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El 14 de junio de 1959: la semilla rebelde que el tirano no pudo arrancar

El Partido Unificado de los Comunistas Dominicanos (PUCD), a 67 años de la Gesta Heroica de Constanza, Maimón y Estero Hondo, reivindica el legado de los 198 combatientes que, bajo el mando de Enríquez Jiménez Moya y con el aliento internacionalista de la Revolución Cubana, desafiaron la dictadura trujillista y sembraron la lucha por el socialismo en la patria dominicana. Una gesta que, aunque derrotada en sangre, encendió la llama de la insurrección popular y hoy sigue siendo bandera de los pueblos que aspiran a la liberación definitiva. Por Redacción Nacional  Al cumplirse el 67 aniversario de la Gesta Heroica de Constanza, Maimón y Estero Hondo, la memoria histórica de la República Dominicana se viste de luto y de gloria. El Partido Unificado de los Comunistas Dominicanos (PUCD) ha alzado la voz para rendir tributo a la valentía indomable de aquellos 198 combatientes que, en la madrugada del 14 de junio de 1959, plantaron la bandera de la liberación en el territorio nacional, desafiando con el pecho descubierto la maquinaria de terror del régimen trujillista. En un comunicado de su Comité Político, el PUCD recordó que la gesta fue posible gracias a la unidad de las diversas tendencias del exilio anti-trujillista, agrupadas en el Ejército de Liberación Dominicana, bajo el mando del comandante Enríquez Jiménez Moya, capitán del Ejército Rebelde de Cuba comandado por Fidel Castro Ruz. Aquella expedición, nutrida por el espíritu internacionalista que floreció tras el triunfo de la Revolución Cubana, trajo hasta las costas dominicanas a un contingente de luchadores forjados en el fuego de la fraternidad latinoamericana: cubanos, puertorriqueños, guatemaltecos, nicaragüenses, norteamericanos y españoles, todos hermanados por una misma causa: derrocar al tirano. “La Cordillera del fuego Andino hizo bajo la mar lo que los combatientes hicieron sobre la mar: sangre y cariño para regar la tierra dominicana”, expresó la organización, evocando la gesta de Máximo Gómez y el deber internacionalista proclamado por Fidel Castro en la Universidad Central de Venezuela, cuando anunció que la lucha por Santo Domingo Libre era parte indisoluble de la revolución. El comunicado subraya que, aunque los heroicos combatientes pagaron con sus vidas aquella madrugada de junio, su herencia de luchadores incansables no tardó en ser recogida por el pueblo dominicano. De aquellas cenizas surgió la protesta creciente y unánime frente a la dictadura, que en sus inicios —recuerda el texto— fue impulsada por los pervertidos intereses norteamericanos. Con un tono de elegía y combate, el PUCD reivindica su papel en la organización y materialización de la gesta, y saluda el esfuerzo de los sectores revolucionarios que hoy trabajan por unificar sus filas. “Nos corresponde la gloria de haber sido una de las tendencias que con más arrojo participó en esta empresa —afirma el texto—. Y alzamos la voz por el pueblo de Duarte, los Restauradores y Caamaño, para retomar la lucha por el triunfo del Socialismo en este país”. La nota concluye con una triple invocación: ¡Viva la libertad e Independencia Nacional! ¡Viva la lucha del Pueblo Dominicano! ¡Gloria Eterna a los Héroes del 14 de Junio!  

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El levantamiento de los 198 del 14 de junio: un episodio clave en la resistencia contra la dictadura

