La factura de la guerra: los mismos de siempre pagan la crisis mientras las grandes fortunas salen indemnes
A pesar del discurso presidencial que promete proteger a los más vulnerables, las medidas anunciadas consolidan un modelo donde los ajustes recaen sobre los hombros de las familias trabajadoras, mientras los sectores concentrados de la economía no solo no contribuyen, sino que se perfilan como los grandes beneficiarios de una crisis gestada en los tableros geopolíticos de Estados Unidos e Israel. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA Santo Domingo. – Hay momentos en que los discursos oficiales, por más bien hilvanados que estén, terminan revelando aquello que pretenden ocultar. La cadena nacional del presidente Luis Abinader, concebida como un ejercicio de transparencia y liderazgo en medio de la tormenta geopolítica desatada en Irán, dejó entre líneas una verdad incómoda que ningún barniz retórico puede disimular: la factura del conflicto, una vez más, será pagada por los mismos de siempre. El mandatario habló de sacrificios “no desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables”. Reconoció presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y en los precios de los alimentos. Y si bien anunció la reasignación de 10,000 millones de pesos y un subsidio a los fertilizantes, lo cierto es que el grueso del ajuste —el incremento de los combustibles, el encarecimiento de la canasta básica, la contracción del consumo popular— terminará inscribiéndose en la cotidianidad de quienes menos tienen. No se trata de un fenómeno fortuito. La estructura de la economía dominicana ha sido diseñada para que, en momentos de crisis externa, el costo se socialice y las ganancias se privatizan. Mientras el Estado recorta subsidios que hasta hace pocos meses mantenían estabilizados los precios de los carburantes, los grandes conglomerados empresariales —especialmente los vinculados a la distribución de combustibles, la generación eléctrica y la intermediación financiera— no solo no enfrentan cargas extraordinarias, sino que ven en la volatilidad una oportunidad para ensanchar sus márgenes. El presidente insistió en que el conflicto en Irán es un choque externo. Y lo es, en apariencia. Pero omite señalar que ese conflicto responde a una escalada bélica promovida por Estados Unidos e Israel en una región clave para los flujos energéticos globales. La guerra no es un fenómeno natural; es una decisión política de potencias que históricamente han utilizado el Medio Oriente como tablero de intereses geoeconómicos. Y en ese tablero, la República Dominicana —país sin petróleo, pero con una dependencia absoluta del crudo importado— paga un precio que sus élites locales se cuidan muy bien de no asumir. Mientras el ciudadano común verá cómo su salario rinde menos ante cada nuevo aumento en el diésel que mueve el transporte público y los alimentos, los grandes capitales nacionales han encontrado en esta coyuntura un aliado silencioso: la inflación selectiva, los subsidios que se desvanecen y un discurso oficial que normaliza el sacrificio como si fuera una virtud cívica. El llamado a la “corresponsabilidad” que hizo Abinader suena entonces a una invitación desigual. Porque no es lo mismo pedirle a una familia de escasos recursos que “optimice el uso del combustible” que exigirle a una corporación que absorba parte del impacto sin trasladarlo a los precios finales. El trabajo remoto no es una opción para la trabajadora doméstica, el chofer de concho o el vendedor ambulante. Pero sí lo es para el ejecutivo bancario o el gerente de zona franca. El presidente habló de “sacrificio compartido”. La realidad mostrará, en las próximas semanas, que el sacrificio será profundamente desigual. Porque las grandes fortunas no se inmutan ante un aumento de 15 pesos en la gasolina; porque los grupos económicos concentrados cuentan con mecanismos de cobertura y traslado de costos que los blindan; porque el sistema tributario dominicano sigue siendo uno de los más regresivos de la región, donde el capital paga menos que el consumo. Y detrás de todo, la geopolítica. La guerra en Irán no es un accidente. Es el resultado de una política de confrontación diseñada por Estados Unidos e Israel para reconfigurar el mapa energético mundial. La República Dominicana, inserta en la órbita geopolítica de Washington, asume pasivamente las consecuencias de decisiones que no toma, mientras sus gobernantes se limitan a administrar los efectos con discursos de estabilidad que no alteran ni un ápice la estructura de privilegios. Así, lo que se presenta como una respuesta técnica a un choque externo termina siendo, en los hechos, un mecanismo de transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las cúpulas económicas y financieras. Los más vulnerables pagan la guerra en la nevera vacía, en el pasaje más caro, en la luz que sube. Las grandes fortunas, en cambio, esperan tranquilas el próximo dividendo. El presidente pidió confianza. Pero la confianza, en una sociedad con memoria, no se decreta. Se construye con políticas que demuestren que cuando la crisis golpea, el peso no recae siempre sobre los mismos hombros. Hasta ahora, el discurso ha sido elegante; la distribución de los sacrificios, en cambio, revela una vieja y conocida coreografía. Mientras el gobierno ajusta, las grandes fortunas acumulan. Y la guerra, lejana en el mapa pero cercana en el bolsillo, sigue siendo el mejor negocio para quienes nunca han sabido lo que es apretarse el cinturón.
