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La vida de Sagrada Bujosa Mieses atraviesa algunas de las páginas más intensas de la historia política dominicana: la lucha contra la dictadura, el Movimiento 14 de Junio, la Revolución de Abril, la clandestinidad y la defensa de la memoria de Los Palmeros. A partir del testimonio de su hermano, el veterano periodista gráfico y revolucionario Chino Bujosa, emerge el retrato de una mujer cuya militancia fue mucho más allá de su condición de esposa de Amaury Germán Aristy.
Hay vidas que caben en una biografía y otras que parecen contener, en sí mismas, una época entera. La de Sagrada Bujosa Mieses pertenece a estas últimas. Su existencia atraviesa algunos de los capítulos más dramáticos de la historia dominicana contemporánea: la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, la militancia del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, la resistencia al Triunvirato, la Revolución de Abril de 1965, la clandestinidad política, la tragedia de Los Palmeros y la prolongada lucha por preservar la memoria de quienes murieron defendiendo sus convicciones.
La historia ha sido reconstruida con una mezcla de memoria familiar, militancia y testimonio por su hermano, José “Chino” Bujosa Mieses, veterano periodista gráfico y revolucionario de toda la vida, quien no escribe desde la distancia fría del cronista, sino desde la cercanía de quien vio crecer aquella historia dentro de su propia casa.
Su relato rescata a una mujer que durante décadas ha sido presentada principalmente como la esposa de Amaury Germán Aristy, pero cuya trayectoria posee una dimensión política propia.
Sagrada creció en el hogar de Marina Mieses de Bujosa y Benjamín Bujosa Ferreras, en una familia donde la oposición al trujillismo debía vivirse con prudencia. En tiempos de dictadura, disentir podía significar persecución, prisión o muerte.
La violencia política no fue para ella una abstracción. El asesinato de Cocuyo Mieses dejó una profunda huella familiar y mostró desde temprano a aquella adolescente el costo humano de una tiranía.
Después de la caída de Trujillo, cuando una nueva generación comenzó a ocupar las calles y las organizaciones políticas, Sagrada ingresó al Movimiento Revolucionario 14 de Junio.
En el Instituto de Señoritas Salomé Ureña de Henríquez se convirtió en dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER) y llegó a formar parte de su dirección nacional.
Era una época en que la militancia juvenil no constituía un ejercicio retórico. La inestabilidad política, el derrocamiento de Juan Bosch y la instauración del Triunvirato habían convertido las calles en escenario permanente de confrontación.
Uno de los episodios más simbólicos narrados por Chino Bujosa ocurrió en 1964.
Sagrada y un grupo de jóvenes militantes acudieron al Altar de la Patria para depositar una ofrenda floral en memoria de los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo, la llamada Raza Inmortal.
No portaban armas.
Llevaban flores.
Pero bajo la represión del Triunvirato, hasta rendir homenaje a determinados héroes podía interpretarse como un acto de desafío. Una patrulla policial intervino y Sagrada fue apresada.
La escena resume el clima político de aquellos años: una muchacha detenida frente al lugar consagrado a los fundadores de la República por intentar honrar a otros hombres que habían muerto combatiendo una dictadura.
Poco después volvió a conocer la prisión.
Participaba en el programa radial “Orientación Patriótica Estudiantil”, vocero de la UER, cuyo lema proclamaba: “Por más escuelas y menos cuarteles”.
Mientras leía noticias y denuncias contra la represión estudiantil, la Policía irrumpió en la emisora.
Si antes había sido detenida por llevar flores, esta vez era apresada por llevar palabras.
El relato de Chino Bujosa recupera también episodios menos conocidos.
Sagrada, Brunilda Amaral, Deomaris Roca y Cosette Ericson realizaban largas caminatas desde Santo Domingo hasta Boca Chica como forma de preparación física.
No eran excursiones recreativas.
En el seno del 14 de Junio existía entonces la posibilidad de la lucha guerrillera, y aquellas jóvenes querían demostrar que podían soportar las mismas exigencias físicas y políticas que sus compañeros hombres.
Aquella preparación tendría otra dimensión cuando estalló la Revolución Constitucionalista de Abril de 1965.
Sagrada participó en tareas de gran riesgo. Junto a otras militantes colaboró en el traslado de armas destinadas a extender la insurrección hacia ciudades del interior.
Tras el fracaso de una operación revolucionaria en San Francisco de Macorís, penetró en la zona para localizar compañeros, conocer la suerte de los combatientes y ayudar a rescatar sobrevivientes.
Allí presenció cadáveres, torturas y persecución.
Posteriormente se incorporó a la Academia Militar 24 de Abril, donde llegó a desempeñarse como instructora.
La muchacha que años antes entrenaba caminando hacia Boca Chica había terminado participando en una guerra verdadera.
Finalizada la contienda, su compromiso político continuó.
