Participemos

RAFAEL CHALJUB MEJIA Vuelve el debate acerca de las propuestas de reformas económicas, políticas e institucionales que promueve el Gobierno y que afectarán, sin duda alguna, la vida nacional. Ojalá el progresismo, como se dice ahora, comprenda su deber de participar en ese debate y, como lo hizo el Frente Amplio el pasado domingo, exponga sus opiniones en favor de que cada reforma se aplique en el mejor sentido para la mayoría. La derecha, la oligarquía, no se ausenta, tiene sus cuadros que no desperdician oportunidad de hacer sentir su influencia en los poderes públicos para que cada medida vaya en su beneficio. Aunque las propuestas presidenciales no han sido formalmente presentadas, se sobreentiende que abarcarán asuntos tan importantes como los de la reelección presidencial y la ley del referendo aprobatorio, para citar solo dos casos. Eso tiende a definir el marco jurídico en que las fuerzas políticas van a desenvolverse. Esa es la realidad y no vale pretender evadirla, cuando el deber consiste siempre en intervenir y luchar por conquistar el más amplio espacio democrático posible. Algunos se ausentan bajo el pretexto de que un sistema injusto y fraudulento como el actual no se reforma, sino que se destruye para crear una institucionalidad nueva. Pero ocurre que esa gran obra es la tarea histórica de la revolución democrática nacional ya triunfante y consumada. Los objetivos supremos son irrenunciables. Pero hoy, en un momento no revolucionario, de lo que se trata es de la política del día, de “la lucha cotidiana y gris”, de lograr avances y defender conquistas precisas, de avanzar paso a paso en la brega por la democratización de la vida nacional, como parte de una transición histórica que nos acerque a esos objetivos finales, a los cuales hoy es imposible llegar de golpe. El ausentismo, más que un absurdo es una irresponsabilidad. Ejemplo. Existe la amenaza de que una reforma laboral elimine la conquista de la cesantía. Que alguien me diga si es revolucionario el quedarse pasivo y dejar que el gran empresariado se la arrebate a los obreros, bajo el pretexto de que lo que hay que hacer es derrocar el capitalismo y establecer el socialismo. Participemos en el debate actual. Ahí están los recursos de la comunicación, desde los cuales se pueden hacer demandas, impugnaciones y propuestas. La constituyente, las tres causales, el referendo revocatorio, la seguridad social. Si no se aceptan, les vamos haciendo buena opinión y prestigiándolas, y ya eso es ganancia.
PCT: 44 años de participación política al servicio del pueblo

Acto de celebración del 42 aniversario de su fundación en Bani (foto de archivo Umbral) SERVICIOS umbral.local/ Santo Domingo. – El Partido Comunista del Trabajo(PCT) celebra hoy el 44 aniversario de su fundacion, “firme en los mismos principios sobre los cuales fue constituido aquel 20 de junio de 1980 y sigue luchando por los mismos objetivos y contra los mismos enemigos”. A propósito de la fecha, el Comité Central de la organización de izquerda destacó la lucha de sus militantes y dirigentes por la revolución democrática, nacional y antiimperialista, en tránsito ininterrumpido hacia el socialismo; contra el orden de explotación y de injusticias que nos han impuesto los sectores oligárquicos locales en franca complicidad con el imperialismo norteamericano. “El PCT surgió de las entrañas del antiguo y combativo Movimiento Popular Dominicano (MPD), y se considera heredero legítimo de sus luchas históricas y abanderado de los grandes mártires que aporto en la lucha por una mejor República Dominicana aquella organización politica”. “Guardando la debida lealtad a esas herencias, surgimos, no obstante, como una organización nueva, basada en una visión marxista leninista de la lucha de clases y una nueva concepción del partido”, destaca el PCT. Los principales dirigentes que constituyeron hacen 44 al PCT, siguen siendo sus principales figuras, entre los que se destacan Rafael Chaljub Mejía, Efraín Sanchez Soriano (Pocholo), Luis Manuel Reyes Muñoz y su actual secretario general, Manuel Salazar. Tambien los militantes y cuadros que forjaron al PCT siguen siendo parte de su membresía y cosa poco común en la izquierda dominicana, es el unico partido de esa latitud política que no ha sufrido desprendimiento o división interna, con lo cual han superado un mal crónico que ha estado presente en la vida e historia de todas las organizaciones de izquierda de la República Dominicana. El PCT desde su fundación ha tomado parte en los desafíos de la lucha cotidiana, “sin marginarnos del curso por el cual discurre la vida política del país”, tanto en la lucha de masas como en la lucha parlamentaria y electoral, siendo un pionero en la izquierda del país en la participacion electoral, bien con candidaturas propias o apoyando candidatos de otros pártidos cuando el momento político de la República Dominicana y la correlación de fuerzas así lo han aconsejado.
