UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

¡ES OFICIAL! DIOS VISTE DE CORTO Y AHORA DE PRÍNCIPE

Leo Messi, el mejor futbolista de la historia, añade una nueva joya a su corona. El argentino, campeón del mundo y emblema del juego limpio, fue distinguido este martes con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026, imponiéndose a 26 candidaturas. Su mensaje, con el corazón dividido entre Argentina, España y Cataluña, emocionó al planeta. Por la Redacción de Deportes Oviedo / Buenos Aires. — El fútbol se viste de gala y el Principado corona a su nuevo rey. En una decisión que la historia rubricará como inevitable, el jurado de los Premios Princesa de Asturias, presidido por la legendaria nadadora Teresa Perales, designó a Lionel Andrés Messi Cuccittini como el ganador del galardón deportivo del año 2026. No fue un premio más. Fue la consagración institucional de un mito viviente. Mientras el mundo aún se peina con la resaca de su octavo Balón de Oro, Messi suma ahora el reconocimiento de la Fundación Princesa de Asturias por una triple corona de valores: su deslumbrante talento (incuestionable), su labor solidaria (callada y feroz) y, algo cada vez más raro en el ego del deporte de élite, su ejemplar comportamiento dentro del campo. “España y Cataluña son parte de mi vida”, confesó un emocionado Messi al conocer el fallo. Y el Teatro Campoamor, aunque vacío aún, pareció temblar. El ’10’ rompió el protocolo para dedicar un recuerdo a la tierra que lo vio crecer, aquella Rosario de su sangre, pero también la Masía que forjó su leyenda. “Ahí crecí, nacieron mis hijos, siempre sentí el cariño de la gente”, agregó el crack del Inter Miami, demostrando que su vínculo con el viejo continente es más profundo que cualquier traspaso. EL ACTA QUE HIZO HISTORIA Teresa Perales, con la firmeza de quien sabe lo que es ganarle batallas a la vida, leyó el acta con una sentencia que quedará grabada en el mármol del deporte mundial: “Se ha ganado el respeto y la admiración de todos por su constancia, humildad y compromiso con el juego colectivo”. Y es que los números, fríos como el hielo, no mienten. 47 títulos en 23 temporadas. Una cifra que parece un error de tipeo. Desde las 10 Ligas con el Barça, hasta la estrella más brillante de todas: el Mundial de Qatar 2022. El jurado, compuesto por 14 voces autorizadas entre las que se encontraba Juan Ignacio Gallardo, director de MARCA, no dudó ni un segundo. Se rompió así una barrera histórica: es la primera vez que un futbolista recibe el Princesa de Asturias de los Deportes a título individual. MÁS ALLÁ DEL GOL Pero esta nota no sería justa si solo hablara de goles. Detrás del genio está la Fundación Messi. Desde 2007, el argentino ha usado su fortuna para construir hospitales y escuelas para niños en situación de vulnerabilidad. Embajador de UNICEF desde 2010, el ’10’ entiende que su voz vale millones y, por suerte para el mundo, la usa para gritar ayuda por los que no tienen voz. “Nada de lo que conseguí lo hice solo”, reflexionó el astro. “Ojalá mi historia les sirva a los niños para seguir soñando, sabiendo que lo más importante es tratar de ser buena persona”. UN PALMARÉS INFINITO (Y ESTE PREMIO) Sería más corto enumerar lo que Messi no tiene. Suma 8 Balones de Oro, 8 Pichichis, 6 Botas de Oro, 2 Laureus… y ahora suma un Princesa de Asturias. Se sienta así en la mesa de los dioses del deporte español junto a Rafa Nadal, Fernando Alonso, Pau Gasol y Carlos Sainz. Sucede en el trono a la gigante Serena Williams, quien recibió el galardón el año pasado por su lucha por la igualdad. La ceremonia de entrega será en octubre en el Teatro Campoamor. Oviedo se prepara para la “Messi-manía”. Y nosotros, desde esta redacción, solo atinamos a decir: gracias, Leo. Por los goles, por las noches mágicas y por recordarnos que, a veces, el fútbol sí es justo.

