La factura de la guerra: los mismos de siempre pagan la crisis mientras las grandes fortunas salen indemnes
A pesar del discurso presidencial que promete proteger a los más vulnerables, las medidas anunciadas consolidan un modelo donde los ajustes recaen sobre los hombros de las familias trabajadoras, mientras los sectores concentrados de la economía no solo no contribuyen, sino que se perfilan como los grandes beneficiarios de una crisis gestada en los tableros geopolíticos de Estados Unidos e Israel. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA Santo Domingo. – Hay momentos en que los discursos oficiales, por más bien hilvanados que estén, terminan revelando aquello que pretenden ocultar. La cadena nacional del presidente Luis Abinader, concebida como un ejercicio de transparencia y liderazgo en medio de la tormenta geopolítica desatada en Irán, dejó entre líneas una verdad incómoda que ningún barniz retórico puede disimular: la factura del conflicto, una vez más, será pagada por los mismos de siempre. El mandatario habló de sacrificios “no desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables”. Reconoció presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y en los precios de los alimentos. Y si bien anunció la reasignación de 10,000 millones de pesos y un subsidio a los fertilizantes, lo cierto es que el grueso del ajuste —el incremento de los combustibles, el encarecimiento de la canasta básica, la contracción del consumo popular— terminará inscribiéndose en la cotidianidad de quienes menos tienen. No se trata de un fenómeno fortuito. La estructura de la economía dominicana ha sido diseñada para que, en momentos de crisis externa, el costo se socialice y las ganancias se privatizan. Mientras el Estado recorta subsidios que hasta hace pocos meses mantenían estabilizados los precios de los carburantes, los grandes conglomerados empresariales —especialmente los vinculados a la distribución de combustibles, la generación eléctrica y la intermediación financiera— no solo no enfrentan cargas extraordinarias, sino que ven en la volatilidad una oportunidad para ensanchar sus márgenes. El presidente insistió en que el conflicto en Irán es un choque externo. Y lo es, en apariencia. Pero omite señalar que ese conflicto responde a una escalada bélica promovida por Estados Unidos e Israel en una región clave para los flujos energéticos globales. La guerra no es un fenómeno natural; es una decisión política de potencias que históricamente han utilizado el Medio Oriente como tablero de intereses geoeconómicos. Y en ese tablero, la República Dominicana —país sin petróleo, pero con una dependencia absoluta del crudo importado— paga un precio que sus élites locales se cuidan muy bien de no asumir. Mientras el ciudadano común verá cómo su salario rinde menos ante cada nuevo aumento en el diésel que mueve el transporte público y los alimentos, los grandes capitales nacionales han encontrado en esta coyuntura un aliado silencioso: la inflación selectiva, los subsidios que se desvanecen y un discurso oficial que normaliza el sacrificio como si fuera una virtud cívica. El llamado a la “corresponsabilidad” que hizo Abinader suena entonces a una invitación desigual. Porque no es lo mismo pedirle a una familia de escasos recursos que “optimice el uso del combustible” que exigirle a una corporación que absorba parte del impacto sin trasladarlo a los precios finales. El trabajo remoto no es una opción para la trabajadora doméstica, el chofer de concho o el vendedor ambulante. Pero sí lo es para el ejecutivo bancario o el gerente de zona franca. El presidente habló de “sacrificio compartido”. La realidad mostrará, en las próximas semanas, que el sacrificio será profundamente desigual. Porque las grandes fortunas no se inmutan ante un aumento de 15 pesos en la gasolina; porque los grupos económicos concentrados cuentan con mecanismos de cobertura y traslado de costos que los blindan; porque el sistema tributario dominicano sigue siendo uno de los más regresivos de la región, donde el capital paga menos que el consumo. Y detrás de todo, la geopolítica. La guerra en Irán no es un accidente. Es el resultado de una política de confrontación diseñada por Estados Unidos e Israel para reconfigurar el mapa energético mundial. La República Dominicana, inserta en la órbita geopolítica de Washington, asume pasivamente las consecuencias de decisiones que no toma, mientras sus gobernantes se limitan a administrar los efectos con discursos de estabilidad que no alteran ni un ápice la estructura de privilegios. Así, lo que se presenta como una respuesta técnica a un choque externo termina siendo, en los hechos, un mecanismo de transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las cúpulas económicas y financieras. Los más vulnerables pagan la guerra en la nevera vacía, en el pasaje más caro, en la luz que sube. Las grandes fortunas, en cambio, esperan tranquilas el próximo dividendo. El presidente pidió confianza. Pero la confianza, en una sociedad con memoria, no se decreta. Se construye con políticas que demuestren que cuando la crisis golpea, el peso no recae siempre sobre los mismos hombros. Hasta ahora, el discurso ha sido elegante; la distribución de los sacrificios, en cambio, revela una vieja y conocida coreografía. Mientras el gobierno ajusta, las grandes fortunas acumulan. Y la guerra, lejana en el mapa pero cercana en el bolsillo, sigue siendo el mejor negocio para quienes nunca han sabido lo que es apretarse el cinturón.
