UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

La inmigración y el crisol cultural de la República Dominicana

Julio Guamán

Es crucial que abordemos la inmigración desde un enfoque humano y pragmático. Regular la situación de los inmigrantes haitianos no solo es un acto de justicia social, sino también una necesidad económica. Al hacerlo, no solo se les brinda la oportunidad de vivir y trabajar dignamente, sino que también se fortalece la economía dominicana y se promueve un ambiente de paz y convivencia. Por Julio Guzmán Acosta   La migración es un fenómeno humano tan antiguo como la civilización misma. A lo largo de la historia, los grandes movimientos de desplazamiento humano han sido impulsados por condiciones económicas y políticas que obligan a las personas a buscar mejores oportunidades en tierras ajenas. La realidad es que muchos emigran para preservar su vida y huir de condiciones de vida que resultan insostenibles. En medio de esa situación, es fundamental entender que la inmigración no solo es un desafío, sino también una oportunidad para el desarrollo de las naciones. Los países más desarrollados del mundo, como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, han construido gran parte de su riqueza económica, cultural y de prosperidad, gracias a la contribución de los inmigrantes, bien estén regularizados o no. Estos individuos no solo han aportado mano de obra, muchas veces en condiciones de precariedad por su estatus migratorio, de lo que muchos empresarios se han aprovechado, enriquecido y además con sus culturas, han enriquecido la cultura local, creando un crisol cultural que enriquece a la sociedad en su conjunto. La diversidad cultural no diluye la identidad nacional; al contrario, la fortalece. La integración de las culturas de los inmigrantes enriquece el tejido social y promueve un ambiente de innovación y creatividad. En la República Dominicana, la situación de la inmigración irregular, especialmente la de los haitianos, ha sido objeto de intensos debates. Es innegable que la mano de obra haitiana es esencial para sectores económicos clave como la agricultura, la construcción y los servicios domésticos. Sin la contribución de estos trabajadores, muchos de estos sectores entrarían en crisis, afectando no solo la economía, sino también la vida cotidiana de millones de dominicanos. Sin embargo, la regulación de la inmigración debe ser un proceso que contemple tanto las necesidades del país como los derechos de los inmigrantes. No se puede exigir que los nacionales o descendientes haitianos se sientan \\\»hijos de Duarte, Mella, Sánchez o Luperón\\\» para poder vivir legalmente en la República Dominicana. La identidad nacional no se mide por la sangre, sino por el compromiso y la convivencia en un mismo espacio. La historia de nuestro país está marcada por la diversidad y la mezcla de culturas, y es precisamente esta riqueza cultural la que nos define como nación. Es crucial que abordemos la inmigración desde un enfoque humano y pragmático. Regular la situación de los inmigrantes haitianos no solo es un acto de justicia social, sino también una necesidad económica. Al hacerlo, no solo se les brinda la oportunidad de vivir y trabajar dignamente, sino que también se fortalece la economía dominicana y se promueve un ambiente de paz y convivencia. La migración es un fenómeno que no podemos ignorar. En lugar de ver a los inmigrantes como una amenaza, debemos reconocer su valor y su contribución a nuestra sociedad. Al final del día, todos somos parte de un mismo tejido humano, y es nuestra responsabilidad construir un futuro en el que todos tengamos la oportunidad de prosperar. La inmigración, cuando se gestiona adecuadamente, puede ser una fuente de riqueza y diversidad que hace más grande a nuestro país. Haitianos, venezolanos, colombianos, etcétera, al regular su estatus migratorio, crean riquezas económicas y nutren con sus manifestaciones culturales a la Republica Dominicana, eso no se discute, es un axioma. Es hora de abrir los ojos y reconocer que la verdadera fortaleza de un país radica en su capacidad para integrar y valorar a todos sus ciudadanos, sin importar su origen.

