UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

El legado del 14 de junio: una lección que el gobierno de Abinader ha olvidado

La madrugada del 14 de junio de 1959 no fue una fecha más en el calendario patrio. Fue el instante en que 198 hombres —dominicanos, cubanos, puertorriqueños, guatemaltecos, nicaragüenses, norteamericanos y españoles— desafiaron con el pecho descubierto la maquinaria de terror de la dictadura trujillista. Bajo el mando del comandante Enríquez Jiménez Moya, aquellos combatientes del Ejército de Liberación Dominicana plantaron la bandera de la liberación en las montañas de Constanza, Maimón y Estero Hondo. Fue una gesta que, aunque derrotada en sangre por el régimen, encendió la llama de la insurrección popular y demostró que la unidad del exilio anti-trujillista, nutrida por el espíritu internacionalista de la Revolución Cubana, era posible. El significado histórico de aquella expedición no se agota en el heroísmo de sus protagonistas. Aquellos 198 luchadores no solo combatían contra un tirano. Luchaban por una patria soberana, independiente y solidaria con los demás pueblos de América y el mundo. Luchaban por una República Dominicana que no se arrodillara ante potencias extranjeras, que no permitiera que sus territorios fueran usados como base de operaciones contra naciones hermanas. Esa fue su bandera. Ese fue su legado. Hoy, a 67 años de aquella gesta, el país que ellos soñaron parece más lejano que nunca. El gobierno que preside Luis Abinader ha optado por un camino diametralmente opuesto al de aquellos mártires. Mientras los combatientes del 14 de junio daban su sangre por una nación libre y soberana, el gobierno actual ha convertido la soberanía en una mercancía de cambio. No se puede entender la posición de la administración Abinader frente al criminal bloqueo que Estados Unidos mantiene contra Cuba sin sentir una profunda vergüenza histórica. Y no se puede aceptar que el territorio dominicano sea utilizado como plataforma para que el gobierno estadounidense golpee al gobierno y al pueblo venezolano. El 14 de junio es un testigo incómodo. Su memoria nos interpela. Aquellos 198 hombres no murieron para que hoy tengamos un gobierno que entrega la dignidad nacional a cambio de migajas diplomáticas o favores económicos. Ellos lucharon por una patria que no se doblega, que no se presta al juego de las potencias imperiales, que no traiciona a sus hermanos latinoamericanos. Y el gobierno de Luis Abinader, con su política entreguista, los deshonra y los traiciona. Por eso, tener presente el 14 de junio no es solo un acto de memoria. Es un acto de exigencia. Hoy, más que nunca, la lección de aquellos 198 combatientes debe guiar la conducta de un pueblo que se niega a ser cómplice del bloqueo contra Cuba y de la agresión contra Venezuela. La dignidad que ellos ofrecieron en el altar de la patria no puede ser mancillada por gobernantes que han olvidado que la verdadera soberanía no se negocia, se defiende. Que el ejemplo de Constanza, Maimón y Estero Hondo sea la brújula que marque el rumbo de la República Dominicana. Que su memoria nos recuerde que un país que traiciona sus ideales de independencia y solidaridad está condenado a ser, para siempre, un país sin honor.  

Motor Agroalimentario garantiza pleno abastecimiento y consumo interno crece 31,1 % en primer trimestre

