UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

¡Leones Rugen con Poder! Sellan su Pasaporte al Todos Contra Todos

Con una ofensiva demoledora de 11 carreras, liderada por Héctor Rodríguez y Erik González, el Escogido superó 11-3 a las Estrellas Orientales y completó el cuadro de clasificados al Round Robin de la LIDOM. Por Julio César Guzmán Acosta SANTO DOMINGO. — Con la contundencia que exige una noche de definición, los Leones del Escogido aseguraron este lunes su lugar en la fase decisiva del campeonato dominicano. Una explosiva ofensiva de 11 carreras, coronada por las heroicas actuaciones de Héctor Rodríguez y Erik González, derrotó 11-3 a las Estrellas Orientales en el estadio Quisqueya Juan Marichal, en el partido correspondiente a la penúltima jornada del torneo de béisbol 2025-26. Con este triunfo, los actuales monarcas nacionales y del Caribe se convirtieron en el cuarto y último equipo clasificado al Round Robin, uniéndose a los Gigantes del Cibao, Toros del Este y Águilas Cibaeñas. Este cuadro de semifinalistas marca un hito histórico: será la primera ocasión desde la temporada 1994-95 en que estos cuatro escuadras coinciden en la fase de Todos contra Todos. La victoria no dejó lugar a dudas desde los primeros episodios. Los Leones desataron su furia al bate para resolver el encuentro de manera temprana. Héctor Rodríguez protagonizó una noche de ensueño, completando el ciclo de la efectividad al conectar sencillo, doble y un jonrón, conduciendo cuatro carreras y anotando tres veces. A su hazaña se sumó Erik González, quien con tres imparables impulsó dos vueltas, cimentando una ventaja que el cuerpo de relevos supo administrar con oficio. El Camino al Round Robin y un Hecho Histórico La clasificación del Escogido, que llega con marca de 23-27, está sujeta aún a la posición final. Si los Gigantes caen este martes ante el Licey, los Leones ascenderían al tercer lugar; de lo contrario, entrarán como cuartos clasificados. Independientemente del sitio, su objetivo está claro: defender los títulos obtenidos en su participación número 27 en esta instancia. Para las Estrellas Orientales (22-28), el revés certificó su eliminación oficial de la contienda, cerrando una campaña de claroscuros. Por su parte, los Tigres del Licey (21-28) también vieron desaparecer sus últimas esperanzas matemáticas. Actuaciones Destacadas y la Mira en la Semifinal En el montículo, Phillips Valdez (3-0) se adjudicó la victoria tras un relevo sólido de 2.1 entradas, mientras que el abridor de las Estrellas, Esmil Rogers, y el relevista Zack Kristofak (0-1) no pudieron contener la avalancha leonina. Con la serie regular llegando a su fin este martes, la LIDOM prepara un Round Robin de lujo. Un formato que promete máxima intensidad desde su inicio el sábado 27, y en el que los Leones del Escogido, con su poderosa ofensiva reavivada, llegan con el rugido listo para revalidar su corona.

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Con el honor en el Último Suspiro: Celestino Corona una Gesta Taurina de Noveno Episodio 

