El Grito de los Sin Poder: La OEA, Escenario del Desgarro Continental entre la Barbarie Imperial y la Dignidad Soberana
Mientras Estados Unidos y sus acólitos del sur justifican el secuestro de un presidente, el bombardeo de una capital y la muerte de inocentes bajo el perverso eufemismo de \»acción de ley\», la voz de la conciencia irrumpe en el templo de la hipocresía para denunciar el robo descarado de petróleo y el funeral de la soberanía. Por Julio César Guzmán Acosta WASHINGTON, D.C.— El salón Simón Bolívar, bautizado con el nombre del libertador que soñó una América unida, se convirtió este martes 6 de enero en la cruda y resonante caja de resonancia de su pesadilla: un continente fracturado, un organismo paralizado y la ley del más fuerte disfrazada de orden. En una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), convocada por la urgente y brutal agresión militar estadounidense contra Venezuela, no fueron solo los discursos diplomáticos los que definieron el día, sino un grito desgarrado que atravesó el protocolo: “¡Manos fuera de Venezuela!”. La voz fue de Medea Benjamin, fundadora de la organización feminista Codepink, quien irrumpió en el solemne recinto mientras el embajador estadounidense, Leandro Rizzuto Jr., intentaba maquillar de mera “acción de aplicación de la ley” la operación que, en la madrugada del 3 de enero, secuestró al presidente constitucional Nicolás Maduro y a su esposa, bombardeó puntos de Caracas y cobró la vida de al menos 80 personas, entre ellas decenas de ciudadanos cubanos. Con una pancarta que clamaba “US out of Venezuela now”, Benjamin desnudó ante los embajadores atónitos el verdadero núcleo del conflicto: “Esto no es un asunto de derechos humanos… es acerca de robar el petróleo de Venezuela”. Mientras la seguridad la arrastraba, su acusación final resonó como un veredicto: “Si les importa el pueblo de Venezuela, levantarían las brutales sanciones… Liberen a Maduro… Entierren de una vez por todas la doctrina Monroe”. La réplica de Rizzuto no pudo ser más elocuente para confirmar la denuncia. Recuperando el micrófono, desechó la retórica humanitaria y apeló al lenguaje crudo del hegemon: “Es nuestro vecindario”, citó al Secretario de Estado Marco Rubio. “No podemos permitir que las mayores reservas de petróleo del mundo queden en manos de los enemigos del hemisferio”. La máscara había caído. La justificación era geopolítica, energética y de dominación, un frío cálculo imperial que relegaba a la irrelevancia el derecho internacional y la soberanía nacional. La sesión desnudó una América Latina profundamente dividida, un mapa geopolítico trazado por la sumisión o la dignidad. De un lado, México, Colombia, Brasil, Uruguay, Honduras y Chile alzaron su voz para condenar con firmeza la flagrante violación al derecho internacional, defendiendo el principio sagrado de la autodeterminación de los pueblos. Del otro, los gobiernos de Argentina, Perú, Ecuador, El Salvador, Bolivia, Trinidad y Tobago y República Dominicana se alinearon con la narrativa agresora, justificando la acción militar, pidiendo una “transición” y, en el caso más grotesco, el representante peruano, solicitando un minuto de silencio por las “víctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela”, mudo homenaje a la complicidad y la hipocresía. Desde su sitial de observadora permanente, China lanzó un dardo directo al corazón del imperio. Su diplomática calificó la acción estadounidense de “arbitraria y hegemónica”, subrayando que “el uso de la fuerza contra un estado soberano y su líder viola seriamente el derecho internacional y amenaza la paz en la región”. Una admonición que resonó como un eco de lo que gran parte del mundo piensa, pero que muchos en la sala se negaban a decir. Hoy, en el salón que lleva el nombre del gran unificador, no se habló de unidad. Se esbozó, más bien, el acta de defunción de una organización secuestrada por intereses foráneos y la crónica de un crimen en desarrollo. Mientras Maduro permanece secuestrado, Venezuela bajo agresión y su pueblo sufriendo sanciones asfixiantes, el grito de “¡Manos fuera!” que atravesó la OEA no fue una interrupción. Fue, quizás, el único momento de verdad en un teatro de sombras. Es la conciencia moral de un continente que, aunque fracturado, aún encuentra voces para gritarle al imperio que su vecindario ya no le pertenece.
