El Cielo Vedado: Venezuela Bajo el Cerco Aéreo de Washington
La Administración Trump ha convertido el espacio aéreo venezolano en un nuevo campo de batalla geopolítico, imponiendo de facto una zona de exclusión que aísla al país suramericano y profundiza la crisis humanitaria, mientras el gobierno de Maduro responde desplegando defensas antiaéreas y denunciando ante foros internacionales lo que califica como \»acto de guerra\». Por Julio César Guzmán Acosta CARACAS.— El silencio en los cielos de Venezuela habla más fuerte que cualquier declaración diplomática. Donde antes cruzaban rutinariamente decenas de aeronaves comerciales, ahora solo se avistan contadas avionetas civiles y algún que otro vuelo militar. Este vacío aéreo, impuesto desde Washington mediante lo que el presidente Donald Trump ha denominado \»cierre total\» del espacio aéreo venezolano, representa la más reciente y dramática escalada en el pulso geopolítico que mantienen ambas naciones. La estrategia norteamericana, ejecutada a través de advertencias formales de la Administración Federal de Aviación (FAA) a las aerolíneas internacionales, ha logrado lo que pocas sanciones económicas habían conseguido: aislar físicamente a Venezuela del mundo en vísperas de la temporada navideña. Aerolíneas como Iberia, Air Europa, Turkish Airlines y Avianca han suspendido sus operaciones, dejando a cientos de pasajeros varados en aeropuertos desde Madrid hasta Ciudad de Panamá. El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha respondido con firmeza beligerante. En comunicación dirigida a la OPEP y países aliados, el mandatario venezolano acusó a Washington de pretender apoderarse de las \»vastas reservas petroleras\» mediante \»el uso de la fuerza militar letal\». Simultáneamente, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López exhibió capacidades militares en un mensaje contundente: \»Estamos dispuestos a defender nuestro cielo patrio… La aviación militar bolivariana sabe que tiene que golpear duro donde tenga que golpear\». La crisis trasciende lo simbólico. Mientras aviones caza F18 estadounidenses sobrevuelan las costas del estado Falcón, la Fuerza Armada Bolivariana ha desplegado sistemas de defensa antiaérea en Lecherías, creando un escenario de máxima tensión que recuerda los peores momentos de la Guerra Fría en el Caribe. La reacción internacional no se ha hecho esperar. Desde Bogotá, el presidente Gustavo Petro calificó el cierre aéreo de \»completamente ilegal\» y exigió la intervención urgente de la Organización de Aviación Civil Internacional. \»Si un presidente extranjero puede cerrar el espacio aéreo de otro país sin norma que lo avale, entonces la soberanía nacional deja de existir\», advirtió el mandatario colombiano. Brasil, bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, observa con creciente preocupación el desarrollo de los acontecimientos. \»Basta un tiro para empezar una guerra, pero nadie sabe cómo acaba\», reflexionó el veterano estadista, encapsulando la ansiedad que recorre los palacios presidenciales latinoamericanos. En el plano humanitario, la situación se deteriora rápidamente. La vicepresidenta Delcy Rodríguez anunció un \»plan especial\» para repatriar venezolanos varados, aunque sin ofrecer detalles concretos. Mientras tanto, en el aeropuerto madrileño de Barajas, decenas de familias duermen en pasillos a la espera de una solución que no llega. Este cerco aéreo, presentado por Washington como medida contra el narcotráfico en el marco de la Operación Lanza del Sur, es interpretado por analistas regionales como el capítulo más reciente de una estrategia de máxima presión que busca forzar un cambio de gobierno en Caracas. Lo que está en juego, sin embargo, supera el destino de una administración particular: se trata nada menos que de la vigencia del principio de soberanía nacional en el orden internacional del siglo XXI. Mientras los cielos venezolanos permanecen inusitadamente vacíos, la pregunta que flota en el aire es tan simple como aterradora: ¿estamos presenciando los prolegómenos de una intervención militar o simplemente otra forma de guerra híbrida en el complejo tablero geopolítico contemporáneo? La respuesta, como los aviones que ya no surcan estos cielos, se hace esperar.
