UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Sheinbaum y Lula exigen respeto a la soberanía de Colombia y Cuba ante injerencias de Trump

En un diálogo de 40 minutos, los mandatarios de México y Brasil defendieron el multilateralismo y el principio de no injerencia, reclamaron el fin del embargo a Cuba, respaldaron los procesos internos de Colombia y ratificaron su apoyo a Michelle Bachelet como futura secretaria general de la ONU; además, acordaron profundizar la cooperación energética entre Pemex y Petrobras. Por Alejandro F. Guzmán En un gesto que subraya el creciente contrapeso latinoamericano frente a las presiones unilaterales de Estados Unidos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenaron este cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia y Cuba, en una explícita aunque no mencionada respuesta a las recientes declaraciones del presidente Donald Trump. Durante una conversación telefónica que se extendió por 40 minutos, ambos gobernantes coincidieron en la urgencia de preservar el derecho internacional, la democracia y el multilateralismo como pilares irrenunciables de la convivencia regional. En un comunicado oficial difundido por la cancillería brasileña, los líderes reafirmaron su postura favorable al levantamiento del embargo económico y financiero impuesto a La Habana, y analizaron la crítica situación humanitaria que vive la isla, subrayando la necesidad de construir soluciones que mejoren las condiciones de vida de su población. Frente al telón de fondo de un mapa regional otra vez tensionado por la retórica intervencionista proveniente del norte, Sheinbaum y Lula ratificaron su defensa del principio de no injerencia como eje ético y político de sus respectivas políticas exteriores. El respaldo explícito a los procesos internos de Colombia —en momentos en que sectores conservadores en Washington presionan por una revisión del acuerdo de paz— refuerza el alineamiento de ambos gobiernos con una visión autónoma y soberana de los asuntos hemisféricos. Más allá del frente diplomático, la llamada sirvió para consolidar una agenda bilateral de amplio espectro. Los mandatarios acordaron profundizar las negociaciones sobre el marco jurídico comercial entre las dos mayores economías de América Latina, con miras a modernizar los instrumentos de cooperación. También reconocieron avances sustantivos en salud, turismo, ciencia, tecnología y gobernanza pública. Un punto de especial relevancia fue el anuncio del avance hacia un acuerdo energético entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras, que busca articular el intercambio de experiencias en exploración, producción, buenas prácticas y alternativas vinculadas a los biocombustibles. La colaboración entre ambas empresas estatales se perfila como un eje estratégico para reducir la dependencia externa y fortalecer la soberanía energética regional. Respaldo conjunto a Bachelet para liderar la ONU En el plano multilateral, los presidentes reiteraron su respaldo a la expresidenta chilena Michelle Bachelet como candidata para ocupar la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas. Bachelet, quien ya se desempeñó como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, representa —en la visión compartida por Sheinbaum y Lula— una figura de consenso capaz de restaurar el prestigio y la eficacia del organismo en un momento de profundos desafíos globales. La conversación concluyó con un gesto de camaradería y proyección deportiva: Lula deseó a Sheinbaum todo el éxito en la organización del Mundial de Fútbol 2026, que comenzará este jueves y será coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá. Un detalle menor, quizás, pero que revela la voluntad de ambos líderes de construir una relación fluida, estratégica y con vocación de futuro. En un continente donde las sombras del intervencionismo vuelven a alargarse, México y Brasil han elegido hablar con una sola voz. Y esa voz, por ahora, se llama no injerencia, diálogo y derecho internacional.

El palco vacío: la primera vez que los mandatarios le hacen la guerra al Mundial

México, Canadá y Estados Unidos escriben una página inédita en la historia del fútbol: sin sus mandatarios en la ceremonia inaugural, mientras Claudia Sheinbaum regala su boleto, Trump se ausenta y Carney asiste a medias, la política le gana al deporte en la Copa del Mundo más grande jamás organizada. Por Theo N. Guzmán El Mundial del 2026 ya es, antes del primer silbatazo, un torneo de rarezas. Es el primero que organizan tres países. El primero con 104 partidos, 1.248 jugadores y 16 ciudades sede. México se convierte en el primer anfitrión en recibir tres Copas del Mundo. Canadá, en cambio, estrena su condición de anfitrión como quien estrena camiseta por primera vez. La lista de primicias se alarga como una sombra bajo el sol del verano norteamericano. Pero hay una novedad que no figura en los registros de la FIFA, una que no celebrarán ni el márketing ni los himnos. Es la del palco de jefes de Estado sin dueño. Este jueves, en la ceremonia más importante del torneo más visto del planeta, la silla del anfitrión mexicano amaneció vacía. Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México, no acudió. En su lugar, como un gesto que trasciende el protocolo, envió a Yolett Cervantes Cuaquehua, una joven indígena del norte de Veracruz. Y junto a ese asiento sin ocupar, los otros dos coorganizadores también dibujaron un vacío inédito: ni Mark Carney, primer ministro de Canadá, ni Donald Trump, el vecino del norte insomne, pisaron el césped inaugural. Un vacío sin precedentes. Porque desde 1930, el palco de los Mundiales ha visto desfilar desde reyes hasta emires, desde generales hasta presidentes populares. La única excepción fue Francia 1938, cuando Albert Lebrun no asistió a la apertura —aunque sí entregó el trofeo al campeón—, en una época donde las ceremonias aún no eran el escaparate geopolítico que son hoy. En estos tiempos de hipervisibilidad, la ausencia grita más que la presencia. Sheinbaum, sin embargo, ya había escrito su propio guion meses atrás. En diciembre, recibió de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el boleto 001 para el partido inaugural. Luego lo regaló. Se lo dio a una joven aficionada. \»La mayoría de los mexicanos no puede pagar una entrada\», explicó después. Por eso, ella verá el partido contra Sudáfrica desde una pantalla gigante de las que su gobierno instaló gratis en Ciudad de México. \»Van a venir pocos jefes de Estado —declaró—. Varios iban a venir, pero por razones de sus países decidieron no. Por ejemplo, el presidente de Sudáfrica decidió no venir\». En cambio, una corona sí asoma en el horizonte. El Rey Felipe VI de España tiene confirmada su presencia en Guadalajara el 26 de junio, para el Uruguay-España. \»Estamos viendo si nos reunimos\», dijo Sheinbaum, insinuando un encuentro que sellaría la conciliación entre dos naciones distanciadas por años de heridas abiertas. El fútbol, otra vez, como bisagra de la historia. Mientras tanto, la FIFA ha tenido que ingeniárselas para disimular la falta de anfitriones. Ha diseñado una \»trilogía de espectáculos inaugurales\» que tendrá lugar en el primer partido de cada selección local. Estados Unidos enfrentará a Paraguay el segundo día del torneo en Los Ángeles, con un show de Katy Perry, Future, Anitta, LISA, Rema y Tyla. Pero Trump no estará allí. En su lugar, asistirá Marco Rubio, secretario de Estado. Eso sí, el magnete tuiteó que acudirá a algunos encuentros más en suelo estadounidense. Carney, en cambio, sí estará en Toronto para ver a Canadá ante Bosnia. Allí cantarán Alanis Morissette, Alessia Cara, Michael Bublé y otros. La música, al menos, no falla. La ceremonia pudo haber sido el punto de encuentro de los tres líderes norteamericanos. Pero las constantes amenazas e insultos de Trump contra sus vecinos y socios comerciales lo han vuelto imposible. En plenas negociaciones del TMEC, el presidente estadounidense declaró este miércoles que su país no necesita \»nada\» de sus dos vecinos. La única vez que los tres se reunieron fue en diciembre, en el sorteo de Washington. Ya entonces Trump amagaba con aranceles. Pero aparcaron las tensiones en nombre del fútbol. Esta vez, el deporte ha perdido contra la política. Así, el Mundial de las primeras veces también será recordado por algo que no ocurrió. Por un palco vacío. Por tres banderas sin sus mandatarios. Por una ceremonia donde la ausencia, paradójicamente, ocupó todo el centro del escenario. El balón rodará, los goles se celebrarán, pero la imagen de esta Copa del Mundo quedará marcada por los asientos sin dueño, por una joven indígena de Veracruz sentada donde se esperaba a una presidenta, y por la constatación de que ni siquiera el deporte más universal logra ya reunir a los que mandan.

¡El Azteca, templo del fuego sagrado! Pelé, Maradona y ahora ¿quién hará temblar la catedral del fútbol?

México abre el Mundial más ambicioso de la historia (48 selecciones, 16 grupos, tres sedes) ante Sudáfrica en un Estadio Ciudad de México que suma su tercera inauguración mundialista. Lluvia, protestas y presión histórica para la Tri’, que llega como bicampeón de la CONCACAF (Liga de Naciones 2024 y Copa Oro 2025) y con ocho partidos invicto. Javier Aguirre busca el estreno perfecto mientras la sombra de los mitos recorre los pasillos del coloso. La final será el 19 de julio en New Jersey. Por Theo N. Guzmán Enviado especial al Estadio Ciudad de México   Hay estadios. Y hay catedrales. El Azteca, que la FIFA insiste en llamar Estadio Ciudad de México por razones de patrocinio que nadie recitará de memoria, es lo segundo: una mole de cemento y alma que ha visto llorar a Pelé de alegría y a Maradona levantar un cielo que parecía suyo. Esta tarde, 11 de junio de 2026, con el reloj marcando las 13:00 horas bajo un sol caprichoso de la capital mexicana, el coloso vuelve a abrir un Mundial. El tercero. Ningún otro recinto en la historia puede presumir de tanto. Tres inauguraciones, dos dioses, una leyenda 1970: Pelé y Brasil eternos: 1986 Maradona, la mano y el genio. 2026: la noche de México ante Sudáfrica, con el mismo ‘Vasco’ Aguirre que en 2010 dirigió aquel empate 1-1 inaugural en Johannesburgo. Entonces fue sufrimiento africano. Ahora, en casa, la exigencia es otra. La ‘Tri’ llega con una vitrina que por fin volvió a llenarse. Después de años de sequía, México levantó dos títulos consecutivos de la CONCACAF: la Liga de Naciones 2023-24 (venciendo a Estados Unidos en la final) y la Copa Oro 2025 (derrotando a Panamá). Dos trofeos que han multiplicado la fe de una afición acostumbrada a los disgustos mundialistas. Porque el pecado original sigue ahí: siete Mundiales seguidos cayendo en el cuarto partido. En Qatar 2022 ni siquiera se llegó a ese duelo. La herida aún escuece. El invicto que ilusiona Pero los números de 2026 invitan a soñar. Ocho partidos sin perder. Seis victorias y dos empates, estos últimos ante potencias de peso: Portugal (0-0) y Bélgica (1-1). El resto fueron triunfos que construyen carácter: Panamá (0-1), Bolivia (0-1), Islandia (4-0), Ghana (2-0), Australia (1-0) y Serbia (5-1). Un rodaje de altura que ha encendido la ilusión en un país que vive el fútbol como una religión y cuyo clero, la prensa local, exige milagros. El Mundial más grande de la historia Esta no es una Copa del Mundo cualquiera. Por primera vez participan 48 selecciones, distribuidas en 16 grupos de tres equipos cada uno. Clasifican los dos primeros a los dieciseisavos de final. Las sedes son tres: México, Estados Unidos y Canadá. La CONCACAF aporta seis equipos (incluyendo a los tres anfitriones); la UEFA, 16; la CONMEBOL, seis; la CAF, nueve; la AFC, ocho; la OFC, uno; más dos repescajes. Un torneo mastodóntico que arranca hoy en el Azteca y terminará el 19 de julio en el MetLife Stadium de New Jersey. Datos de acceso y favoritismos México clasificó como anfitrión directo. Sudáfrica, por su parte, selló su boleto tras quedar segunda en el grupo africano detrás de Nigeria, con cuatro victorias, dos empates y una derrota en eliminatorias. El veterano belga Hugo Broos, 74 años, intentará dar el campanazo en la mismísima puerta del templo. El grupo A lo completan Corea del Sur y República Checa. Un camino que, sobre el papel, parece despejado. Pero México sabe que la historia pesa. La tormenta perfecta Dos nubarrones empañan el estreno: la lluvia que ha convertido los alrededores del Azteca en un mosaico de charcos y siete manifestaciones anunciadas por grupos antigubernamentales. Las autoridades han blindado el perímetro. Se espera la asistencia de autoridades del gobierno y de la FIFA, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum anunció que no asistirá a la inauguración y ha cedido a una joven indígena, que dado los precios de las entradas, le sería imposible asistir. La delegaciones de la FIFA encabezadas por Gianni Infantino, y representantes de las otras dos sedes: Estados Unidos y Canadá. El Azteca no perdona a los que dudan. Esta noche, el telón se levanta. La catedral vuelve a rugir. Y todo un país, con dos títulos recientes en el bolsillo y ocho partidos invicto en el cuerpo, espera que, por fin, la maldición del cuarto partido sea solo un mal recuerdo.

Trump levanta muros, Infantino se hace el sordo y la FIFA entierra el espíritu del fútbol bajo una montaña de dólares

El negocio llamado Mundial de Fútbol    El Mundial FIFA 2026 levanta el telón hoy día 11 de junio. Estados Unidos, México y Canadá afilan los últimos detalles para recibir la fiesta más grande del planeta fútbol. Pero cuidado: lo que viene no huele a césped recién cortado ni a euforia de estadio. Huele a control migratorio, a visa denegada sin razón, a discurso de odio disfrazado de \»seguridad nacional\». Huele, en definitiva, a Donald Trump poniéndole el cascabel al gato del deporte global. Y la FIFA, esa organización que durante años nos ha vendido la imagen de un fútbol \»para todos\», mira hacia otro lado. Mejor dicho: cobra el cheque y calla. Demos un paso atrás. El Mundial siempre fue algo más que 22 jugadores corriendo detrás de un balón. Fue una tregua. Una pausa cada cuatro años donde las guerras, los discursos de odio y las fronteras se difuminaban detrás de un abrazo entre desconocidos. Eso, al menos, era la teoría. Porque la práctica, de la mano de la administración Trump, apunta en dirección contraria. El gobierno estadounidense ha dejado claro que durante la cita mundialista los controles migratorios no se relajarán: se endurecerán. Visas denegadas a periodistas, aficionados y hasta delegaciones enteras de países señalados como \»sospechosos\». Un mensaje tan brutal como explícito: aquí no es bienvenido cualquiera. Mientras México y Canadá intentan vender el torneo como un espacio de integración regional, Trump lo ha convertido en una vitrina de su política antiinmigrante. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Trump es previsible. Pero lo que resulta imperdonable es la actitud de la FIFA, esa institución que tanto exigió a Brasil, Sudáfrica y Rusia, y que ahora, frente al poder económico de Estados Unidos, dobla la rodilla y se hace la pequeña. Gianni Infantino, el mismo que se rasga las vestiduras por un tuit políticamente incorrecto, no ha sido capaz de emitir un solo comunicado exigiendo garantías migratorias para los asistentes al Mundial. Su silencio no es neutralidad: es complicidad. Y su pusilanimidad solo tiene un nombre: miedo a incomodar al anfitrión más rentable de la historia del torneo. Pero el silencio cómplice de la FIFA no se detiene ahí. Alcanza ribetes aún más oscuros. Como la reciente deportación del mejor árbitro africano del continente, un hombre cuya trayectoria impecable lo había llevado a ser designado para el panel arbitral del Mundial. Su delito: haber sido incómodo para ciertas firmas comerciales que manejan los hilos del negocio. La FIFA no movió un dedo. No hubo defensa, no huba declaración, no hubo gesto. Solo el silencio. Ese silencio que habla más fuerte que cualquier palabra y que revela la verdadera naturaleza de una organización donde la corrupción y el oscurantismo campan a sus anchas, protegidos por la opacidad de los contratos y la sumisión al poder económico. ¿Alguien se sorprende? No debería. La FIFA dejó de ser hace años la guardiana del espíritu del fútbol para convertirse en su principal sepulturera. El Mundial ya no es un torneo: es una máquina de facturar. Un circo donde los derechos humanos pesan menos que un contrato de televisión, donde la dignidad de un árbitro africano vale menos que una sonrisa a los patrocinadores, y donde Infantino prefiere mirar al suelo antes que enfrentar a Trump. El Mundial 2026 debía ser el de la reconciliación trinacional, el del fútbol como lenguaje común entre vecinos. Pero Trump lo ha manchado antes de nacer, y la FIFA ha validado cada mancha con su silencio de cartón piedra. No pido ingenuidad. El deporte nunca ha sido ajeno a la política. Pero hay una diferencia abismal entre convivir con el poder y prostituirse ante él. Lo que estamos viendo es esto último: un gobierno que utiliza el Mundial como escenario de su discurso de odio, y un organismo rector que aplaude con las orejas mientras se llena los bolsillos. Hoy es el día para que ruede el balón. Estados Unidos aún está a tiempo de recordar que ser sede es una responsabilidad, no un trofeo de soberanía. Y la FIFA, aunque lo dudo, aún está a tiempo de dejar de hacerse la distraída y recordar que su voz tiene peso. Aunque, viendo su historial de corrupción, opacidad y sumisión al poder, sería un milagro tan grande como que Argentina le gane un Mundial a Brasil por goleada. El fútbol enseña que los muros se escalan y las barreras se rompen. Ojalá la Casa Blanca y la FIFA lo entiendan. Porque en el Mundial, el único muro que debería importar es el de la hinchada celebrando un gol. El resto sobra. Y el silencio cómplice, también.  

La triple frontera del caos: el Mundial 2026 destapa la guerra fría entre Trump, Canadá y México

