El eco de una candidatura que pide romper el miedo
Enrique Riquelme oficializó su aspiración a la presidencia del Real Madrid con un discurso medido, sin preguntas, y un mensaje claro a los socios: “Valentía para elegir después de 20 años”. Por César Dalmasi Guzmán Valdebebas, fría y expectante, fue testigo de un movimiento que durante horas mantuvo en vilo a la prensa deportiva. Las puertas de las oficinas del Real Madrid, custodiadas por la rutina institucional, se abrieron para dejar paso a un hombre que no vino a prometer revoluciones, sino a plantar una bandera: la del derecho a elegir. Enrique Riquelme, empresario de discurso pausado y gesto firme, compareció ante la Junta Electoral para formalizar su candidatura. Y aunque los periodistas llevaban esperando como quien acecha un gol en tiempo de descuento, el aspirante no concedió ni una sola pregunta. Su declaración, breve y medida, fue un verso escrito para la historia reciente del club. “Después de 20 años, se va a poder votar”, dijo Riquelme, y en esa frase había más de un siglo de memoria blanca. No lanzó dardos contra nadie. No quiso. Su discurso fue un canto a la posibilidad, un alegato contra el miedo —esa sombra que a menudo paraliza las urnas en el madridismo—. Pidió “valentía” a los socios, esa virtud que tanto se exige en el campo y tan poco se ejercita en los despachos. Y lo hizo sin aspavientos, con la elegancia de quien sabe que el tiempo, a veces, juega a favor del que espera. Riquelme habló de un proyecto “serio, ilusionante, profesional”, con miras al corto, medio y largo plazo. No dio detalles, pero prometió hacerlo en cuanto la Junta Electoral le bendiga como candidato oficial. Entonces, dijo, habrá dos semanas para recorrer España, para que cada rincón con carné escuche su propuesta y la contraste con la del vigente proyecto. Porque este no es un pulso contra nadie, insistió. Es un pulso a favor del Real Madrid. Y con esa mesura, con la palabra justa y sin réplicas, se marchó. Rodeado de su equipo, desapareció entre las puertas de cristal mientras los micrófonos quedaban huérfanos de preguntas. Pero lo esencial ya estaba dicho: el madridismo tiene, por fin, una disyuntiva. Y Riquelme, con su candidatura a cuestas, ya ha marcado el primer tiempo de un partido que promete emociones fuertes. Ahora, la pelota está en el tejado de los socios. Y el reloj, en el de la Junta Electoral.
La bandera y la estrella: el coraje de Yamal en la hora más gloriosa
No hubo domingo más redondo en el templo azulgrana. El Barcelona, con la autoridad de los elegidos, derribó al Real Madrid (2-0) y se abrazó a su estrella número 29 cuando aún quedan tres jornadas por disputar. La Liga 2025-2026 ya tiene dueño y el graderío lo celebró como si el cielo se hubiera vuelto azulgrana. Pero la fiesta, como las grandes gestas, necesitó su segundo acto. El lunes, Barcelona amaneció con olor a champán y confeti. La rúa clásica, ese desfile de dioses sobre carrozas que convierte las calles en ríos de multitudes, desbordó todas las previsiones. Miles de gargantas coreaban el nombre de los nuevos campeones. Todo parecía escrito conforme al libreto de los días grandes: la alegría sin fisuras, el trofeo invisible saludando a su pueblo. Hasta que apareció un adolescente con la rebeldía justa y la conciencia entera. Lamine Yamal, la joya que desequilibra partidos y desarma defensas, tomó entonces una bandera palestina. Y la ondeó. Durante casi todo el recorrido. Sin calcular gestos, sin medir escándalos, sin pedir permiso a los patrocinadores ni esperar el visto bueno de los diplomáticos. Solo con la verdad de quien se niega a jugar en otro mundo, de quien entiende que la gloria deportiva no es una coartada para el silencio. Mientras las murgas coreaban cánticos de campeón, el extremo de 18 años convertía la celebración en un altavoz silencioso pero demoledor: más de 60 mil palestinos asesinados en Gaza, un genocidio que muchas estrellas prefieren no ver para no tener que contarlo. El domingo, Yamal había celebrado con sus compañeros sobre el césped. El lunes, sobre la carroza, decidió que su voz no sería la del conformismo. En una época donde el deportista vive a menudo encapsulado en su burbuja de contratos millonarios y neutralidades cobardes, este chaval agitó la tela herida de un pueblo que agoniza. Y lo hizo en medio de la fiesta más grande del año, porque quizás entendió que es precisamente en los momentos de máxima visibilidad donde el compromiso duele y resuena. Bravo, Yamal. Por los goles, sí, pero sobre todo por recordarnos que el fútbol también puede ser un campo minado de conciencia. Que no todo es una estadística. Que detrás del campeonato hay un mundo que arde, y que un muchacho con pelota en los pies puede, con un simple gesto, devolverle el pulso a la verdad. Mientras Barcelona celebra su 29º título, la imagen de estos días no es el trofeo que levantaron el domingo en el estadio, ni las plazas repletas de aficionados ebrios de felicidad. La imagen es esa bandera palestina ondeando el lunes sobre una carroza, en medio de la rúa, como una herida que no se cierra, pero también como una esperanza que no se rinde.
