El mandatario cubano denunció ante la prensa oficial que la acusación contra el general retirado por el derribo de dos aviones civiles de Hermanos al Rescate, en el que perecieron tres estadounidenses y un residente legal, forma parte de una escalada manipuladora con la que Washington busca «justificar» una eventual agresión militar contra la isla, al tiempo que la Casa Blanca guarda silencio y los exiliados en Miami celebran la medida.
Por Virtudes Álvarez Sampedro
La tensión diplomática entre La Habana y Washington alcanzó anoche una nueva y peligrosa cumbre. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, lanzó una encendida diatriba desde el Palacio de la Revolución para calificar de «grosera patraña» la imputación que el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó horas antes contra el expresidente Raúl Castro Ruz, a quien se acusa de ordenar el derribo de dos aeronaves civiles en aguas internacionales, un suceso ocurrido el 24 de febrero de 1996 que aún sangra en la memoria de las familias de las víctimas.
«El imperio miente. Miente con la misma saña con la que ha mentido durante seis décadas para justificar el bloqueo, las invasiones fracasadas y el terrorismo de Estado contra nuestro pueblo», exclamó Díaz-Canel, visiblemente exaltado, al tiempo que denunció que la maniobra judicial de la Administración Trump no busca otra cosa que «crear un casus belli, un pretexto artero para una agresión militar abierta contra Cuba».
El gobernante cubano insistió en que la imputación, presentada en una corte federal de Washington D.C., carece de todo fundamento legal y soberanía, y forma parte de una «cortina de humo» mediática para desviar la atención de los escándalos internos de la Casa Blanca y recrudecer el hostigamiento contra la isla. «No les asiste la verdad ni el derecho. Solo el viejo instinto depredador del águila», sentenció.

La respuesta de Díaz-Canel se produjo apenas unas horas después de que la fiscalía estadounidense hiciera público el proceso contra Raúl Castro, de 94 años, retirado de la vida pública desde 2018. El expediente sostiene que, como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Castro Ruz dio la orden directa a los cazas MiG-29 de derribar las aeronaves de la organización Hermanos al Rescate (Brothers to the Rescue), que sobrevolaban el estrecho de Florida en una misión de búsqueda de balseros. En el ataque murieron los pilotos Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Morales —tres ciudadanos estadounidenses de origen cubano—, así
como el también estadounidense Armando Alejandre Jr.
Mientras en La Habana se habla de «mentira imperialista», en la sureña ciudad de Miami la noticia ha sido recibida con algarabía por sectores del exilio. Organizaciones como la Fundación Nacional Cubano Americana calificaron la imputación como «un acto de justicia tardía pero necesaria». Sin embargo, el silencio oficial desde Washington no se ha hecho esperar, y la Casa Blanca se ha limitado a remitirse a lo actuado por el Departamento de Justicia.
El epílogo de esta nueva tormenta entre ambos países, separados por apenas 150 kilómetros de mar pero por un abismo ideológico de más de medio siglo, permanece incierto. Lo que parece claro, como escribió el poeta, es que en estas aguas tormentosas, la verdad suele ser la primera víctima del combate.