Sheinbaum y Lula exigen respeto a la soberanía de Colombia y Cuba ante injerencias de Trump
En un diálogo de 40 minutos, los mandatarios de México y Brasil defendieron el multilateralismo y el principio de no injerencia, reclamaron el fin del embargo a Cuba, respaldaron los procesos internos de Colombia y ratificaron su apoyo a Michelle Bachelet como futura secretaria general de la ONU; además, acordaron profundizar la cooperación energética entre Pemex y Petrobras. Por Alejandro F. Guzmán En un gesto que subraya el creciente contrapeso latinoamericano frente a las presiones unilaterales de Estados Unidos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenaron este cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia y Cuba, en una explícita aunque no mencionada respuesta a las recientes declaraciones del presidente Donald Trump. Durante una conversación telefónica que se extendió por 40 minutos, ambos gobernantes coincidieron en la urgencia de preservar el derecho internacional, la democracia y el multilateralismo como pilares irrenunciables de la convivencia regional. En un comunicado oficial difundido por la cancillería brasileña, los líderes reafirmaron su postura favorable al levantamiento del embargo económico y financiero impuesto a La Habana, y analizaron la crítica situación humanitaria que vive la isla, subrayando la necesidad de construir soluciones que mejoren las condiciones de vida de su población. Frente al telón de fondo de un mapa regional otra vez tensionado por la retórica intervencionista proveniente del norte, Sheinbaum y Lula ratificaron su defensa del principio de no injerencia como eje ético y político de sus respectivas políticas exteriores. El respaldo explícito a los procesos internos de Colombia —en momentos en que sectores conservadores en Washington presionan por una revisión del acuerdo de paz— refuerza el alineamiento de ambos gobiernos con una visión autónoma y soberana de los asuntos hemisféricos. Más allá del frente diplomático, la llamada sirvió para consolidar una agenda bilateral de amplio espectro. Los mandatarios acordaron profundizar las negociaciones sobre el marco jurídico comercial entre las dos mayores economías de América Latina, con miras a modernizar los instrumentos de cooperación. También reconocieron avances sustantivos en salud, turismo, ciencia, tecnología y gobernanza pública. Un punto de especial relevancia fue el anuncio del avance hacia un acuerdo energético entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras, que busca articular el intercambio de experiencias en exploración, producción, buenas prácticas y alternativas vinculadas a los biocombustibles. La colaboración entre ambas empresas estatales se perfila como un eje estratégico para reducir la dependencia externa y fortalecer la soberanía energética regional. Respaldo conjunto a Bachelet para liderar la ONU En el plano multilateral, los presidentes reiteraron su respaldo a la expresidenta chilena Michelle Bachelet como candidata para ocupar la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas. Bachelet, quien ya se desempeñó como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, representa —en la visión compartida por Sheinbaum y Lula— una figura de consenso capaz de restaurar el prestigio y la eficacia del organismo en un momento de profundos desafíos globales. La conversación concluyó con un gesto de camaradería y proyección deportiva: Lula deseó a Sheinbaum todo el éxito en la organización del Mundial de Fútbol 2026, que comenzará este jueves y será coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá. Un detalle menor, quizás, pero que revela la voluntad de ambos líderes de construir una relación fluida, estratégica y con vocación de futuro. En un continente donde las sombras del intervencionismo vuelven a alargarse, México y Brasil han elegido hablar con una sola voz. Y esa voz, por ahora, se llama no injerencia, diálogo y derecho internacional.
El palco vacío: la primera vez que los mandatarios le hacen la guerra al Mundial
México, Canadá y Estados Unidos escriben una página inédita en la historia del fútbol: sin sus mandatarios en la ceremonia inaugural, mientras Claudia Sheinbaum regala su boleto, Trump se ausenta y Carney asiste a medias, la política le gana al deporte en la Copa del Mundo más grande jamás organizada. Por Theo N. Guzmán El Mundial del 2026 ya es, antes del primer silbatazo, un torneo de rarezas. Es el primero que organizan tres países. El primero con 104 partidos, 1.248 jugadores y 16 ciudades sede. México se convierte en el primer anfitrión en recibir tres Copas del Mundo. Canadá, en cambio, estrena su condición de anfitrión como quien estrena camiseta por primera vez. La lista de primicias se alarga como una sombra bajo el sol del verano norteamericano. Pero hay una novedad que no figura en los registros de la FIFA, una que no celebrarán ni el márketing ni los himnos. Es la del palco de jefes de Estado sin dueño. Este jueves, en la ceremonia más importante del torneo más visto del planeta, la silla del anfitrión mexicano amaneció vacía. Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México, no acudió. En su lugar, como un gesto que trasciende el protocolo, envió a Yolett Cervantes Cuaquehua, una joven indígena del norte de Veracruz. Y junto a ese asiento sin ocupar, los otros dos coorganizadores también dibujaron un vacío inédito: ni Mark Carney, primer ministro de Canadá, ni Donald Trump, el vecino del norte insomne, pisaron el césped inaugural. Un vacío sin precedentes. Porque desde 1930, el palco de los Mundiales ha visto desfilar desde reyes hasta emires, desde generales hasta presidentes populares. La única excepción fue Francia 1938, cuando Albert Lebrun no asistió a la apertura —aunque sí entregó el trofeo al campeón—, en una época donde las ceremonias aún no eran el escaparate geopolítico que son hoy. En estos tiempos de hipervisibilidad, la ausencia grita más que la presencia. Sheinbaum, sin embargo, ya había escrito su propio guion meses atrás. En diciembre, recibió de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el boleto 001 para el partido inaugural. Luego lo regaló. Se lo dio a una joven aficionada. \»La mayoría de los mexicanos no puede pagar una entrada\», explicó después. Por eso, ella verá el partido contra Sudáfrica desde una pantalla gigante de las que su gobierno instaló gratis en Ciudad de México. \»Van a venir pocos jefes de Estado —declaró—. Varios iban a venir, pero por razones de sus países decidieron no. Por ejemplo, el presidente de Sudáfrica decidió no venir\». En cambio, una corona sí asoma en el horizonte. El Rey Felipe VI de España tiene confirmada su presencia en Guadalajara el 26 de junio, para el Uruguay-España. \»Estamos viendo si nos reunimos\», dijo Sheinbaum, insinuando un encuentro que sellaría la conciliación entre dos naciones distanciadas por años de heridas abiertas. El fútbol, otra vez, como bisagra de la historia. Mientras tanto, la FIFA ha tenido que ingeniárselas para disimular la falta de anfitriones. Ha diseñado una \»trilogía de espectáculos inaugurales\» que tendrá lugar en el primer partido de cada selección local. Estados Unidos enfrentará a Paraguay el segundo día del torneo en Los Ángeles, con un show de Katy Perry, Future, Anitta, LISA, Rema y Tyla. Pero Trump no estará allí. En su lugar, asistirá Marco Rubio, secretario de Estado. Eso sí, el magnete tuiteó que acudirá a algunos encuentros más en suelo estadounidense. Carney, en cambio, sí estará en Toronto para ver a Canadá ante Bosnia. Allí cantarán Alanis Morissette, Alessia Cara, Michael Bublé y otros. La música, al menos, no falla. La ceremonia pudo haber sido el punto de encuentro de los tres líderes norteamericanos. Pero las constantes amenazas e insultos de Trump contra sus vecinos y socios comerciales lo han vuelto imposible. En plenas negociaciones del TMEC, el presidente estadounidense declaró este miércoles que su país no necesita \»nada\» de sus dos vecinos. La única vez que los tres se reunieron fue en diciembre, en el sorteo de Washington. Ya entonces Trump amagaba con aranceles. Pero aparcaron las tensiones en nombre del fútbol. Esta vez, el deporte ha perdido contra la política. Así, el Mundial de las primeras veces también será recordado por algo que no ocurrió. Por un palco vacío. Por tres banderas sin sus mandatarios. Por una ceremonia donde la ausencia, paradójicamente, ocupó todo el centro del escenario. El balón rodará, los goles se celebrarán, pero la imagen de esta Copa del Mundo quedará marcada por los asientos sin dueño, por una joven indígena de Veracruz sentada donde se esperaba a una presidenta, y por la constatación de que ni siquiera el deporte más universal logra ya reunir a los que mandan.
La triple frontera del caos: el Mundial 2026 destapa la guerra fría entre Trump, Canadá y México
Aficionados que viajen a Norteamérica para la primera Copa del Mundo compartida en el continente se toparán con una región al borde del estallido diplomático, donde el comercio, la inmigración y el narcotráfico han convertido el torneo en una tensa cena familiar justo cuando los anfitriones dejan de fingir cordialidad Redacción de Umbral Llegar a la cena cuando los anfitriones ya están discutiendo. Así se siente el ambiente que recibirá a los millones de aficionados que cruzarán fronteras para el Mundial 2026. Detrás de la selfie de diciembre en Washington —donde Donald Trump, Mark Carney y Claudia Sheinbaum posaron sonrientes con Gianni Infantino— se esconde una realidad que no admite filtros: Estados Unidos, Canadá y México atraviesan su relación más tensa en décadas, justo cuando deben compartir un mismo escenario durante 39 días y 16 ciudades. El presidente estadounidense no ha disimulado su papel de potencia dominante. Sus aranceles golpearon primero a sus dos vecinos, y sus comentarios sobre convertir Canadá en el \»estado 51\» provocaron una respuesta furiosa: provincias canadienses retiraron licores estadounidenses de sus estanterías y los viajes al sur se desplomaron. México, por su parte, soporta el peso de ser señalado como \»puerta trasera\» para inversiones chinas, un estigma que el analista Carlo Dade, de la Universidad de Calgary, califica sin rodeos como \»francamente irrespetuoso\». La incomodidad no termina en la frontera. Dentro de México, el principal sindicato de maestros mantiene una huelga nacional bajo el lema \»Sin solución, no habrá saque inicial\», mientras el Aeropuerto de la Ciudad de México y el Estadio Azteca enfrentan dudas sobre su preparación. La violencia de carteles, aunque breve, dejó una huella imborrable. \»Ser coanfitriones no es receta para una relación idílica\», advierte Lindsay Sarah Krasnoff, profesora de deporte global en la Universidad de Nueva York, quien recuerda que el torneo conjunto de Japón y Corea del Sur en 2002 terminó en un \»empate agridulce\». Pero el verdadero dolor de cabeza para los visitantes no serán los aranceles ni las disputas comerciales. Será la obsesión del gobierno de Trump con el control migratorio. Aficionados que planeen cruzar de Canadá a Estados Unidos, o de México a Estados Unidos, se enfrentarán a controles fronterizos endurecidos, largas esperas y un escrutinio que no distingue entre hinchas y migrantes indocumentados. La administración estadounidense ha reforzado las revisiones en aeropuertos y pasos terrestres, y cualquier error administrativo —un visado vencido, una declaración mal hecha— puede derivar en detenciones o deportaciones exprés. En un Mundial donde los hinchas se desplazarán entre tres países para seguir a sus selecciones, la burocracia migratoria amenaza con convertirse en el verdadero rival a vencer. El fútbol, mientras tanto, queda en un segundo plano. Los partidos se jugarán en estadios de primer nivel: el renovado Estadio Azteca en la Ciudad de México, el SoFi Stadium en Los Ángeles, el MetLife Stadium en Nueva York, el BC Place en Vancouver. Pero fuera de las canchas, el ambiente será cualquier cosa menos festivo. Los hinchas mexicanos, que han demostrado históricamente un fervor incomparable, llegarán con la moral a media asta: su selección llega al torneo con un camino de clasificación accidentado y una federación sumida en escándalos. Los canadienses, por su parte, celebran su primera clasificación en 36 años, pero lo hacen bajo la sombra de un primer ministro que intenta recomponer relaciones mientras el país se siente humillado por Trump. Y los estadounidenses, que sueñan con alzar la copa en casa, tendrán que lidiar con la presión de ser los anfitriones principales en un ambiente diplomático hostil. Aun así, hay quienes ven una oportunidad dorada. La revisión del T-MEC —el acuerdo de libre comercio vigente desde 1994— coincide con el calendario del torneo. Trump, Carney y Sheinbaum podrían usar los partidos como escenario de diplomacia informal, tal como ocurrió en el sorteo de diciembre. Pero el ego presidencial estadounidense —su obsesión por acaparar reflectores en Truth Social— amenaza con desequilibrar cualquier intento de armonía. La FIFA, por su parte, insiste en el mantra de la unidad: \»Tres países y todo un continente dicen al unísono: estamos unidos como uno solo\». Pero la realidad, como el fútbol mismo, es caprichosa e impredecible. El Mundial 2026 no solo definirá al campeón del mundo. También revelará si tres vecinos que apenas se soportan pueden, durante 39 días, fingir que se quieren. Los aficionados harán bien en prepararse para lo peor. Porque cuando el árbitro pite el inicio del primer partido, en las gradas habrá emoción, pero en las oficinas gubernamentales, la tensión será la protagonista. Y la única certeza es que, como en todo Mundial, el balón rueda, pero los problemas —los de verdad— nunca se quedan en la cancha.
Claudia Sheinbaum: Solidaridad sin pausa hacia Cuba
La presidenta Claudia Sheinbaum reitera que México continuará enviando ayuda material a Cuba, asediada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense; califica el gesto como un acto de “solidaridad” histórica del pueblo mexicano. Por Ángel F. Guzmán Ciudad de México, 9 de junio. — Frente al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial, financiero y energético impuesto por Estados Unidos a Cuba, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó hoy la decisión de su gobierno de mantener y profundizar la ayuda material hacia la isla. “Se sigue enviando ayuda de todo tipo y vamos a seguir enviando”, declaró la mandataria durante su habitual conferencia matutina, al ser cuestionada sobre los recientes agradecimientos públicos del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hacia la postura mexicana. Con la sobriedad que caracteriza su discurso oficial, Sheinbaum subrayó que esta política no responde a una coyuntura diplomática, sino a un principio arraigado en la historia nacional. “Siempre lo ha hecho el pueblo de México y lo vamos a seguir haciendo, porque es un pueblo que lo necesita”, afirmó, despojando cualquier ambigüedad a su postura. La ayuda, precisó, abarca múltiples rubros y se mantendrá en el tiempo sin condiciones. La declaración ocurre en un contexto de máxima tensión para La Habana, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, endureciera aún más el cerco contra la isla mediante una orden ejecutiva firmada el pasado enero. A las ya seis décadas de bloqueo se suman ahora restricciones que afectan —de manera crítica— el acceso a combustibles, con secuelas directas en la generación eléctrica, el funcionamiento de hospitales, la producción y distribución de alimentos, y el suministro de agua potable en la nación caribeña. Las recientes declaraciones de Trump —quien ha insinuado que, de regreso de un viaje a Irán, Washington hará “una breve parada” en Cuba— han encendido alarmas en la región. Sin embargo, lejos de amedrentarse, sectores populares, gobiernos y fuerzas políticas de México y el mundo han multiplicado las voces de rechazo y denuncia. En ese coro, el mensaje de Sheinbaum se erige como uno de los más firmes: la solidaridad mexicana no se negocia ni se somete a presiones externas. “Es un asunto de solidaridad”, resumió la presidenta, levantando así —sin estridencias, pero con la precisión de un acto soberano— la bandera de una tradición que México ha cultivado incluso en los momentos más adversos de la historia reciente de Cuba. Mientras el bloqueo aprieta, la respuesta de este país, al menos en palabras y hechos concretos, parece ser la de no ceder un milímetro en su compromiso humanitario.