¿En qué selva vivimos?

RAFAEL CHALJUB MEJÍA En su incesante lucha por la salud pública y la seguridad social, el licenciado Arismendi Díaz Santana comenta en un artículo reciente, la condena de diez millones de pesos que se le impuso a la Clínica Doctor Perozo, de Higüey, por negarle asistencia médica y dejar morir al joven de 17 años Nahím Contreras Aristy, que había llegado accidentado, con lesiones de alta gravedad y de madrugada, pero no pudo depositar previamente los 23 mil pesos que le exigían como condición para atenderlo. El joven se desangraba a la vista del personal médico y a la conciencia del dueño del negocio, sin que nadie le cortara la hemorragia, hasta que por ella se le fue la vida. En violación grosera de la ley que obliga a todo centro médico a prestar las atenciones indispensables a todo paciente que la requiera. En transgresión salvaje a la ética profesional de aquel que estudió medicina y al momento de la graduación juró solemnemente poner la salud del paciente y el salvamento de la vida humana por encima de todo, del afán de lucro, de la ambición del dinero, del deseo inmoderado de enriquecerse con la venta de la atención médica. Lo cierto es que estamos llegando a extremos inadmisibles, y uno se ve obligado a preguntar: ¿En qué selva es que estamos viviendo? Esto del manejo de la medicina y la salud pública como una más de las mercancías del capitalismo, ya raya en lo inhumano. La crisis y el deterioro nunca solucionado de los hospitales públicos empuja a la gente a los centros privados y miren ustedes como andan las cosas hasta el punto de que en algunos casos secuestran a los enfermos hasta que salden los costos del internamiento y según se ha denunciado más de una vez, secuestran los cadáveres hasta que los dolientes del difunto paguen el rescate correspondiente. Vaya el saludo al tribunal que dictó esa sentencia. Ojalá sirva de lección y algunos médicos y algunos empresarios del negocio de la salud, entren en razón y se moderen. Y que las organizaciones sociales, políticas, de derechos humanos y similares, hagan conciencia de que la lucha contra atrocidades como la que mató al desafortunado Nahím, es un aspecto importante de su trabajo. Gracias, compañero Arismendi por hacerse eco de este caso y por darme motivo para sumarme a la denuncia y protestar con toda indignación.
Un desafío

Por Rafael Chaljub Mejía Un solo gobierno, fue el grito de batalla. Lograr el dominio político y administrativo en el ejecutivo, el municipal y el legislativo. Y ahí lo tienen. Ese es su gran triunfo y tienen derecho a celebrarlo. El presidente Luis Abinader y sus partidarios tienen derecho a asumir todos los poderes conquistados y el país tiene todo el derecho a exigir y esperar que promesas que no se cumplieron se conviertan ahora en realidad. La pandemia, las consecuencias de la guerra en Ucrania, las catástrofes naturales que la mala fortuna volcó sobre el país, consumieron el tiempo, los recursos y las energías que el Gobierno debió invertir para enfrentarlas. La actitud, a veces obstruccionista, de parte de la oposición conspiró contra la aprobación de medidas y reformas cada vez más indispensables para el avance democrático del país. Hoy nada de eso existe o tiene el peso que tuvo y el presidente tiene la cancha libre para moverse. Ese es su desafío. Como no buscará otra reelección, ya no es un candidato en campaña. Sus circunstancias son otras. Y aunque no es de esperar que haga cosas contra la causa de su partido, ahora es más libre que antes. En su primer período propuso un interesante paquete de reformas, pero condicionó su aprobación a la aprobación de las fuerzas opositoras y los sectores más conservadores y las cosas se quedaron a medio talle. Ahora al presidente debe importarle el legado que deje a sus espaldas cuando salga del Palacio Nacional. Tiene todo el poder en sus manos y aunque no debe hacer mal uso de ese poder, aquí hay reformas que son impostergables y hay que hacerlas. Como la ley del aborto y las tres causales, promesa reiterada del presidente y todavía incumplida porque el presidente cedió al parecer, ante las presiones de fuerzas conservadoras. Cuando esas fuerzas, como las iglesias, tienen influencia tradicional pero en términos electorales nunca han decidido unas elecciones. En 1962, cuando el país aún no acababa de salir de las tinieblas, la iglesia militó en favor de los cívicos y contra el profesor Juan Bosch y el electorado votó por Juan Bosch. Esas fuerzas conservadoras volverán a presionar para frenar toda reforma progresista y democrática. Aún dentro del sistema predominante, y sin sacrificar los objetivos finales, las reformas democráticas son importantes. Presionamos y participemos militantemente en esa lucha del día a día, cotidiana y gris como decía Lenin, con nuestras reivindicaciones políticas en alto, para que las reformas se realicen. Nosotros también estamos desafiados.
Una causa de la alta abstención

Por Rafael Chaljub Mejía La abstención electoral es cada vez más alta porque aquí ha ganado fuerza una tendencia a la apatía a la despolitización y al individualismo extremo, como resultado de factores y circunstancias muy de fondo, sin que hasta ahora las fuerzas progresistas hayan encontrado la forma de contrarrestarla. Peor todavía, porque desde ese mismo campo progresista, inexplicablemente surgen voces celebrando como un triunfo la abstención, como si estuvieran apoyando esa tendencia al conservadurismo y rindiéndole culto a la irresponsabilidad del declamador que denuncia los males sin ofrecer salidas, cuando de lo que se trata no es simplemente de describir el mundo sino de transformarlo, como dijo un sabio. Principalmente después de la disolución del antiguo campo socialista, la contrarrevolución internacional envalentonada, arreció una vasta ofensiva en todos los frentes, con el neoliberalismo como doctrina económica y, en el campo ideológico, todo lo que contribuya a elevar la cultura y los valores del individualismo. Las prédicas del fin de las ideologías, de que cada hombre es un fin en sí mismo, el ataque a lo público y la glorificación de lo privado, ha hecho sus efectos también aquí y tenemos entre otros fenómenos, un aumento de la antipolítica, el antipartidismo, un desapego de una parte de la juventud a sus raíces, su tierra, su cultura, sus mejores tradiciones y un olvido de los buenos referentes históricos. Con la consiguiente pérdida de prestigio y de influencia de las posiciones revolucionarias como acaba de demostrarse en las recientes elecciones. Mientras algunas candidaturas defensoras de las posiciones más reaccionarias obtuvieron una votación mayor. Esa es la realidad. En el mundo actual se ha estado conformando una especie de internacional del fascismo, que ahora, con el inefable presidente argentino, Javier Milei , como vedette principal, acaba de reunirse en Madrid. Eso tiene sus repercusiones en nuestro país, donde el conservadurismo sigue ganando fuerza. Ahí está el desafío. ¿Rendirse?, nunca. Refugiarse en la propia concha, escudarse en verdades generales y excusar su ausentismo en nombre de los males y las trampas del sistema, menos. Pero enfrentar esta nueva realidad con recetas rígidas, que tal vez correspondieron a otros tiempos, tampoco ayuda a la solución. Sigamos plantados, en son de batalla. Empecemos por el balance crítico y autocrítico colectivo, a fondo y no por la superficie. Hagamos frente a las exigencias de una labor paciente, tenaz, para enfrentar la avalancha y ganarles espacio a las posiciones del avance, el cambio de fondo, y la transformación que necesitamos.