Golpe Quirúrgico en Teherán: Israel Confirma la Muerte del Ministro de Inteligencia Iraní en un Bombardeo Selectivo
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, acusa a Ismail Jatib de orquestar la represión interna y ataques cibernéticos; mientras el régimen de los ayatolás responde con una lluvia de misiles que deja dos víctimas civiles mortales en Ramat Gan. Por Redacción Internacional umbral.local/ En una escalada sin precedentes que tensa las fibras del tablero geopolítico en Medio Oriente, el gobierno de Israel ha confirmado este miércoles la muerte de Ismail Jatib, ministro de Inteligencia de Irán, durante un bombardeo ejecutado la noche anterior. La acción militar, reivindicada implícitamente por las autoridades israelíes, añade el nombre del alto funcionario persa a una lista de bajas que, según fuentes hebreas, incluye ya a figuras clave del entramado de poder de la República Islámica. El anuncio fue realizado por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien en un comunicado cargado de simbolismo bélico, detalló que la operación se enmarca en una campaña de \»victoria decisiva\». \»Tras los contundentes asesinatos de altos funcionarios del régimen, como Ali Lariyani y Gholamreza Soleimani, anoche también fue eliminado Ismail Jatib\», declaró Katz. El titular de Defensa describió al ministro abatido como el arquitecto del \»sistema interno de asesinatos y represión\» del régimen iraní, señalándolo como responsable directo de la violenta respuesta a las protestas que sacudieron el país en los últimos meses. La trayectoria de Jatib, un enigma en la sombra de la inteligencia persa, estuvo marcada por acusaciones internacionales. En 2022, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo sancionó por comandar una red de ciberdelincuencia dedicada al espionaje y ataques de ransomware contra Occidente y sus aliados. En particular, se le vinculó con los ciberataques que forzaron al gobierno de Albania a paralizar sus servicios públicos, una operación que Washington calificó como un ataque directo a la soberanía digital de una nación. Según la inteligencia israelí, Jatib no solo dirigía estas operaciones externas, sino que fue una pieza clave en la configuración de las evaluaciones de inteligencia que condujeron a la detención y muerte de manifestantes dentro de las fronteras iraníes. En un mensaje que no admite matices, Katz advirtió que, en coordinación con el primer ministro Benjamín Netanyahu, ha quedado establecida una directriz de máximos: \»asesinar a cualquier alto funcionario iraní sin necesidad de aprobación adicional\». El funcionario auguró además \»importantes sorpresas\» en las próximas horas, extendiendo la amenaza a los territorios de Líbano. No obstante, la respuesta de Teherán no se ha hecho esperar. Lejos de mostrar signos de colapso, el régimen de los ayatolás respondió con una andanada de decenas de misiles balísticos y de racimo sobre territorio israelí. La metralla cayó como una maldición bíblica sobre la bulliciosa periferia de Tel Aviv. En la localidad de Ramat Gan, el impacto directo sobre un edificio residencial segó la vida de una pareja de ancianos, cuyos cuerpos fueron recuperados por los servicios de emergencia entre los escombros, mientras otros puntos del país reportaban daños materiales de diversa consideración. La espiral de violencia, que conjuga la precisión de la inteligencia militar con el estruendo de los proyectiles sobre civiles, deja a la región una vez más al borde del abismo, donde la guerra de sombras ha dejado de serlo para reclamar víctimas con nombre y apellido en ambos bandos.
La guerra de Irán: más allá del conflicto, lo que realmente está en juego
Un análisis sobre poder, economía global y el verdadero impacto político detrás del conflicto. ¿Una guerra para ocultar los archivos Epstein? Algunos sostienen que Donald Trump habría impulsado un conflicto con Irán con el objetivo de desviar la atención pública de los llamados “archivos Epstein”. Ese planteamiento, aunque llamativo, resulta equivocado. En países como la República Dominicana, es común que casos de gran magnitud desaparezcan del debate público en cuestión de días. Nuevas noticias sustituyen a las anteriores, ocurre algún evento mediático y, poco a poco, el tema deja de estar en la conversación. Con el tiempo, la memoria colectiva se enfría… y con ella, la justicia. Los procesos se extienden por años, la atención desaparece y, cuando finalmente llega algún resultado —si es que llega—, ya a nadie le importa, ni siquiera se recuerda. Pero en Estados Unidos el funcionamiento institucional es distinto. Allí, la justicia no depende exclusivamente de la memoria colectiva. Aunque la opinión pública cambie de tema, los procesos continúan su curso en las jurisdicciones correspondientes. Puede tratarse del presidente del país o de cualquier figura de poder: una vez un caso entra al sistema, sigue su camino, independientemente del ruido mediático. Por eso, pensar que una guerra internacional podría “apagar” un proceso como el de Epstein no solo es incorrecto, sino ingenuo. Más allá del ruido: posibles motivaciones reales Descartada la idea de una simple distracción, surge entonces una pregunta más relevante: ¿qué motivaciones reales podrían estar detrás de una decisión de esa magnitud? Una posibilidad tiene que ver con el estilo personal de Donald Trump: un liderazgo marcado por el ego político, la necesidad de reconocimiento y la búsqueda de logros históricos. No es un secreto que aspiraba a posicionarse como un líder global capaz de redefinir conflictos internacionales. En su propia narrativa, acciones en Medio Oriente eran presentadas como avances significativos hacia la estabilidad regional. En ese contexto, una acción decisiva en Irán podía representar una oportunidad única: reconfigurar el equilibrio del Golfo, proyectar liderazgo global y consolidar poder político interno. El cálculo estratégico: lo que se buscaba Bajo esa lógica, el posible razonamiento estratégico pudo haber sido el siguiente: Si existían tensiones internas en Irán y manifestaciones contra el régimen, entonces eliminar a los principales líderes generaría un vacío de poder. Sin liderazgo, el sistema colapsaría y la población —ya descontenta— podría inclinarse hacia un cambio político. En ese escenario, Estados Unidos podría impulsar una figura alternativa alineada con sus intereses, posiblemente desde el exilio, estableciendo un nuevo equilibrio político en una de las regiones más estratégicas del mundo. Las implicaciones eran claras: control indirecto de una zona clave del petróleo mundial presión geopolítica sobre China y Rusia ventaja frente al bloque BRICS. Por su parte, Israel, bajo Benjamin Netanyahu, eliminaría a su principal rival regional. En teoría, era un movimiento de alto impacto con beneficios múltiples. Donde falla el cálculo Pero como ocurre muchas veces en la historia, los planes más ambiciosos fallan cuando se subestiman variables fundamentales. Primero, la reacción del pueblo iraní. Lejos de rebelarse