UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

El juego electoral sucio en Colombia

Una señora humilde de Colombia se acercó a un observador electoral europeo y lo dejó en medio del mayor asombro posible, al preguntarle cómo podía votar por dos candidatos. La mujer le dijo que quería votar por el candidato A que le gustaba, pero que el aspirante B le había pagado para que sufragara por él. El observador quedó virtualmente anonadado y sin respuesta posible, solo pensando si estaba en presencia de algo verdadero o surrealista. Solo pudo decirle a la mujer que eso no era posible en un régimen electoral donde se respetaran las reglas. De hecho, no es posible ni siquiera en Colombia, donde se tiene uno de los sistemas electorales más atrasados y de fácil manipulación, no solo a través de la compra del voto—muy frecuente—sino ya en el propio acto electoral, pues muchos de sus procesos son altamente vulnerables. Y luego le sigue la fragilidad de su escrutinio puesto en manos privadas, en este caso, bajo el control de una empresa de unos empresarios procesados por la justicia en Estados Unidos por fraude fiscal y otros delitos. Bajo este panorama es que se dirimen en Colombia los procesos electorales como el desarrollado el domingo 31 de mayo, donde las urnas parieron un escenario en el que cualquier cosa puede suceder en el balotaje del 21 de junio. El señor Abelardo de la Espriella—abogado de narcotraficantes, de paramilitares y de evasores de impuestos—emergió como el candidato más votado con el 43.7% de los votos, frente al 40.9% de Iván Cepeda. Este cuadro no estaba previsto, aunque de antemano se sabía la dificultad para que un candidato resultase electo en primera vuelta. Es evidente que la modificación del cuadro que adelantaban las encuestas, donde Cepeda lideraba hasta la última semana, se debió al vuelco de la derecha encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, uno de los personajes más dañinos y despreciables que ha engendrado la  política colombiana. Lo más probable es que el propio Uribe, ladino como es, pasara la señal para que sus seguidores sacrificaran a la candidata Paloma Valencia y mandarla a volar. El domingo 21 de junio, los colombianos tienen la oportunidad de escoger entre un aparecido que ni siquiera vive en ese país, o Iván Cepeda, un experimentado funcionario público

La encrucijada colombiana

ÁGORA Pocas veces se ha presentado en esta parte del mundo, un proceso electoral en el que la polarización/opción izquierda-derecha sea tan nítida. En el que las posibilidades de triunfo de una o la otra sean tan claras. Quizás sea una palmaria demostración que, en el fondo y de otras formas, el enfrentamiento entre esas dos opciones ha estado presente en la sociedad colombiana desde hace décadas y en última instancia han determinado que, siendo Colombia un país de extraordinario potencial, se mantenga con tantos lastres sociales y políticos. En ese sentido, el desenlace de esta coyuntura electoral es vital. Será una lucha entre un candidato que profundizaría un proceso que tiende a aprovechar ese potencial y otro que lo de sumiría en un caos que profundizaría esos lastres. Contrario a los pronósticos de las encuestas que pronosticaban que el izquierdista Iván Cepeda ganaría la primera vuelta, este fue superado por un grotesco ultraderechista. Hay serios indicios de acciones fraudulentas que contribuirían a ese triunfo, entre otros, las diferencias entre los registros de votantes y de mesas inicialmente validadas y las cantidades, tanto de sufragantes como de mesas posteriormente registradas. No puede demostrarse que esas diferencias se expresaron en votos favorables a la derecha, pero su registro tendería a favorecerla objetiva y subjetivamente a esa fuerza. En tanto sumatoria, falsa o no, de los votos obtenidos la candidata del ultraderechista Uribe y de Abelardo della Espriella alcanzan el 50%, frente al 41% de Cepeda. Pero, lo objetivo es que, con ese significativo registro la ultraderecha inicia su camino a la segunda vuelta. A eso hay que agregar que posee una fuerte estructura digital para difundir su mensaje simplista, basado en las mentiras y el miedo. Un medio abominable, pero efectivo, que usado por la ultraderecha en todo el mundo. Además, tiene la ayuda material y subjetiva de la internacional de derecha que encabeza Trump. La sumatoria de ese 50% no se expresarán mecánicamente en la segunda vuelta, pero es innegable que el pensamiento conservador y ultraderechista está profundamente radicado en la sociedad colombiana y las acciones de algunos grupos que se venden como izquierda contribuyen a fortalecer ese pensamiento. En situaciones de extrema polarización, un sector importante de la población no expresa públicamente sus preferencias, sobre todo aquellos inclinados hacia las posiciones conservadoras, es una circunstancia difícilmente registrada en las encuestas y no fácilmente interpretada en las lecturas de éstas. También, en esas situaciones se producen inesperados y drásticos cambios en la intención y expresión objetiva del voto en significativo segmento de la población. La polarización agudiza el llamado voto útil: votar por quien se percibe como probable o muy probable ganador, en este caso lo demuestra el desplome de la candidatura de la uribista Paloma Valencia su intención de votos se materializó en el caladero de la Espriella.  Este amplificaba y radicalizaba el discurso de aquella. No fue una casualidad. Estos factores estarían explicando este sorpresivo resultado. Ahora viene la lucha por captar los abstencionistas. El candidato de la derecha insiste en su discurso ramplón y simplista basado en el miedo, la mentira, la captación del voto a través de la emotividad y la manipulación que es la forma en que se manejan los populistas que venden quimeras que, como tal, una vez en el poder se demuestra vacuidad. Pero funcionan en los momentos electorales. Nada subestímale. De su parte, Cepeda es el candidato de una izquierda que ha sabido comunicarse con el país real, lo demuestra su alta votación en esta primera vuelta y el hecho concreto de que la población votó por el gobierno que hoy tiene, el cual ha logrado importantes conquistas sociales. Pero tiene ante sí un contexto internacional que le desfavorece, y un sector que se dice de izquierda que le ha hecho mucho daño a un gobierno reamente de izquierda: las llamadas guerrillas irredentas que mantienen prácticas esencialmente criminales, como las califica Petro. Tiene también unas referencias de gobiernos que, llamándose de izquierda constituyen un pesado fardo. Un lastre que no sólo afectan a Cepeda, sino a toda la izquierda del continente.  En ese sentido, más que un discurso, tiene que elaborar un relato coherente sobre de donde viene y qué se propone. Difícil, pero necesario. Imprescindible. Dice que quiere hacer un gobierno en un sistema “capitalista, pero equitativo”, un atisbo de relato hasta ahora no registrado en la izquierda, ni necesariamente único, que sería bien desarrollar su esencia y matices. Como acción política concreta, debe buscar el voto de los diversos sectores, muchos de ellos, no de izquierda pero que rechazan las posiciones cerriles de una derecha acostumbrada a recurrir a las peores artes para mantener sus privilegios. Debe, además, ser capaz no sólo de lograr acuerdos, sino de honrarlos si obtiene el poder. Y es que el desenlace de la presente encrucijada electoral en Colombia es clave para la izquierda en sentido general, una coyuntura que demuestra una vez más la complejidad del mundo actual. Allí, como en otros lugares, con un discurso simplón, ramplón, estridente y basado en burdas mentiras, un candidato tiene éxito, mientras que en otros sitios algunos lo logran sin discurso ni propuestas.    