Desde el Estadio Francisco Micheli, La Romana Los Toros del Este, al borde del abismo, forjaron un rally de tres anotaciones en la novena entrada, sellado con un sencillo dorado de Gilberto Celestino, para derrotar 5-4 a los Gigantes del Cibao en una noche de drama y redención beisbolera. Por Alejandro Feliu Guzmán LA ROMANA. – En el diamante, como en la arena, el toro no está vencido mientras conserve la fuerza para una última embestida. Bajo las luces del Francisco Micheli, los astados del Este, heridos pero erguidos, lanzaron una carga final tan brutal como precisa en el noveno episodio, volteando un marcador adverso para clavar su victoria con el acero de un hit oportuno. Gilberto Celestino, con los nervios templados como cuerdas de violín, envió un sencillo al jardín derecho que remolcó la carrera del triunfo, consumando una remontada de 5-4 sobre los Gigantes del Cibao que ya pertenece a la leyenda de este clásico. El partido, un duelo de estrategias y golpes certeros, había girado a favor de los visitantes desde temprano. Los Gigantes marcaron la pauta con carreras en el primero y el cuarto episodio, tomando una ventaja que parecía sólida. No obstante, la manada taurina mostró sus defensas: un doble de Bryan de la Cruz y un sencillo de Yairo Muñoz en la parte baja del cuarto emparejaron la contienda 2-2. La respuesta cibaeña no se hizo esperar; en el quinto, Samad Taylor descargó un doble de dos anotaciones que devolvió el mando a su escuadra, 4-2. Durante tres entradas, el pitcheo visitante mantuvo atados a los bats locales, sembrando la ilusión de un triunfo foráneo. Pero el béisbol, en su esencia, es el reino de lo inesperado. Al arribar la novena, con el cerrador Anderson Pilar en la lomita, el aire comenzó a electrizarse. Tras un ponche inicial, Eloy Jiménez se plantó en la caja. Con un sonido seco y autoritario, su bate escribió la primera línea de la esperanza: un jonrón solitario, un proyectil entre el jardín izquierdo y central que estremeció el marcador (4-3) y el ánimo del redil. La embestida, una vez iniciada, fue imparable. Yairo Muñoz conectó un sencillo y fue reemplazado por la velocidad de Ismael Alcántara. Un rodado de Jeimer Candelario lo avanzó a segunda, con dos outs. Entonces, la estrategia se volvió un arma de doble filo para los Gigantes. Pilar, tal vez receloso del poder, otorgó bases por bolas intencionales primero a Sandber Pimentel y luego a Félix Reyes, llenando las bases y vertiendo presión sobre cada lanzamiento. En ese torbellino, un error del receptor Frank Rodríguez permitió que Alcántara, veloz como un relámpago, cruzara el plato con la carrera del empate (4-4). Con las bases aún repletas y el estadio en un clamor unánime, emergió la figura de Gilberto Celestino. Sin necesidad de grandilocuencia, con la sobria eficacia del que cumple con su oficio, conectó un sencillo recio y limpio al jardín derecho, permitiendo que Allan Castro, quien corría por Reyes, realizara la travesía final hacia el hogar. La manada, en un solo rugido, estalló en el campo. La victoria, arrebatada de las fauces de la derrota, era suya. El esfuerzo del montículo taurino en las entradas finales fue colosal. Yohan Ramírez, en el octavo, lanzó con dominio férreo, registrando cuatro ponches. Joe Corbett (3-0), en el cierre, fue simplemente impresionante: tres bateadores enfrentados, tres ponches consecutivos, sellando el triunfo con la frialdad de un notario. La derrota recayó sobre Anderson Pilar (1-1). Anoche, los Toros no ganaron un simple juego. Tejieron una epopeya en tres actos: el golpe de poder de Jiménez, el error forzado en la presión y, finalmente, el hit preciso de Celestino. Una lección de que, en este deporte, el último out es el único que verdaderamente cuenta.

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Un Héroe se Levanta de la Banca: Valdez Decide el Duelo con Jonrón Ciclónico