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¡LUIS ENRIQUE III, EL EMPERADOR DE LA ÉPICA! EL PSG REVALIDA LA CHAMPIONS DESDE EL ABISMO

Budapest fue testigo de una final para el infarto: el Arsenal de Arteta, un equipo serio, ordenado y sin complejos, puso contra las cuerdas al todopoderoso PSG. Havertz soñó con el asalto al trono europeo, Dembélé igualó con sangre fría, y la tanda de penaltis coronó a un gigante brasileño llamado Gabriel Magalhaes… que esta vez lloró del lado equivocado. Luis Enrique suma su tercera Champions, la segunda consecutiva con los parisinos, y se confirma como el mejor entrenador de la actualidad. También el más polémico. También el más terco. También, ahora, leyenda viva. CRÓNICA DEPORTIVA | POR JULIO GUZMÁN ACOSTA BUDAPEST – No se lo puso fácil el destino. Ni Mikel Arteta. Ni ese Arsenal de pura cepa inglesa que vino a la final de la Champions como quien llega a una guerra: sin rendirse antes de la primera batalla. Pero el fútbol, ese viejo tahúr de emociones, quiso que fuera Luis Enrique el que volviera a París con la oreja grande. La tercera de su carrera. La segunda consecutiva con el PSG. Y vaya manera de sufrirla. Porque sí, señores, el equipo de la posesión abusiva, del fútbol total llevado al extremo, del \»la pelota es mía y usted perdone\», estuvo a punto de morir de éxito. Un 4-4-2 británico, bien plantado, sin complejos, le recordó a Lucho que el fútbol también se defiende con el alma. El Arsenal salió a morder desde el primer minuto. Literalmente. Havertz, el zorro que no avisa Apenas cinco minutos de juego y el cielo de Budapest tiembla. Despeje de Marquinhos en el centro del campo, el balón golpea en Trossard —ahí tiene usted la mejor asistencia involuntaria de la historia reciente— y el alemán, Kai Havertz, ese delantero al que algunos llaman fantasma, aparece como un espectro en el área. Pacho, descolocado. Safonov, derretido antes de tiempo. El disparo, potentísimo, con poco ángulo. Pero el ruso ya había claudicado en su mente. Golazo. 1-0. Y el Arsenal soñando con romper la lógica. El PSG, mientras tanto, empeñado en su religión. Posesión: 74% en la primera mitad. Ocasiones claras: cero. Ni Dembélé, ni Kvaratskhelia, ni el desorden ordenado de Luis Enrique conseguían perforar el muro gunner. Y al frente, Odegaard defendiendo como si le fuera la vida. Y Gabriel, el central brasileño, desquiciando a todo el que osara acercarse. Ese Gabriel que luego, ay, sería protagonista trágico. Dembélé enciende la mecha, Kvaratskhelia besa el palo La segunda parte empezó con otra música. Achraf Hakimi, apareciendo como \’9\’ sorpresa. Nuno Mendes intentando sacar el balón jugado desde su propio campo. Y una falta que Raya sacó con los puños como si le fuera el honor. Pero el empuje parisino era imparable. En el 62, Mosquera derriba a Kvaratskhelia dentro del área. Penalti claro. El VAR lo confirma. Dembélé coge el balón, lo besa, lo engaña a Raya con la derecha. Disparo cruzado, ajustado. 1-1. Final nueva. Y entonces vino lo que pudo ser el gol del título para el Arsenal… pero fue el palo de Kvaratskhelia. Una carrera tremenda del georgiano, un lanzamiento cruzado, el metal vibrando. Luis Enrique lo sentó acto seguido. Entró Barcola. Y Barcola, en su primera acción, obligó a Raya a volar. El partido era un torrente desbocado. Vitinha, en el 89, casi inventa una obra de arte: disparo a la escuadra que se fue besando el larguero. Prórroga. Infarto. Y la muerte dulce de los penaltis. La noche trágica de Gabriel Magalhaes Raya paró uno. Eze falló. Y llegó el quinto lanzamiento. Un central brasileño, Gabriel Magalhaes, contra el destino. El mismo que había sido un muro durante 120 minutos. El mismo que había desquiciado a Dembélé y compañía. Pero el fútbol es cruel y hermoso a partes iguales. Gabriel lanzó alto. Muy alto. Demasiado alto. Y el PSG conquistó su segunda Champions consecutiva (4-3 en los penaltis). Mientras los parisinos abrazaban a Donnarumma —que ni jugaba, pero eso da igual en las fotos—, Arteta consolaba a sus muchachos. Habían plantado cara. Habían sido serios, ordenados, valientes. Pero Luis Enrique, el anti-madridista confeso, el exazulgrana que divide aguas, el terco de la posesión, sumó su tercera Copa de Europa. La segunda seguida. Y ya nadie puede discutirle: es el mejor entrenador del momento. Aunque duela. Aunque se le critique. Aunque sea de esos que generan odios y pasiones a partes iguales. Pero esto es la Champions. Y Luis Enrique, señores, ya es historia. Final: PSG 1 (4) – Arsenal 1 (3) Goles: Havertz (5\’), Dembélé (62\’ de penalti) Incidencias: Final de la Champions League 2025-2026 en el Puskás Aréna de Budapest. 67.000 espectadores. Tanda de penaltis: 4-3 para el PSG.

