Reunión militar de alto rango entre Cuba y EE.UU. confirma La Habana
El general Roberto Legrá Sotolongo, jefe del Estado Mayor General de las FAR, y el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, sostuvieron un encuentro “por acuerdo de ambas partes”. Valoraron de positivo el diálogo centrado en la seguridad del perímetro de la base naval de Guantánamo, en un contexto de máximas tensiones bilaterales marcadas por el bloqueo petrolero y las recientes amenazas del presidente Donald Trump. Por Brendalis Reyes LA HABANA — El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (Minfar) confirmó este viernes la celebración de una reunión de alto rango entre mandos militares de Cuba y Estados Unidos, en un escenario de creciente hostilidad diplomática impuesto por la administración de Donald Trump. En un escueto comunicado difundido a través de sus redes sociales, el Minfar informó que el encuentro tuvo lugar “por acuerdo de ambas partes” y que las delegaciones “valoran de positivo” el intercambio. Durante la cita, explicó la institución castrense, se abordaron temas vinculados con la seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar estadounidense en la bahía de Guantánamo, extremo este de la isla. La representación cubana estuvo encabezada por el viceministro primero y jefe del Estado Mayor General de las FAR, general de Cuerpo de Ejército Roberto Legrá Sotolongo. Por la parte estadounidense participó el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, quien además realizó una evaluación de la seguridad perimetral de la base naval. El Comando Sur, por su lado, precisó en un comunicado que ambos generales sostuvieron “un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa”, incluida la protección del personal militar y sus familias, así como la preparación operativa en coordinación con los oficiales de la base. “La estación naval de la Bahía de Guantánamo constituye un centro operativo y logístico vital que respalda los esfuerzos militares de los Estados Unidos para contrarrestar las amenazas que socavan la seguridad, la estabilidad y la democracia en nuestro hemisferio”, agregó el mando estadounidense. El diálogo militar se produce en medio de una fase crítica en las relaciones bilaterales. La Casa Blanca ha endurecido el bloqueo económico contra la isla con medidas como la restricción de envíos de petróleo, y el presidente Donald Trump ha amenazado abiertamente con tomar el control de Cuba, señalando a la isla como un posible objetivo militar. La tensión se elevó aún más en las últimas semanas luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos imputara al expresidente Raúl Castro los delitos de conspiración y homicidio por el derribo de dos avionetas de una organización del exilio cubano ocurrido en 1996. Pese a ese clima, ambas partes coincidieron en mantener abiertos los canales de comunicación entre sus mandos militares, según confirmó el Minfar. No se informó de próximos encuentros ni de avances concretos más allá de lo declarado.
Con la honda de David
Sigamos alzando la voz por Cuba, siempre agredida y acosada y ahora amenazada de agresiones mayores por su enemigo de siempre. Porque en ese pequeño punto del planeta están en juego cosas muy importantes. Donald Trump ha instruido cargos judiciales contra el comandante Raúl Castro, líder de la revolución y símbolo del decoro y la dignidad de los pueblos de América. Y eso es mucho en tiempos de gobiernos dóciles al mandato imperialista. “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que llevan en sí mismo el decoro de muchos hombres”, dijo Martí. Raúl Castro es uno de ellos y por eso se busca rebajarlo. Difícilmente en Cuba, con Raúl, se repita la historia del secuestro impune del presidente Maduro y su compañera en Venezuela. Cuba es Cuba y Raúl es Raúl. Por eso buscan infamarlo, violando el derecho a la justa fama y el bien ganado honor que él ha alcanzado, y sacan del baúl de los desperdicios el incidente de hace ya más de treinta años, en el cual murieron varios terroristas reincidentes, después de veinticinco incursiones contra el espacio aéreo cubano, cada una de ellas denunciadas ante las autoridades norteamericanas con las correspondientes pruebas y las condignas advertencias. En aquellos días se difundieron grabaciones con las advertencias disuasivas de las autoridades cubanas antes de ejercer su derecho a la defensa, frente al desafío temerario de los agresores. Un acto de soberanía y legítima defensa de un Estado soberano. El mundo no puede regirse por unos códigos imperialistas, que le den derecho a un país a dictar leyes y aplicarlas más allá de sus fronteras, ni darle poder para organizar atentados y eliminar dignatarios y jefes de Estado en cualquier parte del mundo, como es el caso del Gobierno yanqui. Asuntos de principio como esos, que van mucho más allá de conceptos ideológicos y apreciaciones sobre Cuba y su proceso, son los que están en juego en torno a Cuba y es inadmisible guardar silencio y dejar de pronunciarse. Raúl Castro es un personaje de leyenda, “de esos que ya no vienen”, un símbolo de la resistencia y el honor y, con su carga de años y de méritos encima, hoy le ha tocado representar esos valores y librar una batalla más. No dudo de que saldrá victorioso como lo ha hecho siempre desde los tiempos del Moncada. Su honda es la de David y ese viejo y oxidado Goliat imperialista no podrá prevalecer contra ella.
