Trump y Xi: Un Encuentro Histórico que Redefine el Futuro
La cumbre entre los líderes de Estados Unidos y China marca un hito en las relaciones internacionales, con un enfoque en la cooperación y el manejo de tensiones globales. Por Virtudes Álvarez Sampedro Washington, 14 de mayo — En una demostración de diplomacia de alto nivel, los medios de comunicación en Estados Unidos han brindado una cobertura exhaustiva a la visita del presidente Donald Trump a China, donde se reunió con su homólogo Xi Jinping en lo que muchos describen como un encuentro histórico. La cumbre, celebrada en Beijing, ha sido destacada por las televisoras estadounidenses como un punto crucial para las relaciones bilaterales entre las dos potencias mundiales. Desde el inicio de las conversaciones, el presidente Xi Jinping subrayó la importancia de que ambos países actúen como \»socios en lugar de rivales\», un mensaje que resonó en el discurso de apertura. Por su parte, Trump calificó las discusiones como \»estupendas\», sugiriendo un tono optimista para la futura colaboración. Durante su reunión de dos horas y quince minutos, los líderes abordaron temas urgentes como la estabilidad económica global y la paz regional, temas que han sido fuente de tensión en el pasado. \»Una relación bilateral estable es beneficiosa para el mundo\», afirmó Xi, según reportes de CNN, que también destacó el compromiso de los líderes para establecer una nueva era de relaciones constructivas y estables durante los próximos años. La prensa estadounidense ha seguido de cerca las declaraciones del presidente Xi, quien advirtió sobre los \»conflictos\» que podrían surgir si Taiwán no se maneja adecuadamente, un tema que CBS News resaltó en sus titulares. Este factor, junto con la incertidumbre sobre la situación en Irán, ha sido señalado como una prioridad máxima en las relaciones entre Washington y Beijing. En su portada, The New York Times enfatizó el tono positivo adoptado por ambos mandatarios a pesar de las advertencias sobre Taiwán. \»Xi Jinping comunicó al presidente Trump que la cuestión de Taiwán, si no se gestiona adecuadamente, podría derivar en un enfrentamiento\», informó el diario, subrayando la delicadeza de las negociaciones. Esta cumbre no solo refleja un intento por redefinir la relación volátil entre las dos naciones, sino que también abre la puerta a una cooperación más estrecha en un mundo cada vez más interconectado. Con temas candentes como Irán y la tregua comercial sobre la mesa, el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y China sigue siendo un asunto de interés global.
La televisión iraní tilda de “rendición” propuesta de Estados Unidos para poner fin al conflicto
El medio estatal de Teherán asegura que la contrapropuesta iraní exige reparaciones de guerra, el levantamiento de sanciones y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, mientras Trump califica la respuesta como “inaceptable”. Por: César Dalmasi Guzmán Teherán, 12 may. – La televisión estatal de Irán calificó como un intento de “rendición” la propuesta presentada por Estados Unidos para poner fin al conflicto armado que desde finales de febrero enfrenta a ambas naciones, al tiempo que dio a conocer los términos de la contrapropuesta iraní, que incluye el pago de reparaciones por la guerra y el reconocimiento de la soberanía persa sobre el estratégico estrecho de Ormuz. En un comunicado difundido la víspera, el medio oficial afirmó que Teherán rechazó el plan estadounidense al considerar que implicaba aceptar las “exigencias excesivas” del presidente norteamericano, Donald Trump. El texto oficial iraní añadió que su propia propuesta contempla, además, el levantamiento inmediato de las sanciones económicas y la liberación de los activos iraníes congelados en el extranjero. La respuesta de Washington no se hizo esperar. Trump declaró que la posición iraní resultaba “inaceptable”, en una escalada retórica que amenaza con romper el frágil alto el fuego logrado el pasado 8 de abril tras la mediación de Pakistán. El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel se remonta al 28 de febrero último, cuando Washington y Tel Aviv iniciaron operaciones militares contra territorio iraní, a las que Teherán respondió con ataques contra objetivos israelíes y posiciones estadounidenses en varios países de la región. Tras semanas de hostilidades, el 8 de abril ambas partes anunciaron un cese temporal de las acciones bélicas, también mediado por Pakistán. Tres días después, el 11 de abril, Islamabad acogió una ronda de conversaciones directas entre representantes estadounidenses e iraníes, aunque sin que se alcanzara un acuerdo definitivo para poner fin a las hostilidades. Al término de aquellas negociaciones, Trump anunció la extensión indefinida del alto el fuego, sin que mediara una declaración conjunta. La contundente calificación de la televisión iraní —“rendición”— y la exigencia de reparaciones por la guerra constituyen ahora los principales escollos para cualquier avance diplomático. Analistas coinciden en que la demanda sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, eleva la tensión a niveles críticos. Hasta el cierre de esta edición, la Casa Blanca no había emitido una respuesta formal a los términos iraníes. La comunidad internacional observa con creciente preocupación el estancamiento de las conversaciones, mientras Pakistán, el país mediador, ha convocado a nuevas rondas de diálogo en un intento por impedir el colapso definitivo de la tregua.