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¡Sheinbaum dice a la FIFA! \»Que el Mundial no sólo  sea negocio, que sea del pueblo\»

En la mañanera del 29 de mayo, la presidenta de México entregó boletos del partido inaugural a jóvenes ganadoras de un concurso de dominadas; llamó a clubes profesionales a crear canteras y a impulsar el fútbol femenino. Más de 1.2 millones de estudiantes participaron en el \»mundial social\». Por Julio Guzmán Acosta CIUDAD DE MÉXICO. — Como si se tratara del último minuto de un partido de prórroga, la conferencia mañanera de este viernes cambió el balón de la política por el esférico del futbol. Y en esa cancha improvisada de la esperanza, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un derechazo directo a la lógica del espectáculo: \»Que el Mundial no sea solo el negocio, que se quede en la gente\». Con la solemnidad de un capitán arengando a su equipo antes del silbatazo inicial, la mandataria federal encabezó desde Palacio Nacional una ceremonia que supo más a festejo popular que a protocolo oficial. Acompañada por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, y la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, Sheinbaum entregó cuatro boletos para el partido inaugural —México vs. Sudáfrica en el renovado estadio México o Banorte, antes Azteca— y para las sedes de Guadalajara y Monterrey. Los boletos no fueron a parar a manos de funcionarios ni patrocinadores. Tampoco viajaron en la maleta de algún directivo de la FIFA. Fueron a dar, como un pase filtrado al área chica, al corazón de cuatro jóvenes que sudaron la camiseta literalmente. Yolett Cervantes (Veracruz), Briana Ameli Medina Cortés (CDMX), Karla Itzel Peña Vilchis (CDMX) y Daira Yaretzi Díaz García (costa de Oaxaca) fueron las goleadoras de un concurso que exigió dominadas, pero sobre todo, el porqué de su amor por el balompié. Entre las edades de 16 y 25 años, las ganadoras demostraron que el futbol no tiene género ni edades, y que un toque de gracia puede nacer tanto en un cerro veracruzano como en el asfalto de la capital. Después de una breve pero vibrante demostración de habilidades, la presidenta no se guardó el discurso: pidió a los clubes profesionales abrir canteras, tender puentes a la selección y, sobre todo, mirar hacia el futbol femenil como territorio fértil, no como promesa menor. Rommel Pacheco Marrufo, director de la Conade, tomó la estafeta para contar la otra historia, la del \»mundial social\». Y los números sonaron como un récord en la tribuna: un millón 200 mil estudiantes, 28 mil escuelas, finales en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. \»Es probablemente el semillero más grande del mundo\», dijo el ex clavadista convertido en impulsor de multitudes. Por si fuera poco, Clara Brugada añadió el dato que enorgullece a cualquier aficionado de barrio: más de 500 canchas rehabilitadas o construidas en la capital. Canchas donde no importa el marcador, sino el derecho a soñar con un tiro de esquina bien ejecutado. No hubo preguntas ni respuestas. Tampoco la sección de culturas originarias. \»No quedamos con este ambiente tan bonito\», se disculpó Sheinbaum, con una sonrisa de quien sabe que, a veces, el mejor discurso es dejar que el balón ruede. Y afuera, aunque nadie lo dijera, el país entendió la consigna: que este Mundial no termine cuando caiga el telón. Que se quede, como un buen futbol, en la memoria de la gente.