La presidenta (E) Delcy Rodríguez informó que la disponibilidad de productos en los anaqueles es total, tras evaluar la cadena alimentaria para evitar la especulación y respetar los precios; además proyecta que Venezuela tendrá el crecimiento económico más alto de la región este año. Por Servicios umbral.local/ CARACAS. – La presidenta (E) de la República, Delcy Rodríguez, informó este martes que el Motor Agroalimentario venezolano logró el pleno abastecimiento del mercado interno durante el primer trimestre del año, acompañado de un crecimiento del consumo doméstico del 31,1 %, lo que se tradujo en una amplia disponibilidad de productos en los anaqueles de todo el país. En una declaración ofrecida desde el Palacio de Miraflores, la alta funcionaria detalló que los resultados son producto de una estrategia integral que articula la producción nacional, la distribución eficiente y el control de precios. “Hemos evaluado minuciosamente toda la cadena alimentaria para garantizar el abastecimiento sostenido y, sobre todo, el respeto irrestricto de los precios acordados, combatiendo cualquier intento de especulación”, afirmó Rodríguez. La funcionaria explicó que el incremento del 31,1 % en el consumo interno refleja no solo una mayor presencia de rubros en los hogares venezolanos, sino también una recuperación sostenida del poder adquisitivo y la confianza de la ciudadanía en el sistema de distribución nacional. “Eso significa que las familias están encontrando los alimentos que necesitan, en cantidades suficientes y a precios justos”, subrayó. Evaluación de la cadena y combate a la especulación Rodríguez adelantó que se realizó una supervisión pormenorizada de cada eslabón de la cadena agroalimentaria, desde la producción primaria hasta la comercialización final. Indicó que esta evaluación incluyó a productores, distribuidores, mayoristas y minoristas, con el objetivo de detectar oportunamente cuellos de botella o prácticas desleales que pudieran afectar la estabilidad de los precios. “Nuestro compromiso es con el pueblo. No permitiremos que la especulación o el acaparamiento vulneren el esfuerzo que hemos hecho para estabilizar el suministro. Por eso mantenemos una vigilancia constante y aplicaremos las sanciones correspondientes contra quienes atenten contra el derecho a la alimentación”, sentenció la presidenta encargada. La funcionaria destacó que, como resultado de estas políticas, durante los primeros tres meses del año los anaqueles de mercados, supermercados y redes de distribución popular se mantuvieron abastecidos de manera ininterrumpida, con una oferta diversificada de proteínas, granos, verduras, frutas y lácteos. Proyección de crecimiento económico para 2026 En otro orden, Delcy Rodríguez anunció que Venezuela proyecta el crecimiento económico más alto de toda la región para el presente año, respaldado por el desempeño del sector agroalimentario, la recuperación petrolera y la dinamización de la economía interna. Si bien no ofreció una cifra específica del porcentaje esperado, la funcionaria aseguró que los indicadores preliminares ubican al país por encima de cualquier otra nación latinoamericana y caribeña. “Venezuela será la economía que más crecerá en la región este año. Eso es un hecho sustentado en la producción real, el consumo interno y la estabilización macroeconómica que hemos alcanzado”, afirmó. La mandataria encargada atribuyó este desempeño a las políticas de estímulo a la producción nacional, la protección al consumidor y el blindaje cambiario que ha impulsado el Ejecutivo. Asimismo, recalcó que el crecimiento no será efímero, sino que forma parte de una tendencia sostenida de recuperación tras los años de sanciones y bloqueo económico. Perspectivas para el segundo trimestre De cara a los próximos meses, Rodríguez instruyó al Ministerio de Alimentación y a la Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria (Sunagro) a redoblar los esfuerzos de monitoreo y a mantener las mesas de diálogo con los sectores productivos para afianzar los logros alcanzados. “Tenemos que consolidar esta victoria. El pueblo venezolano merece vivir sin sobresaltos en el abastecimiento, y nosotros no escatimaremos recursos ni voluntad política para garantizarlo”, concluyó la presidenta encargada. La nota positiva del Motor Agroalimentario se suma a otros indicadores que el gobierno nacional ha presentado en las últimas semanas, en los que se destaca la recuperación gradual de la economía venezolana, tras años de recesión inducida por la crisis internacional y las medidas coercitivas unilaterales.

Un giro en la tormenta: Estados Unidos retira a Delcy Rodríguez de su lista de sancionados

La decisión del Departamento del Tesoro, canalizada a través de la OFAC, pone fin a restricciones que pesaban sobre la dirigente venezolana desde 2018. Aunque persisten las medidas contra otras figuras e instituciones, el gesto se interpreta como un paso hacia la normalización diplomática. En paralelo, una delegación venezolana viajó a Washington para retomar el control de su embajada, mientras el gobierno estadounidense reconoce a Rodríguez como interlocutora válida, facilitando encuentros bilaterales y la recuperación de sedes diplomáticas. Por Julio Guzmán Acosta En un movimiento que reconfigura silenciosamente el tablero diplomático entre Caracas y Washington, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la remoción de Delcy Rodríguez —vicepresidenta sectorial de Economía y figura central del chavismo— de su lista de sancionados. La medida, ejecutada a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), desmantela un cerco que se extendía desde 2018, cuando el primer mandato de Donald Trump la incluyó entre sus objetivos de presión máxima. Sin embargo, el alivio es parcial. Las sanciones contra otros altos funcionarios y entidades venezolanas continúan vigentes, revelando que el camino hacia una desescalada plena sigue atado a condiciones políticas y económicas aún en negociación. Una diplomacia que se restaura La decisión no ha surgido en el vacío. En las últimas semanas, una delegación venezolana encabezada por Félix Plasencia viajó a la capital estadounidense para avanzar en la restitución del control de la embajada venezolana, que desde 2023 permanecía bajo resguardo del Departamento de Estado. Washington, por su parte, ha reconocido explícitamente a Rodríguez como contraparte válida, impulsando contactos diplomáticos directos que ya han permitido reuniones entre funcionarios de ambos países y la recuperación progresiva de sedes diplomáticas. La voz de Rodríguez: “Sigamos avanzando” La reacción de la dirigente no se hizo esperar. Con una prosa que alterna la mesura institucional con el énfasis político, Rodríguez calificó el gesto estadounidense como un avance hacia una relación más fluida. “Un paso en la dirección de la normalización y fortalecimiento de las relaciones”, escribió en su cuenta de la red social X, refiriéndose a los siete años de tensiones que mantuvieron a ambos países sin vínculos formales. “Confiamos en que este avance permita el levantamiento de las sanciones vigentes sobre nuestro país, que permita edificar y garantizar una agenda de cooperación binacional efectiva en beneficio de nuestros pueblos”, agregó. Y remató con un llamado que resuena como consigna: “¡Sigamos avanzando en la construcción de una Venezuela próspera para todos!”. El contexto de un cambio gradual El retiro de sanciones a Rodríguez se inscribe en una transformación más amplia. En semanas recientes, Estados Unidos retomó oficialmente las conversaciones con actores venezolanos, y sectores de la oposición —incluyendo aquellos que respaldan al gobierno que asumió tras la detención de Nicolás Maduro en enero— han interpretado la medida como una señal política de cambio en el vínculo bilateral. Para ellos, se trata de un paso genuino hacia la normalización, aunque advierten que la arquitectura de sanciones sigue en pie. Lo cierto es que el gesto hacia Rodríguez, otrora símbolo de la lista negra del Tesoro, hoy se lee como un indicio: el reconocimiento de que la diplomacia, incluso después de la tormenta, busca sus resquicios para renacer.

