Moscú Exige a Washington la Liberación Inmediata de Maduro y su Esposa
Rusia insta a EE.UU. a \»reconsiderar\» la captura del mandatario venezolano, calificándola de violación inaceptable de la soberanía, y aboga por una salida dialogada a la crisis tras una llamada entre Lavrov y la vicepresidenta Rodríguez. Por Ángel F. Guzmán MOSCÚ, sábado.— En la primera reacción de una potencia global con peso en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia ha exigido formalmente a Estados Unidos la liberación inmediata del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, tras confirmarse su captura por fuerzas estadounidenses. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, en un comunicado de firme tono diplomático, instó a Washington a “reconsiderar esa postura” y a poner en libertad “a un presidente que fue legítimamente elegido”, defendiendo con ello el principio de soberanía nacional y no intervención. La declaración oficial, emitida este sábado, constituye el posicionamiento más claro y contundente hasta el momento de una potencia rival de Estados Unidos frente a la operación militar que culminó con el bombardeo de objetivos en Caracas y la posterior aprehensión de los mandatarios. “Instamos encarecidamente a las autoridades estadounidenses a liberar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa”, rezaba el texto, que además abogó por “la creación de unas condiciones que permitan resolver el conflicto existente a través del diálogo”. Una crisis que escala hacia una confrontación global El pronunciamiento de Moscú se produce tras una conversación telefónica entre el canciller ruso, Serguéi Lavrov, y la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien horas antes había asumido la conducción del gobierno ante la ausencia forzada de Maduro y exigido una “prueba de vida” a la administración Trump. Este contacto de alto nivel desmiente las especulaciones de algunos medios occidentales que sugerían un posible viaje de Rodríguez a Rusia, y en su lugar subraya el firme apoyo político de Moscú a Caracas en medio de la convulsión. Previamente, la portavocía de Exteriores rusa ya había exigido aclaraciones sobre el paradero del presidente venezolano, advirtiendo que su captura sería una “violación inaceptable” de la soberanía de un Estado independiente. La nueva declaración oficial convierte esa advertencia en una exigencia concreta y pública, colocando a Rusia a la cabeza de la oposición internacional a la acción unilateral de Estados Unidos. El tablero geopolítico se redefine La firme postura de Rusia no es un gesto aislado. Representa la entrada formal en la crisis de un actor con veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y con profundos intereses estratégicos, económicos y militares en Venezuela, país al que ha brindado apoyo financiero, diplomático y de defensa durante años. Al calificar a Maduro como un presidente “legítimamente elegido”, Moscú rechaza de plano la narrativa estadounidense que durante años lo ha deslegitimado, y se alinea explícitamente con el gobierno constitucional venezolano. Este movimiento configura un escenario de alta tensión entre dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, justo cuando el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y otros líderes regionales han exigido una sesión de emergencia del organismo. La demanda rusa de liberación y diálogo contrasta diametralmente con la justificación estadounidense de un “juicio penal” en suelo norteamericano, anticipando un choque diplomático de proporciones en el corazón de la gobernanza global. La crisis venezolana ha trascendido, en cuestión de horas, el ámbito regional para convertirse en un punto de fricción entre grandes potencias. El llamado de Moscú es un primer acto en lo que promete ser una prolongada batalla en los pasillos de la ONU, donde la legalidad internacional y el futuro de la soberanía en el siglo XXI serán puestos a prueba.
La Agresión a Venezuela es la Piratería del Siglo: El Petróleo como Botín de Guerra

El ataque militar estadounidense que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro no es un capítulo aislado de la supuesta lucha contra las drogas, sino la manifestación más cruda de una doctrina imperial que, desde Irak hasta Libia, busca el control de los recursos estratégicos bajo el disfraz de una misión civilizadora. Por Julio Guzmán Acosta La historia, con su memoria implacable, nos obliga a mirar el presente con los ojos del pasado. El anuncio de que fuerzas militares de los Estados Unidos han bombardeado Caracas, La Guaira y Aragua, para después capturar y extraer del territorio nacional al presidente constitucional Nicolás Maduro y a la primera dama Cilia Flores, no es un evento inaudito. Es, por el contrario, la repetición de un guión neocolonial cuyas páginas están manchadas con el petróleo de Medio Oriente y la sangre de naciones soberanas. Vestir esta agresión con el ropaje de la “lucha contra el narcotráfico” es un insulto a la inteligencia internacional y una burda justificación que ya hemos visto desplegarse antes. Lo que se juega en las ricas tierras de la patria de Simón Bolívar no es la moralidad global, sino el control de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el senador Mike Lee, han tenido al menos la cínica franqueza de esbozar la verdadera naturaleza del procedimiento: Maduro será juzgado en un tribunal estadounidense. He aquí la culminación de la doctrina del gendarme mundial. Un presidente elegido, por más que su gobierno sea objeto de controversia interna y externa, es arrancado de su país por la fuerza de las armas para ser sometido a la justicia de quien actúa como juez, jurado y verdugo. Esta es la misma lógica que pretendió imponer la invasión de Iraq en 2003, basada en las infames “armas de destrucción masiva” que nunca aparecieron, y cuyo resultado final fue la destrucción de un Estado y la apertura de sus pozos petroleros a corporaciones foráneas. Es la lógica que convirtió a Libia, tras la intervención de la OTAN en 2011, de un país funcional en un Estado fallido y un mercado abierto para el saqueo de sus recursos. Es la sombra alargada de las invasiones a Granada y Panamá, donde la “restauración de la democracia” sirvió de cortina de humo para ajustar geopolíticas y controlar vías estratégicas. La administración Trump, al autorizar este acto de piratería del siglo XXI, ha cruzado una línea roja que ni siquiera en los momentos más álgidos de la Guerra Fría se osó traspasar: la captura física y el traslado forzoso de un jefe de Estado en ejercicio. Este precedente es catastrófico para el orden internacional basado en la soberanía y la no injerencia, pilares de la Carta de las Naciones Unidas. Que el senador Lee intente justificarlo bajo el ambiguo paraguas de “proteger a personal estadounidense” evidencia el vacío jurídico de la operación. La Constitución estadounidense reserva al Congreso la declaración de guerra, pero, una vez más, el poder ejecutivo actúa como un cowboy global, disparando primero y buscando justificaciones después. La verdadera motivación, como lo ha sido en innumerables ocasiones, late bajo la superficie de las declaraciones oficiales. Venezuela no es atacada por ser una narcodictadura—una acusación jamás probada en tribunales internacionales y utilizada de manera selectiva contra gobiernos desafiantes—, sino por ser la dueña de una riqueza natural que la hace un premio geopolítico. El petróleo venezolano, sus minerales estratégicos y su posición geográfica son el botín. La “lucha contra las drogas” y la “defensa de la democracia” son meros eslóganes de propaganda, diseñados para el consumo interno y para adormecer la conciencia de una comunidad internacional demasiado acostumbrada a la hipocresía de los fuertes. Ante esta atrocidad, el silencio es complicidad. El mundo entero, y en particular los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, deben alzar una voz de repudio unánime y contundente. No se puede tolerar que la ley de la jungla reemplace al derecho internacional. Los organismos multilaterales—la ONU, la CELAC, el MNOAL, la Unión Africana—tienen el deber histórico de condenar este acto bárbaro, exigir la inmediata liberación del presidente Maduro y su esposa, y demandar el respeto irrestricto a la soberanía e integridad territorial de Venezuela. Deben recordar las amargas lecciones de Iraq y Libia: el camino de la intervención y el caos sólo conduce a más sufrimiento, inestabilidad y pérdida de vidas inocentes. La solidaridad activa que hoy reclama Caracas no es sólo un gesto de fraternidad; es una defensa del principio más elemental de convivencia entre naciones: que ningún país tiene derecho a imponer su voluntad sobre otro mediante el terror de las bombas. El regreso de Maduro a su país y el cese de esta agresión son el mínimo que la dignidad mundial puede exigir. De lo contrario, habremos validado que el poder bruto y la codicia son la única ley, y que cualquier nación rica en recursos pero pobre en aliados poderosos está condenada a convertirse en el próximo objetivo de la piratería moderna. El legado de Simón Bolívar, el de la independencia y la soberanía, clama hoy desde cada cráter abierto por las bombas en suelo venezolano. El mundo debe escuchar.
El Senador Marco Rubio Afirma que Maduro Enfrentará un Juicio Penal en Estados Unidos
Las declaraciones del senador Mike Lee confirman que la captura del mandatario venezolano por \»personal estadounidense\» busca someterlo a un proceso judicial en suelo norteamericano, descartando nuevas acciones militares inmediatas. Por Brendalis Reyes WASHINGTON, sábado.— En una revelación que añade un cariz judicial a la dramática intervención militar, el senador republicano Mike Lee afirmó este sábado que el secretario de Estado, Marco Rubio, le informó que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha sido arrestado por personal estadounidense y será sometido a un juicio penal en los Estados Unidos. Según Lee, Rubio aseguró que las operaciones militares ejecutadas en la madrugada contra objetivos en Caracas tuvieron como único propósito \»proteger y defender a aquellos que ejecutaban la orden de arresto\». La declaración, difundida por el senador Lee en la red social X, constituye la primera explicación oficial—aunque indirecta—sobre el marco legal que la administración Trump alega para justificar una acción de tal magnitud en territorio soberano. \»Me ha informado de que Nicolás Maduro ha sido arrestado por personal estadounidense para enfrentarse a un juicio por cargos penales en los Estados Unidos\», escribió Lee, tras una conversación telefónica con el secretario de Estado. El senador Utah agregó un dato crucial para la tensa calma que sigue a los bombardeos: Rubio le habría asegurado que \»no anticipa nuevas acciones (militares) en Venezuela ahora que Maduro está bajo custodia\». Esta afirmación busca, aparentemente, contener las expectativas de una escalada bélica abierta, aunque deja abierta la puerta a otras formas de presión. El argumento constitucional: una justificación en disputa En su mensaje, el senador Lee intentó encuadrar la operación dentro de los poderes ejecutivos del presidente Trump, arguyendo que este modo de actuar cae bajo la autoridad constitucional para \»proteger a personal estadounidense de ataques inminentes\». No obstante, este argumento choca frontalmente con la disposición de la Constitución de los Estados Unidos que reserva al Congreso —y no al presidente— el poder de declarar la guerra a otra nación, un punto que sin duda generará un agudo debate jurídico y político en los próximos días. Las palabras de Lee sirven de complemento y justificación al anuncio inicial realizado por el presidente Trump en Truth Social, donde proclamó el \»éxito\» de un \»ataque a gran escala\» que resultó en la captura y traslado aéreo fuera de Venezuela de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Trump prometió ofrecer más detalles en una conferencia de prensa desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida, a las 11:00 a.m. hora local (16:00 GMT). De la incertidumbre al proceso: la ruta que se anuncia Mientras la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, sigue exigiendo una \»prueba de vida\» del mandatario capturado, las declaraciones del senador Lee trasladan el foco de la incertidumbre sobre su paradero a la cuestión de su futuro legal. La afirmación de que enfrentará un juicio penal en Estados Unidos supone la materialización de una larga lista de acusaciones federales en su contra, que incluyen narcotráerrorismo y corrupción. La operación, según Trump, fue realizada \»en conjunción con las fuerzas del orden de Estados Unidos\», un detalle que busca darle un barniz de procedimiento legal a una incursión militar. Sin embargo, la extracción forzosa de un jefe de Estado de su país para ser juzgado en los tribunales de otra potencia establece un precedente de alcance histórico y de dudosa legalidad internacional. El hemisferio se encuentra ahora ante un escenario inédito: la captura militar de un presidente y su anunciado enjuiciamiento en el país que ordenó su aprehensión. Lo que sigue es un capítulo que se escribirá entre tribunales, cancillerías y, probablemente, en el Consejo de Seguridad de la ONU.
La Sombra del Dragón: Una Advertencia Diplomática desde Beijing

El embajador chino Chen Luning califica como \»injerencia inaceptable\» las declaraciones de la nueva embajadora estadounidense Leah Francis Campos, quien prometió combatir la influencia china en República Dominicana, avivando el fuego de la competencia geopolítica en el Caribe. Por César Dalmasi Guzmán SANTO DOMINGO.— Un cruce diplomático de alto voltaje sacude la tranquila superficie de las relaciones internacionales dominicanas. El embajador de la República Popular China, Chen Luning, una contundente réplica a las declaraciones de la embajadora estadounidense, Leah Francis Campos, tachándolas de \»injerencia en los asuntos internos y en la soberanía diplomática\» de la República Dominicana. La respuesta del representante asiático llega como un correctivo público a las palabras de Campos, quien, en un anticipo de su agenda de trabajo, afirmó que se dedicaría a \»combatir la influencia china\» en el país. Para el embajador Luning, semejante postura resulta \»impropia de un representante diplomático y alejada de las prácticas internacionales\» que rigen la convivencia entre naciones soberanas. En un análisis cuidadoso de las implicaciones de estas declaraciones, el diplomático chino sostuvo que las afirmaciones de la funcionaria estadounidense no reflejan la opinión mayoritaria del pueblo de Estados Unidos, ni parecen concordar con la línea política expresada por el gobierno norteamericano tras los recientes encuentros entre ambos mandatarios. \»Las relaciones entre China y República Dominicana se basan en el respeto mutuo y la cooperación\», recordó Luning con tono sereno pero firme. El embajador advirtió que declaraciones como las de Campos solo buscan generar tensiones innecesarias en un momento particularmente delicado para la estabilidad regional. Las expresiones de la embajadora no solo han abierto una grieta en el protocolo diplomático, sino que han revivido con intensidad el debate sobre la competencia geopolítica que libran ambas potencias en la cuenca del Caribe. Lo que está en juego tras este intercambio de palabras es el rol que cada nación busca desempeñar en áreas estratégicas como el comercio, la tecnología y el desarrollo de infraestructuras en la región. El tono y el momento elegido por la embajadora estadounidense resultan doblemente inoportunos: primero, porque contradicen el espíritu de cooperación que debería primar entre naciones; segundo, porque pretenden que sea el gobierno dominicano quien reduzca la influencia de un socio que, hasta ahora, ha construido su relación sobre principios de beneficio mutuo y no interferencia. Este episodio deja al descubierto las tensiones subyacentes en el tablero geopolítico caribeño, donde República Dominicana se encuentra en la posición de mantener un equilibrio delicado entre dos gigantes globales, sin sacrificar un ápice de su soberanía en el proceso.
La Diplomacia del Subalterno: Abinader y el Arte del Servilismo

Ante la visita del secretario de Guerra estadounidense, el gobierno dominicano ha exhibido una complacencia que raya en la sumisión, abandonando la tradición de equilibrio diplomática que caracterizó a administraciones anteriores y alineándose de manera incondicional con los designios de la administración Trump, particularmente en su cruzada contra Venezuela. En los anales de la diplomacia dominicana, nunca se había presenciado un espectáculo tan lastimoso como el ofrecido esta semana por la administración de Luis Abinader. Con una deferencia que avergonzaría hasta al más leal de los vasallos, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha desplegado la alfombra roja para Pete Hegseth, secretario de Guerra de los Estados Unidos, en lo que constituye una clara demostración de servilismo geopolítico que marca un punto de inflexión en las relaciones internacionales de la República Dominicana. La escena en el Palacio Nacional habría provocado rubor incluso en los tiempos más oscuros de la Guerra Fría. Mientras Hegseth descendía de su avión militar para ser recibido con honores casi monárquicos, el presidente Abinader y su equipo se aprestaban a cumplir con el guión establecido en Washington: reforzar la \»Operación Lanza del Sur\» y, lo que es más grave, avalar la narrativa que justifica el creciente intervencionismo estadounidense en el Caribe so pretexto de combatir el narcotráfico. La Venezuela de Maduro como Pretexto Geopolítico No es difícil discernir el verdadero propósito detrás de esta súbita atención que Washington presta a Santo Domingo. La administración Trump, en su obsesión por derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, ha encontrado