Dejando el surco abierto y la semilla plantada

Por Rafael Chaljub Mejía Entre los aportes de la presencia y la propaganda de la compañera María Teresa Cabrera, candidata presidencial del Frente Amplio, está el hecho de que, con su mensaje y sus pronunciamientos ella va sentando las bases para después de las elecciones seguir la lucha por objetivos políticos pendientes de realización desde hace décadas. María Teresa ha resumido ese propósito en una consigna política de profundidad y largo aliento: inaugurar una nueva época política en nuestro país. Eso tiene su razón política y su justificación histórica. El régimen político y estatal establecido en nuestro país tiene sus peculiaridades. Libertad política, un congreso nacional y otras instancias jurídicas constituidas, elecciones cada cuatro años y otros ornamentos más de los del sistema de la democracia representativa. Pero, bien vistos los aspectos esenciales de este sistema, nos topamos con un país de soberanía nacional transgredida y mediatizada por una superpotencia imperialista, una distribución de la riqueza injusta y desequilibrada hasta la médula, unas instituciones débiles, cuyos postulados quedan convertidos en letra muerta ante el atraso, la tradición caudillista y conservadora. Incluyendo el ejercicio del sufragio que se convierte en una mera mercancía en este mercado público en el que se convierten las campañas electorales. A fin de cuentas, lo que tenemos es una sociedad injusta y una democracia enferma. Las fuerzas nacionales y progresistas tienen el deber de mirar lejos, hacia su objetivo histórico de revolución democrática y nacional, parte importante de la cual han sido siempre la defensa de la soberanía, la defensa de lo público, la democratización del Estado y la vida política en todos los sentidos. Sin descuidar ni mucho menos las tareas inmediatas del presente proceso electoral, la candidata del Frente Amplio ha mirado y nos manda a mirar hacia ese horizonte. De ahí la importancia de su mensaje y su consigna. El arte consiste en hacer una correcta relación entre lo inmediato y lo porvenir. Nada de resignarse y descuidar las tareas de hoy en nombre de que la nuestra es una lucha a largo plazo. Por el contrario. A buscar el voto con la gente, lograr los mejores resultados electorales posibles porque esos buenos resultados son un importante punto de partida para seguir la batalla hacia nuevos horizontes. Y como queda dicho, en medio del esfuerzo de hoy, ir dejando el surco abierto y en él, una semilla de esperanza que germinará y sin duda alguna dará sus frutos más temprano que tarde.
Una sugerencia adelantada

Por Rafael Chaljub Mejía A la influencia del sentimiento patriótico y antimperialista que han estado presente en estos días de abril, sugiero que, después de las venideras elecciones, organicemos una jornada conmemorativa, que culmine el 12 de julio cuando se cumplirán los cien años de la retirada de las tropas norteamericanas que desde 1916, mancillaban con sus botas el suelo dominicano. Ya habrá pasado la campaña electoral a la cual deben dedicarse los principales esfuerzos, especialmente de quienes estamos comprometidos en ella. De mayo a julio hay tiempo suficiente para preparar un programa de actividades que sirvan para honrar la memoria de aquellos que presentaron la correspondiente resistencia a los invasores. De los que, en condiciones tan desventajosas, pelearon contra los ocupantes con las armas en las manos; así como a los paladines de la lucha cívica, de la denuncia y la batalla de opinión, aquí y en el exterior. Fue digna de leyenda la muestra de indomable valor y dignidad que dio un pueblo tan pequeño frente a una potencia imperialista como los Estados Unidos, sin que los hijos de ese pequeño pueblo se rindieran ante las atrocidades de los invasores. Una carta del obispo Alejandro Noel al ministro Russell denuncia con pluma elocuente y pulso firme cómo los ocupantes habían rebasado, y con mucho, los métodos de tortura hasta entonces conocidos por nuestro pueblo a pesar de su pasado tumultuoso y violento. Es una buena ocasión para sentar una vez a esa potencia en el banquillo, y evidenciar que sigue siendo la misma en eso de no detenerse ante el sufrimiento que sus acciones le causen a otro pueblo. La misma potencia que hoy finge preocupación por la suerte de los palestinos y al mismo tiempo vuelca dinero a manos llenas y entrega las armas más letales a los mismos sionistas que masacran a los palestinos. La conmemoración a que me refiero tiene importancia histórica y al mismo tiempo mucho valor actual. Cuando la lucha armada fue apagada a punta de muerte y terror en nuestros campos, entonces se crecieron los líderes del movimiento nacionalista, que acorralaron moralmente a los invasores, con la robusta solidez de sus tesis doctrinarias, con el poder demoledor de la poesía, con la fuerza del merengue, los escritos en la prensa y las movilizaciones públicas. La lucha por la soberanía sigue vigente y esas lecciones históricas pueden servirnos de mucha utilidad. Dejo la sugerencia y después de las elecciones hablamos.
