El sumo pontífice conminó a las autoridades mundiales a dejar las armas y apostar por el diálogo sincero, al tiempo que denunció el sufrimiento de más de un millón de personas aisladas por los bombardeos en Medio Oriente, en un nuevo llamado urgente a detener las hostilidades.
Por: Brendalis Reyes
En medio del recrudecimiento de los conflictos que ensangrientan a Medio Oriente y otras regiones del planeta, el papa León XIV alzó nuevamente la voz con la firmeza de quien asiste a una conciencia que no puede callar. Desde la residencia papal de Castel Gandolfo, el santo padre instó a los gobernantes a abandonar la lógica de la violencia y a transitar, sin demora, los caminos de la paz.
“El odio aumenta, la violencia se agrava”, lamentó el pontífice en declaraciones ofrecidas la víspera ante los periodistas que aguardaban su salida de Villa Barberini. Sus palabras llegaron a falta de una semana para que se cumpla un mes del inicio de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado 28 de febrero, un conflicto que, advirtió, amenaza con arrastrar a la humanidad a un “abismo irreparable”.
Con el peso de una verdad que se impone sobre el estruendo de los bombardeos, León XIV señaló con crudeza las dimensiones de la tragedia. “Más de un millón de personas están aisladas y se registran muchas muertes”, aseveró, en un llamado desgarrador a la comunidad internacional. La información fue recogida por el sitio digital del diario Vatican News, que destacó la conminación del obispo de Roma a “todas las autoridades a trabajar verdaderamente, mediante el diálogo, para resolver los problemas”.
La fórmula del pontífice fue taxativa: “Alto el fuego”. Y a renglón seguido, la condición ineludible: trabajar por la paz, “pero no con armas”, sino “con diálogo, buscando verdaderamente una solución para todos”. No se trató de un mero gesto retórico, sino de una exigencia ética profunda, dirigida a que cesen las hostilidades y se abran, por fin, senderos duraderos basados en el diálogo sincero y el respeto irrestricto a la dignidad de cada persona.
El llamado se inscribe en una escalada de pronunciamientos que el líder de la Iglesia católica ha sostenido desde los primeros compases de la ofensiva. El domingo anterior, tras el rezo del Ángelus, instó a la comunidad a no permanecer en silencio ante el sufrimiento de las víctimas indefensas, al calificar “la muerte y el dolor causados por las guerras” como “un escándalo para la humanidad”.
Su voz se hizo eco, además, de la profunda preocupación expresada el pasado 15 de marzo, cuando denunció que “miles de personas inocentes han muerto y muchísimas más se han visto obligadas a dejar sus hogares” a causa de la guerra estadounidense e israelí contra Irán, así como de los ataques que desde el 2 de marzo fuerzas sionistas perpetran contra el Líbano.
El primer aldabonazo del Papa se remonta al mismo 1 de marzo, a solo 24 horas del inicio de los bombardeos de Washington y Tel Aviv sobre varias ciudades iraníes. En aquella jornada, durante el rezo dominical del Ángelus, León XIV advirtió ya que el mundo enfrentaba una “tragedia de enormes proporciones”, con el riesgo cierto de precipitarse en un “abismo irreparable”.
Hoy, con los muertos multiplicándose y la esperanza suspendida en el filo de la espada, la voz del Papa resuena como un último llamado a la cordura en medio del fragor de la sinrazón.