Cuba Declara Duelo Nacional por la Muerte de 32 Cooperantes en el Bombardeo a Venezuela
El presidente Díaz-Canel honra a los caídos en \»combate directo\» contra las fuerzas estadounidenses y decreta dos días de luto oficial, suspendiendo espectáculos públicos e izando la bandera a media asta en todo el país. Por Julio César Guzmán Acosta LA HABANA, 4 de enero de 2026.— Con un decreto presidencial de solemne y combativa elocuencia, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, declaró este sábado dos días de Duelo Nacional en toda la isla, tras confirmar que 32 cooperantes militares y del Ministerio del Interior cubanos perdieron la vida durante el “criminal ataque” ejecutado por Estados Unidos contra Venezuela. Los fallecidos, que cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior a solicitud de Caracas, cayeron “en combate directo contra los atacantes o como resultado de los bombardeos”, según el texto oficial. El decreto 1147, publicado en la Gaceta Oficial de la República, establece que el duelo regirá desde las 6:00 a.m. del lunes 5 de enero hasta la medianoche del martes 6 de enero. Durante este período, la Bandera de la Estrella Solitaria se izará a media asta en todos los edificios públicos e instituciones militares, y quedarán suspendidos los espectáculos públicos y actividades festivas en todo el territorio nacional. Los ministros de las FAR, del Interior y de Relaciones Exteriores quedan encargados de hacer cumplir la disposición. Un acto de solidaridad pagado con sangre El decreto, fundamentado en los artículos 125 de la Constitución cubana y 24 de la Ley 136, no es solo un acto administrativo de luto; es un documento político de alta carga simbólica. Al detallar que los compatriotas “cumplieron dignamente con su deber y cayeron, tras férrea resistencia” y que “supieron poner en alto, con su actuación heroica, el sentir solidario de millones de compatriotas”, el gobierno cubano eleva la muerte de los 32 cooperantes a la categoría de sacrificio por la solidaridad internacionalista, principio fundacional de la Revolución. Esta pérdida representa la consecuencia más grave y tangible para Cuba de la intervención militar estadounidense en Venezuela, y confirma la profundidad de la alianza estratégica y militar entre La Habana y Caracas. La presencia de personal cubano en misiones de asesoría y cooperación en Venezuela ha sido durante años un punto de fricción con Washington, que ahora se ve dramáticamente exacerbado con un saldo fatal sin precedentes en décadas. Un mensaje de resistencia y un llamado a la memoria La declaración de duelo, fechada en el Palacio de la Revolución y firmada en el “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, envía múltiples mensajes. Internamente, cohesiona a la población en torno a una narrativa de resistencia y honor frente a lo que califica como agresión imperial. Externamente, proyecta una imagen de Cuba como nación dispuesta a pagar un precio alto por sus alianzas y principios, al tiempo que carga de dramatismo su condena a la operación estadounidense. El duelo nacional coincide con el inicio de una batalla diplomática global por la liberación del presidente Nicolás Maduro y la condena de la intervención. Al honrar a sus caídos de esta manera, Cuba no solo llora a sus muertos, sino que politiza su sacrificio, convirtiéndolo en un argumento adicional para exigir responsabilidades y movilizar la opinión pública internacional contra lo que denomina, sin ambages, un “criminal ataque”. Las banderas a media asta en la isla son, también, una bandera de combate en el escenario de la disputa ideológica y geopolítica que ha estallado en el Caribe.
El Pentágono Revela la Envergadura de la Operación que Dejó 40 Muertos en Venezuela
El jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. detalló el uso de más de 150 aeronaves desde 20 bases para la captura de Maduro, mientras un reporte del New York Times cifra en 40 las víctimas fatales de los bombardeos. Por Servicios umbral.local/ WASHINGTON/CARACAS, domingo 4 de enero.— La agresión militar estadounidense contra Venezuela en la madrugada de este sábado dejó un saldo preliminar de al menos 40 personas fallecidas, según un reporte del diario The New York Times que cita a un funcionario venezolano bajo anonimato. La cifra de víctimas mortales emerge mientras el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EE.UU., reveló en una conferencia de prensa conjunta con el presidente Donald Trump los detalles de una operación de una escala y complejidad sin precedentes en el hemisferio occidental, empleando más de 150 aeronaves desplegadas desde 20 bases terrestres y marítimas. El reporte del Times, elaborado por sus corresponsales en Caracas, da rostro humano a la tragedia. Relata el caso de Rosa González, de 80 años, fallecida en un bombardeo en Catia La Mar, zona costera cercana al aeropuerto de Maiquetía. Su sobrino, Wilman González, resultó herido con impactos de metralla que estuvieron a punto de costarle un ojo. El periódico describe cómo el ataque dejó al descubierto el interior de un apartamento, donde entre los escombros yacía un retrato del Libertador Simón Bolívar “acribillado” por la artillería. La mecánica de una “operación audaz” En una detallada exposición, el general Caine describió una misión meticulosamente planeada que extrajo lecciones de décadas de operaciones especiales. “Fue una operación audaz que solo Estados Unidos podía llevar a cabo”, afirmó el militar, flanqueado por el presidente Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Según Caine, la inteligencia estadounidense había recolectado desde diciembre información exhaustiva sobre los movimientos, hábitos e incluso las mascotas del presidente Nicolás Maduro. La operación, bautizada como una “extracción”, inició con el despegue nocturno de una fuerza combinada que incluía cazabombarderos de última generación