Sheinbaum alerta de fraude electoral en Colombia e injerencia de la ultraderecha

La presidenta de México subrayó que la voluntad popular debe prevalecer en cualquier proceso electoral, mostró afinidad con el gobierno de Gustavo Petro y cuestionó el papel de las redes sociales y los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en la nueva estrategia de la derecha mexicana Por Brendalis Reyes CIUDAD DE MÉXICO.— La mañana del primer domingo de junio dejó una jornada electoral crucial para Colombia y, con ella, una denuncia que resonó más allá de sus fronteras. Desde Palacio Nacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se pronunció con una mezcla de cautela y convicción: la voluntad popular es un principio irrenunciable, y las sospechas de irregularidades en el conteo de votos, lanzadas por el mandatario colombiano Gustavo Petro, merecen ser investigadas hasta sus últimas consecuencias. “Hay que estar atentos al conteo de los votos”, expresó Sheinbaum durante su conferencia matutina. “Más allá de reconocer la autodeterminación del pueblo de Colombia, es importante leer lo que dice el presidente Petro. Tiene que primar siempre la voluntad del pueblo en cualquier elección. Si él señala que no fue un conteo limpio, es necesario escucharlo, analizarlo y respetar el mandato popular”. Las declaraciones de la mandataria mexicana se producen en un contexto de alta tensión política en el país sudamericano. Según los datos preliminares de la Registraduría electoral —con el 99% de las mesas computadas—, Abelardo De la Espriella, candidato de ultraderecha vinculado al trumpismo, obtuvo un sorprendente 43.74% de los sufragios (más de 10.3 millones de votos), mientras que Iván Cepeda, abanderado del Pacto Histórico, alcanzó el 40.9% (9.6 millones). Este último resultado representa la votación más alta obtenida por la izquierda colombiana en una primera vuelta, superando incluso los 8.5 millones de votos que cosechó Petro hace cuatro años. Ambos candidatos se enfrentarán en una segunda vuelta el próximo 21 de junio. En este escenario, Sheinbaum enfatizó que, si bien su gobierno respeta la libre autodeterminación del pueblo colombiano, existe una afinidad natural con las propuestas del petrismo y de Cepeda. Pero la presidenta fue más allá del caso colombiano y lanzó una advertencia de mayor calado: la ultraderecha internacional, articulada en países como Colombia, Argentina, España y Estados Unidos, está orquestando campañas mediáticas con financiamiento privado para influir en los procesos electorales de América Latina. “¿Quiénes poseen las redes sociales? Son particulares, los más ricos entre los ricos del mundo”, cuestionó Sheinbaum. “Usan estas campañas para desprestigiar gobiernos, influir en elecciones de otros países. La ultraderecha está contra el pueblo, así de sencillo”. En ese sentido, la mandataria resaltó la vigencia de la reciente encíclica Magnífica Humanidad del Papa León XIV, que advierte sobre la manipulación de la opinión pública mediante inteligencia artificial y redes sociales. En otro orden, la presidenta se refirió a las presiones desde Estados Unidos. Aunque evitó señalar directamente a Donald Trump, aseguró que sectores de la ultraderecha norteamericana buscan utilizar a México como ariete político de cara a las elecciones de noviembre en ese país, así como para influir en los comicios mexicanos de 2027. Asimismo, Sheinbaum cuestionó el resurgimiento de figuras de la derecha local. Al ser consultada sobre la reciente participación de los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón en un acto de apoyo a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos —investigada por la presunta participación de agentes de la CIA en un operativo antidrogas—, la presidenta se preguntó si ambos exmandatarios se perfilan como “los nuevos cuadros de la derecha mexicana”. Recordó que Fox intentó desaforar a Andrés Manuel López Obrador en 2006, y que Calderón heredó un aumento del 120% en homicidios dolosos durante su guerra contra el narcotráfico, además de su alianza con la ultraderecha española para traer a Isabel Díaz Ayuso a venerar la figura de Hernán Cortés. Finalmente, Sheinbaum anunció que este miércoles la consejera jurídica de la presidencia, Luisa María Alcalde, pondrá en marcha el programa “Derecho de Réplica”, un espacio institucional destinado a desmentir noticias falsas y abiertas mentiras difundidas por medios y redes sociales. En materia educativa, la mandataria expresó su confianza en que las mesas de diálogo entre Gobernación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) llegarán a un acuerdo antes del inicio del Mundial de Fútbol, el próximo 11 de junio, pese a las amenazas de boicot por parte de los maestros sindicalizados.