Aficionados que viajen a Norteamérica para la primera Copa del Mundo compartida en el continente se toparán con una región al borde del estallido diplomático, donde el comercio, la inmigración y el narcotráfico han convertido el torneo en una tensa cena familiar justo cuando los anfitriones dejan de fingir cordialidad Redacción de Umbral Llegar a la cena cuando los anfitriones ya están discutiendo. Así se siente el ambiente que recibirá a los millones de aficionados que cruzarán fronteras para el Mundial 2026. Detrás de la selfie de diciembre en Washington —donde Donald Trump, Mark Carney y Claudia Sheinbaum posaron sonrientes con Gianni Infantino— se esconde una realidad que no admite filtros: Estados Unidos, Canadá y México atraviesan su relación más tensa en décadas, justo cuando deben compartir un mismo escenario durante 39 días y 16 ciudades. El presidente estadounidense no ha disimulado su papel de potencia dominante. Sus aranceles golpearon primero a sus dos vecinos, y sus comentarios sobre convertir Canadá en el \»estado 51\» provocaron una respuesta furiosa: provincias canadienses retiraron licores estadounidenses de sus estanterías y los viajes al sur se desplomaron. México, por su parte, soporta el peso de ser señalado como \»puerta trasera\» para inversiones chinas, un estigma que el analista Carlo Dade, de la Universidad de Calgary, califica sin rodeos como \»francamente irrespetuoso\». La incomodidad no termina en la frontera. Dentro de México, el principal sindicato de maestros mantiene una huelga nacional bajo el lema \»Sin solución, no habrá saque inicial\», mientras el Aeropuerto de la Ciudad de México y el Estadio Azteca enfrentan dudas sobre su preparación. La violencia de carteles, aunque breve, dejó una huella imborrable. \»Ser coanfitriones no es receta para una relación idílica\», advierte Lindsay Sarah Krasnoff, profesora de deporte global en la Universidad de Nueva York, quien recuerda que el torneo conjunto de Japón y Corea del Sur en 2002 terminó en un \»empate agridulce\». Pero el verdadero dolor de cabeza para los visitantes no serán los aranceles ni las disputas comerciales. Será la obsesión del gobierno de Trump con el control migratorio. Aficionados que planeen cruzar de Canadá a Estados Unidos, o de México a Estados Unidos, se enfrentarán a controles fronterizos endurecidos, largas esperas y un escrutinio que no distingue entre hinchas y migrantes indocumentados. La administración estadounidense ha reforzado las revisiones en aeropuertos y pasos terrestres, y cualquier error administrativo —un visado vencido, una declaración mal hecha— puede derivar en detenciones o deportaciones exprés. En un Mundial donde los hinchas se desplazarán entre tres países para seguir a sus selecciones, la burocracia migratoria amenaza con convertirse en el verdadero rival a vencer. El fútbol, mientras tanto, queda en un segundo plano. Los partidos se jugarán en estadios de primer nivel: el renovado Estadio Azteca en la Ciudad de México, el SoFi Stadium en Los Ángeles, el MetLife Stadium en Nueva York, el BC Place en Vancouver. Pero fuera de las canchas, el ambiente será cualquier cosa menos festivo. Los hinchas mexicanos, que han demostrado históricamente un fervor incomparable, llegarán con la moral a media asta: su selección llega al torneo con un camino de clasificación accidentado y una federación sumida en escándalos. Los canadienses, por su parte, celebran su primera clasificación en 36 años, pero lo hacen bajo la sombra de un primer ministro que intenta recomponer relaciones mientras el país se siente humillado por Trump. Y los estadounidenses, que sueñan con alzar la copa en casa, tendrán que lidiar con la presión de ser los anfitriones principales en un ambiente diplomático hostil. Aun así, hay quienes ven una oportunidad dorada. La revisión del T-MEC —el acuerdo de libre comercio vigente desde 1994— coincide con el calendario del torneo. Trump, Carney y Sheinbaum podrían usar los partidos como escenario de diplomacia informal, tal como ocurrió en el sorteo de diciembre. Pero el ego presidencial estadounidense —su obsesión por acaparar reflectores en Truth Social— amenaza con desequilibrar cualquier intento de armonía. La FIFA, por su parte, insiste en el mantra de la unidad: \»Tres países y todo un continente dicen al unísono: estamos unidos como uno solo\». Pero la realidad, como el fútbol mismo, es caprichosa e impredecible. El Mundial 2026 no solo definirá al campeón del mundo. También revelará si tres vecinos que apenas se soportan pueden, durante 39 días, fingir que se quieren. Los aficionados harán bien en prepararse para lo peor. Porque cuando el árbitro pite el inicio del primer partido, en las gradas habrá emoción, pero en las oficinas gubernamentales, la tensión será la protagonista. Y la única certeza es que, como en todo Mundial, el balón rueda, pero los problemas —los de verdad— nunca se quedan en la cancha.

