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¡SACRILGIO EN EL MUNDIAL! La FIFA LE CIERRA LA BOCA al español y la hispanidad RESPONDE con FURIA

Restricciones absurdas en las salas de prensa del Mundial 2026 en Estados Unidos desatan una tormenta diplomática: prohíben preguntas en castellano, humillan a periodistas y hasta Achraf Hakimi se burla del protocolo. Mientras México es país anfitrión y en EE.UU. hay 50 millones de hispanohablantes, la FIFA justifica su «veto» con excusas técnicas que nadie se cree. Crece la sospecha de una mano negra desde la administración Trump, tras su antecedente con Bad Bunny en el Super Bowl.

Por Julio Guzmán Acosta

Desde la redacción, con el pecho inflado de patriotismo y la pluma ardiendo como una contrafaena en el alargue.

¡Qué vergüenza, carajo! No ganamos en penales, nos ganan en el micrófono. El Mundial 2026 todavía no patea el primer tiro libre y ya tenemos expulsado al idioma de Cervantes, García Márquez, Fidel Castro y Sabina. La FIFA, ese árbitro ciego que siempre le cobra falta al más débil, acaba de cometer la peor barrabasada fuera de la cancha: le mete una plancha criminal al español en las salas de prensa de Estados Unidos.

Como si el fútbol se hablara solo en inglés. Como si Maradona hubiera cantado el «gol del siglo» en la BBC. Como si Messi, al levantar la Copa en Qatar susurrara «thank you very much» en vez de «muchachos, ahora hemos tocado el cielo».

La jugada fue así: en el estadio Metlife de Nueva Jersey, el periodista mexicano Rodrigo Ornelas, de TV Azteca, quiso preguntarle en español a Achraf Hakimi. El lateral marroquí, nacido en España y criado jugando al fútbol en las plazas españolas, entiende el castellano mejor que un letrado del Colegio de Abogados. Pero el moderador de la FIFA saltó como un 5 criminal: «No se admiten preguntas en castellano».

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Achraf Hakimi, jugador de Marruecos.

Hakimi, con la sonrisa de quien ya sabe que el poder es un chiste mal contado, soltó la frase que incendió las redes: «¿Cómo respondo, en inglés o en español?». Golpe de pecho. Asistencia de lujo. Y la prensa mundial, de pie.

Pero la cosa no quedó ahí. Vinícius Júnior, la alegría personificada, pidió que le hablaran en español en la misma sala. Y el periodista de DAZN, con cara de haber perdido el ascenso en la última fecha, solo atinó a decir: «Creo que no puedo». ¿No puede? ¿Quién le puso la mordaza? ¿La FIFA o el tío Sam?

que juega en el Barça, también sufrió la censura. Un redactor quiso hacerle una pregunta en castellano y los voceros oficiales lo obligaron a cambiarla al inglés. El mediocampista, descolocado, respondió como pudo. Pero todos vimos el desaire.

La FIFA, en un comunicado más frío que un vestuario en Rusia, salió a decir que «no hay veto». Que todo es por «falta de traductores» y «logística remota». Que las preguntas deben hacerse en los idiomas de las selecciones que juegan, y si no, al inglés como árbitro neutral. ¿Neutral? ¿El inglés? En un Mundial organizado por México, Estados Unidos y Canadá. Donde México es sede. Donde en California, Texas y Florida se habla más español que en un barrio de Santo Domingo.

Vinícius Júnior, jugador de Brasil.

Pero ojo, que la cosa huele a gas pimienta. Nadie se cree el cuento de los traductores en un evento deportivo que se organiza cada cuatro años y donde se gastan miles de millones de dólares. Aquí hay una línea que conduce directamente a la Casa Blanca, a esa administración Trump que ya le hizo la misma jugada a Bad Bunny en el Super Bowl. ¿Se acuerdan? El Conejo Malo quiso hablar en español desde el escenario y los operadores de la NFL le bajaron el volumen. Ahora la misma jugada, pero en los Mundiales. Coincidencia? No, amigo. Eso es plancha con pierna cambiada.

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Las cadenas hispanas, los diarios como El País y Goal.com, ya reportaron la incoherencia: en Guadalajara, sede mexicana, el español fluye libre. Pero en Nueva Jersey, Dallas o Los Ángeles, los periodistas hispanos somos tratados como extras de reparto. ¿Por qué? Porque allá manda el inglés. Y porque, aunque duela, al poder le molesta que 50 millones de voces griten «¡gooooool!» en el idioma que les sale del alma.

Frenkie de Jong, jugador holandés

Así que ya saben. La pelota no entra, la FIFA no traduce y el orgullo hispano está más caliente que una tribuna en Boca. Esto no termina acá. Esto es solo el calentamiento.

Que se preparen, porque en el Mundial 2026, si no nos dejan hablar, vamos a festejar cada gol con un poema de Neruda, una prosa de Gracia Márquez o una canción de Bad Bunny. Y eso, señores de la FIFA, no lo traduce ni el mejor intérprete del mundo.

 

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