Cerco en el Cielo: Trump Declara el Espacio Aéreo Venezolano Zona de Exclusión
El presidente estadounidense anuncia el \»cierre total\» del espacio aéreo venezolano mediante redes sociales, intensificando la crisis diplomática hasta niveles sin precedentes y generando temores de una escalada militar inminente, mientras Caracas responde denunciando \»acto hostil\» y revocando licencias a aerolíneas internacionales. Por Servicios umbral.local/ WASHINGTON/CARACAS.— En una escalada retórica que bordea la ultimátum, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado mediante su red social Truth el \»cierre total\» del espacio aéreo sobre Venezuela y sus alrededores, medida que representa el punto más álgido en la tensión bilateral desde que Washington inició su ofensiva contra el llamado \»Cartel de los Soles\». El anuncio, formulado sin detalles operativos pero con contundencia propagandística, llega apenas dos días después de que el mandatario republicano advirtiera que comenzaría \»muy pronto\» a detener el tráfico de drogas \»también por tierra\». La respuesta venezolana no se hizo esperar. En un comunicado oficial, el gobierno de Nicolás Maduro calificó la declaración de Trump como \»acto hostil, unilateral y arbitrario\» y \»una amenaza colonialista\», rechazando lo que considera una aplicación extraterritorial ilegítima de la jurisdicción estadounidense. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, por su parte, acusó a la opositora María Corina Machado de haber solicitado el bloqueo aéreo, señalando que Washington simplemente \»complace\» sus peticiones. En la práctica, el espacio aéreo venezolano ya operaba en modalidad de cuasi-aislamiento desde que la Fuerza Aérea estadounidense emitió una alerta de seguridad el lunes pasado, recomendando evitar el vuelo sobre territorio venezolano debido al \»empeoramiento de la situación de seguridad y la intensificación de la actividad militar\». Aerolíneas como Iberia, Air Europa, Latam, Avianca y Turkish Airlines suspendieron inmediatamente sus operaciones, generando un colapso en la conectividad internacional del país suramericano. Como contramedida, las autoridades aeronáuticas venezolanas han revocado los derechos de tráfico aéreo de seis compañías internacionales, acusándolas de \»sumarse a las acciones de terrorismo de Estado promovido por el Gobierno de Estados Unidos\». Solo permanecen operativas conexiones con Bogotá, Ciudad de Panamá y algunas Antillas, creando una situación crítica para cientos de pasajeros varados en vísperas de la temporada navideña. El contexto estratégico revela un escenario cada vez más complejo. Estados Unidos ha desplegado en la región caribeña el mayor contingente militar en décadas, estimado en más de 15.000 efectivos, complementado con el portaviones USS Gerald R. Ford, la nave más avanzada de su clase. Paralelamente, continuan los bombardeos a supuestas \»narcolanchas\» que, según reportes oficiales, han causado más de 80 muertes. La crisis adquiere matices particulares considerando que, según reveló The New York Times, Trump y Maduro mantuvieron recientemente una conversación telefónica que pudo interpretarse como gesto de acercamiento. Fuentes cercanas al diálogo describieron el tono como \»correcto\», llegando incluso a contemplarse un encuentro personal en suelo estadounidense. Sin embargo, el último anuncio presidencial parece enterrar, al menos temporalmente, cualquier esperanza de desescalada diplomática. Analistas regionales coinciden en que la medida, más allá de su viabilidad técnica inmediata, funciona como instrumento de presión psicológica y política. Al declarar el espacio aéreo venezolano \»cerrado en su totalidad\», Trump consolida narrativamente el aislamiento internacional de Caracas mientras prueba los límites de la soberanía nacional en el derecho internacional contemporáneo. Mientras tanto, en los cielos de Venezuela, el silencio se hace cada vez más elocuente. Donde antes transitaban rutas comerciales hoy solo persiste el vuelo esporádico de avionetas civiles y el patrullaje militar, en una metáfora aérea de la asfixia geopolítica que vive el país suramericano. La pregunta que flota en el ambiente es tan simple como alarmante: ¿estamos ante una estrategia de máxima presión o ante los prolegómenos de una intervención militar directa? El tiempo, y la evolución de este cerco aéreo sin precedentes, tendrán la respuesta.