contra su gobierno, el pueblo se unificó en su defensa. La intervención externa tiende a borrar las divisiones internas y a generar cohesión nacional. Segundo, el factor religioso. El liderazgo iraní no es únicamente político. Tiene un componente espiritual profundo. Atacar ese liderazgo no provoca solo una reacción política, sino emocional, cultural y religiosa. Tercero, la capacidad de respuesta. Se asumió que Irán colapsaría rápidamente. Sin embargo, ha demostrado tener estructura, preparación y continuidad operativa, incluso frente a escenarios extremos. Una guerra distintas Irán no está librando una guerra convencional. Está aplicando una estrategia de desgaste: evita el choque frontal, administra sus recursos y golpea en puntos específicos. Es una guerra asimétrica moderna, donde el objetivo no es necesariamente ganar en términos tradicionales, sino alterar el equilibrio del conflicto. El verdadero campo de batalla: la economía El punto más crítico no está en el frente militar, sino en la economía. Irán tiene la capacidad de afectar rutas energéticas clave, especialmente en zonas como el Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial. Esto genera efectos inmediatos: aumento en los precios del petróleo presión inflacionaria global impacto en alimentos, transporte y producción. Además, existe una realidad importante: en muchos casos, el costo de defenderse es mayor que el de atacar, lo que convierte el conflicto en un problema económico global. ¿Y los archivos Epstein? Volviendo al punto inicial, los procesos relacionados con Epstein no han desaparecido. Sin embargo, el centro real de esta dinámica no está ahí. El verdadero juego es otro: el control del Congreso. El verdadero juego: el control del Congreso Si detrás de este conflicto existía también un cálculo político interno —y más aún, si el plan hubiese salido como se concebía—, el objetivo final no era simplemente la percepción pública. Era el control del Congreso. Porque en el sistema estadounidense, el poder real no se mide únicamente desde la Casa Blanca. Se mide en la capacidad de controlar el Congreso: ahí se define si un presidente gobierna con libertad o bajo presión constante. En las elecciones de medio término: Se disputan los 435 escaños de la Cámara de Representantes. Se disputan alrededor de 35 escaños del Senado. Los márgenes son mínimos. En la Cámara, bastan unos pocos escaños para cambiar el control. En el Senado, el equilibrio también es frágil. Lo que realmente está en juego Si Trump mantiene el control del Congreso: domina la agenda legislativa limita investigaciones en su contra reduce riesgos políticos consolida su poder. Pero si pierde una de las cámaras, especialmente la Cámara de Representantes: se activan investigaciones se bloquea su agenda aumenta la presión institucional pierde control político. Aquí está el verdadero punto de inflexión. La apuesta Un conflicto rápido y exitoso habría tenido un efecto claro: aumento de popularidad, fortalecimiento político y arrastre electoral. Eso habría facilitado la consolidación del poder republicano. Cuando el cálculo no sale Si el resultado no es el esperado, ocurre lo contrario: desgaste político
El nuevo Líder de Irán promete fuego y represalias en su primer mensaje: \»Vengaremos la sangre de los mártires\»
Mojtaba Jameneí asume el cargo tras la muerte de su padre en bombardeos occidentales, hace un llamamiento a la unidad nacional y advierte que el estrecho de Ormuz y las bases estadounidenses podrían convertirse en objetivos militares en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel. Redacción Internacional umbral.local/ Teherán – En un discurso cargado de simbolismo y beligerancia, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, rompió este jueves el silencio oficial para dirigirse a la nación y al mundo por primera vez desde que asumió el poder. Su mensaje, transmitido a través de los canales estatales, no solo confirmó la continuidad de la línea dura de la República Islámica, sino que elevó la tensión en un Oriente Medio ya sumergido en una guerra abierta. Con la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jameneí, aún reciente —víctima de los bombardeos coordinados por Estados Unidos e Israel a finales febrero—, el nuevo líder persa irrumpió en la escena política global con una promesa ineludible: \»Vengaremos la sangre de los mártires\». En su alocución, Mojtaba Jameneí elogió la entereza de las fuerzas armadas y defendió el derecho inalienable de Irán a la autodefensa, advirtiendo que los ataques contra el país \»tendrán consecuencias devastadoras para sus adversarios\». El discurso del nuevo Líder Supremo se produce en el momento más crítico para la región en décadas. Los enfrentamientos militares directos entre Irán y la coalición occidental han desbordado las fronteras, extendiéndose a ataques contra buques mercantes e infraestructuras energéticas en las aguas del Golfo Pérsico, lo que ha provocado una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales y un disparo en el precio del crudo. Entre las advertencias más contundentes de Jameneí destacó la mención explícita al estrecho de Ormuz, el estratégico corredor marítimo por donde transita una quinta parte del consumo mundial de petróleo. El líder iraní insinuó su uso como herramienta de presión ante la ofensiva occidental, sugiriendo que la República Islámica podría interrumpir el flujo energético si la situación se recrudece. Asimismo, en un desafío directo a Washington, el nuevo mandatario advirtió que las bases militares estadounidenses dispersas por la región \»no estarán a salvo\» si persisten los bombardeos sobre territorio iraní. Esta amenaza amplía el espectro del conflicto, que hasta ahora había mantenido una peligrosa pero calculada distancia con la presencia terrestre estadounidense en países vecinos. La llegada de Mojtaba Jameneí al liderazgo fue ratificada a principios de marzo por la Asamblea de Expertos, en una sesión de emergencia convocada tras el ataque que acabó con la vida del ayatolá Alí Jameneí y parte de su círculo más cercano. Su ascenso, sin embargo, ha estado envuelto en una niebla de rumores sobre su propio estado de salud. Fuentes no oficiales llegaron a sugerir que el nuevo líder resultó herido durante el mismo bombardeo que diezmó a su familia, versiones que las autoridades iraníes se apresuraron a desmentir, asegurando que el dirigente se encuentra \»sano y salvo\» y al frente de la nación. Mientras Teherán consolida su nueva etapa de liderazgo bajo la sombra de la guerra, el frente externo no da tregua. Las potencias occidentales mantienen su presión militar sobre la república islámica, mientras que Israel ha intensificado su campaña retórica, instando abiertamente a la población iraní a sublevarse contra el gobierno de los ayatolás. Con la región al borde de una escalada mayor, el primer mensaje de Mojtaba Jameneí no deja espacio para la distensión: es la declaración de principios de un líder forjado en la guerra y dispuesto a heredar el legado de su padre con fuego.