\»Genocida, criminal e inhumano\»: el grito de Cuba contra el cerco que la asfixia
En medio del recrudecimiento del bloqueo y las presiones de Washington sobre América Latina, Miguel Díaz-Canel recibe en La Habana al Convoy Nuestra América, una oleada solidaria de 650 activistas de 30 países que desafían el cerco imperial con donativos, banderas cubanas y la promesa de defender la isla con las armas si fuera necesario. \»Vamos a dar la vida defendiendo la Revolución\», sentenció el mandatario. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA Hay momentos en que la historia se concentra, se vuelve densa como la humedad del trópico, y en cada esquina de La Habana Vieja se respira algo más que el azúcar quemado de los barcos en la bahía. Este viernes fue uno de esos días. El presidente Miguel Díaz-Canel, con la voz entera y la mirada fija en un horizonte que se obstina en cercarlo, recibió a centenares de políticos, intelectuales y activistas que llegaron a la isla no con las manos vacías, sino con la generosidad a cuestas y la convicción de que el aislamiento, esa vieja apuesta imperial, puede ser derrotado con puentes de solidaridad. Ellos conforman el Convoy Nuestra América, una iniciativa que en su décimo aniversario —cuando Barack Obama pisó La Habana en un deshielo que nunca culminó— se presenta como un desafío tangible al cerco. Más de 650 personas de 30 países, envueltas en guayaberas y banderas cubanas, colmaron el acto de recibimiento. \»Cuba, Cuba, Cuba; libre y testaruda\», coreaban mientras alzaban carteles que decían: \»Levanten el bloqueo en Cuba\» y \»Cuba vencerá\». En medio de ellos, también ondeaban banderas de Palestina, como si las resistencias del mundo hubieran decidido citarse en el mismo lugar. El presidente no escatimó calificativos para referirse al embargo que durante más de seis décadas ha asfixiado a la isla y que, en las últimas semanas, Washington ha recrudecido con una virulencia que muchos califican de exponencial. Lo llamó \»genocida, criminal e inhumano\». Y su voz se hizo más grave al denunciar la \»brutal\» presión de Estados Unidos sobre los gobiernos de América Latina para que se sumen al aislamiento. Sin mencionar nombres, señaló las decisiones recientes de Ecuador y Costa Rica de romper en la práctica sus relaciones diplomáticas con Cuba, y la salida de las misiones médicas de países vecinos como Jamaica, Guatemala y Honduras. \»Lamiéndole la bota a los representantes del imperio\», dijo de aquellos que, según su visión, se subordinan vergonzosamente a las órdenes de aislar a Cuba. Pero no fue solo un discurso de denuncia. Díaz-Canel, con la solemnidad de quien sabe que las palabras también son un campo de batalla, se detuvo en la realidad concreta del sistema sanitario cubano: más de 96.000 pacientes esperando una operación, 11.000 de ellos niños. Esa cifra, fría como un quirófano vacío, fue el argumento para preguntarse en voz alta: \»¿Cómo es posible que una nación tan poderosa tenga que acudir a la mentira para asesinar la reputación de un país?\». Y remató con una máxima que parece salida de un manual de resistencia: \»Como decía el Che, del imperialismo no se puede fiar uno ni tantito así\». El momento más simbólico de la jornada llegó cuando el presidente entregó al cantautor Silvio Rodríguez un fusil AKM —el mismo que el trovador había solicitado para defender a Cuba si Estados Unidos se lanza—. Ada Galano, miembro de la organización Mujeres contra la Guerra, hizo la misma promesa: \»Tengan prontas nuestras AKM, porque como hoy venimos con medicinas, mañana venimos con las armas si es necesario\». Díaz-Canel sonreía emocionado ante la declaración de la cubano-italiana. Era la sonrisa de quien sabe que la lealtad no se compra y que la solidaridad, a veces, se viste de acero. \»Esta es una caravana de dignidad\», celebró el presidente mirando a los líderes con los que se había reunido previamente en una jornada que describió como \»de infarto\». \»Ustedes construyen los puentes que el imperio no puede destruir. Esto desmonta la falacia yanki de que Cuba está sola\». Entre los asistentes destacaba Medea Benjamin, fundadora de la ONG Code Pink, quien quiso dejar claro que Donald Trump no representa al pueblo de los Estados Unidos. \»Vamos a volver a nuestro país con los relatos de lo que estamos viendo y viviendo aquí para convencer a los que gobiernan para que acaben con esa política tan cruel e inhumana\», exclamó. Más contundente fue Michele Curto, activista italiano: \»Si me tocara a mí vivir en esta situación no aguantaba ni 15 días. Y si él [Donald Trump] dice que con gusto va a tomarse la isla, con más gusto la vamos a defender\». El Convoy Nuestra América cuenta con el respaldo de la Flotilla Global Sumud, conocida por su labor en la Franja de Gaza, y de figuras como la activista sueca Greta Thunberg. Aunque estaba previsto que llegara a La Habana este sábado, problemas administrativos y climáticos han retrasado el arribo. Parte de los tripulantes zarparon alrededor de las 15.15 hora local y calculan que la travesía durará al menos 58 horas. Estiman llegar el domingo en la noche o el lunes. Los donativos que traen como equipaje —costeados de su propio bolsillo— serán entregados a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), que se encargará de que la ayuda llegue directamente a la población y a los centros médicos de la isla. Fernando González, al frente del Instituto, celebró la capacidad de convocar y traer ayuda en este momento crítico. \»Cada uno de ustedes con su voz nos devuelven la certeza de que la lucha por la justicia no es solitaria\», dijo antes de lanzar un desafío: \»Nos quieren ver rendidos y en el suelo, pero la historia será el mejor testigo: No lo lograrán. Aquí hay un pueblo dispuesto a defender incluso con la vida los logros de la Revolución. Si algo define a los cubanos no es la escasez que nos imponen, sino la capacidad de resistir\». Mientras las banderas seguían ondeando en la tarde habanera, Díaz-Canel insistió en una idea que el Ejecutivo repite como
República Dominicana se perfila como el socio indisoluble de Estados Unidos en el tablero geopolítico del Caribe
La ministra Faride Raful expone en el Miami Security Forum los avances en seguridad, economía y cooperación bilateral que consolidan al país como un aliado estratégico de Washington en la región, respaldados por cifras históricas en reducción de homicidios, combate al narcotráfico y solidez del intercambio comercial. Por: Alejandro F. Guzmán MIAMI. – En el escenario del Trump National Doral, donde la élite hemisférica en materia de defensa y seguridad converge para trazar las coordenadas del futuro inmediato, la República Dominicana no solo ocupó un asiento protagónico, sino que se erigió como el modelo emergente de estabilidad en un vecindario marcado por la turbulencia. La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, en representación del presidente Luis Abinader, desgranó ante la Heritage Foundation —en el foro inaugural Miami Security Forum— los pilares de una transformación silenciosa pero profunda que ha convertido a la nación caribeña en un activo estratégico de primer orden para Estados Unidos. Bajo el título del panel, “Dominican Republic: A Strategic U.S. Partner in Security Affairs”, la funcionaria desplegó una radiografía que, por su contundencia, trascendió el mero informe para convertirse en una declaración de principios geopolíticos. El dato central, de una elocuencia quirúrgica: la tasa de homicidios en 2025 se situó en 8.15 por cada cien mil habitantes, la más baja jamás registrada en