F-22 y F-35, bombarderos B-1, aviones de guerra electrónica EA-18, aeronaves de vigilancia E-2 y una flota de drones. Mientras esta armada aérea se aproximaba a Caracas, su primer objetivo fue “desmantelar y desactivar los sistemas de defensa aérea en Venezuela” para permitir el paso seguro de los helicópteros con el equipo de captura, que volaba a apenas 30 metros sobre el nivel del mar. La captura y el costo humano Caine confirmó que una de las aeronaves fue impactada por la defensa antiaérea venezolana, pero logró regresar a su base. La fuerza de asalto terrestre, integrada por elementos militares y agentes del orden público, llegó al complejo residencial de Maduro a la 1:01 a.m. (hora del Este). “La fuerza de captura descendió… y se movió con rapidez, precisión y disciplina hacia su objetivo”, relató. El presidente Trump agregó que Maduro intentó refugiarse en una “especie de fortaleza” blindada dentro del complejo, pero fue detenido antes de lograrlo. Las declaraciones del alto mando militar contrastan con la cruda realidad reportada desde el terreno: los bombardeos previos y simultáneos a la incursión, presentados como acciones de “despeje” y “protección”, tuvieron un costo civil tangible. La cifra de 40 fallecidos, aún no confirmada oficialmente por el gobierno venezolano—que se encuentra en la fase de recopilación de información—, sugiere que la “máxima precisión” proclamada por el Pentágono no evitó una significativa pérdida de vidas en zonas residenciales. La conferencia del Pentágono, más que una justificación, fue una exhibición de poderío militar absoluto y una reivindicación de la doctrina de intervención unilateral. Mientras, en las calles de Caracas y en los pasillos de la ONU, el debate ya no gira solo en torno a la legalidad de la captura de un jefe de Estado, sino al precio en sangre que su búsqueda ha impuesto al pueblo venezolano.
El TSJ Ordena a Delcy Rodríguez Asumir la Presidencia Encargada de Venezuela
Ante la \»ausencia temporal\» de Maduro, declarada tras su detención en EE.UU., la vicepresidenta asumirá el cargo por 90 días renovables, mientras el gobierno muestra unidad en el Consejo de Defensa de la Nación. Por Virtudes Álvarez Sampedro CARACAS, sábado 3 de enero.— En una decisión de trascendencia histórica para el orden constitucional venezolano, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó este sábado por la noche que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma “inmediatamente la Presidencia Encargada de la República Bolivariana de Venezuela”. El fallo se produjo tras declarar “la ausencia temporal del Presidente de la República, Ciudadano Nicolás Maduro Moros, para todos los efectos legales correspondientes”, en atención a una solicitud de interpretación constitucional presentada por la propia Rodríguez. La decisión, emitida por la Sala Constitucional del máximo tribunal, se ampara en los artículos 233 y 234 de la Carta Magna. Estos establecen que, ante una ausencia temporal del presidente, el cargo será asumido por el vicepresidente ejecutivo por un período de 90 días, renovable por la Asamblea Nacional, sin que sea necesario convocar elecciones inmediatas. El movimiento institucional busca proveer de continuidad y estabilidad al gobierno en medio de la crisis sin precedentes generada por la captura y traslado forzoso del mandatario a territorio estadounidense. Unidad institucional en el Consejo de Defensa de la Nación Horas antes del fallo del TSJ, la vicepresidenta Rodríguez ya había encabezado una reunión del Consejo de Defensa de la Nación, el máximo órgano constitucional de consulta en materia de defensa y seguridad. En la sesión, transmitida en cadena nacional, participaron las más altas autoridades del Estado: el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el jefe del Comando Estratégico Operacional, general Domingo Hernández Lárez; el ministro del Interior, Diosdado Cabello; la presidenta del TSJ, Caryslia Rodríguez; el fiscal general Tarek W. Saab; y todos los vicepresidentes sectoriales. La imagen colectiva buscó —y logró— enviar un mensaje contundente al país y al mundo: pese al golpe devastador de la captura de su líder, la estructura del Estado bolivariano y sus poderes públicos permanecen unidos, en funcionamiento y operando dentro del marco constitucional. La designación de Rodríguez como presidenta encargada por la vía judicial corona esta estrategia de preservación institucional. Maduro, en prisión federal en Brooklyn Mientras en Caracas se tomaban estas medidas, las primeras imágenes del presidente Maduro como prisionero en Estados Unidos comenzaron a circular. Un video en redes sociales lo muestra ingresando a las instalaciones del Metropolitan Detention Center, una prisión federal en Brooklyn, Nueva York, donde pronuncia un escueto “Buenas Noches. Feliz Año Nuevo”. Según información judicial, Maduro y su esposa, Cilia Flores, serán presentados ante el Tribunal Federal del Distrito Sur en Manhattan a principios de la próxima semana para escuchar los cargos en su contra. La acusación penal, originalmente elaborada en 2020 y ahora actualizada, incluye cargos de “narcoterrorismo” y tráfico de cocaína, alegando que el mandatario conspiró durante décadas con carteles como el de Sinaloa y grupos como las FARC. La investigación también implica a otros altos funcionarios venezolanos. El juez asignado al caso es Alvin Hellerstein, magistrado veterano designado por el expresidente Bill Clinton. El gobierno venezolano, ahora bajo la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, enfrenta el doble desafío de gestionar la crisis interna de legitimidad y estabilidad, mientras libra, en los tribunales de su principal acusador, una batalla legal que definirá el destino de su presidente cautivo. La transición de poder en Caracas, aunque constitucional, se desarrolla bajo la sombra alargada de una intervención militar extranjera.