El acoso sin tregua: La acusación a Raúl Castro, una nueva farsa contra Cuba

La imputación a Raúl Castro por el derribo de 1996 no es un acto de justicia, sino el último episodio de una guerra de desgaste que Washington libra contra la isla desde hace más de seis décadas. Detrás del teatro judicial se oculta la misma frustración imperialista que no ha logrado doblegar al pueblo cubano. No es nuevo. No sorprende. Y, sin embargo, indigna. El reciente anuncio del Departamento de Justicia de Estados Unidos imputando al expresidente cubano Raúl Castro Ruz por el derribo de dos avionetas civiles en 1996 se inscribe en una tradición tan larga como vergonzosa: la de un imperio que, incapaz de aceptar la existencia de una revolución que le plantó cara a 90 millas de sus costas, recurre una y otra vez a la farsa jurídica, la calumnia y la amenaza para intentar lo que no ha podido lograr por la fuerza. A estas alturas del camino, cualquier observador mínimamente informado reconoce el patrón. El gobierno estadounidense, bajo distintas administraciones —demócratas o republicanas, da igual el color del ave rapaz—, ha tejido una madeja de agresiones que van desde el bloqueo económico más prolongado de la historia moderna hasta intentos de magnicidio, pasando por invasiones fracasadas como la de Bahía de Cochinos, campañas de desestabilización mediática, y ahora, este revival judicial de tres décadas después. ¿Qué busca Washington con abrir este expediente contra un hombre de 94 años, retirado de la vida pública, a quien ya no le queda sino el testimonio de una vida entera de lucha? La respuesta es clara: distraer, intimidar y crear un pretexto. Distraer la atención de los problemas internos de la Casa Blanca, hoy acosada por escándalos y divisiones. Intimidar al liderazgo revolucionario cubano en un momento en que la isla enfrenta, con dignidad pero también con sacrificios, las consecuencias del recrudecimiento del bloqueo. Y crear un pretexto —un casus belli, como bien lo denunció el presidente Díaz-Canel— para justificar eventuales escaladas militares o sanciones aún más draconianas. El argumento legal, por supuesto, es pura hojarasca. Ninguna nación soberana aceptaría que se juzgue desde el extranjero sus actos de defensa territorial. Cuando las avionetas de Hermanos al Rescate violaron conscientemente el espacio aéreo cubano, ignorando reiteradas advertencias, Cuba hizo lo que cualquier Estado haría: proteger sus fronteras. Que haya costado vidas es trágico, y ninguna muerte deja de ser lamentable, pero la responsabilidad política recae sobre quienes organizaron una provocación con fines propagandísticos en una zona de alta tensión. Pretender juzgar hoy, treinta años después y en tribunales de Washington, a quien tomó la decisión desde La Habana, es un atropello a la soberanía y una burla al derecho internacional. Pero este episodio no es más que un capítulo, un síntoma, de una enfermedad más profunda: la obsesión irracional de la clase política estadounidense por doblegar a Cuba. Una obsesión que ha fracasado durante 60 años. Fracasó cuando intentaron estrangular la economía de la isla. Fracasaron los complots. Fracasaron las invasiones. Fracasaron las campañas de mentiras. Y fracasará también esta nueva patraña. Porque lo que Washington no termina de entender es que Cuba no es una república bananera que se rinda ante un comunicado de prensa ni ante una imputación lejana. Raúl Castro, como su hermano Fidel antes que él, pertenece a una estirpe de revolucionarios que aprendieron en la Sierra Maestra que el miedo se vence con coraje y la mentira con verdad. El pueblo cubano, que ha soportado carencias heroicas, no se arredra por un papel sellado en una corte de Florida. Cada agresión, lejos de quebrar la moral de la isla, la ha templado. Cada nuevo intento de acoso ha terminado por reforzar lo que más irrita al imperio: la dignidad de un pueblo que prefiere morir de pie, que vivir arrodillado. La imputación a Raúl Castro pasará. Los titulares de hoy serán olvidados mañana. Pero Cuba seguirá en pie, y la revolución seguirá siendo, para los pueblos del mundo, un símbolo de resistencia. Mientras tanto, Washington haría bien en mirarse al espejo: su propia historia está llena de derribos, invasiones y tribunales amañados. Lanzar piedras desde un cristal tan frágil es, cuando menos, un acto de cinismo. La verdad, como la luz del Caribe, termina siempre por imponerse.