Maduro y Flores hablan desde el silencio: gratitud, reconciliación y un llamado a la paz en Venezuela

En una carta difundida desde Estados Unidos, el presidente constitucional y su esposa agradecen el respaldo recibido durante el proceso judicial que enfrentan tras su detención a inicios de año. Con citas evangélicas y un tono que aúna lo político con lo espiritual, la pareja presidencial insta a consolidar el diálogo entre sectores antagónicos y a “abrir paso al perdón”, en medio de un país fracturado por tensiones internas y presiones internacionales. Por Brendalis Reyes Umbral.com.do   La palabra, tantas veces cercada por el silencio de los calabozos y la incertidumbre de los procesos judiciales, vuelve a fluir desde el norte. Nicolás Maduro, presidente constitucional de Venezuela, y su esposa, la diputada Cilia Flores, rompieron este domingo el mutismo impuesto por su encarcelamiento en Estados Unidos para entregar al país un mensaje inesperado: no de confrontación, sino de reconciliación. La carta, difundida a través de plataformas digitales y redes sociales, lleva la impronta de quien ha visto el abismo y elige, todavía, la palabra como puente. “Hemos recibido innumerables muestras de cariño, cartas, mensajes y oraciones que fortalecen nuestro ánimo en el actual contexto político”, escribió Maduro en el texto, fechado desde suelo estadounidense, donde la pareja enfrenta un proceso judicial derivado de su secuestro y posterior encarcelamiento a comienzos de este año. El mandatario se describió como “firme, sereno y en oración permanente”, un retrato que contrasta con la crudeza del confinamiento pero que busca proyectar una imagen de entereza espiritual antes que de fragilidad política. Pero el corazón de la misiva no mira al pasado ni al juicio pendiente. Apunta, con deliberada intención, al futuro de Venezuela. “Es momento de consolidar el diálogo, la convivencia y el respeto mutuo como bases para la estabilidad del país”, insta el documento. Y más adelante, en un párrafo que podría leerse como una hoja de ruta inédita desde las filas del chavismo: “Hay que abrir paso al perdón, a la reconciliación y a la paz”. La pareja presidencial, que durante años personificó la resistencia del socialismo del siglo XXI frente al imperialismo, ahora apela a la unidad nacional como antídoto contra la fractura. El llamado no es menor. Venezuela arrastra más de una década de polarización aguda, con sanciones internacionales, una diáspora de más de siete millones de personas y heridas que parecían incauterizables. Que Maduro y Flores —símbolos para sus seguidores, demonios para sus detractores— levanten la bandera del reencuentro sugiere un giro en el discurso oficial, quizás forzado por las circunstancias o quizás genuino ante la lejanía del poder. El tono de la carta, además, se aleja de la retórica beligerante que caracterizó al mandatario en sus años de gobierno. En su lugar, emerge una voz que cita el Evangelio según San Lucas para invitar a la esperanza y la perseverancia. “No temáis, porque yo estoy con vosotros”, parafrasea Maduro, en una fusión deliberada entre la fe cristiana y la resistencia política. No es la primera vez que el chavismo recurre al lenguaje religioso, pero en el contexto de un encarcelamiento en el extranjero, la estrategia adquiere una nueva dimensión: la del mártir que, desde el exilio forzado, llama a la paz de su pueblo. El pronunciamiento concluye con un agradecimiento extenso a quienes, desde dentro y fuera de Venezuela, han expresado su respaldo. Organizaciones sociales, movimientos populares, líderes internacionales y ciudadanos anónimos encuentran un lugar en la lista de gratitudes. Y la despedida reafirma la apuesta del chavismo —aunque ahora desde una celda— por la “paz y el reencuentro nacional” como ejes discursivos frente a una coyuntura que, apenas unos meses atrás, parecía inclinarse hacia la confrontación abierta. La carta llega en un momento en que la oposición venezolana, fragmentada y en proceso de reorganización, observa con cautela cualquier gesto proveniente de la pareja presidencial. Algunos analistas interpretan el mensaje como un intento de construir una narrativa de transición desde el propio encierro, buscando influir en los debates sobre el futuro del país. Otros lo ven como una jugada humanitaria para suavizar las condiciones de su detención en Estados Unidos. Pero más allá de las lecturas estratégicas, el texto tiene un mérito innegable: ha logrado que, por un día, la conversación nacional se desplace de la condena o la defensa de Maduro hacia la posibilidad —todavía remota, pero ahora enunciada— de un perdón colectivo. Mientras tanto, en las calles de Caracas, en los exilios de Bogotá, Lima o Madrid, y en los barrios populares que aún corean su nombre, la carta de Nicolás Maduro y Cilia Flores sigue su curso. Se comparte, se discute, se cuestiona. Pero nadie la ignora. Porque en Venezuela, incluso el silencio de sus líderes se convierte en noticia. Y cuando hablan, el eco sacude los cimientos de una nación que ansía, sobre todas las cosas, dejar de estar en guerra consigo misma.