A 67 años de la gesta de Constanza, Maimón y Estero Hondo, la histórica expedición del 14 de junio de 1959 sigue siendo el desafío más osado contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo: 198 hombres, tres oleadas de muerte, una Cuba revolucionaria como cómplice silenciosa, y el germen del Movimiento 14 de Junio que, junto a las hermanas Mirabal, enterró al régimen más sangriento del Caribe. Por Julio Guzmán Acosta Director de Umbral   I. El día en que el cielo escupió fuego sobre Constanza El avión aterrizó en el aeropuerto de Constanza a las 5 de la tarde de aquel domingo 14 de junio. El sol, ya bajo sobre la cordillera Central, teñía de naranja los pinos cuando el zumbido rompió la falsa paz de la tarde. Los campesinos alzaron la vista y vieron lo que nunca debían haber visto: un Curtis C-46 con las insignias de la Aviación Militar Dominicana volando bajo, tan bajo que parecía querer raspar las copas de los árboles. Pero las insignias mentían. Adentro, 54 hombres sudaban con el peso de las armas y el vértigo de la historia. El comandante Enrique Jiménez Moya, un militar que había dicho no al tirano, apretaba la culata de su fusil. A su lado, el cubano Delio Gómez Ochoa repasaba mentalmente cada paso del plan. Y en la cabina, el piloto Juan de Dios Ventura Simó —desertor, héroe a su pesar, hombre con una sentencia de muerte escrita antes de nacer— alineaba el aparato con la pista improvisada. Era el 14 de junio de 1959. Abajo, la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo cumplía veintinueve años de ordeñar el miedo. El tirano había llegado al poder en 1930 montado en un fraude tan obsceno que hasta sus aliados se ruborizaron: 99% de los votos, una oposición forzada a la abstención, y un socio incómodo llamado Rafael Estrella Ureña, que pronto aprendería que sentarse junto al diablo quema. En 1932, Estrella Ureña renunció por \»problemas de salud\» —el eufemismo favorito de los que querían seguir vivos. Los que no corrieron la misma suerte fueron el periodista Virgilio Martínez Reyna (asesinado junto a su esposa embarazada en San José de las Matas), los generales Cipriano Bencosme y Desiderio Arias, y centenares de dominicanos cuyos nombres sólo sobrevive en fosas comunes. Treinta y un años de la peor dictadura que haya conocido el Caribe, incluida la época colonial. Treinta y un años de la 40, de las desapariciones, del exilio forzado. Pero aquella tarde, la historia decidió cambiar de guion. El Curtis C-46 tocó tierra. Las puertas se abrieron de golpe. Y por primera vez en casi tres décadas, un puñado de hombres armados pisó suelo dominicano con la intención de matar al tirano. II. La conspiración de las olas (o el griego que vendió la libertad por monedas) La historia, sin embargo, es una señora caprichosa que se escribe con fortunas y naufragios. La expedición no era una sola, sino tres. Y dos de ellas llegaron tarde, porque el destino —o la traición— quiso ponerle obstáculos a la épica. Mientras el avión de Jiménez Moya aterrizaba en Constanza, dos embarcaciones navegaban hacia el mismo sueño. El Carmen Elsa, un frágil cascarón de acero, llevaba 96 hombres al mando de José Horacio Rodríguez, hijo del legendario general antirrujillista Juancito Rodríguez. La lancha Tinina, más pequeña, transportaba 48 expedicionarios capitaneados por José Antonio Campos Navarro. Ambas habían zarpado de Cuba el 13 de junio, bendecidas por el gobierno revolucionario de Fidel Castro Ruz. Porque hay que decirlo y que quede claro: a diferencia de la fallida expedición de Cayo Confites en 1947 —saboteada desde dentro por agentes del gobierno cubano de Ramón Grau San Martín que trabajaban para Trujillo—, esta vez Cuba dijo sí. Entrenamiento, armas, naves, fragatas de escolta. Fidel, el barbudo recién llegado al poder el 1 de enero de 1959, tendió la mano a los exiliados dominicanos como quien devuelve un favor pendiente. Pero el Carmen Elsa cojeaba. El capitán original era un griego de nombre Stelio Bellelis, un hombre con la lealtad tan líquida como el mar que navegaba. Pronto se supo —aunque la verdad completa aún gotea como sangre de una hermal cerrada— que Bellelis tenía vínculos con la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos y, peor aún, con los servicios de inteligencia del tirano. Una avería misteriosa. Días a la deriva. La fragata cubana José Martí remolcando el cascarón hasta el islote Gran Iguana. Y cuando el Carmen Elsa por fin llegó a las costas de Maimón, no era el 14 de junio. Era el 20 de junio. Seis días tarde. Seis días en los que Trujillo ya sabía todo. III. La masacre de los dos mares El 20 de junio de 1959, el cielo de Puerto Plata no era azul. Era plomo y plomo y plomo. La Marina de Guerra Dominicana y la Fuerza Aérea del régimen esperaban. Los cañones estaban cargados. Los aviones, en el aire. Y cuando el Carmen Elsa y la Tinina se asomaron al horizonte, escoltadas por las fragatas cubanas José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez (que sólo podían acompañarlas hasta aguas internacionales), el infierno se desató. El Carmen Elsa fue bombardeado antes de tocar tierra. José Horacio Rodríguez murió en el agua, junto a parte de su tripulación. Los que lograron nadar hasta la playa e internarse en las lomas fueron perseguidos durante días por el ejército y por una jauría de civiles que el régimen soltó como perros de caza. Los capturados vivos no lo fueron por mucho tiempo. La Tinina tuvo mejor suerte —si es que la suerte existe en la guerra—. Logró atracar en Estero Hondo. Sus 48 hombres pisaron suelo patrio. Pero los perros ya olfateaban la presa. Los acorralaron, los cazaron, los mataron. El saldo, recogido con la precisión de un forense por el historiador Emilio Cordero Michel (él mismo un sobreviviente, años después, de otro levantamiento), es una de las cifras más crueles de la historia dominicana: De 198

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La noche que mataron al tirano: 65 años después, el poder sigue en las mismas familias y la desigualdad ahoga al pueblo dominicano

