La decisión del Departamento del Tesoro, canalizada a través de la OFAC, pone fin a restricciones que pesaban sobre la dirigente venezolana desde 2018. Aunque persisten las medidas contra otras figuras e instituciones, el gesto se interpreta como un paso hacia la normalización diplomática. En paralelo, una delegación venezolana viajó a Washington para retomar el control de su embajada, mientras el gobierno estadounidense reconoce a Rodríguez como interlocutora válida, facilitando encuentros bilaterales y la recuperación de sedes diplomáticas.
Por Julio Guzmán Acosta
En un movimiento que reconfigura silenciosamente el tablero diplomático entre Caracas y Washington, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la remoción de Delcy Rodríguez —vicepresidenta sectorial de Economía y figura central del chavismo— de su lista de sancionados. La medida, ejecutada a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), desmantela un cerco que se extendía desde 2018, cuando el primer mandato de Donald Trump la incluyó entre sus objetivos de presión máxima.
Sin embargo, el alivio es parcial. Las sanciones contra otros altos funcionarios y entidades venezolanas continúan vigentes, revelando que el camino hacia una desescalada plena sigue atado a condiciones políticas y económicas aún en negociación.
Una diplomacia que se restaura
La decisión no ha surgido en el vacío. En las últimas semanas, una delegación venezolana encabezada por Félix Plasencia viajó a la capital estadounidense para avanzar en la restitución del control de la embajada venezolana, que desde 2023 permanecía bajo resguardo del Departamento de Estado. Washington, por su parte, ha reconocido explícitamente a Rodríguez como contraparte válida, impulsando contactos diplomáticos directos que ya han permitido reuniones entre funcionarios de ambos países y la recuperación progresiva de sedes diplomáticas.
La voz de Rodríguez: “Sigamos avanzando”
La reacción de la dirigente no se hizo esperar. Con una prosa que alterna la mesura institucional con el énfasis político, Rodríguez calificó el gesto estadounidense como un avance hacia una relación más fluida. “Un paso en la dirección de la normalización y fortalecimiento de las relaciones”, escribió en su cuenta de la red social X, refiriéndose a los siete años de tensiones que mantuvieron a ambos países sin vínculos formales.
“Confiamos en que este avance permita el levantamiento de las sanciones vigentes sobre nuestro país, que permita edificar y garantizar una agenda de cooperación binacional efectiva en beneficio de nuestros pueblos”, agregó. Y remató con un llamado que resuena como consigna: “¡Sigamos avanzando en la construcción de una Venezuela próspera para todos!”.
El contexto de un cambio gradual
El retiro de sanciones a Rodríguez se inscribe en una transformación más amplia. En semanas recientes, Estados Unidos retomó oficialmente las conversaciones con actores venezolanos, y sectores de la oposición —incluyendo aquellos que respaldan al gobierno que asumió tras la detención de Nicolás Maduro en enero— han interpretado la medida como una señal política de cambio en el vínculo bilateral. Para ellos, se trata de un paso genuino hacia la normalización, aunque advierten que la arquitectura de sanciones sigue en pie.
Lo cierto es que el gesto hacia Rodríguez, otrora símbolo de la lista negra del Tesoro, hoy se lee como un indicio: el reconocimiento de que la diplomacia, incluso después de la tormenta, busca sus resquicios para renacer.