Israel Anuncia el Inicio de la “Segunda Fase” de su Ofensiva Contra Sitios Estratégicos en Irán
El portavoz militar Effie Defrin confirmó que los ataques se amplían a más \»puntos clave\» del régimen de los ayatolás, incluyendo dos de las principales plantas de producción de misiles balísticos, en una operación conjunta con EE.UU. que cumple una semana y que ya deja más de 1.300 civiles muertos en territorio iraní. Por Brendalis Reyes En una escalada que redefine los equilibrios de tensión en Medio Oriente, el Ejército de Israel anunció este sábado el comienzo de la siguiente fase de su ofensiva militar contra la República Islámica de Irán, ampliando el radio de acción hacia lo que denominó \»sitios clave\» del régimen de los ayatolás. La declaración, realizada por el portavoz militar Effie Defrin en su acostumbrado mensaje videograbado a la nación, confirma la intensificación de una guerra abierta que, en su primera semana, ha dejado una estela de destrucción y más de mil 300 víctimas civiles en ciudades iraníes. Según el parte de guerra israelí, la Fuerza Aérea ha ejecutado aproximadamente \»3.400 ataques en todo Irán\» durante los últimos siete días, en una campaña que se desarrolla en conjunto con Estados Unidos. Defrin detalló que, para llevar a cabo esta ofensiva, se han empleado \»unas 7.500 municiones\» con el objetivo de desmantelar la capacidad militar estratégica del país persa. Entre los logros tácticos mencionados por el portavoz, se encuentra la inutilización de \»más de 150 sistemas de defensa\» iraníes, allanando el camino para la nueva etapa de la operación. El portavoz identificó dos de los blancos de esta nueva fase: las instalaciones de producción de misiles balísticos en Parchin y Shahrud, consideradas vitales para la industria bélica iraní. No obstante, la ofensiva no se limita a estos puntos. El Ejército israelí afirmó haber alcanzado fábricas dedicadas a la elaboración de materiales explosivos para ojivas, plantas de ensamblaje de motores de proyectiles y, en un golpe de precisión a la capacidad tecnológica del adversario, \»un complejo utilizado para la investigación, desarrollo, ensamblaje y producción de misiles de crucero avanzados\». La guerra, justificada por Israel como un esfuerzo binacional con Estados Unidos para \»tumbar el régimen\» en lo político y desarticular su poderío militar y nuclear, tuvo un punto de inflexión en su primera jornada con la confirmada muerte del líder supremo, Alí Jameneí. Este suceso actuó como un catalizador, incorporando al grupo chií Hizbulá al conflicto. En represalia, la milicia libanesa ha intensificado sus ataques contra el norte de Israel, abriendo así un segundo y peligroso frente. Sobre las operaciones en el Líbano, Defrin fue categórico: \»Estamos atacando por todo el Líbano con gran fuerza y avanzando sobre el terreno\». La noche del viernes dejó una huella de sangre en la aldea de Nabi Chit, en el Valle de la Bekaa, donde una incursión de las fuerzas israelíes causó la muerte de al menos 41 personas, elevando la cifra de fallecidos en el país de los cedros a más de 200 desde el inicio de las hostilidades. \»Todas las opciones están sobre la mesa\», advirtió Defrin, subrayando la determinación de Tel Aviv de \»seguir atacando con fuerza\» y de no renunciar al objetivo de \»desarmar a Hizbulá\». Mientras tanto, el balance humanitario no cesa de crecer. En Irán, se contabilizan al menos mil 332 civiles muertos, una cifra que contrasta con la decena de víctimas mortales registradas en Israel por los ataques de la República Islámica, en un conflicto que promete redefinir las fronteras de la guerra en el siglo XXI.