Un grupo de valientes dominicanos ajustició a Rafael Leónidas Trujillo un 30 de mayo de 1961, pero las élites económicas que lo sostuvieron mantienen su dominio; hoy el país crece, sí, pero la brecha entre ricos y pobres se ensancha sin piedad Por Julio Guzmán Acosta  Especial para Memorias del Caribe Santo Domingo amaneció aquel martes sin saber que estaba a punto de parir su propia leyenda. Era 30 de mayo de 1961, y sobre la capital que aún llevaba el nombre infame de \»Ciudad Trujillo\» pesaba la calma espesa de tres décadas de terror. Nadie podía imaginar que el hombre que había hecho temblar a generaciones enteras con solo asomar su silueta en un balcón, el \»Generalísimo\» que se creía inmortal, estaba a punto de encontrarse con la muerte en una carretera polvorienta. Rafael Leónidas Trujillo Molina se levantó a las cinco de la madrugada, como era su costumbre de hierro. Revisó informes, despachó con sus leales, visitó a su madre anciana en la avenida Máximo Gómez. Nada en su rutina anunciaba el fin. Pero esa noche, cuando se puso su uniforme verde olivo y subió al Chevrolet azul celeste con destino a su hacienda en San Cristóbal, treinta y un años de tiranía se sentaron junto a él en el asiento trasero. Nunca más volvería a ver el palacio. Los fusiles de la libertad: los hombres que dijeron \»ya basta\» La historia no la escriben los verdugos, aunque ellos intenten secuestrar la pluma. La escriben estos nombres, que merecen ser pronunciados como una oración laica: Antonio de la Maza, Pedro Livio Cedeño, Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert Barrera, Roberto Pastoriza, Juan Tomás Díaz, Modesto Díaz, Huberto Bogaert, Luis Manuel Cáceres, René de la Cruz, Miguel Ángel Báez y el teniente Amado García. Hombres cansados de ver a sus hermanos desaparecer en la noche, de escuchar que \»el Chivo\» había ordenado otra masacre, de saber que sus hijos crecían en un país donde la palabra \»libertad\» era un delito. Ellos planearon durante casi tres años, en secreto de catacumbas, con la muerte pisándoles los talones. El 30 de mayo, sobre la carretera que hoy lleva justamente el nombre de aquella gesta —la Autopista 30 de Mayo—, interceptaron al dictador. Los disparos rasgaron la noche tropical. Trujillo cayó con el mentón destrozado por una bala de De la Maza, el puente dental volando por los aires como una metáfora perfecta de su falsa majestad. Pero el tirano, aunque muerto, aún tenía colmillo. Su hijo \»Ramfis\», un hombre educado en el lujo y la impunidad, regresó de París (donde jugaba al polo mientras su padre se desangraba) con una sed de venganza que heló la sangre del país. En los meses siguientes, los héroes fueron cazados uno a uno. Los colgaron, los torturaron, los fusilaron en la Hacienda María. Antonio de la Maza y sus compañeros pagaron con su vida el atrevimiento de querer ser libres. Pero Trujillo estaba muerto. Y esa bala, aunque tardaría en hacer efecto, había partido la historia en dos. La herencia maldita: las mismas familias, el mismo poder Ahora bien, querido lector, no nos engañemos con el polvo de los héroes ni con las banderas que se despliegan cada 30 de mayo. Porque si el tirano cayó aquella noche, lo que vino después no fue exactamente la democracia de los manuales escolares. Las élites económicas que se enriquecieron al amparo de Trujillo —los mismos apellidos que controlaban el azúcar, el cemento, la banca y los medios de comunicación— no se exiliaron ni fueron desposeídas. Simplemente cambiaron de chaqueta. De la dictadura a la \»democracia\» pactada, de Balaguer a los partidos turnantes, la sangre llegó al río pero los peces gordos siguieron nadando. Hoy, 65 años después, en la República Dominicana sigue gobernando la misma elite. Los apellidos que controlaban la economía en 1961 aún figuran en los directorios de los conglomerados más poderosos. La concentración de la riqueza no es un accidente: es un diseño histórico que el ajusticiamiento no logró desmontar. El poder cambió de rostro, pero no de bolsillos. Las cifras del desencanto: crecemos, pero no compartimos El Paraíso turístico de Punta Cana, los rascacielos de la avenida Winston Churchill y los centros comercials de lujo no cuentan toda la historia. Detrás del espejo brillante del crecimiento económico —República Dominicana ha sido una de las economías más dinámicas de América Latina en la última década— se esconde una verdad incómoda: la desigualdad no ha dejado de crecer. Los datos son tozudos y fríos, pero hablan por sí solos. El índice de Gini, ese termómetro implacable de la brecha entre ricos y pobres, ha subido sin pausa desde 2022. Comenzó en 0.376 y ya alcanzó 0.389 al cierre de 2025. ¿Qué significa esto en carne y hueso? Que los ingresos de los sectores más acomodados crecen a velocidad de crucero, mientras las familias humildes destinan casi todo lo que ganan a comida, transporte y electricidad. Una subida en el precio del combustible o del aceite puede tirar por la borda el presupuesto de un hogar entero. Según el Análisis de desempeño económico y social (ADES-2025), del Viceministerio de Economía dominicano, los ingresos laborales explican la totalidad del aumento real per cápita. Es decir: la gente trabaja más y gana un poco más, pero las transferencias gubernamentales y las ayudas sociales han caído. El bienestar de las familias dominicanas descansa \»sobre un único pilar\»: el empleo. Y cuando el empleo flaquea, no hay red que atrape a los que caen. La pobreza monetaria, eso sí, ha bajado al 15.4 % en el primer trimestre de 2026, según datos oficiales. Pero ojo: que la pobreza disminuya no significa que la desigualdad se reduzca. Puede haber menos pobres absolutos y, al mismo tiempo, los ricos volverse mucho más ricos. Eso es exactamente lo que está pasando. El crecimiento económico beneficia mayoritariamente a los sectores con mayor capacidad financiera y patrimonial. Mientras tanto, la clase media se estruja el cinturón. La inflación en alimentos, vivienda