El ALBA-TCP Condena el “Acto de Guerra” y Exige la Liberación de Maduro
El bloque regional califica la operación militar estadounidense como una “violación grave y deliberada del derecho internacional” y demanda la liberación inmediata e incondicional del presidente venezolano, asegurando que Venezuela “no está sola”. Por Brendalis Reyes CARACAS, sábado .— Con un lenguaje de contundencia diplomática y un firme arraigo en los principios de soberanía y autodeterminación, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) condenó este sábado, de manera “absoluta, categórica y sin matices”, el ataque militar ejecutado por Estados Unidos contra Venezuela, al que calificó como un “acto de guerra”. En una declaración oficial, el bloque integracionista hizo un llamado urgente a gobiernos y movimientos sociales del mundo a repudiar la agresión, que incluyó bombardeos y el “secuestro” del presidente Nicolás Maduro, y exigió su “liberación inmediata e incondicional”. El comunicado del ALBA, organismo fundado por Cuba y Venezuela, insiste en “el respeto a la soberanía, la paz y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino” y precisa que “esta agresión armada constituye una violación grave y deliberada del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas, de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”. La denuncia subraya la gravedad del desconocimiento del paradero del mandatario, exigiendo de manera inmediata una “fe de vida” y el respeto a su integridad física y moral, hecho que tilda de “crimen internacional de extrema gravedad”. Un mensaje de firmeza y unidad regional Más allá de la condena, la declaración emite un mensaje político de resistencia y apoyo inquebrantable. “Los países del ALBA afirmamos con absoluta claridad que ninguna agresión imperial logrará quebrar la voluntad política del pueblo venezolano ni desestabilizar su institucionalidad”, sostiene el texto. Saludando al pueblo y al Gobierno Bolivariano, el bloque asegura que estos han demostrado, “y seguirán demostrando, su capacidad histórica para preservar la estabilidad interna, la paz social y el orden constitucional”. La frase final, “Venezuela no está sola”, resume la postura de solidaridad activa que promueve la alianza. Este posicionamiento colectivo del ALBA-TCP se suma a las primeras y airadas reacciones de actores claves en la región, como Cuba y Nicaragua —miembros plenos del bloque—, y a las declaraciones previas de Rusia. Constituye la primera respuesta oficial coordinada de un grupo de estados latinoamericanos y caribeños, delineando un frente de rechazo político y diplomático a la acción unilateral de Washington. La referencia explícita a la “Zona de Paz”, proclamada por la CELAC en 2014, busca enmarcar la agresión no solo como un ataque a un país, sino como una violación a un principio fundacional de la política exterior consensuada por la región. El escenario de una batalla diplomática ampliada La declaración del ALBA no es un gesto aislado, sino la apertura de un flanco regional en lo que se perfila como una extensa batalla en foros multilaterales. Al exigir la liberación de Maduro y tildar su captura de “secuestro”, el bloque desafía directamente la narrativa jurídica esbozada por el senador estadounidense Mike Lee, quien habló de un “arresto” para un “juicio penal”. Esta confrontación de narrativas —una que habla de crimen internacional y otra de procedimiento judicial— anticipa un choque en la ONU, la OEA y otros organismos donde el ALBA tiene voz. Con esta condena unánime, los países del ALBA-TCP envían una señal clara: la crisis venezolana ha entrado en una fase donde la solidaridad regional se activa como un mecanismo de defensa política. Mientras las calles de Estados Unidos y otras naciones ven protestas, y la vicepresidenta venezolana gestiona el gobierno en la incertidumbre, la diplomacia de los aliados históricos de Caracas se moviliza para intentar contrarrestar, desde el derecho y la retórica internacional, la abrumadora asimetría de fuerza militar desplegada sobre Venezuela.
