¡Tres revoluciones y un pulso contra el poder!: Iván Cepeda lanza su programa para \»desmontar las élites\» y enterrar el modelo militarista
El candidato del Pacto Histórico propone un Banco del Pueblo, una reforma agraria profunda, justicia ambiental, la reversión de la privatización de la salud y un sistema propio contra la macrocorrupción. En seguridad, rechaza la militarización como única vía y sitúa la paz con justicia social en el centro de su agenda. Por Brendalis Reyes No es un programa de gobierno convencional. Es, en esencia, una declaración de principios envuelta en la urgencia de un país que aún sangra por las heridas del conflicto, la desigualdad estructural y la desconfianza hacia sus instituciones. El senador y candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha presentado oficialmente su hoja de ruta para el próximo cuatrienio: un proyecto que él mismo bautiza como \»tres revoluciones\» —la ética, la social‑económica y la política— y que atraviesa cada uno de sus planteamientos como un hilo invisible pero indestructible. En las últimas horas, Cepeda se ha consolidado como el abanderado de la continuidad del gobierno de Gustavo Petro, pero con un matiz significativo: donde Petro irrumpió como el outsider que fracturó el tablero tradicional, el senador pretende ser el arquitecto de las profundizaciones. Su campaña, construida desde los márgenes hacia el centro, apela directamente a los movimientos sociales, a las víctimas del conflicto armado, a las comunidades indígenas y afrodescendientes, y a esos territorios olvidados que han sido, durante décadas, el reverso oscuro del desarrollo nacional. Seguridad sin tanques, justicia con memoria Quizás uno de los puntos más audaces del programa es su enfoque en materia de seguridad. \»No gobernaremos con el fusil bajo el brazo\», parece decir el candidato, quien rechaza de plano la militarización como respuesta única frente a la violencia. Lejos de los discursos castrenses que han dominado la historia reciente de Colombia, Cepeda concibe la seguridad como un derecho ciudadano integral: protección de líderes sociales y defensores de derechos humanos, combate al crimen organizado a través del desmantelamiento de sus estructuras financieras, y una apuesta clara por las negociaciones de paz con los grupos armados ilegales. La paz con justicia social no es, en su retórica, un eslogan. Es el eje central de su agenda de seguridad. Propone un diálogo constante con los movimientos sociales para abordar las causas estructurales de la violencia y consolidar los acuerdos alcanzados durante el gobierno saliente. El bolsillo como campo de batalla: impuestos a las grandes fortunas y un Banco del Pueblo En el frente económico, el senador no esconde su filiación: la progresividad tributaria será su caballo de batalla. Propone gravar las grandes fortunas de Colombia y reducir drásticamente las exenciones fiscales a las grandes empresas. Los recursos adicionales, promete, se destinarán íntegramente a programas sociales. Pero su propuesta más novedosa en esta materia es la creación del Banco del Pueblo, una entidad financiera pública diseñada para comunidades empobrecidas sin acceso al sistema bancario tradicional. No se trata de un banco más, insiste su equipo, sino de una herramienta de inclusión y soberanía económica. A ello se suma la consolidación de las reformas laboral y pensional impulsadas por Petro, y una reivindicación de la economía campesina y popular como verdadero motor productivo del país, en detrimento del latifundio y el extractivismo. Salud: reversión de la Ley 100 y adiós a los intermediarios Uno de los puntos que ha generado mayor expectación y también rechazo en los sectores tradicionales es su propuesta sanitaria. Cepeda propone revertir la privatización del sistema de salud instaurada con la Ley 100, defender el sistema público y reducir el poder de los intermediarios privados. Una prolongación directa de la fallida reforma a la salud que el Senado ha negado repetidamente. El candidato insiste en que la salud es un derecho fundamental, no un negocio, y promete destinar a su fortalecimiento los recursos recuperados de la corrupción en el sector. Educación y ambiente: universidad gratuita en el campo y Colombia como potencia de la vida En educación, su promesa es clara: educación pública, gratuita y de calidad hasta el nivel superior, con énfasis especial en las zonas rurales, históricamente excluidas del acceso a la universidad. La universidad pública es concebida como un espacio de pensamiento crítico y soberanía del conocimiento. En el plano ambiental, la candidatura de Cepeda abandera el concepto de Colombia como \»potencia mundial de la vida\». Rechaza el extractivismo depredador, apoya a las comunidades que defienden su territorio frente a proyectos minero-energéticos y sitúa la territorialidad indígena, campesina y afrodescendiente en el corazón de su política ambiental. La justicia ambiental y los derechos de los animales encuentran por primera vez un lugar destacado en un programa presidencial colombiano. El sistema contra la macrocorrupción: una cacería sin perdón Quizás el flanco más ambicioso —y necesario— de su programa es el Sistema Nacional contra la Macrocorrupción. Cepeda parte de una premisa incómoda: la corrupción no es un delito individual, sino una macrocriminalidad que captura instituciones, distorsiona mercados y despoja comunidades. Para enfrentarla, propone cinco pilares: la UIAF como herramienta de prevención, el Portal Anticorrupción de Colombia (PACO), una Unidad de Investigación de Macrocorrupción en la Fiscalía, una instancia de juzgamiento especial para corrupción sistémica, un Fondo de Reparación para las Víctimas de la Corrupción, y presencia ciudadana en los territorios con mayor impunidad. Su meta es reducir la actual impunidad —que estima en un estremecedor 94%— y gobernar bajo el principio de \»austeridad republicana\». Víctimas, mujeres y política exterior: un giro descolonizado Cepeda sitúa a las víctimas en el centro de su eventual gobierno. Verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición no son retórica: propone el reconocimiento del genocidio político contra la Unión Patriótica y las comunidades campesinas e indígenas, y un apoyo explícito a las madres buscadoras, las víctimas de falsos positivos y casos emblemáticos como La Escombrera. En su enfoque de género, las mujeres tienen un papel protagónico en las tres revoluciones. Propone una renta básica para la población en pobreza extrema, atención específica para mujeres víctimas de violencia sexual y desplazamiento, y una política de igualdad sustantiva. Finalmente, en política exterior, el candidato propone una