Desde el Estadio Quisqueya Juan Marichal Las Estrellas Orientales, al borde del abismo, resurgen en la novena con un grand slam monumental de Enmanuel Valdez para derrotar 6-5 a los Leones del Escogido. Por Theo Núñez Guzmán  SANTO DOMINGO. – En el épico teatro del béisbol, donde el destino se escribe a golpe de madera y corazón, un nombre grabó anoche su leyenda con letras de fuego: Enmanuel Valdez. El emergente, en un acto de pura poesía dramática, conectó un jonrón con las bases repletas en el último episodio, virando un marcador que parecía esculpido en piedra y entregando a las Estrellas Orientales una victoria agónica por 6-5 sobre los Leones del Escogido. Fue un golpe que no solo cruzó la cerca, sino que atravesó el alma del juego. El partido, disputado con la tensión de un clásico de la pelota invernal dominicana, parecía tener dueño. Los Leones, con una ventaja de 5-1 al comenzar la novena entrada, respiraban la confianza de quien tiene el triunfo atado con un lazo. El abridor cubano Norge Ruiz había tejido una labor magistral de 5.2 entradas, permitiendo apenas un hit, y el relevista Andy Otero, por las Estrellas, había respondido con cinco capítulos en blanco de pura efectividad. Todo apuntaba a un final previsible. Pero el béisbol, ese deporte que desconoce los guiones, preparaba su revolución. Phillips Valdez inició la novena para los rojos y, tras ponchar a Abraham Almonte, la fortuna cambió de bando. Robinson Canó disparó un doble de autoridad. Magneuris Sierra siguió con un sencillo implacable. Entonces, Raimel Tapia, también desde la banca, envió un cohete al jardín central que remolcó a Canó. La ventaja se redujo, el estadio comenzó a vibrar con un rumor creciente. Vidal Bruján, con un infield hit cargado de nervio, llenó las bases. El caos se instaló en el diamante. Fue en ese caldero de presión, con un out en el pizarrón y la derrota respirando en el nuca, cuando Enmanuel Valdez tomó el bate. Sustituyó a Francisco Peña, avanzó hacia la caja con la serenidad de un titán y se plantó frente al lanzador Jimmy Cordero. El silencio fue un preludio. Y luego, en un estallido de madera y voluntad, la pelota partió hacia la oscuridad, entre el jardín derecho y el central, en un vuelo limpio, alto, definitivo. Un grand slam. Cuatro carreras. El estadio estalló en un grito colectivo mientras Valdez recorría las bases bajo una lluvia de alaridos, consumando una de las remontadas más gloriosas de la temporada. El triunfo fue crédito del relevista Enoli Paredes (1-0), quien había sostenido la esperanza con una entrada en blanco. La derrota, amarga, cayó sobre los hombros de Jimmy Cordero (1-1). Patrick Weigel anotó el salvamento. En la estadística fría, brillaron Alex Munguia, con tres hits para las Estrellas, y Yamaico Navarro, con dos para los Leones. Pero las cifras se desvanecen ante la magnitud del momento. Lo que quedará, más allá de los números, es la imagen de un hombre que, desde el anonimato de la suplencia, se convirtió en el arquitecto de un milagro beisbolero. Anoche, Enmanuel Valdez no solo ganó un juego; conquistó su lugar en la memoria del clásico dominicano.

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El Adiós de un Gigante: Robinson Canó Cierra su Leyenda en el Crisol del Caribe

El Juego de Estrellas entre Puerto Rico y República Dominicana se transforma en un tributo a la carrera de Robinson Canó, quien jugará su último partido profesional en Estados Unidos mientras ambas naciones libran su eterna batalla beisbolera bajo las luces de un espectáculo que mezcla deporte, música y nostalgia. Por Thiago Núñez G. SAN JUAN.— Entre el rumor de las multitudes y el eco de los batazos que escribieron historia, un gigante se despide. Robinson Canó, cuyo swing elegante y defensa de terciopelo lo convirtieron en uno de los peloteros más completos de su generación, jugará su última danza en territorio estadounidense durante el Juego de Estrellas que enfrentará a República Dominicana y Puerto Rico, organizado por la Federación Nacional de Peloteros Profesionales (Fenapepro). El evento, siempre cargado de pasión, se vestirá esta vez de despedida. Como un homenaje a su legado, los jugadores dominicanos llevarán en sus espaldas el número 26, ese dorsal que Canó vistió con orgullo y que se convirtió en sinónimo de excelencia en los diamantes. Un gesto coordinado por Fenapepro que convierte un partido de rivalidad en una ceremonia de gratitud para quien fuera columna vertebral de la selección quisqueyana en innumerables batallas. La rivalidad que define un mar Más que un encuentro amistoso, este duelo representa el pulso eterno entre dos potencias beisboleras unidas por el mismo mar pero separadas por una sana obsesión: demostrar quién manda en los diamantes del Caribe. Desde las Series del Caribe hasta los Clásicos Mundiales, dominicanos y boricuas han tejido una historia de choques épicos donde cada jugada parece cargar el peso de la historia. Este juego es otra página en ese legendario capítulo, donde la pelota se convierte en un asunto de honor nacional. Constelaciones en el diamante La alineación dominicana promete fuego y calidad. Al mando del exjugador estelar Carlos Gómez, desfilarán nombres como el abridor César Valdez, los relevistas Ulises Joaquín y Jefry Yan, y los jugadores de posición como el receptor Webster Rivas y los jardineros Gilberto Celestino y Gustavo Núñez. Un equipo que mezcla la sabiduría de veteranos con el ímpetu de nuevas promesas. Frente a ellos, los puertorriqueños, dirigidos por el inmortal Carlos Delgado, presentarán un roster de lujo con Emmanuel Rivera, Bryan Torres, el jardinero Danny Ortiz y el receptor Martín Maldonado, entre otros. Será un duelo de estilos, estrategias y ese orgullo caribeño que convierte cada inning en una cuestión personal. Una noche de película caribeña El espectáculo trasciende el diamante. La conducción estará en las experimentadas manos de la presentadora Luren Márquez, mientras que la animación correrá por cuenta de la energética Melissa Santos. Como broche de oro, la voz incombustible de Héctor Acosta \»El Torito\» elevará la fiesta con sus clásicos, poniendo el ritmo perfecto para una despedida histórica. Esta noche no será solo un juego. Será el cierre de un ciclo para Robinson Canó, el abrazo de dos naciones que comparten la misma pasión y la confirmación de que el béisbol, más que un deporte, es el latido del Caribe. Cuando Canó pise el diamante por última vez en Estados Unidos, se llevará consigo los aplausos de una carrera brillante, pero dejará impregnada en el aire la elegancia eterna de su swing.