Protestas en EE.UU. Condenan la Guerra por Petróleo en Venezuela
Miles de manifestantes se congregaron frente a la Casa Blanca y en una decena de ciudades estadounidenses coreando consignas contra la intervención militar de Trump y denunciando que el verdadero objetivo es el control de los recursos venezolanos. Por Julio César Guzmán Acosta WASHINGTON/NUEVA YORK, Domingo .— En una muestra de descontento interno que atraviesa la geografía norteamericana, miles de personas se congregaron este sábado en ciudades de Estados Unidos para condenar las acciones militares de la administración Trump contra Venezuela y expresar su solidaridad con el pueblo venezolano. Las protestas, convocadas de urgencia por la coalición Answer tras conocerse los bombardeos en Caracas, se desarrollaron de manera pacífica frente a la Casa Blanca y en metrópolis como Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Anchorage y Phoenix, entre otras. Bajo un coro unánime de “¡No a la guerra contra Venezuela!”, los manifestantes alzaron carteles con mensajes que desnudan la lectura crítica que una parte de la sociedad estadounidense tiene sobre la intervención: “No a la guerra por petróleo”, “No sangre por petróleo”, “Manos fuera de Venezuela”, “Dinero para las necesidades de la gente, no para la máquina de guerra” y “Todo es sobre el petróleo”. Las consignas, repetidas en cada punto de concentración, rechazan la narrativa oficial de Washington y apuntan directamente a los recursos energéticos como el verdadero botín del conflicto. Un rechazo transversal y geográficamente disperso La amplitud de las movilizaciones fue notable, extendiéndose desde la costa este hasta el lejano oeste y el norte frío. Además de la emblemática protesta frente a la residencia presidencial en Washington D.C., se registraron concentraciones en Anchorage (Alaska), Charlotte (Carolina del Norte), Eugene (Oregón), San Diego (California), Pittsburgh (Pensilvania), Phoenix (Arizona), San Marcos (Texas) y Savannah (Georgia). En Nueva York, una masiva demostración llenó las calles, confirmando, según la organización The People’s Forum en la red social X, que “el pueblo de Estados Unidos se opone a la guerra criminal contra Venezuela y defiende la paz y la soberanía del pueblo venezolano”. La coalición Answer, impulsora de la convocatoria, alertó en su llamado que “este podría ser el comienzo de otra guerra, basada completamente en mentiras”, recordando que “más del 70% de la gente en los Estados Unidos se opone a una nueva guerra”. En un comunicado, la organización exigió que la violencia no se cometa “en nuestro nombre” y reclamó que los fondos públicos se destinen a las necesidades sociales y no al complejo militar-industrial. “La guerra de Trump y su círculo de ultraderecha no es sobre narcotráfico ni democracia, sino sobre robar el petróleo de Venezuela y dominar América Latina”, recalcó Answer. La voz disonante en el corazón del imperio Estas protestas representan una voz disonante y organizada en el seno de la sociedad estadounidense, que cuestiona no solo la legalidad, sino la moralidad y los motivos reales detrás de una operación militar de consecuencias impredecibles. El mensaje de los manifestantes resuena con las acusaciones hechas por el gobierno venezolano y varios líderes internacionales, que ven en la agresión una repetición de patrones históricos de intervención por recursos. Mientras el presidente Trump se prepara para dar una conferencia de prensa desde Mar-a-Lago para detallar la operación, las imágenes de ciudadanos estadounidenses protestando frente a su propia Casa Blanca condenando la guerra por petróleo, envían un potente mensaje al mundo: la disputa por Venezuela no solo divide a la comunidad internacional, sino que también fractura la opinión pública dentro de los propios Estados Unidos, recordando las grandes movilizaciones que precedieron a otras intervenciones controversiales en el pasado. La calle norteamericana, al menos una parte significativa de ella, ha comenzado a juzgar y rechazar esta nueva aventura militar.