El gesto de Yamal con Palestina tiñe de épica su noche en Barcelona
El FCB vence al Real Madrid 2-0 y se consagra campeón de LaLiga 2025-2026 a falta de tres jornadas, alcanzando su estrella 29. La euforia del domingo en el estadio y las plazas se transformó el lunes en una histórica rúa por las calles de Barcelona, donde el joven Yamal, lejos de limitarse a celebrar, ondeó la bandera palestina casi todo el recorrido. Un gesto de coraje frente al genocidio en Gaza que retrata al deportista que no mira hacia otro lado. Por Julio Guzmán Acosta Domingo de gloria en el templo azulgrana. No por previsible, menos emotivo. El Barcelona no solo venció al Real Madrid 2-0 en el clásico que sabe a eterno; también sentenció LaLiga con la autoridad de un campeón que bailó sobre el césped ante su archirrival. Dos goles, tres puntos, y la número 29 en las vitrinas. Aquella noche, el estadio fue un volcán. Los aficionados, desbordados de felicidad, se derramaron por las plazas de Barcelona para abrazar un título que llegaba con la contundencia de un puñetazo en la mesa. Pero la fiesta, como las grandes gestas, necesitaba su segundo acto. Y llegó el lunes. La ciudad despertó con olor a champán y banderas. El club organizó la rúa clásica, ese recorrido ya mítico por las arterias de Barcelona que convierte a los jugadores en dioses de andamio y serpentina. Miles de personas se apiñaron en las aceras. Las carrozas avanzaban entre confeti y cánticos. Todo parecía escrito conforme al libreto de los días grandes: la alegría sin fisuras, el campeón saludando a su pueblo. Hasta que ocurrió algo que ningún directivo había previsto y que ningún hincha olvidará. Lamine Yamal, la joya que desequilibra partidos y desarma defensas, tomó una bandera palestina. Y la ondeó. Durante casi todo el recorrido. Sin calcular gestos. Sin medir escándalos. Solo con la verdad de quien se niega a jugar en otro mundo, de quien entiende que la gloria deportiva no es una coartada para el silencio. Mientras las murgas coreaban cánticos de campeón, el extremo de 18 años convertía la celebración en un altavoz silencioso pero demoledor: más de 60 mil palestinos asesinados en Gaza, un genocidio que muchas estrellas prefieren no ver para no tener que contarlo. El domingo, Yamal había celebrado con sus compañeros sobre el césped. El lunes, sobre la carroza, decidió que su voz no sería la del conformismo. No pidió permiso. No esperó el visto bueno de los patrocinadores. En una época donde el deportista vive a menudo encapsulado en su burbuja de contratos millonarios y neutralidades cobardes, este chaval agitó la tela herida de un pueblo que agoniza. Y lo hizo en la rúa, sí, en medio de la fiesta de celebración del título, porque quizás entendió que es precisamente en los momentos de máxima visibilidad donde el compromiso duele y resuena. Bravo, Yamal. Por los goles, sí, pero sobre todo por recordarnos que el fútbol también puede ser un campo minado de conciencia. Que no todo es una estadística. Que detrás del campeonato hay un mundo que arde, y que un muchacho con pelota en los pies puede, con un simple gesto, devolverle el pulso a la verdad. Mientras Barcelona celebra su 29º título, la imagen de estos días no es el trofeo que levantaron el domingo en el estadio, ni las plazas repletas de aficionados ebrios de felicidad. La imagen es esa bandera palestina ondeando el lunes sobre una carroza, en medio de la rúa, como una herida que no se cierra, pero también como una esperanza que no se rinde.