La Diplomacia del Subalterno: Abinader y el Arte del Servilismo

Ante la visita del secretario de Guerra estadounidense, el gobierno dominicano ha exhibido una complacencia que raya en la sumisión, abandonando la tradición de equilibrio diplomática que caracterizó a administraciones anteriores y alineándose de manera incondicional con los designios de la administración Trump, particularmente en su cruzada contra Venezuela. En los anales de la diplomacia dominicana, nunca se había presenciado un espectáculo tan lastimoso como el ofrecido esta semana por la administración de Luis Abinader. Con una deferencia que avergonzaría hasta al más leal de los vasallos, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha desplegado la alfombra roja para Pete Hegseth, secretario de Guerra de los Estados Unidos, en lo que constituye una clara demostración de servilismo geopolítico que marca un punto de inflexión en las relaciones internacionales de la República Dominicana. La escena en el Palacio Nacional habría provocado rubor incluso en los tiempos más oscuros de la Guerra Fría. Mientras Hegseth descendía de su avión militar para ser recibido con honores casi monárquicos, el presidente Abinader y su equipo se aprestaban a cumplir con el guión establecido en Washington: reforzar la \»Operación Lanza del Sur\» y, lo que es más grave, avalar la narrativa que justifica el creciente intervencionismo estadounidense en el Caribe so pretexto de combatir el narcotráfico. La Venezuela de Maduro como Pretexto Geopolítico No es difícil discernir el verdadero propósito detrás de esta súbita atención que Washington presta a Santo Domingo. La administración Trump, en su obsesión por derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, ha encontrado en Abinader un aliado dispuesto a prestar su territorio y su legitimidad internacional para una causa que poco tiene que ver con los intereses nacionales dominicanos. El llamado \»Cartel de los Soles\», designado por Washington como organización terrorista, sirve de pretexto conveniente para una estrategia de cerco que viola abiertamente el principio de no intervención que durante décadas guió nuestra política exterior. Lo que estamos presenciando es la transformación de la República Dominicana en un portaaviones diplomático al servicio de los intereses hegemónicos norteamericanos. Mientras el gobierno de Abinader se presta a este juego peligroso, ignora deliberadamente que la soberanía no es moneda de cambio, sino principio fundamental de la existencia nacional. Ni siquiera durante el gobierno de Joaquín Balaguer, tan criticado por su alineamiento con Washington, se llegó a estos niveles de sumisión. La Ceguera Voluntaria ante los Problemas Domésticos Resulta particularmente cínico que este gobierno, tan solícito para con las demandas estadounidenses, muestre una incapacidad tan notable para limpiar su propia casa. Mientras Hegseth y Abinader conversaban sobre el narcotráfico internacional, los fantasmas domésticos del PRM acechaban en las sombras: regidores, exdiputados y dirigentes políticos vinculados al tráfico de drogas, procesados en cortes estadounidenses, constituyen un recordatorio patente de que la complicidad con el narcotráfico no es un fenómeno nuevo y que cada día toca las puertas del partido de gobierno, el PRM. Esta contradicción fundamental revela la verdadera naturaleza de la postura gubernamental: no se trata de una lucha genuina contra el narcotráfico, sino de un alineamiento político estratégico que sacrifica la soberanía nacional en el altar de los intereses estadounidenses. El gobierno dominicano, en su afán por congraciarse con Washington, ha terminado por convertirse en el peón perfecto en un tablero geopolítico cuyas reglas no ha contribuido a escribir. El Precio de la Subordinación La historia juzgará severamente este capítulo de la diplomacia dominicana. Cuando las aguas vuelvan a su cauce y la obsesión trumpista con Venezuela pase a los archivos históricos, quedará al descubierto el precio de esta política de subordinación: el debilitamiento de nuestra posición internacional, el sacrificio de principios diplomáticos fundamentales y la transformación de la República Dominicana en un satélite de la política exterior estadounidense. El verdadero patriotismo no se mide por la capacidad de congraciarse con las potencias, sino por la firmeza para defender los intereses nacionales frente a ellas. En este sentido, la administración Abinader ha fracasado estrepitosamente, intercambiando la dignidad nacional por un lugar en la foto junto al secretario de Guerra estadounidense. Las generaciones futuras recordarán este período como el momento en que la República Dominicana, voluntariamente, cambió su soberanía por un plato de lentejas geopolíticas.
Caribe Bajo Tensión: La Visita Estratégica del Secretario de Defensa de EE.UU. A República Dominicana

La llegada de Pete Hegseth a Santo Domingo, enmarcada en un masivo despliegue militar norteamericano y la crisis venezolana, trasciende la cooperación antidrogas para revelar una región convertida nuevamente en frontera geopolítica prioritaria para Washington. Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo. – La República Dominicana se apresta a recibir en los próximos días al secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, en una visita que, si bien fue oficialmente anunciada como una jornada de coordinación contra el narcotráfico, se proyecta sobre un telón de fondo de creciente tensión militar en el Caribe, la más significativa en tres décadas. Hegseth se convierte así en el primer titular de la Pentágono en realizar una visita oficial al país, una circunstancia que subraya el peso estratégico que Washington otorga a la isla en un momento de alta volatilidad regional. El presidente Luis Abinader confirmó el encuentro, señalando que su propósito es \»continuar la coordinación de acciones conjuntas\» en la lucha antinarcóticos. \»Seguimos trabajando con los Estados Unidos porque esta es una lucha fuerte, y más con algunos países que han aumentado la producción de drogas, especialmente de cocaína\», afirmó el mandatario. No obstante, entre líneas de la comunicación oficial se percibe un alcance mayor, uno que conecta la cooperación binacional con la urgente necesidad de Estados Unidos de consolidar alianzas en su patio trasero inmediato. Un Mar Militarizado El contexto inmediato de esta visita es una movilización de recursos navales y aéreos estadounidenses en el Caribe que no se observaba desde el ocaso de la Guerra Fría. Cerca de una cuarta parte de toda la flota desplegada globalmente por la Armada de los EE.UU. opera actualmente en estas aguas. La pieza más emblemática de este despliegue es el portaaviones USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, que navega acompañado de su grupo de ataque: destructores, fragatas, aeronaves de última generación y sistemas de vigilancia de vasto alcance. A esta fuerza de superficie se le suma la silenciosa pero poderosa presencia de al menos un submarino nuclear, un instrumento de disuasión por excelencia. Esta acumulación de poderío no es un ejercicio abstracto. El Comando Sur ha intensificado sus operaciones, desplegando aviones de patrulla marítima, drones de largo alcance y helicópteros antisubmarinos desde bases estratégicas como Puerto Rico. El resultado es un control férreo de las rutas marítimas, con interceptaciones constantes de embarcaciones sospechosas, en un esfuerzo por estrangular las redes del tráfico ilícito. El Epicentro Venezolano El legítimo gobierno de Venezuela funciona como el motor principal de esta tensión. La clara política antiimperialista del gobierno de Caracas y la procura constante de EE.UU. de fracturar las Fuerzas Armadas venezolanas y la supuesta influencia de redes criminales asociadas al aparato estatal han empujado a Caracas a diseñar toda una estrategia de resistencia que desde Washington responden con un endurecimiento de las sanciones y la evaluación de escenarios que buscan contrarrestar la influencia del gobierno chavista. Esta dinámica ha transformado el Caribe en un espacio de fricción potencial. El cierre de espacios aéreos, la cancelación de vuelos comerciales y la militarización de las rutas marítimas elevan el riesgo de incidentes en una zona históricamente sensible, donde cada movimiento es interpretado a la luz de un pulso geopolítico más amplio. La Diplomacia del Poder En este tablero reconfigurado, la República Dominicana emerge como un nodo estratégico indispensable. Su privilegiada ubicación geográfica la convierte en un punto de cruce vital para el monitoreo de tráfico aéreo y marítimo. Los acuerdos de interoperabilidad e intercambio de inteligencia que ya mantiene con Washington adquieren, en el actual clima de crispación, un valor incalculable. La visita de Hegseth, por tanto, aunque de contenido formalmente operativo, es un acto de diplomacia cargada de simbolismo. Para Estados Unidos, se trata de reafirmar alianzas y proyectar una imagen de estabilidad y control en una región que ha vuelto a ser una frontera prioritaria. Para la República Dominicana, el reto consiste en navegar el delicado equilibrio de asegurar una cooperación estratégica que fortalezca su seguridad, sin verse arrastrada al vértice de una confrontación ajena. El Caribe, una vez más, es escenario donde la diplomacia y la fuerza operan en una sinfonía de alta tensión, y Santo Domingo se encuentra en el centro de la orquesta.