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Santo Domingo. – El acuerdo de cooperación suscrito entre República Dominicana y Estados Unidos ha generado una aguda polarización entre los sectores políticos y sociales del país.

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El eco de una candidatura que pide romper el miedo

Enrique Riquelme oficializó su aspiración a la presidencia del Real Madrid con un discurso medido, sin preguntas, y un mensaje claro a los socios: “Valentía para elegir después de 20 años”. Por César Dalmasi Guzmán Valdebebas, fría y expectante, fue testigo de un movimiento que durante horas mantuvo en vilo a la prensa deportiva. Las puertas de las oficinas del Real Madrid, custodiadas por la rutina institucional, se abrieron para dejar paso a un hombre que no vino a prometer revoluciones, sino a plantar una bandera: la del derecho a elegir. Enrique Riquelme, empresario de discurso pausado y gesto firme, compareció ante la Junta Electoral para formalizar su candidatura. Y aunque los periodistas llevaban esperando como quien acecha un gol en tiempo de descuento, el aspirante no concedió ni una sola pregunta. Su declaración, breve y medida, fue un verso escrito para la historia reciente del club.   “Después de 20 años, se va a poder votar”, dijo Riquelme, y en esa frase había más de un siglo de memoria blanca. No lanzó dardos contra nadie. No quiso. Su discurso fue un canto a la posibilidad, un alegato contra el miedo —esa sombra que a menudo paraliza las urnas en el madridismo—. Pidió “valentía” a los socios, esa virtud que tanto se exige en el campo y tan poco se ejercita en los despachos. Y lo hizo sin aspavientos, con la elegancia de quien sabe que el tiempo, a veces, juega a favor del que espera. Riquelme habló de un proyecto “serio, ilusionante, profesional”, con miras al corto, medio y largo plazo. No dio detalles, pero prometió hacerlo en cuanto la Junta Electoral le bendiga como candidato oficial. Entonces, dijo, habrá dos semanas para recorrer España, para que cada rincón con carné escuche su propuesta y la contraste con la del vigente proyecto. Porque este no es un pulso contra nadie, insistió. Es un pulso a favor del Real Madrid. Y con esa mesura, con la palabra justa y sin réplicas, se marchó. Rodeado de su equipo, desapareció entre las puertas de cristal mientras los micrófonos quedaban huérfanos de preguntas. Pero lo esencial ya estaba dicho: el madridismo tiene, por fin, una disyuntiva. Y Riquelme, con su candidatura a cuestas, ya ha marcado el primer tiempo de un partido que promete emociones fuertes. Ahora, la pelota está en el tejado de los socios. Y el reloj, en el de la Junta Electoral.

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Dopaje sin escapatoria: la FIFA activa el cerco más férreo de la historia en el Mundial 2026