Trump respalda a la ultraderecha en Colombia y desata oleada de repudio contra Abelardo De la Espriella
El presidente de Estados Unidos manifestó su “total apoyo” al candidato presidencial Abelardo De la Espriella, provocando el rechazo del Gobierno colombiano, excandidatos, exdiplomáticos y legisladores, que calificaron la injerencia como un ataque a la soberanía nacional. Las voces opositoras alertan sobre intereses extranjeros en los recursos naturales del país, en la antesala del balotaje del 21 de junio entre De la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda. Por Redacción Internacional Bogotá, 4 jun. — Nuevas voces rechazan hoy en Colombia el pronunciamiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante la víspera expresó su “total respaldo” al candidato ultraderechista a la Presidencia Abelardo De la Espriella. El viceministro de Asuntos Multilaterales de la Cancillería, Mauricio Jaramillo, repudió la postura del gobernante estadounidense. “No es un apoyo, es un ataque a Colombia, a sus instituciones, a su pueblo y a lo más valioso, la soberanía que hemos conquistado en 200 años”, escribió en su cuenta de la red social X. La excandidata presidencial Claudia López también expresó su malestar. “El Defensor de la Mafia es además la marioneta del trumpismo. No solo porque es una copia payasesca de la estrategia electoral trumpista sino porque es chantajeable con el dossier de toda la mafia que ha defendido. Payaso y chantajeable es la combinación ideal para ellos. ¿Y nosotros? ¿Nos vamos a dejar?”, cuestionó en sus redes sociales. Asimismo, el exvicecanciller Jorge Rojas consideró que la intromisión de Trump no podrá impedir el triunfo del candidato de la izquierda, Iván Cepeda. “La meta es un millón de votos más en Bogotá para ganar en la segunda vuelta. Vamos por 2,7 millones de votos en la capital del país”, expresó. El exembajador Camilo Romero denunció que el apoyo de Trump a De la Espriella tiene más de un propósito. “Lo que quiere son nuestros recursos naturales. La pregunta es: ¿se los vamos a regalar? Por nosotros, por nuestros hijos, vota el 21 de junio @IvanCepedaCast”, manifestó en referencia a la apuesta del Movimiento Progresista Pacto Histórico. La senadora por el partido Comunes Sandra Ramírez también patentizó su repudio. “Nos oponemos rotundamente a la injerencia de los Estados Unidos en las decisiones internas de nuestro país. ¿Qué sigue después? ¿El fraude y la invasión de nuestro país? ¿Eso es lo que busca la derecha?”, refirió. Todas estas manifestaciones se suman a otras que se generan desde la víspera. El presidente Gustavo Petro, por su parte, ratificó en un mensaje el carácter soberano de su nación tras los comentarios de su homólogo estadounidense. Según escribió el mandatario neogranadino en su cuenta de la red social X, cuando un país interviene en las decisiones de otro, muere la libertad. “Invito a toda Colombia a votar en plena libertad y no volvernos ni esclavos ni colonia de nadie. Luchó toda una generación joven de neogranadinos y neogranadinas al lado de Bolívar y Nariño para darnos Libertad y Soberanía. Si el corazón del mundo pierde su libertad y soberanía se apaga la esperanza del mundo y de Colombia”, expresó. De la Espriella y Cepeda se medirán el próximo 21 de junio en un balotaje después de que ninguno de ellos alcanzara más del 50 por ciento de los votos el pasado 31 de mayo.
El juego electoral sucio en Colombia

Una señora humilde de Colombia se acercó a un observador electoral europeo y lo dejó en medio del mayor asombro posible, al preguntarle cómo podía votar por dos candidatos. La mujer le dijo que quería votar por el candidato A que le gustaba, pero que el aspirante B le había pagado para que sufragara por él. El observador quedó virtualmente anonadado y sin respuesta posible, solo pensando si estaba en presencia de algo verdadero o surrealista. Solo pudo decirle a la mujer que eso no era posible en un régimen electoral donde se respetaran las reglas. De hecho, no es posible ni siquiera en Colombia, donde se tiene uno de los sistemas electorales más atrasados y de fácil manipulación, no solo a través de la compra del voto—muy frecuente—sino ya en el propio acto electoral, pues muchos de sus procesos son altamente vulnerables. Y luego le sigue la fragilidad de su escrutinio puesto en manos privadas, en este caso, bajo el control de una empresa de unos empresarios procesados por la justicia en Estados Unidos por fraude fiscal y otros delitos. Bajo este panorama es que se dirimen en Colombia los procesos electorales como el desarrollado el domingo 31 de mayo, donde las urnas parieron un escenario en el que cualquier cosa puede suceder en el balotaje del 21 de junio. El señor Abelardo de la Espriella—abogado de narcotraficantes, de paramilitares y de evasores de impuestos—emergió como el candidato más votado con el 43.7% de los votos, frente al 40.9% de Iván Cepeda. Este cuadro no estaba previsto, aunque de antemano se sabía la dificultad para que un candidato resultase electo en primera vuelta. Es evidente que la modificación del cuadro que adelantaban las encuestas, donde Cepeda lideraba hasta la última semana, se debió al vuelco de la derecha encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, uno de los personajes más dañinos y despreciables que ha engendrado la política colombiana. Lo más probable es que el propio Uribe, ladino como es, pasara la señal para que sus seguidores sacrificaran a la candidata Paloma Valencia y mandarla a volar. El domingo 21 de junio, los colombianos tienen la oportunidad de escoger entre un aparecido que ni siquiera vive en ese país, o Iván Cepeda, un experimentado funcionario público