El peligro de una nueva identidad

Por Carlo Lara   “Nada más intenso que el terror de perder la identidad”, Alejandra Pizarnik El tema haitiano en la República Dominicana despierta muchas pasiones, comentarios, análisis y debates en el ámbito político, económico y social a una dimensión inexplicable. Es común ver en los barrios, calles, municipios y provincias a la gente de todos los extractos sociales opinar y hacer juicios positivos y negativos sobre la difícil y complicada situación de Haití y su impacto en nuestro país. En los últimos días, hemos visto a diferentes líderes políticos y empresarios hacer alusión a la necesidad de regularizar la situación migratoria de los nacionales haitianos que laboran en el área agrícola y la construcción, alegando que son dos sectores que se han visto gravemente lacerados luego de que el gobierno dominicano encabezado por el presidente Luis Abinader, anunciara y ejecutara un amplio plan de deportaciones, con el propósito de devolver a su país de origen unos 10 mil indocumentados haitianos semanales. El argumento principal de los interesados del área agrícola, son las grandes pérdidas a la cual se enfrentaría el país en caso de que las plantaciones de arroz, tabaco, entre otros alimentos no cuenten con la mano de obra haitiana. El mismo planteamiento hacen los empresarios del sector construcción, quienes ya han anunciado la paralización de obras en la región Este y otros puntos del país debido a la escasez de trabajadores haitianos. Cada punto señalado por estos actores de la vida nacional y económica en tal sentido de alguna manera tienen razón, ahora bien, nos surge una importante interrogante: ¿Cuál sería el costo político, social y económico que pagaría la República Dominicana al privilegiar a estos sectores? Hablemos un poco del costo social y económico que por décadas ha arrastrado la República Dominicana al brindar concepciones a los nacionales haitianos en condición de indocumentados no solo en la agricultura y la construcción, debemos recordar que aéreas como la salud, la educación entre otras, también se han visto afectada con la proliferación de la migración haitiana indocumentada en el país. Nuestra reflexión la sustentamos en el hecho de que en la actualidad hay 200 mil alumnos de los casi 2 millones que cursan básica y secundaria en las escuelas públicas, de esta cantidad 143 mil, son de origen haitiano, representando el 71.5%. de la totalidad de extranjeros matriculados en las escuelas del país, según datos ofrecidos por el propio canciller dominicano Roberto Álvarez. Ahora bien, estarán estos niños en su gran mayoría hijos de padres indocumentados haitianos en la capacidad psicológica y con el compromiso social, moral y patriótico de asumir a los padres fundadores de la dominicanidad, ¡Por supuesto que no!, eso será imposible, y es simple, ellos pertenecen a otra cultura social y más que eso vienen de familias comprometidas moral y emocionalmente con su país de origen Haití. De igual manera no podemos dejar de mencionar que los últimos datos del repositorio de Información y Servicios de Estadística del Servicio Nacional de Salud (SNS) indicando que, durante los dos primeros meses del año 2024, en el país fueron atendidos 5,488 partos a madres de origen haitiano, representando el 35% de los 15,661 nacimientos documentados. Sería interesante conocer de parte de algunos empresarios y políticos que proponen regularizar a los nacionales haitianos que trabajan la agricultura y la construcción. ¿Cuál sería el mecanismo de regularización: permisos de trabajo o legalización?, ¿Están esto permisos contemplado en la Ley General de Migración? y por último ¿Este plan incluiría a sus familiares; esposas e hijos? Insistimos la República Dominicana necesita un marco legal que garantice el control de la migración de indocumentados haitianos, pero además que a través de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y la Dirección General de Migración puedan generar estadísticas, seguras y confiables de cada uno de los nacionales haitianos en el país. El Estado está en la obligación de redoblar los esfuerzos en proteger los pasos fronterizos que durante décadas han sido un desorden, lleno de corrupción sin importar el gobierno de turno. Viendo este panorama complicado y difícil, nos surgen varias interrogantes; está la República Dominicana dispuesta a pagar un precio tan alto como la amenaza de perder su identidad para los próximos 30 años, a través del trueque de la llegada de cientos de haitianos que hoy algunos políticos y empresarios sugieren les sean entregados sus papeles para poder trabajar legal en el país. Decía la escritora y compositora americana Miley Cyrus: “Nunca debemos perder nuestra identidad, eso es lo que nos hace únicos y especiales”. Sabías palabras de Cyrus, en la actualidad la cantidad de nacionales haitianos en la República Dominicana es incierta, las autoridades no cuentan con datos certeros y definitivos de la cantidad de haitianos en el país, de lo que, si estamos seguros, es que son muchos en todo el territorio dominicano, situación que pone en peligro a corto y largo plazo la preservación de la identidad nacional. Del gobierno dominicano no hacer frente e instituir un marco legal y definitivo para todas las áreas económicas del país, en donde la mano de obra haitiana sea regulada como lo establece la Ley de Migración, es imposible contrarrestar una situación que se encuentra desbordada y en total descontrol. Sin lugar a duda que esta situación pone en peligro de extinción la identidad nacional debido a la proliferación de un grupo étnico que florece cada día sin control, forzando de manera inequívoca el nacimiento de una nueva sociedad integrada por jóvenes que no representan de ninguna manera el pensamiento de Juan Pablo Duarte y los demás próceres fundadores de la nación dominicana. El presidente Luis Abinader tiene el gran reto de proteger la identidad nacional, de preservar nuestras costumbres, cultura y religiones, implementar medidas humanas que permitan garantizar el respeto a los valores patrios y que el futuro de la sociedad dominicana no se encuentre bajo la amenaza de una mezcla cultural diferente e incompatible, esta sería la única forma de evitar que en la República Dominicana florezca una