¡Sheinbaum dice a la FIFA! \»Que el Mundial no sólo sea negocio, que sea del pueblo\»
En la mañanera del 29 de mayo, la presidenta de México entregó boletos del partido inaugural a jóvenes ganadoras de un concurso de dominadas; llamó a clubes profesionales a crear canteras y a impulsar el fútbol femenino. Más de 1.2 millones de estudiantes participaron en el \»mundial social\». Por Julio Guzmán Acosta CIUDAD DE MÉXICO. — Como si se tratara del último minuto de un partido de prórroga, la conferencia mañanera de este viernes cambió el balón de la política por el esférico del futbol. Y en esa cancha improvisada de la esperanza, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un derechazo directo a la lógica del espectáculo: \»Que el Mundial no sea solo el negocio, que se quede en la gente\». Con la solemnidad de un capitán arengando a su equipo antes del silbatazo inicial, la mandataria federal encabezó desde Palacio Nacional una ceremonia que supo más a festejo popular que a protocolo oficial. Acompañada por la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, y la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, Sheinbaum entregó cuatro boletos para el partido inaugural —México vs. Sudáfrica en el renovado estadio México o Banorte, antes Azteca— y para las sedes de Guadalajara y Monterrey. Los boletos no fueron a parar a manos de funcionarios ni patrocinadores. Tampoco viajaron en la maleta de algún directivo de la FIFA. Fueron a dar, como un pase filtrado al área chica, al corazón de cuatro jóvenes que sudaron la camiseta literalmente. Yolett Cervantes (Veracruz), Briana Ameli Medina Cortés (CDMX), Karla Itzel Peña Vilchis (CDMX) y Daira Yaretzi Díaz García (costa de Oaxaca) fueron las goleadoras de un concurso que exigió dominadas, pero sobre todo, el porqué de su amor por el balompié. Entre las edades de 16 y 25 años, las ganadoras demostraron que el futbol no tiene género ni edades, y que un toque de gracia puede nacer tanto en un cerro veracruzano como en el asfalto de la capital. Después de una breve pero vibrante demostración de habilidades, la presidenta no se guardó el discurso: pidió a los clubes profesionales abrir canteras, tender puentes a la selección y, sobre todo, mirar hacia el futbol femenil como territorio fértil, no como promesa menor. Rommel Pacheco Marrufo, director de la Conade, tomó la estafeta para contar la otra historia, la del \»mundial social\». Y los números sonaron como un récord en la tribuna: un millón 200 mil estudiantes, 28 mil escuelas, finales en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. \»Es probablemente el semillero más grande del mundo\», dijo el ex clavadista convertido en impulsor de multitudes. Por si fuera poco, Clara Brugada añadió el dato que enorgullece a cualquier aficionado de barrio: más de 500 canchas rehabilitadas o construidas en la capital. Canchas donde no importa el marcador, sino el derecho a soñar con un tiro de esquina bien ejecutado. No hubo preguntas ni respuestas. Tampoco la sección de culturas originarias. \»No quedamos con este ambiente tan bonito\», se disculpó Sheinbaum, con una sonrisa de quien sabe que, a veces, el mejor discurso es dejar que el balón ruede. Y afuera, aunque nadie lo dijera, el país entendió la consigna: que este Mundial no termine cuando caiga el telón. Que se quede, como un buen futbol, en la memoria de la gente.
Sheinbaum niega riesgo ante entrega de funcionarios acusados en EE.UU.

La presidenta de México aseguró que “no hay ningún riesgo” en que los 10 funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa acusados por narcotráfico se entreguen a la justicia estadounidense. Entre ellos figuran el gobernador Rubén Rocha y el exsecretario de Seguridad Gerardo Mérida Sánchez, quien ya fue detenido en Arizona y trasladado a Nueva York. Sheinbaum exigió a EE.UU. presentar pruebas y advirtió que, de existir, México actuará. Además, reiteró que la mejor ayuda estadounidense sería frenar el consumo de drogas y el tráfico de armas hacia México. Por: Brendalis Reyes La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó este lunes que “no hay ningún riesgo” en que los diez funcionarios y exfuncionarios del estado de Sinaloa, recientemente acusados por Estados Unidos por delitos de narcotráfico, se entreguen a las autoridades de ese país. La mandataria respondió así, durante su conferencia matutina, al ser cuestionada sobre los posibles efectos de los testimonios que aquellos pudieran rendir en territorio estadounidense. “Ningún riesgo, ninguno —insistió Sheinbaum—. Fue una decisión de ellos entregarse y no hay ningún riesgo, ninguno.” El pronunciamiento ocurre luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos formulara cargos contra un grupo de funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, a quienes acusa de traficar drogas y de mantener alianzas con el Cartel de Sinaloa, específicamente con la facción conocida como Los Chapitos. Entre los señalados se encuentra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, el funcionario de más alto rango en la acusación. Rocha, quien ha rechazado los señalamientos y solicitó licencia temporal para separarse del cargo, es acusado de haber recibido apoyo de la organización criminal a cambio de favores políticos en las elecciones estatales de 2021. Según informó CNN el pasado viernes, Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Sinaloa y uno de los diez acusados, ya fue detenido por autoridades estadounidenses. Mérida ingresó por Arizona y fue trasladado a Nueva York, donde el próximo 1 de junio tiene programada una audiencia judicial. Medios mexicanos han reportado que otros de los implicados se han entregado o están en proceso de hacerlo, aunque esta información no ha sido confirmada de manera independiente. Sheinbaum aprovechó la coyuntura para exigir a Estados Unidos que presente las pruebas que sustenten sus acusaciones. En caso de que estas existan, aseguró, las autoridades mexicanas actuarán conforme a derecho. “Si hay pruebas, que la Fiscalía actúe. Nosotros no tenemos nada, absolutamente nada que esconder, y no hacemos ningún pacto de ningún tipo ni con criminales, ni de cuello blanco ni criminales comunes ni de la delincuencia organizada”, enfatizó la mandataria. El caso ha tensado la relación bilateral. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha sostenido que México no realiza suficientes esfuerzos para combatir al narcotráfico, una afirmación que Sheinbaum rechaza categóricamente. Este lunes, la presidenta mexicana fue más allá y señaló cuál, a su juicio, es la vía legítima para que Washington colabore con la seguridad de su país. “¿Cuál es la mejor manera que Estados Unidos tiene para apoyar a México? Disminuyendo el consumo, evitando que entren armas a México —esa es la mejor manera—, y combatiendo a los carteles que operan en Estados Unidos”, sentenció Sheinbaum. Con estas declaraciones, la presidenta no solo defiende la autonomía de la investigación mexicana, sino que coloca el foco en las responsabilidades compartidas en la lucha contra el narcotráfico: el consumo en el norte y el flujo de armas hacia el sur como eslabones fundamentales de una cadena que, insiste, no puede ser enfrentada por un solo país.
Mentiras, medias verdades y manipulaciones: el relato de Ayuso sobre su \»persecución\» en México
La presidenta madrileña sostiene sin pruebas que Claudia Sheinbaum presionó a los organizadores de los premios Platino para excluirla del evento, pese al tajante desmentido de la cadena hotelera que los acogió. Además, acusa al Gobierno español de desprotegerla ante un supuesto \»peligro\», mientras el Ejecutivo central replica que la mandataria autonómica rechazó la ayuda ofrecida y ni siquiera compartió su agenda. Entre vacíos, contradicciones y acusaciones sin respaldo, el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México se disuelve en una nebulosa de propaganda. Por Redacción Internacional umbral.local/ Lo primero que hizo Isabel Díaz Ayuso al pisar tierra mexicana fue ducharse y encomendarse a la Virgen de Guadalupe. Así lo confesó la presidenta de la Comunidad de Madrid en el programa En boca de todos (Cuatro). Pero lo que realmente inquieta no es el ritual de bienvenida, sino lo que ocurrió al final de su periplo: un capítulo sumido en la penumbra, lleno de acusaciones vertiginosas y desmentidos que han ido derrumbando, uno tras otro, los pilares de su relato. Ayuso truncó su agenda el 8 de mayo —pese a tener compromisos hasta el día 12—, arremetió sin tregua contra la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y denunció un boicot orquestado desde el Palacio Nacional. Pero la versión que la baronesa popular ha tejido con hilo de urgencia política se descose por momentos ante los hechos. El episodio más difundido —y el que deja en evidencia la fragilidad de su discurso— es el de los premios Platino. Ayuso aseguró que Sheinbaum "amenazó" a los organizadores para que le retiraran la invitación. Sin embargo, Xcaret, el grupo hotelero que albergó la gala, lo negó rotundamente: fue una decisión propia, tomaron, "debido a sus desafortunadas declaraciones". La empresa no recibió presión gubernamental alguna. Lejos de rectificar, la mandataria madrileña redobló la apuesta. En la misma entrevista televisiva sostuvo que el Gobierno mexicano habría advertido al hotel de que, si no emitía ese comunicado, le cerrarían el complejo. No aportó una sola prueba. Tampoco las hay sobre el supuesto clima de "asedio" que, según Ayuso, habría vivido en Aguascalientes, donde la intentaron acorralar. Atribuye a Sheinbaum haber "alimentado un ambiente" hostil y "llamado a movimientos indigenistas". Sin embargo, las declaraciones públicas de la presidenta mexicana se limitaron a calificar la visita de "fallida" y a ironizar: "No creo que piense muy mal de mi país si ha pasado sus vacaciones aquí". El capítulo de la seguridad personal ha resultado igualmente contradictorio. "He tenido que buscarme mi seguridad. A mí no me han ofrecido nada", dijo Ayuso. Pero fuentes del Gobierno español consultadas por este periódico sostienen lo contrario: "Se le ofreció ayuda para cuestiones de seguridad y lo rechazó". Añaden que la presidenta madrileña ni siquiera quiso "facilitar su agenda". La nebulosa se extiende también al terreno económico. El 6 de mayo, la Comunidad de Madrid anunció con bombo y platillo una inversión de 77 millones de euros del grupo Alsea, con promesa de 2.400 empleos. Sin embargo, a preguntas de este diario sobre una relación detallada de los empresarios reunidos y los resultados concretos de esos encuentros, el silencio ha sido la única respuesta. Entre falsedades cristalinas, omisiones calculadas y medias verdades sin corroborar, el viaje de Ayuso a México ha quedado retratado como un ejercicio de propaganda con más forma que fondo. La propia presidenta madrileña, al cerrar su intervención televisiva, dejó una imagen que resume la esencia de su paso por tierras aztecas: mucho gesto, poca sustancia; muchas acusaciones, ninguna evidencia. umbral.local/ intentó comunicarse hasta en ocho ocasiones con la Comunidad de Madrid para esclarecer distintos aspectos del viaje. Un portavoz se limitó a responder que la presidenta había contestado "todas" las preguntas en televisión. No era cierto: solo había respondido a una.