La guerra que se transforma, Dimona, el desgaste y las nuevas lineas rojas del conflicto con Irán
Las guerras modernas rara vez se definen únicamente por la potencia militar de los actores involucrados. Con frecuencia, su evolución depende de factores más complejos: resistencia política, percepción pública, capacidad económica y, en ocasiones, elementos ideológicos profundamente arraigados. En el conflicto actual entre Estados Unidos, Israel e Irán comienza a percibirse una transformación importante. Lo que inicialmente parecía una demostración de fuerza con la expectativa de un desenlace rápido empieza a mostrar características propias de una guerra de desgaste, donde ninguno de los actores logra imponer una victoria inmediata y cada parte intenta aumentar progresivamente el costo del conflicto para su adversario. Desde el principio ha quedado claro que Irán no representa un objetivo fácil de neutralizar en un periodo corto. No solo por su tamaño geográfico o por su población cercana a los noventa millones de habitantes, sino también por décadas de adaptación bajo sanciones económicas, presión diplomática y amenazas militares. Esa experiencia ha llevado al país a desarrollar una doctrina que no busca competir simétricamente con el poder militar de Estados Unidos o Israel, sino compensar su inferioridad mediante estrategias de presión prolongada. En ese contexto, uno de los elementos más relevantes del conflicto ha sido la economía del combate. En términos simples, algunos sistemas utilizados para atacar pueden tener costos relativamente bajos en comparación con los sistemas necesarios para interceptarlos. Cuando estos ataques se realizan en oleadas repetidas, el objetivo no siempre es destruir completamente las defensas del adversario, sino obligarlo a gastar recursos, a consumir inventarios y a sostener un esfuerzo militar prolongado. Este tipo de dinámica introduce una variable clave en cualquier conflicto moderno: el desgaste. Ningún sistema de defensa, por sofisticado que sea, es completamente hermético. Incluso con tasas de interceptación muy altas, basta con que un pequeño porcentaje de proyectiles logre atravesar las defensas para producir efectos materiales, psicológicos y políticos. En los últimos ataques, algunos misiles iraníes han logrado impactar zonas del centro de Israel, incluyendo áreas cercanas a Tel Aviv. Además, reportes recientes indican que Irán ha comenzado a utilizar misiles equipados con diferentes tipos de ojivas diseñadas para aumentar el impacto sobre el terreno. A diferencia de una ojiva convencional que explota en un único punto, algunas configuraciones permiten que el misil libere submuniciones o fragmentos explosivos al aproximarse al objetivo, ampliando el área afectada incluso cuando el impacto no ocurre exactamente sobre una instalación específica. A esto se suma la aparición en el conflicto de misiles que diversos analistas describen como de perfil hipersónico o con trayectorias altamente maniobrables. Estos misiles se caracterizan por viajar a velocidades extremadamente altas —varias veces la velocidad del sonido— y por poder modificar su trayectoria durante el vuelo, lo que dificulta su detección temprana y su interceptación por sistemas tradicionales de defensa antimisiles. La introducción de este tipo de armamento no significa que las defensas israelíes hayan dejado de ser eficaces, pero sí refleja una realidad constante en las guerras modernas: cada parte busca desarrollar nuevas formas de penetrar o superar las defensas del adversario. Dentro de este escenario aparece un elemento particularmente delicado: Dimona Dimona es conocida internacionalmente por albergar el complejo nuclear israelí situado en el desierto del Néguev. Aunque Israel mantiene desde hace décadas una política de ambigüedad respecto a su arsenal nuclear, ese complejo ha sido considerado por muchos analistas como uno de los pilares de su capacidad estratégica. Por esa razón, un ataque contra Dimona tendría un significado completamente distinto al de un impacto contra instalaciones militares convencionales. No se trataría únicamente de un objetivo militar más, sino de un golpe simbólico contra el corazón de la disuasión estratégica israelí. Ahora bien, la posibilidad de que Irán logre atacar con éxito una instalación de ese nivel de protección es una cuestión distinta. Dimona es uno de los lugares más defendidos del país y cualquier intento de ataque enfrentaría múltiples capas de defensa. Sin embargo, el simple hecho de que un intento de ese tipo sea discutido dentro de los escenarios de guerra muestra hasta qué punto el conflicto podría escalar si las partes buscan romper el equilibrio actual. La pregunta que inevitablemente surge es qué ocurriría si una instalación nuclear como Dimona llegara a ser impactada. Desde el punto de vista técnico, el escenario más probable no sería comparable a un desastre nuclear masivo como los ocurridos en grandes plantas de energía nuclear. El reactor de Dimona no es una central eléctrica de gran potencia, sino una instalación de investigación y producción con características diferentes. No obstante, un impacto que dañara seriamente el complejo podría provocar algún nivel de liberación radiológica. En ese caso, los efectos dependerían de múltiples factores: la magnitud del daño, la cantidad de material liberado, las condiciones atmosféricas y la rapidez de las medidas de contención. Un incidente de ese tipo podría generar contaminación localizada, evacuaciones en áreas cercanas y una fuerte reacción internacional. Más allá del caso de Dimona, el conflicto también plantea interrogantes sobre la expansión del teatro de operaciones. Irán cuenta con una red de aliados regionales que, aunque no poseen el mismo poder militar que los Estados involucrados directamente, sí tienen la capacidad de abrir frentes adicionales. Milicias en distintos puntos de Medio Oriente, movimientos armados en la región y otros actores alineados con Teherán podrían actuar como multiplicadores de presión estratégica. Su función no sería necesariamente derrotar militarmente a Israel o a Estados Unidos, sino obligarlos a dividir recursos, dispersar defensas y enfrentar amenazas simultáneas en distintos puntos. A este complejo escenario se suma un factor ideológico que muchas veces se subestima en los análisis occidentales. El sistema político iraní tiene una dimensión religiosa significativa que influye en la manera en que el liderazgo y una parte de la sociedad interpretan los conflictos. En ese marco ideológico, conceptos como sacrificio, resistencia y martirio tienen un peso simbólico importante. Esto significa que la presión externa o los ataques militares no siempre producen debilitamiento interno. En algunos casos, pueden generar el efecto contrario: consolidar la cohesión nacional y reforzar la
Sánchez rescata el espíritu de 2003 y se planta ante Trump: \»No a la guerra, no vamos a ser cómplices de este desastre