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Santo Domingo. – El acuerdo de cooperación suscrito entre República Dominicana y Estados Unidos ha generado una aguda polarización entre los sectores políticos y sociales del país.

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El negocio del odio y la mano de obra invisible: quiénes se benefician del caos migratorio en la frontera

Una investigación de umbral.local/ revela las redes de corrupción que vinculan a funcionarios públicos, empresarios agroindustriales y grupos de ultraderecha en la perpetuación de la crisis migratoria haitiana, mientras sectores extremistas utilizan Telegram para incitar a la caza de migrantes bajo la teoría conspirativa del "gran reemplazo". Por la Redacción de Investigación umbral.local/ Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA   La historia oficial suele ocultar las costuras. Debajo del discurso de orden fronterizo, de las patrullas militares en la línea divisoria y de los operativos de migración que aparecen en los noticieros, existe una estructura compleja donde confluyen intereses económicos, complicidades estatales y un emergente entramado de odio que ha encontrado en las redes sociales su campo de batalla. La inmigración haitiana en República Dominicana, fenómeno estructural que data de la ocupación de 1822, no es un accidente: es un sistema funcional para unos pocos, un calvario para muchos y un combustible electoral para los extremos. Un fenómeno estructural, no una coyuntura Para entender la magnitud de lo que ocurre en la frontera y los barrios populares de Santo Domingo, Santiago y las principales provincias de la República Dominicana, es necesario alejarse del sensacionalismo que domina las conversaciones digitales. La presencia haitiana en territorio dominicano no comenzó con el terremoto de 2010 ni con el colapso institucional posterior al asesinato de Jovenel Moïse en 2021. Es una relación que viene desde la ocupación haitiana de 1822-1844, pasó por la expansión azucarera de finales del siglo XIX y se institucionalizó bajo el régimen de Ulises Heureaux y la posterior intervención estadounidense (1916-1924), cuando los ingenios azucareros importaron braceros haitianos en condiciones de semiesclavitud. La paradoja trujillista resume la ambivalencia dominicana: en 1937, el régimen ordenó la masacre de miles de haitianos en la frontera; al día siguiente, los mismos ingenios de la familia Trujillo continuaron contratando mano de obra haitiana para mantener la producción azucarera. Esa contradicción —el discurso xenófobo como herramienta política y la dependencia económica silenciada— se ha perpetuado hasta nuestros días. El empresariado: el \»empleador ausente\»   La investigación documenta cómo el sector empresarial dominicano, particularmente el vinculado a la agroindustria del arroz, el banano, el cacao y la construcción, ha sido históricamente un actor clave en la perpetuación del flujo migratorio. Mientras las cámaras empresariales emiten comunicados abogando por el \»orden migratorio\», en la práctica existe una complicidad tácita para mantener un statu quo de informalidad. Los salarios ofrecidos para labores agrícolas y de albañilería —tareas que la población dominicana, en condiciones de empleo formal, rechaza realizar— crean un mercado laboral dual que es funcional al capital pero desastroso para la cohesión social. Miles de trabajadores haitianos laboran sin seguro médico, sin pensiones y fuera de cualquier protección legal. Este sistema de \»mano de obra barata\» opera con el conocimiento de las autoridades laborales