Fútbol de otro planeta: el Barça humilla al Madrid y firma una noche para la eternidad en el Camp Nou
Con 60.067 almas como testigos, el Barcelona se da un festín de autoridad, belleza y goles ante su máximo rival. Alexia, en su partido 500, abre la puerta de la goleada; Graham Hansen convierte la banda derecha en una galería de regates imposibles; y el equipo azulgrana sella un 6-0 que no solo es un resultado, sino una declaración de principios. El Real Madrid, asfixiado desde el pitido inicial, apenas logra resistir cinco minutos antes de desmoronarse futbolística y emocionalmente. Con un global de 12-2, el Barça vuela a semifinales de la Champions League, donde espera el Bayern. Y el Camp Nou, rendido, ovaciona a sus diosas. Por: Julio Guzmán Acosta Hay noches que trascienden el marcador. Noches en que el balón rueda con una precisión casi coreográfica, en que cada pase parece escrito de antemano y cada regate, una celebración. El Spotify Camp Nou fue testigo de una de esas noches. El Barcelona no venció al Real Madrid: lo desdibujó, lo reescribió, lo convirtió en una sombra errante sobre el césped. El 6-0 final no fue una goleada; fue un homenaje. Alexia abre el libro de los prodigios El partido apenas respiraba cuando Alexia Putellas, en la noche de su partido número 500 con la camiseta azulgrana, decidió que el guion se escribiría con letras mayúsculas. Un rechace tras un disparo de Pajor cayó a sus pies como una fruta madura. Ella, con la calma de quien ha firmado ya cien epopeyas, empujó el balón al fondo de la red. Minuto 8. La fiesta había comenzado. El Real Madrid había intentado plantar cara con una presión alta que prometía desconcierto. Pero el desconcierto, pronto, fue solo blanco. Angeldahl erró un penalti. Yasmim, en la banda derecha, fue descosida una y otra vez por una Caroline Graham Hansen que parecía jugar en otra dimensión. La noruega no corrió: bailó. Cada control era un amague, cada amague una autopista hacia el área rival. Graham Hansen, pinceladas de fútbol total El segundo gol llegó al cuarto de hora. Una jugaja colectiva, de esas que el Barcelona ejecuta con la naturalidad de quien respira, terminó con Graham definiendo en el área pequeña. El tercero, poco después, fue una obra de orfebrería: córner botado por la propia noruega, cabezazo de Irene Paredes al fondo de las mallas. El Camp Nou rugió. El Real Madrid, simplemente, desapareció. Yasmim, convertida en el punto débil de un castillo de naipes, volvió a errar. De su error nació el cuarto: Vicky López asistió, Pajor ejecutó en dos tiempos y Misa, la portera blanca, solo pudo rezar. En el entreacto, el técnico visitante, Quesada, relevó a Yasmim por Irune. Pero la penitencia no hizo más que comenzar. Arte, picaditas y una ovación eterna Graham Hansen, insaciable, firmó el quinto con un reverso sobre sí misma que dejó sentada a Eva Navarro. Luego, una picadita ante Misa. Fútbol de salón en mitad de una batalla. El Real Madrid, ya desesperado, acumuló tarjetas (cuatro) y faltas, pero jamás encontró el camino del arco contrario. Ni un solo tiro entre los tres palos en todo el partido. Caicedo arrancó sin destino, Athenea corrió sin red. El bagaje ofensivo fue un espejismo. Entonces, el Barcelona decidió que era hora de la generosidad. Kika, Camara, Schertenleib y Serrajordi pisaron el Camp Nou como futbolistas por primera vez. Y fue precisamente Clara Schertenleib quien, en su primer toque, asistió a Brugts para que marcara el sexto a placer. El fin de fiesta tuvo ola en las gradas, ovación cerrada para La Reina Alexia y un equipo entero celebrando con su gente el pase a semifinales. Allí espera el Bayern. Pero lo que quedó grabado en la memoria de los 60.067 acólitos que llenaron el Camp Nou no fue solo un resultado. Fue la certeza de haber visto, una noche más, a un equipo que juega como si el fútbol fuera un arte que solo ellas hubieran aprendido a nombrar.