Trump tiende la mano a Irán mientras la otra empuña el martillo: “Acuerdo o bombardeos más intensos”
El presidente estadounidense asegura que hay “muchas posibilidades” de un pacto definitivo y anuncia una pausa temporal en los bombardeos bajo mediación de Pakistán, pero advierte que, sin acuerdo, la ofensiva regresará con una furia superior. Teherán estudia la propuesta mientras mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz y el petróleo se desploma hacia los 100 dólares. Por Julio Guzmán Acosta Washington / Teherán. – La voz de Donald Trump oscila entre la esperanza y la amenaza con la precisión de un péndulo geopolítico. Este miércoles, el presidente de Estados Unidos declaró que existen “muchas posibilidades” de alcanzar un “acuerdo completo y definitivo” con Irán que ponga fin a una guerra que comenzó el 28 de febrero con la ofensiva israeloestadounidense contra la República Islámica. Pero a renglón seguido —o más bien, horas después, en el vértigo de sus redes sociales— el mandatario republicano advirtió: si las negociaciones fracasan, “los bombardeos van a volver a comenzar y tendrán, tristemente, un nivel y una intensidad superiores a las de antes”. El anuncio de una pausa temporal en la operación bautizada como “Proyecto Libertad” —vigente desde el lunes— fue atribuido por Trump a “la solicitud de Pakistán y otros países”. Pakistán, precisamente, ha actuado como mediador y ya acogió una primera ronda de conversaciones el mes pasado. Su primer ministro, Shehbaz Sharif, expresó este miércoles su “esperanza” en que “la dinámica actual desemboque en un acuerdo duradero”. Sin embargo, la tregua anunciada no es total. Trump precisó que el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes, instaurado el 13 de abril, se mantiene. Teherán, por su parte, sigue controlando el estrecho de Ormuz, esa arteria estratégica por donde fluye una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos. La tensión no se ha disipado; apenas se ha contenido con hilos frágiles. En Teherán, la respuesta oficial es un silencio elocuente. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní declaró que la propuesta estadounidense está “en estudio”, según medios locales. Pero el jefe negociador de Irán, el líder del Parlamento Mohamad Baqer Qalibaf, ya ha calificado la estrategia de Washington como un intento de someter a la nación persa mediante “un bloqueo naval, presión económica y manipulación mediática”, así como la destrucción de la cohesión interna del país. Mientras tanto, la diplomacia se mueve en otros tableros. El canciller iraní, Abás Araqchi, se reunió este miércoles en Pekín con su par chino, Wang Yi. En una entrevista con la televisión pública iraní, Araqchi afirmó que ambos trataron sobre “las negociaciones en curso”. Horas antes, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio —crítico abierto de China— había instado a Pekín a presionar a Teherán para que cancele el bloqueo de Ormuz, una medida que, según Rubio, está dejando a Irán “globalmente aislado”. Según el medio Axios, que cita a dos funcionarios estadounidenses, ambas partes estarían cerca de acordar un “memorando de entendimiento de una página” para poner fin a las hostilidades y dar paso a un periodo de 30 días de conversaciones, posiblemente en Ginebra o en Islamabad. Pero Trump añadió una exigencia que para Irán es línea roja: la entrega de su uranio enriquecido. Sin detalles sobre cómo se resolvería ese punto, la frase quedó suspendida como un ultimátum velado. Mientras la Casa Blanca oscila entre la diplomacia y la beligerancia, los precios mundiales del petróleo reaccionaron con un desplome. El barril de Brent del mar del Norte cayó hacia los 100 dólares, después de haber escalado a 126 dólares la semana pasada, impulsado por las expectativas de un posible fin de la guerra. En el frente libanés, sin embargo, la guerra no se detiene. Israel, que combate al movimiento islamista proiraní Hezbolá, bombardeó la periferia de Beirut y abatió a “Mallek Ballout, comandante de las operaciones de la fuerza Al Radwan”, según una fuente cercana al grupo. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmó que sus fuerzas apuntaron contra “el comandante de la fuerza Al Radwan”. Además, al menos cuatro personas murieron en ataques israelíes en el valle de Becá, en el este de Líbano. Mientras los líderes negocian y amenazan desde despachos lejanos, en las calles de Teherán la incertidumbre se respira como una niebla densa. Azadeh, una traductora de 43 años, confesó a periodistas de la AFP que la sola idea de un acuerdo con la actual administración estadounidense le resulta “aterradora”. “Hemos pasado tantas dificultades y sufrimiento, ¿y no habrá ningún logro para la gente? —se preguntó con amargura—. Honestamente, solo espero que acaben con este régimen”. Y añadió, con la voz cansada: “La presión psicológica es intensa”. Pocas frases resumen mejor la paradoja de una paz que, incluso cuando parece posible, sigue siendo para muchos un augurio sombrío.
La paz que no cesa: Trump declara fin de hostilidades con Irán, pero mantiene el bloqueo y el despliegue militar
El presidente comunicó al Congreso el cese de enfrentamientos directos al vencer el plazo de la Ley de Poderes de Guerra, mientras las tropas estadounidenses permanecen activas en la región y la presión naval estrangula la economía iraní. La maniobra evita una autorización legislativa y desata un debate sobre los límites del poder ejecutivo. Por Julio Guzmán Acosta En una hábil maniobra que sortea el control del Congreso y reescribe los bordes de la legalidad bélica, el presidente Donald Trump declaró oficialmente ante el Legislativo que Estados Unidos ha cesado las hostilidades contra Irán. La notificación, remitida a última hora del viernes a los líderes del Capitolio, llegó justo al expirar el plazo de 60 días que fija la Ley de Poderes de Guerra, ese viejo dique diseñado para contener el ímpetu belicista del Ejecutivo. Pero la realidad sobre el terreno —o, más precisamente, sobre las aguas— dibuja un mapa muy distinto. Las tropas estadounidenses no solo siguen desplegadas en Asia Occidental, sino que el cerco naval impuesto a la República Islámica se mantiene intacto, asfixiando sus exportaciones petroleras con la misma intensidad que durante los días más álgidos del enfrentamiento. El único combate que parece haber cesado es el de los disparos cruzados; la guerra económica y la presión militar, en cambio, continúan. La Casa Blanca sostiene que, al no registrarse enfrentamientos directos desde principios de abril, el conflicto iniciado a fines de febrero ha concluido. Bajo esa interpretación, el Gobierno queda liberado de solicitar al Congreso una nueva autorización para proseguir con las acciones militares en el extranjero. Una lectura audaz que ya ha encendido las alarmas entre juristas y legisladores demócratas, quienes advierten que la presencia prolongada de fuerzas y el bloqueo constituyen, en los hechos, actos de hostilidad continuada. En paralelo, Trump desechó una reciente propuesta de paz canalizada por mediadores internacionales desde Teherán. El mandatario calificó el planteamiento como “inaceptable” y se limitó a señalar que contenía exigencias capaces de cruzar las líneas rojas de Washington. “El acuerdo tiene que ser el correcto, y en este momento no lo es”, declaró antes de abordar el Air Force One con destino a Florida. Ni una palabra más sobre el contenido del documento. El presidente defendió, además, la permanencia del bloqueo naval, al que definió como una herramienta “increíblemente poderosa”. Levantarlo ahora, argumentó, equivaldría a desprenderse de una ventaja estratégica mayúscula frente al régimen de los ayatolás. Desde el Pentágono respaldaron la postura ejecutiva al sostener que el cese al fuego modifica el cómputo del plazo legal, lo que permitiría extender la intervención sin necesidad de un nuevo visto bueno legislativo. Mientras Washington afina su argumentación jurídica, Teherán responde con una dosis de retórica firme. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aprovechó el mensaje por el Día Nacional del Golfo Pérsico para sentenciar que cualquier intento de bloqueo naval estadounidense en el estrecho de Ormuz está “condenado al fracaso”. A su juicio, restringir el tránsito en esa arteria marítima no solo viola el derecho internacional, sino que siembra inestabilidad regional y global. “La presencia militar extranjera no ha traído más que tensiones”, afirmó, cerrando con un augurio: la paz duradera no se edifica sobre el asedio. El escenario, así, permanece en vilo. Oficialmente, la guerra ha terminado. En los mapas del Pentágono y en las rutas de los petroleros, sin embargo, la contienda sigue su curso silencioso. Y el Congreso, una vez más, asiste desde la orilla.