y migratorias, que históricamente han mirado hacia otro lado. La paradoja es evidente: el mismo discurso que exige deportaciones masivas proviene, en ocasiones, de quienes se benefician directamente de la vulnerabilidad del migrante. Las mafias y la corrupción institucional   La existencia de un flujo migratorio no regulado de entre 500,000 y 800,000 personas, según estimaciones extraoficiales, ha creado un lucrativo negocio ilegal que opera en ambos lados de la frontera. La investigación revela la existencia de redes transnacionales que incluyen \»coyotes\» haitianos que cobran por cruzar la frontera, funcionarios dominicanos de la Dirección General de Migración y del Ejército que permiten el paso a cambio de sobornos —las llamadas \»mordidas\»—, y redes de \»clandestinos\» que conectan a los recién llegados con empleos informales en ciudades y zonas rurales. El negocio de la falsificación de documentos es quizás la punta del iceberg más visible de esta estructura. Actas de nacimiento, cédulas y pasaportes dominicanos falsificados circulan en un mercado ilegal que involucra a empleados públicos de alto rango. Esta corrupción permite la integración de migrantes irregulares al sistema formal, pero también es utilizada por sectores de ultraderecha para justificar campañas de odio bajo la premisa del \»robo de identidad\», alimentando un ciclo de estigmatización que oculta el verdadero problema: la complicidad estatal. La fuerza pública: entre la contención y la facilitación   El papel de la Policía Nacional y el Ejército de República Dominicana en este contexto es contradictorio. Por un lado, el ejército opera como contención fronteriza con un muro perimetral y patrullajes constantes. Por otro, sus efectivos —afectados por bajos salarios y una corrupción sistémica— son a menudo los facilitadores del paso ilegal. Fuentes consultadas dentro de la institución castrense confirmaron que existen \»peajes\» establecidos en puntos ciegos de la frontera donde se negocia el cruce de personas y mercancías. En las ciudades, la policía ha sido señalada por organismos de derechos humanos por realizar \»operativos de limpieza\» en barrios populares donde se practican detenciones masivas basadas en el perfil fenotípico —el racial profiling—. Esta práctica criminaliza no solo a los migrantes indocumentados, sino también a dominicanos de ascendencia haitiana, generando un ambiente de terror comunitario que ha sido documentado en Villa Juana, Los Guandules y otros sectores de Santo Domingo. El factor distorsionador: redes sociales y ultraderecha   En los últimos años, el debate migratorio ha sido secuestrado por sectores de ultraderecha que utilizan las redes sociales para propagar discursos de odio y desinformación. La investigación de umbral.local/ ha tenido acceso a conversaciones en plataformas como Telegram donde grupos con más de 400 miembros instan a sus militantes a comprar armas de fuego y actuar como \»lobos solitarios\» en zonas de alta concentración migrante. \»Hay que limpiar el barrio\», \»defiende tu tierra con plomo si es necesario\», son algunos de los mensajes que circulan en estos foros, donde se difunden manuales de tácticas urbanas y se comparten ubicaciones de asentamientos informales de migrantes. Estos grupos han importado teorías conspirativas propias del neonazismo europeo, como el \»gran reemplazo\», adaptándolas al contexto local: la supuesta existencia de un plan para \»desplazar\» a la población dominicana mediante la inmigración masiva. A través de influencers anónimos y cuentas automatizadas (bots), saturan el debate público con