La encrucijada colombiana

ÁGORA Pocas veces se ha presentado en esta parte del mundo, un proceso electoral en el que la polarización/opción izquierda-derecha sea tan nítida. En el que las posibilidades de triunfo de una o la otra sean tan claras. Quizás sea una palmaria demostración que, en el fondo y de otras formas, el enfrentamiento entre esas dos opciones ha estado presente en la sociedad colombiana desde hace décadas y en última instancia han determinado que, siendo Colombia un país de extraordinario potencial, se mantenga con tantos lastres sociales y políticos. En ese sentido, el desenlace de esta coyuntura electoral es vital. Será una lucha entre un candidato que profundizaría un proceso que tiende a aprovechar ese potencial y otro que lo de sumiría en un caos que profundizaría esos lastres. Contrario a los pronósticos de las encuestas que pronosticaban que el izquierdista Iván Cepeda ganaría la primera vuelta, este fue superado por un grotesco ultraderechista. Hay serios indicios de acciones fraudulentas que contribuirían a ese triunfo, entre otros, las diferencias entre los registros de votantes y de mesas inicialmente validadas y las cantidades, tanto de sufragantes como de mesas posteriormente registradas. No puede demostrarse que esas diferencias se expresaron en votos favorables a la derecha, pero su registro tendería a favorecerla objetiva y subjetivamente a esa fuerza. En tanto sumatoria, falsa o no, de los votos obtenidos la candidata del ultraderechista Uribe y de Abelardo della Espriella alcanzan el 50%, frente al 41% de Cepeda. Pero, lo objetivo es que, con ese significativo registro la ultraderecha inicia su camino a la segunda vuelta. A eso hay que agregar que posee una fuerte estructura digital para difundir su mensaje simplista, basado en las mentiras y el miedo. Un medio abominable, pero efectivo, que usado por la ultraderecha en todo el mundo. Además, tiene la ayuda material y subjetiva de la internacional de derecha que encabeza Trump. La sumatoria de ese 50% no se expresarán mecánicamente en la segunda vuelta, pero es innegable que el pensamiento conservador y ultraderechista está profundamente radicado en la sociedad colombiana y las acciones de algunos grupos que se venden como izquierda contribuyen a fortalecer ese pensamiento. En situaciones de extrema polarización, un sector importante de la población no expresa públicamente sus preferencias, sobre todo aquellos inclinados hacia las posiciones conservadoras, es una circunstancia difícilmente registrada en las encuestas y no fácilmente interpretada en las lecturas de éstas. También, en esas situaciones se producen inesperados y drásticos cambios en la intención y expresión objetiva del voto en significativo segmento de la población. La polarización agudiza el llamado voto útil: votar por quien se percibe como probable o muy probable ganador, en este caso lo demuestra el desplome de la candidatura de la uribista Paloma Valencia su intención de votos se materializó en el caladero de la Espriella. Este amplificaba y radicalizaba el discurso de aquella. No fue una casualidad. Estos factores estarían explicando este sorpresivo resultado. Ahora viene la lucha por captar los abstencionistas. El candidato de la derecha insiste en su discurso ramplón y simplista basado en el miedo, la mentira, la captación del voto a través de la emotividad y la manipulación que es la forma en que se manejan los populistas que venden quimeras que, como tal, una vez en el poder se demuestra vacuidad. Pero funcionan en los momentos electorales. Nada subestímale. De su parte, Cepeda es el candidato de una izquierda que ha sabido comunicarse con el país real, lo demuestra su alta votación en esta primera vuelta y el hecho concreto de que la población votó por el gobierno que hoy tiene, el cual ha logrado importantes conquistas sociales. Pero tiene ante sí un contexto internacional que le desfavorece, y un sector que se dice de izquierda que le ha hecho mucho daño a un gobierno reamente de izquierda: las llamadas guerrillas irredentas que mantienen prácticas esencialmente criminales, como las califica Petro. Tiene también unas referencias de gobiernos que, llamándose de izquierda constituyen un pesado fardo. Un lastre que no sólo afectan a Cepeda, sino a toda la izquierda del continente. En ese sentido, más que un discurso, tiene que elaborar un relato coherente sobre de donde viene y qué se propone. Difícil, pero necesario. Imprescindible. Dice que quiere hacer un gobierno en un sistema “capitalista, pero equitativo”, un atisbo de relato hasta ahora no registrado en la izquierda, ni necesariamente único, que sería bien desarrollar su esencia y matices. Como acción política concreta, debe buscar el voto de los diversos sectores, muchos de ellos, no de izquierda pero que rechazan las posiciones cerriles de una derecha acostumbrada a recurrir a las peores artes para mantener sus privilegios. Debe, además, ser capaz no sólo de lograr acuerdos, sino de honrarlos si obtiene el poder. Y es que el desenlace de la presente encrucijada electoral en Colombia es clave para la izquierda en sentido general, una coyuntura que demuestra una vez más la complejidad del mundo actual. Allí, como en otros lugares, con un discurso simplón, ramplón, estridente y basado en burdas mentiras, un candidato tiene éxito, mientras que en otros sitios algunos lo logran sin discurso ni propuestas.