Gustavo Petro denuncia fraude en el preconteo electoral colombiano

El mandatario afirmó, a través de su cuenta de X, que el software de la firma privada de los hermanos Bautista fue modificado en tres oportunidades antes de los comicios y que se incorporaron 885.409 cédulas al censo sin sustento legal. Pese a que la Misión de Observación Europea y la Procuraduría han descartado irregularidades, Petro insiste en que entregará a la justicia las “bases comprobadas del posible fraude”. Por Redacción Internacional Bogotá. — En un movimiento inédito en la historia electoral reciente de Colombia, el presidente Gustavo Petro ha desconocido los resultados del preconteo de la primera vuelta presidencial del pasado 31 de mayo y ha calificado el proceso como un “posible fraude” orquestado desde el software electoral controlado por una empresa privada. Su denuncia, difundida a través de su cuenta oficial de X, ha abierto una crisis de credibilidad institucional en pleno tránsito hacia la segunda vuelta del 21 de junio. “Como presidente no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista”, escribió Petro en la noche del domingo, horas después de que los datos preliminares dieran la victoria al candidato de derecha Abelardo de la Espriella con un 43,74% de los votos, frente al 40,90% del oficialista Iván Cepeda . El mandatario sustentó su rechazo en tres señalamientos concretos. El primero: los algoritmos del software de conteo y escrutinio, que por mandato legal debían permanecer inalterados durante la semana previa a las elecciones, fueron modificados en tres ocasiones. El segundo: esas modificaciones habrían permitido agregar al censo electoral 885.409 cédulas de ciudadanos que no figuran en el registro oficial . El tercero: aparecen 5.300 mesas de votación con más de 300 sufragios cada una —el máximo físicamente posible en una jornada normal—, algunas de ellas con hasta 700 votos registrados, y es precisamente en esas mesas donde De la Espriella habría construido su ventaja de 635.000 votos sobre Cepeda . “Presento las bases comprobadas del posible fraude, que puedo entregar a autoridad competente”, afirmó Petro en una publicación posterior, en la que adjuntó un archivo con los datos de las mesas señaladas. “Mi compromiso con mi pueblo y el amor a mi país, por el que he luchado toda mi vida, hace que arriesgue todo al transmitirlo” Las pruebas del mandatario y las sombras del software La denuncia presidencial no es nueva. Petro había advertido desde abril sobre los riesgos de que una empresa privada, Thomas Greg & Sons —propiedad de los hermanos Bautista—, controlara el software electoral. En aquella ocasión, citó informes de inteligencia según los cuales existían conversaciones entre los Bautista y el candidato De la Espriella para “intercambiar la devolución del contrato de pasaportes a sus manos, y la promesa, a cambio, de ciertos algoritmos que le aseguren la Presidencia” . El mandatario recordó además que el Consejo de Estado declaró en 2018 que ese mismo software era “vulnerable desde dentro y desde afuera”, tras un caso de manipulación que benefició al partido MIRA en las elecciones parlamentarias de 2014 . Pese a la sentencia, la Registraduría no lo reemplazó por un sistema estatal. Las cifras que Petro expuso son precisas. Según su denuncia, el censo oficial cerró con 41.421.973 ciudadanos habilitados para votar. Sin embargo, en el software Divipol —de los hermanos Bautista— aparecían 42.307.373 personas, una diferencia de 885.409 cédulas que “no se inscribieron en la fecha legal” . Asimismo, se incrementaron los puestos de votación de 13.742 a 14.438, y las mesas de 120.527 a 122.020 .  