Reflexión de Semana Santa: \»Cosas veredes\»

Después de que la dupla Trump-Netanyauh, decidiera de forma subrepticia con sobrada premeditación y cálculos errados el asesinato del Ayatollah Alí Jameneí; acontecido el 28 de febrero, cuando los ejércitos coaligados de Estados Unidos e Israel, bombardearon la residencia de Jameneí como parte de una serie de ataques con misiles en los alrededores de Teherán, provocándole la muerte. Y donde también, fallecieron su esposa Mansoureh Khojasteh Bagherzadeh, dos días después, su hija Boshra Jameneí, una nieta de 14 meses, Zahra Mohammadi Golpayegani, su nuera Zahra Haddad-Adel y su yerno Mesbah Bagheri Kani y parte de su estado mayor incluyendo el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Pakpur. Justo en el Sagrado mes del Ramadán, acción que, según sus cálculos provocaría la caída del régimen en una semana y a casi un mes de la arriesgada, aventurera y criminal acción, la situación es totalmente diferente y los resultados no son los esperados. Después de cuatro semanas el gobierno iraní sigue en pie, y la esperada revuelta del pueblo en su contra fue un invento para justificar su aventura. Los ataques de las fuerzas coaligadas estadounidenses e israelitas han dejado centenares de víctimas en la población civil y destruido partes de estructuras económica y militar iraní, pero no han logrado doblegar a las autoridades a aceptar las condiciones que le quieren imponer para su llamado cese al fuego y a una negociación bajo sus dictámenes. Mientras Irán no ha sido derrotado en la semana prevista, los sistemas de defensa de Israel han sido vulnerados, creando un pánico en la administración sionista; los contribuyentes estadounidenses han visto malgastar sobre los 20 mil millones en 4 semanas, una parte de aliados han tenido que sufrir la consecuencia de esta acción aventurera y la gran mayoría no se ha dejado arrastrar a la misma. Los cálculos han fallado y la situación no ha salido como ilusamente la planearon, por lo que hoy buscan un desesperado alto al fuego y acuerdo de paz. La mayor demostración del fracaso de esa aventura es el llamado de Benjamín Netanyahu, para que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), organización global que protege los derechos de niños, niñas y adolescentes, condene a Irán por violación de los derechos humanos por la lamentable pérdida de tres niños israelitas muertos y 18 heridos por la respuesta iraní a sus constantes ataques, algo sumamente doloroso. Pero Netanyauh olvida que dentro de los 72 mil muertos que su ejército ha causado al pueblo palestino de la Franja de Gaza, hay casi 20,000 niños, de los cuales más de 1,000 no tenían un año, según Save the Children. Cuarenta y dos mil han resultado heridos, 21 mil han resultado con discapacidad permanente, una cantidad indeterminada de desaparecidos y más de 17 mil huérfanos según la misma institución. Aunque, su pedido a la ONU causó risa, de verdad que lo que causa es indignación, porque hay que sufrir de amnesia o ser muy caradura para pedir lo que usted no ha hecho, convirtiéndose en el presente siglo, en la principal causa de muerte infantil en el mundo después de la COVID 19. Por eso repito, ante el pedido insólito de Netanyahu a UNICEF, como dijo Don Quijote a su escudero Sancho Panza, \» Cosas Verdes…\»
El precio del fuego: la guerra en Oriente Medio incinera los márgenes de las aerolíneas y reconfigura el mapa aéreo global
El cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto entre Irán y Estados Unidos e Israel dispara el crudo un 50%, eleva el combustible a 4,64 dólares por galón y castiga con dureza a las aerolíneas de bajo coste, mientras gigantes como Delta y United acechan para ganar cuota de mercado en medio de una posible ola de fusiones. Por: Virtudes Álvarez Sampedro La tormenta no llegó con estrueno de turbulencia, sino con la sigilosa certeza de un termómetro que no deja de ascender. Desde que a finales de febrero Estados Unidos e Israel desataron su ofensiva contra Irán, y la represalia persa cerró la llave de Ormuz —por donde fluye una quinta parte del petróleo mundial—, el precio del crudo de Texas ha escalado cerca de un 50%. Y con él, el combustible de aviación, ese segundo fantasma en los costes de las aerolíneas que devora cerca del 20% de su presupuesto, se ha encaramado a 4,64 dólares por galón. Apenas unos días antes de los primeros ataques, se encontraba en 2,50 dólares. En Asia y Europa, las consecuencias ya son visibles: rutas interrumpidas, frecuencias recortadas, previsiones a la baja. Este miércoles, la aerolínea española Volotea anunciaba la cancelación de vuelos para la temporada de verano con el fin de \»garantizar la estabilidad operativa\». Pero es en Estados Unidos donde el mapa del sector empieza a resquebrajarse con nitidez. Las aerolíneas de bajo coste, aquellas que vuelan con el combustible justo de los márgenes, son las primeras en sangrar. Sus billetes se venden con antelación, sin