Sheinbaum alerta de fraude electoral en Colombia e injerencia de la ultraderecha

La presidenta de México subrayó que la voluntad popular debe prevalecer en cualquier proceso electoral, mostró afinidad con el gobierno de Gustavo Petro y cuestionó el papel de las redes sociales y los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en la nueva estrategia de la derecha mexicana Por Brendalis Reyes CIUDAD DE MÉXICO.— La mañana del primer domingo de junio dejó una jornada electoral crucial para Colombia y, con ella, una denuncia que resonó más allá de sus fronteras. Desde Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se pronunció con una mezcla de cautela y convicción: la voluntad popular es un principio irrenunciable, y las sospechas de irregularidades en el conteo de votos, lanzadas por el mandatario colombiano Gustavo Petro, merecen ser investigadas hasta sus últimas consecuencias. “Hay que estar atentos al conteo de los votos”, expresó Sheinbaum durante su conferencia matutina. “Más allá de reconocer la autodeterminación del pueblo de Colombia, es importante leer lo que dice el presidente Petro. Tiene que primar siempre la voluntad del pueblo en cualquier elección. Si él señala que no fue un conteo limpio, es necesario escucharlo, analizarlo y respetar el mandato popular”. Las declaraciones de la mandataria mexicana se producen en un contexto de alta tensión política en el país sudamericano. Según los datos preliminares de la Registraduría electoral —con el 99% de las mesas computadas—, Abelardo De la Espriella, candidato de ultraderecha vinculado al trumpismo, obtuvo un sorprendente 43.74% de los sufragios (más de 10.3 millones de votos), mientras que Iván Cepeda, abanderado del Pacto Histórico, alcanzó el 40.9% (9.6 millones). Este último resultado representa la votación más alta obtenida por la izquierda colombiana en una primera vuelta, superando incluso los 8.5 millones de votos que cosechó Petro hace cuatro años. Ambos candidatos se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio. En este escenario, Sheinbaum enfatizó que, si bien su gobierno respeta la libre autodeterminación del pueblo colombiano, existe una afinidad natural con las propuestas del petrismo y de Cepeda. Pero la presidenta fue más allá del caso colombiano y lanzó una advertencia de mayor calado: la ultraderecha internacional, articulada en países como Colombia, Argentina, España y Estados Unidos, está orquestando campañas mediáticas con financiamiento privado para influir en los procesos electorales de América Latina. “¿Quiénes poseen las redes sociales? Son particulares, los más ricos entre los ricos del mundo”, cuestionó Sheinbaum. “Usan estas campañas para desprestigiar gobiernos, influir en elecciones de otros países. La ultraderecha está contra el pueblo, así de sencillo”. En ese sentido, la mandataria resaltó la vigencia de la reciente encíclica Magnífica Humanidad del Papa León XIV, que advierte sobre la manipulación de la opinión pública mediante inteligencia artificial y redes sociales. En otro orden, la presidenta se refirió a las presiones desde Estados Unidos. Aunque evitó señalar directamente a Donald Trump, aseguró que sectores de la ultraderecha norteamericana buscan utilizar a México como ariete político de cara a las elecciones de noviembre en ese país, así como para influir en los comicios mexicanos de 2027. Asimismo, Sheinbaum cuestionó el resurgimiento de figuras de la derecha local. Al ser consultada sobre la reciente participación de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en un acto de apoyo a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos —investigada por la presunta participación de agentes de la CIA en un operativo antidrogas—, la presidenta se preguntó si ambos exmandatarios se perfilan como “los nuevos cuadros de la derecha mexicana”. Recordó que Fox intentó desaforar a Andrés Manuel López Obrador en 2006, y que Calderón heredó un aumento del 120% en homicidios dolosos durante su guerra contra el narcotráfico, además de su alianza con la ultraderecha española para traer a Isabel Díaz Ayuso a venerar la figura de Hernán Cortés. Finalmente, Sheinbaum anunció que este miércoles la consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde, pondrá en marcha el programa “Derecho de Réplica”, un espacio institucional destinado a desmentir noticias falsas y abiertas mentiras difundidas por medios y redes sociales. En materia educativa, la mandataria expresó su confianza en que las mesas de diálogo entre Gobernación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) llegarán a un acuerdo antes del inicio del Mundial de Fútbol, el próximo 11 de junio, pese a las amenazas de boicot por parte de los maestros sindicalizados.
El pacto infernal: cuando la mentira se viste de campaña

Director de umbral.local/ Hace algunos días, en este mismo medio nos hicimos eco de una denuncia que nos heló la sangre. No era nueva, ciertamente, pero sí escalofriante en su precisión: desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, la ultraderecha global ha afinado sus mecanismos de guerra sucia. Lo que no pueden ganar en las urnas confrontando modelos de país, lo intentan conseguir inundando los procesos electorales con una marea de desinformación. Invierten millones de dólares —perdón, millones de dolores— para comprar el relato, llenando las redes con ejércitos de cuentas falsas, robots que escupen medias verdades y algoritmos entrenados para el odio. Lo ocurrido ayer en Colombia no ha escapado a esa práctica tramposa. Mercenarios digitales, excancilleres uribistas y un asesor cercano a Javier Milei tejen, desde Honduras hasta Bogotá, una operación de guerra psicológica. Usan inteligencia artificial y granjas de trolls para enterrar la democracia bajo una avalancha de miedo. No es metáfora: es el plan. La maquinaria del silencio En la más pura tradición del periodismo de investigación —ese oficio que no se arredra ante los poderes fácticos—, Diario Red ha revelado en una serie extraordinaria la existencia de un pacto infernal. Mientras Colombia se preparaba para definir su destino el 31 de mayo pasado en las urnas, el país no solo elegía presidente: se enfrenta a una invasión silenciosa. Una operación de desestabilización mediática y digital, orquestada desde Washington y Tel Aviv, ha convertido la contienda electoral en un campo de batalla. Los votantes son el blanco. La verdad, la primera baja. El modus operandi, desvelado tras la filtración del llamado Hondurasgate, es tan eficaz como aterrador. Titulares falsos sembrados como minas antipersona. Ejércitos de perfiles zombi que manipulan el debate. Una arquitectura de inteligencia artificial entrenada para fabricar el miedo. El objetivo final, según los documentos a los que tuvo acceso esta redacción, no es otro que derribar al candidato de la izquierda colombiana, Iván Cepeda, impidiendo por cualquier medio su llegada al palacio de Nariño. El día que el continente tembló La filtración que sacudió al continente ocurrió el 29 de abril. Diario Red publicó la primera entrega del Hondurasgate: una serie de 37 audios donde el narcotraficante y expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, confiesa con la frialdad de un conspirador consumado una operación transnacional. Hernández presume, sin rubor, haber recibido el indulto de Donald Trump gracias a la intermediación de \»una junta de rabinos\» y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Lo que estos documentos revelan no es una teoría ni una elucubración paranoica. Es un método. Y ese método ya está operando en Colombia. El negocio del caos No se trata de ideología. Se trata de poder. Y el poder, hoy, se siembra con clics. Investigaciones recientes han identificado a los llamados \»mercenarios digitales\»: consultores y asesores que fabrican mayorías artificiales en redes sociales, crean centenares de medios digitales fantasma que actúan al unísono para alabar al cliente y destruir al enemigo. \»El miedo y el odio están ahí entre los ciudadanos, como gasolina regada en una calle; los estrategas de la comunicación solo encienden la mecha\», concluye un trabajo del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística. En Argentina, el caso es paradigmático. Santiago Caputo, el principal asesor de Javier Milei, ha sido señalado por utilizar la Agencia Federal de Inteligencia para financiar a una banda de trolls libertarios, pagando hasta un millón de pesos por cada tuit favorable de periodistas e influencers. Incluso se ha especulado con el uso de criptomonedas para estos pagos \»para no dejar rastros\». El propio escándalo de la criptomoneda $LIBRA, que colapsó minutos después de que Milei la promocionara, muestra un patrón: el conocimiento anticipado, la automatización, el vaciamiento de liquidez y los inversores ingenuos arruinados. Esa misma lógica se exporta ahora a Colombia. Los mismos asesores. Las mismas técnicas. El mismo desprecio por la soberanía popular. La verdad como trinchera Frente a esta maquinaria de guerra psicológica, los periodistas tenemos una sola arma: la verdad. Y debemos usarla sin descanso. Por eso desde Umbral nos sumamos al llamado de alerta. No permitamos que nos roben el futuro con cuentas falsas y algoritmos del miedo. Los resultados de las votaciones de ayer 31 de mayo, no son concluyentes, pero indican que en parte ha funcionado la campaña. Para la segunda vuelta el 21 de junio, Colombia no solo votará por un presidente. Defenderá su democracia contra un enemigo invisible que gasta millones para que usted tenga miedo. No se lo concedan. Desconfíen. Verifiquen. Y voten con la conciencia limpia, no con el algoritmo manchado.
Iván Cepeda desconoce los resultados electorales y exige revisar el censo
Por Arturo N. Guzmán El candidato del Pacto Histórico anunció que congelará su reconocimiento a los datos oficiales de la primera vuelta hasta que la Registraduría resuelva las inconsistencias reportadas en el censo electoral y atienda las impugnaciones formuladas sobre múltiples mesas de votación. La jornada electoral de la primera vuelta presidencial en Colombia ha entrado así en un escenario de incertidumbre política, mientras las autoridades electorales defienden la transparencia del proceso. El senador y candidato de la coalición izquierdista Pacto Histórico, Iván Cepeda, aseguró que no reconocerá los resultados de los comicios emitidos por la Registraduría Nacional hasta que se resuelvan de forma oficial las dudas y denuncias presentadas por su equipo de campaña sobre el proceso electoral. A través de un pronunciamiento público emitido la tarde de este domingo, el líder político de izquierda condicionó la aceptación de los datos finales a una revisión exhaustiva de dos frentes críticos: las inconsistencias detectadas en el censo electoral y el trámite formal de las impugnaciones interpuestas en múltiples mesas de votación a lo largo del territorio colombiano. Denuncias sobre el censo y las mesas