Sheinbaum envía al Congreso una reforma electoral que reduce el costo de los comicios y la cantidad de legisladores

La iniciativa presidencial plantea disminuir un 25% el gasto electoral, reducir el Senado de 128 a 96 escaños y prohibir el uso de inteligencia artificial no regulada en campañas. \»Quien quiera mantener el privilegio de las listas, la gente los va a señalar\», advirtió la mandataria. Por Ángel F. Guzmán Ciudad de México. Claudia Sheinbaum movió las piezas del tablero político mexicano con una jugada que promete redefinir las reglas de la contienda democrática. La presidenta de México enviará hoy al Congreso una iniciativa de reforma electoral que, entre sus ejes fundamentales, persigue un objetivo tan anunciado como escurridizo en la historia reciente del país: abaratar el costo de la democracia sin desvirtuar su esencia. Presentada durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, la propuesta presidencial no solo afila el lápiz sobre los presupuestos del Instituto Nacional Electoral (INE) y los partidos, sino que rediseña la arquitectura del Poder Legislativo con una cirugía mayor. La Cámara de Diputados mantendría sus 500 integrantes, todos electos por voto directo, pero la fórmula para llegar a San Lázaro se reconfigura: 300 por mayoría relativa y 200 bajo un sistema mixto que rescata a los perdedores con mejores resultados y reserva espacios para la diáspora mexicana. El Senado, sin embargo, sufre la poda más significativa. La cámara alta pasaría de 128 a 96 escaños, distribuyéndose 64 por mayoría relativa y 32 por primera minoría. Una reducción que, de aprobarse, modificaría sustancialmente los equilibrios de la representación territorial. Pero el corazón de la iniciativa late en sus números financieros. Sheinbaum propone un recorte del 25 por ciento en el costo de las elecciones, que en 2024 alcanzaron la cifra récord de 61 mil millones de pesos (unos tres mil 500 millones de dólares). La tijera gubernamental apunta directamente a los recursos del INE, los Organismos Públicos Locales Electorales, los tribunales electorales y las propias formaciones políticas. Para garantizar que el dinero no siga siendo el fantasma que ronda las campañas, la reforma otorga al INE acceso oportuno a las operaciones financieras de partidos y candidatos, al tiempo que prohíbe de manera tajante las aportaciones en efectivo. El mensaje es claro: cada peso deberá llevar nombre y apellido. En un guiño a los nuevos tiempos, la iniciativa también pone cerco a las amenazas digitales. Se regula el uso de inteligencia artificial en propaganda política y se prohíben expresamente los bots y otros mecanismos artificiales diseñados para manipular el debate en redes sociales. Las emisoras de radio, por su parte, verían reducido su tiempo obligatorio de transmisión electoral de 48 a 35 minutos diarios. La democracia participativa, esa asignatura pendiente que suele limitarse al ámbito federal, recibiría un impulso descentralizador. El proyecto prevé que figuras como el referéndum, el plebiscito, la consulta popular y la revocación de mandato puedan instrumentarse también en estados y municipios, abriendo la puerta al voto electrónico como herramienta de participación ciudadana. Detrás de la iniciativa hay un trabajo de orfebrería política que no nació en el hermetismo. Pablo Gómez, presidente ejecutivo de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, reveló que el texto es fruto de decenas de audiencias públicas, mil 357 propuestas ciudadanas y el criterio de 181 expertos. Una coreografía de voces que busca legitimar lo que viene. El espíritu de la reforma, según explicó Gómez, pretende transitar hacia un modelo donde \»la pluralidad política sea una expresión directa de la voluntad del pueblo y no resultado exclusivo de acuerdos internos partidistas\». Dicho de otro modo: restar peso a las cúpulas y devolverlo a las urnas. Sheinbaum, fiel a su estilo directo, no dejó espacio para las medias tintas durante el anuncio. \»Nosotros la vamos a enviar, es un compromiso de la Presidenta con el pueblo. Quien la quiera apoyar bien, quien quiera mantener el privilegio de las listas pues también la gente los va a señalar, cualquiera que sea el partido político\», sentenció con la mirada fija en el hemiciclo. Ahora la pelota está en la cancha del Congreso. Los legisladores tendrán la palabra para decidir si acompañan esta cirugía institucional o si, como advierte la mandataria, prefieren defender los viejos privilegios ante la mirada escrutadora de una ciudadanía que, en cada elección, paga la factura.