mecanismos para ajustar tarifas a un queroseno que sube más rápido que la alarma en una torre de control. Moody\’s ya ha puesto el dedo en la llaga: JetBlue, Spirit y Frontier, todas ellas en pérdidas el año pasado incluso antes del último repunte, figuran entre las más vulnerables. Wall Street lo refrenda con números fríos: en el último mes, Southwest ha caído un 22,4%; JetBlue, un 17,6%; Frontier, un 15,2%. Las tradicionales tampoco escapan al rojo: American Airlines se desploma un 14,8%; United, un 10,1%; Alaska Air Group, un 26,1%. Solo una se mantiene en pie, serena y en alza: Delta Air Lines avanza un 3,4% en el mismo periodo. Su consejero delegado anunció el pasado 17 de marzo unas previsiones de ingresos para el primer trimestre de 2026 superiores a lo esperado, respaldadas por ocho de los diez días con mayores ventas de su historia. El combustible quema, pero Delta compensa con un flujo de caja que parece resistirlo todo. Mientras tanto, en la trinchera de United, su consejero delegado, Scott Kirby, ya habló a principios de marzo a sus empleados con el lenguaje de quien atisba una carroña: la posibilidad de \»adquirir activos y absorber cambios en la red\». No es retórica menor. En la traducción del sector, esas palabras anuncian una oportunidad para ampliar la brecha entre las fuertes y las frágiles, y para desencadenar una oleada de fusiones y reestructuraciones. Las más poderosas, fagocitando a las más débiles. Como en toda guerra, también en el aire habrá vencedores y cenizas.
El Papa clama contra el “escándalo” de la guerra: “El odio aumenta, la violencia se agrava”
El sumo pontífice conminó a las autoridades mundiales a dejar las armas y apostar por el diálogo sincero, al tiempo que denunció el sufrimiento de más de un millón de personas aisladas por los bombardeos en Medio Oriente, en un nuevo llamado urgente a detener las hostilidades. Por: Brendalis Reyes En medio del recrudecimiento de los conflictos que ensangrientan a Medio Oriente y otras regiones del planeta, el papa León XIV alzó nuevamente la voz con la firmeza de quien asiste a una conciencia que no puede callar. Desde la residencia papal de Castel Gandolfo, el santo padre instó a los gobernantes a abandonar la lógica de la violencia y a transitar, sin demora, los caminos de la paz. “El odio aumenta, la violencia se agrava”, lamentó el pontífice en declaraciones ofrecidas la víspera ante los periodistas que aguardaban su salida de Villa Barberini. Sus palabras llegaron a falta de una semana para que se cumpla un mes del inicio de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero, un conflicto que, advirtió, amenaza con arrastrar a la humanidad a un “abismo irreparable”. Con el peso de una verdad que se impone sobre el estruendo de los bombardeos, León XIV señaló con crudeza las dimensiones de la tragedia. “Más de un millón de personas están aisladas y se registran muchas muertes”, aseveró, en un llamado desgarrador a la comunidad internacional. La información fue recogida por el sitio digital del diario Vatican News, que destacó la conminación del obispo de Roma a “todas las autoridades a trabajar verdaderamente, mediante el diálogo, para resolver los problemas”. La fórmula del pontífice fue taxativa: “Alto el fuego”. Y a renglón seguido, la condición ineludible: trabajar por la paz, “pero no con armas”, sino “con diálogo, buscando verdaderamente una solución para todos”. No se trató de un mero gesto retórico, sino de una exigencia ética profunda, dirigida a que cesen las hostilidades y se abran, por fin, senderos duraderos basados en el diálogo sincero y el respeto irrestricto a la dignidad de cada persona. El llamado se inscribe en una escalada de pronunciamientos que el líder de la Iglesia católica ha sostenido desde los primeros compases de la ofensiva. El domingo anterior, tras el rezo del Ángelus, instó a la comunidad a no permanecer en silencio ante el sufrimiento de las víctimas indefensas, al calificar “la muerte y el dolor causados por las guerras” como “un escándalo para la humanidad”. Su voz se hizo eco, además, de la profunda preocupación expresada el pasado 15 de marzo, cuando denunció que “miles de personas inocentes han muerto y muchísimas más se han visto obligadas a dejar sus hogares” a causa de la guerra estadounidense e israelí contra Irán, así como de los ataques que desde el 2 de marzo fuerzas sionistas perpetran contra el Líbano. El primer aldabonazo del Papa se remonta al mismo 1 de marzo, a solo 24 horas del inicio de los bombardeos de Washington y Tel Aviv sobre varias ciudades iraníes. En aquella jornada, durante el rezo dominical del Ángelus, León XIV advirtió ya que el mundo enfrentaba una “tragedia de enormes proporciones”, con el riesgo cierto de precipitarse en un “abismo irreparable”. Hoy, con los muertos multiplicándose y la esperanza suspendida en el filo de la espada, la voz del Papa resuena como un último llamado a la cordura en medio del fragor de la sinrazón.