de votación La postura de Cepeda introduce una dosis de polarización al preconteo de los votos que disputa frente al abogado y candidato derechista Abelardo de la Espriella. Según los delegados del Pacto Histórico, las alertas se encendieron durante el transcurso de la jornada tras documentar presuntos desfases entre el número de ciudadanos habilitados y los tarjetines depositados en zonas clave del país. El equipo de Cepeda argumenta que existen causales suficientes para exigir el recuento voto a voto en sectores específicos: presuntas irregularidades en los listados de votantes de municipios con alta volatilidad electoral; reportes de anomalías en el diligenciamiento de los formularios E-14, las actas de escrutinio de los jurados de mesa; y quejas recurrentes sobre la auditoría del software de consolidación de datos de la autoridad electoral. “No se trata de desconocer las instituciones, sino de exigirles transparencia absoluta. No podemos validar un resultado general mientras existan dudas legítimas sobre la voluntad popular expresada en las urnas”, manifestó el entorno cercano del candidato presidencial. La respuesta institucional Por su parte, la Registraduría Nacional del Estado Civil y el Consejo Nacional Electoral (CNE) han defendido el blindaje del sistema informático y la transparencia de los escrutinios intermedios, recordando que todas las campañas contaron con testigos electorales en los puestos de votación. La negativa inicial de Iván Cepeda a convalidar los números oficiales instala a Colombia en un terreno de alta tensión social y jurídica, a la espera de que los órganos competentes se pronuncien sobre las impugnaciones y el llamado a revisión del censo. —
¡Golpe de timón en Colombia! De la Espriella y Cepeda se juegan el futuro en segunda vuelta
El candidato de derecha sorprende en las urnas y encabeza el escrutinio, mientras el heredero político de Petro logra su pase al duelo final. El próximo 21 de junio, los colombianos definirán si apuestan por la continuidad del cambio o por una refundación desde la mano dura. Por:Redacción Internacional El tablero político colombiano ha temblado. Nadie lo cantaba en los pronósticos, pero la noche electoral deparó un desenlace tan ajustado como electrizante: Abelardo de la Espriella, abogado de derecha y empresario mediático, se alza como el candidato más votado en la primera vuelta de los comicios presidenciales, seguido de cerca por Iván Cepeda, el senador de izquierda que promete mantener vivo el legado de Gustavo Petro. La presidencia se definirá el próximo 21 de junio en un balotaje que enfrentará dos modelos de país irreconciliables. Con más del 90% de las mesas escrutadas por la Registraduría Nacional, De la Espriella obtiene un 43% de los sufragios, mientras Cepeda alcanza un 41%. La victoria en primera vuelta, que exigía superar el 50% de los votos válidos, quedó a un suspiro de distancia. En tercer lugar, muy rezagada, aparece la conservadora Paloma Valencia con apenas un 6%, lejos de cumplir el sueño de convertirse en la primera mujer en gobernar el país. La jornada transcurrió sin sobresaltos mayores, aunque bajo una atmósfera de polarización extrema. Por un lado, quienes respaldan la continuidad de las políticas sociales de Petro para combatir la pobreza y la desigualdad. Por el otro, los que exigen mano firme contra el deterioro de la seguridad, el respeto irrestricto a la empresa privada y un corte radical con un gobierno que, denuncian, ha sido incapaz de frenar a los grupos armados ilegales que florecen entre el narcotráfico y la minería ilícita. La izquierda llegó unida a la contienda; la derecha, dividida; el centro, desdibujado. Y el resultado ha sido una campaña que se encamina a un duelo entre dos visiones antagónicas: la de la continuidad reformista y la de la refundación conservadora. ¿Quiénes son los dos finalistas? Abelardo de la Espriella (47 años), líder del movimiento Defensores de la Patria, se presenta como un outsider: abogado de alto perfil, empresario exitoso, autofinanciado y ajeno a las élites políticas y económicas, aunque en las últimas semanas recibió apoyos públicos de figuras de esos mismos sectores que dice repudiar. Su bufete ha defendido desde paramilitares hasta celebridades, pasando por casos de corrupción y violencia de género. Entre sus clientes más polémicos figuró Álex Saab, el supuesto testaferro de Nicolás Maduro recientemente extraditado a Estados Unidos. Su discurso gira en torno a la seguridad, la lucha contra la corrupción, la libre empresa, Dios y la familia. Es un declarado admirador de Nayib Bukele, Donald Trump y Javier Milei. Propone una ofensiva total contra los grupos armados, fortalecer las Fuerzas Armadas, alcanzar un crecimiento económico del 5% anual y financiar programas de reducción de pobreza sin ceder al estatismo. Asegura que Cepeda representa “una amenaza para la democracia y la economía”, sobre todo por su intención de extender la prohibición de nuevos proyectos petroleros. Iván Cepeda (63 años), hijo del líder comunista Manuel Cepeda Vargas —asesinado en 1994 por paramilitares en colusión con agentes del Estado—, ha dedicado su vida a la memoria de las víctimas del conflicto, la negociación con grupos armados y la investigación del paramilitarismo. Vivió en el exilio, estudió filosofía en Bulgaria en los años ochenta y absorbió allí un socialismo reformista, alejado de la ortodoxia soviética. Congresista desde 2010, fue facilitador de los diálogos de paz con las Farc en 2016 y es parte activa de la política de “paz total” de Petro, pese a las críticas por sus magros resultados. Propone continuar las reformas sociales del actual presidente, ampliar el rol del Estado en la economía, combatir la corrupción, disminuir la desigualdad y profundizar en la educación universitaria gratuita y la cobertura de salud. Sin embargo, su agenda genera inquietud entre los economistas por la delicada situación fiscal del país y rechazo entre quienes se niegan a negociar con grupos armados. El 21 de junio, Colombia elegirá entre dos destinos: el del cambio con continuidad o el de la ruptura con mano firme. El país, acostumbrado a las paradojas, se apresta a vivir una segunda vuelta que promete ser inolvidable.
