrullos y manifiestos. Esta gira coincidirá con el 55° aniversario de aquel concierto fundacional. Cuando Silvio cante La Maza en Santiago o Playa Girón en Buenos Aires, no serán solo recuerdos: serán versos vivos que siguen interrogando al tiempo. julioguzman@umbral.com.do © Derechos reservados. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin autorización escrita. ¿Estará presente en algún concierto de la gira? Comparta sus recuerdos silvianos con #MiSilvioEnVivo En contexto: – Primera gira latinoamericana desde 2022 – Incluye países donde no se presenta desde 2018 (Chile) – Conmemora 55 años de la Nueva Trova Cubana – Presentará temas de su último álbum \»Quería saber\» (2024)

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Toño Rosario y Héctor Acosta iluminarán Santiago en concierto aniversario

Dos íconos de la música tropical unen talentos para celebrar los 14 años de Mr. Grilled Restaurant Por César Dalmasi Guzmán Santiago se prepara para vibrar al ritmo de los merengues y bachatas que han marcado épocas. Dos gigantes de la música caribeña, Toño Rosario y Héctor Acosta \»El Torito\», compartirán escenario el próximo sábado 2 de agosto en un concierto exclusivo para celebrar el decimocuarto aniversario del reconocido Mr. Grilled Restaurant. La velada promete ser un viaje sonoro por los éxitos que han escuchado y bailado generaciones, con una producción especial a cargo de Los 4 Fantásticos. Un duelo de leyendas sobre las tablas El evento no solo reunirá a dos de las voces más emblemáticas de la música dominicana, sino que contará con un equipo de lujo para su conducción: los animadores Mariachi Budda, Yulay Piña, Sandra Berrocal, Vitaly Sánchez y Mara Tavárez guiarán la noche, entremezclando humor y energía con las interpretaciones musicales. Toño Rosario, exintegrante de Los Hermanos Rosario y solista consagrado, promete encender al público con clásicos como \»La Dueña del Swing\» y \»Bomba Camará\». Mientras, Héctor Acosta —cuyo repertorio abarca desde bachatas románticas hasta merengues explosivos— hará cantar al público con éxitos como \»Me voy\» y \»Sin perdón\» Más que música: una experiencia multisensorial El concierto forma parte de una agenda cultural y gastronómica que Mr. Grilled Restaurant ha diseñado para su aniversario. Los asistentes podrán disfrutar de una fusión entre platos exclusivos y melodías que invitan al baile, consolidando el evento como un referente del entretenimiento santiaguero. \»Queremos que este aniversario quede grabado no solo por la comida, sino por la calidad artística\», señalaron los organizadores. Con la producción de Los 4 Fantásticos —reconocidos por espectáculos memorables en todo el país—, la noche del 2 de agosto se perfila como un homenaje a la música dominicana y su capacidad para unir a través del ritmo. Detalles clave – Fecha: Sábado 2 de agosto. – Artistas: Toño Rosario y Héctor Acosta \»El Torito\». – Producción: Los 4 Fantásticos. – Conducción: Mariachi Budda, Yulay Piña, Sandra Berrocal, Vitaly Sánchez y Mara Tavárez. Una cita imperdible para los amantes de la buena música y la fiesta santiaguera.

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Raulín Rodríguez se presentará en el Hard Rock Café Santo Domingo

Por Theo N. Guzmán   El reconocido bachatero Raulín Rodríguez se presentará este sábado 14 de diciembre en el Hard Rock Café Santo Domingo, en un esperado concierto que promete revivir sus más grandes éxitos. Entre las canciones que sonarán durante la velada destacan \»Nereyda\», \»Medicina de amor\» y \»Te pierdo y te pienso\», así como otros temas que han sido éxitos y que le ha seguido su público a lo largo de su carrera. El evento, organizado por CRProduction, tiene como objetivo ofrecer a los seguidores del “Cacique de la bachata” una experiencia musical inolvidable. Claudio Rosado, CEO de la productora, expresó su entusiasmo por el evento: “Nos sentimos más que contentos de poder llevar a Raulin Rodríguez a este escenario con un concierto inolvidable donde todos sus seguidores disfrutarán del género que identifica a todos los dominicanos: la bachata”. Raulín Rodríguez cuenta con más de 30 años en la música, comenzando su trayectoria en su infancia, cuando se presentó en su escuela primaria. Desde muy joven, se sintió influenciado por el baladista mexicano Juan Gabriel, a quien considera una de sus primeras inspiraciones. “Nosotros éramos fanáticos de Juan Gabriel cuando estábamos jovencitos. Yo me ponía con la radio a cantar como él”, recuerda el artista, quien también fue integrado por su madre a un grupo folclórico en su comunidad natal de Santa María, en la provincia de Montecristi. A los 14 años, Raulín comenzó a tocar la guitarra de oído, un talento que lo ha definido como uno de los grandes exponentes de la bachata. Con un don innato para la escritura, es autor de varios éxitos, incluyendo “Que vuelva”, “Nereyra” y “Soledad”. Su carrera despegó al unirse a la agrupación de Anthony Santos, donde compartió escenario con Luis Vargas, aunque eventualmente cada uno tomó su propio camino en el mundo de la música. Los fanáticos de Raulín Rodríguez están ansiosos por disfrutar de una noche llena de buena música y recuerdos, en un evento que sin duda resaltará la rica tradición de la bachata en la República Dominicana.

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Con el presidente Mao

En octubre de 1967, en pleno auge de la Revolución Cultural china y en un escenario internacional atravesado por profundas tensiones ideológicas, un grupo...

El Frente Agropecuario del PRM ratificó de manera unánime a Eulalio Ramírez como presidente durante su pleno de delegados, en el que también quedó...