La secretaria general de Podemos anuncia en la Fiesta de la Primavera que encabezará la candidatura a la Comunidad de Madrid en 2027, emulando el salto de Pablo Iglesias en 2021. Entre críticas al PSOE, Sumar y los sindicatos, y tras ser condenada a pagar 9.000 euros por llamar “corrupto” a un juez, Belarra arenga a los suyos a no rendirse frente a Isabel Díaz Ayuso. El partido propone un crowdfunding para la multa y Montero carga contra “la operación de llevar la izquierda al redil socialista”.
Por Julio Guzmán Acosta
Madrid, primavera caliente, pulso febril de una izquierda que se niega a morir de pena.
No fueron 350 almas. Fueron 350 latidos furiosos en el Círculo de Bellas Artes. Allí, bajo el bohemio peso del arte y la ceniza de antiguas glorias, Ione Belarra desenfundó su último cartucho. No venía a consolar. Vino a declarar la guerra.
“El PSOE no pone más que candidatos de cuarta”, espetó la secretaria general de Podemos, con la voz cortada por la rabia contenida de quien ha visto cómo su enemigo duerme en su propia cama ideológica. Y Mónica García —sí, también ella, la de las frases bonitas—, dijo Belarra, ha renunciado a ganarle a la señora Ayuso. “Esta pelea hay que darla con más fuerza. Ayuso es el corazón ideológico de este país”, argumentó la también diputada, como quien diagnostica un cáncer y ofrece el bisturí. “Hay que arrancarlo a mordiscos”, remató, y el público estalló entre gritos y aplausos.
El gesto fue pirueta de espejo: Pablo Iglesias en 2021 se lanzó a la arena autonómica para evitar la hecatombe. Logró diez diputados y, esa misma noche, abandonó. Dos años después, Podemos desaparecía de la Asamblea. Ahora Belarra recoge el guante manchado de tierra y promete no resignarse. “En Madrid se va a dar una batalla central para el conjunto del país y el futuro de nuestros hijos”, arengó. “Nos merecemos un buen Gobierno. Con toda la humildad y toda la determinación, os propongo encabezar una candidatura para la Comunidad de Madrid.”

“Soy navarra y vallecana de adopción —confesó, para tejer con hilo íntimo su identidad de bastarda emocional—. Vine a Madrid a estudiar psicología e hice muy buenos amigos. Como tantos vecinos, no voy a dejar de sentirme navarra, pero a mí me come la rabia porque esta comunidad es mucho mejor que la mierda de gobernantes que tenemos y me da mucha rabia que todo el mundo se haya rendido.” Y entonces, la cáscara de la política se rompió para dejar ver la carne viva del corazón.
Pero no todo fue épica. El viernes, la justicia le había clavado una aguja: condenada a pagar 9.000 euros al juez jubilado Manuel García-Castellón por llamarle corrupto en septiembre de 2024. “Gracias, Ione, porque te han condenado por decir la verdad”, terció la eurodiputada Isa Serra, mientras Pablo Fernández, número tres del partido, proponía un crowdfunding para pagar la multa. “Le pido que, si tenemos que pagarle, no se lo gaste en Cartagena de Indias”, remató Irene Montero, exministra de Igualdad, entre la carcajada feroz de los fieles. “¿Cómo pueden condenarla por decir la pura verdad, pero además en el ejercicio de sus funciones como diputada?”, criticó Montero.
Fue Montero, en realidad, quien destiló el veneno más puro: “Ha colapsado la operación de llevar a la izquierda al redil del PSOE”. Y cargó contra el feminismo domesticado: “El Partido Socialista, cuando hacíamos leyes feministas, cuando las feministas inundaban las calles, decía que el problema en España era el ruido y que había que dejar de hacer ruido. Porque como todo el mundo sabe, los derechos se consiguen calladitas, sonriendo”. Luego arremetió contra los sindicatos de brazos cruzados: “Me avergüenza que en este país en 14 años no haya habido una huelga general (…) porque la democracia se fortalece usándola”.

“Por eso esta es la primavera más caliente”, sentenció Belarra.
Fuera, el Congreso se ahoga en bloqueos y los socios del PSOE huyen como gatos del agua podrida, acorralados por los casos de corrupción que cercan al partido. Dentro, Podemos ensaya su resurrección: la misma que ya fracasó una vez, pero con otra cara, otra rabia y la misma pregunta flotando en el aire de Bellas Artes: ¿se puede matar dos veces al mismo muerto?
Mientras Ayuso gobierna sin despeinarse, Belarra promete dientes y mordiscos. “Con toda humildad y toda determinación”, dijo. Y nadie le creyó lo de la humildad. Para eso, quizá, aún quedan otros partidos.