Irán desmiente a Trump y eleva la tensión en el golfo: “No llames acuerdo a tu derrota”
El Ejército iraní califica de “falsas” las negociaciones que el presidente estadounidense asegura mantener con Teherán, mientras advierte que la estabilidad energética global dependerá de la voluntad de sus Fuerzas Armadas en el estratégico estrecho de Ormuz. Por: Redacción Internacional umbral.local/ La contundencia retórica marcó una nueva escalada en el pulso geopolítico entre Teherán y Washington. En las primeras horas de este miércoles, el Ejército de Irán respondió con dureza a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se había mostrado confiado en alcanzar un acuerdo con la República Islámica. A través de un comunicado difundido por la agencia Tasnim —vinculada a la Guardia Revolucionaria—, el portavoz del Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya desmintió categóricamente cualquier avance diplomático y sentenció: “No llames acuerdo a tu derrota. La era de tus promesas ha terminado”. El pronunciamiento castrense no solo rechazó las versiones provenientes de la Casa Blanca, sino que trazó una línea divisoria entre lo que denominó “el frente de la verdad y el frente de la mentira”. En un tono que evoca las máximas tensiones previas, el comunicado advirtió que ningún “buscador de la verdad” se dejará seducir por lo que calificaron como una campaña mediática orquestada desde Washington. Más allá del intercambio verbal, la advertencia iraní se extendió al corazón de la economía global. El Ejército dejó claro que los precios del petróleo no recuperarán su estabilidad habitual hasta que las Fuerzas Armadas iraníes “garanticen la seguridad de la región”. La declaración surge en medio de las crecientes afectaciones al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, arteria vital por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Irán ha mantenido un bloqueo parcial en la zona, una presión que ha disparado los precios de los hidrocarburos y encendido las alarmas en los mercados financieros internacionales, que ya acumulan jornadas de alta volatilidad. Horas antes, Trump había asegurado desde Washington que ambas naciones están “manteniendo conversaciones” y que se vislumbra un acuerdo. El mandatario afirmó que los representantes iraníes habrían aceptado no desarrollar armas nucleares e insinuó que Teherán le habría otorgado un “regalo muy grande” en relación con el control del estrecho de Ormuz. Sin embargo, Teherán ha negado reiteradamente cualquier negociación directa, admitiendo apenas contactos indirectos esporádicos. La postura iraní, leída en clave de desafío, cierra cualquier puerta a una interpretación conciliadora. “Nadie como nosotros llegará a un acuerdo con alguien como ustedes”, enfatizó el texto castrense, en un intento por desmarcarse de las declaraciones presidenciales estadounidenses y reafirmar que, hasta que se imponga su “voluntad”, el statu quo en la región permanecerá en vilo. Mientras tanto, el efecto dominó de esta confrontación sigue sacudiendo los mercados energéticos globales, que oscilan entre la esperanza de una distensión que Trump intenta proyectar y la realidad de un estrecho de Ormuz donde la mano militar iraní dicta, por ahora, el ritmo de la estabilidad regional.