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Antonio Duverge verdadero héroe de la Batalla del 19 de marzo

Después de proclamada la República, el 27 de febrero, con apenas transcurridas las dos primeras semanas, el 10 de marzo el presidente haitiano Charles Rivière-Hérard, ordenó la movilización nacional y convocó un ejército de 30 mil soldados divididos en tres cuerpos de a 10 mil, para marchar sobre la parte Este de la isla recién liberada del dominio haitiano por 22 años. Dos ejércitos penetraron por la frontera Sur, uno al mando del propio Herard , el otro por el general Alphonse Souffrant y un tercero por la frontera Norte; al mando del general Jean-Louis Pierrot. Los ejércitos que penetraron por la frontera Sur lo hicieron; uno por lo que hoy es Jimani, siguiendo por Neiba, bajo el mando de Souffrant, el otro por lo que hoy es Elías Piña; tomando la ruta de San Juan de la Maguana bajo el mando del propio presidente Herard; que confluirán en la ciudad de Azua en ruta hacia Santo Domingo, sede del gobierno independentista. El 13 de marzo de 1844; en lo que hoy es el municipio de Galván de la provincia de Bahoruco, las tropas de Souffrant fueron   repelidas por tropas dominicanas, lideradas por el Fernando Tavera, Vicente Noble y Dionisio Reyes, en la Batalla de la Fuente del Rodeo, considerado el primer enfrentamiento armado tras la independencia. Esta batalla ralentizo el   avance del ejército haitiano liderado por Souffrant, permitiendo que el recién creado ejército dominicano, con escasa formación militar, mal equipado, y superado decenas de veces por el ejército invasor, pudiera organizarse mejor para la decisiva batalla del día 19 de Marzo, en Azua, evitando que ambos ejércitos confluyeran simultáneamente en dicha ciudad. Mientras la columna de Souffrant fue retrasada, Hérard avanzó hacia Azua y el 18; en la tarde llegó a Los Jobillos, donde fue detenido brevemente por Lucas Díaz. Estos combates y emboscadas fueron las acciones libradas por las fuerzas dominicanas de avanzada como parte de la defensa adoptada por el Coronel, Antonio Duvergé desde Azua, encargado  de la defensa de todo el Sur,  cuyo objetivo era desgastar y dilatar las fuerzas enemigas en su avance, mediante acciones móviles, cediendo terreno, aminorar la marcha e impedir, que la división de Souffrant llegara a tiempo para participar en la batalla librada el 19 de marzo, lo que pudo lograrse por el arrojo, la valentía y el ingenio táctico del llamado Centinela de la Frontera, Antonio Duvergé Duval. Mientras el grueso de las tropas invasoras se reagrupaba, para concentrarse en Azua y seguir su marcha a Santo Domingo; dice el padre de la historiografía nacional José Gabriel García: \»El coronel Duverge, el hombre activo, en su papel de jefe de la línea, se movía incansablemente a lo largo de todo el perímetro de la defensa, mientras que Santana tenía su cuartel general en la retaguardia junto a Buenaventura Baez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaria\». Agregando: \»Cuando el segundo y sexto regimientos del ejército haitiano avanzaban por el camino del Barro, se encontraron de frente con los azuanos comandados por Duverge, quienes, apoyados por los fusileros de Nicolás Mañón, irrumpieron en las filas haitianas en un heroico asalto a machetes, sembrando el terror y la muerte en el ejército de Herard, quien ordenó la retirada total de sus tropas\». Pese a esa resonante victoria, el general Santana decidió retirarse a Sabana Buey en Baní, dejando la defensa de la ciudad de Azua y la retaguardia de su ejército a cargo de las tropas que dirigía Duverge\». El abandono de Azua, del grueso de las tropas dominicanas que se replegaron con Santana la misma noche del 19 de marzo, más la llegada del general Souffrant dos días después, permitió que Herad recuperara la plaza en que horas antes habían sido derrotados, teniendo Duverge que retirarse y mantener el hostigamiento mediante la guerra de movimiento. Acantonadas en Azua donde permanecieron 47 días, las tropas haitianas al mando del presidente Charles Rivière Gerard vieron frustrado el propósito de tomar la ciudad de Santo Domingo. En ese tiempo, todo intento de salir de Azua, fue frustrado por Duverge en la Batalla de El Memiso, librada el 13 de abril de 1844, logrando que las tropas haitianas no salieran del perímetro de Azua. Derrocado el 3 de mayo por el general Philippe Guerrier, y contenido por Duverge por 52 días, Charles Riviére Herard, al ver frustrada su intención de reconquistar la parte Este de la isla, comenzó la evacuación definitiva el 7 de mayo 1844, no sin antes ordenar el incendio de la ciudad de Azua, sin que Santana participara en ningún combate en la primera prueba de fuego de nuestra recién proclamada República. Antonio Duverge, coronel del naciente ejército dominicano, junto a Fernando Tavera, Vicente Noble, Dionisio Reyes y Nicolás Mañon, cargaron con el mayor peso en la primera gran batalla por el afianzamiento de nuestra independencia. A ese verdadero héroe de la primera gran batalla en defensa de la creación de la Nación Dominicana,  héroe de las  batallas de La Estrelleta y Cachimán en 1845, cuando el presidente haitiano Jean-Louis Pierrot, intentó recuperar la parte Este de la isla,  catalogada por éste como simples rebeldes, y de la batalla del  Número, en 1849, cuando el proclamado Emperador Faustino SouIouque, intentó nuevamente malograr la independencia del pueblo dominicano, fue que por no plegarse a sus planes dictatoriales Santana, le hizo fusilar. Es a ese héroe de la patria, llamado \»El Centinela de la Frontera\», fue al que el déspota Pedro Santana, ordenó fusilar y presenció el fusilamiento junto a su hijo Alcides de 23 años, el 11 de abril de 1855 en la común de El Seybo. En el 182 aniversario de la Batalla del 19 de Marzo ¡Viva la memoria del General Duverge y los verdaderos héroes! Es hora de reivindicar al General António Duverge Duval, ordenando que los restos de su asesino sean exhumados del Panteón Nacional. Los restos de Santana no pueden estar junto a los de sus víctimas, en el Panteón de los Inmortales.

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El papel herido: cuando la tinta era un delito de vida

 A 51 años del asesinato de Orlando Martínez, el Indotel, el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana y el Archivo General de la Nación inauguran \»La prensa de los 12 años\», una exposición que revive el terror sistemático contra los comunicadores durante el régimen de Joaquín Balaguer, donde las balas buscaban silenciar la verdad y la libertad de expresión se pagaba con el exilio o la muerte. Por: Virtudes Álvarez Sampedro  Hay fechas que se niegan a pasar, que se clavan en el calendario como puñales. El 17 de marzo es una de ellas. Han transcurrido cincuenta y un años desde que aquel atardecer de 1975, en el tramo final de la avenida 27 de Febrero, un comando parapolicial segaba la vida de Orlando Martínez Howley, pero su voz, esa que incomodaba al poder con cada palabra precisa, se niega a callar. Y es en su memoria, en la memoria de todos los que fueron borrados físicamente pero jamás silenciados, que las paredes del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) han comenzado a hablar. Bajo el título \»La prensa de los 12 años\», una exposición conjunta del Indotel, el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana y el Archivo General de la Nación ha convertido la sede colonial de la institución en un relicario de papel. No es un museo cualquiera: es un testimonio gráfico de cómo entre 1966 y 1971 —aunque el terror se prolongó durante todo el régimen de Joaquín Balaguer— las rotativas ardían y los periodistas eran cazados como piezas de un siniestro tablero. Al recorrer la sala, los carteles no solo exhiben recortes amarillentos de periódicos; muestran el mapa de una represión orquestada. \»Balaguer tenía el control del Congreso y la Justicia; nombraba militares en puestos de jueces\», se lee en uno de los paneles. Y la prensa, ese contrapoder necesario, fue una de sus obsesiones. No hubo sutileza: el régimen cerró emisoras, confiscó libros, prohibió la circulación de ideas y silenció voces incómodas como la de José Francisco Peña Gómez, a quien se le vedaba hasta el derecho a hablar por radio. Guido Gómez Manzara, presidente del Consejo Directivo del Indotel, lo dijo con la claridad de quien sabe que la historia es un espejo incómodo: \»Lo hacemos en un día donde hace 51 años asesinaron a Orlando Martínez, una figura icónica de la vida del periodismo, de las libertades, de la democracia\». Y añadió el nombre de otro desaparecido, Gregorio García Castro, \»Goyito\», recordando que aquí existió un proceso donde la intolerancia se vestía de ley y la noche se tragaba a los hombres. Pero la muestra no se queda en el pasado. Hay en ella una advertencia, una exigencia hacia el presente. Gómez Manzara, al ser consultado sobre el futuro del oficio, sentenció que el periodismo dominicano \»tiene que dejar de defender costos y pensar en causas\». Esa misma tarde, como si el simbolismo buscara redimir viejas heridas, se anunció que el edificio corporativo del Indotel en la avenida 27 de Febrero llevará, por disposición del decreto presidencial 160-26, el nombre de Orlando Martínez Howley. La misma vía donde cayó asesinado será ahora, para siempre, su memorial. Luisa de Peña Díaz, directora y fundadora del Museo Nacional de la Resistencia, recordó con la vehemencia de quien ha dedicado su vida a preservar la memoria, las palabras del periodista Lino Díaz Vargas: \»¿De qué sirve la prensa degradada a industria? ¿Qué servicios puede ofrecer a los medios informativos manejados por comerciantes que obedecen a gobiernos títeres?\» La pregunta quedó flotando en el aire, porque Lino Díaz Vargas, secuestrado el 7 de octubre de 1974 por cuatro hombres armados, jamás fue encontrado. Es uno de los tantos nombres que pueblan esta exposición de ausencias. La muestra, que estará disponible de forma permanente tanto en la sede del Indotel en la Ciudad Colonial como en su plataforma digital, reúne las historias de Francisco Calderón, Abraham Rodríguez, Valentín Pérez Terrero, Silvio Herasme Peña, Juan Bolívar Díaz, Huchi Lora, Radhamés Gómez Pepín, Freddy Gatón Arce, y tantos otros. Nombres que deberían estar escritos en letras de molde en cualquier manual de dignidad. Nombres que, gracias a esta iniciativa, no serán devorados por el olvido. Afuera, en las calles empedradas de la Ciudad Colonial, el sol del atardecer dibujaba sombras largas. Adentro, en las paredes del Indotel, las sombras eran otras: las de aquellos que un día, con una pluma o una cámara, se atrevieron a desafiar el silencio impuesto. La prensa de los doce años está hoy más viva que nunca, porque su lucha, la lucha por decir la verdad, es la misma que enfrenta cada periodista que, en cualquier rincón del mundo, se niega a doblar la cerviz. Orlando Martínez no está muerto: espera, en cada letra que se escribe con honestidad, a que la justicia y la memoria le devuelvan lo que el odio le arrebató.

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El Alma de la Patria: La Nueva Cédula Vestirá los Símbolos Nacionales

