UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Bujosa Mieses retrata en Virtudes Álvarez la fragilidad de hierro de una generación de luchas

Virtudes Álvarez, dirigente histórica de la izquierda y del movimiento social y político dominicano, cuya trayectoria de lucha y coherencia política es retratada por José “Chino” Bujosa Mieses en su más reciente semblanza.

Por Julio Guzmán Acosta

Santo Domingo.– El periodista y dirigente gremial José “Chino” Bujosa Mieses continúa construyendo, artículo tras artículo, una singular galería de personajes de la vida política y social dominicana. Su más reciente semblanza está dedicada a Virtudes Álvarez, una de las figuras más persistentes de la izquierda y del movimiento popular de las últimas décadas, a quien define mediante una imagen tan sencilla como poderosa: “la fragilidad de hierro”.

Una serie contra el olvido

Las semblanzas que viene publicando Bujosa Mieses trascienden el retrato biográfico convencional. Son, en buena medida, ejercicios de memoria escritos desde la experiencia de quien compartió reuniones, huelgas, debates y jornadas de lucha con muchos de sus protagonistas.

En ellas no habla solamente el periodista que investiga el pasado. Habla también el testigo.

Esa combinación vuelve particularmente valioso el trabajo que desarrolla: rescatar nombres, episodios y circunstancias de una etapa de la historia dominicana que permanece dispersa entre archivos periodísticos, testimonios personales y recuerdos de sus propios protagonistas.

En esta ocasión el centro de la narración es Virtudes Álvarez, dirigente estudiantil, popular, feminista y comunista, cuya trayectoria política comenzó mucho antes de que su nombre apareciera asociado a huelgas nacionales, movilizaciones callejeras y candidaturas electorales.

De Pizarrete a las grandes luchas nacionales

Virtudes Álvarez, destacada dirigente popular y política.

Bujosa reconstruye sus orígenes en una familia campesina vinculada a Pizarrete, en Peravia, donde la organización comunitaria formaba parte de la vida cotidiana.

Su padre, Manuel de Jesús Álvarez Arias, convertía el hogar familiar en punto de encuentro de agricultores, madres, cooperativistas y vecinos. Allí se hablaba de caminos, escuelas, agua y necesidades colectivas.

En medio de aquellas reuniones, Virtudes pasaba listas, tomaba apuntes y redactaba cartas.

Sin saberlo todavía, comenzaba a aprender el oficio de organizar.

Después vendría su incorporación al Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS), la experiencia en los medios de comunicación y, finalmente, su irrupción como una de las figuras reconocibles del movimiento popular dominicano durante los años de fuertes confrontaciones sociales que siguieron al regreso de Joaquín Balaguer al poder en 1986.

La mujer que convocó una huelga

Uno de los pasajes más reveladores de la semblanza surge precisamente de la memoria personal de Bujosa.

El autor recuerda una reunión celebrada en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, cuando distintas organizaciones preparaban uno de los grandes paros nacionales de aquel período.

Había que escoger quién anunciaría públicamente la huelga.

Algunos dirigentes propusieron al propio Bujosa, entonces activo en el movimiento gremial y periodista de El Nuevo Diario. Él declinó por entender incompatible convertirse simultáneamente en convocante de la protesta y periodista encargado de cubrirla.

Entonces propuso a Virtudes Álvarez.

Virtudes Álvarez, destacada dirigente del Partido Comunista del Trabajo (PCT).

La escogencia encerraba también un mensaje político: que fuera una mujer quien convocara al país.

Virtudes aceptó.

“No tembló. No retrocedió. No buscó excusas. Convocó”, recuerda el autor.

Después sería apresada.

La cárcel tampoco modificó su comportamiento.

La definición inesperada de Balaguer

La semblanza gira alrededor de una descripción atribuida al propio Joaquín Balaguer, quien durante años estuvo justamente en el extremo contrario de las luchas protagonizadas por Álvarez.

El veterano gobernante la describió como una mujer:

“Frágil, casi etérea, que se mueve impulsada por una portentosa fuerza interior”.

Para Bujosa, aquella definición terminó siendo paradójicamente uno de los retratos más certeros de la dirigente.

Detrás de su apariencia física menuda había, sostiene, una voluntad particularmente resistente.

Esa contradicción entre apariencia y carácter da título al texto: “Virtudes Álvarez: la fragilidad de hierro”.

Una comunista que nunca escondió sus ideas

Otra característica que Bujosa coloca en primer plano es la fidelidad de Álvarez a sus convicciones políticas.

Virtudes participó en la construcción del Movimiento Independencia, Unidad y Cambio (MIUCA), posteriormente convertido en parte del proceso que desembocaría en el Frente Amplio. Fue candidata a diputada y mantuvo su militancia en el Partido Comunista del Trabajo (PCT).

Pero el autor insiste en que su trayectoria no puede medirse simplemente por candidaturas o resultados electorales.

Su territorio político estuvo fundamentalmente en los movimientos sociales: trabajadores, campesinos, estudiantes, barrios y organizaciones de mujeres.

Bujosa destaca, además, una característica que considera escasa en la política contemporánea: Virtudes nunca ocultó que era comunista.

No suavizó sus ideas para resultar aceptable ni modificó su identidad según las circunstancias.

“En tiempos en que tantos cambiaron de discurso según soplaban los vientos de la historia, Virtudes permaneció Virtudes”, escribe.

Memoria también de las mujeres

La semblanza recoge asimismo otra vertiente fundamental de su trayectoria: la recuperación histórica del papel de las mujeres.

Virtudes dedicó parte importante de su trabajo intelectual y político a rescatar historias de combatientes, trabajadoras, campesinas, intelectuales y revolucionarias cuyo protagonismo había quedado relegado.

Ese esfuerzo quedó plasmado, entre otras iniciativas, en su libro Mujeres: huellas, mirada y resistencia, publicado en 2014.

Para ella, recuerda Bujosa, la emancipación de las mujeres nunca estuvo desvinculada de la transformación general de la sociedad.

Periodismo para conservar una época

La serie de semblanzas de José “Chino” Bujosa adquiere así un valor que supera el homenaje personal.

Cada personaje sirve como puerta de entrada a una época.

Por sus páginas reaparecen huelgas, reuniones clandestinas o vigiladas, organizaciones infiltradas por los organismos de seguridad, movimientos sindicales y populares, discusiones ideológicas y dirigentes que protagonizaron décadas especialmente intensas de la historia política dominicana.

Bujosa escribe desde una posición privilegiada: muchas veces estuvo allí.

Por eso sus relatos contienen nombres, gestos y pequeñas escenas que difícilmente aparecen en los documentos oficiales.

Su serie se va convirtiendo, entrega tras entrega, en una especie de memoria testimonial de una generación.

En el caso de Virtudes Álvarez, el autor concluye regresando al contraste que atraviesa toda la semblanza.

Aquella mujer de apariencia frágil podía ser vigilada, detenida, perseguida o derrotada electoralmente, pero difícilmente convencida de abandonar aquello en lo que creía.

Bujosa añade entonces la palabra que, a su juicio, faltó en la descripción de Balaguer.

Virtudes no era solamente frágil y poseedora de una fuerza interior extraordinaria.

Era también una mujer de hierro.

Y cierra con una definición que resume toda la semblanza:

“Una mujer con nombre de virtudes y corazón de barricada”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *