La factura de la guerra: los mismos de siempre pagan la crisis mientras las grandes fortunas salen indemnes
A pesar del discurso presidencial que promete proteger a los más vulnerables, las medidas anunciadas consolidan un modelo donde los ajustes recaen sobre los hombros de las familias trabajadoras, mientras los sectores concentrados de la economía no solo no contribuyen, sino que se perfilan como los grandes beneficiarios de una crisis gestada en los tableros geopolíticos de Estados Unidos e Israel. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA Santo Domingo. – Hay momentos en que los discursos oficiales, por más bien hilvanados que estén, terminan revelando aquello que pretenden ocultar. La cadena nacional del presidente Luis Abinader, concebida como un ejercicio de transparencia y liderazgo en medio de la tormenta geopolítica desatada en Irán, dejó entre líneas una verdad incómoda que ningún barniz retórico puede disimular: la factura del conflicto, una vez más, será pagada por los mismos de siempre. El mandatario habló de sacrificios “no desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables”. Reconoció presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y en los precios de los alimentos. Y si bien anunció la reasignación de 10,000 millones de pesos y un subsidio a los fertilizantes, lo cierto es que el grueso del ajuste —el incremento de los combustibles, el encarecimiento de la canasta básica, la contracción del consumo popular— terminará inscribiéndose en la cotidianidad de quienes menos tienen. No se trata de un fenómeno fortuito. La estructura de la economía dominicana ha sido diseñada para que, en momentos de crisis externa, el costo se socialice y las ganancias se privatizan. Mientras el Estado recorta subsidios que hasta hace pocos meses mantenían estabilizados los precios de los carburantes, los grandes conglomerados empresariales —especialmente los vinculados a la distribución de combustibles, la generación eléctrica y la intermediación financiera— no solo no enfrentan cargas extraordinarias, sino que ven en la volatilidad una oportunidad para ensanchar sus márgenes. El presidente insistió en que el conflicto en Irán es un choque externo. Y lo es, en apariencia. Pero omite señalar que ese conflicto responde a una escalada bélica promovida por Estados Unidos e Israel en una región clave para los flujos energéticos globales. La guerra no es un fenómeno natural; es una decisión política de potencias que históricamente han utilizado el Medio Oriente como tablero de intereses geoeconómicos. Y en ese tablero, la República Dominicana —país sin petróleo, pero con una dependencia absoluta del crudo importado— paga un precio que sus élites locales se cuidan muy bien de no asumir. Mientras el ciudadano común verá cómo su salario rinde menos ante cada nuevo aumento en el diésel que mueve el transporte público y los alimentos, los grandes capitales nacionales han encontrado en esta coyuntura un aliado silencioso: la inflación selectiva, los subsidios que se desvanecen y un discurso oficial que normaliza el sacrificio como si fuera una virtud cívica. El llamado a la “corresponsabilidad” que hizo Abinader suena entonces a una invitación desigual. Porque no es lo mismo pedirle a una familia de escasos recursos que “optimice el uso del combustible” que exigirle a una corporación que absorba parte del impacto sin trasladarlo a los precios finales. El trabajo remoto no es una opción para la trabajadora doméstica, el chofer de concho o el vendedor ambulante. Pero sí lo es para el ejecutivo bancario o el gerente de zona franca. El presidente habló de “sacrificio compartido”. La realidad mostrará, en las próximas semanas, que el sacrificio será profundamente desigual. Porque las grandes fortunas no se inmutan ante un aumento de 15 pesos en la gasolina; porque los grupos económicos concentrados cuentan con mecanismos de cobertura y traslado de costos que los blindan; porque el sistema tributario dominicano sigue siendo uno de los más regresivos de la región, donde el capital paga menos que el consumo. Y detrás de todo, la geopolítica. La guerra en Irán no es un accidente. Es el resultado de una política de confrontación diseñada por Estados Unidos e Israel para reconfigurar el mapa energético mundial. La República Dominicana, inserta en la órbita geopolítica de Washington, asume pasivamente las consecuencias de decisiones que no toma, mientras sus gobernantes se limitan a administrar los efectos con discursos de estabilidad que no alteran ni un ápice la estructura de privilegios. Así, lo que se presenta como una respuesta técnica a un choque externo termina siendo, en los hechos, un mecanismo de transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las cúpulas económicas y financieras. Los más vulnerables pagan la guerra en la nevera vacía, en el pasaje más caro, en la luz que sube. Las grandes fortunas, en cambio, esperan tranquilas el próximo dividendo. El presidente pidió confianza. Pero la confianza, en una sociedad con memoria, no se decreta. Se construye con políticas que demuestren que cuando la crisis golpea, el peso no recae siempre sobre los mismos hombros. Hasta ahora, el discurso ha sido elegante; la distribución de los sacrificios, en cambio, revela una vieja y conocida coreografía. Mientras el gobierno ajusta, las grandes fortunas acumulan. Y la guerra, lejana en el mapa pero cercana en el bolsillo, sigue siendo el mejor negocio para quienes nunca han sabido lo que es apretarse el cinturón.
El Frente Amplio desmonta el discurso oficial: “No es crisis internacional, es un cambio de criterio que castiga al pueblo”

La organización política cuestiona el mensaje de Abinader y advierte que los aumentos en combustibles, luz, transporte y alimentos responden a una decisión administrativa que prioriza las finanzas públicas sobre el bienestar social; señalan contradicciones frente al manejo de subsidios en escenarios previos. Por: Ángel F. Guzmán Santo Domingo, RD. – Con una crítica que apunta al centro de la narrativa gubernamental, el Frente Amplio rompió este domingo el silencio analítico que suele acompañar los mensajes presidenciales y calificó como “contradictorio” y “regresivo” el rumbo económico esbozado por el presidente Luis Abinader. Lejos de encontrar en sus palabras un alivio para las familias dominicanas, la organización política detectó lo que considera una confesión involuntaria: el ajuste no responde únicamente a los vaivenes internacionales, sino a una modificación deliberada en los criterios del Estado para asumir el costo de la vida. En un análisis que evoca la prosa serena, el Frente Amplio desglosa los números que, a su juicio, desnudan la inconsistencia oficial. Mientras el gobierno insiste en vincular los recientes aumentos de los carburantes con la volatilidad externa, la organización recuerda que cuando el petróleo ha rondado los 90 dólares por barril —como ocurre hoy—, en otras coyunturas el Estado optó por blindar los precios internos mediante subsidios. Hoy, en cambio, la gasolina premium alcanza los RD$305 por galón y la regular los RD$287.50, sin que se haya activado el mismo mecanismo de amortiguación. “El gobierno reconoce que subirán la luz, el transporte y la comida. Eso, sumado al reciente aumento de los combustibles, configura una política económica que castiga a la mayoría y protege las finanzas públicas por encima del bienestar social”, sostiene la organización en un comunicado que no escatima calificativos. La crítica adquiere una dimensión mayor cuando el Frente Amplio pone sobre la mesa los más de RD$58,000 millones que el Estado ha destinado a subsidios energéticos en los últimos años. La cifra, lejos de ser vista como un lastre, es esgrimida como prueba de que existen mecanismos institucionales capaces de contener los choques externos sin trasladar el sufrimiento económico a los hogares. De allí que la organización califique la decisión actual como un “cambio de criterio” difícil de justificar bajo la sola excusa de la crisis global. El mensaje del presidente Abinader, en el que este admitió que las medidas anunciadas generarían presiones en la tarifa eléctrica, el transporte y los alimentos, es interpretado por el Frente Amplio como un reconocimiento tácito de los efectos dominó que se avecinan. Para la organización, no se trata de un mal menor inevitable, sino de una elección administrativa que impacta de manera regresiva a toda la cadena productiva: el alza en los combustibles no solo encarece el llenado del tanque, sino el costo del pan, el pasaje escolar y los servicios básicos. “El país no necesita discursos que normalicen sacrificios, sino decisiones coherentes que protejan a la gente”, sentencia la agrupación en su pronunciamiento, con un tono que trasciende la coyuntura para ubicarse en el terreno de los principios. En un contexto donde la inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas, las palabras del Frente Amplio buscan instalar una pregunta que, para sus líderes, resulta ineludible: si el Estado ya ha demostrado en otras ocasiones que puede blindar los precios sin desestabilizar las cuentas públicas, ¿por qué ahora insiste en que el costo del ajuste lo paguen las familias? La respuesta, insinúa el Frente Amplio, no está en los mercados internacionales, sino en las prioridades de quienes gobiernan. Y ese, concluye la organización, es un debate que recién comienza. —
Estados Unidos Arma un Frente Militar Contra los “Cárteles” y Abinader Embarca a la República Dominicana en esa Aventura
El presidente Luis Abinader respalda la \»Coalición Anticárteles de las Américas\» impulsada por Donald Trump en la cumbre de Miami, mientras México pide mesura y Cuba denuncia una reedición de la Doctrina Monroe. Por Brendalis Reyes MIAMI. En el lujoso resort Trump National Doral, propiedad del mandatario anfitrión, se escenificó el pasado sábado un nuevo capítulo de la geopolítica hemisférica. Rodeado de 17 líderes aliados, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estampó su firma en una proclama que promete reconfigurar la lucha contra el narcotráfico en la región. Entre los presentes, el mandatario dominicano Luis Abinader recibió un trato distinguido: un breve cuchicheo y dos palmadas en el hombro izquierdo, justo antes de que Trump se dirigiera a su auditorio para advertir, con su característica ironía, que no tiene tiempo para aprender \»su maldito idioma\». La cita, bautizada como \»Escudo de las Américas\», dio origen a la Coalición Anticárteles de las Américas mediante la denominada Carta de Doral. El documento, en su tercer punto, establece que \»Estados Unidos entrenará y movilizará a los ejércitos de las naciones socias para lograr la fuerza de combate más eficaz necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar la violencia\». La iniciativa, que cuenta con el respaldo de países como Argentina, El Salvador, Ecuador, Chile y República Dominicana, busca coordinar acciones militares y de inteligencia para privar a estas organizaciones de \»todo control territorial y acceso a financiación\». Horas después del encuentro, Abinader publicaba en su cuenta de X: \»La República Dominicana reafirma su compromiso con la seguridad y la cooperación hemisférica\». El respaldo no se hizo esperar. La Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana interpretó la invitación como un espaldarazo que posiciona al país caribeño como \»socio estratégico de Nivel 1\», augurando \»un estatus comercial preferencial e inversiones en infraestructura\». Sin embargo, la alineación de Quisqueya con la estrategia trumpista no ha sido óbice para que la cooperación antinarcóticos continúe su curso, incluso con la oficina de la DEA en el país cerrada desde febrero pasado por presuntos actos de corrupción de su extitular. Resquemor en el eje crítico Al sur del río Bravo, la recepción ha sido diametralmente opuesta. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum —notable ausente en la cumbre—, hizo un llamado a sus conciudadanos para mantener \»la cabeza fría\» ante las acusaciones de Trump, quien, si bien la elogió como \»una muy buena persona con una voz hermosa\», insistió en señalar a los cárteles mexicanos como los principales orquestadores de \»sangre y caos en el hemisferio\». México ha reiterado su negativa a permitir operaciones militares estadounidenses en su territorio. Más airada fue la reacción de Cuba. A través de un comunicado, el gobierno de la isla calificó el encuentro como una \»pequeña cumbre reaccionaria y neocolonial\» y un \»atentado contra la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz\». La Habana interpretó la coalición como \»una manifestación de la disposición a subordinarse ante los intereses del poderoso vecino del Norte bajo los preceptos de la Doctrina Monroe\». Mientras el tablero regional se reconfigura y los ecos de la proclama resuenan desde el Caribe hasta el Cono Sur, los hechos sobre el terreno ya se empiezan a contar. Desde septiembre de 2025, la interceptación de lanchas sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico Oriental se ha saldado con la muerte de al menos 150 personas, en lo que se perfila como el preludio letal de esta nueva cruzada hemisférica.
El Escudo y la Sombra: Abinader suscribe pacto militar regional en la cumbre de Trump
El mandatario dominicano estampó su firma en la \»Proclamación de Miami\» junto a once líderes afines al trumpismo, comprometiendo al país en una coalición militar hemisférica para combatir el narcotráfico. Mientras la Casa Blanca celebra una nueva alianza estratégica, analistas advierten que el acuerdo revive el espíritu intervencionista de la Doctrina Monroe y pone a prueba la autonomía de la política exterior dominicana. Por: VIRTUDES ÁLVAREZ SAMPEDRO MIAMI. – La mañana en Doral amaneció con el brillo metálico de los fairways y el peso de la historia geopolítica pisando la alfombra roja. A las 08:07, hora local, la comitiva presidencial dominicana cruzó las puertas del Centro de Convenciones del Trump National Doral Miami. Luis Abinader, vestido de traje oscuro y corbata azul, era recibido por Mónica Crowley, encargada de protocolo de la Casa Blanca, en un ceremonial milimétrico que dejaba claro quién es el anfitrión y quiénes los convidados. Minutos después, el mandatario se sentaba a una larga mesa de caoba junto a otros once líderes latinoamericanoso. En el centro, presidiendo la escena, Donald Trump observaba con la satisfacción del anfitrión que ha logrado reunir en su finca a un bloque ideológicamente afín. Sobre la mesa, un documento que pasará a la historia como la \»Proclamación de Miami\», el acta fundacional del \»Escudo de las Américas\». Abinader tomó la pluma y firmó. La imagen, difundida por la Dirección de Prensa del Presidente, lo muestra conversando animadamente con Trump mientras los asesores sellaban el acuerdo. En ese gesto, la República Dominicana se insertaba formalmente en una coalición militar regional cuyo objetivo declarado es \»combatir los carteles del narcotráfico\», pero cuyas implicaciones, advierten analistas, van mucho más allá de la retórica de la cooperación. Los términos del Escudo El acuerdo, según el comunicado oficial de la Presidencia, establece mecanismos de \»cooperación reforzada contra el crimen organizado\» y prevé el intercambio de inteligencia, la coordinación de operativos conjuntos y el fortalecimiento de las capacidades militares de los países miembros. Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por umbral.local/ indican que el documento incluye cláusulas que permitirían el entrenamiento de fuerzas especiales por parte del Comando Sur de Estados Unidos y la posible instalación de centros de coordinación regional. Trump, en su intervención ante los mandatarios, fue claro en el espíritu que anima la alianza: \»Juntos vamos a proteger nuestra seguridad, soberanía compartida, libertad compartida e independencia\». Pero la retórica de la soberanía compartida contrasta con la asimetría evidente entre la superpotencia anfitriona y los doce países invitados. La cumbre, concebida como un foro de \»ideas afines\», excluye a las principales potencias democráticas de la región —México, Brasil, Colombia— que han mostrado reservas ante lo que consideran un regreso a las viejas prácticas intervencionistas. En su lugar, reúne a un arcoíris de la derecha hemisférica que va desde el libertarismo radical de Javier Milei hasta el autoritarismo pragmático de Nayib Bukele, pasando por el conservadurismo tradicional de Santiago Peña y la ultraderecha católica de José Antonio Kast. La sombra de Monroe Para la mirada histórica, el paralelismo resulta inevitable. En 1823, el presidente James Monroe proclamó la doctrina que lleva su nombre: \»América para los americanos\», un principio que durante dos siglos ha servido para justificar la hegemonía estadounidense en el hemisferio y su derecho a intervenir en los asuntos de sus vecinos del sur. Doscientos tres años después, la administración Trump ha encontrado un apodo para su versión actualizada: la \»doctrina Donroe\», un híbrido entre el ideario del magnate y la vieja aspiración imperial que nunca abandonó Washington. El \»Escudo de las Américas\» es su primera manifestación concreta. \»Este tipo de iniciativas responde al interés de Washington de consolidar alianzas en la región en línea con la histórica Doctrina Monroe\», advierten analistas internacionales consultados por este diario. Pero lo que en el siglo XIX se presentaba como protección frente a las potencias europeas, hoy se formula como un dique de contención frente a la influencia china y una militarización de la política migratoria. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo había adelantado en vísperas de la cumbre: la migración masiva es una amenaza para la civilización \»occidental y cristiana\». Ahora, con la firma de Abinader y sus pares, esa visión adquiere rango de compromiso internacional. El cálculo dominicano La Presidencia dominicana ha vendido la participación en la cumbre como una oportunidad para fortalecer los lazos con Washington y posicionar al país como socio estratégico. Abinader ha reiterado en diversas ocasiones que la relación con Estados Unidos es \»muy especial\», un pilar de su política exterior basado en fuertes lazos comerciales y valores democráticos compartidos. Pero el cálculo político tiene sus riesgos. Al sentarse a firmar esta alianza, Abinader vincula el destino del país a una agenda que en Estados Unidos es profundamente divisiva y en la región abiertamente excluyente. La foto con Trump, Bukele y Milei puede rendir frutos a corto plazo en términos de acceso a recursos o cooperación en seguridad, pero hipoteca la capacidad dominicana de mantener