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Noche de Brillo Estelar: Apagan al Licey

Las Estrellas Orientales dominaron con autoridad al Licey en un duelo cerrado que se decidió por la efectividad en el montículo y los hits oportunos, incluyendo un RBI en el debut de Robinson Canó, para firmar una blanqueada de 4-0 en el Tetelo Vargas. Por Brendalis Reyes SAN PEDRO DE MACORÍS.— Bajo la caribeña luz del Tetelo Vargas, donde el arrullo de las olas compite con el bullicio de las gradas, las Estrellas Orientales tejieron una noche de pitcheo impecable y ofensiva precisa para apagar por 4-0 a los Tigres del Licey. Fue una victoria que tuvo sabor a reivindicación: la primera blanqueada de los orientales sobre sus rivales capitalinos esta temporada, y la cuarta que reciben los azules, la cifra más alta para cualquier equipo en el torneo. El duelo comenzó como un tenso intercambio de miradas desde el montículo, con Albert Abreu por los Tigres y Óscar de la Cruz por las Estrellas conteniendo con firmeza los impulsos ofensivos de ambos bandos. Pero en el tercer episodio, la escena cambió. Magneuris Sierra, Carlos Martínez y Vidal Bruján cargaron las bases con tres sencillos consecutivos que desataron la esperanza en las tribunas locales. Entonces, en su primer partido con la camiseta verde, Robinson Canó respondió con clase: una línea limpia al jardín izquierdo que rompió el cero en el pizarrón y dejó ver el instinto que lo ha caracterizado. Un rodado de Euribiel Ángeles completó el segundo tanto, sentando las bases de una ventaja que ya no se discutiría. La ofensiva estelar, sin estridencias pero con puntería, siguió sumando. En la cuarta entrada, Coco Montes y Sierra volvieron a conectar para empujar la tercera carrera. Y cuando el quinto inning parecía cerrarse en las manos del relevismo, Josh Lester soltó un triple vibrante al jardín derecho que remolcó a Ángeles y puso el 4-0 que certificaría el triunfo. Mientras la ofensiva hacia lo suyo, el pitcheo de las Estrellas tejió una red de dominación que ahogó cualquier asomo de reacción azul. De la Cruz trabajó con 4.1 entradas de cinco hits y seis ponches, y luego el bullpen —con Jefry Yan, Peyton Gray y Ty Adcock— cerró filas sin conceder tregua. Gray, con dos entradas en blanco, se llevó la victoria. En las últimas tres entradas, los relevistas no permitieron respirar a la ofensiva del Licey, que terminó sin anotar a pesar de sus esfuerzos tardíos. Con este triunfo, las Estrellas (8-10) escalan a la tercera posición, mientras el Licey (7-9) se mantiene en cuarto lugar. Ambos equipos miran desde cinco juegos de distancia a las Águilas Cibaeñas, líderes de la temporada. Una noche para recordar en el Este, donde el pitcheo sólido y el contacto oportuno pintaron de verde la victoria.