Fue seleccionada entre un reducido grupo de mujeres enviadas por el Movimiento 14 de Junio a China Continental, donde recibió formación política y militar.
Chino Bujosa recuerda en su testimonio el momento en que su hermana comunicó a la familia que viajaría por decisión de la organización.
Los intentos de persuadirla resultaron inútiles.
Había asumido un compromiso y entendía que debía cumplirlo.

En aquellos años se consolidó su relación con Amaury Germán Aristy.
Los dos provenían de la militancia revolucionaria y habían compartido espacios de lucha mucho antes de convertirse en pareja.
Se casaron y tuvieron una hija, Amarilis Germán Bujosa.
Su vida familiar, sin embargo, jamás estuvo separada de la política.
Cuando Amaury profundizó su participación en el movimiento revolucionario vinculado a Francisco Alberto Caamaño Deñó y a los Comandos de la Resistencia, Sagrada quedó igualmente atrapada en la clandestinidad.
Hubo allanamientos, persecuciones, prisiones, huelgas de hambre y casas de seguridad.
En julio de 1970, durante un cerco policial, Amaury logró escapar herido. Sagrada salió junto a él y su hija atravesando viviendas vecinas, consiguió ayuda, refugio y asistencia médica.
No era una acompañante pasiva de la historia.
Era parte de ella.
El momento más doloroso llegó el 12 de enero de 1972.
Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Ulises Cerón Polanco y Bienvenido Leal Prandy fueron cercados por fuerzas militares y policiales.
Después de horas de combate murieron los cuatro hombres que pasarían a la historia como Los Palmeros.
Para Sagrada, aquella jornada no significó solamente la muerte de un dirigente político.
Había perdido a su esposo, al padre de su hija y al compañero con quien había compartido clandestinidad, ideales y peligros.
Sin embargo, la tragedia no puso fin a su militancia.
La transformó.
El artículo de Chino Bujosa atribuye a Sagrada otro episodio de enorme significación histórica.
Cuando Francisco Alberto Caamaño Deñó regresó clandestinamente a República Dominicana en febrero de 1973, ella habría sido la primera persona en comunicar personalmente a Juan Bosch que el antiguo líder constitucionalista se encontraba nuevamente en territorio dominicano.
Después realizó otros contactos para hacer llegar la noticia a sectores políticos capaces de comprender su dimensión.
Caamaño sería posteriormente capturado y ejecutado tras ser herido en las montañas.
Otra muerte se incorporaba a una generación marcada por la pérdida.
Con los años, Sagrada libraría una batalla distinta.
Ya no se trataba de transportar armas, evadir patrullas o esconder compañeros.
Se trataba de impedir que el tiempo borrara sus nombres.
Junto a familiares y antiguos militantes —entre ellos el propio Chino Bujosa, Emna Méndez de Bujosa, doña Manuela Aristy y otros compañeros— comenzó una larga labor de recuperación histórica.
Fotografías, testimonios, documentos, libros, exposiciones, conferencias y actos conmemorativos se convirtieron en las nuevas armas.
De esa perseverancia surgió y se fortaleció la Fundación Amaury Germán Aristy, presidida por Sagrada.
La batalla produjo resultados concretos.
El Congreso Nacional declaró el 12 de enero Día de la Resistencia Heroica, incorporándolo al calendario conmemorativo nacional.
Los nombres de Los Palmeros fueron colocados en escuelas, calles y espacios públicos, mientras el lugar de su caída quedó convertido en memorial.
La memoria dejó entonces de ser únicamente familiar.
Pasó a convertirse en patrimonio colectivo.
El gran mérito del texto de Chino Bujosa consiste precisamente en devolverle a Sagrada su historia propia.
Reducirla a la condición de viuda de Amaury Germán Aristy sería desconocer buena parte de su trayectoria.
Fue dirigente estudiantil, militante del 14 de Junio, perseguida política, prisionera, combatiente constitucionalista, instructora, militante clandestina, madre en medio de la persecución y protagonista de una época en la que las convicciones podían pagarse con la cárcel o con la vida.
Después, cuando las armas callaron y muchos de sus compañeros ya no estaban, asumió otra responsabilidad: preservar la memoria.
Quizás allí radique el sentido más profundo de la semblanza escrita por su hermano.
Chino Bujosa, hombre de cámara y de militancia, acostumbrado durante décadas a fijar la historia en imágenes, esta vez utiliza la palabra para revelar a la mujer que conoció desde mucho antes de que su nombre quedara unido a algunos de los grandes acontecimientos políticos del país.
Sagrada Bujosa Mieses pertenece a una generación cuya existencia resulta imposible separar de las luchas que marcaron la segunda mitad del siglo XX dominicano.
Sobrevivió a la dictadura, a las cárceles, a una revolución, a la clandestinidad y a la pérdida.
Pero hubo un adversario al que nunca dejó de combatir.
El olvido.
Y esa, probablemente, ha sido su batalla más larga.

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