El Partido Comunista del Trabajo denuncia un nuevo intento de agresión de EE.UU. contra Cuba

La formación política califica de \»descabellada\» la imputación del Departamento de Justicia contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996, defiende la acción como un acto legítimo de soberanía y advierte que el imperialismo norteamericano, frustrado por la unidad del pueblo cubano, no logrará sembrar temor ni rendición. Por Julio Guzmán Acosta El Partido Comunista del Trabajo (PCT) hizo pública hoy su posición oficial ante la reciente imputación del gobierno de Estados Unidos contra el expresidente cubano Raúl Castro Ruz, a quien se acusa de ordenar el derribo de dos aeronaves civiles en aguas internacionales en febrero de 1996. A través de una declaración de Manuel Salazar, miembro de su Buró Político y del Comité de Honor por la Conmemoración del Centenario del Comandante Fidel Castro Ruz, la organización política calificó la medida como \»otra excusa del imperialismo norteamericano para seguir agrediendo a Cuba\». La declaración, rechaza de plano lo que considera una maniobra sin sustento jurídico ni moral. Salazar sostuvo que el derribo de las dos avionetas —ocurrido hace casi treinta años, el 24 de febrero de 1996— no constituyó un acto de agresión, sino una acción de legítima defensa nacional. \»Esas aeronaves —argumentó—, desobedeciendo oportunas advertencias de las autoridades cubanas, violaron de manera consciente y con fines políticos el espacio aéreo cubano. La defensa nacional de Cuba protegió, como era su deber, la frontera y la dignidad nacionales, como habría hecho cualquier gobierno garante de la soberanía de su territorio.\» Lejos de generar temor en la isla, el Partido Comunista del Trabajo interpreta la ofensiva judicial de la Administración Trump como un síntoma de frustración. \»Refleja la impotencia del imperialismo ante la unidad monolítica que ha mostrado el liderazgo de la revolución cubana y su vínculo indisoluble con el pueblo\», afirmó Salazar. Y sentenció: \»Se equivoca el imperialismo norteamericano, como se ha equivocado siempre en sus calumnias y agresiones contra Cuba, si cree que con esta acusación contra el líder de la revolución creará temor y llevará a la rendición al pueblo cubano.\» La formación política subrayó, además, la trayectoria del general retirado de 94 años, alejado del poder desde 2018 pero aún símbolo de la resistencia histórica. Salazar recordó que Raúl Castro se forjó en la lucha guerrillera contra Fulgencio Batista y se templó en la construcción del proceso revolucionario enfrentando todo tipo de chantajes externos. \»Contra esas presiones —dijo—, Raúl Castro y la dirección revolucionaria lograron importantes desarrollos sociales, económicos y políticos en beneficio de la clase trabajadora y el pueblo cubano. Por eso ha ganado la condición de líder y el reconocimiento del pueblo de Cuba.\» El dirigente del PCT también destacó el respeto que, a su juicio, el exmandatario ha cosechado más allá de las fronteras de la isla. \»Se ha ganado el respeto de los pueblos del mundo, que lo demuestran expresando la solidaridad permanente hacia la revolución cubana\», añadió. En su pronunciamiento, el Partido Comunista del Trabajo hizo un balance de las más de seis décadas de hostilidad estadounidense hacia la revolución cubana. \»A pesar de todas las calumnias que sin parar ha proferido durante más de sesenta años, el imperialismo yanqui no ha podido erosionar en lo más mínimo la revolución cubana; ni ha podido desvincularla de los demás pueblos de América Latina y el mundo en general\», enfatizó Salazar. \»Y así se confirmará frente a la descabellada —y con ningún sustento jurídico— imputación más reciente contra el compañero Raúl Castro.\» Mientras en los tribunales federales de Estados Unidos el expediente judicial continúa su curso, el Partido Comunista del Trabajo deja claro que, desde su perspectiva, la isla no espera justicia del lado norteamericano del estrecho. La espera, acaso, del veredicto de la historia.