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Noche de Dobletes y Esperanza Para el Licey

Francisco Mejía lideró con tres imparables la ofensiva de 11 hits que permitió a los Tigres del Licey doblegar 5-2 a las Estrellas Orientales, en un partido donde los azules mostraron señales de renacimiento. Por Alejandro F. Guzmán SANTO DOMINGO.— Bajo las luces del Quisqueya, donde la brisa caribeña se mezcla con el eco de las porras, Francisco Mejía escribió con madera una noche de resurrección para los Tigres del Licey. Con tres dobles que resonaron como martillazos en las graderías, el receptor no solo impulsó la victoria de 5-2 sobre las Estrellas Orientales, sino que encendió una chispa de esperanza en un equipo que busca renacer tras una sequía de sietes derrotas. Desde el primer inning, el partido olió a cambio. En la segunda entrada, con el juego aún virgen, Mejía lanzó el primer aviso: un doble al prado derecho que pareció despertar a un gigante dormido. Tras él, una sucesión de jugadas inteligentes —un vuelo de sacrificio, otro doble de Michael De La Cruz— empezaron a tejer una ofensiva de 11 hits que fluyó con la precisión de un reloj recién afinado. Pero fue en la tercera entrada cuando el Licey destapó la furia. Mejía volvió a la carga, enviando otro batazo al callejón que inició una seguidilla de tres carreras. Cada doble de Mejía no fue solo un hit: fue una declaración. Mientras los bateadores azules movían corredores con la frialdad de un estratega, en el montículo Paolo Espino contuvo con profesionalismo el avance de las Estrellas, permitiendo solo dos carreras en su labor de 3.2 entradas. Las Estrellas Orientales, por su parte, intentaron reaccionar. El doble de Euribiel Angeles en la cuarta entrada que impulsó la primera carrera del equipo purpura despertó brevemente a su fanaticada, pero la bullpen de los Tigres —con Adonis Medina como figura destacada— apagó cualquier asomo de rebelión. Cada lanzamiento de los relevistas azules fue un cerrojo que condenó a las Estrellas a su novena derrota de la temporada. Al final, las cifras hablaron por sí solas: Mejía perfecto de 3-3, Mel Rojas Jr. y Armando Álvarez con dos hits cada uno, y una defensa que no cometió errores. Fue una victoria construida sobre la base de ofensiva oportuna y pitcheo sólido —la fórmula exacta que necesitaba un equipo que lucha por encontrar su identidad. Mientras el estadio se vaciaba y los últimos ecos del \»¡Licey! ¡Licey!\» se perdían en la noche, los Tigres empacaban sus bates con una nueva confianza. La temporada es larga, pero en las líneas de box score de esta noche quedó escrita una promesa: que esta pueda ser la chispa que encienda el fuego de su resurgencia.

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Toros Dominan en la Cueva: Una Noche de Fiesta Arruinada para Licey

Con una actuación magistral del abridor Aaron Sánchez y una ofensiva implacable que estalló en la séptima entrada, los Toros del Este blanquearon 9-0 a los Tigres del Licey, cortando una racha negativa y ascendiendo en la tabla en una fría noche en el Jardín de los Héroes. Por Brendalis Reyes SANTO DOMINGO.— En el santuario del béisbol capitalino, donde los Tigres del Licey esperaban celebrar, los Toros del Este llegaron para arruinar la fiesta. Con una paliza de 9-0 que resonó en el Jardín de los Héroes, la escuadra oriente no solo cortó una racha de dos derrotas, sino que envió un contundente mensaje al resto de la liga: cuando Aaron Sánchez está en el montículo, la victoria huele a seguridad y el bate se convierte en un instrumento de demolición. La victoria, lograda en el marco del torneo dedicado al Inmortal Juan Marichal, permite a los Toros (6-7) tomar un juego de ventaja sobre los azules (5-8) y dominar ahora la serie particular 2-1, estableciendo un temprano pero significativo punto de inflexión en la temporada otoño-invernal. El Arte y la Ciencia de Aaron Sánchez En el corazón de la blanqueada estuvo la figura, cada vez más monumental, de Aaron Sánchez. El derecho, quien ya cuenta con dos galardones de \»Lanzador de la Semana\», tejió otra joya desde el diamante. Por cuarta vez en cuatro abridores, Sánchez (3-0) completó una salida de calidad, y en esta ocasión fue directamente dominante: 6 entradas en blanco, solo tres hits dispersos, cero boletos y cinco ponches que dejaron a la alineación azul buscando respuestas. Con una efectividad de 0.78, Sánchez no lanza; esculpe el juego. Su control quirúrgico y la mezcla devastadora de sus pitcheos convierten cada turno al bate en una batalla cuesta arriba para sus rivales. Fue el muro infranqueable sobre el que se estrellaron todas las esperanzas liceístas. El Inicio del Diluvio: La Séptima Entrada Decisiva El partido se mantuvo en un tenso duelo de ceros hasta que la ofensiva taurina, paciente y letal, decidió desatar el huracán en la séptima entrada. Con la ayuda de una defensa azul que flaqueó en el momento crucial, los Toros enviaron 11 hombres al plato en un rally demoledor de seis carreras. La avalancha comenzó con hits consecutivos de Mickey Gasper y Félix Reyes. Eloy Jiménez remolcó la primera con un imparable, y con las bases llenas, el antesalista Domingo Leyba cometió un error en un tiro forzado que permitió anotar la segunda. La presión no cedió: Ronaldo Hernández recibió un pelotazo con las bases llenas para la tercera, Yairo Muñoz aportó una cuarta con base por bolas, y Bryan De La Cruz, con un rodado, completó la ofensiva de seis vueltas que partió el partido en dos. La Estampida Final: Sellando la Victoria Para dejar cualquier duda fuera del terreno, los Toros agregaron tres carreras más en la novena entrada. Ronaldo Hernández, ahora con un doble al jardín derecho, remolcó a Rafael Lantigua. Yairo Muñoz impulsó a Hernández con un rodado, y Bryan De La Cruz, con un hit al jardín central, trajo a Gustavo Campero para colocar el marcador 9-0, el número final de una noche casi perfecta para la legión taurina. Mientras, en el montículo rival, la derrota cayó sobre los hombros del relevista Miguel Díaz (0-1), quien no pudo sacar outs y permitió cuatro carreras en un esfuerzo que se desvaneció con la primera embestida torista. Con este triunfo, los Toros no solo ganan un juego; ganan confianza y envían una advertencia. En el béisbol, la moral es un activo tan valioso como un lanzador estrella, y esta noche, en la guarida del rival, los de La Romana se llevaron ambas cosas.