La Tarde que el Atlético Escribió su Leyenda

Simeone despliega una lección magistral de táctica y carácter para hundir 5-2 a un Madrid invicto, en una hazaña que no ocurría en Liga desde 1950. Por Virtudes Álvarez Sampedro Madrid. — Hay tardes que no se miden en minutos, sino en latidos. Tardes que quedan tatuadas en la memoria colectiva de una ciudad partida en dos mitades. Ayer, en el Metropolitano, el Atlético de Madrid firmó una de esas gestas que trascienden lo deportivo para convertirse en mito: un 5-2 al Real Madrid que no era solo una victoria, sino un parteaguas. No se le marcaban cinco goles al eterno rival en Liga desde 1950 —hace 75 años—, y una generación tras otra había crecido sin conocer lo que ayer vivieron casi 70.000 almas rojiblancas: la redención hecha fútbol. Detrás del resultado hubo una lección de alcance táctico y emocional. Simeone, tantas veces cuestionado en las semanas previas, diseñó una obra maestra desde la intimidad del vestuario. Su mensaje previo al partido —“salgan a jugar y a disfrutar”— despojó a sus jugadores del peso de la urgencia (un posible desplazaje a 12 puntos del líder) y los lanzó al césped con la libertad de quien ya no tiene nada que perder. Fue un baño de inteligencia futbolística sobre Xabi Alonso, cuyo equipo llegaba invicto y había encajado solo tres goles en seis jornadas. La estrategia fue tan clara como devastadora: atacar la espalda de los laterales. Carvajal y Carreras sufrieron como nadie el huracán de Nico Williams y Giuliano Simeone, cuyo ritmo y desborde abrieron las venas defensivas del Madrid. Pero el acierto del Cholo no terminó ahí. La inclusión sorpresa de Sorloth —en lugar de Baena o Griezmann— respondió a una lógica implacable: aprovechar los balones altos y las segundas jugadas. El noruego, aunque falló ocasiones claras, remató con un golazo un centro de Koke que certificó la dimensión de la apuesta. Todo sumó en una tarde coral: la redención de Julián Álvarez, la gestión milimétrica de los cambios, la fe que resucitó tras el milagro ante el Rayo. El Atlético no solo ganó; se reencontró con su esencia. Y dejó un mensaje nítido: en LaLiga aún suena fuerte el rumor rojiblanco.
¡Venganza Atlética en el Metropolitano!

Álvarez hunde al Madrid: un doblete histórico devuelve al Atlético al mapa de la grandeza. Por Julio Guzmán Acosta Madrid. — La noche olía a clásico, a hierba recién cortada y a cuentas pendientes. En el Cívitas Metropolitano, bajo un cielo que pareció inclinarse hacia los colores rojiblancos, el Atlético de Madrid firmó una de sus hazañas más memorables: una goleada de 5-2 sobre su eterno rival capitalino, el Real Madrid que no fue solo un triunfo, sino una afirmación de identidad. Y en el centro del huracán, Julián Álvarez, el argentino que convirtió la redención en dos goles. Fue un derbi que desbordó el guion. Kylian Mbappé abrió el marcador para el Madrid, construyendo una efímera ventaja de 1-2 que parecía apuntalar la imbatibilidad de un equipo dirigido por Xabi Alonso, que llegaba con seis victorias en Liga y un debut triunfal en Europa. Pero el Atlético de Diego Simeone, fiel a su esencia, respondió con orgullo y puntería. Álvarez, especialmente, borró con sus botines el recuerdo amargo de aquel penal de doble toque que lastró su imagen en la Liga de Campeones. En la segunda mitad, el delantero argentino transformó un penalty con frialdad de cirujano para poner el 3-2 y, luego, firmó una obra de arte: un tiro libre curvado que se enrolló en la escuadra como un manifiesto de calidad. Su doblete no solo inclinó el partido, sino que le robó el protagonismo a Mbappé y extendió la mala racha del Madrid en el feudo colchonero, donde sigue sin conocer la victoria. Esta goleada, además, tiene alcance de terremoto en La Liga: inflige la primera derrota de la temporada al Madrid de Alonso y acerca al Barcelona —que jugará este domingo— a la posibilidad de arrebatarle el liderato. El Atlético, por su parte, salta al cuarto puesto con un mensaje claro: en el Metropolitano, todavía se escriben épicas.
