El cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto entre Irán y Estados Unidos e Israel dispara el crudo un 50%, eleva el combustible a 4,64 dólares por galón y castiga con dureza a las aerolíneas de bajo coste, mientras gigantes como Delta y United acechan para ganar cuota de mercado en medio de una posible ola de fusiones.
Por: Virtudes Álvarez Sampedro
La tormenta no llegó con estrueno de turbulencia, sino con la sigilosa certeza de un termómetro que no deja de ascender. Desde que a finales de febrero Estados Unidos e Israel desataron su ofensiva contra Irán, y la represalia persa cerró la llave de Ormuz —por donde fluye una quinta parte del petróleo mundial—, el precio del crudo de Texas ha escalado cerca de un 50%. Y con él, el combustible de aviación, ese segundo fantasma en los costes de las aerolíneas que devora cerca del 20% de su presupuesto, se ha encaramado a 4,64 dólares por galón. Apenas unos días antes de los primeros ataques, se encontraba en 2,50 dólares.
En Asia y Europa, las consecuencias ya son visibles: rutas interrumpidas, frecuencias recortadas, previsiones a la baja. Este miércoles, la aerolínea española Volotea anunciaba la cancelación de vuelos para la temporada de verano con el fin de «garantizar la estabilidad operativa». Pero es en Estados Unidos donde el mapa del sector empieza a resquebrajarse con nitidez.
Las aerolíneas de bajo coste, aquellas que vuelan con el combustible justo de los márgenes, son las primeras en sangrar. Sus billetes se venden con antelación, sin mecanismos para ajustar tarifas a un queroseno que sube más rápido que la alarma en una torre de control. Moody’s ya ha puesto el dedo en la llaga: JetBlue, Spirit y Frontier, todas ellas en pérdidas el año pasado incluso antes del último repunte, figuran entre las más vulnerables. Wall Street lo refrenda con números fríos: en el último mes, Southwest ha caído un 22,4%; JetBlue, un 17,6%; Frontier, un 15,2%. Las tradicionales tampoco escapan al rojo: American Airlines se desploma un 14,8%; United, un 10,1%; Alaska Air Group, un 26,1%.
Solo una se mantiene en pie, serena y en alza: Delta Air Lines avanza un 3,4% en el mismo periodo. Su consejero delegado anunció el pasado 17 de marzo unas previsiones de ingresos para el primer trimestre de 2026 superiores a lo esperado, respaldadas por ocho de los diez días con mayores ventas de su historia. El combustible quema, pero Delta compensa con un flujo de caja que parece resistirlo todo.
Mientras tanto, en la trinchera de United, su consejero delegado, Scott Kirby, ya habló a principios de marzo a sus empleados con el lenguaje de quien atisba una carroña: la posibilidad de «adquirir activos y absorber cambios en la red». No es retórica menor. En la traducción del sector, esas palabras anuncian una oportunidad para ampliar la brecha entre las fuertes y las frágiles, y para desencadenar una oleada de fusiones y reestructuraciones. Las más poderosas, fagocitando a las más débiles. Como en toda guerra, también en el aire habrá vencedores y cenizas.