Claudia Sheinbaum: Solidaridad sin pausa hacia Cuba

La presidenta Claudia Sheinbaum reitera que México continuará enviando ayuda material a Cuba, asediada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense; califica el gesto como un acto de “solidaridad” histórica del pueblo mexicano. Por Ángel F. Guzmán  Ciudad de México, 9 de junio. — Frente al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial, financiero y energético impuesto por Estados Unidos a Cuba, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó hoy la decisión de su gobierno de mantener y profundizar la ayuda material hacia la isla. “Se sigue enviando ayuda de todo tipo y vamos a seguir enviando”, declaró la mandataria durante su habitual conferencia matutina, al ser cuestionada sobre los recientes agradecimientos públicos del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hacia la postura mexicana. Con la sobriedad que caracteriza su discurso oficial, Sheinbaum subrayó que esta política no responde a una coyuntura diplomática, sino a un principio arraigado en la historia nacional. “Siempre lo ha hecho el pueblo de México y lo vamos a seguir haciendo, porque es un pueblo que lo necesita”, afirmó, despojando cualquier ambigüedad a su postura. La ayuda, precisó, abarca múltiples rubros y se mantendrá en el tiempo sin condiciones. La declaración ocurre en un contexto de máxima tensión para La Habana, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, endureciera aún más el cerco contra la isla mediante una orden ejecutiva firmada el pasado enero. A las ya seis décadas de bloqueo se suman ahora restricciones que afectan —de manera crítica— el acceso a combustibles, con secuelas directas en la generación eléctrica, el funcionamiento de hospitales, la producción y distribución de alimentos, y el suministro de agua potable en la nación caribeña. Las recientes declaraciones de Trump —quien ha insinuado que, de regreso de un viaje a Irán, Washington hará “una breve parada” en Cuba— han encendido alarmas en la región. Sin embargo, lejos de amedrentarse, sectores populares, gobiernos y fuerzas políticas de México y el mundo han multiplicado las voces de rechazo y denuncia. En ese coro, el mensaje de Sheinbaum se erige como uno de los más firmes: la solidaridad mexicana no se negocia ni se somete a presiones externas. “Es un asunto de solidaridad”, resumió la presidenta, levantando así —sin estridencias, pero con la precisión de un acto soberano— la bandera de una tradición que México ha cultivado incluso en los momentos más adversos de la historia reciente de Cuba. Mientras el bloqueo aprieta, la respuesta de este país, al menos en palabras y hechos concretos, parece ser la de no ceder un milímetro en su compromiso humanitario.

Cuba recibe 1.700 toneladas de alimentos e insumos de México y Belice: Díaz-Canel agradece la solidaridad ante la crisis energética y el bloqueo

Díaz-Canel agradece a México y Belice su solidaridad con Cuba ante la crisis energética y el bloqueo: mil 700 toneladas de alimentos e insumos llegan a La Habana en un gesto que trasciende fronteras Redacción Internacional  La Habana, 8 de junio. — En tiempos donde el cerco se hace más duro y la luz escasea entre apagones y desabasto, un barco cargado de gestos concretos atraca en el puerto de Regla. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, expresó este sábado su gratitud a los gobiernos de México y Belice, así como a grupos solidarios, cubanos residentes y al diario La Jornada, tras la llegada del buque Asian Katra con mil 700 toneladas de alimentos e insumos básicos. “Agradecemos el abrazo solidario en tiempos tan difíciles”, escribió el mandatario en su cuenta de la red social X, en un mensaje que condensó no solo alivio material, sino respaldo político y humano frente al recrudecimiento del bloqueo económico impuesto a la isla. La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz, supervisó el desembarco y subrayó el carácter incondicional e histórico de la ayuda proveniente de ambas naciones. En la distribución participarán actores económicos estatales y no estatales, con el objetivo de que los recursos lleguen de forma eficiente a la población. México y Belice —dos países que han mantenido una tradición de no doblegarse ante las presiones externas— ofrecen así no solo víveres, sino una lección de geografía moral: la de que la solidaridad, cuando es real, se mide en toneladas, pero también en silencios que no claudican.