El presidente español responde a las amenazas de embargo de EE UU con una declaración institucional medida, sin periodistas, en la que apela a la legalidad internacional, repudia el régimen de los ayatolás pero rechaza participar en una ofensiva que considera \»injusta\» y anuncia un escudo social para mitigar el impacto económico de una posible guerra prolongada Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA MADRID — En una comparecencia sin preguntas, sin periodistas delante, pero con cada palabra milimétricamente calculada para navegar la tormenta perfecta, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha erigido esta mañana a España como la voz discordante en la escalada bélica de Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde el Palacio de La Moncloa, y con la solemnidad de quien sabe que se juega no solo la posición internacional de su país sino también la cohesión interna frente a las amenazas de Donald Trump, Sánchez ha recuperado el emblemático lema \»no a la guerra\» que hace veintitrés años movilizó a la izquierda española contra la invasión de Irak. \»La posición de España es la misma que en Ucrania o en Gaza. No a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos. No a resolver conflictos con bombas. La posición española se resume en cuatro palabras: no a la guerra\», ha sentenciado el jefe del Ejecutivo, en una intervención diseñada para responder a todas las preguntas que flotaban en el aire desde que el sábado los bombardeos sobre Teherán acabaran con la vida del ayatolá Alí Jamenei y desencadenaran la crisis diplomática más grave entre Madrid y Washington de las últimas décadas. La decisión del Gobierno de negar a Estados Unidos el uso de las bases militares de uso conjunto de Rota y Morón para la ofensiva contra Irán ha sido el detonante de una ira presidencial al otro lado del Atlántico que se ha traducido en amenazas de \»embargo\» y de corte de \»todo el comercio\» con España. Trump, en una reunión en el Despacho Oval junto al canciller alemán Friedrich Merz, calificó a España de aliado \»terrible\» y aseguró que ordenará a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, que liquide las relaciones bilaterales. Pero Sánchez, lejos de amedrentarse, ha optado por la firmeza sin entrar en el cuerpo a cuerpo que el mandatario republicano parece buscar. \»No vamos a ser cómplices de algo malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno\», ha afirmado el presidente español en una clara respuesta a las advertencias de Trump, a quien no ha mencionado en ningún momento, siguiendo una estrategia de elevar el conflicto al terreno de los principios antes que al del enfrentamiento personal. Una decisión que contrasta con la del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, o incluso con la del expresidente José María Aznar —arquitecto de la participación española en la guerra de Irak junto al Trío de las Azores—, a quienes algunos sectores quisieran ver alineados con la postura de Tel Aviv y Washington. Pero Sánchez ha sido cuidadoso en desmarcarse de cualquier tentación de ser colocado en el mismo plano que el régimen de los ayatolás. \»Nadie está a favor de los ayatolás. Pero la pregunta es si estamos del lado de la legalidad internacional y de la paz. La ciudadanía española estuvo en contra de Sadam Husein, pero eso no la llevó a apoyar una guerra injusta. Repudiamos el régimen de Teherán, pero pedimos una solución diplomática\», ha insistido, trazando un paralelismo con Irak que no es casual: aquella guerra, ha recordado, \»generó un aumento drástico del terrorismo, una grave crisis migratoria y económica. Ese fue el regalo, un mundo más inseguro y una vida peor\». El presidente ha querido además dotar a su posición de una dimensión ética que trasciende la geopolítica. \»Ni siquiera están claros los objetivos de este ataque. Sabemos que de esta guerra no saldrá un orden internacional justo, salarios más altos, un medio ambiente más saludable. Los gobiernos no estamos para empeorar la vida de la gente. Los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles son los de siempre\», ha afirmado, en una velada referencia a la industria armamentística y a los grandes capitales que siempre prosperan en los conflictos. Consciente de que las críticas hacia su postura no tardarán en llegar —desde dentro y desde fuera—, Sánchez se ha adelantado a quienes tildan su posición de ingenua. \»Algunos dirán que eso es ingenuo. Lo ingenuo es pensar que la solución es la violencia. O pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es liderar\», ha espetado, en una respuesta que también busca despejar cualquier duda sobre su alineamiento automático con Francia o Alemania, cuyas posiciones en esta crisis no han sido exactamente coincidentes con la española. El presidente ha asegurado que trabajará por una postura consensuada en el seno de la Unión Europea, pero ha dejado claro que España \»no va a tener una posición subordinada a Estados Unidos\» y que tiene derecho a no tenerla, porque es \»un socio fiable en la OTAN y la UE que cumple sus compromisos\». \»No se puede responder a una ilegalidad con otra\», ha remachado. Pero la comparecencia de Sánchez no ha sido únicamente una declaración de principios. El presidente, que conoce mejor que nadie el impacto que las crisis internacionales tienen en el bolsillo de los ciudadanos, ha anunciado que el Gobierno ya trabaja en un nuevo escudo social similar a los que se aprobaron durante la pandemia o al inicio de la guerra de Ucrania, ante la posibilidad de que el conflicto se prolongue en el tiempo y sus efectos económicos comiencen a notarse en la factura energética, el comercio o el empleo. \»Vamos a proteger a los españoles. Estamos buscando dispositivos de evacuación. Vamos a proteger a nuestros compatriotas. Estamos estudiando maneras para mitigar el impacto económico. Tenemos capacidad y voluntad política, lo haremos como lo hicimos en la pandemia\», ha subrayado, en un mensaje dirigido tanto a la ciudadanía como a los mercados, que observan con
La UCT clama contra el horror: \»No al rito de la muerte que siembran el imperialismo y el sionismo\»
La central sindical dominicana condena enérgicamente los bombardeos contra Irán y denuncia el asesinato de más de doscientos menores en centros escolares durante el primer día de la ofensiva. La organización hace un llamamiento urgente a la solidaridad internacional de la clase obrera. Por Virtudes Álvarez Sampedro Santo Domingo – La pluma se resiste a narrar la masacre cuando los números tienen nombre de infancia. Alrededor de doscientas niñas. Decenas de jóvenes que recibían clase o practicaban deporte. Y el saldo que sigue creciendo mientras la comunidad internacional asiste, entre la condena retórica y el silencio cómplice, a la arremetida más reciente de la alianza que la Unión Clasista de Trabajadores (UCT) no duda en calificar como \»imperialista-sionista\». La Confederación Sindical, a través de su Secretariado Permanente, ha roto el protocolo de los comunicados institucionales para alzar una voz que trasciende lo gremial y se instala en lo humano. Con una prosa que lleva el peso de la indignación contenida, el Secretario General Juan Núñez Batista y el Secretario de Asuntos Internacionales Efraín Sánchez Soriano suscriben un texto quedenuncia el \»ensañamiento contra la población trabajadora, centros escolares, hospitales y oficinas públicas\» de Irán. \»Violentando la carta de la ONU, se han abrogado el derecho de secuestrar y asesinar a pueblos y autoridades de aquellos países que no le entregan sus riquezas naturales y soberanía al imperialismo decadente\», señala el documento, que sitúa la agresión no como un conflicto bilateral, sino como un capítulo más de una cruzada global contra las naciones que resisten al expolio. El comunicado de la UCT adquiere una dimensión particular al poner el foco en lo que denomina \»el rito de la muerte\»: esa ceremonia macabra donde las bombas eligen escuelas y hospitales, y donde las víctimas, en su mayoría civiles, son el tributo que paga la dignidad de los pueblos que no se doblegan. El sindicato llama a la clase obrera y trabajadora del mundo a expresar su solidaridad con el pueblo iraní y a repudiar públicamente una ofensiva que, a su juicio, encarna la barbarie de nuestro tiempo. Mientras los misiles trazan su geometría letal sobre territorio persa, la voz de la UCT resuena desde el Caribe como un aldabonazo en la conciencia. No es una declaración de alineamiento geopolítico, advierten sus firmantes. Es un grito contra la impunidad de quienes convierten la guerra en negocio y la vida de los niños en daño colateral.
