UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Manuel Salazar plantea una hoja de ruta para reunificar a la izquierda dominicana con la vista puesta en 2028

El histórico dirigente del Partido Comunista del Trabajo, Manuel Salazar, propone abandonar la fragmentación que ha limitado electoralmente a la izquierda dominicana y construir una plataforma amplia que incorpore a sectores independientes y reservas democráticas con miras a las elecciones de 2028 y a un proyecto político de largo plazo. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.— En un momento en que el sistema político dominicano comienza a mirar hacia las elecciones de 2028 y el desgaste de las lealtades partidarias tradicionales abre nuevos espacios de competencia, el dirigente histórico del Partido Comunista del Trabajo (PCT), Manuel Salazar, ha colocado sobre la mesa una reflexión que trasciende el calendario electoral inmediato: la necesidad de construir una alternativa unitaria capaz de reunir a las izquierdas orgánicas, las izquierdas no orgánicas y las reservas democráticas del país. Más que un simple llamado a la unidad, el planteamiento constituye una autocrítica sobre los resultados obtenidos durante décadas por las organizaciones progresistas y una invitación a revisar los métodos de construcción política. Salazar parte de una premisa sencilla, pero de profundas implicaciones: repetir estrategias que apenas han producido votaciones de entre cinco y diez mil sufragios significaría prolongar un ciclo de marginalidad electoral que limita la incidencia de la izquierda en los grandes debates nacionales. Su diagnóstico no descansa en la ausencia de ciudadanos identificados con valores progresistas, sino en la dispersión de esas fuerzas. Según sostiene, la mayoría de quienes simpatizan con postulados de izquierda no militan en organizaciones políticas, mientras miles de ciudadanos participan de luchas sociales, ambientales, sindicales y democráticas sin formar parte de estructuras partidarias. Desde esa perspectiva, la propuesta adquiere un carácter eminentemente práctico. En lugar de plantear la absorción de sectores independientes por las organizaciones existentes, Salazar propone construir un espacio amplio, incluyente y plural, donde la pertenencia partidaria deje de ser el principal requisito de participación. Su planteamiento supone abandonar viejas prácticas de exclusión, reducir las confrontaciones internas y privilegiar una agenda común basada en la ética pública, la transparencia, la defensa de los derechos sociales y la lucha contra la corrupción. El dirigente del PCT también introduce un elemento de realismo político al reconocer que la construcción de una opción electoral competitiva no depende únicamente de la voluntad de las organizaciones tradicionales de izquierda, sino de su capacidad para conectar con un amplio segmento ciudadano que hoy no se siente representado por ninguna fuerza política organizada. Ese razonamiento encuentra puntos de contacto con el escenario político actual. Diversos estudios de opinión muestran un crecimiento del electorado sin identificación partidaria estable, fenómeno que obliga a todas las organizaciones a replantear sus estrategias de captación y representación. Sin embargo, Salazar advierte que ese espacio político también está siendo disputado por otras propuestas y por la abstención, por lo que entiende indispensable ofrecer una alternativa que proyecte posibilidades reales de gobierno y no solo una presencia testimonial en las boletas electorales. En su reflexión aparece otro aspecto significativo: la distinción entre la táctica electoral y el proyecto histórico. Para el dirigente comunista, las elecciones de 2028 representan un objetivo inmediato, pero no el fin último del proceso político. La prioridad estratégica continúa siendo la construcción de un movimiento social y político capaz de mantenerse más allá de un proceso electoral específico. La propuesta también incorpora criterios éticos para la eventual integración de nuevos actores. Salazar plantea que cualquier espacio unitario debería excluir a personas vinculadas con corrupción administrativa, narcotráfico, crimen organizado, violencia de género, racismo o cualquier otra práctica incompatible con los valores democráticos. Más allá de coincidir o discrepar con sus planteamientos ideológicos, el artículo introduce una discusión que trasciende a la izquierda dominicana: cómo convertir la fragmentación política en capacidad de articulación y cómo transformar afinidades sociales dispersas en una fuerza electoral organizada. El debate queda abierto. Si esa visión logra traducirse en acuerdos concretos entre organizaciones políticas, movimientos sociales, sectores independientes y reservas democráticas será uno de los factores que comenzará a definir el mapa político dominicano de cara a las elecciones de 2028 y, según plantea el propio Salazar, incluso más allá de esa fecha.

Cuba es el eslabón vital y hay que darle más solidaridad

¡EN ESTA ESQUINA…! Antes del triunfo de su revolución, Cuba fue el \»eslabón más débil de la cadena de la dominación imperialista\» en América Latina. Entonces estaba dominada por la dictadura de Fulgencio Batista, peón de las mafias y del capital norteamericanos. En  la conceptualización marxista leninista esto quiere decir que allí estaban las posibilidades más significativas para una revolución popular y antiimperialista en esta región. Y así ocurrió.  Tras un largo proceso de luchas  anticoloniales y  revolucionarias, la revolución triunfó en enero de 1959.  De acuerdo con el Comandante Fidel Castro Ruz, este hecho fue el resultado de  un proceso ininterrumpido de  cien años de lucha revolucionaria, que incluye la de los mambises contra el colonialismo español en el siglo 19. Haber sintetizado las enseñanzas de toda la lucha contra el colonialismo y asumir el ejemplo de Antonio Maceo y el  pensamiento de José Martí como guía fundamental del proceso revolucionario, es una singularidad que hizo auténtica la revolución cubana. Consiguió una fuerza descomunal y aportó una característica  extraordinaria al afincarse en sus propias raíces históricas. Haberse realizado en una área de influencia fundamental para el imperialismo norteamericano como es América Latina, donde otros pueblos luchaban y luchan también por poner fin a su dominio;  más, en el Caribe, frontera imperial, donde convergieron intereses y disputas entre potencias, le dio otra singularidad, extraordinaria, que la habría de convertir en un blanco principal de ese imperialismo. La revolución cubana dijo a los pueblos que se podía romper el dominio yanqui- oligarca.  Y se hizo ejemplo. Y  aquí hay un detalle de mucha actualidad. El imperialismo norteamericano tenía que matar el ejemplo. No podía permitir que se irradiara a otros pueblos. Y  definió un bloqueo económico para ahogarlo. Y definió políticas para impedir se reeditara en otros países y pueblos. (Impulsó la llamada Alianza para el Progreso, mediante dádivas encaminadas a limar tensiones sociales en muchos países de América Latina, en los cuales, y con los mismos fines, también alentó regímenes con caricaturas de democracia, sin justicia social ni participación popular; y hasta dictaduras militares donde se  lo aconsejaron las circunstancias). Así,  asesinó a Manolo Tavarez Justo en Manaclas en diciembre de 1963, y a Maximiliano Gómez y otros líderes de las izquierdas  en los años de la década de 1970.  Porque aprendió  que debió asesinar al Comandante Fidel Castro Ruz y sus compañeros tras el ataque militarmente fallido al Moncada en 1953; y no lo hizo. Y seis años después, en enero de 1959, estos entraron triunfantes a La Habana como cabezas de la revolución. Algo así no lo podía permitir en República Dominicana. La revolución cubana fue referente obligado para el imperialismo norteamericano en sus esfuerzos para recomponer su  hegemonía en la República Dominicana durante la crisis política que se generó tras la caída de la dictadura de Trujillo a partir de 1961. El Departamento de Estado, con el presidente John F. Kennedy a la cabeza, analizó la coyuntura de Santo Domingo y concluyó en que disponía de  tres opciones: o establecer un gobierno de democracia representativa de amplia base social, surgido de unas elecciones; o  un gobierno como el de Trujillo, aunque sin Trujillo; o uno como el de Fidel Castro. El imperialismo norteamericano era consciente de  que  en ese momento en la República Dominicana había una crisis política que, en los hechos,  se expresaba en los términos de la concepción leninista, las masas populares reclamaban en las calles la democratización, la completa destrujillización del país y la redistribución equitativa de las riquezas; \»los de abajo no querían seguir siendo gobernados como antes, y los de arriba no podían seguir gobernando como antes\». Es lo que el Marxismo leninismo ha caracterizado como una crisis política. El yanqui hizo la lectura desde su  visión.  Y concluyó en estar dispuesto hasta instalar un régimen como el de Trujillo, sin Trujillo, si era preciso para evitar un gobierno como el de la revolución cubana. Cuba y su revolución era referencia en el análisis de los yanquis cuando entre 1961- 62  buscaba una salida favorable a sus intereses a la crisis política dominicana. Y volvió a ser referencia de estos en el golpe de Estado al gobierno del profesor Bosch en 1963;  lo propio como se ha dicho en el asesinato a Manolo Tavarez Justo y sus compañeros en Manaclas en 1963; también en la intervención militar del 28 de abril de 1965;  en la imposición del régimen de Balaguer y la represión de este contra las izquierdas, el sindicalismo consecuente y los demócratas a partir de 1966. Se debe tener siempre presente, y repetirse tanto como se pueda, que evitar otro ejemplo de Cuba revolucionaria en cualquier otro país de América Latina y el Caribe fue linea del imperialismo yanqui desde que esta triunfó en enero de 1959. Pero a pesar de todas las agresiones, y de la desaparición de la URSS que fue una fuerte aliada de Cuba, esta ha permanecido firme. Como un faro de resistencia al imperialismo yanqui, y haciendo cosas buenas para su pueblo a pesar del bloqueo; y serían mejores sin este. Hoy, América Latina y puede decirse que el mundo, están bajo la terrible amenaza del auge del conservadurismo con tintes fascistoides. Venezuela ha sido golpeada de manera alevosa. Esa ola amenaza a Colombia, y ya golpea los pueblos de  Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú. El imperialismo yanqui con Donald Trump al frente, se ha lanzado  con brutalidad renovada contra Cuba. Arrecia y amplia el bloqueo.  Lleva a cabo un ataque integral contra la revolución: económico, calumnioso, con la amenaza cierta de la agresión militar abierta, de guerra con fuego. Nunca antes la agresión económica  y la amenaza militar a Cuba alcanzó dimensiones como las actuales. En estas circunstancias, Cuba es el eslabón vital de la lucha antiimperialista. La afirmación de que Cuba es el eslabón vital del antimperialismo yanqui en América Latina expresa una  realidad  política e histórica. Por su valor simbólico en la  resistencia al dominio norteamericano.  Por la amenaza del

Por el poder político (3). Necesidad de constituir el movimiento popular

¡EN ESTA ESQUINA…! Constituir el movimiento popular es más que agrupar a dirigentes y organizaciones populares que protestan o luchan por determinadas demandas. Es necesaria la organización, por supuesto. Pero lo es también la claridad política y de propósitos, y la condición de mantenerse en el tiempo. Constituir el movimiento popular implica organizar con objetivos definidos. Cuál es la base social de la organización y cuáles problemas concretos se busca enfrentar y con cuáles propósitos. Y a quién representa el movimiento. Es decir, es necesario construir conciencia colectiva. Porque el movimiento popular nace, como se ha dicho antes, de la necesidad material y de la conciencia de sus integrantes del por qué y para qué del mismo. El descontento es un punto de partida, pero la constitución del movimiento popular debe superar este. Parte del mismo, pero es seguido por la conciencia respecto del porqué de ese descontento. El movimiento popular será fuerte y trascendente si sus integrantes entienden su situación, las causas de esta y asumen de manera consciente una línea para superarla. Si, además, dispone de estrategias de acción, cómo buscará la conquista de sus demandas. Cada acción procurará avanzar en la conquista de objetivos; no es un propósito en sí mismo, ni mucho menos \»hacer sonido\» con fines de opinión pública. Los sectores que integramos el movimiento popular debemos avanzar a reconocer que su realidad es resultado de la dominación histórica de una clase en el poder político, de las relaciones de dominación que les han sido impuestas. Comprender que la exclusión social, la desigualdad y la explotación no suceden por acaso, no son algo natural; sino que son condiciones impuestas por un modelo de dominación de las clases dominantes. La clave de la constitución del movimiento popular está en la comprensión de la realidad; la reflexión crítica de la misma; la conciencia así ganada, y la acción colectiva cada vez para mejorar la acción en una nueva fase de desarrollo. Y así en una dialéctica, praxis; reflexión-acción, otra vez reflexión y nueva acción. Es lo que Paulo Freire recomendaría en su visión de la educación liberadora. Ni lucha social ciega sin orientación dada por la reflexión crítica; ni intelectualismo de la reflexión desconectada de la lucha popular. Y lo que aconsejaría Carlos Marx en su tesis XI sobre Feuerbach, cuando dice: \»Hasta ahora los filósofos se han preocupado en interpretar de distintos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo\». En el momento de pico más alto de la inserción del Partido Comunista del Trabajo en el movimiento de masas, incentivó la constitución de la Conferencia Nacional de Organizaciones Populares, como un espacio de reflexión y acción colectivas, que de esa manera decidía acciones, las reflexionaba y volvía con nuevas acciones. Así logró espirales ascendentes en el proceso de lucha popular. La Conferencia Nacional de Organizaciones Populares unió, en reflexión y acción, a los más diversos sectores de la sociedad, no tendencias de izquierdas; sino a sectores sociales en lucha: obreros, trabajadores, sindicalizados y no organizados en sindicatos; amas de casa, mujeres en lucha por la igualdad de género, comunidades urbanas y rurales, juventudes; todas expresiones de la diversidad de movimientos sociales que entonces ya era patente en la sociedad dominicana. El Paro Cívico (1989) que paralizó casi en su totalidad el país, con voceros entonces desconocidos, como era Virtudes Álvarez; y sin ningún elemento compulsivo que forzara a comercios, negocios de diversa índole ni a las industrias a paralizar sus labores; fue el resultado de esa dinámica de constitución del movimiento popular, que partía del conocimiento de la realidad social, y convocaba a los sectores en lucha a la reflexión y acción colectivas. Agreguemos que también a las decisiones colectivas. Ese fue un momento estelar de la lucha social en el país, y fue posible por el trabajo paciente con la propia militancia, sin la prisa de hacer sonido en los medios de comunicación. Pero también, en diferenciación y lucha de opinión respecto a otras tendencias que impugnaban la nuestra y a esos métodos cívicos de lucha. Hoy, la protesta social de la República Dominicana debe constituirse en movimiento popular en el sentido que, como categoría de análisis, estamos reivindicando. El punto de partida tiene que ser el análisis de la realidad dominicana, en el que la lucha de clases es un elemento fundamental; pero igual lo es el estudio del modelo de dominación neocolonial que se le ha impuesto al país y pueblo dominicanos, que es la fuente de todos los problemas materiales y espirituales que hacen daño al pueblo dominicano; no solo a la clase obrera y trabajadora, que son esenciales en el movimiento popular; sino también a un amplio conglomerado de sectores sociales y comunidades urbanas y rurales, que en las condiciones históricas del país integran ese movimiento. Las condiciones materiales expresadas en el modelo neocolonial ponen en relieve la explotación de clase, pero también un sinnúmero de desigualdades y afecciones a los sectores populares en comunidades urbanas y rurales que pueden resumirse en la problemática nacional. Constituir el movimiento popular es conocer la realidad de cada sector particular, de la clase trabajadora, por ejemplo; y orientar a la constitución particular de cada uno, con su respectiva demanda y sus luchas. Determinar quién es cada quién en el modelo. Y avanzar en el conocimiento de lo general, de cómo este modelo afecta a todos los sectores; cuáles son las afecciones comunes que proporciona el modelo. Dice Marx que \»lo concreto es concreto, porque es síntesis de múltiples determinaciones\». Determinar cuáles son las \»múltiples determinaciones internas\» que hacen concreto al modelo neocolonial de dominación yanqui-oligarca es una tarea pertinente para constituir el movimiento popular de la República Dominicana. Porque este movimiento popular tendría que ser una alianza entre los sectores sociales afectados por ese modelo. El modelo que tiene como requisito el salario bajo y prohíbe la libre sindicalización de la clase obrera y trabajadora; es el mismo que comporta la depredación por la entrega de los gobiernos

Manuel Salazar sacude la ortodoxia izquierdista: “Las masas populares no esperan por nosotros, debemos salir a constituirlas”