Acuerdos históricos con las agencias antidopaje de Estados Unidos, Canadá y México permitirán controles fuera de competición desde las semanas previas al torneo, además de operativos simultáneos en cada estadio durante los 39 días del campeonato. La alianza tripartita busca blindar la integridad del fútbol global con un protocolo sin precedentes. Por Redacción de Deportes No será solo el balón el que ruede bajo el escrutinio del mundo en 2026. También la sangre, la orina, la ética. La FIFA acaba de firmar un pacto de hierro con los guardianes del juego limpio en Norteamérica para que el próximo Mundial se convierta en el territorio más vigilado contra el dopaje en la historia del fútbol. Bajo el título de \»uno de los programas más completos jamás diseñados\», el organismo rector del fútbol mundial anunció un operativo que desplegará sus antenas mucho antes del silbatazo inicial. Desde las semanas previas al torneo —que se disputará del 11 de junio al 19 de julio de 2026—, la USADA (Estados Unidos), Sport Integrity Canada y el Comité Nacional Antidopaje de México (MexNado) actuarán como brazos ejecutores de la FIFA, realizando controles sorpresa fuera de competición bajo su autoridad y dirección. Pero la verdadera fortaleza del cerco llegará durante el torneo. Cada una de esas tres organizaciones nacionales antidopaje (ONAD) aportará sus propios oficiales de control, quienes trabajarán codo a codo con sus pares de la FIFA. La cacería de tramposos será simultánea: tanto en los días sin partido como en las propias jornadas de juego, en todos y cada uno de los estadios repartidos por las sedes anfitrionas. \»Los grandes acontecimientos internacionales precisan de sólidas colaboraciones\», sentenció Emilio García Silvero, director de la División de Servicios Jurídicos y Cumplimiento de la FIFA. \»Nuestra labor conjunta redoblará nuestros esfuerzos en la lucha contra el dopaje en todo el mundo y consolidará el compromiso de la FIFA con la competición justa y limpia\». Las voces locales no fueron menos enfáticas. Juan Manuel Herrera, desde la agencia mexicana, definió esta responsabilidad como \»muy especial\»: \»Ayudar a salvaguardar la limpieza de la competición, de manera que la integridad del fútbol esté a la altura de la magia del fútbol mundial\», dijo con una sentencia que resuena como un eslogan sagrado. Travis T. Tygart, director general de la USADA, puso el foco en la equidad: \»Este tipo de alianzas internacionales entre organizaciones afines resultan fundamentales para garantizar que los jugadores honrados disfruten de igualdad de condiciones en un escenario global como la Copa Mundial\». Mientras que Jeremy Luke, responsable de Sport Integrity Canada, cerró con una máxima irrefutable: \»Proteger la integridad del deporte requiere un trabajo coordinado\». Así, entre declaraciones de principios y acuerdos de cumplimiento estricto, la FIFA dibuja el mapa antidopaje más ambicioso jamás trazado. Porque en la Copa del Mundo de 2026, jugar limpio no será una opción: será la única regla.

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El Vendaval Azulgrana: Anatomía de una Aniquilación en el Desierto

