Millones de personas confían sus crisis de ansiedad, rupturas amorosas y decisiones vitales a chatbots como ChatGPT o Gemini. Pero mientras el premio Nobel Geoffrey Hinton advierte sobre un posible “intento de control” en los próximos años, el psiquiatra José Miguel Gómez lanza una alerta contundente: “Ninguna máquina puede reemplazar el vínculo humano”.
Por Alejandro F. Guzmán
Hablar con máquinas se ha vuelto un hábito silencioso, íntimo y, para muchos, adictivo. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se transformó en confesionario digital: cada vez más usuarios recurren a la inteligencia artificial para desahogar problemas personales, pedir consejos de pareja o incluso aliviar síntomas de depresión y ansiedad.
Plataformas como ChatGPT, Gemini y Dola IA —actualmente entre las más descargadas del mundo— responden con frases que imitan la empatía: “entiendo por lo que estás pasando”, “lamento mucho que estés pasando por esto”. Palabras reconfortantes, sí, pero huecas. Detrás de ellas no hay conciencia, ni memoria emocional, ni responsabilidad clínica.
El psiquiatra José Miguel Gómez, conductor del programa Psiquiatra en Línea, advierte sobre un desplazamiento preocupante: los especialistas están siendo relegados por algoritmos. “Los psiquiatras y psicólogos clínicos tenemos formación universitaria, años de experiencia y capacidad para ofrecer tratamientos personalizados que ninguna IA puede replicar”, enfatiza el Dr. Gómez, quien insta a no sustituir el factor humano bajo ningún pretexto.
Pero la advertencia no solo viene desde la consulta. Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física 2024 y una de las mentes más lúcidas detrás del desarrollo de la inteligencia artificial, confesó recientemente a la BBC su inquietud más oscura: “Mi suposición es que, dentro de 5 o 20 años, habrá una probabilidad del 50% de que tengamos que afrontar el problema de que la inteligencia artificial intente tomar el control de nuestras vidas”.
Más allá del riesgo futuro, existe una realidad oculta y silenciosa que ya está operando. El uso constante de la IA para resolver conflictos personales —aseguran los expertos— podría debilitar la capacidad de análisis, la reflexión profunda y, sobre todo, la conexión emocional genuina con otros seres humanos.
La búsqueda de refugio en algo inerte es cada vez más común, pero no por ello deja de ser menos preocupante. Estas herramientas pueden ser útiles como complemento: para organizar pensamientos, acceder a información o encontrar recursos de apoyo. Pero nunca, insiste el Dr. Gómez, deben convertirse en un sustituto del abrazo, la escucha atenta o la mirada cómplice de otro ser humano.
Porque por más avanzada que esté la máquina, todavía no sabe lo que duele estar vivo.