Xabi Alonso asume como técnico del Real Madrid y promete seguir el legado de Ancelotti

El exjugador del Real Madrid Xabi Alonso es presentado como nuevo entrenador del equipo este lunes en Madrid. (EFE) Por Virtudes Álvarez Sampedro Madrid, España – Xabi Alonso fue presentado oficialmente el lunes como nuevo entrenador del Real Madrid, comprometiéndose a continuar la senda marcada por Carlo Ancelotti y mostrando optimismo sobre el futuro del equipo bajo su dirección. El nombramiento de Alonso se confirmó un día después del homenaje al técnico italiano en el Estadio Santiago Bernabéu, tras cuatro temporadas exitosas y su partida para asumir el cargo de entrenador de la selección brasileña. Alonso, quien fue jugador del Real Madrid entre 2009 y 2014, destacó la influencia que Ancelotti tuvo en su carrera y aseguró que asume con orgullo el legado dejado por su antecesor. “No estaría aquí sin el aprendizaje de Carlo. Recibo este relevo con honor y espero cumplir con las expectativas”, afirmó Alonso durante su presentación, donde se proyectó un video con sus momentos destacados como jugador y entrenador. El nuevo técnico prometió imprimir un estilo propio basado en la flexibilidad, dinamismo y ambición, buscando que el equipo transmita emoción y conecte con la afición: “Hoy el fútbol te pide mover piezas y ser dinámico. Quiero sacar lo mejor de cada jugador y construir un gran equipo”. Xabi Alonso firmó contrato hasta junio de 2028 y enfrenta el reto de preparar al equipo para el Mundial de Clubes que inicia a mediados del próximo mes, una oportunidad para “adelantar procesos, conocernos y pelear por un título”. El presidente del club, Florentino Pérez, expresó su confianza en Alonso y resaltó que su regreso representa “el comienzo de una nueva etapa llena de ilusión y emociones”. Como entrenador, Alonso llega tras una destacada temporada en el Bayer Leverkusen, donde llevó al equipo a un doblete histórico en la Bundesliga y la Copa de Alemania, marcando un récord de invicto en liga. Con un equipo que no cumplió todas las expectativas en la última temporada, Alonso tiene la misión de revitalizar al Real Madrid, que destacó por ganar la Supercopa de la UEFA pero tropezó en otros frentes, incluyendo un mal desempeño en los clásicos contra el Barcelona. “Tenemos jugadores fantásticos con mucho potencial”, dijo Alonso. “Mi objetivo es que cada uno juegue en la posición donde pueda mostrar sus mejores cualidades”. El técnico español mostró entusiasmo por su regreso a casa y aseguró que el vínculo con el club y la afición “nunca se ha roto”. Ahora comienza una nueva etapa para el Real Madrid bajo la dirección de una de sus leyendas.