Diosdado Cabello Llama a la Calma y Acusa a EE.UU. de una \»Masacre Cobarde\» en Venezuela
El ministro del Interior y número dos del chavismo, rodeado de militares, insta al pueblo a no \»facilitarle las cosas al enemigo invasor\» y cuestiona la complicidad de los organismos internacionales tras el ataque y captura de Maduro. Por Virtudes Álvarez Sampedro CARACAS, sábado.— En un mensaje de firmeza dirigido a una nación en estado de shock, el ministro del Interior de Venezuela y poderoso número dos del chavismo, Diosdado Cabello, hizo un llamado este sábado a la \»calma\» y a no \»facilitarle las cosas al enemigo invasor\», tras calificar como \»criminal y terrorista\» el ataque ejecutado por Estados Unidos, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa. La alocución, transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) con Cabello flanqueado por un alto mando militar, buscó proyectar unidad y control en medio del vacío de poder generado por la desaparición forzosa del mandatario. “Mucha calma, que nadie caiga en el desespero, que nadie caiga en facilitarle las cosas al enemigo invasor, al enemigo terrorista que nos atacó cobardemente”, afirmó Cabello, cuya figura se erige como uno de los pilares del gobierno en esta crisis. El ministro, dirigiéndose directamente a la ciudadanía, pidió confiar \»en el liderazgo\» y en la \»dirigencia del alto mando político, militar\», en un claro intento de cohesionar las filas del chavismo y disuadir cualquier acción de desorden interno que pudiera aprovechar la potencia invasora. Un desafío a la comunidad internacional Más allá del llamamiento interno, Cabello lanzó una andanada de durísimas preguntas retóricas hacia los organismos multilaterales, acusándolos de potencial complicidad por su silencio. “¿Van a hacer pública su complicidad ante el ataque invasor, ante el asesinato de civiles, bombas cayendo en edificios, en lugares habitados por civiles? ¿Van a ser los organismos internacionales cómplices de esa masacre?”, interrogó, elevando la gravedad de los hechos a la categoría de crimen de guerra y exigiendo un pronunciamiento que hasta ahora, salvo por las voces de Rusia, Cuba y algunos líderes regionales, no se ha producido con la contundencia que Caracas demanda. El ministro evaluó que Estados Unidos logró su objetivo \»parcialmente\», una referencia clara a la captura de Maduro, pero destacó como un éxito de resistencia que el pueblo no hubiera salido \»desbocado\», sugiriendo que la operación también buscaba provocar un caos social que no se materializó. Esta narrativa busca transformar la profunda vulnerabilidad demostrada por el ataque sorpresa en un relato de fortaleza y serenidad colectiva. El vacío y la incertidumbre El mensaje de Cabello opera en el tenso limbo creado por el anuncio del presidente Donald Trump en Truth Social, donde confirmó el “éxito” del “ataque a gran escala” y la captura y traslado aéreo de Maduro y Cilia Flores. Mientras, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien mantuvo una llamada con el canciller ruso Serguéi Lavrov, sigue admitiendo que el gobierno desconoce el paradero de ambos y exige una “prueba de vida”. La aparición de Cabello, un histórico de la revolución bolivariana con gran influencia en las Fuerzas Armadas, parece ser la respuesta del núcleo duro del chavismo para llenar el vacío de liderazgo visible y asegurar la continuidad del gobierno. Su discurso, entre la exhortación a la calma y la denuncia internacional, traza la hoja de ruta inmediata del régimen: mantener la cohesión interna, internacionalizar la crisis como una “masacre” y preparar el terreno para una prolongada batalla diplomática y de legitimidad, mientras el destino de su presidente máximo se decide en manos de una potencia extranjera.
El PCT Condena la Agresión a Venezuela y Llama a la Solidaridad Dominicana

El Buró Político del Partido Comunista del Trabajo tilda las acciones de EE.UU. de \»violación flagrante del derecho internacional\» y convoca a movilizaciones populares en la isla en defensa de la soberanía y contra el \»imperialismo\». Por Servicios umbral.local/ SANTO DOMINGO.— En un posicionamiento de firme tono ideológico y llamado a la acción, el Buró Político del Partido Comunista del Trabajo (PCT) expresó su “más enérgica condena” ante lo que denominó la “reciente escalada de agresiones e injerencia” del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela, incluyendo los ataques aéreos y la captura del presidente Nicolás Maduro. En una declaración pública difundida este sábado, la organización política dominiana calificó los hechos como parte de una “estrategia sistemática” imperialista para restaurar el control sobre países que optan por vías de desarrollo independientes y hacerse con sus recursos naturales. El comunicado, de prosa combativa y anclado en la tradición de la izquierda antiimperialista, sostiene que las acciones de pWashington representan una “violación flagrante del derecho internacional y del principio de autodeterminación”. Para el PCT, los mecanismos de presión económica y militar son “herramientas de dominación” destinadas a castigar a un pueblo que “ha decidido ser dueño de su propio destino”, situando a la soberanía venezolana como “la frontera de dignidad de toda nuestra América”. Un llamado patriótico a la movilización en suelo dominicano Más allá de la condena, el Buró Político hizo un “llamado patriótico y urgente al pueblo dominicano” para mantenerse alerta y expresar un “rechazo activo” a la agresión. Argumentando una “historia compartida de lucha contra las intervenciones extranjeras”, el partido vincula la causa dominicana con la venezolana y subraya que la paz regional depende de “la unidad y el apoyo mutuo” frente a ataques externos. En un paso hacia la acción concreta, el PCT convocó formalmente a “todas las organizaciones democráticas, populares y sociales de la República Dominicana a organizar jornadas de solidaridad y movilización en respaldo a la Revolución Bolivariana”. El objetivo declarado es que “la voz de los trabajadores dominicanos se escuche con fuerza” para reafirmar que no se permitirá “que se violente la paz de un pueblo que solo anhela construir su futuro sin tutelajes extranjeros”. El contexto regional: una crisis que polariza La declaración del PCT se inserta en un panorama regional profundamente dividido frente a la intervención militar estadounidense. Mientras gobiernos como los de Colombia y Cuba han condenado la acción, y Rusia ha exigido la liberación de Maduro, otras voces dentro de la oposición venezolana y algunos gobiernos conservadores de la región podrían ver con buenos ojos la caída del chavismo. El llamado del partido dominiano refleja la postura de los sectores más radicales de la izquierda latinoamericana, que interpretan la crisis venezolana como un punto de inflexión en la lucha histórica contra la hegemonía de Estados Unidos en el continente. Con esta proclama, el PCT no solo se pronuncia sobre un evento internacional de magnitud, sino que busca galvanizar a su base y a los movimientos sociales aliados dentro de la República Dominicana, tratando de transformar la indignación internacional en movilización callejera local. La efectividad de su convocatoria medirá, en parte, la temperatura del sentimiento antiimperialista y la solidaridad con Venezuela en el Caribe hispano.