Claudia Sheinbaum Habla Claro: ¡México No Se Doblega!
En el santuario cívico de Querétaro, la presidenta Claudia Sheinbaum lanza un grito de soberanía contra las presiones de Washington, enarbolando la Constitución de 1917 como escudo frente a lo que califica como un nuevo intento de sometimiento económico y militar. Por Julio Guzmán Acosta QUERÉTARO, México.— El Teatro de la República guarda un silencio espeso, cargado de historia. Entre sus paredes ondea el fantasma de 1917, cuando se firmó la Carta Magna que le arrebató privilegios al porfiriato para dárselos al pueblo. Este 5 de febrero de 2026, 109 años después, la escena se repite con un elenco distinto pero un guion similar. En el mismo escenario, frente a la flor y nata del poder mexicano —los presidentes de la Corte, del Congreso, los 31 gobernadores—, la presidenta Claudia Sheinbaum pronuncia una frase que no es solo un lema, sino un dardo dirigido al norte: “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”. Cada palabra parece calculada para resonar más allá del teatro, para cruzar la frontera y llegar a los oídos de una administración estadounidense que, bajo el mandato de Donald Trump, ha multiplicado las presiones: amenazas arancelarias, exigencias de que tropas extranjeras persigan a cárteles en suelo mexicano, revisiones agresivas del tratado comercial TMEC. Sheinbaum, con la Constitución en la mano como un talismán, no habla solo de conmemoración. Habla de guerra fría comercial, de soberanía asediada. El discurso: una línea en la arena Su voz, pausada pero firme, recorre las reformas de lo que llama la Cuarta Transformación: las 22 enmiendas constitucionales y más de 50 reformas legales aprobadas entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. Cada cambio, dice, es un “rescate”. Cita el artículo 40, reformado para blindar al país contra “intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero”, y lo lee completo, como quien muestra un escudo. Habla de la reforma energética que “recupera” Pemex y la CFE, de la reforma judicial que instaura la elección popular de jueces, del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Pero el núcleo de su mensaje no está en lo hecho, sino en lo que se rechaza. Traza una línea histórica clara: 36 años de neoliberalismo versus 7 años de transformación. Describe aquel pasado con detalles concretos y dolorosos: la privatización de ferrocarriles, puertos, cárceles; la entrega del petróleo y la electricidad; la condonación de impuestos a grandes fortunas mientras se cobraba a los más pobres; las pensiones y hasta las guarderías en manos privadas. “México no regresará al régimen de privilegios y de corrupción”, sentencia. “México tampoco regresará a ser colonia ni protectorado de nadie”. El contexto: un cerco que se estrecha La crudeza del discurso solo se entiende al medir la presión exterior. Trump no es un adversario retórico; es una realidad geopolítica. Su amenaza de imponer aranceles al petróleo que exporte cualquier país a Cuba ya obligó a México a suspender temporalmente sus envíos de crudo a la isla. La revisión del TMEC se ha convertido en un pulso donde Washington exige desmantelar lo que considera “barreras” comerciales, muchas de ellas, políticas públicas sociales de la actual administración. Y sobre todo, está la exigencia —incesante, pública— de permitir operaciones militares estadounidenses en territorio mexicano contra los cárteles, una petición que para aquí suena a violación flagrante de la soberanía. Sheinbaum, por tanto, no habla al vacío. Habla a un país que siente el acoso y a un poder estadounidense que escucha. Su mensaje es a la vez interno y externo: una proclama de unidad nacional frente a la “injerenza” y una advertencia a Washington de que la mesa de negociación tiene límites. La escena: un país en un teatro El simbolismo del acto es total. En el mismo sitio donde Venustiano Carranza promulgó la Constitución que nacionalizó el subsuelo y consagró los derechos sociales, Sheinbaum se presenta como heredera de esa tradición “antientreguista”. A su lado, el ministro presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguila Ortiz, inicia su intervención en mixteco —un gesto potente de la “nueva época”— y el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, le dice: “No está sola, presidenta”. Es un coro de poderes alineados, una foto de unidad institucional que busca proyectar fuerza hacia fuera y cohesión hacia dentro. La crónica de una soberanía declarada Lo que se vivió en Querétaro trasciende el aniversario. Fue la ratificación de una doctrina de política exterior nacida del nacionalismo revolucionario, pero recalibrada para los desafíos del siglo XXI: la integración comercial sí, pero no a cualquier precio; la cooperación en seguridad, pero sin cedulaje de la soberanía territorial. Sheinbaum no solo conmemoró un texto; lo reactivó como arma de disputa en un momento de máxima tensión bilateral. Al final, entre aplausos, la frase queda flotando en el aire del histórico teatro: “México no se vende”. Es una afirmación, una defensa y, quizás, también un presentimiento de las batallas que vienen. En el difícil ajedrez con Trump, Sheinbaum acaba de mover su reina. Y la ha colocado sobre la casilla de la soberanía. El mensaje está enviado. Ahora, el mundo observa la respuesta.