Sheinbaum alerta de fraude electoral en Colombia e injerencia de la ultraderecha

La presidenta de México subrayó que la voluntad popular debe prevalecer en cualquier proceso electoral, mostró afinidad con el gobierno de Gustavo Petro y cuestionó el papel de las redes sociales y los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en la nueva estrategia de la derecha mexicana Por Brendalis Reyes CIUDAD DE MÉXICO.— La mañana del primer domingo de junio dejó una jornada electoral crucial para Colombia y, con ella, una denuncia que resonó más allá de sus fronteras. Desde Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se pronunció con una mezcla de cautela y convicción: la voluntad popular es un principio irrenunciable, y las sospechas de irregularidades en el conteo de votos, lanzadas por el mandatario colombiano Gustavo Petro, merecen ser investigadas hasta sus últimas consecuencias. “Hay que estar atentos al conteo de los votos”, expresó Sheinbaum durante su conferencia matutina. “Más allá de reconocer la autodeterminación del pueblo de Colombia, es importante leer lo que dice el presidente Petro. Tiene que primar siempre la voluntad del pueblo en cualquier elección. Si él señala que no fue un conteo limpio, es necesario escucharlo, analizarlo y respetar el mandato popular”. Las declaraciones de la mandataria mexicana se producen en un contexto de alta tensión política en el país sudamericano. Según los datos preliminares de la Registraduría electoral —con el 99% de las mesas computadas—, Abelardo De la Espriella, candidato de ultraderecha vinculado al trumpismo, obtuvo un sorprendente 43.74% de los sufragios (más de 10.3 millones de votos), mientras que Iván Cepeda, abanderado del Pacto Histórico, alcanzó el 40.9% (9.6 millones). Este último resultado representa la votación más alta obtenida por la izquierda colombiana en una primera vuelta, superando incluso los 8.5 millones de votos que cosechó Petro hace cuatro años. Ambos candidatos se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio. En este escenario, Sheinbaum enfatizó que, si bien su gobierno respeta la libre autodeterminación del pueblo colombiano, existe una afinidad natural con las propuestas del petrismo y de Cepeda. Pero la presidenta fue más allá del caso colombiano y lanzó una advertencia de mayor calado: la ultraderecha internacional, articulada en países como Colombia, Argentina, España y Estados Unidos, está orquestando campañas mediáticas con financiamiento privado para influir en los procesos electorales de América Latina. “¿Quiénes poseen las redes sociales? Son particulares, los más ricos entre los ricos del mundo”, cuestionó Sheinbaum. “Usan estas campañas para desprestigiar gobiernos, influir en elecciones de otros países. La ultraderecha está contra el pueblo, así de sencillo”. En ese sentido, la mandataria resaltó la vigencia de la reciente encíclica Magnífica Humanidad del Papa León XIV, que advierte sobre la manipulación de la opinión pública mediante inteligencia artificial y redes sociales. En otro orden, la presidenta se refirió a las presiones desde Estados Unidos. Aunque evitó señalar directamente a Donald Trump, aseguró que sectores de la ultraderecha norteamericana buscan utilizar a México como ariete político de cara a las elecciones de noviembre en ese país, así como para influir en los comicios mexicanos de 2027. Asimismo, Sheinbaum cuestionó el resurgimiento de figuras de la derecha local. Al ser consultada sobre la reciente participación de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en un acto de apoyo a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos —investigada por la presunta participación de agentes de la CIA en un operativo antidrogas—, la presidenta se preguntó si ambos exmandatarios se perfilan como “los nuevos cuadros de la derecha mexicana”. Recordó que Fox intentó desaforar a Andrés Manuel López Obrador en 2006, y que Calderón heredó un aumento del 120% en homicidios dolosos durante su guerra contra el narcotráfico, además de su alianza con la ultraderecha española para traer a Isabel Díaz Ayuso a venerar la figura de Hernán Cortés. Finalmente, Sheinbaum anunció que este miércoles la consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde, pondrá en marcha el programa “Derecho de Réplica”, un espacio institucional destinado a desmentir noticias falsas y abiertas mentiras difundidas por medios y redes sociales. En materia educativa, la mandataria expresó su confianza en que las mesas de diálogo entre Gobernación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) llegarán a un acuerdo antes del inicio del Mundial de Fútbol, el próximo 11 de junio, pese a las amenazas de boicot por parte de los maestros sindicalizados.