¡Mentira imperialista! Díaz-Canel acusa a Trump de inventar un pretexto para invadir Cuba
El mandatario cubano denunció ante la prensa oficial que la acusación contra el general retirado por el derribo de dos aviones civiles de Hermanos al Rescate, en el que perecieron tres estadounidenses y un residente legal, forma parte de una escalada manipuladora con la que Washington busca \»justificar\» una eventual agresión militar contra la isla, al tiempo que la Casa Blanca guarda silencio y los exiliados en Miami celebran la medida. Por Virtudes Álvarez Sampedro La tensión diplomática entre La Habana y Washington alcanzó anoche una nueva y peligrosa cumbre. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, lanzó una encendida diatriba desde el Palacio de la Revolución para calificar de \»grosera patraña\» la imputación que el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó horas antes contra el expresidente Raúl Castro Ruz, a quien se acusa de ordenar el derribo de dos aeronaves civiles en aguas internacionales, un suceso ocurrido el 24 de febrero de 1996 que aún sangra en la memoria de las familias de las víctimas. \»El imperio miente. Miente con la misma saña con la que ha mentido durante seis décadas para justificar el bloqueo, las invasiones fracasadas y el terrorismo de Estado contra nuestro pueblo\», exclamó Díaz-Canel, visiblemente exaltado, al tiempo que denunció que la maniobra judicial de la Administración Trump no busca otra cosa que \»crear un casus belli, un pretexto artero para una agresión militar abierta contra Cuba\». El gobernante cubano insistió en que la imputación, presentada en una corte federal de Washington D.C., carece de todo fundamento legal y soberanía, y forma parte de una \»cortina de humo\» mediática para desviar la atención de los escándalos internos de la Casa Blanca y recrudecer el hostigamiento contra la isla. \»No les asiste la verdad ni el derecho. Solo el viejo instinto depredador del águila\», sentenció. La respuesta de Díaz-Canel se produjo apenas unas horas después de que la fiscalía estadounidense hiciera público el proceso contra Raúl Castro, de 94 años, retirado de la vida pública desde 2018. El expediente sostiene que, como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Castro Ruz dio la orden directa a los cazas MiG-29 de derribar las aeronaves de la organización Hermanos al Rescate (Brothers to the Rescue), que sobrevolaban el estrecho de Florida en una misión de búsqueda de balseros. En el ataque murieron los pilotos Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Morales —tres ciudadanos estadounidenses de origen cubano—, así como el también estadounidense Armando Alejandre Jr. Mientras en La Habana se habla de \»mentira imperialista\», en la sureña ciudad de Miami la noticia ha sido recibida con algarabía por sectores del exilio. Organizaciones como la Fundación Nacional Cubano Americana calificaron la imputación como \»un acto de justicia tardía pero necesaria\». Sin embargo, el silencio oficial desde Washington no se ha hecho esperar, y la Casa Blanca se ha limitado a remitirse a lo actuado por el Departamento de Justicia. El epílogo de esta nueva tormenta entre ambos países, separados por apenas 150 kilómetros de mar pero por un abismo ideológico de más de medio siglo, permanece incierto. Lo que parece claro, como escribió el poeta, es que en estas aguas tormentosas, la verdad suele ser la primera víctima del combate.
