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El legado del 14 de junio: una lección que el gobierno de Abinader ha olvidado

La madrugada del 14 de junio de 1959 no fue una fecha más en el calendario patrio. Fue el instante en que 198 hombres —dominicanos, cubanos, puertorriqueños, guatemaltecos, nicaragüenses, norteamericanos y españoles— desafiaron con el pecho descubierto la maquinaria de terror de la dictadura trujillista. Bajo el mando del comandante Enríquez Jiménez Moya, aquellos combatientes del Ejército de Liberación Dominicana plantaron la bandera de la liberación en las montañas de Constanza, Maimón y Estero Hondo. Fue una gesta que, aunque derrotada en sangre por el régimen, encendió la llama de la insurrección popular y demostró que la unidad del exilio anti-trujillista, nutrida por el espíritu internacionalista de la Revolución Cubana, era posible.

El significado histórico de aquella expedición no se agota en el heroísmo de sus protagonistas. Aquellos 198 luchadores no solo combatían contra un tirano. Luchaban por una patria soberana, independiente y solidaria con los demás pueblos de América y el mundo. Luchaban por una República Dominicana que no se arrodillara ante potencias extranjeras, que no permitiera que sus territorios fueran usados como base de operaciones contra naciones hermanas. Esa fue su bandera. Ese fue su legado.

Hoy, a 67 años de aquella gesta, el país que ellos soñaron parece más lejano que nunca. El gobierno que preside Luis Abinader ha optado por un camino diametralmente opuesto al de aquellos mártires. Mientras los combatientes del 14 de junio daban su sangre por una nación libre y soberana, el gobierno actual ha convertido la soberanía en una mercancía de cambio. No se puede entender la posición de la administración Abinader frente al criminal bloqueo que Estados Unidos mantiene contra Cuba sin sentir una profunda vergüenza histórica. Y no se puede aceptar que el territorio dominicano sea utilizado como plataforma para que el gobierno estadounidense golpee al gobierno y al pueblo venezolano.

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El 14 de junio es un testigo incómodo. Su memoria nos interpela. Aquellos 198 hombres no murieron para que hoy tengamos un gobierno que entrega la dignidad nacional a cambio de migajas diplomáticas o favores económicos. Ellos lucharon por una patria que no se doblega, que no se presta al juego de las potencias imperiales, que no traiciona a sus hermanos latinoamericanos. Y el gobierno de Luis Abinader, con su política entreguista, los deshonra y los traiciona.

Por eso, tener presente el 14 de junio no es solo un acto de memoria. Es un acto de exigencia. Hoy, más que nunca, la lección de aquellos 198 combatientes debe guiar la conducta de un pueblo que se niega a ser cómplice del bloqueo contra Cuba y de la agresión contra Venezuela. La dignidad que ellos ofrecieron en el altar de la patria no puede ser mancillada por gobernantes que han olvidado que la verdadera soberanía no se negocia, se defiende.

Que el ejemplo de Constanza, Maimón y Estero Hondo sea la brújula que marque el rumbo de la República Dominicana. Que su memoria nos recuerde que un país que traiciona sus ideales de independencia y solidaridad está condenado a ser, para siempre, un país sin honor.

 

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