El pacto infernal: cuando la mentira se viste de campaña

  Director de umbral.local/   Hace algunos días, en este mismo medio nos hicimos eco de una denuncia que nos heló la sangre. No era nueva, ciertamente, pero sí escalofriante en su precisión: desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, la ultraderecha global ha afinado sus mecanismos de guerra sucia. Lo que no pueden ganar en las urnas confrontando modelos de país, lo intentan conseguir inundando los procesos electorales con una marea de desinformación. Invierten millones de dólares —perdón, millones de dolores— para comprar el relato, llenando las redes con ejércitos de cuentas falsas, robots que escupen medias verdades y algoritmos entrenados para el odio. Lo ocurrido ayer en Colombia no ha escapado a esa práctica tramposa. Mercenarios digitales, excancilleres uribistas y un asesor cercano a Javier Milei tejen, desde Honduras hasta Bogotá, una operación de guerra psicológica. Usan inteligencia artificial y granjas de trolls para enterrar la democracia bajo una avalancha de miedo. No es metáfora: es el plan. La maquinaria del silencio En la más pura tradición del periodismo de investigación —ese oficio que no se arredra ante los poderes fácticos—, Diario Red ha revelado en una serie extraordinaria la existencia de un pacto infernal. Mientras Colombia se preparaba para definir su destino el 31 de mayo pasado en las urnas, el país no solo elegía presidente: se enfrenta a una invasión silenciosa. Una operación de desestabilización mediática y digital, orquestada desde Washington y Tel Aviv, ha convertido la contienda electoral en un campo de batalla. Los votantes son el blanco. La verdad, la primera baja. El modus operandi, desvelado tras la filtración del llamado Hondurasgate, es tan eficaz como aterrador. Titulares falsos sembrados como minas antipersona. Ejércitos de perfiles zombi que manipulan el debate. Una arquitectura de inteligencia artificial entrenada para fabricar el miedo. El objetivo final, según los documentos a los que tuvo acceso esta redacción, no es otro que derribar al candidato de la izquierda colombiana, Iván Cepeda, impidiendo por cualquier medio su llegada al palacio de Nariño. El día que el continente tembló La filtración que sacudió al continente ocurrió el 29 de abril. Diario Red publicó la primera entrega del Hondurasgate: una serie de 37 audios donde el narcotraficante y expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, confiesa con la frialdad de un conspirador consumado una operación transnacional. Hernández presume, sin rubor, haber recibido el indulto de Donald Trump gracias a la intermediación de \»una junta de rabinos\» y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Lo que estos documentos revelan no es una teoría ni una elucubración paranoica. Es un método. Y ese método ya está operando en Colombia. El negocio del caos No se trata de ideología. Se trata de poder. Y el poder, hoy, se siembra con clics. Investigaciones recientes han identificado a los llamados \»mercenarios digitales\»: consultores y asesores que fabrican mayorías artificiales en redes sociales, crean centenares de medios digitales fantasma que actúan al unísono para alabar al cliente y destruir al enemigo. \»El miedo y el odio están ahí entre los ciudadanos, como gasolina regada en una calle; los estrategas de la comunicación solo encienden la mecha\», concluye un trabajo del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística. En Argentina, el caso es paradigmático. Santiago Caputo, el principal asesor de Javier Milei, ha sido señalado por utilizar la Agencia Federal de Inteligencia para financiar a una banda de trolls libertarios, pagando hasta un millón de pesos por cada tuit favorable de periodistas e influencers. Incluso se ha especulado con el uso de criptomonedas para estos pagos \»para no dejar rastros\». El propio escándalo de la criptomoneda $LIBRA, que colapsó minutos después de que Milei la promocionara, muestra un patrón: el conocimiento anticipado, la automatización, el vaciamiento de liquidez y los inversores ingenuos arruinados. Esa misma lógica se exporta ahora a Colombia. Los mismos asesores. Las mismas técnicas. El mismo desprecio por la soberanía popular. La verdad como trinchera Frente a esta maquinaria de guerra psicológica, los periodistas tenemos una sola arma: la verdad. Y debemos usarla sin descanso. Por eso desde Umbral nos sumamos al llamado de alerta. No permitamos que nos roben el futuro con cuentas falsas y algoritmos del miedo. Los resultados de las votaciones de ayer 31 de mayo, no son concluyentes, pero indican que en parte ha funcionado la campaña. Para la segunda vuelta el 21 de junio, Colombia no solo votará por un presidente. Defenderá su democracia contra un enemigo invisible que gasta millones para que usted tenga miedo. No se lo concedan. Desconfíen. Verifiquen. Y voten con la conciencia limpia, no con el algoritmo manchado.  

Iván Cepeda desconoce los resultados electorales y exige revisar el censo

Por Arturo N. Guzmán  El candidato del Pacto Histórico anunció que congelará su reconocimiento a los datos oficiales de la primera vuelta hasta que la Registraduría resuelva las inconsistencias reportadas en el censo electoral y atienda las impugnaciones formuladas sobre múltiples mesas de votación. La jornada electoral de la primera vuelta presidencial en Colombia ha entrado así en un escenario de incertidumbre política, mientras las autoridades electorales defienden la transparencia del proceso. El senador y candidato de la coalición izquierdista Pacto Histórico, Iván Cepeda, aseguró que no reconocerá los resultados de los comicios emitidos por la Registraduría Nacional hasta que se resuelvan de forma oficial las dudas y denuncias presentadas por su equipo de campaña sobre el proceso electoral. A través de un pronunciamiento público emitido la tarde de este domingo, el líder político de izquierda condicionó la aceptación de los datos finales a una revisión exhaustiva de dos frentes críticos: las inconsistencias detectadas en el censo electoral y el trámite formal de las impugnaciones interpuestas en múltiples mesas de votación a lo largo del territorio colombiano. Denuncias sobre el censo y las mesas de votación La postura de Cepeda introduce una dosis de polarización al preconteo de los votos que disputa frente al abogado y candidato derechista Abelardo de la Espriella. Según los delegados del Pacto Histórico, las alertas se encendieron durante el transcurso de la jornada tras documentar presuntos desfases entre el número de ciudadanos habilitados y los tarjetines depositados en zonas clave del país. El equipo de Cepeda argumenta que existen causales suficientes para exigir el recuento voto a voto en sectores específicos: presuntas irregularidades en los listados de votantes de municipios con alta volatilidad electoral; reportes de anomalías en el diligenciamiento de los formularios E-14, las actas de escrutinio de los jurados de mesa; y quejas recurrentes sobre la auditoría del software de consolidación de datos de la autoridad electoral. “No se trata de desconocer las instituciones, sino de exigirles transparencia absoluta. No podemos validar un resultado general mientras existan dudas legítimas sobre la voluntad popular expresada en las urnas”, manifestó el entorno cercano del candidato presidencial. La respuesta institucional Por su parte, la Registraduría Nacional del Estado Civil y el Consejo Nacional Electoral (CNE) han defendido el blindaje del sistema informático y la transparencia de los escrutinios intermedios, recordando que todas las campañas contaron con testigos electorales en los puestos de votación. La negativa inicial de Iván Cepeda a convalidar los números oficiales instala a Colombia en un terreno de alta tensión social y jurídica, a la espera de que los órganos competentes se pronuncien sobre las impugnaciones y el llamado a revisión del censo. —