¡Sabor a Revancha ! La vinotinto se Corona ante EE. UU. y le Responde en el Diamante a 100 Kilómetros de MAR-A-LAGO

La novena sudamericana derrota 3-2 al Dream Team estadounidense en una final de infarto, con una reacción en la novena entrada que silenció el LoanDepot Park de Miami y desató la fiesta en toda Venezuela, en una victoria con sabor a revancha deportiva y a reivindicación patriótica a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago. Por Redacción de Deportes umbral.local/ Pocas cosas dan un mejor guion que el deporte. Y pocos deportes escriben historias como el béisbol. Anoche, en el LoanDepot Park de Miami, la selección de Venezuela firmó la página más gloriosa de su historia al conquistar por primera vez el Clásico Mundial de Béisbol, derrotando 3-2 a un combinado estadounidense que llegó a esta cita con un rooster de superestrellas equiparable, por calidad y nombres, al Dream Team del baloncesto en Barcelona 1992. Pero aquella constelación de superdotados, encabezada por Aaron Judge, Bryce Harper y Alex Bregman, no hizo temblar a la novena criolla. Por el contrario, los dirigidos por Omar López tejieron una gesta que será contada de generación en generación: remontaron en la parte alta de la novena entrada, rompieron el corazón del gigante del norte y exorcizaron, de paso, los fantasmas de la eliminación sufrida en cuartos de final durante la edición de 2023, cuando Trea Turner les conectó un grand slam en la octava. El encuentro de esta noche tenía, sin embargo, un doble valor simbólico que trascendía lo meramente deportivo. Por un lado, el contexto político: las recientes declaraciones de Donald Trump sugiriendo que Venezuela debería ser anexionada a Estados Unidos, la captura del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses hace algo más de dos meses, y el trato vejatorio hacia los migrantes venezolanos, que paradójicamente fueron mayoría en las gradas del estadio de Miami, convirtieron este partido en una especie de revancha existencial. Por el otro, estaba la deuda pendiente con la historia: esa eliminación de 2023 que aún escocía en el alma del fanático venezolano. Nada en el juego de los sudamericanos tuvo la sombra del nerviosismo o de los complejos de quien se percibe como inferior. Desde el primer instante, Venezuela saltó al diamante con la agresividad de los predestinados. Ronald Acuña Jr., el primer bate, conectó imparable al primer lanzamiento del partido, marcando el tono de lo que sería una noche de puro vértigo. Pelota que parecía bateable, pelota a la que le daban con la madera. Como si los muchachos de la Vinotinto quisieran demostrar que el béisbol no es el mismo deporte cuando se juega con el corazón desbocado. Esa intensidad no se perdió ni siquiera cuando el gigante pareció despertar de su letargo en la parte baja de la octava entrada. Los venezolanos mostraron una concentración prácticamente perfecta en un deporte que cobra caro los errores. Fue un partido de picheo, como no podía ser de otra forma en una finalísima a un solo juego. La apuesta estadounidense fue arriesgada: abrieron con el novato de 24 años Nolan McLean, de los Mets de Nueva York, con apenas ocho aperturas en Grandes Ligas. Del otro lado, Caracas apostó por la experiencia del veterano Eduardo Rodríguez. Y fue ahí, en ese duelo de estilos, donde los amantes del deporte reafirmaron su conexión más íntima con el diamante. McLean jugó con la mente de los bateadores caribeños con una navaja suiza que pasaba del sweeper al sinker con una naturalidad pasmosa. Mientras, el experimentado Rodríguez pasmó a jonroneros de época como Judge y Bregman con una técnica confiable y efectiva: el cambio de velocidad y la recta cortada. En ese toma y daca, los dos equipos llegaron a cero hasta que, en la tercera entrada, Maikel García —uno de los jugadores más valiosos del torneo— impulsó la primera carrera con un elevado de sacrificio. El éxito de McLean terminó abruptamente en la quinta, cuando Wilyer Abreu, el jardinero de los Red Sox que ya había sido verdugo de Japón en cuartos de final, conectó un jonrón solitario para poner el 2-0. Los venezolanos colgaron el cero hasta la fatídica octava. Fue entonces cuando el guion cambió, los fantasmas regresaron y los depredadores olieron la sangre. El relevista Andrés Machado regaló base por bola a Bobby Witt Jr. y, acto seguido, Bryce Harper —la gran figura de los Phillies de Filadelfia— mandó la pelota a volar para empatar el partido 2-2. Pero así no podía terminar. El contexto, el ambiente en el estadio y las sensaciones en el dugout venezolano al entrar en la alta de la novena no daban señales de rendición. Ni siquiera cuando subió a la loma Garrett Whitlock, el lanzador que hasta ese momento había tenido un torneo para enmarcar. El béisbol es también un ajedrez humano. Quienes no lo conocen piensan muchas veces que se trata de un deporte inerte. La realidad es que el movimiento es constante, pero ocurre en la cabeza de los estrategas. Y esa fue la diferencia en el momento más importante de la final. Luis Arráez trabajó a Whitlock en una batalla psicológica de la que terminó arrancando una base por bola. Acto seguido, los sudamericanos colocaron a Javier Sanoja como corredor emergente. Minutos más tarde, en una jugada de fotografía que quedará grabada en la memoria colectiva de un país, Sanoja robó la segunda base para poner en circulación la carrera de la victoria. Fue, probablemente, la jugada más importante en la historia del béisbol venezolano. Como acto de cierre del suspense, emergió Eugenio Suárez para cerrar la pinza de una estrategia impecable: conectó un doblete remolcador que permitió a Sanoja anotar el 3-2 definitivo. Quedaba la baja de la novena. Tensión máxima. El lanzador venezolano Daniel Palencia consumó la hazaña con tres outs de rutina que sonaron como un estallido de liberación para todo un pueblo. Venezuela conquistó su primera corona mundial, frente a Estados Unidos y a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. La alegría desbordó las gradas del LoanDepot Park y se extendió como pólvora por cada rincón de Venezuela.