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Hasta el Amanecer: Bonifacio Corona una Noche Épica para los Gigantes

En un duelo maratónico que se extendió más allá de la medianoche, Jorge Bonifacio emergió como el héroe al conectar un decisivo sencillo de dos carreras en la entrada 15, sellando una victoria de 7-4 sobre los Toros del Este que consolida la cuarta victoria consecutiva de los Gigantes del Cibao en un partido de 5 horas y 42 minutos de pura resistencia. Por Thiago N. Guzmán Bajo la tenue luz de la madrugada en el Estadio Francisco A. Micheli, cuando el cansancio se había convertido en un rival más, Jorge Bonifacio tomó el bate con la frialdad de un artesano. Con las bases llenas en el decimoquinto episodio de una batalla que había desgastado a dos equipos, su bate conectó con un sonido limpio que cortó la tensión de la madrugada. Un sencillo al jardín central que remolcó dos carreras y finalmente decidió un encuentro épico: 7-4 para los Gigantes del Cibao sobre los Toros del Este, en lo que fue mucho más que un partido de béisbol—fue una prueba de carácter. El partido, que finalizó a la 1:19 de la madrugada tras 5 horas y 42 minutos de juego, representó la cuarta victoria consecutiva para los Gigantes (4-5), que ahora respiran a solo medio juego de los Tigres del Licey en la tabla de posiciones. Una victoria que no llegó fácil, sino que fue arrancada con uñas y dientes en un duelo que parecía no tener fin. El Largo Camino Hacia la Victoria El marcador había permanecido inmóvil hasta la quinta entrada, cuando Frank Rodríguez conectó un doble que puso a los Gigantes al frente 1-0. Los Toros respondieron de inmediato, empatando con un elevado de sacrificio de Gustavo Campero. Así comenzaría una danza de ataques y contraataques que se extendería por diez entradas adicionales. En la duodécima entrada, Melvin Mercedes pareció dar la victoria a los Gigantes con un sencillo productor, pero los Toros, demostrando su propia resiliencia, empataron en la parte baja del inning. El drama alcanzó su punto máximo en la decimocuarta entrada: Jake Holton conectó un doble para poner a los Gigantes adelante 3-2, y Cooper Johnson extendió la ventaja a 4-2. Sin embargo, los Toros, con su último aliento, volvieron a empatar con un elevado de sacrificio y una base por bolas con las bases llenas. El Momento Definitivo Fue entonces, en la decimoquinta entrada, cuando Bonifacio escribió su nombre en la historia del clásico. Con las bases llenas y la madrugada avanzando, su bate encontró el centro del campo para remolcar a Christopher Molina y Leury García. Melvin Mercedes añadió una carrera adicional con base por bolas, estableciendo el marcador final de 7-4. La victoria fue respaldada por labores sólidas desde el montículo, particularmente de Christopher Molina (1-0), quien sacó dos outs cruciales en la entrada catorce, y de Juan Arnaud, quien aseguró el juego en la quinceava. Para los Gigantes, esta victoria no solo significa su cuarta consecutiva, sino que representa un momento de inflexión en su temporada. Demostraron que tienen la profundidad en la rotación y la fortaleza mental para ganar partidos que se extienden hasta horas improbables. Ahora se preparan para una crucial serie de cinco juegos consecutivos contra las Águilas Cibaeñas, llevando consigo el ímpetu de una victoria que probó su carácter bajo la luz de la madrugada.