la historia nacional, lo que representa una reducción cercana al 15% con respecto al año precedente. Con esta cifra, el país se consolida como el segundo más seguro de Centroamérica y el Caribe, una posición que desafía las tendencias regionales y ofrece un respiro de certidumbre en un corredor tradicionalmente acosado por la violencia. La arquitectura de este éxito, explicó Raful, no responde al azar ni a la retórica, sino a una metodología sustentada en la gestión rigurosa de datos a través del Centro de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana, la incorporación de 9,503 nuevos agentes a la Policía Nacional y una reforma institucional cuyo anteproyecto de ley orgánica aguarda ya su sanción en el Senado de la República. A ello se suma una ofensiva frontal contra el narcotráfico que ha quintuplicado las incautaciones desde 2019, alcanzando 48.3 toneladas en 2025 —una cifra que habla tanto de la eficacia operativa como de la confianza depositada por las agencias estadounidenses en sus homólogos dominicanos. Pero el vínculo con Washington, como subrayó la ministra, trasciende la cooperación policial y militar. La solidez del intercambio comercial bilateral, que superó los US$18,900 millones, y el caudal de las remesas provenientes de la diáspora —más de US$11,800 millones— configuran un puente económico de una solidez inusual. En paralelo, el Índice de la propia Heritage Foundation otorgó a República Dominicana su puntuación más alta en la historia, superando los promedios mundial y regional, un reconocimiento que, en el mismo foro donde se anunciaba, adquirió el peso de un aval ideológico. En los márgenes del evento, la agenda de Raful incluyó un encuentro con la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón, con quien abordó los ejes de la seguridad regional, el combate a la criminalidad transnacional y la modernización de los cuerpos de seguridad en el Caribe. La reunión, cargada de simbolismo, anticipa una alianza insular que podría convertirse en punta de lanza de una estrategia conjunta en la cuenca caribeña. Finalmente, la ministra situó sobre la mesa el desafío que, como una sombra alargada, proyecta su gravedad sobre toda la región: la crisis haitiana. Lejos de tratarlo como un asunto de fronteras locales, Raful insistió en que se trata de un problema hemisférico que exige una respuesta colectiva de la comunidad internacional, en un llamado que resonó con fuerza entre los asistentes, conscientes de que la estabilidad dominicana es, en buena medida, una trinchera adelantada para la seguridad de Estados Unidos. La presentación en el Miami Security Forum dejó, así, una certeza: la República Dominicana ha dejado de ser vista como un mero receptor de políticas exteriores para convertirse en un socio con voz propia, cifras que respaldan y un proyecto de nación que, en seguridad y economía, se escribe en mayúsculas.
Cuba Convertida en el Muro de la Dignidad

Hay momentos en la historia de las naciones en que las palabras se convierten en la primera trinchera. A veces, la única. Ayer, desde La Habana, Miguel Díaz-Canel ocupó esa posición con la firmeza de quien sabe que, detrás de su voz, se yergue un pueblo que ha hecho de la resistencia su principal divisa. \»Cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable\», advirtió el mandatario cubano. Y no era retórica. Era la historia hablando por su conducto. Porque si algo ha demostrado Cuba a lo largo de más de seis décadas es que la dignidad no se rinde, no se pliega, no se negocia. Lo han intentado todo contra la isla: invasiones, atentados, terrorismo, aislamiento, asfixia. Y, sin embargo, ahí está. De pie. Con las heridas abiertas por un bloqueo que es, en esencia, el castigo más prolongado y cruel que se haya infligido jamás a pueblo alguno, pero con la frente en alto. Las declaraciones de Donald Trump, manifestando su deseo de \»tomar o liberar\» Cuba, no son una simple bravata de quien se siente con derecho a disponer del destino de otras naciones. Son la expresión más cruda de una mentalidad imperial que nunca ha terminado de asumir que Cuba no es una propiedad, ni un feudo, ni una pieza de caza mayor. Es una patria. Con toda la carga de soberanía, de historia y de sacrificio que esa palabra encierra. Llama poderosamente la atención, eso sí, el contraste entre el tono de la respuesta de Díaz-Canel y la disposición al diálogo que el propio gobierno cubano había mostrado apenas días antes. El viernes, el presidente cubano admitía conversaciones con representantes de la Administración republicana, en busca de un entendimiento sobre bases de igualdad y respeto mutuo. El domingo, Trump confirmaba esos contactos. Pero el lunes, el inquilino de la Casa Blanca ya estaba hablando de \»tomar\» la isla. Algo se rompió en el camino. O quizá no. Quizá lo que ocurrió es simplemente que el rostro amable de la diplomacia dejó paso al rostro real del poder cuando se siente con la fuerza suficiente para imponer sus condiciones. Las filtraciones sobre una transición sin Díaz-Canel al frente, emulando el modelo aplicado en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, despejan cualquier duda sobre las verdaderas intenciones de Washington. No se trataba de negociar. Se trataba de rendir. Y Cuba no se rinde. Esa es la lección que el imperio parece no terminar de aprender. Puede que la economía esté debilitada, que las dificultades sean inmensas, que el pueblo cubano lleve demasiado tiempo soportando lo insoportable. Pero rendirse no es una opción. No lo fue en Playa Girón. No lo fue en los años del Período Especial. No lo será ahora. Marco Rubio, desde su posición de secretario de Estado, ha condicionado cualquier acercamiento a que La Habana realice \»cambios drásticos\» en su política económica. Lo hace, además, justo cuando el gobierno cubano anuncia su disposición a entablar una relación comercial fluida con empresas estadounidenses. Es decir, cuando da un paso al frente en la dirección que supuestamente se le reclama. La respuesta es más exigencias. Siempre más. Porque el objetivo no es el cambio, sino la rendición. Conviene recordar, aunque parezca obvio, que Cuba es un país independiente. Que sus problemas, que son muchos y profundos, deben ser resueltos por los cubanos que habitan la isla, no por burócratas sentados en Washington ni por políticos que ven en la isla un trofeo que exhibir ante sus electores. El aporte que legítimamente corresponde hacer a Estados Unidos no es la injerencia, ni las amenazas, ni los ultimátum. Es, sencillamente, la eliminación de ese bloqueo criminal que durante más de sesenta años ha sofocado la economía cubana y lastrado el bienestar de su pueblo. Todo lo demás es ruido. Un ruido que, ayer, encontró enfrente un muro. No de silencio, sino de fuego retórico. El muro de la dignidad. Ese que los cubanos llevan construyendo, piedra sobre piedra, desde mucho antes de que a nadie en la Casa Blanca se le ocurriera que la isla podía ser tomada como quien toma una mesa de juego. Que quede claro: Cuba no se toma. Se respeta. Y si algo ha demostrado su historia reciente es que, contra todo pronóstico, contra toda lógica del poderoso, contra toda asfixia, la resistencia sigue siendo inexpugnable. Díaz-Canel lo ha dicho. La historia lo avala. Y el pueblo, ese pueblo que llena las gradas de los estadios de Miami cuando juega la selección de béisbol, que envía remesas a sus familiares, que mantiene viva la llama de la cubanía a pesar de la distancia, lo sabe mejor que nadie. El muro está en pie. Y no será un tuit, por altisonante que sea, el que consiga derribarlo.
¡Sabor a Revancha ! La vinotinto se Corona ante EE. UU. y le Responde en el Diamante a 100 Kilómetros de MAR-A-LAGO
La novena sudamericana derrota 3-2 al Dream Team estadounidense en una final de infarto, con una reacción en la novena entrada que silenció el LoanDepot Park de Miami y desató la fiesta en toda Venezuela, en una victoria con sabor a revancha deportiva y a reivindicación patriótica a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago. Por Redacción de Deportes umbral.local/ Pocas cosas dan un mejor guion que el deporte. Y pocos deportes escriben historias como el béisbol. Anoche, en el LoanDepot Park de Miami, la selección de Venezuela firmó la página más gloriosa de su historia al conquistar por primera vez el Clásico Mundial de Béisbol, derrotando 3-2 a un combinado estadounidense que llegó a esta cita con un rooster de superestrellas equiparable, por calidad y nombres, al Dream Team del baloncesto en Barcelona 1992. Pero aquella constelación de superdotados, encabezada por Aaron Judge, Bryce Harper y Alex Bregman, no hizo temblar a la novena criolla. Por el contrario, los dirigidos por Omar López tejieron una gesta que será contada de generación en generación: remontaron en la parte alta de la novena entrada, rompieron el corazón del gigante del norte y exorcizaron, de paso, los fantasmas de la eliminación sufrida en cuartos de final durante la edición de 2023, cuando Trea Turner les conectó un grand slam en la octava. El encuentro de esta noche tenía, sin embargo, un doble valor simbólico que trascendía lo meramente deportivo. Por un lado, el contexto político: las recientes declaraciones de Donald Trump sugiriendo que Venezuela debería ser anexionada a Estados Unidos, la captura del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses hace algo más de dos meses, y el trato vejatorio hacia los migrantes venezolanos, que paradójicamente fueron mayoría en las gradas del estadio de Miami, convirtieron este partido en una especie de revancha existencial. Por el otro, estaba la deuda pendiente con la historia: esa eliminación de 2023 que aún escocía en el alma del fanático venezolano. Nada en el juego de los sudamericanos tuvo la sombra del nerviosismo o de los complejos de quien se percibe como inferior. Desde el primer instante, Venezuela saltó al diamante con la agresividad de los predestinados. Ronald Acuña Jr., el primer bate, conectó imparable al primer lanzamiento del partido, marcando el tono de lo que sería una noche de puro vértigo. Pelota que parecía bateable, pelota a la que le daban con la madera. Como si los muchachos de la Vinotinto quisieran demostrar que el béisbol no es el mismo deporte cuando se juega con el corazón desbocado. Esa intensidad no se perdió ni siquiera cuando el gigante pareció despertar de su letargo en la parte baja de la octava entrada. Los venezolanos mostraron una concentración prácticamente perfecta en un deporte que cobra caro los errores. Fue un partido de picheo, como no podía ser de otra forma en una finalísima a un solo juego. La apuesta estadounidense fue arriesgada: abrieron con el novato de 24 años Nolan McLean, de los Mets de Nueva York, con apenas ocho aperturas en Grandes Ligas. Del otro lado, Caracas apostó por la experiencia del veterano Eduardo Rodríguez. Y fue ahí, en ese duelo de estilos, donde los amantes del deporte reafirmaron su conexión más íntima con el diamante. McLean jugó con la mente de los bateadores caribeños con una navaja suiza que pasaba del sweeper al sinker con una naturalidad pasmosa. Mientras, el experimentado Rodríguez pasmó a jonroneros de época como Judge y Bregman con una técnica confiable y efectiva: el cambio de velocidad y la recta cortada. En ese toma y daca, los dos equipos llegaron a cero hasta que, en la tercera entrada, Maikel García —uno de los jugadores más valiosos del torneo— impulsó la primera carrera con un elevado de sacrificio. El éxito de McLean terminó abruptamente en la quinta, cuando Wilyer Abreu, el jardinero de los Red Sox que ya había sido verdugo de Japón en cuartos de final, conectó un jonrón solitario para poner el 2-0. Los venezolanos colgaron el cero hasta la fatídica octava. Fue entonces cuando el guion cambió, los fantasmas regresaron y los depredadores olieron la sangre. El relevista Andrés Machado regaló base por bola a Bobby Witt Jr. y, acto seguido, Bryce Harper —la gran figura de los Phillies de Filadelfia— mandó la pelota a volar para empatar el partido 2-2. Pero así no podía terminar. El contexto, el ambiente en el estadio y las sensaciones en el dugout venezolano al entrar en la alta de la novena no daban señales de rendición. Ni siquiera cuando subió a la loma Garrett Whitlock, el lanzador que hasta ese momento había tenido un torneo para enmarcar. El béisbol es también un ajedrez humano. Quienes no lo conocen piensan muchas veces que se trata de un deporte inerte. La realidad es que el movimiento es constante, pero ocurre en la cabeza de los estrategas. Y esa fue la diferencia en el momento más importante de la final. Luis Arráez trabajó a Whitlock en una batalla psicológica de la que terminó arrancando una base por bola. Acto seguido, los sudamericanos colocaron a Javier Sanoja como corredor emergente. Minutos más tarde, en una jugada de fotografía que quedará grabada en la memoria colectiva de un país, Sanoja robó la segunda base para poner en circulación la carrera de la victoria. Fue, probablemente, la jugada más importante en la historia del béisbol venezolano. Como acto de cierre del suspense, emergió Eugenio Suárez para cerrar la pinza de una estrategia impecable: conectó un doblete remolcador que permitió a Sanoja anotar el 3-2 definitivo. Quedaba la baja de la novena. Tensión máxima. El lanzador venezolano Daniel Palencia consumó la hazaña con tres outs de rutina que sonaron como un estallido de liberación para todo un pueblo. Venezuela conquistó su primera corona mundial, frente a Estados Unidos y a solo 100 kilómetros de Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. La alegría desbordó las gradas del LoanDepot Park y se extendió como pólvora por cada rincón de Venezuela.