El Club de la Doctrina Donroe: Trump erige en Miami un “Escudo” para blindar la hegemonía de EE.UU. frente a los pueblos de América

  En una cumbre celebrada en su campo de golf de Doral, el mandatario republicano reúne a doce líderes de la ultraderecha continental con el objetivo de declarar una guerra santa contra la migración, blindar el suministro de petróleo saqueado en Venezuela y trazar un cerco militar y económico contra la injerencia china, en un explícito retorno al Monroe del “América para los americanos” que concibe a Latinoamérica como patio trasero y botín de guerra. ANÁLISIS / POR JULIO GUZMÁN ACOSTA No fue en la solemnidad de una cancillería ni bajo los candelabros de la Organización de Estados Americanos. Fue en el green de un club de golf en Doral, Miami, donde la hierba artificialmente perfecta y los lagos ornamentales sirvieron de alfombra para lo que la nueva Casa Blanca ha bautizado como el “Escudo de las Américas”. Bajo un sol de Florida que no logra calentar las gélidas entrañas de la realpolitik, Donald Trump ha tejido esta semana una alianza a su imagen y semejanza: una docena de mandatarios de la derecha latinoamericana convocados no para dialogar, sino para alinearse. Lo que se presenta como una cruzada contra el narcotráfico y la “inmigración masiva” es, en el fondo, el ensayo general de la doctrina Donroe. Un neo-monroísmo que desempolva el caduco lema del siglo XIX —“América para los americanos”— pero traducido al lenguaje del siglo XXI: América para los intereses de Washington. La cumbre es la certificación de que para esta administración, la política exterior no es un puente, sino un ariete. Detrás del eslogan de combatir a los “carteles narcoterroristas” se esconde una operación de control geopolítico total. Mientras el Pentágono, a través del Comando Sur, afila sus cuchillos en la recién estrenada Conferencia Anticartel, las bombas ya caen sobre presuntas narcolanchas en el Caribe, dejando un reguero de víctimas que la prensa hegemónica se niega a contar. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo dijo sin ambages en su visita a Doral: o se pliegan a la cruzada occidental y cristiana, o la civilización perecerá. Una retórica apocalíptica que busca justificar lo injustificable: la criminalización de la pobreza que huye y la cosificación de los recursos del sur. Pero si hay un fantasma que sobrevuela los fairways de Miami, ese es el gigante asiático. China, el socio comercial indispensable para tantas economías de la región, se ha convertido en el enemigo a batir. Este Escudo no es solo una barrera contra los migrantes; es una muralla contra los yuanes. Washington, que exige lealtad mientras se retira de organismos multilaterales y condiciona ayudas económicas al resultado electoral que le favorezca, pretende que América Latina rompa sus lazos con Pekín para quedar atada, una vez más, al carro de la dependencia estadounidense. La cumbre es, además, un escaparate de cinismo. En el mismo instante en que Trump alardea del “gran trabajo” del gobierno títere en Venezuela —ese que entrega el petróleo del país a las transnacionales de Houston—, sus asistentes aplauden la caída de regímenes hostiles. No importa que en Honduras se haya interferido descaradamente para indultar a un narcotraficante y torcer el rumbo de las elecciones; el fin —la sumisión— justifica los medios. Este sábado, en Doral, no se está fraguando una alianza para la prosperidad compartida. Se está levantando un escudo, sí, pero para proteger a Washington de la insurgencia de los pueblos que reclaman soberanía. Un escudo que, como el de Aquiles, es brillante por fuera pero forjado en la fragua del dominio. Mientras Trump se prepara para viajar a Pekín a negociar con el dragón, sus lacayos en América Latina quedan encargados de vigilar que la retaguardia no se le subleve. La historia, sin embargo, suele enseñar que los escudos, cuando protegen la injusticia, terminan por hacerse añicos.