en Abinader un aliado dispuesto a prestar su territorio y su legitimidad internacional para una causa que poco tiene que ver con los intereses nacionales dominicanos. El llamado \»Cartel de los Soles\», designado por Washington como organización terrorista, sirve de pretexto conveniente para una estrategia de cerco que viola abiertamente el principio de no intervención que durante décadas guió nuestra política exterior. Lo que estamos presenciando es la transformación de la República Dominicana en un portaaviones diplomático al servicio de los intereses hegemónicos norteamericanos. Mientras el gobierno de Abinader se presta a este juego peligroso, ignora deliberadamente que la soberanía no es moneda de cambio, sino principio fundamental de la existencia nacional. Ni siquiera durante el gobierno de Joaquín Balaguer, tan criticado por su alineamiento con Washington, se llegó a estos niveles de sumisión. La Ceguera Voluntaria ante los Problemas Domésticos Resulta particularmente cínico que este gobierno, tan solícito para con las demandas estadounidenses, muestre una incapacidad tan notable para limpiar su propia casa. Mientras Hegseth y Abinader conversaban sobre el narcotráfico internacional, los fantasmas domésticos del PRM acechaban en las sombras: regidores, exdiputados y dirigentes políticos vinculados al tráfico de drogas, procesados en cortes estadounidenses, constituyen un recordatorio patente de que la complicidad con el narcotráfico no es un fenómeno nuevo y que cada día toca las puertas del partido de gobierno, el PRM. Esta contradicción fundamental revela la verdadera naturaleza de la postura gubernamental: no se trata de una lucha genuina contra el narcotráfico, sino de un alineamiento político estratégico que sacrifica la soberanía nacional en el altar de los intereses estadounidenses. El gobierno dominicano, en su afán por congraciarse con Washington, ha terminado por convertirse en el peón perfecto en un tablero geopolítico cuyas reglas no ha contribuido a escribir. El Precio de la Subordinación La historia juzgará severamente este capítulo de la diplomacia dominicana. Cuando las aguas vuelvan a su cauce y la obsesión trumpista con Venezuela pase a los archivos históricos, quedará al descubierto el precio de esta política de subordinación: el debilitamiento de nuestra posición internacional, el sacrificio de principios diplomáticos fundamentales y la transformación de la República Dominicana en un satélite de la política exterior estadounidense. El verdadero patriotismo no se mide por la capacidad de congraciarse con las potencias, sino por la firmeza para defender los intereses nacionales frente a ellas. En este sentido, la administración Abinader ha fracasado estrepitosamente, intercambiando la dignidad nacional por un lugar en la foto junto al secretario de Guerra estadounidense. Las generaciones futuras recordarán este período como el momento en que la República Dominicana, voluntariamente, cambió su soberanía por un plato de lentejas geopolíticas.
Caribe Bajo Tensión: La Visita Estratégica del Secretario de Defensa de EE.UU. A República Dominicana

La llegada de Pete Hegseth a Santo Domingo, enmarcada en un masivo despliegue militar norteamericano y la crisis venezolana, trasciende la cooperación antidrogas para revelar una región convertida nuevamente en frontera geopolítica prioritaria para Washington. Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo. – La República Dominicana se apresta a recibir en los próximos días al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, en una visita que, si bien fue oficialmente anunciada como una jornada de coordinación contra el narcotráfico, se proyecta sobre un telón de fondo de creciente tensión militar en el Caribe, la más significativa en tres décadas. Hegseth se convierte así en el primer titular de la Pentágono en realizar una visita oficial al país, una circunstancia que subraya el peso estratégico que Washington otorga a la isla en un momento de alta volatilidad regional. El presidente Luis Abinader confirmó el encuentro, señalando que su propósito es \»continuar la coordinación de acciones conjuntas\» en la lucha antinarcóticos. \»Seguimos trabajando con los Estados Unidos porque esta es una lucha fuerte, y más con algunos países que han aumentado la producción de drogas, especialmente de cocaína\», afirmó el mandatario. No obstante, entre líneas de la comunicación oficial se percibe un alcance mayor, uno que conecta la cooperación binacional con la urgente necesidad de Estados Unidos de consolidar alianzas en su patio trasero inmediato. Un Mar Militarizado El contexto inmediato de esta visita es una movilización de recursos