La legalidad de los haitianos trabajando aquí

En sí, los contratos que se firmaron durante los años 1978 y 1979 entre el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y el gobierno de Haití, lo que hacían era legalizar el tráfico de braceros haitianos. Por Ramón A. (Negro) Veras   1.- En nuestro país, ante la necesidad de la mano de obra haitiana en la agricultura, parte pesada de la industria de la construcción y un sector del turismo, actualmente se ha tocado el tema de la legalidad o no de esos inmigrantes en el mercado laboral. 2.- En el año 1985, escribimos la obra \\\»Migración Caribeña y un Capítulo Haitiano\\\», en la cual abordamos el tema de la situación de nacionales haitianos trabajando como braceros en el corte y tiro de la caña en los ingenios azucareros dominicanos. 3.- He aquí el contenido íntegro de cómo tratamos la legalidad y llegada al territorio nacional de los haitianos a ejecutar labores en los centrales azucareros, y los marcos legales bajo los cuales desarrollaban sus actividades. 4.- Desde 1940 hasta el año 1952, los braceros que trabajaban en la República Dominicana lo hacían en forma ilegal como consecuencia del tráfico clandestino. 5.- En carta enviada por Rafael Leónidas Trujillo Molina, al Presidente del Senado Dominicano en fecha 28 de enero de 1952, mediante oficio número 3261, le manifiesta los \\\»deseos de los gobiernos de la República Dominicana y Haití de reglamentar la contratación de jornaleros haitianos para trabajar temporalmente en la República Dominicana, en las empresas agrícolas o de carácter agrícola-industrial\\\». También le explica en la carta que en el acuerdo que somete a la aprobación del senado se establece que se harán las diligencias necesarias para que los jornaleros agrícolas que han entrado ilegalmente a la República Dominicana antes de la firma del mismo, sean repatriados por las empresas donde ellos trabajan actualmente, al terminar la zafra de 1951 y 1952”. 6.- El acuerdo de 1952 tenía una duración de cinco (5) años y constaba de diecisiete (17) artículos. Este acuerdo fue aprobado conjuntamente con un formulario de contrato de trabajo que debía de ser firmado por la empresa que contrataba al bracero y por este. 7.- El aludido acuerdo del 1952 expiró el 25 de enero de 1958. En fecha 21 de diciembre de 1959 fue firmado un nuevo acuerdo, con duración de 5 años, para la entrada de braceros haitianos a la República Dominicana. Ese acuerdo, al igual que el de 1952, tenía anexo un contrato de trabajo individual que debía de ser firmado por el bracero contratado. 8.- El 14 de noviembre de 1966 fue firmado un nuevo acuerdo entre el gobierno dominicano y el de Haití. Tenía una duración de 5 años y estaba acompañado, al igual que los acuerdos de 1952 y 1959, por un formulario de contrato de trabajo individual. 9.- El acuerdo firmado el 14 de noviembre de 1966 establecía en su artículo 20 “que es válido por 5 años y renovable conforme  el interés de las partes”. 10.- Aunque el acuerdo de 1966 expiró el 14 de noviembre de 1971, se siguieron  trayendo braceros haitianos con base en  acuerdo que ya no tenía vigencia. Así, en fecha 14 de octubre de 1978, fue firmado entre el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y el gobierno de Haití, un contrato mediante el cual el CEA se comprometía a reclutar en Haití 15, 000 obreros agrícolas haitianos. Ese convenio no tenía anexo ningún formulario de contrato individual de trabajo. 11.- El 18 de diciembre de 1979 fue firmado un nuevo contrato entre el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y el gobierno de Haití para que el CEA contrate en Haití 14,000 obreros agrícolas haitianos que necesitaba para los ingenios azucareros dominicanos.  12.- Es importante señalar que si a los acuerdos firmados en 1952, 1958 y 1966 se anexaba un contrato de trabajo individual, en los formalizados entre el CEA y el gobierno de Haití durante los años 1978 y 1979 no existe ningún contrato de trabajo. Lo que hay en estos dos últimos convenios es una verdadera venta de braceros al por mayor. 13.- El Consejo Estatal del Azúcar (CEA) enviaba a Haití a sus representantes a buscar la cantidad de haitianos que necesitaba, y el gobierno de Haití se lo entregaba mediante el pago de una determinada suma. Haití no sabía qué haitiano venía a la República Dominicana traído por el CEA, y esto se desprende de la lectura del artículo (13) de los contratos firmados entre el CEA y el gobierno de Haití en 1978 y 1979 que dicen \\\»que el Consejo Estatal del Azúcar se compromete a repatriar al final de la zafra… obreros agrícolas haitianos, los cuales deben ser los mismos que habían sido reclutados en los diferentes centros establecidos en Haití para la contratación de dichos obreros\\\». Esto demuestra que, al final de la zafra, el CEA cumplía con ese artículo entregando al gobierno de Haití un haitiano cualquiera, con la condición que le diga que fue \\\»el mismo\\\» que había reclutado. 14.- En sí, los contratos que se firmaron durante los años 1978 y 1979 entre el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y el gobierno de Haití, lo que hacían era legalizar el tráfico de braceros haitianos. 15.- La suma que el gobierno de Haití recibió por la entrega de los 15,000 braceros en 1978, figura \\\»muy disimulada\\\» en el artículo 10 del contrato cuando dice \\\»para cumplir gastos originados por el reclutamiento de los 15,000 obreros agrícolas haitianos y su transporte desde los centros de reclutación hasta Malpasse, el CEA se compromete a pagar al gobierno de Haití la suma de US$ 1, 225,000.00 (un millón doscientos veinticinco mil dólares) en moneda norteamericana\\\». Idea final 16.- De la misma forma que en el año 1952 se comenzaron a formalizar acuerdos entre la República Dominicana y Haití, para la entrada de braceros haitianos a trabajar en los centrales azucareros y empresas agrícolas, ahora también le es posible a los dos países suscribir convenios a los fines de que

Migración y mano de obra

Por Claudio Caamaño Vélez   La migración es un fenómeno natural de la humanidad, impulsada principalmente por la necesidad económica, donde personas salen de sus países y van a otros que tendrán mejores condiciones con la esperanza de prosperar. En los países receptores la mano de obra migrante se dedica a hacer aquellos trabajos que los ciudadanos de ese país no hacen, sea por su dureza o su baja remuneración. En la República Dominicana la mano de obra haitiana es fundamental en áreas como la construcción y la agricultura. Razón por la cual esos sectores se han visto afectados con las medidas tomadas por el gobierno para poner control al desborde migratorio, fruto de la inestabilidad social, económica y política que vive Haití. Por un lado, debemos darle razón al gobierno, pues está cumpliendo con su responsabilidad de aplicar las leyes, sobre todo ante una situación insostenible como la que se vive hoy día. Por otro lado, hay que reconocer la necesidad de mano de obra migrante en sectores que sí o sí requieren grandes cantidades de mano de obra. Una solución podría ser la creación de un registro de trabajadores extranjeros, donde los trabajadores registren sus empleados y el Estado Dominicano levante los datos biométricos de estos, quedando el empleador como garantía ante las autoridades de migración. Esto permitiría regularizar la mano de obra migrante, dotándoles de un estatus que les permita vivir con dignidad y tranquilidad. Así también contribuirían a la seguridad social y aportarían recursos al Estado. Con una medida así, sin dudas, el país se beneficiaría mucho… Aunque a algunos se les acabaría su negocio. Veremos qué sucede.

La situación de Haití: Un panorama complejo

Más que fuerzas militares, Haití exige asistencia en salud, alimentación, educación, viviendas, calles, aceras, contenidos, agua potable, medicinas y otras muchas cosas que no lo pueden aportar hombres armados, enviados desde lugares lejanos a enfrentar la violencia. Por Patricia Arache   Cuando el poeta español Antonio Machado escribió “ ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios, contigo porque me matas y sin ti, porque yo no puedo ”, no proyectaba que ese estribillo quedaría tan bien aplicado a unas relaciones que históricamente han sido de amor y de odio, y cuyos protagonistas, las Repúblicas Dominicana y la de Haití, están conminadas a entenderse, sí o sí. Las letras popularizadas después por el cantante también español Emilio José, a modo de copla, se adaptan al momento que existe en medio de la prolongación de la crisis socioeconómica de Haití, que, además de la violencia social, sigue sumergido en un abismo angosto de carencias totales. Mucho tardaron representantes de sectores laborales dominicanos, al poner el grito al cielo, tras el anuncio del gobierno de Luis Abinader de que repatriaría a por los menos diez mil nacionales, en condición de indocumentados, cada semana. No se sabe si el elevado número de repatriaciones prometidas por el gobierno se ha estado cumpliendo, pero sí está claro que representantes de los sectores de la construcción y de la agricultura, principalmente, han elevado su voz, porque sobre los hombros de los haitianos es que descansa, casi por completo, las áreas a las que pertenecen. La historia de Haití ha estado marcada por una inestabilidad política crónica, golpes de Estado, desastres naturales y el aumento significativo de la violencia de pandillas, con un clima de inseguridad tal que dificulta hasta la sobrevivencia de hombres, mujeres y niños en esa nación. El vecino Haití es una nación de instituciones débiles, de liderazgos atomizados y de ausencia de estructuras físicas, éticas y morales que permiten pensar en una salida a corto plazo a la crisis social, económica y política que enfrenta. Las naciones que conforman los organismos internacionales competentes parecen ser ciegas, sordas y mudas frente a una realidad que es cada vez más complicada y que, sin duda, coloca a la República Dominicana en una de las peores situaciones de los últimos tiempos, respecto al flujo. migratorio desde ese lado de la isla. Es obvio que las causas de la crisis haitiana son múltiples y complejas, y se remontan a su historia colonial, la independencia, y las intervenciones extranjeras y cuando a una nación, aparte de República Dominicana, que paga los platos rotos, piensa en “ayudar”. ”, solo se enfoca en una parte del problema, que, aunque grave porque genera sangre, dolor, muerte y luto, no es lo peor que enfrentan los haitianos. Más que fuerzas militares, Haití exige asistencia en salud, alimentación, educación, viviendas, calles, aceras, contenidos, agua potable, medicinas y otras muchas cosas que no lo pueden aportar hombres armados, enviados desde lugares lejanos a enfrentar la violencia. Se requiere impulsar un modelo de desarrollo económico que genere empleo y reduzca la pobreza, pero que también sea sostenible a largo plazo y que la nación pueda dar un salto, que no sea al vacío, como ocurre continuamente. La comunidad internacional debe apoyar a Haití, pero de manera coordinada y con un enfoque a largo plazo, es el discurso más democrático, humano y solidario que se puede pronunciar. Las autoridades de República Dominicana reclaman una y otra vez esa ayuda, porque, es obvio, que el desarrollo de Haití no depende de que el territorio nacional esté lleno de haitianos, sino de que se pueda lograr que los vecinos de ese país se queden y se desarrollaron en su territorio, aunque ese enfoque no parece entenderlo los políticos de esa nación, y queda en evidencia cuando se limitan a rechazar las repatriaciones de indocumentados. Tampoco parecen entenderlo representantes de sectores empresariales del país que, en medio del torbellino y lejos de comenzar a buscar a la ausencia de la mano de obra haitiana no documentada, se aferran a emitir fuertes lamentos y pronósticos soluciones sobre el advenimiento de grandes crisis en sus sectores y, por ende, en la economía nacional. ¡Qué difícil es la cosa!

Canciller Roberto Álvarez dice en la ONU que la República Dominicana tomó medidas por los \\\»pocos resultados\\\» de la misión en Haití

El ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, reiteró que \\\»la crisis que arropa Haití es su responsabilidad, empeorada por la falta de apoyo oportuno y sostenido de la comunidad internacional\\\» Por Servicios umbral.local/ En un ambiente marcado por la incertidumbre y la preocupación, el Consejo de Seguridad de la ONU se convirtió en el escenario de un intercambio tenso entre representantes de Haití y la República Dominicana. El canciller dominicano, Roberto Álvarez, puso en el centro del debate la crítica situación de seguridad en Haití y las implicaciones que tiene para su país, especialmente en lo que respecta a la migración irregular y la creciente ola de deportaciones. A tres meses de la llegada de la Misión Multinacional de Seguridad en Apoyo a Haití, la cifra de soldados desplegados es extremadamente baja: solo 410 de los más de mil que se habían prometido se encuentran en el terreno. Este escaso despliegue ha llevado a Álvarez a cuestionar la efectividad de la misión, señalando que la falta de apoyo internacional ha limitado su capacidad para enfrentar a las bandas criminales que desestabilizan a la nación vecina. \\\»El incesante flujo de migrantes con estatus irregular en el país y los riesgos potenciales de que la violencia generada por el crimen organizado en Haití traspase la frontera\\\», fueron solo algunos de los argumentos que el canciller utilizó para justificar la intensificación de las deportaciones de haitianos. Aseguró que la República Dominicana ha hecho un gran esfuerzo al acoger a 147,000 estudiantes haitianos en sus escuelas y dedicar un 16% del presupuesto de salud a la población haitiana, pero dejó claro que \\\»hay límites\\\». En contraposición, el embajador de Haití ante la ONU, Antonio Rodrigue, denunció las deportaciones como una violación de los derechos humanos y un principio de vecindad que, según él, agrava la crisis de su país. \\\»Esta oleada repentina de personas, devueltas de manera brutal y sin una coordinación entre ambos países, pone en graves aprietos nuestra capacidad de responder a las necesidades humanas urgentes de ese contingente\\\», declaró con una mezcla de frustración y desesperación. Rodrigue hizo un llamado a la comunidad internacional para que intervenga y ponga fin a lo que considera \\\»graves violaciones a los derechos humanos\\\», mientras que el canciller dominicano respondía a tales llamados con claridad. \\\»El gobierno dominicano no puede aceptar el insensato llamado a detener las repatriaciones\\\», afirmó, enfatizando que permitir esto equivaldría a abrir las fronteras y fomentar una mayor migración irregular. La sesión del Consejo se tornó aún más sombría cuando la representante Especial del secretario general para Haití, María Isabel Salvador, presentó un informe que confirmaba el deterioro de la situación en Haití. En su exposición, Salvador destacó que las áreas más afectadas por la violencia de las pandillas han aumentado, y aunque hubo avances en la lucha contra el crimen organizado, estos eran insuficientes. Por su parte, el gobierno de Kenia, que también participa en la misión, coincidió con la posición dominicana al señalar la necesidad de completar el despliegue de 1,500 soldados para poder ofrecer un apoyo efectivo a la Policía haitiana. Hasta la fecha, solo un puñado de países se ha comprometido a unirse a esta misión, lo que deja a la comunidad internacional ante el reto de actuar con urgencia. La sesión concluyó sin resoluciones claras, dejando en el aire la pregunta sobre cómo proceder ante una crisis que, más que nunca, exige atención y acción inmediata. Mientras tanto, las deportaciones de haitianos continúan, marcando un capítulo más en la compleja relación entre dos naciones que comparten no solo una frontera, sino también una historia entrelazada que clama por soluciones efectivas y humanitarias.

Papa Francisco pide más apoyo para Haití ante aumento de la violencia

Ciudad del Vaticano, 13 oct (Prensa Latina) El papa Francisco hizo hoy un nuevo llamado para que se eleve el apoyo a nivel mundial en la búsqueda de una solución a la grave situación en Haití, país afectado por la violencia de grupos armados. PRENSA LATINA   Un comunicado divulgado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede señala que, tras el rezo del Ángelus al mediodía de este domingo, desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano ante unos 20 mil fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, Francisco pidió que “nunca olvidemos a nuestros hermanos y hermanas haitianos”. “Pido a todos que oremos para que cesen todas las formas de violencia y, con el compromiso de la comunidad internacional, sigamos trabajando para construir la paz y la reconciliación en ese país, defendiendo siempre la dignidad y los derechos de todos”, expresó el sumo pontífice. El papa aseguró que sigue la dramática situación en esa nación caribeña, “donde continúa la violencia contra la población, obligada a huir de sus hogares en busca de seguridad en otros lugares, dentro y fuera del país”. Un reporte publicado en el sitio digital del diario Vatican News, refiere que esas palabras del Pontífice estuvieron motivadas por el deterioro de la seguridad haitiana, pues más de tres mil 600 personas murieron allí por día durante el primer semestre de 2024, número superior al registrado en igual período del pasado año. En la actualidad muchos niños “son reclutados por grupos criminales, que ahora controlan el 80 por ciento de la capital, Puerto Príncipe, tras intensificarse las operaciones policiales por fuerzas multinacionales y locales”, asevera la fuente. La nota cita informes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), según los cuales en la actualidad aproximadamente 2,7 millones de personas, entre ellas medio millón de niños, están obligadas a vivir bajo el control de bandas que siguen provocando cientos de muertes.

Las deportaciones masivas de haitianos: No resuelven el problema de fondo, al contrario, lo relega y agrava, teniendo además un impacto negativo en el terreno económico

Julio Guamán

Por Julio Guzmán Acosta   La reciente ola de deportaciones masivas de haitianos dispuesta por el gobierno de Luis Abinader y el PRM desde la República Dominicana ha generado un intenso debate sobre los derechos humanos, la economía y la identidad nacional. La situación es preocupante, pero no se puede ignorar el impacto positivo que la comunidad haitiana ejerce en la economía dominicana, independientemente de su estatus migratorio. Los haitianos han sido una parte clave del desarrollo económico del país desde siempre y con mayor impacto en los últimos años, especialmente en sectores fundamentales como el agrícola, la construcción y los servicios domésticos. En el campo, su mano de obra es indispensable; los productores agricultores dominicanos dependen de su trabajo para mantener la producción de alimentos, especialmente en un país donde la agricultura enfrenta retos constantes como la escasez de trabajadores dominicanos. Sin embargo, este aporte no siempre es reconocido ni valorado, y muchos de estos trabajadores carecen de condiciones laborales dignas y seguras. En la construcción, el papel de la mano de obra haitiana es igualmente crucial. Su fuerza laboral por las condiciones de contratación, que en muchos casos no está registrada como contratación oficial, resulta más barata para los empresarios, lo que ha permitido que muchas obras se realicen en tiempos más cortos y con costos reducidos. Del mismo modo, en el sector de servicios domésticos, muchas familias dominicanas dependen de los haitianos para el cuidado del hogar y la atención a los niños. Este trabajo, aunque a menudo invisibilizado y desvalorizado, es el cimiento que sostiene gran parte de la estructura social de muchas familias dominicanas. Sin embargo, la política de deportaciones masivas pone en riesgo no solo a los individuos, sino también a las dinámicas económicas que han llegado a depender de su labor. La repatriación no solo afecta a los adultos, sino que también deja desamparados a sus hijos e hijas nacidos en República Dominicana y que muchos de ellos no cuentan, ni con documentos dominicanos, ni haitianos, lo mismo ocurre con sus parejas. Las familias separadas sufren no solo la pérdida emocional, sino también el impacto financiero, dejando a muchas mujeres y niños en un estado de vulnerabilidad extrema sin el apoyo del proveedor principal familiar, que en la mayoría de los casos es el padre. Además, es preocupante la falta de consideración por los derechos de aquellos que son deportados, especialmente en casos donde los haitianos cuentan con documentos legales en la República Dominicana. La repatriación de estos individuos no solo es un acto ilícito, sino una violación directa de sus derechos humanos. Es un absurdo que en momentos donde se habla tanto de derechos civiles y humanos, se ignoren las circunstancias legales y se actúe con tanta inhumanidad. La falta de un debido proceso en las deportaciones masivas es alarmante, creando un ambiente de miedo y desconfianza entre la población migrante haitiana. La economía dominicana debe reconocer que los migrantes haitianos, tanto regularizados como no regularizados, son una parte integral del tejido económico. Ignorar su contribución y someter a la comunidad a un trato injusto no solo es moralmente incorrecto, sino que también socava los cimientos de una economía que se beneficia significativamente de su trabajo. La historia ha demostrado que la inclusión es un camino correcto hacia la prosperidad, y la exclusión puede llevar a un deterioro del entorno social, económico, político y caldo de cultivo para el deterioro de las ya maltrechas relaciones entre ambos países. Es fundamental que el país desarrolle políticas migratorias que no solo se ocupen de la seguridad nacional, sino que también respeten los derechos humanos y la dignidad de las personas. El contenido central de esa política debe estar enfocada hacia la regularización y la inclusión, en lugar de la criminalización y el miedo. En este sentido, la presión de la comunidad internacional y la sociedad dominicana en su conjunto juega un papel vital para que la República Dominicana pueda construir una narrativa de convivencia y respeto hacia nuestros vecinos haitianos. En resumen, las deportaciones masivas de haitianos son un problema que va más allá de los límites políticos y económicos; es un desafío moral. La riqueza cultural y económica que los haitianos aportan a la República Dominicana debe ser reconocida y celebrada, no relegada al olvido. Las soluciones deben centrarse en la inclusión y la protección de los derechos de las comunidades migrantes, asegurando que sus vidas y sus contribuciones no se vean sacrificadas en nombre de políticas migratorias restrictivas. La República Dominicana tiene la oportunidad de demostrar que es un hogar para todos, donde los derechos y dignidades de todas las personas son valorados y protegidos.

En República Dominicana pedimos trato digno hacia los/as haitianos/as

Por Mildred Dolores Mata La isla compartida por Haití y República Dominicana tiene en común trabajos compartidos, medio ambiente, economía… Tenemos diferentes sentimientos, posiciones, sobre todo por el valor de las personas y por el reconocimientos de aportes de los haitianos y de sus descendientes. El gobierno de RD acaba de anunciar que se deportarían 10,000 inmigrantes haitianos/as por semana. Hasta ahora no se ha tenido capacidad de desarrollar procesos ordenados y humanizados de deportaciones por lo que se expresa rechaza y sentimientos de temor, desconfianza. En Haití, autoridades y organizaciones de la sociedad civil igual se han expresado de apoyar la ejecución de acciones para que las personas deportadas tengan una acogida digna, y también han pedido lo mismo que organizaciones de RD: trato digno. Diversas instituciones, organizaciones, medios de comunicación, personas, han estado expresando su sentir de que en RD seamos respetuosos en la aplicación de las leyes y reglamentaciones, convenios internacionales en las deportaciones de haitianos/as. Además de que se regularice la estadía de descendientes de haitianos/as nacidos/as en RD y no se les deporte violentando sus derechos. El respeto a la dignidad humana debe ser el eje de todas las acciones estatales y sociales. Se quiere llamar la atención de manera prioritaria en lo expresado por las Instituciones y organizaciones “…denunciaron que niñas y niños están quedando abandonados, sin protección familiar debido a las deportaciones arbitrarias de sus madres, lo que tiene un impacto devastador no solo en la parte económica, al ser las madres las principales proveedoras, sino también en su desarrollo emocional y psicológico.”  https://acento.com.do/politica/feministas-repudian-las-deportaciones-masivas-de-inmigrantes-haitianos-9405757.html A final de esta semana ha sido violentado el local del Movimiento Sociocultural para los Trabajadores Haitianos, MOSCTHA, para cuya institución se ha pedido respeto y seguridad. Organizaciones firmantes A turma da bahiana Activista Feminista internacionalista Activistas Feministas de la Laguna ADEMKAN Asi soy Asociación de Médicos Mixto Internacional (AMMI) Asociación por la Libertad de las personas Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) Ce-Mujer Centro de Derechos de Mujeres Centro de Estudios de Género (CEG-INTEC) Centro Mujeres AC CIMUDIS (Círculo de Mujeres con Discapacidad) CIPAF (Centro para Investigación la Acción Femenina) CLADEM – Uruguay CLADEM-RD Colectivo Género y Teología para el Desarrollo Colectivo Rebeldía COLEHT COMIDHI COMITÉ por la Unidad y los Derechos de la Mujer – CUDEM Conexión Intercultural por el Bienestar y la Autonomía La Ceiba Confederación Nacional de Mujeres del Campo – CONAMUCA Cotidiano Mujer/AFM Diversidad Dominicana Equidad de Género Equipo de Mujeres en Desarrollo Familias Diversas FFMP, Foro Feminista Magaly Pineda FSOC/UBA FUNDACIÓN DE SALVACIÓN MENA FUNDESA Instituto de Filosofía Cuba Junta de Mujeres Mamá Tingó (Haina) Merino Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres MONDHA Mosctha, Movimiento Sociocultural para los Trabajadores Haitianos Movimiento de mujeres Domínico Haitianas – MUDHA. Mujeres Sociopolíticas Mamá Tingó NAM, Núcleo de Apoyo a las Mujeres Organización de Apoyo Comunitario Personal Plataforma SoycaribeSoymujer Radio Tele C Plus Red de mujeres de SC Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe – RSMLAC RED DOMINICANA DE MUJERES FILÓSOFAS Red LESLAC – Red de Organizaciones de Lesbianas y Bisexuales de Latinoamérica y el Caribe Red Nacional de apoyo a personas migrantes y refugiadas LGBT México Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en el Estado de México (ddeser Edomex) SEDRA Spatium Libertas AC Tertulia Feminista Magaly Pineda Tertulia Feminista SUR Unión Democrática de Mujeres -UDEMU- Universidad Nacional de Colombia Uphard