El pueblo dominicano se levanta: marcha patriótica exigirá la salida de tropas extranjeras

La Plazoleta de la Trinitaria será el punto de encuentro este domingo 22 de febrero a las 9:30 de la mañana, para caminar juntos hasta la estatua de Caamaño y decirle al mundo que este pueblo no se rinde ante la injerencia extranjera Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo respira memoria. En cada esquina donde el viento agita la bandera azul, rojo y blanco, hay un eco que no cesa: el de los trinitarios, el de los constitucionalistas, el de aquellos que un día dijeron que la patria no se negocia. Y ahora, cuando las aguas del Caribe vuelven a sentir el peso de botas extranjeras, el pueblo se prepara para alzar la voz. El Comité de Solidaridad en Defensa de la Soberanía de los Pueblos en Lucha ha lanzado la convocatoria. Detrás de esta voz se aglutinan seis partidos de izquierda y decenas de organizaciones populares que han decidido plantar bandera frente a lo que consideran una política de ocupación silenciosa: la presencia de la armada estadounidense en territorio dominicano y el Caribe. La cita es el domingo, cuando el sol aún se despereza sobre el Ozama. Desde la Plazoleta La Trinitaria, en la cabecera del Puente Duarte, las multitudes echarán a andar. No llevarán armas, pero sí la fuerza de la dignidad. Marcharán hacia el Parque Independencia, donde la estatua de Francisco Alberto Caamaño Deñó vigila eternamente el sueño de una nación libre. Pero esta marcha no es solo contra la presencia militar extranjera. Es un grito que atraviesa el mar: por Venezuela, por Cuba, por Nicolás Maduro y Cilia Flores, a quienes el Comité denuncia como víctimas de un \»secuestro\» que viola el derecho internacional. Es también un reclamo contra el bloqueo que asfixia a La Habana y a Caracas, un cerco que no perdona niños, ni ancianos, ni hospitales. La organización ha sido clara: esta es una jornada patriótica, en defensa de la Constitución, del territorio y de la dignidad nacional. Y en ese camino, han invocado a los fantasmas necesarios: Duarte, el visionario; Luperón, el restaurador; Minerva Mirabal, la mariposa que voló hacia la libertad; y Caamaño, el guerrillero inmortal. El llamado es a todos: partidos, juventudes, sectores democráticos, ciudadanos de a pie que sientan que la soberanía no es una palabra hueca. Este domingo, las calles de Santo Domingo serán el escenario de un pueblo que no olvida. La cita es con la historia. La cita es con la patria.

Venezuela y Estados Unidos Reanudan el Diálogo Directo en Caracas

Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, recibe a la enviada estadounidense Laura Dogu en Miraflores y designa al experimentado Félix Plasencia como representante diplomático en Washington, en un paso hacia una \»agenda de trabajo\» bilateral tras años de máxima tensión. Por Julio Guzmán Acosta CARACAS.— En un gesto que marca un nuevo capítulo en las agitadas relaciones bilaterales, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió este lunes 2 de febrero en el Palacio de Miraflores a la Encargada de Negocios de la Unidad de Asuntos para Venezuela de Estados Unidos, Laura Dogu. El encuentro, calificado de “trabajo” y “revisión exhaustiva”, culminó con un anuncio de peso: la designación del ex canciller Félix Plasencia como representante diplomático venezolano en Washington. La reunión, confirmada por el ministro de Comunicación, Miguel Ángel Pérez Pirela, se enmarca en la reactivación de contactos exploratorios entre ambos gobiernos, separados por sanciones económicas severas, disputas políticas y reconocimientos diplomáticos enfrentados. Según Pérez Pirela, el encuentro se realizó “en el marco de la agenda de trabajo entre la República Bolivariana de Venezuela y de los Estados Unidos de Norteamérica”. El canciller Yván Gil, quien también participó, ofreció un tono muy optimista. Destacó que en la cita “se cimentó la base para iniciar una agenda de trabajo que involucra el abordaje de las diferencias y controversias”. Gil describió el momento como “una etapa de trabajo” y “una revisión exhaustiva de todas las vías de cooperación” que podrían desarrollarse en los próximos meses, siempre bajo la premisa oficial de “construir una agenda productiva, una agenda de paz, una agenda de respeto”. Entre los temas abordados, el canciller mencionó discusiones sobre tópicos energéticos, políticos y económicos, sin entrar en precisiones. “Hemos hecho un repaso de la agenda de paz y de respeto”, recalcó. Un Enviado de Peso para Washington El movimiento más concreto y significativo surgido tras la visita de Dogu fue el anuncio de la designación de Félix Plasencia. Según detalló el ministro Pérez Pirela en redes sociales, la presidenta Rodríguez designó a Plasencia como “representante diplomático de Venezuela ante EEUU”, quien “se trasladará con su equipo a suelo estadounidense en los próximos días”. Plasencia no es un nombre nuevo en la diplomacia venezolana. Es un funcionario de amplia trayectoria dentro del chavismo: se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores entre agosto de 2021 y diciembre de 2022. Anteriormente, fue viceministro para Temas Multilaterales y para Asia, Medio Oriente y Oceanía, y ejerció como embajador en China entre 2020 y 2021. Su nombramiento más reciente, el 2 de abril de 2024, había sido como embajador ante el Reino Unido, cargo que ahora deja para asumir el delicado desafío en Washington. Esta designación representa el intento más firme del gobierno del presidente Nicolás Maduro por restablecer una presencia diplomática formal en la capital estadounidense, luego de años en que las relaciones se han gestionado a través de caminos indirectos o con oficinas de interés. Un Paso Medido en un Camino Espinoso El encuentro en Miraflores y el envío de Plasencia sugieren una voluntad de ambas partes por mantener abierta una línea de comunicación directa, en un contexto internacional complejo y con la mirada puesta en el mercado energético global. Sin embargo, los obstáculos sustanciales permanecen: el entramado de sanciones financieras y petroleras de Washington contra Caracas, las disputas sobre la legitimidad política interna venezolana y el estatus de figuras como el opositor encarcelado Javier Tarre. La administración estadounidense ha mantenido una política de presión y condicionalidad, aunque en los últimos meses mostró cierta flexibilidad al permitir transacciones limitadas con la industria petrolera venezolana. La visita de Laura Dogu y la aceptación tácita de un enviado como Plasencia parecen responder a esta fase de exploración pragmática. El gobierno venezolano, por su parte, presenta estos movimientos como fruto de su diplomacia de paz y respeto. Los próximos meses dirán si este “abordaje de las diferencias”, como lo llamó el canciller Gil, logra traducirse en avances concretos o si quedará en un diálogo más dentro de una larga historia de desencuentros.