navales y aéreos estadounidenses en el Caribe que no se observaba desde el ocaso de la Guerra Fría. Cerca de una cuarta parte de toda la flota desplegada globalmente por la Armada de los EE.UU. opera actualmente en estas aguas. La pieza más emblemática de este despliegue es el portaaviones USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, que navega acompañado de su grupo de ataque: destructores, fragatas, aeronaves de última generación y sistemas de vigilancia de vasto alcance. A esta fuerza de superficie se le suma la silenciosa pero poderosa presencia de al menos un submarino nuclear, un instrumento de disuasión por excelencia. Esta acumulación de poderío no es un ejercicio abstracto. El Comando Sur ha intensificado sus operaciones, desplegando aviones de patrulla marítima, drones de largo alcance y helicópteros antisubmarinos desde bases estratégicas como Puerto Rico. El resultado es un control férreo de las rutas marítimas, con interceptaciones constantes de embarcaciones sospechosas, en un esfuerzo por estrangular las redes del tráfico ilícito. El Epicentro Venezolano El legítimo gobierno de Venezuela funciona como el motor principal de esta tensión. La clara política antiimperialista del gobierno de Caracas y la procura constante de EE.UU. de fracturar las Fuerzas Armadas venezolanas y la supuesta influencia de redes criminales asociadas al aparato estatal han empujado a Caracas a diseñar toda una estrategia de resistencia que desde Washington responden con un endurecimiento de las sanciones y la evaluación de escenarios que buscan contrarrestar la influencia del gobierno chavista. Esta dinámica ha transformado el Caribe en un espacio de fricción potencial. El cierre de espacios aéreos, la cancelación de vuelos comerciales y la militarización de las rutas marítimas elevan el riesgo de incidentes en una zona históricamente sensible, donde cada movimiento es interpretado a la luz de un pulso geopolítico más amplio. La Diplomacia del Poder En este tablero reconfigurado, la República Dominicana emerge como un nodo estratégico indispensable. Su privilegiada ubicación geográfica la convierte en un punto de cruce vital para el monitoreo de tráfico aéreo y marítimo. Los acuerdos de interoperabilidad e intercambio de inteligencia que ya mantiene con Washington adquieren, en el actual clima de crispación, un valor incalculable. La visita de Hegseth, por tanto, aunque de contenido formalmente operativo, es un acto de diplomacia cargada de simbolismo. Para Estados Unidos, se trata de reafirmar alianzas y proyectar una imagen de estabilidad y control en una región que ha vuelto a ser una frontera prioritaria. Para la República Dominicana, el reto consiste en navegar el delicado equilibrio de asegurar una cooperación estratégica que fortalezca su seguridad, sin verse arrastrada al vértice de una confrontación ajena. El Caribe, una vez más, es escenario donde la diplomacia y la fuerza operan en una sinfonía de alta tensión, y Santo Domingo se encuentra en el centro de la orquesta.
Entreguismo en la Cumbre de las Américas

La exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela de la X Cumbre de las Américas, bajo el pretexto de que “no forman parte de la OEA”, no es más que una vergonzosa claudicación a las presiones de Washington. La República Dominicana, al justificar la decisión en nombre del “éxito del foro” y la “mayor convocatoria”, se convirtió en vocera de los intereses geopolíticos de Estados Unidos, plegándose sin reservas a la agenda imperial que pretende fragmentar a Nuestra América. La máscara del “foro de integración” Las Cumbres de las Américas nacieron con la promesa de ser espacios de diálogo, integración y respeto a la soberanía de los pueblos. Sin embargo, al excluir a naciones que han resistido las imposiciones de la Casa Blanca, se revela la verdadera naturaleza de estos foros: son instrumentos de dominación, donde solo caben aquellos que aceptan el mandato imperial. La OEA, institución en crisis y cada vez más desacreditada y desprestigiada, es el marco que se utiliza para legitimar tales exclusiones. Pero un organismo que se comporta como “ministerio de colonias” no puede ser árbitro de la democracia en la región. Al asumir ese argumento, el gobierno dominicano dejó de lado principios históricos de nuestra diplomacia: la defensa de la soberanía y la no injerencia. República Dominicana: ¿socio o peón? La postura del gobierno dominicano es, en realidad, un acto de entreguismo. No se trata de garantizar el éxito del foro, sino de asegurar que el país se mantenga en la lista de “buenos alumnos” de Estados Unidos. Se trata de la misma sumisión que ha marcado nuestra historia