La encrucijada colombiana: Cepeda, De la Espriella y Valencia miden en las urnas el legado de Petro
Más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para votar este domingo en unos comicios que definirán si el país profundiza el giro a la izquierda o retorna al conservadurismo, en medio de una nación profundamente dividida y con la sombra de una posible segunda vuelta el 21 de junio Por Theo N. Guzmán Enviado especial a Bogotá Bogotá amaneció este sábado con el cielo gris de los días previos a la tormenta. No la tormenta de aguaceros que moja los cerros orientales, sino la otra, la que se cocina en las urnas, la que los colombianos llevan meses mascullando en las tiendas de barrio, en los buses del Transmilenio y en las sobremesas familiares donde el voto se ha convertido en un secreto a voces. Mañana, 41.4 millones de ciudadanos están convocados a definir algo más que un presidente: definirán si el experimento más audaz de la historia reciente de Colombia —el primer gobierno de izquierda del país— fue un espejismo o un camino. Gustavo Petro no puede optar por la reelección. La Constitución de 1991, aquella que él mismo ayudó a construir desde la Asamblea Nacional Constituyente, se lo impide. Pero su nombre, su gestión y su fantasma recorren cada rincón de esta campaña como un cometa incandescente. Porque el domingo, en realidad, se vota sobre él. Los tres mosqueteros del desencanto La baraja era de once. Once aspirantes que, como naipes mal barajados, fueron cayendo uno tras otro en el favor de las encuestas. Quedan tres. Y son tres que representan no solo tres proyectos de país, sino tres formas de entender la herida colombiana. Por un lado, Iván Cepeda, el oficialista. Senador de larga trayectoria, defensor de derechos humanos, hijo del líder sindical asesinado Manuel Cepeda Vargas. Él es la continuidad. El heredero ungido por Petro para que el Pacto Histórico no se desmorone como un castillo de naipes una vez que el fundador abandone la Casa de Nariño. Cepeda ha prometido profundizar las reformas: la agraria, la de salud, la laboral. Sabe que camina sobre una cuerda floja tendida sobre un abismo de rechazo, pero también sobre una base de cerca del 40% de aprobación que el presidente aún conserva. En los sondeos, Cepeda lidera. No por goleada, pero lidera. En la otra orilla, Abelardo de la Espriella. Abogado, polémico, de discurso filoso como un cuchillo de cocina. Su movimiento, Defensores de la Patria, ha sabido capitalizar el hartazgo de quienes ven en Petro un peligro para la estabilidad económica y el orden público. De la Espriella no es un conservador de salón: es un guerrero de la trinchera comunicacional, capaz de encender multitudes con frases cortas y golpes de efecto. Las encuestas lo colocan segundo, respirando en el cuello de Cepeda. Y luego está Paloma Valencia. Ella es el viejo orden con rostro renovado. Senadora del Centro Democrático, el partido del expresidente y uribista de hierro Álvaro Uribe Vélez. Valencia representa la derecha institucional, la que cree en la mano dura contra las disidencias de las FARC y el ELN, la que mira con recelo cualquier acuerdo que implique \»impunidad\» para los alzados en armas. Su discurso es menos estridente que el de De la Espriella, pero su electorado es fiel, disciplinado y profundo. Tercera en las encuestas, pero con opciones reales de remontar si la primera vuelta deja heridos y se abre una segunda ronda. ¿Y los moderados? Quedaron en el camino. Los que proponían un socialdemocracia tibia, un centro que no asustara ni a unos ni a otros, no lograron encender la chispa. Colombia, parece, ha decidido que este no es tiempo de términos medios. La Colombia dividida: números que duelen El analista político Sergio Guzmán lo resume con una precisión quirúrgica: \»Colombia es un país que permanece profundamente dividido en temas sociales, económicos y políticos\». Y añade: \»Petro es una figura polarizante, pero no es impopular: cuenta con cerca del 40% de aprobación, según encuestas, y también tiene un muy alto rechazo entre algunos sectores\». Esa polarización no es abstracta. Se traduce en cifras que duelen en el bolsillo y en el alma. El gobierno de Petro logró reducir la pobreza monetaria —medida a partir de un mínimo de ingresos mensuales de 127 dólares— del 36.6% en 2022 al 31.8% en 2024. Ese es un logro que el oficialismo exhibe como una medalla en el pecho. Pero la oposición responde que la pobreza se midió con una vara distorsionada, que la inflación golpeó a la clase media, que el desempleo juvenil sigue siendo una hemorragia silenciosa. Y tienen razón, en parte. Porque en Colombia, como en pocos países, las estadísticas son campos de batalla. Más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar. Pero la abstención histórica ronda el 45% en primera vuelta. Eso significa que casi la mitad del país prefiere quedarse en casa, mirar el techo o salir a pasear antes que enfrentar la urna. Ese es quizás el dato más revelador de todos: no es que Colombia esté dividida entre tres candidatos; es que Colombia, en su mayoría, está harta de la política. ¿Segunda vuelta? El fantasma del 21 de junio Las reglas son claras, aunque el tablero esté en llamas. Para ganar en primera vuelta se necesita la mayoría absoluta: la mitad más uno de los votos válidos. Los sondeos sugieren que ninguno de los tres punteros alcanzará ese umbral. Cepeda ronda el 28%, De la Espriella el 24%, Valencia el 19%. Los porcentajes varían según la encuestadora, pero todas coinciden en un punto: habrá segunda vuelta. Esa segunda cita con las urnas sería el 21 de junio. Menos de un mes después de esta primera batalla. Un mes en el que los dos sobrevivientes —probablemente Cepeda contra el más votado de la derecha— se enfrascarán en una campaña relámpago, sin tregua, donde cada declaración puede valer miles de votos. Y entonces, Colombia volverá a mirarse al espejo. Porque una segunda vuelta entre Cepeda y, digamos, De la Espriella, sería un plebiscito sobre Petro en