Presidente Petro rechaza resultados de preconteo privado y defiende escrutinio judicial

En un mensaje dirigido a la opinión pública, el mandatario colombiano denunció modificaciones en los algoritmos del software de conteo de los hermanos Bautista, así como la inclusión de 800.000 cédulas de personas que no figuran en el censo oficial. Advirtió que los resultados vinculantes solo serán los emitidos por las comisiones escrutadoras lideradas por jueces de la República y llamó a desmontar la propaganda de la ultraderecha que busca sacar de contexto sus declaraciones. Por Virtudes Álvarez Sampedro  Redacción Internacional En medio de una creciente tormenta política y apenas dos horas después de que los resultados provisionales de la primera vuelta presidencial dieran la victoria al candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, el presidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, rompió el silencio institucional sobre la fiabilidad del preconteo y defender la legitimidad del escrutinio judicial. “Como presidente, no acepto los resultados del preconteo de la firma privada de los hermanos Bautista porque, debiendo permanecer inalterados los algoritmos del software de conteo y escrutinio, estos fueron modificados en tres oportunidades durante la última semana”, afirmó el mandatario en un mensaje difundido a través de su cuenta en X, antes Twitter. El presidente añadió una denuncia que, de confirmarse, tendría graves implicaciones para la transparencia del proceso: “Se agregaron 800.000 cédulas de personas que no figuran en el censo oficial presentado”. Según Petro, en este momento existen dos censos: el oficial y el del software de los hermanos Bautista, que incluye 800.000 personas adicionales sin respaldo en el registro civil electoral. “Las mesas ya impugnadas demuestran que centenares de miles de votos fueron agregados sin existencia de sufragantes”, sostuvo el jefe de Estado, quien enfatizó que, conforme a la ley, los resultados vinculantes que atenderá y aceptará serán exclusivamente los emitidos por las comisiones escrutadoras dirigidas por los jueces de la República. El mensaje presidencial buscó también desmontar lo que calificó como una campaña de propaganda impulsada por sectores de la ultraderecha, que a su juicio pretenden sacar de contexto sus declaraciones para generar confusión sobre la legitimidad del proceso. Petro fue enfático en señalar que su posición no desconoce la voluntad popular, sino que defiende la integridad del sufragio frente a lo que considera irregularidades técnicas en el procesamiento privado de los datos. “Los resultados vinculantes no salen de empresas privadas, salen de la justicia electoral”, subrayó. La controversia estalla en una coyuntura de alta polarización. El preconteo, que sorprendió a analistas y encuestadores, había dado a De la Espriella un 43,7% de los votos frente al 40,9% de Iván Cepeda, el candidato oficialista. Pero Petro, lejos de aceptar esos números como un reflejo de la voluntad de las urnas, ha puesto el foco en el sistema de contabilización que rige en el país, criticando una vez más la fiabilidad de la empresa privada que sirve como contratista de la Registraduría Nacional para la logística electoral. Hasta el cierre de esta edición, los hermanos Bautista no se habían pronunciado oficialmente sobre las acusaciones del mandatario, mientras que diversos sectores políticos han pedido una revisión técnica independiente de los algoritmos y las bases de datos utilizadas en el preconteo. El llamado de Petro, de corte institucional pero atravesado por la urgencia política, apela a la legalidad y al papel de los jueces como garantes últimos de la transparencia del voto. La controversia, que amenaza con profundizar la crisis de credibilidad electoral, mantiene en vilo al país mientras las comisiones escrutadoras judiciales avanzan en su labor. “Los resultados vinculantes no salen de empresas privadas, salen de la justicia electoral”, repitió el presidente como un mantra, en un intento por delimitar el campo de lo que considera válido y vinculante en el proceso democrático colombiano. El país, acostumbrado a las tensiones entre el poder político y las instituciones electorales, asiste ahora a un nuevo episodio que definirá, más allá de los números, la confianza futura en su propio sistema de sufragio.  