reciente: acuerdos comerciales desfavorables, cesiones estratégicas y apoyo a guerras de agresión disfrazadas de “misiones de paz”. La pregunta es inevitable: ¿qué gana nuestro pueblo con esa obediencia? La respuesta es clara: nada. Lo único que se asegura es la continuidad de una relación de dependencia, donde el interés nacional queda relegado a un segundo plano frente a las exigencias del imperio. La verdadera Cumbre: Nuestra América La verdadera Cumbre de las Américas no será aquella que excluye, divide y margina, sino la que se construya sobre la base de la igualdad soberana, sin exclusiones y sin tutelajes. Esa es la visión de José Martí cuando proclamó “Nuestra América”, la de Bolívar cuando soñó con una patria grande, la de los pueblos que hicieron de la CELAC y de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz un horizonte común. Nuestra América no necesita tutores ni permisos para existir. La soberanía no se mendiga, se defiende. Y los pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela han demostrado con dignidad que no se doblegan ante el chantaje ni las sanciones. Un llamado a la dignidad El gobierno dominicano debe entender que ser anfitrión de un foro internacional no significa ser sirviente del imperio. El respeto a la soberanía, la solidaridad entre pueblos y la unidad continental son valores irrenunciables. La exclusión es una afrenta no solo a tres países, sino a toda América Latina y el Caribe. Hoy más que nunca, la tarea es clara: levantar la voz contra el intervencionismo, denunciar el entreguismo y reafirmar que el futuro de la región no se decide en Washington, sino en la voluntad de los pueblos que luchan por su independencia. Porque la soberanía no se pide, se conquista. No se negocia, se defiende.
Escepticismo en Puerto Príncipe: Una Nueva Misión Internacional Que Nace Entre Sombras y Fracasos

La ONU aprueba una nueva Fuerza de Eliminación de Pandillas para Haití mientras la población, hastiada por décadas de intervenciones fallidas, mira con desconfianza el reemplazo de una misión que no logró proteger a un país donde más de 16,000 personas han muerto por violencia desde 2022. Por Julio Guzmán Acosta PUERTO PRÍNCIPE.- Como un ritual que se repite cada cierto tiempo en la tragedia haitiana, una nueva fuerza internacional promete ahora lo que otras diez misiones en treinta y cinco años no han podido cumplir: liberar a este país caribeño del yugo de las bandas armadas. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el martes el despliegue de la Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF), una iniciativa de Estados Unidos y Panamá que llegará con hasta 5,500 efectivos para sustituir a la fallida Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS). Pero en las calles de Puerto Príncipe, donde el miedo es moneda corriente y la esperanza un bien escaso, el anuncio suscita más escepticismo que alivio. “No es una sorpresa que la MSS no tuviera éxito”, afirma con amarga lucidez Marie Rosy Auguste Ducéna, responsable de programas de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH). Su voz, cargada de la autoridad que dan años de documentar atrocidades, enumera las razones del fracaso: “Nos preocupaba la forma en que se decidió llevarla a cabo. Pero también el hecho de que la ONU no dejara de decir que no se trataba de una fuerza de la ONU, sino de una fuerza multinacional”. El relato de Ducéna describe una misión fantasma: “Llegó sin ningún medio relacionado con su misión, que es hacer frente a las bandas”. La MSS, que llegó con la promesa de ocupar las principales carreteras y asegurar las grandes infraestructuras, terminó convertida en una presencia casi invisible. “No solo no han luchado contra las bandas, sino que, además, ni siquiera se les ve. No se les ha visto en las principales carreteras. Tampoco se les ve protegiendo las infraestructuras”, subraya la defensora de derechos humanos. Su testimonio pinta el cuadro de un país abandonado a su suerte, donde más de 16,000 personas han perdido la vida por la violencia de las pandillas desde el inicio de 2022, según cifras de la ONU que apenas capturan el horror cotidiano. Mientras la comunidad internacional celebra en Nueva York la aprobación de otra resolución, en Haití persiste la pregunta incómoda: ¿por qué esta vez será diferente? La GSF nace bajo el peso de la desconfianza, heredera de una larga lista de intervenciones que han dejado más promesas incumplidas que soluciones reales. En los barrios donde reinan las bandas, entre los escombros de la esperanza, los haitianos aguardan con escepticismo el próximo capítulo de esta historia que, hasta ahora, solo ha conocido un guion: el del fracaso.