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El Grito Verde: Las Estrellas Resucitan en un Drama de 11 Episodios

Tras ocho amargas caídas consecutivas, el equipo de la Sultana del Este encontró el coraje en la entrada extendida para derrotar 11-6 a un acérrimo rival, los Tigres del Licey, en un partido donde un sencillo de Ismael Munguía quebró el empate y desató una explosión ofensiva que culminó con una celebración largamente esperada. Por César Dalmasi Guzmán Bajo las luces del Quisqueya, donde la tensión se podía cortar con un bate, las Estrellas no solo jugaron un partido de béisbol; libraron una batalla contra el destino. Este martes, la Sultana del Este, cargando el peso de ocho derrotas que amenazaban con sepultar su temporada, escribió un capítulo de redención en el béisbol dominicano. Fue un drama de 11 entradas, un pulso contra la adversidad que culminó con un estruendoso rally de cinco carreras para doblegar 11-6 a los Tigres del Licey, un rival que también navega en su propia crisis con cinco reveses seguidos. El partido, el primero de la temporada entre estos dos rivales , tenía el sabor añejo de una rivalidad que la campaña pasada terminó empatada. Pero esta noche, el guion lo escribió la resiliencia. Con el marcador apretado y la sombra de una novena derrota acechando, Ismael Munguía se plantó en la caja de bateo en la entrada número 11 y, con la frialdad de un asesino, conectó un sencillo al jardín central que quebró el empate y abrió las compuertas del cielo para el equipo verde. Fue el golpe de gracia que precedió a la estampida. Lo que siguió fue una combinación de ofensiva oportuna de Coco Montes y Rainel Tapia, y un desmoronamiento defensivo de los Tigres, que cometieron cuatro errores en ese mismo episodio, regalando las carreras que sellaron su propia condena. Fue un final implacable para un duelo que había sido una pulseada desde el inicio. El Largo Camino Hacia el Alivio La victoria, que se le acreditó al relevista Felipe de la Cruz (1-0), no fue un paseo. El abridor Esmil Rogers tuvo una salida trabajada de cuatro entradas, mientras que el bullpen, con labores de Peralta, Gray, Maríñez y Adcock, mantuvo la esperanza viva hasta que la ofensiva finalmente estalló. Por el Licey, el inicio de César Valdez fue complicado y la derrota terminó en la cuenta de Jairo Asencio (1-1). Más allá de la estrategia, esta fue una noche para los bateadores. Miguel Sanó, con poder descomunal, disparó su séptimo cuadrangular de la temporada, un mensaje claro de su fuerza. Rodolfo Castro no se quedó atrás, conectando su quinto vuelacerca del torneo, en un torneo dedicado al inmortal Juan Marichal. Pero al final, la noche no perteneció a un solo hombre, sino a un colectivo que se rehusó a perder una novena vez. Fue el triunfo del carácter sobre la estadística, de la fe sobre la racha negativa. Las Estrellas, con este respiro de gloria en un drama de 11 actos, demostraron que en el béisbol, como en la vida, nunca se está fuera hasta que se consigue el último out. Ahora, con la moral por las nubes, miran hacia el próximo desafío: los Toros del Este en San Pedro de Macorís, con la certeza de que, por fin, la mala racha es cosa del pasado.