Un Barcelona de mecanismo perfecto y voracidad insaciable desarma y devora a un Athletic Club sin respuestas en una semifinal de la Supercopa que se resolvió en quince minutos magistrales y se convirtió en un mero trámite bajo el calor de Arabia Saudí. Por Julio César Guzmán Acosta KING ABDULLAH STADIUM, Riad.– El partido, ese supuesto duelo entre titanes de la Copa, tenía una cita con el desenlace escrita en el guion desde el momento en que el Barcelona decidió poner en marcha su maquinaria. Lo que ocurrió luego entre el césped impecable y el calor asfixiante no fue una batalla, sino la disección clínica de una ilusión. El Athletic Club soñó, fugazmente, durante diez minutos iniciales de presión alta y córners consecutivos. Pero los sueños, ante el vendaval azulgrana, son de cristal. Y el Barcelona, dirigido con la frialdad de un relojero por Hansi Flick, no vino a soñar. Vino a aniquilar. La semifinal de la Supercopa de España se resolvió en un cuarto de hora de pura eficacia letal, un tornado de gol que arrasó con la resistencia rojiblanca y convirtió el resto del encuentro en un extenso y competitivo entrenamiento. Ferran Torres, Fermín López, Roony Bardghji y un Raphinha desatado fueron los verdugos, los artistas de una exhibición de poderío ofensivo que dejó al guardameta Unai Simón—sin la atenta mirada del seleccionador Luis de la Fuente, ausente por gripe—como un náufrago en un mar de oleaje azulgrana. El 5-0 final, austero para lo que pudo ser, no es un marcador; es un enunciado. Todo comenzó con un engaño. El Athletic salió mordiendo, creyendo en la sorpresa, y durante una década de minutos pareció que el plan de Ernesto Valverde podría inquietar a un Barça que arrancó remolón. Pero esa fue la única concesión. En cuanto Pedri González empezó a mover los hilos con esa elegancia cerebral que le caracteriza, el partido encontró su dueño. Los pasillos interiores se abrieron como autopistas y por ellos empezó a fluir la sentencia. La chispa la encendió la doble ‘F’. Fermín, un torrente de energía y precisión, robó un balón incómodo y lo depositó, convertido en asistencia quirúrgica, a los pies de Ferran. El ‘Tiburón’ no perdona en esos momentos. 1-0. A partir de ahí, el Athletic, que había mostrado la patita, se vino abajo con una fragilidad estremecedora. El equipo se desinfló ante la evidencia de una fuerza superior. Fermín, el hombre del partido, rubricó su obra con un zurdazo certero tras un centro de Raphinha. 2-0. Poco después, el joven Roony, con una frescura deslumbrante, recortó a su marcador y fusiló a Simón. 3-0. Y cuando el brasileño Raphinha decidió sacar de la chistera un golazo zurdo, tras amagar y engañar con una pirueta, el marcador era ya un reflejo del abismo (4-0). La primera parte terminó con el Athletic moralmente en la lona, preguntándose qué tornado les había atravesado. La segunda parte fue una formalidad, un ejercicio de administración y dosificación por parte de Flick. Raphinha, convertido en mediapunta, firmó el quinto y cerró su magnífica tarde personal. El técnico alemán pudo dar minutos a jóvenes como Marc Bernal y dosificar a sus piezas clave, mientras un Lamine Yamal descansado observaba desde el banquillo, testimonio del lujo de opciones de este equipo. El Athletic, ya en modo de rescate del honor, tuvo un disparo al palo de Oihan Sancet y una ocasión clara de Unai Gómez, pero eran gestos aislados en un paisaje ya desolado. Esta no fue una victoria; fue una demostración. Una advertencia enviada desde el desierto a todos sus rivales presentes y futuros. El Barcelona de Flick, incluso con cambios significativos y sin su joya Lamine Yamal desde el inicio, mostró una versión de sí mismo tan vibrante como implacable. Un equipo que no solo gana, sino que aniquila la resistencia, desarma al rival y disfruta del paseíllo. El Athletic Club, por su parte, se marcha con la amarga lección de que, ante ciertas maquinarias en marcha, la fe y la intensidad inicial no bastan. El camino a la final está despejado para el vendaval azulgrana. Y ante este espectáculo de fuerza colectiva, solo cabe una pregunta: ¿quién se atreverá a intentar detenerlo? FICHA TÉCNICA FC Barcelona, 5 – Athletic Club, 0 Goles: 1-0, Ferran (22’); 2-0, Fermín (30’); 3-0, Roony (34’); 4-0, Raphinha (38’); 5-0, Raphinha (51’).

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Real Madrid: El Líder que se Durmió en la Montaña Blanca