EE.UU. imputa a Raúl Castro por derribo de aviones civiles en 1996
El Departamento de Justicia acusa al expresidente cubano de ordenar el ataque contra dos aeronaves de la organización Hermanos al Rescate, en el que murieron cuatro personas, tres de ellas estadounidenses. Por:Redacción Internacional El Departamento de Justicia de Estados Unidos imputó formalmente este miércoles al expresidente cubano Raúl Castro por su presunta responsabilidad en el derribo de dos aviones civiles ocurrido en 1996, un hecho que marcó un punto de inflexión en las tensas relaciones bilaterales. Las aeronaves, pertenecientes a la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate (Brothers to the Rescue), fueron interceptadas y derribadas por cazas de la Fuerza Aérea cubana sobre aguas internacionales del estrecho de Florida, el 24 de febrero de ese año. En el ataque fallecieron tres ciudadanos estadounidenses y un residente legal en Estados Unidos. Según la acusación, difundida por la fiscalía federal, Raúl Castro —entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y hermano del comandante Fidel Castro— habría dado la orden directa de derribar las aeronaves, que sobrevolaban la zona en misión de búsqueda y rescate de balseros cubanos. La imputación incluye cargos de asesinato y daño a aeronaves civiles, tipificados como actos de terrorismo internacional. Hasta el cierre de esta edición, el gobierno cubano no había emitido una declaración oficial al respecto. Raúl Castro, quien gobernó la isla entre 2008 y 2018, permanece retirado de la vida pública. Por su parte, organizaciones de exiliados cubanos en Miami calificaron la imputación como \»un paso necesario hacia la justicia\». Las autoridades estadounidenses no han precisado si solicitarán la extradición del exmandatario, de 94 años, aunque fuentes consultadas indicaron que el proceso tendría un alcance simbólico y político, dada la ausencia de tratado de extradición entre ambos países. Este anuncio reactiva un capítulo clave de la hostilidad histórica entre Washington y La Habana, en un momento de renovadas tensiones diplomáticas bajo la actual administración estadounidense.
“La Patria se defiende con fusil en mano si es necesario”: Raúl Castro vuelve a la tribuna para liderar un 1° de Mayo sin reclamos laborales
El expresidente cubano, de 94 años, reapareció en La Habana en un acto volcado a la defensa nacional frente a EE.UU., donde se entregaron más de 6,2 millones de firmas contra la intervención militar. La jornada, bajo el lema “La Patria se defiende”, reunió a decenas de miles de personas y priorizó la soberanía sobre las reivindicaciones obreras. Por Theo N. Guzmán LA HABANA – Con 94 años a cuestas y un simbolismo que aún pesa en la historia de la revolución, Raúl Castro volvió a ocupar este viernes un lugar central en el Primero de Mayo cubano. No fue para hablar de salarios ni condiciones laborales. Su aparición pública —la primera desde el recibimiento a los restos de los 32 militares cubanos asesinados, cuando el secuestro de Nicolás Maduro en Caracas— sirvió para sellar el mensaje del día: la defensa de la soberanía ante una posible intervención militar de Estados Unidos. El general retirado y expresidente se ubicó en la Tribuna Antiimperialista José Martí, justo frente a la Embajada de EE.UU. en La Habana. Allí, junto al presidente Miguel Díaz-Canel, el histórico dirigente José Ramón Machado Ventura y otros altos cargos del Partido Comunista, recibió dos libros que, según el Gobierno, contienen más de 6,2 millones de rúbricas reunidas por la iniciativa oficial “Mi firma por la Patria”. El acto, convocado por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), reunió a decenas de miles de asistentes en la capital. Las cifras oficiales hablaron también de más de 800 representantes extranjeros de 38 países y delegaciones de 152 organizaciones sindicales y solidarias. Pero el tono no fue el de la fiesta obrera de antaño. Bajo el lema “La Patria se defiende”, la jornada viró hacia una concentración geopolítica. “Cuba es una isla insumisa. La Patria se defiende, incluso, con fusil en mano si fuera necesario”, advirtió el dirigente sindical Osnay Colina, encargado de las palabras centrales. A su alrededor, banderas y carteles repetían consignas contra Washington, sin espacio para pedidos de aumentos salariales o críticas a la compleja situación económica que atraviesa el país. “Reconocemos que tenemos que resolver muchos problemas en Cuba, pero no permitiremos la intervención de nadie en la solución de nuestras dificultades internas”, dijo a este periodista el habanero Oscar Mederos al salir de la marcha. La narrativa oficial se había venido construyendo desde una semana atrás. EE.UU. ha endurecido su presión sobre la isla desde enero pasado, con un bloqueo petrolero que agudizó la crisis estructural cubana. En los últimos días, Washington advirtió que no tolerará bases militares o de inteligencia de “adversarios” como China en la isla, mientras La Habana califica esos argumentos como “pretextos falaces” para justificar una intervención. El Primero de Mayo en Cuba fue durante décadas el escenario de los extensos discursos de Fidel Castro. Allí, en el año 2000, el comandante pronunció su célebre “concepto de revolución”. Este 2026, el acto fue breve en palabras pero contundente en símbolos: la reaparición de Raúl, la tribuna frente a la embajada estadounidense y la firma colectiva como escudo. No hubo reclamos laborales. El mensaje fue otro: la defensa, antes que todo.