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Dodgers Extienden el Drama al Séptimo Episodio de la Serie Mundial 

Una victoria reñida de 3-1 sobre los Blue Jays en el Rogers Centre impone el duelo definitivo y coronará al monarca del clásico otoñal en un choque de estrategia y nervio. POR ARTURO F. GUZMÁN  TORONTO. Bajo las frías luces del Rogers Centre, donde el aliento de 50,000 almas se condensaba en una tensión palpable, los Dodgers de Los Ángeles escribieron un capítulo más de esta épica Serie Mundial de 2025. Con una ejecución meticulosa y un temple de acero, la novena angelina doblegó por 3-1 a los Blue Jays de Toronto, forzando así un séptimo y decisivo juego que resolverá, en la noche del sábado 1 de noviembre, el destino del campeonato. El equipo del sur, una vez rezagado en la serie, ha demostrado la fibra de un campeón, igualando la contienda 3-3 y transformando este clásico otoñal en un duelo a muerte súbita. El encuentro se desenvolvió, desde sus compases iniciales, como el pulso magistral que todos anticipaban. Desde la lomita, Kevin Gausman por los anfitriones y Yoshinobu Yamamoto por los visitantes tejieron una narrativa de dominación y control. Gausman, con una potencia feroz, despachó a seis bateadores por la vía del ponche en las primeras dos entradas. Yamamoto, por su parte, empleó no solo su arsenal de lanzamientos, sino el respaldo infalible de su defensa, para mantener a raya la ofensiva local. El marcador, inmutable en los primeros actos, era un espejismo de calma antes de la tormenta. Fue en la tercera entrada cuando Los Ángeles, con la precisión de un relojero, quebró el hechizo. Tommy Edman, con un doble incisivo, abrió la herida. La estrategia de Toronto, que optó por una base por bolas intencional a la siempre amenazante figura de Shohei Ohtani, se vería luego cuestionada. Will Smith, con la flema característica del que no se inmuta, disparó un doble al jardín izquierdo que permitió a Edman cruzar el plato. No contentos con ello, Mookie Betts, en un acto de pura eficiencia, conectó un sencillo que empujó dos carreras más, estableciendo un marcador de 3-0 que resonó en el estadio como un cañonazo. La respuesta de Toronto no se hizo esperar, aunque fue contenida. En la parte baja de esa misma entrada, Addison Barger estampó un doble y George Springer, con un oportuno batazo, lo remolcó para acortar distancias en el pizarón. El público local creyó en la remontada, pero Yamamoto, mostrando la madera de los grandes, cerró la compuerta en el momento más crítico, sofocando la esperanza antes de que pudiera prender por completo. Lo que siguió fue un ejercicio de tensión creciente, un duelo de relevistas donde cada lanzamiento pesaba como una losa. Justin Wrobleski contuvo la ofensiva azul en la séptima entrada. Luego, en el octavo, el japonés Roki Sasaki se vio inmerso en un drama shakespeariano: las bases llenas y un solo out. El estadio, en pie, rugía por la explosión que daría la vuelta al partido. Sin embargo, con una serenidad sobrehumana, Sasaki logró dos outs vitales, escapando del inning sin daño alguno y dejando en el aire el suspiro frustrado de la afición. La novena entrada, a cargo del cerrador Tyler Glasnow, fue el epílogo de esta obra de teatro. Un sencillo y un doble de inmediato pusieron a los corredores de Toronto en posición de anotar, amenazando con desbaratar el triunfo visitante. El corazón del Rogers Centre latía con fuerza desbocada. No obstante, el destino, caprichoso, tenía escrito un final diferente. Ernie Clement elevó un fly de sacrificio para el primer out, y en la jugada que heló la sangre, Andrés Giménez conectó una línea veloz que se transformó en un dobleplay, el giro más cruel y hermoso del béisbol, sellando así la victoria para Los Ángeles. Con este triunfo, los Dodgers no solo han igualado la Serie Mundial; han plantado la bandera de su resiliencia. Forzaron este séptimo juego, un espectáculo que promete encapsular toda la gloria y la agonía de este deporte. Toronto, en su búsqueda de un título que no celebra desde 1993, se enfrenta a un muro de determinación. Los Ángeles, por su parte, ansía levantar su segundo trofeo en la última década. Todo, absolutamente todo, se definirá en una sola noche. Que el mejor gane.

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Con el presidente Mao

En octubre de 1967, en pleno auge de la Revolución Cultural china y en un escenario internacional atravesado por profundas tensiones ideológicas, un grupo...

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