Deportación masiva de haitianos compromete agricultura en Dominicana

Santo Domingo. El director de la Asociación Dominicana de Productores de Banano (Adobanano), Martín Edwardo, alertó hoy acerca de las pérdidas que ocasiona al sector la deportación masiva de haitianos, por constituir una fuerza de trabajo sustancial. Por Julio Guzmán Acosta   Edwardo sostuvo que el plan migratorio del Gobierno «genera mucha incertidumbre en los productores que semanalmente preparan el empaque del banano y también ocasiona inseguridad entre los compradores porque existe el riesgo de incumplimiento”. Igual ocurre en el segmento del arroz, cuyos representantes afirmaron que sienten la presión del plan de la Dirección General de Migración en las zonas de Montecristi y Mao. Explicaron que esos territorios se encuentran en plena preparación de los terrenos para luego regar las semillas, y la disponibilidad de la mano de obra es escasa, mientras la persecución de las autoridades es mayor. Edwardo manifestó que los haitianos no quieren salir a la finca a trabajar por temor a ser deportados, mientras otros decidieron de forma voluntaria regresar a la nación fronteriza para no perder sus pertenencias en caso de ser devueltos. Alertó que la situación es complicada debido a la escasez de mano de obra, sobre todo en la zona de Valverde y Montecristi. Por esa razón, el director de Adobanano instó a regularizar a los trabajadores con visas de empleo temporal, para así tener garantía de que los mismos no serán deportados. «Estamos de acuerdo con se cumpla la ley, pero para salvar la industria del banano es necesario regularizar a los trabajadores ya que es la única manera de poder cumplir con los contratos establecidos, argumentó. Por su parte, el presidente de la Federación Nacional Dominicana de Productores de Arroz (Fenarroz), Marcelo Reyes, detalló que presentan escasez en la disponibilidad de la mano de obra, lo que encarece le hora de trabajo a un ritmo sin precedente, con un incremento de hasta un 15 por ciento. Explicó que esta situación, a medio plazo, podría derivar en un aumento de los costos de producción y la sostenibilidad del sector, lo que reduciría la disponibilidad de alimentos para la población y un alza de los precios. El presidente de Fenarroz defendió la protección de las fronteras mediante la implementación de mecanismos que garanticen que «solo entren los trabajadores para cada sector específico y con permiso de trabajo a un territorio o demarcación del país». La meta del gobierno es deportar hasta 10 mil migrantes haitianos irregulares a la semana. El pasado lunes, la Dirección de Migración informó que en los primeros cinco días del operativo había devuelto a su país a siete mil 217 ciudadanos en condición irregular. Hace una semana, a raíz del anuncio del Poder Ejecutivo, Adobanano solicitó al Gobierno que otorgue permisos de permanencia en el país a 14 mil trabajadores de la vecina nación.