Carlo Ancelotti será el nuevo seleccionador de Brasil hasta el Mundial de 2026

La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) anunció este lunes que el técnico italiano Carlo Ancelotti, actual entrenador del Real Madrid y que en la temporada 2024/2025 ha sido incapaz de ganar al eterno rival, el FC Barcelona, en los cinco duelos que se han medido en esta temporada (16 goles los catalanes por 7 del conjunto blanco), será el seleccionador. Por Arturo Feliz G. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) anunció este lunes que el técnico italiano Carlo Ancelotti, actual entrenador del Real Madrid, será el nuevo seleccionador nacional de Brasil, con contrato hasta el Mundial de 2026. Ancelotti se convierte así en el cuarto entrenador extranjero en dirigir a la selección pentacampeona del mundo y el primero desde 1965. El presidente de la CBF, Ednaldo Rodrigues, destacó que Ancelotti \»es el mejor entrenador de la historia y ahora está al frente del mejor equipo del planeta\». Además, aseguró que la contratación del italiano \»es una declaración al mundo de que estamos decididos a recuperar el primer puesto del podio\». No obstante, el anuncio llega en un momento complicado para Ancelotti, tras un año particularmente difícil al mando del Real Madrid. El equipo blanco sufrió una de sus temporadas más irregulares en los últimos años, marcada por importantes derrotas, como la reciente caída por 4-3 ante el F.C. Barcelona en un duelo clave por el título de LaLiga EA Sports, que dejó al conjunto merengue al borde de perder la liga. Estas dificultades han puesto en duda la capacidad del italiano para mantener a un equipo de élite en la cima, lo que genera interrogantes sobre si podrá replicar ese éxito al frente de la selección brasileña. Ancelotti dirigirá a Brasil en los próximos compromisos de las eliminatorias sudamericanas rumbo al Mundial 2026, enfrentando a Ecuador el 6 de junio y a Paraguay el 11 del mismo mes. La selección brasileña se encontraba sin entrenador desde la destitución de Dorival Júnior tras la derrota 4-1 contra Argentina el 25 de marzo pasado. Desde entonces, Brasil ha tenido interinatos de Ramón Menezes y Fernando Diniz, sin lograr estabilidad ni resultados positivos. Actualmente, la ‘Canarinha’ ocupa la cuarta posición en las eliminatorias sudamericanas con 21 puntos, aventajando por seis a Venezuela, primera fuera de las plazas directas de clasificación. Argentina es el único equipo sudamericano que ya aseguró su presencia en el Mundial 2026 y lidera la tabla con 31 puntos, seguido por Ecuador, Uruguay y Brasil, mientras restan cinco jornadas por disputarse. La llegada de Carlo Ancelotti representa una apuesta ambiciosa para recuperar la hegemonía de Brasil en el fútbol mundial, confiando en la experiencia y éxito del técnico italiano para guiar a la ‘Verdeamarela’ hacia la Copa del Mundo. Sin embargo, la pregunta que muchos aficionados y analistas se hacen es si, tras un año tan turbulento al frente del Real Madrid, Ancelotti podrá llevar a la selección brasileña a coronarse campeona en el próximo Mundial. Este desafío será una prueba definitiva para el entrenador italiano, quien deberá demostrar que puede superar las dificultades recientes y aplicar su vasta experiencia para devolver a Brasil al lugar de privilegio que históricamente ha ocupado en el fútbol mundial.
Real Madrid de baloncesto queda fuera de la Final Four tras derrota ante Olympiacos

Por Brendalis Reyes Madrid – El Real Madrid de baloncesto quedó eliminado de la Euroliga tras perder en casa ante Olympiacos por 84-86 en el cuarto partido de la serie, que se decidió con un último triple fallado por Alberto Abalde sobre la bocina. El tiro del gallego, que podría haber forzado un quinto encuentro, se estrelló en el aro y selló la despedida europea del conjunto blanco. Hace dos años, un lanzamiento final de Sergio Llull le dio la Euroliga al Madrid frente a este mismo rival. Esta vez, la historia fue distinta y Olympiacos logró su pase a la Final Four por cuarta ocasión consecutiva. El partido comenzó con dominio griego, que llegó a ganar por 15 puntos a poco más de seis minutos del final. Sin embargo, el Madrid mostró su tradicional carácter combativo y protagonizó una espectacular remontada, impulsado por un gran Mario Hezonja, autor de 21 puntos, y el trabajo defensivo y ofensivo de jugadores