La Línea Tensa: Petro y Trump Buscan un Diálogo en Medio de la Tormenta

Tras días de amenazas veladas de intervención y acusaciones de narcogobierno, el llamado de 40 minutos revela la profunda crisis desatada por actores internos que, según Petro, intoxicaron a Trump para socavar la soberanía colombiana y repetir el guion venezolano. Por Servicios umbral.local/ BOGOTÁ.– En el filo de la navaja diplomática y bajo la sombra alargada de los misiles que cayeron sobre Caracas, los presidentes de Colombia y Estados Unidos entablaron este miércoles una conversación telefónica de más de 40 minutos, buscando una tregua a la peligrosa escalada verbal que amenazaba con incendiar la relación bilateral. Gustavo Petro y Donald Trump hablaron por primera vez desde que el sábado pasado la operación militar estadounidense que secuestró al mandatario venezolano Nicolás Maduro tensara al máximo los hilos de la geopolítica regional y desatara una guerra de declaraciones sin precedentes entre los dos aliados históricos. El diálogo, confirmado a EFE por fuentes de la Cancillería colombiana, ocurrió en un contexto envenenado por las graves acusaciones lanzadas por Trump el pasado domingo. A bordo del Air Force One, el mandatario republicano afirmó que Colombia está “gobernada por un hombre enfermo al que le gusta fabricar cocaína y venderla a Estados Unidos”, agregando, ante la pregunta de una posible operación similar a la venezolana en suelo colombiano, un ominoso “a mí me suena bien eso”. Frente a una Plaza de Bolívar abarrotada en una concentración “en defensa de la soberanía”, Petro reveló hoy que el llamado presidencial modificó incluso el tono del discurso que tenía preparado. “En medio del debate de estos dos, tres días que se ha desatado, hoy traía un discurso y tengo que dar otro. Eso no es fácil. El primer discurso era bastante duro”, confesó el mandatario colombiano, en una clara alusión al contenido de la conversación con Trump. Más allá de la búsqueda de desescalar la crisis, Petro utilizó su tribuna para lanzar una grave acusación: la raíz del enfrentamiento no estaría en un análisis objetivo de Washington, sino en una campaña de intoxicación por parte de sus enemigos internos. Según el presidente, “políticos que son responsables de tener relaciones con el narcotráfico y de haber hecho trizas la paz de Colombia, engañaron a Trump”. El objetivo de estos actores, señaló, habría sido vincularlo falsamente con mafias del narcotráfico para enemistarlo con la Casa Blanca y provocar la crisis. “Pues esos mismos son los responsables de esta crisis, llamémosla diplomática por ahora, verbal, por ahora, que ha estallado entre Estados Unidos y Colombia”, subrayó Petro con firmeza. El mandatario fue más allá en su advertencia, sugiriendo que estos sectores oscuros no solo buscan la ruptura diplomática, sino un desenlace violento. “Parece que quisieran que llegaran los helicópteros aquí como en Caracas y nos tiraran unos misilazos”, afirmó, en una referencia directa y escalofriante al operativo militar del sábado en la capital venezolana. La reacción inicial de Petro a las amenazas de Trump había sido de una contundencia histórica, evocando su pasado guerrillero en el M-19 al afirmar que, de ser necesario, “volvería a tomar las armas” para defender la soberanía nacional de una “amenaza ilegítima”. Sus palabras resonaron como un eco del soberanismo más radical y marcaron un punto de no retorno retórico. Tras la llamada, desde el bando estadounidense se filtró que Trump “contempla reunirse” con Petro para abordar las tensiones, un gesto que podría interpretarse como una válvula de escape a la presión. Sin embargo, la sombra de las acusaciones de narcogobierno y la amenaza velada de intervención, ahora atribuidas por Petro a una conspiración interna, dejan un terreno minado. El diálogo de 40 minutos ha abierto una rendija, pero no ha disipado la tormenta. Lo que queda sobre la mesa es una crisis de confianza monumental, alimentada por la injerencia, las acusaciones cruzadas y el espectro de Caracas proyectándose sobre Bogotá. La relación entre Colombia y Estados Unidos, un pilar de la política hemisférica durante décadas, se encuentra hoy en su momento más frágil y peligroso, con un presidente colombiano que asegura estar luchando tanto contra sus enemigos domésticos como contra la potencia que los alienta.