una política exterior equilibrada y autónoma. Horas antes de la firma, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) había expresado su preocupación por las implicaciones del encuentro para la soberanía nacional. \»Podría tener implicaciones para la soberanía nacional y la de otros países de la región\», advirtió la organización en un comunicado. Una preocupación que, en los pasillos de Doral, pocos se atrevían a mencionar en voz alta. La jornada y sus ecos La cumbre no se agotó en la firma de la proclamación. A lo largo del día, Abinader sostuvo encuentros bilaterales con varios de los mandatarios presentes, en una intensa jornada de diplomacia paralela que incluyó un almuerzo ofrecido por Trump y una recepción nocturna del secretario de Estado, Marco Rubio. El presidente dominicano aprovechó la ocasión para impulsar iniciativas conjuntas en materia de seguridad regional y desarrollo económico, según informó su Dirección de Prensa. Pero el peso simbólico de la jornada ya estaba fijado: la firma, la foto, la mesa compartida. Mientras los líderes posaban para la imagen de familia, en las calles
Cumbre Escudo de las Américas : cuando un presidente se rinde sin condiciones
No se trata, como pretenden vender los voceros oficiales, de una mera gestión de relaciones internacionales para posicionar al país como \»socio estratégico\». Se trata de algo más hondo y, para quienes creemos en una política exterior basada en principios y no en alineamientos automáticos, profundamente preocupante. Lo que ocurrió este fin de semana en Miami no fue una cumbre diplomática convencional. Fue una concentración de la derecha radical del continente en la propiedad privada de un presidente estadounidense que ha hecho de la exclusión, el agravio y la visión neoimperialista su sello de identidad. Y allí estaba el mandatario dominicano, en primera fila, flanqueado por Javier Milei, Nayib Bukele y José Antonio Kast, mientras las principales potencias democráticas de la región —México, Brasil, Colombia— brillaban por su ausencia. El contraste no puede ser más elocuente. Recordemos la historia reciente. La Cumbre de las Américas que debió celebrarse en diciembre pasado en República Dominicana fue cancelada porque Donald Trump no asistiría y porque las divisiones continentales resultaron insalvables. En aquel momento, Abinader se vio atrapado entre las presiones de Washington para excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela, y las amenazas de boicot de los gobiernos progresistas. Finalmente, optó por la cancelación. Hoy, el escenario es otro. Trump, el mismo que desairó al país, ha construido su propio foro a la medida, y Abinader acude dócilmente a su finca. La lección es brutal: las reglas las dicta Washington, y los líderes de la región se adaptan. Así de simple. Así de triste. Pero vayamos al fondo. La agenda del \»Escudo de las Américas\» no es inocente. Bajo la retórica de la cooperación contra el narcotráfico y la migración masiva, se esconde un proyecto de militarización de la política exterior estadounidense hacia la región. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo expresó con una claridad escalofriante al vincular la migración con la supervivencia de la civilización \»occidental y cristiana\». Ese lenguaje, que evoca las teorías del gran reemplazo y las pulsiones más oscuras de la ultraderecha global, es el mismo que Abinader suscribe con su presencia. ¿Es ese el socio estratégico que quiere ser República Dominicana? ¿El que aplaude, desde la primera fila, discursos que estigmatizan a los migrantes y criminalizan la pobreza? Y luego está China. El \»Escudo\» apunta directamente a reducir la influencia del gigante asiático en la región. Para un país como el nuestro, donde Pekín se ha convertido en un socio comercial relevante, alinearse acríticamente con esta postura implica riesgos que el gobierno parece no haber calculado. Mientras China ofrece comercio e inversión sin condicionamientos ideológicos, la administración Trump ofrece aranceles, deportaciones y un discurso de guerra fría. Abinader ha elegido bando. Es su derecho. Pero que no pretenda venderlo como una simple gestión diplomática. Es una definición ideológica de manual. La República Dominicana construyó durante décadas una política exterior basada en el diálogo y la apertura. Fuimos capaces de relacionarnos con todos sin someternos a ninguno. Eso se llamaba dignidad. Hoy, esa tradición parece haberse diluido en la alfombra roja de un club de golf en Miami. El \»Escudo de las Américas\» no protege a nadie. Es, más bien, un escudo que oculta la sumisión de quienes prefieren el abrazo del pugilista a la incomodidad de mantener la dignidad en un continente dividido. Abinader calcula, quizás, que los beneficios económicos o migratorios que pueda obtener de Washington compensan el costo ideológico. Quizás cree que esta es la nueva normalidad y que no hay alternativa. Pero al sentarse en esa mesa, sin distancia crítica, sin matices, sin preguntas, está renunciando a algo que no tiene precio: la capacidad de definir el rumbo del país con autonomía. La historia juzgará esta foto. Y cuando lo haga, no verá a un estadista defendiendo los intereses nacionales. Verá a un mandatario sonriente, en la finca del patrón, formando parte de una coalición que excluye a más de la mitad del continente y que abraza la visión más radical de la derecha hemisférica. Sin rubor. Sin distancia. Sin dignidad. Y eso, aunque duela decirlo, es lo que queda para el registro.
El Mandatario y la Pasión: Abinader Lanza la Primera Bola en Miami y Viste de Gala el Sueño Dominicano
En una jornada que combinó la alta diplomacia con la religión del béisbol, el presidente Luis Abinader subió al montículo del loanDepot Park para realizar el lanzamiento ceremonial en el debut de la selección nacional ante Nicaragua. Horas antes de sumergirse en la cumbre convocada por Donald Trump, el jefe de Estado respaldó con su presencia la victoria 12-3 del equipo dominicano, en un escenario donde la pasión deportiva se entrelazó con la agenda política del continente. Por: REDACCIÓN DE DEPORTES MIAMI. – El loanDepot Park vestía sus mejores galas. 36,952 almas pintadas de azul, rojo y blanco coreaban cada lanzamiento como si el destino de la patria dependiera de un strike. Pero antes de que Junior Caminero desatara la furia con su jonrón de 414 pies, antes de que el bullpen tejiera su telaraña de brazos invictos, hubo un instante de ceremonia y simbolismo que elevó la noche a otra dimensión. El presidente Luis Abinader, con la elegancia de quien entiende que el béisbol es en República Dominicana más que un deporte —es un acto de fe colectiva—, caminó hacia el montículo. Vestido con la camisa de la selección nacional y una gorra azul que lo igualaba a los miles de quisqueyanos que rugían en las gradas, el mandatario tomó la pelota y realizó el lanzamiento de la primera bola. No fue un gesto protocolar frío, fue la confirmación de que el poder político se inclina, sin reservas, ante la religión del pueblo. La fotografía recorrió el mundo: un presidente caribeño, en medio de la vorágine diplomática de Miami, deteniendo el tiempo para honrar a los guerreros del diamante. A su alrededor, el ministro de Turismo, David Collado, y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, atestiguaban la escena con la satisfacción de quien sabe que el deporte es la mejor embajada que un país puede tener. Horas después, cuando el reloj marcaba las 12:03 de la madrugada del sábado, la victoria dominicana era un hecho. Nicaragua, valiente en los primeros compases, había sido aplastada por la profundidad del roster quisqueyano. Pero más allá del 12-3 final, quedaba la imagen de un presidente que prefirió sudar la camiseta en las gradas antes que encerrarse en los salones de la diplomacia tradicional. Abinader llegó a Miami no solo para sostener la agenda geopolítica que este sábado lo sentará a la mesa de Donald Trump en la cumbre del \»Escudo de las Américas\». Llegó también para recordar, en un gesto que la gente común entiende sin necesidad de discursos, que el corazón de la dominicanidad late al ritmo del béisbol. Que no hay cumbre internacional que pueda opacar la emoción de un pueblo viendo a los suyos defender el honor en el diamante. El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, lo observaba desde las gradas. También los mandatarios de Paraguay, Santiago Peña, y de El Salvador, Nayib Bukele, quienes asistieron al juego y compartieron palco con Abinader. Una reunión informal de la derecha latinoamericana, disfrazada de tarde de béisbol, mientras en el terreno los peloteros escribían su propia historia. Y qué historia. La de un Cristopher Sánchez que sobrevivió a un primer inning de pesadilla con un histórico cuarto ponche. La de un Caminero que, a sus 22 años, descorchó la champaña del triunfo con un jonrón que será recordado. La de un Julio Rodríguez y un Oneil Cruz que en el octavo sellaron la victoria con la autoridad de los elegidos. Pero para el pueblo dominicano en Miami, el momento más íntimo fue ese instante en que su presidente, sin custodia que lo alejara de la gente, lanzó la primera bola y levantó los brazos al cielo, como un pelotero más. Como un fanático más. Hoy, Abinader se sentará con Trump y los doce líderes de la nueva derecha hemisférica. Discutirán sobre narcotráfico, migración y la influencia de China. Pero anoche, en el loanDepot Park, el mandatario demostró que entiende una verdad profunda: antes de ser socios de Estados Unidos, los dominicanos son dueños de una pasión que no entiende de fronteras ni de cumbres. Mientras el equipo descansa para enfrentar a Países Bajos el domingo, Abinader cargará con la agenda pesada de la diplomacia. Pero llevará consigo el eco de un estadio que coreó \»¡Quisqueya!\» hasta el amanecer. Porque en política, como en béisbol, a veces el mejor discurso es una pelota lanzada desde el corazón. El mandatario jugó su papel anoche: lanzó, saludó, celebró. Hoy le toca batear en un terreno más movedizo. Ojalá tenga la misma puntería que mostró en el montículo de loanDepot Park.
Cumbre el Escudo de las Américas: Luis Abinader y el abrazo del pugilista
La imagen vale más que mil discursos, pero en política a veces vale más que todo un programa de gobierno. Cuando el presidente Luis Abinader pisó la alfombra roja del Trump National Doral Miami, escoltado por el protocolo de la Casa Blanca, la fotografía no solo capturaba un instante diplomático; retrataba una definición ideológica sin ambages. El mandatario dominicano se sentaba, sin el menor rubor, a la mesa de la derecha más radical del continente. Por Julio Guzmán Acosta, Director de umbral.local/ La participación de Abinader en la cumbre \»Escudo de las Américas\» convocada por Donald Trump es mucho más que una gestión de relaciones internacionales. Es la culminación de un proceso de realineamiento que su gobierno ha venido construyendo con disciplina militar: la inserción plena de la República Dominicana en el bloque de países que suscriben la llamada \»doctrina Donroe\». El anfitrión y la metáfora del club Que la reunión se celebre en un club de golf no es un dato menor. No es la Casa Blanca, no es un foro multilateral con reglas consensuadas. Es la propiedad privada de Trump, un espacio íntimo donde los líderes invitados no acuden como pares, sino como convidados a la finca del patrón. Allí, Abinader compartirá un almuerzo de trabajo ofrecido por Trump y una recepción nocturna del secretario de Estado, Marco Rubio . La Presidencia dominicana ha vendido esta participación como una \»oportunidad clave para reafirmar su posición como socio estratégico en el Caribe\» . Pero habría que preguntarse: ¿socio estratégico de quién? Porque mientras México, Brasil y Colombia —las verdaderas potencias democráticas de la región— han quedado fuera de esta foto, Abinader aparece en primera fila, flanqueado por Javier Milei, Nayib Bukele y José Antonio Kast. El contexto que Abinader elige ignorar No podemos olvidar cómo se llegó hasta aquí. La Cumbre de las Américas que debió celebrarse en diciembre pasado en República Dominicana fue cancelada porque Trump no asistiría y porque las divisiones en el continente eran demasiado profundas . En aquel momento, Abinader se vio presionado por la Casa Blanca para excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela, lo que provocó amenazas de boicot por parte de gobiernos progresistas. Ante la falta de compromiso de Trump, el mandatario dominicano optó por posponer el evento . Hoy, el escenario es otro. Trump ya no necesita una cumbre multilateral incómoda; ha construido su propio foro a la medida. Y Abinader, que entonces capeó el temporal con una cancelación diplomática, acude ahora dócilmente a la sede del anfitrión que antes le había fallado. La lección es clara: las reglas las pone Washington, y los líderes de la región se adaptan. La agenda de seguridad y el riesgo de la sumisión Los temas centrales de la cumbre —migración masiva, narcotráfico e influencia china— son presentados como preocupaciones compartidas . Pero detrás de la retórica de la \»cooperación hemisférica\» se esconde una realidad más cruda: la militarización de la política exterior estadounidense hacia la región. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo expresó sin tapujos en vísperas de la cumbre: \»Nos enfrentamos a una prueba esencial para determinar si nuestras naciones seguirán siendo naciones occidentales con características distintivas, naciones cristianas bajo Dios\». Ese lenguaje apocalíptico, que vincula migración con el fin de la civilización, es el mismo que ahora Abinader suscribe con su presencia. El presidente dominicano ha construido su capital político sobre una gestión ordenada de la economía y una lucha contra la corrupción que, aunque incompleta, le ha granjeado simpatías internacionales. Pero al sentarse en esa mesa, está vinculando el destino de la República Dominicana a una agenda que en Estados Unidos es profundamente divisiva y en la región abiertamente excluyente. El dilema de China y la soberanía Otro de los objetivos declarados del \»Escudo de las Américas\» es reducir la influencia china en la zona . La doctrina Donroe apunta directamente a los proyectos de infraestructura, la cooperación militar y las inversiones de Pekín. Para un país como el nuestro, donde China se ha convertido en un socio comercial relevante, alinearse acríticamente con esta postura implica riesgos considerables. Expertos internacionales han advertido que los líderes latinoamericanos se enfrentan al desafío de equilibrar su relación con Estados Unidos sin comprometer sus vínculos económicos con China . Mientras Pekín ofrece comercio e inversión, la administración Trump ofrece aranceles, deportaciones y militarización . Abinader parece haber elegido bando, pero habrá que ver a qué precio. La foto que no miente Doce líderes, una alfombra roja y un anfitrión que los recibe en su finca de Miami. Esa es la imagen del nuevo orden hemisférico. La República Dominicana, que durante décadas construyó una política exterior basada en el diálogo y la apertura, se reduce ahora a un invitado más en la coreografía del trumpismo. Abinader ha decidido jugar en esta liga sin el menor rubor. Quizás calcula que los beneficios económicos o migratorios que pueda obtener de Washington compensan el costo ideológico. Quizás simplemente cree que esta es la nueva normalidad. Pero al hacerlo, está renunciando a un principio fundamental de la política exterior dominicana: la capacidad de relacionarse con todos sin someterse a ninguno. El \»Escudo de las Américas\» no protege a nadie. Es, más bien, un escudo que oculta la sumisión de quienes, como Abinader, prefieren el abrazo del pugilista a la incomodidad de mantener la dignidad en un continente dividido. La historia juzgará esta foto. Por ahora, queda para el registro: el presidente dominicano, sonriente en la alfombra roja de Trump, formando parte de una coalición que excluye a más de la mitad del continente y que abraza, sin matices, la visión más radical de la derecha hemisférica. Sin rubor. Sin distancia. Sin preguntas.
La oposición desmonta el relato de Abinader: “Hay una desconexión con la realidad del pueblo”
Leonel Fernández, el PLD y el Frente Amplio cuestionan las cifras oficiales y advierten sobre el alza en los alimentos, el bajo crecimiento y el deterioro de la confianza ciudadana, trazando un panorama económico y social opuesto al presentado por el mandatario. Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo. A la solemnidad del discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader ante la Asamblea Nacional le sucedió, casi de inmediato, un contraataque político metódico y escalonado. Como en un tablero donde cada jugador mueve sus piezas por separado pero con un fin común, los principales líderes de la oposición dominicana tejieron anoche una narrativa paralela que busca desmontar, cifra por cifra, el optimismo oficial. Lo que desde el Palacio Nacional se presentó como un informe de gestión exitosa, desde las trincheras opositoras se describe como un espejismo estadístico. La dinámica, tan predecible como anual, dejó nuevamente en evidencia la gran debilidad del ejercicio democrático: la incapacidad de confrontar las versiones en un mismo escenario para dilucidar, más allá de los bandos, dónde se oculta la verdad. Leonel: “Crecimos menos que nuestros vecinos” El primero en romper el fuego fue el expresidente Leonel Fernández. Desde la Casa del Pueblo Johnny Ventura, el líder de la Fuerza del Pueblo (FP) diagnosticó una \»desconexión entre la narrativa oficial y la realidad cotidiana\». Lejos de dejarse seducir por los logros enunciados por Abinader, Fernández hincó el diente en la que considera la herida más profunda del discurso: el crecimiento económico. “El mandatario no pudo ocultar el hecho fatídico de que nuestra economía en el 2024 solo obtuvo un débil crecimiento de 2.1% del PIB”, disparó el exgobernante, calificando de triunfalista un relato que, a su juicio, naufraga ante los números. Para sustentar su tesis, Fernández apeló a la geografía regional. \»La República Dominicana creció menos que Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Nicaragua. Eso no ocurría desde hace más de dos décadas\», enfatizó, subrayando además que, a diferencia del país, esos estados centroamericanos lograron contener la inflación de manera más efectiva. El líder opositor puso el foco en el bolsillo de los ciudadanos, un territorio que, según denunció, el presidente omitió en su alocución. “Los alimentos y bebidas no alcohólicas crecieron casi un 9 %. Eso es un impacto real en el bolsillo del pueblo, respecto de lo cual el presidente guardó silencio”, sentenció. PLD: La ruptura de la confianza Mientras tanto, en la sede del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el tono era igualmente severo pero con un matiz distinto: el de la herida institucional. Rodeado por los miembros del Comité Político, el secretario genera describió un país al borde de una \»ruptura profunda de la confianza ciudadana\». “Este gobierno no solo ha roto la economía, la salud, el servicio eléctrico y el acceso a la canasta básica. Ha roto lo más elemental para que funcionemos como nación: la confianza”, manifestó Pujols con vehemencia. En un mensaje que corearon como un mantra varios de los aspirantes presidenciales presentes, el PLD pintó la realidad con brochazos grises. Francisco Javier García llegó a afirmar que Abinader \»describió un territorio que no es República Dominicana\», mientras que Francisco Domínguez Brito insistió en que se \»ignoraron los problemas reales\». Abel Martínez, por su parte, resumió la percepción de su partido con una metáfora desalentadora: calificó el discurso de \»poema\». Frente Amplio: El paraíso que no existe Cerrando el círculo de la crítica, la izquierda representada por el Frente Amplio puso el acento en la calidad de vida. Su presidenta, María Teresa Cabrera, contrastó el \»paraíso\» mostrado en el hemiciclo con el drama silencioso de los hogares dominicanos. “Más allá de los datos macroeconómicos, el país enfrenta un deterioro progresivo en el poder adquisitivo. El alto costo de la vida, particularmente el precio de los alimentos y los medicamentos, golpea diariamente a las familias trabajadoras”, sostuvo Cabrera, subrayando la omisión del impacto del encarecimiento de la canasta básica en el discurso presidencial. La dirigente calificó el discurso de Luis Abinader alejado de la verdad y llamó a crear una alternativa real contra los partidos que representan al sistema, partiendo de los movimientos sociales, gente patriótica y grupos de izquierda para las elecciones de 2028. Al cierre de esta edición, el relato quedaba partido en dos. Mientras el oficialismo celebraba la estabilidad, la oposición, con Leonel Fernández a la cabeza, advertía que el verdadero rostro del país se refleja en un dato que ningún discurso puede maquillar: el casi 9 % de aumento en los alimentos que sufren quienes, cada mañana, comprueban que el crecimiento no siempre llena el carrito de la compra.