¡ESCÁNDALO GLOBAL! La siniestra telaraña de Washington y Tel Aviv que busca TRITURAR a Iván Cepeda el 31 de mayo
Mercenarios digitales, excancilleres uribistas y un asesor de Milei tejen una operación de guerra psicológica desde Honduras hasta Colombia, usando inteligencia artificial y granjas de trolls para enterrar la democracia bajo una avalancha de miedo. Por: Redacción Internacional. En la más pura tradición del periodismo de investigación, que no se arredra ante los poderes fácticos, Diario Red revela en una serie extraordinaria la existencia de un pacto infernal. Mientras Colombia se prepara para definir su destino el próximo 31 de mayo en las urnas, el país no solo elige presidente: se enfrenta a una invasión silenciosa. Una operación de desestabilización mediática y digital, orquestada desde Washington y Tel Aviv, ha convertido la contienda electoral en un campo de batalla donde los votantes son el blanco y la verdad, la primera baja. El modus operandi, desvelado tras la filtración del llamado ‘Hondurasgate’, es tan eficaz como aterrador: titulares falsos sembrados como minas antipersona, ejércitos de perfiles zombi manipulando el debate y una arquitectura de inteligencia artificial entrenada para fabricar el miedo. El objetivo final, según los documentos a los que tuvo acceso esta redacción, no es otro que derribar al candidato de la izquierda colombiana, Iván Cepeda, impidiendo por cualquier medio su llegada al palacio de Nariño. La filtración que sacudió al continente El 29 de abril, el panorama político continental se estremeció. Diario Red publicó la primera entrega del ‘Hondurasgate’: una serie de 37 audios donde el narcotraficante y expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, confiesa una operación transnacional. Con la frialdad de un conspirador, Hernández presume haber recibido el indulto de Donald Trump gracias a la intermediación de “una junta de rabinos” y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. En las grabaciones, Hernández y el actual presidente hondureño, Nasry Asfura, acuerdan montar una “célula” de periodismo digital con sede en Estados Unidos. “Se vienen unos expedientes contra Colombia”, se escucha decir al narco-presidente, quien añade que el mandatario argentino Javier Milei donaría 350.000 dólares para financiar esta fábrica de propaganda sucia. No es una conspiración aislada: es la punta de un iceberg que hunde sus fauces en la ultraderecha global. De ‘Proyecto Júpiter’ al ‘Hondurasgate’: el monstruo local Mientras las filtraciones resonaban en el Congreso colombiano, el sistema de medios públicos Señal Colombia y la Revista Raya destaparon a la bestia local: el ‘Proyecto Júpiter’. Liderado por Jaime Bermúdez Merizalde, excanciller de Álvaro Uribe y doctor en comunicación política por Oxford, el manual es un compendio de guerra psicológica aplicada a las elecciones. Las diapositivas filtradas muestran a Bermúdez explicando a empresarios del Valle del Cauca—agroindustriales como Carvajal, Postobón e Incauca—cómo generar “miedo, indignación e incertidumbre” entre los trabajadores para constreñir su voto bajo la amenaza velada del despido. La conexión es un hilo rojo que conduce directamente a Luis David Duque. Este personaje, a quien algunos osan llamar “estratega”, aparece como aliado mediático de Júpiter y es, al mismo tiempo, el jefe de debate de la candidata de ultraderecha Paloma Valencia. Su pasado es un prontuario: operador de campañas sucias en Honduras, perfilador de periodistas clasificándolos como “opositores” y contratista del Estado por más de 3.684 millones de pesos. En el argot colombiano, “perfilar” tiene una carga oscura, vinculada al espionaje ilegal y la persecución. Fernando Cerimedo: el ‘hombre MAGA’ que susurra a los tiranos Para entender al peón, hay que conocer al rey. Fernando Cerimedo, de 44 años, es el nexo perfecto entre el trumpismo, el bolsonarismo y la nueva derecha comunicacional. The Economist lo bautizó como “el hombre MAGA en América Latina”, pero bien podría llamársele el mercenario de la desinformación. Su rastro es sangriento: tras la derrota de Jair Bolsonaro, organizó el ‘live’ #BrasilFueRobado, sembrando dudas sobre el sistema electoral, por lo que la Policía Federal de Brasil lo investiga por intento de golpe de Estado. Su paso por Chile fue igualmente siniestro, publicando encuestas falsas en El Mercurio y repartiendo panfletos apócrifos sobre el “fin de la casa propia”. Ahora, como asesor del presidente boliviano Rodrigo Paz, exporta su modelo de “guerra cultural” que divide a la nación en razas y regiones, mientras Bolivia arde en bloqueos y enfrentamientos. “¿Quién gobierna?”, se pregunta la analista Lupe Cajías. La respuesta, para muchos, tiene nombre y apellido, y no es boliviano: es Fernando Cerimedo. El 31 de mayo: la última trinchera Lo que une a Cerimedo, a Duque y al Proyecto Júpiter es una metodología diabólica. Como advierte la UNESCO, el uso de inteligencia artificial generativa y ‘deepfakes’ permite fabricar un consenso sintético. Ya no mienten directamente: amplifican narrativas con granjas de ‘trolls’ y el apoyo inquebrantable de la Casa Blanca. Mientras Colombia se prepara para las elecciones, el ‘Proyecto Júpiter’ sigue activo. Aún se desconoce el paradero del software espía Pegasus que el presidente Iván Duque compró a Israel, ni el destino de los 350.000 dólares que Milei donó a esta telaraña de la desestabilización. La pregunta que flota en el aire, cargada de una angustia existencial, es lapidaria: ¿quién defiende la república cuando el poder representativo de la democracia se ahoga en una cloaca de datos falsos? Este 31 de mayo, la única forma de combatir a estos mercenarios mediáticos será mediante una movilización nacional masiva. La última palabra, si es que aún les queda alguna a los colombianos para ser escuchados por encima del ruido de las mentiras, la tendrá la sociedad civil. Que la historia juzgue a quienes, desde la sombra, intentan comprar el alma de una nación.