El nuevo Líder de Irán promete fuego y represalias en su primer mensaje: \»Vengaremos la sangre de los mártires\»
Mojtaba Jameneí asume el cargo tras la muerte de su padre en bombardeos occidentales, hace un llamamiento a la unidad nacional y advierte que el estrecho de Ormuz y las bases estadounidenses podrían convertirse en objetivos militares en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel. Redacción Internacional umbral.local/ Teherán – En un discurso cargado de simbolismo y beligerancia, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, rompió este jueves el silencio oficial para dirigirse a la nación y al mundo por primera vez desde que asumió el poder. Su mensaje, transmitido a través de los canales estatales, no solo confirmó la continuidad de la línea dura de la República Islámica, sino que elevó la tensión en un Oriente Medio ya sumergido en una guerra abierta. Con la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jameneí, aún reciente —víctima de los bombardeos coordinados por Estados Unidos e Israel a finales febrero—, el nuevo líder persa irrumpió en la escena política global con una promesa ineludible: \»Vengaremos la sangre de los mártires\». En su alocución, Mojtaba Jameneí elogió la entereza de las fuerzas armadas y defendió el derecho inalienable de Irán a la autodefensa, advirtiendo que los ataques contra el país \»tendrán consecuencias devastadoras para sus adversarios\». El discurso del nuevo Líder Supremo se produce en el momento más crítico para la región en décadas. Los enfrentamientos militares directos entre Irán y la coalición occidental han desbordado las fronteras, extendiéndose a ataques contra buques mercantes e infraestructuras energéticas en las aguas del Golfo Pérsico, lo que ha provocado una sacudida inmediata en los mercados energéticos globales y un disparo en el precio del crudo. Entre las advertencias más contundentes de Jameneí destacó la mención explícita al estrecho de Ormuz, el estratégico corredor marítimo por donde transita una quinta parte del consumo mundial de petróleo. El líder iraní insinuó su uso como herramienta de presión ante la ofensiva occidental, sugiriendo que la República Islámica podría interrumpir el flujo energético si la situación se recrudece. Asimismo, en un desafío directo a Washington, el nuevo mandatario advirtió que las bases militares estadounidenses dispersas por la región \»no estarán a salvo\» si persisten los bombardeos sobre territorio iraní. Esta amenaza amplía el espectro del conflicto, que hasta ahora había mantenido una peligrosa pero calculada distancia con la presencia terrestre estadounidense en países vecinos. La llegada de Mojtaba Jameneí al liderazgo fue ratificada a principios de marzo por la Asamblea de Expertos, en una sesión de emergencia convocada tras el ataque que acabó con la vida del ayatolá Alí Jameneí y parte de su círculo más cercano. Su ascenso, sin embargo, ha estado envuelto en una niebla de rumores sobre su propio estado de salud. Fuentes no oficiales llegaron a sugerir que el nuevo líder resultó herido durante el mismo bombardeo que diezmó a su familia, versiones que las autoridades iraníes se apresuraron a desmentir, asegurando que el dirigente se encuentra \»sano y salvo\» y al frente de la nación. Mientras Teherán consolida su nueva etapa de liderazgo bajo la sombra de la guerra, el frente externo no da tregua. Las potencias occidentales mantienen su presión militar sobre la república islámica, mientras que Israel ha intensificado su campaña retórica, instando abiertamente a la población iraní a sublevarse contra el gobierno de los ayatolás. Con la región al borde de una escalada mayor, el primer mensaje de Mojtaba Jameneí no deja espacio para la distensión: es la declaración de principios de un líder forjado en la guerra y dispuesto a heredar el legado de su padre con fuego.