Moscú Exige a Washington la Liberación Inmediata de Maduro y su Esposa
Rusia insta a EE.UU. a \»reconsiderar\» la captura del mandatario venezolano, calificándola de violación inaceptable de la soberanía, y aboga por una salida dialogada a la crisis tras una llamada entre Lavrov y la vicepresidenta Rodríguez. Por Ángel F. Guzmán MOSCÚ, sábado.— En la primera reacción de una potencia global con peso en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia ha exigido formalmente a Estados Unidos la liberación inmediata del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, tras confirmarse su captura por fuerzas estadounidenses. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, en un comunicado de firme tono diplomático, instó a Washington a “reconsiderar esa postura” y a poner en libertad “a un presidente que fue legítimamente elegido”, defendiendo con ello el principio de soberanía nacional y no intervención. La declaración oficial, emitida este sábado, constituye el posicionamiento más claro y contundente hasta el momento de una potencia rival de Estados Unidos frente a la operación militar que culminó con el bombardeo de objetivos en Caracas y la posterior aprehensión de los mandatarios. “Instamos encarecidamente a las autoridades estadounidenses a liberar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa”, rezaba el texto, que además abogó por “la creación de unas condiciones que permitan resolver el conflicto existente a través del diálogo”. Una crisis que escala hacia una confrontación global El pronunciamiento de Moscú se produce tras una conversación telefónica entre el canciller ruso, Serguéi Lavrov, y la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien horas antes había asumido la conducción del gobierno ante la ausencia forzada de Maduro y exigido una “prueba de vida” a la administración Trump. Este contacto de alto nivel desmiente las especulaciones de algunos medios occidentales que sugerían un posible viaje de Rodríguez a Rusia, y en su lugar subraya el firme apoyo político de Moscú a Caracas en medio de la convulsión. Previamente, la portavocía de Exteriores rusa ya había exigido aclaraciones sobre el paradero del presidente venezolano, advirtiendo que su captura sería una “violación inaceptable” de la soberanía de un Estado independiente. La nueva declaración oficial convierte esa advertencia en una exigencia concreta y pública, colocando a Rusia a la cabeza de la oposición internacional a la acción unilateral de Estados Unidos. El tablero geopolítico se redefine La firme postura de Rusia no es un gesto aislado. Representa la entrada formal en la crisis de un actor con veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y con profundos intereses estratégicos, económicos y militares en Venezuela, país al que ha brindado apoyo financiero, diplomático y de defensa durante años. Al calificar a Maduro como un presidente “legítimamente elegido”, Moscú rechaza de plano la narrativa estadounidense que durante años lo ha deslegitimado, y se alinea explícitamente con el gobierno constitucional venezolano. Este movimiento configura un escenario de alta tensión entre dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, justo cuando el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y otros líderes regionales han exigido una sesión de emergencia del organismo. La demanda rusa de liberación y diálogo contrasta diametralmente con la justificación estadounidense de un “juicio penal” en suelo norteamericano, anticipando un choque diplomático de proporciones en el corazón de la gobernanza global. La crisis venezolana ha trascendido, en cuestión de horas, el ámbito regional para convertirse en un punto de fricción entre grandes potencias. El llamado de Moscú es un primer acto en lo que promete ser una prolongada batalla en los pasillos de la ONU, donde la legalidad internacional y el futuro de la soberanía en el siglo XXI serán puestos a prueba.