Abinader lanza su legado al espacio: de los apagones a un cohete, el presidente teje su narrativa para la historia en un discurso de 2 horas y 44 minutos
En su séptima rendición de cuentas, la más extensa de su ciclo, el mandatario combinó la promesa de un puerto espacial con el reconocimiento de las \»fallas inaceptables\» de la electricidad. Interrumpido en 130 ocasiones por los aplausos, Abinader blindó su gestión con un recuento quirúrgico de obras por provincia y un guiño a la emoción popular en la figura de un niño de Villa Altagracia. La oposición, en bloque, le replicó con un diagnóstico de retroceso y desconexión social. Por Redacción umbral.local/ Santo Domingo, R.D. – La solemnidad del 27 de febrero volvió a ser el telón de fondo sobre el cual el presidente Luis Abinader dibujó los contornos de su legado. Frente a la Asamblea Nacional, en un discurso que se extendió por 2 horas y 44 minutos —el más largo de su gestión y el segundo de su segundo mandato—, el jefe de Estado orquestó un mensaje de doble lectura: la consolidación de un \»país de récords\» macroeconómicos y de infraestructura, contrastado con el sincero reconocimiento de las heridas más sensibles de la administración cotidiana. Un conteo de este medio reveló que la alocución fue pausada en al menos 130 ocasiones por los aplausos de los legisladores oficialistas, en una muestra de respaldo que el mandatario utilizó como termómetro político para enfatizar sus logros. Sin embargo, la verdadera batalla se libró en el terreno de las percepciones, donde la oposición y sectores ciudadanos recibieron el mensaje con un escepticismo que promete marcar la agenda de los próximos meses. \»Esto era por si querían obras\»: el poder del detalle geográfico El clímax del discurso llegó cuando Abinader decidió pasar de las generalidades a lo puramente anecdótico pero electoralmente milimétrico: la enumeración de obras por provincia. Consciente de las críticas que señalan una gestión centralizada, el presidente desplegó un arsenal de cifras y proyectos que fue recibido con una ovación de casi 10 minutos, rematando con un desafiante: \»Esto es por si querían obras\» . Desde el \»sur profundo\» de Pedernales —definido como la mayor inversión histórica fuera de Santo Domingo— hasta los 385 proyectos en la provincia Santo Domingo, el mandatario tejió una geografía de la esperanza material. Anunció desde la construcción de 10 nuevos centros penitenciarios y el inicio del primer proyecto de hidrobombeo en Sabaneta, hasta la tan esperada culminación de la presa de Guayubín . En el plano social, defendió los subsidios como un escudo de dignidad, citando los más de 28 mil millones de pesos destinados a Supérate para garantizar \»un plato de comida caliente\» a casi 1.5 millones de familias . La paradoja del desarrollo: un cohete hacia el futuro y un sistema eléctrico en tierra Si hubo un símbolo de la ambición y la contradicción del discurso, fue la yuxtaposición entre el anuncio más futurista y la admisión de la falla más presente. Con una mezcla de orgullo y cautela, Abinader reveló el proyecto para construir un puerto espacial comercial en Oviedo, en alianza con la firma estadounidense Launch On Demand (LOD), con una inversión superior a los US$600 millones. \»Antes de mayo de 2028 —escúchenlo bien, porque yo sé que nos lo van a seguir preguntando— vamos a mandar un satélite o un cohete al espacio desde Pedernales, para que lo crean\», desafió el mandatario . Sin embargo, el realismo de la cotidianidad lo obligó a descender de la órbita para abordar los recientes y masivos apagones que han ennegrecido el país. En un tono inusualmente autocrítico para la liturgia del 27F, Abinader calificó las fallas como \»inaceptables\», asegurando que nos \»preocupan y nos ocupan\» . Admitió que el sistema eléctrico ha sido un reto para todos los gobiernos y prometió inversiones en transmisión para evitar nuevas crisis. Esta dualidad entre el salto al espacio y la fragilidad energética resume la compleja narrativa de un gobierno que aspira a la modernidad mientras lidia con las deudas estructurales. \»Sin educación no hay nación\»: la emotividad como ancla En medio de las cifras y los proyectos faraónicos, el presidente reservó un espacio para la ternura política. Recordó una frase escuchada de un estudiante de 13 años, Hensel Aquino García, durante una visita a Villa Altagracia: \»Sin educación no hay nación\». El gesto de invitar al joven —apodado \»pico de oro\»— y a su madre, una maestra de educación física, al hemiciclo, humanizó la tarima y permitió al mandatario conectar con la épica fundacional de Duarte, Sánchez y Mella, a quienes evocó al inicio de su alocución . \»Duarte soñó una patria justa para todos, no un país para unos pocos\», proclamó, intentando anclar su gestión en la savia de los padres de la patria. El niño, con una soltura que robó cámaras, luego declararía que \»el país ha mejorado dentro de lo que cabe\», una frase que, sin proponérselo, se convirtió en el síntesis de una jornada de contrastes . La réplica de la oposición: el espejo roto de la realidad Apenas cerrado el discurso, las espadas de la oposición se desenfundaron con rapidez quirúrgica. Leonel Fernández, presidente de la Fuerza del Pueblo, fue el primero en romper el fuego, calificando de \»inocultable el retroceso\» en materia de apagones y obras paralizadas. Replicó que la mayor ovación del acto contrastaba con la realidad de comunidades donde las promesas de infraestructura siguen siendo solo eso: promesas. Fernández insistió en que el crecimiento económico citado no se traduce en bienestar, señalando que la deuda pública supera el 58% del PIB y que el poder adquisitivo de los dominicanos sigue erosionado . Por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), su secretario general Jhonny Pujols acusó al Gobierno de presentar \»datos alterados y discursos vacíos\», cuestionando la inflación real de los alimentos, que según sus cálculos superó el 8% en 2025, y el aumento de la importación de alimentos, que ha reducido la autosuficiencia alimentaria al 72% . En una línea similar, Abel Martínez, dirigente del PLD, describió el mensaje presidencial como un \»poema\» cuidadosamente elaborado, pero advirtió: \»La República Dominicana no necesita más versos;