La guerra que se transforma, Dimona, el desgaste y las nuevas lineas rojas del conflicto con Irán
Las guerras modernas rara vez se definen únicamente por la potencia militar de los actores involucrados. Con frecuencia, su evolución depende de factores más complejos: resistencia política, percepción pública, capacidad económica y, en ocasiones, elementos ideológicos profundamente arraigados. En el conflicto actual entre Estados Unidos, Israel e Irán comienza a percibirse una transformación importante. Lo que inicialmente parecía una demostración de fuerza con la expectativa de un desenlace rápido empieza a mostrar características propias de una guerra de desgaste, donde ninguno de los actores logra imponer una victoria inmediata y cada parte intenta aumentar progresivamente el costo del conflicto para su adversario. Desde el principio ha quedado claro que Irán no representa un objetivo fácil de neutralizar en un periodo corto. No solo por su tamaño geográfico o por su población cercana a los noventa millones de habitantes, sino también por décadas de adaptación bajo sanciones económicas, presión diplomática y amenazas militares. Esa experiencia ha llevado al país a desarrollar una doctrina que no busca competir simétricamente con el poder militar de Estados Unidos o Israel, sino compensar su inferioridad mediante estrategias de presión prolongada. En ese contexto, uno de los elementos más relevantes del conflicto ha sido la economía del combate. En términos simples, algunos sistemas utilizados para atacar pueden tener costos relativamente bajos en comparación con los sistemas necesarios para interceptarlos. Cuando estos ataques se realizan en oleadas repetidas, el objetivo no siempre es destruir completamente las defensas del adversario, sino obligarlo a gastar recursos, a consumir inventarios y a sostener un esfuerzo militar prolongado. Este tipo de dinámica introduce una variable clave en cualquier conflicto moderno: el desgaste. Ningún sistema de defensa, por sofisticado que sea, es completamente hermético. Incluso con tasas de interceptación muy altas, basta con que un pequeño porcentaje de proyectiles logre atravesar las defensas para producir efectos materiales, psicológicos y políticos. En los últimos ataques, algunos misiles iraníes han logrado impactar zonas del centro de Israel, incluyendo áreas cercanas a Tel Aviv. Además, reportes recientes indican que Irán ha comenzado a utilizar misiles equipados con diferentes tipos de ojivas diseñadas para aumentar el impacto sobre el terreno. A diferencia de una ojiva convencional que explota en un único punto, algunas configuraciones permiten que el misil libere submuniciones o fragmentos explosivos al aproximarse al objetivo, ampliando el área afectada incluso cuando el impacto no ocurre exactamente sobre una instalación específica. A esto se suma la aparición en el conflicto de misiles que diversos analistas describen como de perfil hipersónico o con trayectorias altamente maniobrables. Estos misiles se caracterizan por viajar a velocidades extremadamente altas —varias veces la velocidad del sonido— y por poder modificar su trayectoria durante el vuelo, lo que dificulta su detección temprana y su interceptación por sistemas tradicionales de defensa antimisiles. La introducción de este tipo de armamento no significa que las defensas israelíes hayan dejado de ser eficaces, pero sí refleja una realidad constante en las guerras modernas: cada parte busca desarrollar nuevas formas de penetrar o superar las defensas del adversario. Dentro de este escenario aparece un elemento particularmente delicado: Dimona Dimona es conocida internacionalmente por albergar el complejo nuclear israelí situado en el desierto del Néguev. Aunque Israel mantiene desde hace décadas una política de ambigüedad respecto a su arsenal nuclear, ese complejo ha sido considerado por muchos analistas como uno de los pilares de su capacidad estratégica. Por esa razón, un ataque contra Dimona tendría un significado completamente distinto al de un impacto contra instalaciones militares convencionales. No se trataría únicamente de un objetivo militar más, sino de un golpe simbólico contra el corazón de la disuasión estratégica israelí. Ahora bien, la posibilidad de que Irán logre atacar con éxito una instalación de ese nivel de protección es una cuestión distinta. Dimona es uno de los lugares más defendidos del país y cualquier intento de ataque enfrentaría múltiples capas de defensa. Sin embargo, el simple hecho de que un intento de ese tipo sea discutido dentro de los escenarios de guerra muestra hasta qué punto el conflicto podría escalar si las partes buscan romper el equilibrio actual. La pregunta que inevitablemente surge es qué ocurriría si una instalación nuclear como Dimona llegara a ser impactada. Desde el punto de vista técnico, el escenario más probable no sería comparable a un desastre nuclear masivo como los ocurridos en grandes plantas de energía nuclear. El reactor de Dimona no es una central eléctrica de gran potencia, sino una instalación de investigación y producción con características diferentes. No obstante, un impacto que dañara seriamente el complejo podría provocar algún nivel de liberación radiológica. En ese caso, los efectos dependerían de múltiples factores: la magnitud del daño, la cantidad de material liberado, las condiciones atmosféricas y la rapidez de las medidas de contención. Un incidente de ese tipo podría generar contaminación localizada, evacuaciones en áreas cercanas y una fuerte reacción internacional. Más allá del caso de Dimona, el conflicto también plantea interrogantes sobre la expansión del teatro de operaciones. Irán cuenta con una red de aliados regionales que, aunque no poseen el mismo poder militar que los Estados involucrados directamente, sí tienen la capacidad de abrir frentes adicionales. Milicias en distintos puntos de Medio Oriente, movimientos armados en la región y otros actores alineados con Teherán podrían actuar como multiplicadores de presión estratégica. Su función no sería necesariamente derrotar militarmente a Israel o a Estados Unidos, sino obligarlos a dividir recursos, dispersar defensas y enfrentar amenazas simultáneas en distintos puntos. A este complejo escenario se suma un factor ideológico que muchas veces se subestima en los análisis occidentales. El sistema político iraní tiene una dimensión religiosa significativa que influye en la manera en que el liderazgo y una parte de la sociedad interpretan los conflictos. En ese marco ideológico, conceptos como sacrificio, resistencia y martirio tienen un peso simbólico importante. Esto significa que la presión externa o los ataques militares no siempre producen debilitamiento interno. En algunos casos, pueden generar el efecto contrario: consolidar la cohesión nacional y reforzar la
Trump amenaza con un embargo comercial a España y califica de \»terrible\» al aliado que le niega sus bases para atacar Irán
