New York remonta 29 puntos, borra un 76-49 en el medio tiempo y sentencia a los Spurs con un tapón milagroso de Anunoby a 1.2 segundos del fin
Redacción de Deportes
SANTO DOMINGO. – El Madison Square Garden tembló, pero no por un terremoto. Tembló por la furia, por la fe y por una remontada que desafía toda lógica. Los Knicks de Nueva York, sepultados por 29 unidades en pleno segundo cuarto y muertos al descanso con un 76-49 en contra, resucitaron de sus cenizas para firmar la epopeya más grande de unas Finales de la NBA. OG Anunoby, con la muñeca del destino, tapeó un rebote ofensivo a 1.2 segundos del final para sellar un 107-106 sobre los Spurs de San Antonio y dejar la serie 3-1, a un paso del título.
En un cierre digno de guion de Hollywood, Jalen Brunson (36 puntos) falló un triple que parecía sentenciar la noche. Pero el balón, caprichoso como la gloria, rebotó en el aro y Anunoby, héroe inesperado, voló por encima de la defensa texana para empujar el esférico y anotar dos de sus 33 puntos. Los Spurs, con el alma rota, vieron cómo Wembanyama (24 pts, 13 reb) se quedaba petrificado ante la defensa del dominicano Karl Towns, quien pese a lidiar con faltas todo el partido, se transformó en un muro en el cuarto definitivo (13 pts, 10 reb).

La pesadilla texana comenzó temprano: San Antonio bombardió con 7 triples en el primer cuarto (41-22) y cerró la primera mitad con un demoledor 14 de 26 desde la larga distancia (54% de efectividad), récord para un visitante en Finales. Devin Vassell (15 pts) y Dylan Harper (21 pts) fueron francotiradores implacables, mientras De’Aaron Fox sumó 18. Pero los Knicks, liderados por un Brunson incansable y un Anunoby que se negó a morir, apretaron la defensa en el tercer cuarto (26-14) y consumaron la gesta en un último período donde Towns neutralizó al gigante francés.
El quinto partido será el sábado en San Antonio. Los Knicks tocan la puerta de la gloria. Los Spurs, con el corazón en la mano, tendrán que sobrevivir a su propia historia. Esto es la NBA. Esto es Nueva York. Esto, señores, es una final inolvidable