La Farsa Jurídica del Imperio: El \’Cartel de los Soles\’, un Fantasma Mediático que la Justicia Estadounidense no se Atreve a Presentar ante un Juez

La nueva acusación del Departamento de Justicia, dirigida por abogados personales de Trump, abandona la narrativa de una organización terrorista estructurada y recurre a vagas \»culturas de corrupción\», exponiendo que la principal justificación para la agresión contra Venezuela era un castillo de naipes probatorio, fabricado en redacciones periodísticas y alimentado por testigos pagados. Por Servicios umbral.local/ En el teatro sombrío de la lawfare—la guerra jurídica como instrumento geopolítico—un protagonista crucial ha desaparecido abruptamente del guion. Se trata del llamado “Cartel de los Soles”, esa entelequia presentada durante años por Washington y sus medios afines como la encarnación del “narcoestado” venezolano, el monstruo que justificaba sanciones asfixiantes, designaciones terroristas y, finalmente, la operación militar y el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, en la acusación formal sustitutiva presentada ante el juez Alvin Hellerstein de Nueva York, los fiscales del Departamento de Justicia—ahora liderados por los antiguos abogados personales de Donald Trump, Pam Bondi y Todd Blanche—han ejecutado un viraje probatorio de profundas implicaciones. El documento judicial, que acusa a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, de conspiración para el narcoterrorismo y tráfico de cocaína, evita por completo imputar al presidente la jefatura de una organización criminal estructurada. En un ejercicio de ambigüedad calculada, los fiscales reducen el “Cartel de los Soles” a un “sistema clientelar” y una “cultura de corrupción” que Maduro habría “participado, perpetuado y protegido”. Esta dilución semántica es diametralmente opuesta a la acusación de 2020, en el Distrito Sur de Nueva York, donde el cartel era nombrado 32 veces y Maduro señalado explícitamente como su líder. El abismo entre el estruendo político y el silencio judicial es ensordecedor. Como señala Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina del International Crisis Group, este cambio “pone en tela de juicio la designación del Cartel de los Soles como una organización terrorista extranjera”, calificación empleada para equipararlo a Al-Qaeda y así legitimar acciones de fuerza extrema. “Las designaciones no tienen que demostrarse en un tribunal. Claramente, sabían que no podían probarlo en un tribunal”, sentencia Dickinson, desnudando el núcleo de la estrategia: una narratura para el consumo político y mediático, demasiado frágil para el escrutinio de un proceso legal. La acusación, que abarca el período 2000-2025, se sostiene sobre un andamiaje de testigos cooperantes—figuras como el exjefe de inteligencia Hugo “el Pollo” Carvajal, conocido por sus fabulaciones en cortes españolas, o el exgeneral Cliver Alcalá Cordones, organizador de la fallida Operación Gedeón—, interceptaciones telefónicas y registros financieros. Vincula a altos funcionarios chavistas con las FARC, el ELN, el Cártel de Sinaloa y el Tren de Aragua. Sin embargo, la “prueba reina” de esta conexión sería una sola llamada telefónica donde se habla de custodiar cargamentos. El origen del mito no está en un sumario policial, sino en una redacción periodística. Fue el corresponsal del diario español ABC en Washington, Emili J. Blasco, quien el 27 de enero de 2015, citando al exguardia presidencial Leamsy Salazar—convertido en informante de Estados Unidos—, lanzó al mundo el término “Cartel de los Soles”. El relato fue inmediatamente amplificado por el Wall Street Journal y el Washington Post, construyendo una verdad mediática que precedió y suplantó a cualquier evidencia jurídica sólida. Un fantasma nacido de una filtración, útil para una campaña de desprestigio ya en marcha. La inconsistencia es aún más flagrante al contrastarla con los informes oficiales sobre narcotráfico. Ni la DEA, en su Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas, ni la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en su Informe Mundial, han listado jamás a un “Cartel de los Soles” entre las principales organizaciones criminales. Los datos de la propia DEA indican que por aguas venezolanas transita solo el 8% de la cocaína que llega a Estados Unidos, y cero gramos de fentanilo, cifras que no corresponden con la retórica de un “narcoestado” de primer orden. Este retroceso táctico de la fiscalía revela una estrategia más peligrosa y flexible. Al sustituir la acusación de liderar un cartel por la de amparar una “cultura de corrupción”, Washington establece un precedente jurídico elástico y arbitrario. Bajo este nuevo paradigma, cualquier Jefe de Estado cuyas políticas disgusten a la potencia hegemónica podría ser acusado de fomentar un “sistema clientelar” similar, convirtiendo conceptos difusos en delitos extraditables. El caso evoca el precedente del guerrillero colombiano Simón Trinidad, cuyo juicio en Estados Unidos estuvo marcado, según documenta el periodista Jorge Botero, por la presión a testigos y la limitación del derecho a la defensa. Maduro y Flores, recluidos en la misma cárcel neoyorquina que albergó a Ghislaine Maxwell, enfrentan un proceso donde las reglas pueden torcerse para lograr un veredicto político. La desaparición del “Cartel de los Soles” de la acusación formal no es un detalle técnico. Es la confesión jurídica de una gran mentira propagandística. Expone que el principal sustento narrativo para justificar la agresión contra Venezuela—la guerra económica, la intentona golpista, la intervención militar—era, y es, un espectro. Un fantasma fabricado que, incapaz de comparecer ante un juez, sigue sin embargo actuando en el tribunal de la opinión pública internacional, donde las condenas más severas suelen dictarse sin necesidad de pruebas.