¡Golpe de timón en Colombia! De la Espriella y Cepeda se juegan el futuro en segunda vuelta

El candidato de derecha sorprende en las urnas y encabeza el escrutinio, mientras el heredero político de Petro logra su pase al duelo final. El próximo 21 de junio, los colombianos definirán si apuestan por la continuidad del cambio o por una refundación desde la mano dura. Por:Redacción Internacional El tablero político colombiano ha temblado. Nadie lo cantaba en los pronósticos, pero la noche electoral deparó un desenlace tan ajustado como electrizante: Abelardo de la Espriella, abogado de derecha y empresario mediático, se alza como el candidato más votado en la primera vuelta de los comicios presidenciales, seguido de cerca por Iván Cepeda, el senador de izquierda que promete mantener vivo el legado de Gustavo Petro. La presidencia se definirá el próximo 21 de junio en un balotaje que enfrentará dos modelos de país irreconciliables. Con más del 90% de las mesas escrutadas por la Registraduría Nacional, De la Espriella obtiene un 43% de los sufragios, mientras Cepeda alcanza un 41%. La victoria en primera vuelta, que exigía superar el 50% de los votos válidos, quedó a un suspiro de distancia. En tercer lugar, muy rezagada, aparece la conservadora Paloma Valencia con apenas un 6%, lejos de cumplir el sueño de convertirse en la primera mujer en gobernar el país. La jornada transcurrió sin sobresaltos mayores, aunque bajo una atmósfera de polarización extrema. Por un lado, quienes respaldan la continuidad de las políticas sociales de Petro para combatir la pobreza y la desigualdad. Por el otro, los que exigen mano firme contra el deterioro de la seguridad, el respeto irrestricto a la empresa privada y un corte radical con un gobierno que, denuncian, ha sido incapaz de frenar a los grupos armados ilegales que florecen entre el narcotráfico y la minería ilícita. La izquierda llegó unida a la contienda; la derecha, dividida; el centro, desdibujado. Y el resultado ha sido una campaña que se encamina a un duelo entre dos visiones antagónicas: la de la continuidad reformista y la de la refundación conservadora. ¿Quiénes son los dos finalistas? Abelardo de la Espriella (47 años), líder del movimiento Defensores de la Patria, se presenta como un outsider: abogado de alto perfil, empresario exitoso, autofinanciado y ajeno a las élites políticas y económicas, aunque en las últimas semanas recibió apoyos públicos de figuras de esos mismos sectores que dice repudiar. Su bufete ha defendido desde paramilitares hasta celebridades, pasando por casos de corrupción y violencia de género. Entre sus clientes más polémicos figuró Álex Saab, el supuesto testaferro de Nicolás Maduro recientemente extraditado a Estados Unidos. Su discurso gira en torno a la seguridad, la lucha contra la corrupción, la libre empresa, Dios y la familia. Es un declarado admirador de Nayib Bukele, Donald Trump y Javier Milei. Propone una ofensiva total contra los grupos armados, fortalecer las Fuerzas Armadas, alcanzar un crecimiento económico del 5% anual y financiar programas de reducción de pobreza sin ceder al estatismo. Asegura que Cepeda representa “una amenaza para la democracia y la economía”, sobre todo por su intención de extender la prohibición de nuevos proyectos petroleros. Iván Cepeda (63 años), hijo del líder comunista Manuel Cepeda Vargas —asesinado en 1994 por paramilitares en colusión con agentes del Estado—, ha dedicado su vida a la memoria de las víctimas del conflicto, la negociación con grupos armados y la investigación del paramilitarismo. Vivió en el exilio, estudió filosofía en Bulgaria en los años ochenta y absorbió allí un socialismo reformista, alejado de la ortodoxia soviética. Congresista desde 2010, fue facilitador de los diálogos de paz con las Farc en 2016 y es parte activa de la política de “paz total” de Petro, pese a las críticas por sus magros resultados. Propone continuar las reformas sociales del actual presidente, ampliar el rol del Estado en la economía, combatir la corrupción, disminuir la desigualdad y profundizar en la educación universitaria gratuita y la cobertura de salud. Sin embargo, su agenda genera inquietud entre los economistas por la delicada situación fiscal del país y rechazo entre quienes se niegan a negociar con grupos armados. El 21 de junio, Colombia elegirá entre dos destinos: el del cambio con continuidad o el de la ruptura con mano firme. El país, acostumbrado a las paradojas, se apresta a vivir una segunda vuelta que promete ser inolvidable.

La encrucijada colombiana: Cepeda, De la Espriella y Valencia miden en las urnas el legado de Petro