El presidente de Estados Unidos arremete contra el Gobierno de Pedro Sánchez por negarse a respaldar la ofensiva militar contra Irán y anuncia que ordenará cortar \»todo el comercio\» bilateral. Alemania sale en defensa de Madrid y advierte que cualquier negociación comercial con Washington deberá ser conjunta con la UE. Por: Theo Núñez G. WASHINGTON — La furia del presidente Donald Trump no conoce matices cuando se trata de castigar lo que percibe como una deslealtad. Este martes, en el Despacho Oval y ante el canciller alemán Friedrich Merz, el mandatario estadounidense ha desatado su artillería verbal contra España, a la que ha acusado de ser un aliado \»terrible\» por negarse a permitir el uso de las bases militares en su territorio para la ofensiva que Estados Unidos e Israel han lanzado contra Irán. \»Vamos a cortar todo el comercio con España\», ha sentenciado Trump con la contundencia que caracteriza sus anuncios de política exterior, en una intervención que ha ido escalando en dureza a medida que se adentraba en lo que parece una molestia de carácter personal con el Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente estadounidense ha justificado su decisión en una acumulación de agravios que, según su relato, vienen de lejos: el rechazo español a elevar el gasto militar al 5% del PIB comprometido en la OTAN y, ahora, la negativa a prestar las bases para la operación militar. \»En primer lugar, todo empezó cuando todos los países europeos, a petición mía, hicieron lo que debían hacer, que era una contribución del 5%. Y todo el mundo estaba entusiasmado, Alemania, todos, y España no lo hizo\», ha argumentado Trump, obviando que ningún miembro de la Alianza Atlántica ha alcanzado ese porcentaje. \»Y ahora España ha dicho que no podemos utilizar sus bases, y eso es un poco… Podríamos utilizar sus bases si quisiéramos. Podemos volar hasta allí y utilizarlas. Nadie nos va a decir que no las utilicemos\», ha añadido en un tono desafiante que busca minimizar la decisión soberana del aliado. La respuesta del Gobierno español no se ha hecho esperar, aunque con la mesura que exige la delicadeza del momento. Fuentes del Ejecutivo han subrayado que \»España cumple sus compromisos, pero si EE UU quiere cambiar la relación comercial, tendrá que respetar los acuerdos con la UE\». Una declaración que traslada el conflicto al terreno comunitario, donde Madrid sabe que cuenta con el respaldo de sus socios. El presidente Sánchez comparecerá este miércoles a las nueve de la mañana desde el Palacio de La Moncloa para realizar una declaración institucional tras las palabras de Trump. El respaldo alemán ha llegado de manera inmediata y desde el mismo escenario donde se producía el ataque. El canciller Friedrich Merz, presente en la reunión con Trump, ha querido dejar clara la posición europea ante las amenazas unilaterales del mandatario estadounidense. \»España es miembro de la Unión Europea y, como tal, o llevamos a cabo las negociaciones sobre un acuerdo arancelario con Estados Unidos únicamente de manera conjunta o no las llevamos a cabo en absoluto\», ha afirmado Merz, cerrando el paso a cualquier intento de Washington de fragmentar al bloque comunitario. Trump, sin embargo, no se ha contentado con atacar a España. Ha establecido una suerte de ranking de lealtades entre los aliados europeos que sitúa a Alemania y otros —sin especificar— en la categoría de \»muy buenas, estupendas\», mientras que a España la relega al vagón de cola. \»El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, es fantástico. Pero otros europeos, como España, han sido terribles\», ha insistido, en una intervención que ha ido ganando en virulencia según avanzaba. El mandatario ha llegado incluso a menospreciar la importancia estratégica de España para los intereses estadounidenses. \»España no tiene absolutamente nada que nos interese, salvo su gente, que es estupenda. Tienen gente estupenda, pero no tienen un gran liderazgo\», ha declarado, en un intento por restar valor a una relación bilateral que, según datos oficiales, movió más de 38.000 millones de euros en intercambios comerciales durante el último ejercicio. \»No creo que hubieran aceptado subir a nada, querían mantenerlo en el 2% y no pagan el 2%, así que vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España\», ha reiterado Trump, que ha insistido en que Washington \»tiene todo el derecho de cesar mañana, u hoy, todo lo que tenga que ver con España\». \»Todos los negocios que tengamos con España, tengo el derecho de decretar un embargo sobre todo lo que tenga que ver con España\», ha remachado. La negativa española a participar en la coalición militar que respalda los bombardeos sobre Irán —una postura que también ha mantenido el Reino Unido— ha sido el detonante de una ira que, en el caso británico, ha merecido un reproche igualmente severo, aunque con matices diferentes. Sobre el primer ministro Keir Starmer, Trump ha opinado que su negativa a ceder la base de Diego García, en el archipiélago de Chagos, \»es chocante\». \»Pero esta no es la era de Churchill\», ha añadido con desdén, para acto seguido reprochar a Londres su disposición a negociar la soberanía de ese territorio con los indígenas que lo reclaman. \»Arruinan relaciones. Es una lástima, yo amo al Reino Unido. Mi madre venía de allí\», ha concluido, en un arranque de nostalgia que no ha suavizado la dureza de sus palabras. La comunidad internacional observa con preocupación cómo una crisis militar en una de las regiones más volátiles del planeta se convierte también en una crisis diplomática en el seno de la Alianza Atlántica. Por ahora, la Unión Europea permanece unida en la defensa de uno de sus miembros, pero la amenaza de un embargo comercial unilateral por parte de Estados Unidos abre un escenario de confrontación transatlántica cuyas consecuencias son, a día de hoy, impredecibles.
La UCT clama contra el horror: \»No al rito de la muerte que siembran el imperialismo y el sionismo\»
La central sindical dominicana condena enérgicamente los bombardeos contra Irán y denuncia el asesinato de más de doscientos menores en centros escolares durante el primer día de la ofensiva. La organización hace un llamamiento urgente a la solidaridad internacional de la clase obrera. Por Virtudes Álvarez Sampedro Santo Domingo – La pluma se resiste a narrar la masacre cuando los números tienen nombre de infancia. Alrededor de doscientas niñas. Decenas de jóvenes que recibían clase o practicaban deporte. Y el saldo que sigue creciendo mientras la comunidad internacional asiste, entre la condena retórica y el silencio cómplice, a la arremetida más reciente de la alianza que la Unión Clasista de Trabajadores (UCT) no duda en calificar como \»imperialista-sionista\». La Confederación Sindical, a través de su Secretariado Permanente, ha roto el protocolo de los comunicados institucionales para alzar una voz que trasciende lo gremial y se instala en lo humano. Con una prosa que lleva el peso de la indignación contenida, el Secretario General Juan Núñez Batista y el Secretario de Asuntos Internacionales Efraín Sánchez Soriano suscriben un texto quedenuncia el \»ensañamiento contra la población trabajadora, centros escolares, hospitales y oficinas públicas\» de Irán. \»Violentando la carta de la ONU, se han abrogado el derecho de secuestrar y asesinar a pueblos y autoridades de aquellos países que no le entregan sus riquezas naturales y soberanía al imperialismo decadente\», señala el documento, que sitúa la agresión no como un conflicto bilateral, sino como un capítulo más de una cruzada global contra las naciones que resisten al expolio. El comunicado de la UCT adquiere una dimensión particular al poner el foco en lo que denomina \»el rito de la muerte\»: esa ceremonia macabra donde las bombas eligen escuelas y hospitales, y donde las víctimas, en su mayoría civiles, son el tributo que paga la dignidad de los pueblos que no se doblegan. El sindicato llama a la clase obrera y trabajadora del mundo a expresar su solidaridad con el pueblo iraní y a repudiar públicamente una ofensiva que, a su juicio, encarna la barbarie de nuestro tiempo. Mientras los misiles trazan su geometría letal sobre territorio persa, la voz de la UCT resuena desde el Caribe como un aldabonazo en la conciencia. No es una declaración de alineamiento geopolítico, advierten sus firmantes. Es un grito contra la impunidad de quienes convierten la guerra en negocio y la vida de los niños en daño colateral.