Análisis / Reportaje Mientras las izquierdas latinoamericanas gobernaron en Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, México y Colombia…, en la tierra de Duarte el movimiento progresista se redujo a fueros testimoniales. Los artículos de Manuel Salazar en Umbra.com.do encienden una alerta que incomoda: hay déficit de influencia popular, espíritu de zafra, fragmentación crónica y una realidad neocolonial que la izquierda no ha sabido leer ni constituir Por Julio Guzmán Acosta I. Un diagnóstico que duele porque es cierto La política tiene un género literario incómodo: el balance crítico. No el que se escribe para la tribuna ni el que se ensaya en reuniones de militantes con el tono de quien ya sabe la respuesta. El que duele. El que obliga a mirar las derrotas sin el consuelo de las buenas intenciones. Manuel Salazar, dirigente del Partido Comunista del Trabajo (PCT), ha publicado en Umbra.com.do una serie de artículos bajo el título Por el poder político que, leídos con atención, constituyen el ejercicio más honesto de autocrítica estratégica que las izquierdas dominicanas han recibido en los últimos años. No es un texto para aplaudir en ceremonia. Es un texto para leer con las manos manchadas de tierra, con el polvo de la calle todavía en los zapatos. Salazar no escribe desde la cómoda distancia del académico ni desde la nostalgia del guerrillero de salón. Escribe desde la militancia, desde el partido al que pertenece, y se incluye en el diagnóstico. “Estamos en déficit pronunciado de influencia en las masas”, confiesa. Y esa primera persona del plural es lo que da autoridad moral a su punzante crítica. Porque no señala con el dedo hacia afuera. Se sabe parte del problema. Y esa honestidad, en la política dominicana contemporánea, es tan rara como necesaria. Pero aquí no se trata solo de alabar la valentía de un artículo. Se trata de asumir un ejercicio que este periódico, y quien suscribe estas líneas, considera impostergable: confrontar la historia reciente de la izquierda dominicana con los resultados concretos. Y los resultados, hay que decirlo con todas las letras, son desoladores. Mientras las izquierdas latinoamericanas —en sus más diversas vertientes, desde el progresismo moderado hasta el socialismo del siglo XXI— han gobernado en Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay, México, Colombia, Honduras, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, en la República Dominicana la izquierda se ha ido reduciendo a expresiones que, salvo honrosas excepciones locales, apenas superan el umbral de lo testimonial. No es un problema de mala suerte. Es un problema de método, de concepción, de arraigo y, como señala Salazar, de no haber sabido constituir a las masas populares como sujeto político. II. Lo que Salazar aporta: una gramática para nombrar la crisis Los artículos de Salazar no son un tratado ni pretenden serlo. Pero aportan coordenadas fundamentales para entender por qué la izquierda dominicana no termina de despegar. Al menos tres aportes merecen ser destacados con juicio crítico. Primer aporte: la crítica al “espíritu de zafra” y al activismo de calendario Salazar denuncia con crudeza una práctica extendida: la izquierda se activa en fechas emblemáticas —8 de marzo, 24 de abril, 1 de mayo, 25 de noviembre— y el resto del año desaparece del territorio. “Hemos sido arropados por esa dinámica”, escribe. Esa denuncia golpea una zona oscura de la militancia: la confusión entre la protesta ritual y la construcción orgánica. No se trata de desdeñar las jornadas conmemorativas, sino de advertir que sin trabajo de hormiga en los barrios, sin organización permanente, sin capacidad de respuesta cotidiana, esas fechas se convierten en un simulacro. La izquierda dominicana ha sido, en muchos tramos de su historia reciente, más experta en convocar a una marcha que en sostener una junta de vecinos o una lucha de dos años contra una mina. Salazar lo nombra sin eufemismos: “espíritu deportivo”. Y esa metáfora duele porque es exacta: se lucha por el triunfo efímero, no por el proceso. Segundo aporte: la caracterización de las masas populares dominicanas Lejos de las abstracciones que suelen poblar los documentos internos de los partidos de izquierda, Salazar se atreve a describir quiénes son hoy las masas populares en República Dominicana. Y la descripción, que debería ser obvia, resulta revolucionaria en un medio donde muchas organizaciones siguen pensando la lucha de clases con los lentes del proletariado industrial europeo del siglo XIX. Salazar lo dice claro: el empleo clásico en fábricas es mínimo. La informalidad es masiva. Hay más bancas de apuestas que escuelas. Motoconchistas, buhoneros, empleadas domésticas, jóvenes sin educación ni empleo, comunidades afectadas por desalojos y contaminación minera. Ese es el pueblo real. Y sobre ese pueblo, la izquierda tiene poca influencia y menos capacidad de convocatoria permanente. El dato de las bancas de apuestas —casi seis veces más que los centros educativos públicos— no es un adorno retórico. Es una radiografía de un país donde el capital especulativo, las remesas y una economía sumergida han desfigurado las formas clásicas de explotación. Salazar advierte que, si la izquierda no entiende esa nueva composición social, seguirá hablando para sí misma. Tercer aporte: los dos ejes reales de la lucha popular Salazar revisa quince años de luchas sociales y encuentra dos grandes ejes que han demostrado capacidad real de convocatoria: la defensa del medioambiente y los recursos naturales, y la lucha contra la corrupción y la impunidad. Desde la resistencia a la cementera en los Haitises (2009) hasta la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana, pasando por Marcha Verde (2017) y la batalla de Loma Miranda, Salazar muestra que esas demandas han movilizado más pueblo que cualquier convocatoria estrictamente clasista de los últimos tiempos. Y ahí introduce una observación incómoda, pero necesaria: en ninguna de esas luchas, salvo en la del 4 % para educación liderada por la ADP, la clase obrera tradicional ha tenido un papel dirigente. La constatación no es un menosprecio a la clase obrera, sino una invitación a repensar las alianzas. Si las masas populares se movilizan hoy en torno al territorio, la dignidad ambiental y la

Por el poder político (2). La categoría masas populares

EN ESTA ESQUINA…! Masas populares es una categoría de análisis que describe a diferentes sectores sociales que comparten la condición de ser subordinados en la economía y política dominantes; y excluidos en lo fundamental. Vulnerables desde el punto de vista social. Por vulnerabilidad social debe entenderse la condición que proporciona el sistema económico, social y político de poder, en la que individuos o grupos tienen mayor riesgo de sufrir daños (económicos, sociales, políticos, culturales o ambientales) y tienen poca o ninguna capacidad para enfrentarlos. Es la desventaja en que mal viven algunos grupos sociales para conquistar condiciones materiales y espirituales que les permitan vivir con dignidad. Que también están bajo el dominio ideológico de los valores dominantes, que son los de la clase dominante. Es decir, que las masas populares son las que están bajo la hegemonía económica, política y cultural-ideológica, de la clase que domina. La atención del trabajo político tiene que enfocar esas tres vertientes: política, económica e ideológica-cultural. De manera integral. Los tres aspectos en una sola dirección y propósito. Esa categoría de análisis debe permitirnos conocer la composición y dinámica de lo popular en la República Dominicana, y definir la línea de trabajo y de lucha. La clase obrera y trabajadora. Trabajadores en la informalidad, y los por cuenta propia. Mujeres trabajadoras y en contextos de desigualdad. Jóvenes sin acceso a la educación ni al empleo. Pobladores en zonas vulnerables, víctimas o expuestos a desalojos. Comunidades urbanas y rurales, juntas de vecinos, afectadas por agresiones al medio ambiente y los recursos naturales; que luchan contra desplazamientos y contaminación. En la República Dominicana, este conjunto incluye a la clase obrera; a trabajadores formales de bajos ingresos, empleados del sector servicios, trabajadores informales, motoconchistas, buhoneros, empleadas domésticas y amplios segmentos del pueblo, desempleados o subempleados. Estamos en una realidad dominada por un modelo económico, social y político, con el peso del turismo, las zonas francas, las remesas, la economía informal. Y los efectos de una economía invisible y no estimada todavía, pero que se advierte en el tránsito vehicular en calles y carreteras, y en la cantidad de dealers que ofertan enormes cantidades de vehículos de la más diversa gama; así como en el auge de plazas comerciales, condominios, urbanizaciones, torres de apartamentos y oficinas, en las fiestas y espectáculos de casi todos los días, la proliferación de los drinks que venden bebidas importadas de todos los confines del mundo. Y en suma, según una encuesta mipyme del Banco Central, para 2022-2023 había 56 933 establecimientos que se reportan como \»bancas de apuestas\» (formales e informales). Esto se traduce en una banca cada 850 metros. En el país hay más bancas de apuestas que escuelas. Se cuentan 10 615 centros educativos públicos, suma de escuelas primarias y liceos de educación secundaria. Hay casi seis veces más bancas de apuestas que escuelas y liceos. Todos los anteriores elementos son observables en todo el país, aunque mayoritariamente en los grandes centros urbanos. Y cabe preguntarse: ¿de dónde sale la renta para todo eso? ¿De las remesas solamente? ¿De las exportaciones de zonas francas? ¿De los ingresos del turismo? ¿Hay alguna otra fuente, desconocida? Estamos bajo los efectos de un modelo económico y social singular, sobre el cual se levanta, y es garante, un régimen político centralizado, dominado por una oligarquía económica y política, que se turna en el poder a través de dos o tres partidos, cada uno de los cuales representa los mismos intereses, así tengan matices diferentes; y que es necesario analizar en sus particularidades y conexiones internas, para conocerlo, y sobre este conocimiento definir las líneas estratégicas para echarlo abajo. El empleo clásico en fábricas e industrias es mínimo, lo que le quita espacio a la centralidad deseada de las demandas y reclamos de la clase obrera. El componente más distintivo del caso dominicano es el peso de la informalidad. Una parte significativa de la población económicamente activa opera fuera de los marcos legales y de protección social, lo que debilita su capacidad de organización y representación. Pero su inclusión en una seguridad social digna puede ser una demanda pública de enormes potencialidades. Eso plantea la necesidad de organizar, de constituir, esa enorme masa. Las masas populares son numéricamente grandes; pero de composición muy heterogénea, y, desorganizadas, su poder es potencialmente fuerte, y en la realidad, muy limitado e imposibilitado de conquistar demandas significativas. Un registro general de las luchas sociales en el país confirma que \»el pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar\», lo cual es un hecho positivo en el cual debemos afincarnos para aportar subjetividad, dirección y rumbo, y para constituir el movimiento popular, de lo cual abordaremos más adelante. Pero pone también en relieve la fragmentación del movimiento, no en tendencias necesariamente, sino en su composición y realización. Muchas acciones sociales son locales, focalizadas en barrios, municipios, provincias, y en casos regionales, especialmente en la región del Cibao, y las demandas suelen repetirse, pero varían entre movimientos y otros. En los últimos 10 años (2015-2025) las luchas sociales más frecuentes, integradoras de diversos sectores y las más masificadas, son las que impugnan la corrupción y la impunidad; las que reclaman respeto al medioambiente y los recursos naturales. Estas últimas son las que más han crecido y en la actualidad muestran mayores potencialidades para continuar y desarrollar, porque involucran lo social en tanto están relacionadas con el bienestar de varios conglomerados sociales; pero comportan lo político, nacional-patriótico, dado que se oponen a la política de los gobiernos de entregar la soberanía y el patrimonio natural del país al capital extranjero e imperialista. Por lo uno y lo otro, constituyen, o deben constituir, un eslabón de extraordinaria importancia en el trabajo de las izquierdas. Cuando se observan con detenimiento los movimientos sociales de los últimos tiempos sale a relieve que los que más pueblo han movilizado son los relacionados con la lucha contra la corrupción y la impunidad, como es el caso de Marcha Verde (2017); la defensa del medioambiente y los recursos naturales, como el caso del

Maximiliano Gómez: 55 años después, un legado que inspira hoy

La Fundación Maximiliano Gómez (El Moreno) conmemora con éxito histórico el 55 aniversario del asesinato del líder revolucionario en un acto cargado de simbolismo, patriotismo y reflexión, con la participación de personalidades políticas y sociales, y un emotivo tributo que reafirma la vigencia de su pensamiento transformador Por: BRENDALIS REYES Santo Domingo, R.D. – Hubo en aquel 23 de mayo de 1971 un acto criminal de parte de la CIA en Bruselas que calló una voz, pero no logró silenciar una idea. Cincuenta y cinco años después, la memoria de Maximiliano Gómez, conocido como \»El Moreno\», se alzó nuevamente en el corazón de la patria, más viva que nunca, más necesaria que nunca. La Fundación que lleva su nombre logró una convocatoria histórica este 23 de mayo, al conmemorar el 55 aniversario del vil asesinato de quien fuera el líder revolucionario más emblemático de la postguerra dominicana y secretario general del Movimiento Popular Dominicano (MPD). El encuentro, que por su emotividad y magnitud resultó un éxito rotundo, sirvió para recordar al hombre nacido el 5 de mayo de 1943 en San Pedro de Macorís, cuya existencia fue truncada por la represión política en una fría tarde europea, pero cuya obra quedó sembrada en la tierra caliente del trópico. Las palabras inaugurales estuvieron a cargo del señor Fernando Peña, quien con oficio de orador y memoria de militante trazó una semblanza del líder. Destacó Peña que \»El Moreno\» dejó un legado inquebrantable de lucha revolucionaria, enfocado siempre en la transformación social y la libertad del pueblo dominicano. Su voz, grave y medida, recordó a los presentes que aquel joven emepedeísta antes de la sigla, aquel soñador de utopías necesarias, no murió en vano. Luego tomó la palabra la señora Carmen Mazara Vda. Gómez, presidenta de la fundación, quien con la autoridad que le confiere el apellido y la memoria evocó con vehemencia el coraje de Maximiliano. Subrayó su ejemplo de servicio, su firme compromiso con los más necesitados y esa manera tan suya de entender la política como un acto de amor al prójimo. En una línea más íntima, la vicepresidenta de la entidad, Mirna de los Santos Vda. Amín Abel, rescató la faceta humana y solidaria del líder, esa fraternidad que —dijo— siempre mantuvo con sus compañeros de lucha, incluso en los momentos más oscuros de la clandestinidad. El salón se llenó de nombres que pesan en la historia política dominicana. Allí estuvo el excelentísimo señor Ángel Arzuaga Reyes, embajador de Cuba en la República Dominicana, cuya presencia selló el carácter internacionalista del homenaje. También asistieron el abogado y alto dirigente político Freddy González; el emblemático Rafael \»Fafa\» Taveras; las destacadas figuras Virtudes Álvarez y Manuel Salazar; así como Fernando Peña, Manuel Pérez, Julio Canó, Dionicio Blanco, Fausto Herrera Catalino, del movimiento Peñagomista y el señor Andrés Cueto, quien se trasladó desde Santiago para no faltar a la cita. La excelente colaboración del doctor Domingo Ramírez fue clave en el engranaje logístico del evento. Como parte del programa, se dio lectura a una Proclama en respaldo a la República de Cuba, reafirmando el derecho soberano de los pueblos a vivir en paz, libres de cualquier intervención de potencias extranjeras. Fue un momento de tensión serena, donde la geopolítica se hizo carne en palabras y el eco del bloqueo resonó como una herida abierta que los presentes exigieron cerrar. La parte artística estuvo a cargo de la talentosa cantautora dominicana Virna García, quien con su arte dio un cierre solemne a la jornada. Sus cuerdas vocales y su guitarra lograron lo que a veces los discursos no pueden: conmover hasta las fibras más escondidas del recuerdo. Pero el instante cumbre llegó al final. Los presentes se trasladaron ante el busto erigido en honor a Maximiliano Gómez. Allí, en un acto de profunda solemnidad, fueron depositadas 55 rosas rojas —una por cada año de ausencia física— mientras la tarde caía y la memoria ascendía. Era un tributo de tierra y pétalos, de silencio y respeto. La actividad cerró con un mensaje que no es consigna sino certeza: Su legado vive, la lucha continúa, el pueblo no olvida. Y así, entre versos y flores, entre discursos y abrazos, la Fundación Maximiliano Gómez reafirmó su compromiso de mantener vivo el pensamiento y las enseñanzas de \»El Moreno\», trabajando incansablemente por la justicia y la dignidad que él siempre defendió. Porque hay muertos que nunca parten del todo. Y Maximiliano Gómez, desde su bronce y desde su tierra, sigue siendo uno de ellos.

Por el poder político (1). Constituir las masas populares debe ser tarea central de las izquierdas

¡EN ESTA ESQUINA…! Las masas populares debe ser la cuestión principal para el reposicionamiento de las izquierdas en la vida política nacional; incluido, por supuesto, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) en el que milito. De su comprensión, organización y movilización continua dependen sus posibilidades de avance hacia el poder político, los posibles buenos desempeños en la lucha electoral y su desarrollo orgánico. Los acuerdos de unidad que tanto se protestan deberían apuntar hacia ahí. Si con honestidad revolucionaria se reconoce que las izquierdas hemos perdido vínculos de organización y lucha con los diversos sectores populares, unos más que otros, pero una realidad general. Debemos reconocer que estamos en déficit pronunciado de influencia en las masas, y poner los pies en la tierra, sin renunciar jamás a tomar el cielo por asalto. Conocerlas. Comprenderlas. Organizarlas. Constituirlas. Movilizarlas de manera adecuada, oportuna y sistemática. Esta es una cuestión de enorme importancia, siempre que se quiera construir la revolución popular dominicana. En la República Dominicana necesitamos comprender las masas populares actuales. Necesitamos asumir las formas organizativas, las consignas y métodos de lucha consecuentes, que se correspondan con su composición y características. Necesitamos acumular fuerzas de masas populares. Necesitamos superar el espíritu de lucha deportivo, y el de zafra —cada vez que viene el 8 de marzo, o el 24-28 de abril, o el primero de mayo, o el 25 de noviembre— que nos ha arropado en los últimos años. Necesitamos construir organizaciones de pueblo, grandes, con vida e institucionalidad. Superar el espíritu de evento. Necesitamos construir procesos de lucha popular, en los que los pueblos se constituyan en torno a demandas públicas, en base a educación, concientización, organización y decisiones colectivas de lucha. Como está ocurriendo en la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana y la que contrarresta los planes de explotación en la cordillera septentrional. Sin esos requisitos, seguiremos en un círculo vicioso, emulando el mito de Sísifo*. Volviendo a cada rato a un punto cero, después de cada jornada de lucha.* Y seguiremos lamentando, y algunos criticando, que en otros países la izquierda tiene buenos resultados electorales, y en el nuestro no salimos de lo pírrico, cerca del raquitismo. La cuestión de las masas populares es la de más urgente solución. * La mitología griega habla de la condena de los dioses a un rey, que debía empujar una enorme roca hacia la cima de una montaña, para verla rodar hacia abajo de manera eterna.

El Partido Comunista del Trabajo denuncia un nuevo intento de agresión de EE.UU. contra Cuba

La formación política califica de \»descabellada\» la imputación del Departamento de Justicia contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996, defiende la acción como un acto legítimo de soberanía y advierte que el imperialismo norteamericano, frustrado por la unidad del pueblo cubano, no logrará sembrar temor ni rendición. Por Julio Guzmán Acosta El Partido Comunista del Trabajo (PCT) hizo pública hoy su posición oficial ante la reciente imputación del gobierno de Estados Unidos contra el expresidente cubano Raúl Castro Ruz, a quien se acusa de ordenar el derribo de dos aeronaves civiles en aguas internacionales en febrero de 1996. A través de una declaración de Manuel Salazar, miembro de su Buró Político y del Comité de Honor por la Conmemoración del Centenario del Comandante Fidel Castro Ruz, la organización política calificó la medida como \»otra excusa del imperialismo norteamericano para seguir agrediendo a Cuba\». La declaración, rechaza de plano lo que considera una maniobra sin sustento jurídico ni moral. Salazar sostuvo que el derribo de las dos avionetas —ocurrido hace casi treinta años, el 24 de febrero de 1996— no constituyó un acto de agresión, sino una acción de legítima defensa nacional. \»Esas aeronaves —argumentó—, desobedeciendo oportunas advertencias de las autoridades cubanas, violaron de manera consciente y con fines políticos el espacio aéreo cubano. La defensa nacional de Cuba protegió, como era su deber, la frontera y la dignidad nacionales, como habría hecho cualquier gobierno garante de la soberanía de su territorio.\» Lejos de generar temor en la isla, el Partido Comunista del Trabajo interpreta la ofensiva judicial de la Administración Trump como un síntoma de frustración. \»Refleja la impotencia del imperialismo ante la unidad monolítica que ha mostrado el liderazgo de la revolución cubana y su vínculo indisoluble con el pueblo\», afirmó Salazar. Y sentenció: \»Se equivoca el imperialismo norteamericano, como se ha equivocado siempre en sus calumnias y agresiones contra Cuba, si cree que con esta acusación contra el líder de la revolución creará temor y llevará a la rendición al pueblo cubano.\» La formación política subrayó, además, la trayectoria del general retirado de 94 años, alejado del poder desde 2018 pero aún símbolo de la resistencia histórica. Salazar recordó que Raúl Castro se forjó en la lucha guerrillera contra Fulgencio Batista y se templó en la construcción del proceso revolucionario enfrentando todo tipo de chantajes externos. \»Contra esas presiones —dijo—, Raúl Castro y la dirección revolucionaria lograron importantes desarrollos sociales, económicos y políticos en beneficio de la clase trabajadora y el pueblo cubano. Por eso ha ganado la condición de líder y el reconocimiento del pueblo de Cuba.\» El dirigente del PCT también destacó el respeto que, a su juicio, el exmandatario ha cosechado más allá de las fronteras de la isla. \»Se ha ganado el respeto de los pueblos del mundo, que lo demuestran expresando la solidaridad permanente hacia la revolución cubana\», añadió. En su pronunciamiento, el Partido Comunista del Trabajo hizo un balance de las más de seis décadas de hostilidad estadounidense hacia la revolución cubana. \»A pesar de todas las calumnias que sin parar ha proferido durante más de sesenta años, el imperialismo yanqui no ha podido erosionar en lo más mínimo la revolución cubana; ni ha podido desvincularla de los demás pueblos de América Latina y el mundo en general\», enfatizó Salazar. \»Y así se confirmará frente a la descabellada —y con ningún sustento jurídico— imputación más reciente contra el compañero Raúl Castro.\» Mientras en los tribunales federales de Estados Unidos el expediente judicial continúa su curso, el Partido Comunista del Trabajo deja claro que, desde su perspectiva, la isla no espera justicia del lado norteamericano del estrecho. La espera, acaso, del veredicto de la historia.  