La Junta Central Electoral presentó el diseño que incorpora la efigie de Juan Pablo Duarte, el escudo nacional, el Monumento a los Héroes de la Restauración, así como instrumentos musicales típicos y la cigua palmera, en un documento que busca ser un reflejo de la identidad dominicana. POR BRENDALIS REYES SANTO DOMINGO.— En un acto de profundo significado republicano, la Junta Central Electoral (JCE) ha decidido que la nueva Cédula de Identidad y Electoral se convierta en algo más que un documento: será un lienzo que porte el alma de la nación. El presidente del órgano, Román Jáquez Liranzo, presentó el nuevo diseño, fuertemente impregnado de símbolos patrios y la imagen del patricio Juan Pablo Duarte, ante las máximas autoridades del Instituto Duartiano y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, de quienes obtuvo su aprobación y beneplácito. La decisión del Pleno de la JCE trasciende una mera actualización gráfica. Se trata de una iniciativa deliberada para que el principal documento de identificación de los dominicanos sea un emblema de la dominicanidad, un recordatorio tangible de la historia, la cultura y la riqueza natural que definen el ser nacional. “El Pleno tomó una decisión de incorporar los elementos patrios, culturales y medioambientales en el nuevo diseño”, explicó Jáquez Liranzo, subrayando el rigor histórico y el apego a la simbología oficial que demandan este tipo de intervenciones. El Diseño: Un Retrato de la Nacionalidad El anverso de la nueva cédula estará marcado por una narrativa visual poderosa. El escudo nacional y la efigie de Juan Pablo Duarte, basada en la certificada fotografía de 1873 y vectorizada con la asesoría del historiador Miguel Estrella, serán elementos centrales. Junto a ellos, se alzará la silueta del Monumento a los Héroes de la Restauración. En un guiño simbólico de notable elegancia, el rostro del titular del documento aparecerá no solo en su foto principal, sino también en el pecho del Padre de la Patria, en una fusión conceptual que une al ciudadano de hoy con el legado del prócer. La celebración de la identidad se extiende más allá de los símbolos fundacionales. El diseño integrará las figuras de la güira y la tambora, instrumentos cuyo sonido es sinónimo del folclore nacional. Completa esta evocación medioambiental la cigua palmera, el ave nacional, posada como un recordatorio de la biodiversidad que habita en la tierra quisqueyana. Wilson Gómez, presidente del Instituto Duartiano, y Juan Pablo Uribe, de la CPEP, avalaron los diseños y felicitaron a la JCE por una iniciativa que consideran un “valioso refuerzo de la dominicanidad”. Así, la nueva cédula se alista para ser no solo una llave de acceso a derechos, sino un estandarte portátil de la patria, un pedazo de la alma nacional que cada dominicano llevará consigo.

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Historia
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Héroes del 30 de Mayo: memoria viva de la libertad

64 años del ajusticiamiento de Trujillo, un acto de justicia histórica que rompió cadenas de opresión Por Arturo Fernandez G. En un solemne acto celebrado en el Monumento a los Héroes del 30 de Mayo, la Comisión Permanente de Efemérides Patrias rindió tributo a los valientes hombres que, hace 64 años, protagonizaron una gesta trascendental: el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, poniendo fin a una de las dictaduras más sangrientas de América Latina. La ceremonia, que reunió a representantes de la Fundación Héroes del 30 de Mayo y la Fundación Hermanos de la Maza, evocó con respeto el sacrificio de figuras emblemáticas como Modesto Díaz, Antonio de la Maza, Amado García Guerrero, Antonio Imbert Barrera y muchos otros, cuyo valor y entrega abrieron la puerta a la libertad y a la esperanza para el pueblo dominicano. En sus emotivas palabras, el presidente de la Comisión de Efemérides Patrias, Juan Pablo Uribe, subrayó que la mejor manera de honrar a estos héroes es defender con firmeza los valores fundamentales de la nación: la democracia, la Constitución, la soberanía y la integridad territorial. “La bandera tricolor debe ondear con dignidad, decoro, valentía y bravura, como símbolo de los sueños inmortales de quienes lucharon por una nación libre”, afirmó con pasión. Condenando sin ambages la tiranía trujillista, Uribe calificó al dictador como “un sátrapa, asesino, bandido y tirano”, justificando el ajusticiamiento como un acto de justicia histórica inevitable: “No le dejaron otra vía que no fuera el justo ajusticiamiento”. Por su parte, Óscar de la Maza, presidente de la Fundación Hermanos De la Maza, destacó que aquel 30 de mayo representó un símbolo de redención y gloria, fruto del sacrificio de una juventud heroica que enfrentó la opresión con valentía y determinación. “La libertad no es un regalo, sino una conquista diaria que debe protegerse con compromiso y determinación”, enfatizó. Asimismo, durante el homenaje se celebró el Día de la Libertad, establecido por el presidente Luis Abinader para reconocer la importancia histórica de esta fecha. Roberto García Díaz, presidente de la Fundación 30 de Mayo, recordó que la gesta heroica liberó al pueblo dominicano de la ignominia y el silencio impuesto por la dictadura, rescatando la dignidad de una nación. En un acto de justicia histórica, el presidente de la República firmó el decreto 288-25 que declara Héroe Nacional a Juan Rodríguez García, “Juancito Rodríguez”, símbolo de la resistencia contra la tiranía y ejemplo de entrega total a la causa de la libertad. Sus restos reposan en Moca, junto a los de su hija, también combatiente. Este homenaje no solo renueva la memoria de aquellos días decisivos, sino que reafirma el compromiso inquebrantable con la libertad y la soberanía que dieron sus vidas por una República Dominicana libre y digna.

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Con el presidente Mao

En octubre de 1967, en pleno auge de la Revolución Cultural china y en un escenario internacional atravesado por profundas tensiones ideológicas, un grupo...

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