El mundo al borde del precipicio

Antes de que se produjeran las elecciones del 5 de noviembre del año 2024 para la escogencia del Cuadragésimo Séptimo Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, advertí que escoger a Donard Trump, para un nuevo mandato significaba la degradación para el imperio. Señalé que El imperio Romano, el más poderoso de la antigüedad, comenzó su declive después del asesinato de Julio César, la muerte de Augusto y de Tiberio y el ascenso al Trono del esquizofrénico y desquiciado Calígula, del mitómano y pervertido Nerón y del farsante Cómodo. Indiqué que como cabeza de un imperio que sojuzgó, expolió y esclavizó pueblos enteros, que no había diferencia de propósitos entre César y Nerón, entre Augusto y Calígula, entre Tiberio y Cómodo, que sus métodos eran iguales y sus propósitos similares, que sólo se distinguían por la sobriedad y la solemnidad en el ejercicio del poder. Concluí señalando que nunca sería igual, George Washington, Abraham Lincoln o John F. Kennedy, que Donald Trump porque con objetivos similares, entre Washington, Lincoln, Kennedy y Trump, hay una diferencia del cielo a la tierra. Los primeros respetaron la solemnidad de sus investiduras, mientras Trump, es un Chabacano, Narcisista y turbero que no respeta leyes, ni normas con la agravante de que su egocentrismo lo hace creerse el centro del universo. Con un lenguaje soez y sin ningún respeto por las comunidades de migrantes exacerbando el oído, la xenofobia contra ella y levantado un ultranacionalismo, tal cual, como lo hizo líder del tercer Reich, Adolfo Hitler, lo que podría conducir al mundo a una catástrofe peor que el de la Segunda Guerra Mundial que dejo medio mundo destruido con más de 60 millones de muertos y una cifra de heridos e inválidos incuantificables. Hoy a un año, un mes y diez días de su ascenso al poder, el tiempo me ha dando la razón. Desde el primer día de su regreso a la Casa Blanca, sus medidas han sido una sarta de cosas díscola y peligrosa, muchas de ellas nunca vistas en las administraciones anteriores. Cortando la continuidad del Estado, como es caso la re-inclusión de Cuba entre los países que patrocinan y apoyan el terrorismo, excluida por la pasada administración de Joe Biden, al final de la misma. Indultos para alrededor de 1.500 turberos partidarios suyos acusados por los disturbios del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos, donde hubo 174 agentes policiales heridos y uno muerto. Ha pretendido mediante ordenanza desconocer, La Enmienda 14 de la Constitución de EE. UU., ratificada en 1868, que garantiza la ciudadanía automática por nacimiento a casi todas las personas nacidas en territorio estadounidense, incluyendo hijos de inmigrantes indocumentados, ordenando la mayor casería de los mismos en todo el territorio estadounidense, destruyendo familias y produciendo miles de deportaciones y muertes en varios Estados de la Unión. Ha ejercido constante presión sobre México y Canadá, a la que pretende convertir en un estado de la Unión, y la ambición desenfrenada de anexarse a Groenlandia. Cambió arbitrariamente el nombre del Golfo de México por el de Golfo de las Américas. Violando los acuerdos, Los Tratados Torrijos-Carter, firmados el 7 de septiembre de 1977 entre Estados Unidos y Panamá, que devolvía el canal de Panamá a su legítimo dueño; en competencia comercial con la República Popular China prácticamente lo han ocupado nuevamente Manus Militaris . Ha sometido a presión e intimidación a los países de América Latina y el Caribe con su secretario de Estado Marco Rubio a la cabeza. Ha ampliado el cerco de amenazas a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Ha incrementado el apoyo al genocida Benjamín Netanyahu, para el exterminio del Pueblo Palestino e incrementando la ayuda económica y militar al cómico de Zelenkis, en una guerra que no tiene ninguna posibilidad de ganar. Ha presionado a sus aliados de la OTAN para un rearmamento de sus miembros con un gasto mínimo de un 5% de su producto interno Bruto (PIB) de su país. Ha hecho el mayor despliegue militar en toda América y el Caribe no visto ni en la época del mayor conflicto bélico registrado hasta hoy. Continuando su política de agresión impune en todo el mundo, el pasado 3 de enero de manera artera e insólita y nunca vista en los anales de la historia, ni en las fantásticas películas de Hollywood, ordenó la captura y el secuestro de Nicolás Maduro Moro presidente en ejercicio de la República Bolivariana de Venezuela y su compañera Cilia Flores, en violación a todos los tratados y normas de derecho internacionales, sin ninguna consecuencia. Ha aumentado El Criminal bloqueo económico y financiero contra el pueblo cubano y las amenazas de repetir el guion venezolano, es latente. Y como si esto fuera poco, el pasado 28 de febrero, el desquiciado, egocéntrico, Xenófobo, ultranacionalista y partidario del llamado “Espacio Vital”, el Destino Manifiesto y Doctrina Monroe, Donard Trump, ha ordenado un ataque a la República Islámica de Irán, que ha dejado como resultado, la muerte del líder del país;Ayatollah Alí Jameneí y parte del estado mayor,incluyendo el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Pakpur, además, daños en la población civil; como la muerte de más un centenar de estudiantes en una escuela de niñas, y cientos de civiles mujeres niños y ancianos. Este ataque provocador, artero y criminal contra el pueblo iraní y sus principales líderes, pone en riesgo la paz mundial, porque se produce en una zona de alta tensión,cargadas de armamento nucleares por toda parte. El ataque a Irán, ordenado por Trump y su socio Netanyahu, debe ser motivo de preocupación en todo el mundo, por lo que es necesario ponerle freno a los impulsos desaprensivos de esta dupla genocida que está conduciendo de forma acelerada a la humanidad al llamado Apocalipsis. Los pueblos amantes de la paz están llamado a levantar su voz de protesta contra este ataque a Irán, que además de alevoso y criminal, pone en riesgo la paz mundial y la existencia misma de