San Juan de la Maguana triunfó Lucha organizada es victoria asegurada

El presidente Luis Abinader ha ordenado paralizar el proyecto de Mina Romero en San Juan de la Maguana. Esa decisión es el resultado del proceso de lucha que ha tenido lugar en esa provincia, en el que destacan como resultado: un paro total de todas las actividades económicas y sociales, que tuvo lugar hace pocos días, seguida de una marcha apoteósica realizada un dia antes de que el presidente anunciara la decisión. El paro dejó el movimiento en pie. No lo paralizó como suele ocurrir cuando se inventan huelgas y paros. El movimiento salió más fortalecido del paro; la marcha apoteósica del pasado domingo, 3 de mayo, así lo confirmó. No debe haber duda alguna, la lucha del pueblo de San Juan de la Maguana ha triunfado. Se confirma que la lucha organizada y bien dirigida, es victoria asegurada. Bien organizada y bien dirigida quiere decir tres cosas: 1.- Educar al pueblo sobre la pertinencia de la demanda; lograr que este la entienda en todas sus implicaciones y que la asuma a conciencia. Proporcionarle argumentos contundentes que enriquezcan cada vez la demanda, y disuelvan los contrarios. 2.- Organizar la dirección, darle potestades al pueblo en la toma de las decisiones de lucha, y hacerlo protagonista del proceso. 3.- Unir todo lo diverso en torno a lo que une. Insistir en lo que une, y dar de lado a lo que obstruye la unidad, o que simplemente no une. El proceso de lucha contra la Mina de Romero integró a sectores y personas con los que en otros planos estamos y estaremos distantes. Siempre hay que hacer el análisis concreto de la situación concreta. 3.- Garantizar la dirección idónea, firme, éticamente inobjetable, y disponer de la voluntad para decidir las acciones que correspondan en cada momento. Ahí está el detalle del triunfo. Es un modelo de lucha del que algún día debemos aprender. Todo el poder para las masas. Esta es la cuestión. Ya hubo otros en años anteriores, con iguales características: el que impugnó la Cementera en los Haitíses; la que reclamó el 4% del PIB para educación; el de la defensa de Loma Miranda, y Marcha Verde que reclamó castigo a la corrupción y cese de la impunidad. Hay otro factor interesante que influye en la decisión del presidente Luis Abinader, cuál es, el proceso de impugnación a la Mina de Romero, apuntaba a convertirse en el eje articulador de un gran movimiento nacional al que se integraran todos los demás reclamos e inconformidades latentes por doquier. El presidente Luis Abinader también ha tomado esto en cuenta. Sacando el factor Mina de Romero del proceso de lucha, para evitar una Marcha Verde 2.0. Esto quiere decir, que quedan en pie otros focos de reclamos, con los que hay que continuar, y sería interesante aprender del modelo de lucha que aporta la victoria de San Juan de la Maguana, para conquistar demandas, y contribuir al ascenso del movimiento de masas.

70 años del MPD Felicitamos a los dirigentes y militantes de esta combativa organización revolucionaria

Hoy 20 de febrero se cumplen 70 años de la fundación del Movimiento Popular Dominicano, MPD. Fue fundado en La Habana, Cuba, por Pablo Martinez. Desde que surgió destacó por ser una organización de combate a toda prueba, y con una voluntad inquebrantable de soldar vínculos organizativos y de lucha con la clase trabajadora y sectores populares en general. Y temprano en sus días, asumió el Marxismo leninismo como guía de sus acciones. Por esas condiciones siempre fue blanco de la represión de los gobiernos de turno, especialmente del balaguerista; y perseguido por la CIA. Maximiliano Gómez, su líder más emblemático, fue perseguido por esta agencia criminal y asesinado en Bruselas Bélgica. Tres secretarios generales fueron asesinados de manera aleve en un año: Maximiliano Gómez, Otto Morales y Chapó. El MPD ha sido por sobre todo, una escuela de consecuencia revolucionaria y de lucha en favor de los oprimidos, los intereses nacionales, y la causa de la revolución de otros pueblos. En sus filas destacaron dirigentes emblemáticos como Amin Abel Hasbún, Guido Gil, Henry Segarra, asesinados por la dictadura de Balaguer. Destacaron Jorge Puello, el Men, y Brígido Peguero. Los cuadros y militantes que formamos el Partido Comunista del Trabajo, con Rafael Chaljub Mejía, David Onelio Espaillat y Efrain Sánchez Soriano, Pocholo, nos forjamos en las filas del MPD y reivindicamos con orgullo esa militancia. Hoy el MPD continúa haciendo ingentes aportes a la revolución.. Felicitamos de corazón a los dirigentes y militantes actuales del MPD por este 70 aniversario significativo. Y nos felicitamos los del PCT por ser parte del emepedeismo glorioso e histórico.