La Agresión a Venezuela es la Piratería del Siglo: El Petróleo como Botín de Guerra

El ataque militar estadounidense que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro no es un capítulo aislado de la supuesta lucha contra las drogas, sino la manifestación más cruda de una doctrina imperial que, desde Irak hasta Libia, busca el control de los recursos estratégicos bajo el disfraz de una misión civilizadora. Por Julio Guzmán Acosta La historia, con su memoria implacable, nos obliga a mirar el presente con los ojos del pasado. El anuncio de que fuerzas militares de los Estados Unidos han bombardeado Caracas, La Guaira y Aragua, para después capturar y extraer del territorio nacional al presidente constitucional Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores, no es un evento inaudito. Es, por el contrario, la repetición de un guión neocolonial cuyas páginas están manchadas con el petróleo de Medio Oriente y la sangre de naciones soberanas. Vestir esta agresión con el ropaje de la “lucha contra el narcotráfico” es un insulto a la inteligencia internacional y una burda justificación que ya hemos visto desplegarse antes. Lo que se juega en las ricas tierras de la patria de Simón Bolívar no es la moralidad global, sino el control de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el senador Mike Lee, han tenido al menos la cínica franqueza de esbozar la verdadera naturaleza del procedimiento: Maduro será juzgado en un tribunal estadounidense. He aquí la culminación de la doctrina del gendarme mundial. Un presidente elegido, por más que su gobierno sea objeto de controversia interna y externa, es arrancado de su país por la fuerza de las armas para ser sometido a la justicia de quien actúa como juez, jurado y verdugo. Esta es la misma lógica que pretendió imponer la invasión de Iraq en 2003, basada en las infames “armas de destrucción masiva” que nunca aparecieron, y cuyo resultado final fue la destrucción de un Estado y la apertura de sus pozos petroleros a corporaciones foráneas. Es la lógica que convirtió a Libia, tras la intervención de la OTAN en 2011, de un país funcional en un Estado fallido y un mercado abierto para el saqueo de sus recursos. Es la sombra alargada de las invasiones a Granada y Panamá, donde la “restauración de la democracia” sirvió de cortina de humo para ajustar geopolíticas y controlar vías estratégicas. La administración Trump, al autorizar este acto de piratería del siglo XXI, ha cruzado una línea roja que ni siquiera en los momentos más álgidos de la Guerra Fría se osó traspasar: la captura física y el traslado forzoso de un jefe de Estado en ejercicio. Este precedente es catastrófico para el orden internacional basado en la soberanía y la no injerencia, pilares de la Carta de las Naciones Unidas. Que el senador Lee intente justificarlo bajo el ambiguo paraguas de “proteger a personal estadounidense” evidencia el vacío jurídico de la operación. La Constitución estadounidense reserva al Congreso la declaración de guerra, pero, una vez más, el poder ejecutivo actúa como un cowboy global, disparando primero y buscando justificaciones después. La verdadera motivación, como lo ha sido en innumerables ocasiones, late bajo la superficie de las declaraciones oficiales. Venezuela no es atacada por ser una narcodictadura—una acusación jamás probada en tribunales internacionales y utilizada de manera selectiva contra gobiernos desafiantes—, sino por ser la dueña de una riqueza natural que la hace un premio geopolítico. El petróleo venezolano, sus minerales estratégicos y su posición geográfica son el botín. La “lucha contra las drogas” y la “defensa de la democracia” son meros eslóganes de propaganda, diseñados para el consumo interno y para adormecer la conciencia de una comunidad internacional demasiado acostumbrada a la hipocresía de los fuertes. Ante esta atrocidad, el silencio es complicidad. El mundo entero, y en particular los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, deben alzar una voz de repudio unánime y contundente. No se puede tolerar que la ley de la jungla reemplace al derecho internacional. Los organismos multilaterales—la ONU, la CELAC, el MNOAL, la Unión Africana—tienen el deber histórico de condenar este acto bárbaro, exigir la inmediata liberación del presidente Maduro y su esposa, y demandar el respeto irrestricto a la soberanía e integridad territorial de Venezuela. Deben recordar las amargas lecciones de Iraq y Libia: el camino de la intervención y el caos sólo conduce a más sufrimiento, inestabilidad y pérdida de vidas inocentes. La solidaridad activa que hoy reclama Caracas no es sólo un gesto de fraternidad; es una defensa del principio más elemental de convivencia entre naciones: que ningún país tiene derecho a imponer su voluntad sobre otro mediante el terror de las bombas. El regreso de Maduro a su país y el cese de esta agresión son el mínimo que la dignidad mundial puede exigir. De lo contrario, habremos validado que el poder bruto y la codicia son la única ley, y que cualquier nación rica en recursos pero pobre en aliados poderosos está condenada a convertirse en el próximo objetivo de la piratería moderna. El legado de Simón Bolívar, el de la independencia y la soberanía, clama hoy desde cada cráter abierto por las bombas en suelo venezolano. El mundo debe escuchar.