RD alza su voz: organizaciones exigen retiro de buques de EE.UU. de costas venezolanas

Coalición de movimientos sociales y políticos dominicanos convoca a concentración masiva en solidaridad con Venezuela y contra \»nueva embestida imperialista\». Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO. – Una amplia coalición de organizaciones sociales, políticas y movimientos internacionalistas de la República Dominicana expresó su “más ardiente solidaridad” con el gobierno del presidente Nicolás Maduro y condenó enérgicamente la amenaza de intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, durante la lectura de un manifiesto público que calificó el despliegue de buques de guerra y submarinos nucleares como “una afrenta a la soberanía de los pueblos”. El documento —suscrito por fuerzas como la Fuerza de la Revolución, el Partido Comunista del Trabajo, el Movimiento Caamañista, el Movimiento Popular Dominicano, partido Patria Para Todos y una veintena de agrupaciones más— acusó al gobierno de Donald Trump de pretender “adueñarse de las reservas petroleras y riquezas naturales venezolanas” bajo el “pretexto” de combatir el narcotráfico. Crítica al rol dominicano Las organizaciones deploraron el “vasallaje” del Gobierno dominicano ante Washington y le exigieron “defender los principios de independencia y autodeterminación consagrados en la Carta Magna”. Asimismo, demandaron a instancias internacionales como la ONU que exijan a EE.UU. el respeto al derecho internacional. Convocatoria a la movilización El llamamiento culmina con una invitación a una concentración masiva el próximo sábado 6 de septiembre a las 9:30 a.m. en la Plaza Bolívar (avenida Bolívar esq. Máximo Gómez), bajo consignas como “Venezuela no es una amenaza, es una esperanza” y “Los yankis no pasarán”. Contexto regional crítico La proclama se enmarca en el reciente aumento de la tensión entre EE.UU. y Venezuela, tras el anuncio de despliegues militares en el Caribe y el ofrecimiento de una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Maduro. El manifiesto dominicano refleja un malestar latente en sectores de la sociedad civil ante la política exterior de la administración local y su alineamiento con Washington.
Petro acusa a EE.UU. de \’asesinato\’ por ataque en el Caribe

El Mandatario colombiano condena operativo militar estadounidense contra embarcación presuntamente narcotraficante y cuestiona veracidad del video difundido por Trump. Por Virtudes Álvarez Sampedro BOGOTÁ. – El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó como “asesinato” el ataque realizado por fuerzas militares de Estados Unidos contra una embarcación en aguas internacionales del sur del Caribe, supuestamente dedicada al transporte de drogas. A través de su cuenta en X, el mandatario compartió el video difundido horas antes por el presidente Donald Trump y cuestionó la legitimidad de la acción: “Si esto es verdad, es un asesinato en cualquier parte del mundo”. La versión de Washington Trump justificó el operativo —descrito como “ataque cinético”— argumentando que la embarcación transportaba “narcóticos ilegales con destino a Estados Unidos” y estaba vinculada a “narcoterroristas del Tren de Aragua”. El secretario de Estado, Marco Rubio, añadió que el barco había partido de Venezuela y era operado por una “organización narcoterrorista designada”, aunque sin proporcionar coordenadas exactas ni detalles sobre el procedimiento de identificación. La réplica de Petro El líder colombiano enfatizó que, durante décadas, las autoridades han capturado a civiles involucrados en narcotráfico sin necesidad de emplear fuerza letal. “Los que transportan drogas no son los grandes narcos, sino jóvenes muy pobres del Caribe y el Pacífico”, subrayó, en un claro llamado a diferenciar entre eslabones vulnerables y estructuras criminales complejas. Desmentido venezolano Desde Caracas, el gobierno de Nicolás Maduro tachó el video de “falso” y acusó a Rubio de utilizar inteligencia artificial para simular la operación. El ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, denunció que la administración estadounidense busca justificar su despliegue militar en la región —que incluye ocho barcos, un submarino nuclear y 1.200 misiles— bajo el pretexto de combatir el narcotráfico. El incidente profundiza la grieta diplomática en la región y expone la crudeza de una estrategia antinarcóticos que privilegia la fuerza sobre la judicialización.