Con México y su gobierno

Por Rafael Chaljub Mejìa Bajo las negras sombras de la noche, como los bandidos, el gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa asaltó a mano armada la embajada de México en Quito y secuestró al exvicepresidente Jorge Glas, quien se encontraba asilado en esa sede diplomática. En grosero agravio al derecho internacional, al derecho de asilo, a los principios que rigen las relaciones entre los Estados; en agravio a la soberanía y la integridad de un país como México, reconocido por el ejercicio de una diplomacia pulcra y de altura, digna del legado de don Benito Juárez, según el cual: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. El gobierno de Noboa bien pudo negar el salvoconducto al asilado y plantear sus reclamos en las instancias jurídicas reconocidas. Prefirió la invasión a mano armada a una embajada, cuando ni las peores dictaduras militares del Cono Sur cometieron semejante ultraje. Ni Trujillo, que es mucho decir, en este país que él mantenía en el puño, llegó a tanto. ¿Y cómo que es anda el mundo en estos tiempos? Si este asalto tiene como precedente inmediato la demolición, a punta de misil, por parte de Israel, de la sede diplomática de Irán en Damasco y la muerte bajo los escombros de las personas que estaban en ella. El Gobierno de Quito debiera recibir un castigo a la altura de los agravios inferidos a México y a la conciencia del mundo, pero si eso no ocurre, al menos, ese gobierno ha quedado desenmascarado, moralmente tachado como delincuente internacional, mientras México se ha crecido. Comenzando por la digna y valiente actitud de su embajador encargado don Roberto Canseco, que, como él mismo lo dijo, a riesgo de su vida, defendió físicamente la soberanía y el honor de su país, ante la banda armada que cometió el asalto; por la gallardía del presidente Manuel López Obrador, que ha asumido la defensa de México, como corresponde a un jefe de Estado digno de ese nombre. Mucho le debe el mundo a México, donde encontraron hospitalidad los perseguidos de la República española, los escapados de las garras del fascismo, los poetas ilustres como Neruda, figuras legendarias como Fidel Castro y el Che Guevara, mujeres como Tina Modotti; los exiliados antitrujillistas. Sin titubeos ni mediatintas, sumo mi voz modesta a las tantas que se han levantado en el mundo, para condenar esta inexcusable fechoría y decir con claridad y franqueza: ¡Con México, su pueblo y su gobierno!