Más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para votar este domingo en unos comicios que definirán si el país profundiza el giro a la izquierda o retorna al conservadurismo, en medio de una nación profundamente dividida y con la sombra de una posible segunda vuelta el 21 de junio Por Theo N. Guzmán Enviado especial a Bogotá Bogotá amaneció este sábado con el cielo gris de los días previos a la tormenta. No la tormenta de aguaceros que moja los cerros orientales, sino la otra, la que se cocina en las urnas, la que los colombianos llevan meses mascullando en las tiendas de barrio, en los buses del Transmilenio y en las sobremesas familiares donde el voto se ha convertido en un secreto a voces. Mañana, 41.4 millones de ciudadanos están convocados a definir algo más que un presidente: definirán si el experimento más audaz de la historia reciente de Colombia —el primer gobierno de izquierda del país— fue un espejismo o un camino. Gustavo Petro no puede optar por la reelección. La Constitución de 1991, aquella que él mismo ayudó a construir desde la Asamblea Nacional Constituyente, se lo impide. Pero su nombre, su gestión y su fantasma recorren cada rincón de esta campaña como un cometa incandescente. Porque el domingo, en realidad, se vota sobre él. Los tres mosqueteros del desencanto La baraja era de once. Once aspirantes que, como naipes mal barajados, fueron cayendo uno tras otro en el favor de las encuestas. Quedan tres. Y son tres que representan no solo tres proyectos de país, sino tres formas de entender la herida colombiana. Por un lado, Iván Cepeda, el oficialista. Senador de larga trayectoria, defensor de derechos humanos, hijo del líder sindical asesinado Manuel Cepeda Vargas. Él es la continuidad. El heredero ungido por Petro para que el Pacto Histórico no se desmorone como un castillo de naipes una vez que el fundador abandone la Casa de Nariño. Cepeda ha prometido profundizar las reformas: la agraria, la de salud, la laboral. Sabe que camina sobre una cuerda floja tendida sobre un abismo de rechazo, pero también sobre una base de cerca del 40% de aprobación que el presidente aún conserva. En los sondeos, Cepeda lidera. No por goleada, pero lidera. En la otra orilla, Abelardo de la Espriella. Abogado, polémico, de discurso filoso como un cuchillo de cocina. Su movimiento, Defensores de la Patria, ha sabido capitalizar el hartazgo de quienes ven en Petro un peligro para la estabilidad económica y el orden público. De la Espriella no es un conservador de salón: es un guerrero de la trinchera comunicacional, capaz de encender multitudes con frases cortas y golpes de efecto. Las encuestas lo colocan segundo, respirando en el cuello de Cepeda. Y luego está Paloma Valencia. Ella es el viejo orden con rostro renovado. Senadora del Centro Democrático, el partido del expresidente y uribista de hierro Álvaro Uribe Vélez. Valencia representa la derecha institucional, la que cree en la mano dura contra las disidencias de las FARC y el ELN, la que mira con recelo cualquier acuerdo que implique \»impunidad\» para los alzados en armas. Su discurso es menos estridente que el de De la Espriella, pero su electorado es fiel, disciplinado y profundo. Tercera en las encuestas, pero con opciones reales de remontar si la primera vuelta deja heridos y se abre una segunda ronda. ¿Y los moderados? Quedaron en el camino. Los que proponían un socialdemocracia tibia, un centro que no asustara ni a unos ni a otros, no lograron encender la chispa. Colombia, parece, ha decidido que este no es tiempo de términos medios. La Colombia dividida: números que duelen El analista político Sergio Guzmán lo resume con una precisión quirúrgica: \»Colombia es un país que permanece profundamente dividido en temas sociales, económicos y políticos\». Y añade: \»Petro es una figura polarizante, pero no es impopular: cuenta con cerca del 40% de aprobación, según encuestas, y también tiene un muy alto rechazo entre algunos sectores\». Esa polarización no es abstracta. Se traduce en cifras que duelen en el bolsillo y en el alma. El gobierno de Petro logró reducir la pobreza monetaria —medida a partir de un mínimo de ingresos mensuales de 127 dólares— del 36.6% en 2022 al 31.8% en 2024. Ese es un logro que el oficialismo exhibe como una medalla en el pecho. Pero la oposición responde que la pobreza se midió con una vara distorsionada, que la inflación golpeó a la clase media, que el desempleo juvenil sigue siendo una hemorragia silenciosa. Y tienen razón, en parte. Porque en Colombia, como en pocos países, las estadísticas son campos de batalla. Más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar. Pero la abstención histórica ronda el 45% en primera vuelta. Eso significa que casi la mitad del país prefiere quedarse en casa, mirar el techo o salir a pasear antes que enfrentar la urna. Ese es quizás el dato más revelador de todos: no es que Colombia esté dividida entre tres candidatos; es que Colombia, en su mayoría, está harta de la política. ¿Segunda vuelta? El fantasma del 21 de junio Las reglas son claras, aunque el tablero esté en llamas. Para ganar en primera vuelta se necesita la mayoría absoluta: la mitad más uno de los votos válidos. Los sondeos sugieren que ninguno de los tres punteros alcanzará ese umbral. Cepeda ronda el 28%, De la Espriella el 24%, Valencia el 19%. Los porcentajes varían según la encuestadora, pero todas coinciden en un punto: habrá segunda vuelta. Esa segunda cita con las urnas sería el 21 de junio. Menos de un mes después de esta primera batalla. Un mes en el que los dos sobrevivientes —probablemente Cepeda contra el más votado de la derecha— se enfrascarán en una campaña relámpago, sin tregua, donde cada declaración puede valer miles de votos. Y entonces, Colombia volverá a mirarse al espejo. Porque una segunda vuelta entre Cepeda y, digamos, De la Espriella, sería un plebiscito sobre Petro en