El Imperio sin Brújula : Cuando Washington Declara la Guerra al Orden Mundial
La administración Trump, lejos de ejercer un liderazgo responsable, ha optado por dinamitar los frágiles consensos internacionales, convirtiendo a Estados Unidos en el principal vector de caos y violencia global. El asesinato del ayatolá Jamenei no es un acto aislado, sino la confirmación de una doctrina imperial que empuja al mundo hacia el abismo de la fuerza bruta. Por JULIO GUZMÁN ACOSTA Hay momentos en la historia en que la locura deja de ser un atributo individual para convertirse en política de Estado. Lo que estamos presenciando desde la Casa Blanca, en esta nueva y alarmante fase del experimento trumpista, trasciende la simple torpeza diplomática o el exabrupto matutino en redes sociales. Nos hallamos ante la liquidación sistemática de ese delicado tejido de normas, pactos y organismos que, con todas sus imperfecciones, constituían el armazón de un orden internacional basado en consensos. El Imperio ha enloquecido. Y en su delirio de grandeza terminal, está incendiando la aldea global. La reciente escalada contra Irán, que ha cobrado la vida del ayatolá Alí Jamenei en los bombardeos del 28 de febrero, no es una operación quirúrgica contra una amenaza inminente. Es un mensaje cifrado en sangre para toda la humanidad: la negociación ha muerto. Washington, en su actual encarnación, no concibe la diplomacia como un puente, sino como un trofeo de guerra que se arrebata al vencido. La noción misma de \»rules-based order\», ese orden basado en reglas que Occidente pregonó durante décadas, ha sido arrojada por la borda como lastre innecesario. Y lo más grave es que, al hacerlo, han demostrado que aquellas instituciones —la ONU, los tribunales internacionales, los tratados de no proliferación— solo eran respetadas en la medida en que favorecían la correlación de fuerzas impuesta por el hegemon. Lo que comenzó como un genocidio televisado en Gaza, con la complicidad cómplice del gobierno de Biden, se ha convertido en el modelo de gobernanza global de la era Trump. La fuerza bruta, desnuda de todo ropaje jurídico, es el único idioma que entiende y profesa esta nueva administración. El secuestro de mandatarios, las amenazas anexionistas sobre Groenlandia, la desestabilización en el Caribe y, ahora, la guerra injustificada contra la República Islámica, no son piezas sueltas de un rompecabezas caótico. Son los latidos sincopados de un mismo corazón imperial que late al ritmo de la pólvora. La tragedia iraní encierra una lección cruda que ningún país del Sur Global debería ignorar. Teherán, durante los últimos dieciocho meses, tendió la mano de la diplomacia. Estuvo dispuesto a concesiones significativas, a poner sobre la mesa su programa nuclear a cambio de no ser despojado de toda capacidad disuasoria. La respuesta del eje israelí-estadounidense fue la bomba y el misil. El mensaje es terroríficamente claro: \»O te rindes sin condiciones, o te rendimos por la fuerza\». Ante esta disyuntiva, el cálculo racional de cualquier nación soberana que no se halle bajo el paraguas de la OTAN se vuelve perverso pero inevitable. Si Estados Unidos ha decretado que la ley del más fuerte es la única ley, ¿qué incentivo existe para no volverse más fuerte? ¿Qué razón de peso puede esgrimirse para que un país con capacidad tecnológica renuncie a desarrollar armas de destrucción masiva, si estas —particularmente el arma nuclear— representan el único seguro de vida creíble frente a la voracidad del Leviatán norteamericano? Las armas nucleares igualan. Nivelan el terreno de juego. Convierten una invasión en un cálculo de riesgos existenciales. Si Washington demuestra día tras día que no respeta soberanías, que no honra acuerdos y que considera a los líderes de otras naciones como objetivos militares legítimos, está empujando al mundo a una peligrosísima carrera por la disuasión atómica. Es la profecía autocumplida del caos: al destruir los mecanismos de consenso, siembran las semillas de un mundo donde cada quien busque su propia bomba para sentarse a la mesa de un juego que ya no tiene reglas. El complejo tecnológico-militar estadounidense, quizá el último bastión de una hegemonía en declive en otros órdenes, es lo suficientemente letal como para decapitar gobiernos en cuestión de días. Pero esa misma capacidad, ejercida sin brújula ética ni legal, convierte a Estados Unidos en el principal factor de inseguridad sistémica del planeta. Ya no es un faro de libertades, ni siquiera un mal necesario en el equilibrio de poderes. Es, sencillamente, un peligro para la humanidad. El mundo que nos propone el trumpismo es un mundo hobbesiano de todos contra todos, donde la única certeza es la violencia del más fuerte. Y si esa es la nueva normalidad impuesta por el jefe de la OTAN, no cabe sino preguntarse: ¿quién negociará mañana con un socio que ha roto todas las barajas? ¿Qué valor tendrá la firma de un tratado con un imperio que ha pisoteado sus propias instituciones? La locura de unos pocos no debería costarle la cordura —y la vida— a todo el planeta. Pero esa es, exactamente, la apuesta que la Casa Blanca ha hecho sobre el tablero mundial.