La guerra que no empezó en 2026 ni terminó en dos días
La confrontación actual entre Estados Unidos, Israel e Irán no comenzó el 28 de febrero de 2026, sino en 1979, tras la Revolución iraní. Durante décadas se desarrolló de forma indirecta, mediante operaciones encubiertas y conflictos por intermediarios en Siria, Líbano e Irak. El punto de quiebre llega en junio de 2025, cuando Estados Unidos bombardea instalaciones iraníes. La escalada culmina el 28 de febrero de 2026, con un ataque directo de Estados Unidos e Israel que marca el inicio de la guerra abierta. En ese escenario inicial, la contundencia de los ataques generó una percepción clara: que el conflicto sería breve. La combinación de Estados Unidos —la mayor potencia militar— e Israel —con sistemas como Iron Dome y David’s Sling— hacía difícil imaginar que Irán pudiera resistir más allá de los dos días proyectados. Al 25 de marzo de 2026, la fase abierta del conflicto supera las tres semanas y entra en su día 25, desmontando esa expectativa. Irán no colapsó. Mostró capacidad de reacción inmediata, sugiriendo estructuras de mando alternas. En un primer momento respondió con misiles de alcance medio y drones de bajo costo, en gran medida interceptados. Sin embargo, la dinámica comenzó a cambiar. Con el paso de los días, Irán introdujo misiles más rápidos y ataques simultáneos para saturar defensas. Entre ellos, el Fattah-1, descrito con velocidades entre Mach 13 y Mach 15 —más de 18,000 km/h—, muy por encima de un avión comercial. Para dimensionar estas capacidades, basta observar que las grandes potencias operan con sistemas intercontinentales: el Trident II D5 estadounidense alcanza unos 12,000 kilómetros; Rusia dispone del RS-28 Sarmat, entre 10,000 y 18,000; y China cuenta con el DF-41, entre 12,000 y 15,000 kilómetros. A medida que avanzaba el conflicto, comenzaron a registrarse impactos en territorio israelí y una creciente saturación de los sistemas defensivos. Paralelamente, el conflicto se trasladó al plano económico. La tensión sobre el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial— afecta no solo el flujo energético, sino también el comercio global de gas natural licuado, fertilizantes, petroquímicos y rutas marítimas clave. Antes del inicio de la fase abierta, a finales de febrero de 2026, el Brent rondaba los 72 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense (WTI) se situaba en torno a los 67 dólares. Desde entonces, el mercado ha cambiado de forma abrupta. El Brent ha oscilado entre los 100 y 112 dólares, con picos cercanos a los 119, mientras el WTI se ha movido entre 95 y 104 dólares, lo que representa incrementos de entre 35% y 50% en pocas semanas. El impacto también se reflejó en los mercados financieros. En los primeros días de la escalada, el Dow Jones perdió entre 600 y 700 puntos, mientras el S&P 500 y el Nasdaq retrocedieron entre 1.5% y 3%, evidenciando mayor cautela de los inversionistas. El impacto no se queda en los mercados. En Estados Unidos se traduce en gasolina más cara, mayores costos de transporte, alimentos y servicios. A esto se suma la caída en los mercados financieros, que reduce el valor de los 401(k) y genera mayor cautela en el gasto. El resultado es presión directa sobre el bolsillo del ciudadano: menor poder adquisitivo, más incertidumbre y menor consumo. En República Dominicana, el impacto llega por varios frentes. Un petróleo más caro presiona la inflación y la factura energética, mientras la economía dominicana, altamente dependiente del exterior, puede verse afectada vía remesas, turismo y financiamiento. Otro elemento que agrava el conflicto es su propagación. La participación de grupos aliados de Irán, con ataques contra bases estadounidenses, confirma su expansión regional. El efecto en la población de las partes envueltas en el conflicto no es solo económico. También están las pérdidas físicas: la muerte de un soldado, de un familiar, de niños inocentes, y la constante exposición a tener que correr hacia un refugio en cuestión de segundos, con hijos en brazos y la incertidumbre de no llegar a tiempo, situaciones estas que generan un nivel de estrés que altera el comportamiento y la estabilidad emocional. Esta presión sostenida afecta el ritmo normal de vida, provocando pérdida de sueño, ansiedad y otros efectos que pueden derivar en trastornos como el estrés postraumático (PTSD), dejando como secuela una alteración persistente en el comportamiento humano. Irán no necesita ganar tradicionalmente. Le basta con resistir y prolongar el conflicto hasta que los costos se vuelvan insostenibles para sus adversarios. En ese mismo sentido, la prolongación del conflicto se convierte en una desventaja para Estados Unidos: cada día incrementa los costos, la presión sobre los mercados energéticos y el desgaste político. En ese contexto, Donald Trump lanzó un ultimátum de 48 horas para que Irán reabriera el Estrecho de Ormuz, bajo la amenaza de destruir su infraestructura eléctrica, en lo que podría interpretarse —por su peculiar estilo— como un intento de frenar la estrategia iraní de prolongar el conflicto y, paradójicamente, forzar una situación extrema que abra la puerta a un entendimiento. Teherán respondió advirtiendo represalias proporcionales, incluyendo ataques a instalaciones energéticas en la región. Posteriormente, el plazo fue extendido a cinco días, mientras Washington hablaba de posibles conversaciones que Irán negó. Y mientras tanto, todo apunta a que una guerra que se estimó breve ha terminado desmintiendo ese diagnóstico inicial: como diría Bonny Cepeda, “ay doctor, ay doctor, usted me dijo le quedan tres meses, y ya pasaron diez y míreme usted”. Es en ese punto donde la percepción puede alejarse de la realidad, como en la obra de Cervantes, donde Don Quijote ve gigantes donde hay molinos y emprende una lucha convencido de que tiene razón, acompañado por un Sancho que termina compartiendo esa misma visión. En este contexto, el intercambio de amenazas puede interpretarse como una dinámica de presión mutua, como en esas disputas entre dos bravucones que se enfrentan con fuerza, pero en el fondo ansían que alguien los separe antes de hacerse un daño mayor. Es ahí donde cobra relevancia la mediación. Ojalá se produzca pronto una