Una campaña rara

Por Rafael Chaljub Mejía He sido testigo de todas las elecciones que aquí se han celebrado y de las campañas electorales que han antecedido a los comicios desde 1961. Y nunca había visto una campaña tan apagada y aburrida como la actual. Especialmente si se recuerdan aquellas contiendas en las cuales el partido de Balaguer decía que caminaba a paso de vencedores y la oratoria emocionante del doctor José Francisco Peña Gómez prometía que haría temblar la tierra y pintaría de blanco a la República De buenas a primeras ha desaparecido aquel ambiente carnavalesco que lo removía y lo politizaba todo. Ahora no hay debates, desfiles, concentraciones, apenas hay fotos de candidatos en los postes de luz, no hay caravanas, ni discursos ardientes. A veces me pregunto si nos hemos civilizado tanto como Suiza, pero como no es así, trato de buscarle otra explicación a la rareza de la campaña actual. La ausencia de líderes que despierten la pasión y el entusiasmo de las masas; la tendencia a la despolitización, a la anti política, a la indiferencia conservadora que viene ganando cuerpo; las repetidas decepciones en que suele caer alguna gente cuando elige un gobierno y ve permanecer los mismos viejos males que les prometieron resolver; la presencia de líderes y candidatos ya usados y rehusados una y otra vez. Se dice que el buen jefe es aquel que trata de ser indispensable el menor tiempo posible, pero aquí no rige esa norma y ningún jefe le abre el espacio a quien pueda ser su buen reemplazo. Y, salvo escasas excepciones, aquí tenemos las mismas caras de todos estos años. Y hay otra realidad. Por lo que dicen las encuestas y lo que acaba de pasar en las recientes elecciones municipales, la balanza aparenta estar tan inclinada hacia el lado del gobierno, que los del campo opositor, han perdido las esperanzas de triunfo y, como si hubiesen perdido en febrero las elecciones de mayo próximo, lucen resignados a su poca fortuna electoral. Entonces, si así ocurre, es probable que algunas figuras tengan que salir del escenario, algunas fuerzas políticas caigan en crisis sin solución y esto provoque una realineación de fuerzas y se amplíe la brecha para la entrada en escena de una tendencia política nueva, que represente la necesidad existente de una renovación política, de un cambio de época, desde lo progresista, con vocación transformadora. Insisto, sigamos atentos.
Sigamos atentos

Por Rafael Chaljub Mejía Cuando se anunció la Alianza Rescate RD, recuerdo haber advertido acerca de la amenaza potencial que esa alianza constituía para cualquier adversario. Consideraba que la coalición de tres partidos con nombre, historia y una importante base electoral; con dirigentes de larga experiencia y con mucho dinero a su disposición, podía constituirse en un competidor respetable, imposible de subestimar. Pero todo ha resultado en una asociación frágil, dispersa y sin ninguna cohesión, con unos líderes separados no por asuntos de principio, ni divergencias de concepciones políticas ni programáticas, sino por un abismo de malquerencias y rencores, heredados de pugnas de intereses y rivalidades personales, que hasta la fecha han impedido que, ni siquiera para fines de publicidad, esos líderes se saluden o posen juntos para una fotografía. Entonces vino el varapalo de las recién pasadas elecciones municipales y la situación de la Alianza Rescate RD parece haber empeorado. Porque cuando debieron responder a la derrota dando una demostración enérgica de acercamiento y unidad, lucen que han caído en una pasividad y una disgregación mayores. Mientras, las encuestas andan diciendo la desventaja en que se encuentran frente a su adversario común, y por lo que se percibe en el ambiente, resultan lejanas las posibilidades de que los de la alianza despierten el entusiasmo de los votantes y hagan cambiar en su favor los números que están arrojando esas encuestas. Porque, en última instancia, los electores tendrían que preguntarse cómo sería un eventual gobierno producto de una alianza tan frágil y dispersa. En cuantos fragmentos se dividiría el Estado cuando cada cabeza de partido controle su respectiva cuota y actúe conforme al interés de su propio grupo. Decían los viejos marineros que un barco con dos capitanes se hunde y en este caso, la nave del Estado tendría mucho más de dos. Esta realidad podría modificarse porque en política y en la vida misma nada es imposible, pero por lo que se está contemplando ahora, ya pueden preverse los resultados de las elecciones próximas; y la posibilidad de que algunos dirigentes y partidos ya muy usados, salgan del escenario y quede un espacio abierto para que se desarrolle una nueva tendencia política, positivamente distinta, debidamente organizada, de contenido progresista y patriótico, que deje atrás otra dispersión más lamentable; y es la dispersión que históricamente y hoy más que nunca afecta a esas fuerzas políticas que, por definición, son las llamadas a representar la esperanza de una transformación a fondo de nuestro país. Sigamos atentos.