Cuba recibe 1,700 toneladas de ayuda humanitaria en medio del colapso económico

México y Belice concretan el envío de alimentos y productos esenciales a través del buque Asian Katra, que atracó este domingo en el puerto de La Habana. Autoridades cubanas agradecieron el gesto solidario en un contexto de severas carencias de combustible, apagones generalizados y desabastecimiento de bienes básicos, mientras la isla enfrenta su peor crisis en décadas. Por César Dalmasi Guzmán LA HABANA, CUBA. — En un gesto de fraternidad continental que contrasta con el silencio de otros actores internacionales, los gobiernos de México y Belice materializaron este domingo el envío de 1,700 toneladas de alimentos y productos de primera necesidad destinados a paliar la aguda crisis humanitaria que asfixia a la población cubana. El cargamento, transportado por el buque Asian Katra, atracó en la mañana en el puerto habanero bajo estrictas medidas logísticas. Desde las bodegas del navío comenzaron a descender sacos de frijol, arroz, harina, leche en polvo y otros insumos básicos, cuya ausencia se ha vuelto crónica en los mercados y bodegas de distribución estatal. Autoridades del gobierno cubano recibieron la mercancía con un protocolo medido pero visiblemente aliviado. En declaraciones a la prensa oficial, funcionarios del Ministerio de Comercio Interior destacaron la “voluntad solidaria” de ambas naciones y subrayaron que la cooperación horizontal entre países en desarrollo se ha vuelto un pilar para la supervivencia cotidiana de los once millones de habitantes de la isla. La llegada de este auxilio no es un hecho aislado. Ocurre en uno de los momentos más sombríos de la economía cubana desde el colapso del campo socialista. Los apagones se han generalizado por la falta de combustible para las termoeléctricas; las colas frente a los comercios se extienden por cuadras enteras bajo un sol implacable; y la inflación galopante ha licuado el ya de por sí precario poder adquisitivo del salario estatal, que apenas promedia los 2,500 pesos cubanos mensuales (menos de 30 dólares en el mercado informal de divisas). México, bajo la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, ha mantenido una política de no intervención y envíos discretos de ayuda humanitaria desde 2022, sorteando tensiones diplomáticas con Estados Unidos. Belice, por su parte, refuerza con esta donación su perfil de aliado silencioso de La Habana en la región centroamericana. El buque Asian Katra zarpará de regreso en las próximas horas, pero en tierra la incertidumbre no cesa. Para millones de cubanos, estas 1,700 toneladas son una bocanada de oxígeno, no una cura definitiva. La pregunta que queda flotando en el aire cálido y salobre del Malecón es cuánto durará ese alivio mientras la economía interna sigue desangrándose como consecuencia del brutal bloque estadounidense recrudecido en la administración Trump.

¡AMLO desata tormenta! Acusa a Trump de rodearse de “fanáticos” y denuncia injerencia gringa en elecciones

El expresidente mexicano rompe su retiro con una carta incendiaria: respalda sin condiciones a Claudia Sheinbaum, asegura que Washington busca un “gobierno entreguista” y llama a Donald Trump a “mandar al carajo” a sus asesores, a quienes culpa de un giro “vil y siniestro” contra México. Por Julio Guzmán Acosta CIUDAD DE MÉXICO – El fantasma del viejo tabasqueño volvió a recorrer los pasillos del poder. Andrés Manuel López Obrador, el expresidente que juró convertirse en un simple “abuelito” retirado, reapareció ayer con una misiva de doce cuartillas que incendió el tablero político mexicano y puso nuevamente en tensión la relación bilateral con Estados Unidos. Con su prosa larga, su furia medida y esa ironía que lo caracteriza, AMLO no solo salió en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum, sino que fue más allá: acusó directamente al gobierno de Donald Trump de intentar intervenir en las próximas elecciones mexicanas y de orquestar una campaña para debilitar a Morena desde dentro. “Algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México”, escribió el exmandatario. Según su análisis, el objetivo es claro: “volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas”. El mensaje, lejos de ser una pieza retórica aislada, aparece en un contexto explosivo. Apenas días antes, el Departamento de Justicia estadounidense solicitó la detención preventiva con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al tiempo que se filtraron documentos que vinculan a otros mandatarios morenistas con estructuras del crimen organizado. Para López Obrador, no hay casualidades: “Se utilizan las prácticas intervencionistas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo”. Lo más llamativo de la carta, sin embargo, no es el ataque frontal a Washington, sino el retrato íntimo y nostálgico que AMLO traza de Donald Trump. “El Trump de ahora es distinto al que traté”, asegura el expresidente, y acto seguido despliega una lista de logros que, según él, construyeron juntos durante su mandato: la liberación del general Salvador Cienfuegos, la firma del T-MEC sin cláusulas lesivas para la soberanía energética de México, el respeto mutuo durante la pandemia del COVID-19, y hasta la negativa del republicano a calificar a los narcotraficantes como terroristas, después de que López Obrador se lo aconsejara. “En un acto público en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos”, recuerda con tono casi melancólico. Pero hoy, dice, todo cambió. Y la pregunta que atraviesa la carta es inevitable: ¿por qué ese giro tan brusco? La respuesta de López Obrador no deja espacio para matices. Según el exmandatario, Trump ha caído presa de un círculo cercano de “personas inexpertas, resentidas y fanáticas” que lo han embarcado en “viles y siniestras aventuras”. Sin mencionar nombres explícitos, la referencia apunta a asesores como Marco Rubio, o a sectores del pentágono y la DEA que, en su visión, siempre vieron a México como un patio trasero intervenible. Por eso el llamado final de AMLO es, ante todo, un acto de fe política: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump. Que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y lo azuzan”. Esta no es la primera vez que López Obrador rompe el silencio que se autoimpuso al dejar la presidencia. De hecho, es la quinta ocasión en la que el popular exmandatario sale de su retiro político, y la tercera vez este año que dedica un mensaje público al intervencionismo de Estados Unidos en América Latina. El primer aviso llegó tras el bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro; el segundo fue por el anuncio del cerco energético a Cuba. Ahora, con la mira puesta en las elecciones mexicanas y la sombra de la DEA sobre los gobernadores morenistas, el viejo líder vuelve a la carga con una consigna clara: defender a su movimiento, proteger a su heredera y llamar a un Trump que ya no existe, o que al menos ya no quiere ver. Mientras la presidenta Sheinbaum guarda un silencio institucional y evita confrontar directamente con Washington, su padrino político habla con la voz que aún retumba en las plazas. Trump, por ahora, no ha respondido. Pero en México ya todos escucharon.