Un Real Madrid mustio y sin alma cedió el liderato en Montilivi tras un empate que sabe a derrota, víctima de su propia desidia y del talento de un Ounahi inspirado, en una noche donde la sombra del campeón se desvaneció ante un Girona corajudo que supo pescar en río revuelto. Por Theo N. Guzmán MONTILIVI.— Hay derrotas que no figuran en el marcador pero se graban a fuego en la memoria colectiva. Esta noche, en la fortaleza blanca y roja de Montilivi, el Real Madrid no perdió un partido: perdió su esencia. El equipo que llegó como líder abandonó el campo habiendo cedido el trono, doblegado no por la fuerza de un rival sino por el peso de su propia indolencia. Durante sesenta minutos interminables, el Madrid fue un gigante de pies de barro. Movió el balón con la elegancia burocrática de quien cumple un trámite, pero sin la chispa del que juega con hambre. Mbappé, Arda Güler y compañía parecían convencidos de que la mera presencia de la camiseta bastaría para doblegar a un Girona que, muy al contrario, llegó con el coraje del que lucha por salir del descenso. Fue precisamente en ese terreno de la entrega donde emergió la figura de Azzedine Ounahi. El marroquí, dueño y señor del centro del campo, encontró los huecos que la desidia madridista le regalaba y firmó un gol que ya es candidato a obra de arte: recepción primorosa de Tsygankov, conducción imparable y disparo a la escuadra. Una jugada que destapó todas las costuras de un Madrid que defendió con la intensidad de quien pasea por un museo. La reacción final, forzada por el miedo a la humillación, llegó tarde y con sabor a poco. El penalti transformado por Mbappé en el 76\’ sirvió para salvar un punto, pero no para ocultar la realidad de un equipo que lleva cinco partidos buscándose a sí mismo sin éxito. Las caras de Bellingham y Valverde al abandonar el terreno de juego eran el mejor reflejo de una crisis que ya no es solo de juego, sino de identidad. Mientras el Girona celebraba un punto que sabe a oro, Xabi Alonso miraba al vacío desde el banquillo. Sus cambios tardíos, su incapacidad para imprimir intensidad a un equipo que juega como si estuviera en pretemporada, plantean serias dudas sobre su capacidad para reconducir una nave que parece haber perdido el rumbo. El Madrid abandona Girona sin el liderato y, lo que es peor, sin respuestas. La pregunta que flota en el aire es tan simple como aterradora: ¿dónde está el equipo que ganaba títulos con carácter y hambre? Porque lo que se vio en Montilivi fue la sombra pálida de un campeón que parece haber olvidado qué lo hizo grande.

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La Tarde que el Atlético Escribió su Leyenda

Simeone despliega una lección magistral de táctica y carácter para hundir 5-2 a un Madrid invicto, en una hazaña que no ocurría en Liga desde 1950. Por Virtudes Álvarez Sampedro Madrid. — Hay tardes que no se miden en minutos, sino en latidos. Tardes que quedan tatuadas en la memoria colectiva de una ciudad partida en dos mitades. Ayer, en el Metropolitano, el Atlético de Madrid firmó una de esas gestas que trascienden lo deportivo para convertirse en mito: un 5-2 al Real Madrid que no era solo una victoria, sino un parteaguas. No se le marcaban cinco goles al eterno rival en Liga desde 1950 —hace 75 años—, y una generación tras otra había crecido sin conocer lo que ayer vivieron casi 70.000 almas rojiblancas: la redención hecha fútbol. Detrás del resultado hubo una lección de alcance táctico y emocional. Simeone, tantas veces cuestionado en las semanas previas, diseñó una obra maestra desde la intimidad del vestuario. Su mensaje previo al partido —“salgan a jugar y a disfrutar”— despojó a sus jugadores del peso de la urgencia (un posible desplazaje a 12 puntos del líder) y los lanzó al césped con la libertad de quien ya no tiene nada que perder. Fue un baño de inteligencia futbolística sobre Xabi Alonso, cuyo equipo llegaba invicto y había encajado solo tres goles en seis jornadas. La estrategia fue tan clara como devastadora: atacar la espalda de los laterales. Carvajal y Carreras sufrieron como nadie el huracán de Nico Williams y Giuliano Simeone, cuyo ritmo y desborde abrieron las venas defensivas del Madrid. Pero el acierto del Cholo no terminó ahí. La inclusión sorpresa de Sorloth —en lugar de Baena o Griezmann— respondió a una lógica implacable: aprovechar los balones altos y las segundas jugadas. El noruego, aunque falló ocasiones claras, remató con un golazo un centro de Koke que certificó la dimensión de la apuesta. Todo sumó en una tarde coral: la redención de Julián Álvarez, la gestión milimétrica de los cambios, la fe que resucitó tras el milagro ante el Rayo. El Atlético no solo ganó; se reencontró con su esencia. Y dejó un mensaje nítido: en LaLiga aún suena fuerte el rumor rojiblanco.  

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Con el presidente Mao

En octubre de 1967, en pleno auge de la Revolución Cultural china y en un escenario internacional atravesado por profundas tensiones ideológicas, un grupo...

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