El mundo al borde del precipicio

Antes de que se produjeran las elecciones del 5 de noviembre del año 2024 para la escogencia del Cuadragésimo Séptimo Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, advertí que escoger a Donard Trump, para un nuevo mandato significaba la degradación para el imperio. Señalé que El imperio Romano, el más poderoso de la antigüedad, comenzó su declive después del asesinato de Julio César, la muerte de Augusto y de Tiberio y el ascenso al Trono del esquizofrénico y desquiciado Calígula, del mitómano y pervertido Nerón y del farsante Cómodo. Indiqué que como cabeza de un imperio que sojuzgó, expolió y esclavizó pueblos enteros, que no había diferencia de propósitos entre César y Nerón, entre Augusto y Calígula, entre Tiberio y Cómodo, que sus métodos eran iguales y sus propósitos similares, que sólo se distinguían por la sobriedad y la solemnidad en el ejercicio del poder. Concluí señalando que nunca sería igual, George Washington, Abraham Lincoln o John F. Kennedy, que Donald Trump porque con objetivos similares, entre Washington, Lincoln, Kennedy y Trump, hay una diferencia del cielo a la tierra. Los primeros respetaron la solemnidad de sus investiduras, mientras Trump, es un Chabacano, Narcisista y turbero que no respeta leyes, ni normas con la agravante de que su egocentrismo lo hace creerse el centro del universo. Con un lenguaje soez y sin ningún respeto por las comunidades de migrantes exacerbando el oído, la xenofobia contra ella y levantado un ultranacionalismo, tal cual, como lo hizo líder del tercer Reich, Adolfo Hitler, lo que podría conducir al mundo a una catástrofe peor que el de la Segunda Guerra Mundial que dejo medio mundo destruido con más de 60 millones de muertos y una cifra de heridos e inválidos incuantificables. Hoy a un año, un mes y diez días de su ascenso al poder, el tiempo me ha dando la razón. Desde el primer día de su regreso a la Casa Blanca, sus medidas han sido una sarta de cosas díscola y peligrosa, muchas de ellas nunca vistas en las administraciones anteriores. Cortando la continuidad del Estado, como es caso la re-inclusión de Cuba entre los países que patrocinan y apoyan el terrorismo, excluida por la pasada administración de Joe Biden, al final de la misma. Indultos para alrededor de 1.500 turberos partidarios suyos acusados por los disturbios del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos, donde hubo 174 agentes policiales heridos y uno muerto. Ha pretendido mediante ordenanza desconocer, La Enmienda 14 de la Constitución de EE. UU., ratificada en 1868, que garantiza la ciudadanía automática por nacimiento a casi todas las personas nacidas en territorio estadounidense, incluyendo hijos de inmigrantes indocumentados, ordenando la mayor casería de los mismos en todo el territorio estadounidense, destruyendo familias y produciendo miles de deportaciones y muertes en varios Estados de la Unión. Ha ejercido constante presión sobre México y Canadá, a la que pretende convertir en un estado de la Unión, y la ambición desenfrenada de anexarse a Groenlandia. Cambió arbitrariamente el nombre del Golfo de México por el de Golfo de las Américas. Violando los acuerdos, Los Tratados Torrijos-Carter, firmados el 7 de septiembre de 1977 entre Estados Unidos y Panamá, que devolvía el canal de Panamá a su legítimo dueño; en competencia comercial con la República Popular China prácticamente lo han ocupado nuevamente Manus Militaris . Ha sometido a presión e intimidación a los países de América Latina y el Caribe con su secretario de Estado Marco Rubio a la cabeza. Ha ampliado el cerco de amenazas a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Ha incrementado el apoyo al genocida Benjamín Netanyahu, para el exterminio del Pueblo Palestino e incrementando la ayuda económica y militar al cómico de Zelenkis, en una guerra que no tiene ninguna posibilidad de ganar. Ha presionado a sus aliados de la OTAN para un rearmamento de sus miembros con un gasto mínimo de un 5% de su producto interno Bruto (PIB) de su país. Ha hecho el mayor despliegue militar en toda América y el Caribe no visto ni en la época del mayor conflicto bélico registrado hasta hoy. Continuando su política de agresión impune en todo el mundo, el pasado 3 de enero de manera artera e insólita y nunca vista en los anales de la historia, ni en las fantásticas películas de Hollywood, ordenó la captura y el secuestro de Nicolás Maduro Moro presidente en ejercicio de la República Bolivariana de Venezuela y su compañera Cilia Flores, en violación a todos los tratados y normas de derecho internacionales, sin ninguna consecuencia. Ha aumentado El Criminal bloqueo económico y financiero contra el pueblo cubano y las amenazas de repetir el guion venezolano, es latente. Y como si esto fuera poco, el pasado 28 de febrero, el desquiciado, egocéntrico, Xenófobo, ultranacionalista y partidario del llamado “Espacio Vital”, el Destino Manifiesto y Doctrina Monroe, Donard Trump, ha ordenado un ataque a la República Islámica de Irán, que ha dejado como resultado, la muerte del líder del país;Ayatollah Alí Jameneí y parte del estado mayor,incluyendo el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Pakpur, además, daños en la población civil; como la muerte de más un centenar de estudiantes en una escuela de niñas, y cientos de civiles mujeres niños y ancianos. Este ataque provocador, artero y criminal contra el pueblo iraní y sus principales líderes, pone en riesgo la paz mundial, porque se produce en una zona de alta tensión,cargadas de armamento nucleares por toda parte. El ataque a Irán, ordenado por Trump y su socio Netanyahu, debe ser motivo de preocupación en todo el mundo, por lo que es necesario ponerle freno a los impulsos desaprensivos de esta dupla genocida que está conduciendo de forma acelerada a la humanidad al llamado Apocalipsis. Los pueblos amantes de la paz están llamado a levantar su voz de protesta contra este ataque a Irán, que además de alevoso y criminal, pone en riesgo la paz mundial y la existencia misma de