Sheinbaum niega riesgo ante entrega de funcionarios acusados en EE.UU.

La presidenta de México aseguró que “no hay ningún riesgo” en que los 10 funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa acusados por narcotráfico se entreguen a la justicia estadounidense. Entre ellos figuran el gobernador Rubén Rocha y el exsecretario de Seguridad Gerardo Mérida Sánchez, quien ya fue detenido en Arizona y trasladado a Nueva York. Sheinbaum exigió a EE.UU. presentar pruebas y advirtió que, de existir, México actuará. Además, reiteró que la mejor ayuda estadounidense sería frenar el consumo de drogas y el tráfico de armas hacia México. Por: Brendalis Reyes La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó este lunes que “no hay ningún riesgo” en que los diez funcionarios y exfuncionarios del estado de Sinaloa, recientemente acusados por Estados Unidos por delitos de narcotráfico, se entreguen a las autoridades de ese país. La mandataria respondió así, durante su conferencia matutina, al ser cuestionada sobre los posibles efectos de los testimonios que aquellos pudieran rendir en territorio estadounidense. “Ningún riesgo, ninguno —insistió Sheinbaum—. Fue una decisión de ellos entregarse y no hay ningún riesgo, ninguno.” El pronunciamiento ocurre luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos formulara cargos contra un grupo de funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, a quienes acusa de traficar drogas y de mantener alianzas con el Cartel de Sinaloa, específicamente con la facción conocida como Los Chapitos. Entre los señalados se encuentra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, el funcionario de más alto rango en la acusación. Rocha, quien ha rechazado los señalamientos y solicitó licencia temporal para separarse del cargo, es acusado de haber recibido apoyo de la organización criminal a cambio de favores políticos en las elecciones estatales de 2021. Según informó CNN el pasado viernes, Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad de Sinaloa y uno de los diez acusados, ya fue detenido por autoridades estadounidenses. Mérida ingresó por Arizona y fue trasladado a Nueva York, donde el próximo 1 de junio tiene programada una audiencia judicial. Medios mexicanos han reportado que otros de los implicados se han entregado o están en proceso de hacerlo, aunque esta información no ha sido confirmada de manera independiente. Sheinbaum aprovechó la coyuntura para exigir a Estados Unidos que presente las pruebas que sustenten sus acusaciones. En caso de que estas existan, aseguró, las autoridades mexicanas actuarán conforme a derecho. “Si hay pruebas, que la Fiscalía actúe. Nosotros no tenemos nada, absolutamente nada que esconder, y no hacemos ningún pacto de ningún tipo ni con criminales, ni de cuello blanco ni criminales comunes ni de la delincuencia organizada”, enfatizó la mandataria. El caso ha tensado la relación bilateral. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha sostenido que México no realiza suficientes esfuerzos para combatir al narcotráfico, una afirmación que Sheinbaum rechaza categóricamente. Este lunes, la presidenta mexicana fue más allá y señaló cuál, a su juicio, es la vía legítima para que Washington colabore con la seguridad de su país. “¿Cuál es la mejor manera que Estados Unidos tiene para apoyar a México? Disminuyendo el consumo, evitando que entren armas a México —esa es la mejor manera—, y combatiendo a los carteles que operan en Estados Unidos”, sentenció Sheinbaum. Con estas declaraciones, la presidenta no solo defiende la autonomía de la investigación mexicana, sino que coloca el foco en las responsabilidades compartidas en la lucha contra el narcotráfico: el consumo en el norte y el flujo de armas hacia el sur como eslabones fundamentales de una cadena que, insiste, no puede ser enfrentada por un solo país.