La encrucijada de la derecha colombiana

El escenario electoral colombiano entra en su fase decisiva con una tendencia que, lejos de disiparse, se consolida: el avance sostenido de Iván Cepeda en las encuestas. Esa constante en los estudios de opinión permite advertir que no se trata de un fenómeno aislado ni de un repunte coyuntural, sino de una configuración político-electoral que empieza a perfilar un desenlace incómodo para la derecha tradicional, que observa cómo se reduce su margen de maniobra. Con la primera vuelta fijada para el 31 de mayo, y una eventual segunda para el 21 de junio, la contienda entra en su tramo decisivo. Pero la dinámica actual sugiere que la disputa podría resolverse en primera vuelta si, como proyectan las encuestas, los electores deciden cerrar el paso a la incertidumbre y convertir en mandato una tendencia que parece escaparse de las manos de la oposición. Las mediciones de intención de voto, incluidas aquellas realizadas por firmas tradicionalmente críticas del oficialismo, coinciden en un punto central: Cepeda lidera con amplio margen todas las encuestas y, en varios escenarios proyectados, se acerca al umbral de una victoria en primera vuelta. Esa perspectiva altera de forma significativa la correlación de fuerzas en el país, porque ya no se trata solo de una candidatura en ascenso, sino de un proyecto que busca convertir respaldo electoral en continuidad política bajo la idea de una \»segunda etapa del cambio\», articulada en el programa \»El poder de la verdad\». Una tendencia electoral que reconfigura el tablero Iván Cepeda Castro es el candidato presidencial del Pacto Histórico, coalición que agrupa diversas organizaciones de izquierda y que busca dar continuidad al proyecto político del presidente Gustavo Petro. Senador de la República, filósofo y reconocido defensor de los derechos humanos y de las víctimas del conflicto armado, ha construido una trayectoria política marcada por su confrontación directa con sectores del establecimiento y por su papel en debates decisivos sobre verdad, justicia y memoria. Su candidatura no surge de manera improvisada. Fue escogido como candidato del Pacto Histórico para representar una conjunción de fuerzas sociales, populares y democráticas que se reconocen en el ciclo político abierto por el primer gobierno del cambio. Su propuesta se centra en la profundización de la justicia social, la consolidación de la paz, la defensa de los derechos humanos y la construcción de un acuerdo nacional que permita ampliar su base política más allá del núcleo tradicional del petrismo. Este posicionamiento se refleja en una campaña austera, apoyada en actos públicos masivos, movilización popular y contacto directo con los territorios. A pesar de los ataques personales, señalamientos y operaciones de desgaste provenientes de la oposición, Cepeda ha logrado mantener coherencia discursiva y consolidar una imagen de liderazgo sobrio, firme y conectado con sectores que identifican en su candidatura una continuidad crítica, no una repetición mecánica, del gobierno del cambio iniciado y liderado por el presidente Gustavo Petro. La estabilidad de su ventaja en las encuestas no es un dato menor. En contextos de alta polarización, las preferencias suelen fluctuar; sin embargo, en este caso se observa una tendencia consistente. Esto sugiere no solo un apoyo consolidado, sino también una expansión hacia sectores que buscan continuidad con ajustes, profundización de reformas y una salida política que no regrese al país al viejo ciclo de exclusión, guerra interna y captura institucional por los poderes tradicionales. El programa del cambio y la reacción de la derecha El programa \»El poder de la verdad\» se presenta como una hoja de ruta para el período 2026-2030 y como una invitación a asumir el cambio no como obra de un gobierno aislado, sino como construcción histórica del pueblo colombiano. Su núcleo político es claro: el cambio no ha terminado; apenas ha comenzado. Bajo esa premisa, la candidatura propone avanzar hacia una segunda etapa capaz de enfrentar las causas estructurales de la desigualdad, la corrupción, la violencia y la exclusión. En esa visión se articulan varios ejes: profundización de las reformas sociales en salud, pensiones y trabajo; continuidad de la política de paz total; defensa de los derechos humanos; reforma agraria y desarrollo rural; justicia ambiental y transición energética; igualdad de género; educación inicial; vivienda integral; participación democrática; y un acuerdo nacional que no excluye la posibilidad de una asamblea constituyente. Es decir, no se trata solamente de administrar el Estado, sino de disputar el sentido mismo del poder democrático. Ahí radica una parte sustancial del temor de la derecha. Cepeda no aparece únicamente como un candidato competitivo, sino como el portador de un programa que pretende consolidar reformas sociales, reorganizar prioridades públicas y profundizar la presencia del Estado en territorios históricamente abandonados. Frente a ese horizonte, la oposición no discute únicamente una candidatura: combate la posibilidad de que el petrismo pase de experiencia gubernamental inicial a proyecto histórico con continuidad. Ante este panorama, la derecha colombiana enfrenta una encrucijada estratégica. La posibilidad de una derrota en primera vuelta obliga a acelerar decisiones, redefinir alianzas y, sobre todo, intensificar su presencia en el debate público. La respuesta ha sido una ofensiva política y comunicacional que se despliega en múltiples frentes, desde la amplificación de discursos de miedo hasta el intento de presentar toda transformación social como amenaza al progreso económico, la propiedad o la estabilidad institucional. Radicalización, disputa narrativa y desenlace electoral El tono de esta reacción ha tendido hacia la radicalización. Discursos más duros, apelaciones constantes a la incertidumbre y una creciente confrontación directa con el petrismo forman parte de una estrategia orientada a movilizar a su base electoral y frenar la expansión de Cepeda hacia sectores moderados. Sin embargo, este giro también implica riesgos: en lugar de ampliar apoyos, podría consolidar la polarización y reforzar el voto adverso entre quienes ven en esa ofensiva una repetición de viejas prácticas de exclusión política. En paralelo, el terreno digital se ha convertido en un espacio central de disputa. La circulación masiva de contenidos, la segmentación de audiencias y la intensificación de campañas buscan influir en la percepción del electorado en un momento crítico. No obstante,