Discurso de Luis Abinader: Palabras que Trazan el Porvenir
Entre el balance sereno y la promesa del mañana: Luis Abinader entrega su Rendición de Cuentas 2026 ante una Asamblea Nacional que escucha, entre líneas de cifras, el pulso de una gestión que aspira a dejar huella Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO — Había en el hemiciclo una atmósfera de solemnidad contenida, esa que precede a los discursos que no solo informan, sino que aspiran a inscribirse en la memoria colectiva. Y cuando Luis Abinader tomó la palabra ante la Asamblea Nacional para cumplir con el mandato constitucional de rendir cuentas, lo hizo con la serenidad de quien sabe que, más allá de los números, lo que se juega en estas horas es la percepción de un rumbo, la confianza en un timonel que, a mitad de travesía, ofrece un mapa trazado con luces y sombras. El discurso, articulado con la precisión de quien conoce el peso de cada afirmación, se sostuvo sobre tres pilares que el mandatario cuidó de presentar no como logros aislados, sino como las coordenadas de un proyecto de país: la estabilidad económica, el fortalecimiento de la seguridad ciudadana y la modernización del transporte público. Tres frentes, tres obsesiones de gobierno, tres promesas que, a juzgar por las cifras presentadas, comienzan a tomar forma tangible. En materia económica, Abinader desplegó un catálogo de indicadores diseñados para infundir confianza. Crecimiento sostenido, control de la inflación, llegada récord de inversión extranjera y un turismo que no cesa de batir sus propias marcas. Los números, dichos con la pausa de quien no necesita levantar la voz para ser escuchado, fueron recibidos con aplausos medidos, esos que en el hemiciclo saben a respeto más que a euforia. Pero el presidente no se detuvo en el diagnóstico complaciente; anunció, además, nuevas medidas para profundizar la formalización laboral y proteger a los sectores más vulnerables, en un guiño explícito a quienes aún esperan que la macroeconomía se traduzca en bienestar cotidiano. La seguridad ciudadana ocupó un lugar central en la alocución. Con la contundencia de quien sabe que este es uno de los frentes donde la ciudadanía exige respuestas, Abinader detalló los avances en la reducción de la criminalidad, la profesionalización de los cuerpos policiales y la incorporación de tecnología para la vigilancia y prevención del delito. No hubo triunfalismo, sino la sobriedad de quien presenta resultados sin ignorar los desafíos que persisten. "Seguiremos trabajando hasta que cada dominicano recupere la tranquilidad de vivir sin miedo", afirmó, en una frase que buscó conjurar el fantasma de la inseguridad que aún pesa en barrios y comunidades. Uno de los acentos más notorios del discurso recayó en la modernización del transporte público, esa asignatura pendiente que durante décadas pareció condenada al olvido. El presidente repasó los avances del Teleférico de Los Alcarrizos, la expansión del metro y los proyectos en ejecución para integrar un sistema de movilidad digno de una capital que aspira a despojarse de su caótico pasado. En sus palabras, el transporte dejó de ser un problema logístico para convertirse en una promesa de equidad: "Movilidad es dignidad", sentenció, en una fórmula que buscó conectar la obra gris con la vida concreta de quienes la habitan. Pero hubo también espacio para la proyección. Abinader delineó los grandes proyectos de infraestructura que marcarán el año venidero: carreteras, hospitales, escuelas y sistemas de saneamiento que, según dijo, transformarán el rostro de provincias enteras. La mirada puesta en el 2026 no fue solo un ejercicio de planeación, sino un mensaje político claro: el gobierno no se duerme en los laureles del presente, sino que mira hacia adelante con la ambición de quien quiere construir legado. La audiencia, compuesta por legisladores de todas las bancadas, funcionarios del más alto nivel y el cuerpo diplomático acreditado en el país, escuchó con atención respetuosa. Los aplausos, repartidos con equilibrio, no ocultaron las fisuras propias de todo acto político, pero tampoco lograron empañar la solemnidad del momento. Porque una rendición de cuentas, más allá de los colores partidarios, es un ejercicio de transparencia que la democracia exige y la ciudadanía observa con ojos críticos. Cuando Abinader cerró su alocución, el hemiciclo se puso en pie. No fue una ovación desbordada, sino el reconocimiento institucional al hombre que, desde la tribuna, rinde examen ante la nación. Afuera, en las calles de Santo Domingo, el país seguía su curso. Pero por un instante, en el interior del Congreso, las palabras del presidente trazaron el mapa de un porvenir posible. Queda, ahora, la tarea de comprobar si las promesas se convertirán en realidades y si el rumbo anunciado conducirá, efectivamente, al puerto prometido.