como Feliz, Abalde y Hugo González. El equipo blanco sufrió la baja de Serge Ibaka y la temprana eliminación por faltas de Edy Tavares, lo que dificultó su defensa interior. Pese a la rigurosidad arbitral, el Madrid mantuvo la esperanza hasta el final. Olympiacos contó con 23 puntos de Evan Fournier y el aporte decisivo en los últimos minutos de Kostas Papanikolaou y Aleksandar Vezenkov, quien terminó con 10 puntos tras un primer tiempo discreto. En los momentos finales, el Madrid ajustó su defensa y recuperó la diferencia. Abalde anotó un triple que puso el marcador 82-85 a poco más de un minuto para el final, y dos tiros libres de Facundo Campazzo acercaron aún más al equipo, 84-85. Sin embargo, Fournier anotó un libre para mantener la ventaja mínima (84-86). El Madrid tuvo la última posesión con 12 segundos en el reloj. Hezonja intentó penetrar pero la defensa rival le forzó a pasar el balón a Abalde, cuyo triple final no entró, certificando la derrota y la eliminación. Con este resultado, el Real Madrid no disputará la Final Four por primera vez desde 2021, mientras que Olympiacos avanza a la fase final con la moral alta tras un duelo muy peleado. Ficha técnica: Real Madrid 84 (21+26+18+19): Feliz (9), Abalde (7), Musa (12), Hezonja (21), Tavares (4) -cinco inicial-, Llull (11), Garuba (-), Campazzo (9), Hugo González (5), Bruno Fernando (6), Ndiaye (-). Olympiacos 86 (16+26+26+18): Williams-Goss (10), Fournier (23), Papanikolaou (12), Vezenkov (10), Fall (6) -equipo inicial-, McKissic (-), Peters (9), Milutinov (7), Lee (2), Walkup (-), Wright (2), Vildoza (5). Árbitros: Damir Javor (Eslovenia), Milivoje Jovcic (Serbia) y Milan Nedovic (Eslovenia). Eliminado por faltas personales: Tavares (m.36). El Madrid ahora se despide de la temporada europea mientras prepara su enfoque en el resto de las competiciones nacionales.
Las maneras del Real Madrid cuando en lo deportivo el fútbol no le alcanza

El árbitro de Burgos Bengoechea enseña la tarjeta a Lucas Vázquez tras la final de la Copa del Rey.BORJA SUÁREZ (REUTERS) Por Servicios umbral.local/ El Real Madrid mostró en las horas previas y durante la final de la Copa del Rey una actitud que desentonó con la grandeza histórica del club. Más que prepararse para un duelo vibrante en uno de los escenarios más emblemáticos del deporte mundial, el equipo blanco pareció ensayar una representación teatral basada en el victimismo y la conspiración. Desde los aullidos de Dani Carvajal en la grada hasta las polémicas actitudes de Vinicius Jr., Rüdiger y Lucas Vázquez en el campo, la sensación fue la de un equipo que se sintió más preocupado por reclamar persecuciones externas que por asumir su responsabilidad dentro del juego. Incluso Jude Bellingham, a pesar de la interpretación benévola del Comité de Competición sobre sus acciones, pareció sumarse a esta dinámica de victimismo. Esta postura es difícil de entender en una institución que ha acumulado méritos para considerarse el último monarca global del fútbol, especialmente tras la muerte de Isabel II, símbolo de estabilidad y grandeza. Sin embargo, el Real Madrid se presentó ante la opinión pública como un príncipe desplazado, un niño rico que por la mañana estrena tecnología de última generación y por la tarde se viste con harapos para lastimar conciencias ajenas. Tradicionalmente, el club merengue ha sostenido el mantra de que las finales no se juegan, se ganan. Pero en esta ocasión, alguien decidió que era válido llorar preventivamente ante la posibilidad de perder, una actitud ajena a ese madridismo que nunca encontró consuelo en las derrotas ni en las excusas. El fútbol es un estado de ánimo, y el Madrid parece arrastrar una resaca prolongada, como si los excesos de su gloria constante le pasaran factura. Bastó un solo partido —con momentos de tensión propios de los grandes clásicos— para desnudar la impostura de las horas previas y posteriores. Por un instante, el equipo recordó que el blanco de su camiseta obliga mucho, y durante gran parte de la segunda parte empujó a un Barça en racha a creer en sus monstruos. Sin duda, la naturaleza depredadora del Real Madrid le devolverá pronto a los escenarios donde se levantan trofeos, con una Liga aún por decidir. Pero la imagen del club está ahora mismo por los suelos, y queda pendiente saber quién tendrá el temple para levantarla. Servicios umbral.local/