El candidato de derecha sorprende en las urnas y encabeza el escrutinio, mientras el heredero político de Petro logra su pase al duelo final. El próximo 21 de junio, los colombianos definirán si apuestan por la continuidad del cambio o por una refundación desde la mano dura.
Por:Redacción Internacional
El tablero político colombiano ha temblado. Nadie lo cantaba en los pronósticos, pero la noche electoral deparó un desenlace tan ajustado como electrizante: Abelardo de la Espriella, abogado de derecha y empresario mediático, se alza como el candidato más votado en la primera vuelta de los comicios presidenciales, seguido de cerca por Iván Cepeda, el senador de izquierda que promete mantener vivo el legado de Gustavo Petro. La presidencia se definirá el próximo 21 de junio en un balotaje que enfrentará dos modelos de país irreconciliables.
Con más del 90% de las mesas escrutadas por la Registraduría Nacional, De la Espriella obtiene un 43% de los sufragios, mientras Cepeda alcanza un 41%. La victoria en primera vuelta, que exigía superar el 50% de los votos válidos, quedó a un suspiro de distancia. En tercer lugar, muy rezagada, aparece la conservadora Paloma Valencia con apenas un 6%, lejos de cumplir el sueño de convertirse en la primera mujer en gobernar el país.
La jornada transcurrió sin sobresaltos mayores, aunque bajo una atmósfera de polarización extrema. Por un lado, quienes respaldan la continuidad de las políticas sociales de Petro para combatir la pobreza y la desigualdad. Por el otro, los que exigen mano firme contra el deterioro de la seguridad, el respeto irrestricto a la empresa privada y un corte radical con un gobierno que, denuncian, ha sido incapaz de frenar a los grupos armados ilegales que florecen entre el narcotráfico y la minería ilícita.
La izquierda llegó unida a la contienda; la derecha, dividida; el centro, desdibujado. Y el resultado ha sido una campaña que se encamina a un duelo entre dos visiones antagónicas: la de la continuidad reformista y la de la refundación conservadora.
¿Quiénes son los dos finalistas?

Abelardo de la Espriella (47 años), líder del movimiento Defensores de la Patria, se presenta como un outsider: abogado de alto perfil, empresario exitoso, autofinanciado y ajeno a las élites políticas y económicas, aunque en las últimas semanas recibió apoyos públicos de figuras de esos mismos sectores que dice repudiar. Su bufete ha defendido desde paramilitares hasta celebridades, pasando por casos de corrupción y violencia de género. Entre sus clientes más polémicos figuró Álex Saab, el supuesto testaferro de Nicolás Maduro recientemente extraditado a Estados Unidos.
Su discurso gira en torno a la seguridad, la lucha contra la corrupción, la libre empresa, Dios y la familia. Es un declarado admirador de Nayib Bukele, Donald Trump y Javier Milei. Propone una ofensiva total contra los grupos armados, fortalecer las Fuerzas Armadas, alcanzar un crecimiento económico del 5% anual y financiar programas de reducción de pobreza sin ceder al estatismo. Asegura que Cepeda representa “una amenaza para la democracia y la economía”, sobre todo por su intención de extender la prohibición de nuevos proyectos petroleros.

Iván Cepeda (63 años), hijo del líder comunista Manuel Cepeda Vargas —asesinado en 1994 por paramilitares en colusión con agentes del Estado—, ha dedicado su vida a la memoria de las víctimas del conflicto, la negociación con grupos armados y la investigación del paramilitarismo. Vivió en el exilio, estudió filosofía en Bulgaria en los años ochenta y absorbió allí un socialismo reformista, alejado de la ortodoxia soviética.
Congresista desde 2010, fue facilitador de los diálogos de paz con las Farc en 2016 y es parte activa de la política de “paz total” de Petro, pese a las críticas por sus magros resultados. Propone continuar las reformas sociales del actual presidente, ampliar el rol del Estado en la economía, combatir la corrupción, disminuir la desigualdad y profundizar en la educación universitaria gratuita y la cobertura de salud. Sin embargo, su agenda genera inquietud entre los economistas por la delicada situación fiscal del país y rechazo entre quienes se niegan a negociar con grupos armados.
El 21 de junio, Colombia elegirá entre dos destinos: el del cambio con continuidad o el de la ruptura con mano firme. El país, acostumbrado a las paradojas, se apresta a vivir una segunda vuelta que promete ser inolvidable.