Trump revela un pacto nuclear en ciernes y un \»regalo\» de Irán que agita las aguas del golfo
El presidente estadounidense asegura que los representantes iraníes han aceptado renunciar definitivamente al arma atómica, mientras insinúa una concesión estratégica sobre el estrecho de Ormuz que reconfiguraría el tablero energético global Por: Redacción Internacional umbral.local/ En el vértigo de la diplomacia y el estruendo de las amenazas, surge a veces un instante suspendido, una pausa donde la posibilidad de un acuerdo se abre paso entre las grietas del conflicto. Ese instante, según lo describe la voz desde la Casa Blanca, ha llegado. El presidente Donald Trump reveló este martes, con la naturalidad de quien anuncia un desenlace largamente esperado, que los representantes de Irán con los que Washington sostiene diálogos han aceptado una condición hasta hace poco impensable: nunca poseerán un arma nuclear. “Están hablando con nosotros, y lo que dicen tiene sentido”, afirmó el mandatario en la ceremonia de juramentación del nuevo secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin. La declaración, vertida casi al pasar, condensaba en pocas palabras la compleja trama de negociaciones que, según la administración republicana, se teje en paralelo al pulso militar que aún sacude la región. Trump enumeró sus exigencias con la contundencia de quien dicta los términos: “Los puntos uno, dos y tres son: ustedes no pueden tener un arma nuclear”. Y luego, la afirmación que todo lo cambia: “Han acordado que nunca tendrán un arma nuclear”. No hubo en sus palabras matices ni ambages. Lo que por meses se presentó como una amenaza existencial —el umbral atómico iraní— se transformó, según la versión oficial estadounidense, en una concesión pactada en el silencio de las salas de negociación. Una metamorfosis que contrasta con los bombardeos que Washington inició a finales de febrero, justificados entonces en la urgencia de una amenaza directa e inminente. Los analistas han señalado desde entonces las contradicciones de esos razonamientos, pero la narrativa de la Casa Blanca ha mutado: ya no es la inminencia del peligro, sino la promesa de su desactivación, lo que ocupa el centro del relato. Trump describió a los interlocutores actuales de Teherán como figuras “muy diferentes” de aquellas con las que Estados Unidos negoció en el pasado. Sin dejar de confesar que no deposita en ellos una confianza plena, el presidente introdujo un elemento que añade una capa de misterio y expectativa a este incipiente entendimiento: Irán, según sus palabras, le ha hecho a su país “un regalo muy grande”. El presidente se permitió insinuar sin explicar. “Tiene un valor económico tremendo”, dijo, antes de revelar que el obsequio está “relacionado con el petróleo y el gas” y con el flujo de crudo en el estrecho de Ormuz, ese paso angosto y estratégico por donde navega una quinta parte del petróleo que mueve al mundo. La frase, deliberadamente críptica, encendió de inmediato las especulaciones en los mercados energéticos y las capitales extranjeras, donde se interpreta como un posible acuerdo para desbloquear la vía marítima que Irán ha mantenido parcialmente cerrada en los últimos meses. El contexto de estas revelaciones no es casual. Un día antes, Trump había anunciado el aplazamiento por cinco días de los ataques contra centrales eléctricas iraníes, una amenaza que había suspendido sobre la infraestructura energética de la república islámica. La condición para esa pausa, según el mandatario, era que Irán desbloqueara el estrecho de Ormuz. Ahora, con la mención de ese “regalo”, la administración estadounidense sugiere que la respuesta iraní podría estar en camino. La diplomacia, en este caso, avanza sobre un suelo movedizo. Irán no ha confirmado oficialmente los términos que Trump atribuye a sus representantes, y el silencio de Teherán se ha convertido en otro actor de esta contienda. Pero las palabras del presidente estadounidense trazan ya una narrativa de desenlace: la guerra que parecía inminente se convierte, en su versión de los hechos, en un acuerdo que reescribe las reglas de la energía global y desactiva, al menos sobre el papel, el fantasma nuclear que ha obsesionado a Occidente durante más de dos décadas. Mientras tanto, el mundo observa ese estrecho de Ormuz, ese umbral de aguas turbulentas donde confluyen el petróleo, la geopolítica y la voluntad de dos naciones que, por ahora, han encontrado en el diálogo un puente precario pero no menos real. Queda por saber si el puente resistirá el peso de la historia o será apenas un espejismo en medio del desierto de la desconfianza.