El escándalo BBC-Donald Trump

La emblemática cadena noticiosa del Reino Unido, conocida mundialmente como la BBC de Londres, está envuelta en un resonante escándalo luego de ser pillada en una manipulación vulgar que envuelve al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. El hecho salió a relucir luego de que el presidente Trump amenazara con demandar la cadena por la nada despreciable suma de mil millones de dólares—todo lo del mandatario estadounidense es extravagante—en caso de que el medio no se retractara y pidiera disculpas públicas por el incidente. Todo empezó después de que la cadena emitiera un documental relacionado con los acontecimientos del 6 de enero de 2021 en el Capitolio en Washington, desencadenados tras la derrota en las elecciones de noviembre previo, la que el republicano se negaba a reconocer, alegando irregularidades. La manipulación consistió en poner a Trump en la posición de incendiario que arengaba a sus seguidores para que marcharan al Congreso donde estaba prevista la sesión de proclamación de Joe Biden como ganador de esos comicios. Mediante el cotejo de lo dicho por Trump aquella aciaga mañana y lo que emitió la BBC, se pone de manifiesto la existencia de una manipulación atroz, admitida por la cadena con renuncias de ejecutivos incluidas. Ahora bien, lo que nos llama la atención es la celeridad con que los ejecutivos de BBC admiten la adulteración de hechos; y lo hacen, evidentemente, porque se trata del presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, cuando el medio londinense y otras cadenas internacionales—en especial de los propios Estados Unidos—manipulan informaciones, hechos y situaciones vinculadas con líderes de países del sur o de “menor categoría”, estos medios ni se molestan en dar una disculpa frente a los reclamos de los afectados. Es más, suelen apandillarse para hacer la vida imposible a estos dirigentes, y les crean narrativas que posicionan la mentira inicial y las potencian a niveles que sus incautos espectadores terminan aceptando como verdaderas. Mediante sus operadores, estas cadenas internacionales suelen lapidar a estos dirigentes, sobre todo a los ubicados en el espectro político progresista, generalmente recurriendo a la posverdad mediante la siembra de matrices de opinión mendaces. La amenaza de Trump habría caído en el más absoluto desprecio de haber sido uno de estos líderes que carecen del poder y el temperamento del jefe de la Casa Blanca.
La Utopía en la Fortaleza del Capital: Mamdani y el Asalto Socialista a Nueva York

La elección de Zohran Mamdani como primer alcalde musulmán de Nueva York representa el mayor desafío al establishment neoliberal estadounidense en décadas, un experimento socialista en el corazón del capitalismo global que enfrenta la feroz resistencia de élites económicas, el lobby israelí y los medios de comunicación. Por Julio Guzmán Acosta NUEVA YORK.- En la ciudad que simboliza el sueño capitalista por excelencia, un hombre de origen inmigrante, confesamente socialista y abiertamente musulmán ha logrado lo impensable: conquistar la alcaldía con un programa que promete redistribuir la riqueza en la metrópoli más desigual de Estados Unidos. Zohran Mamdani, de 33 años, no solo rompió moldes demográficos sino que desnudó las profundas contradicciones de un sistema que genera riqueza monumental mientras deja atrás a sus clases trabajadoras. Su victoria, conseguida con el trabajo puerta a puerta de 90,000 voluntarios y financiada mediante pequeñas donaciones populares, representa un terremoto en el paisaje político norteamericano. Mamdani logró lo que parecía imposible: unir a trabajadores multirraciales, jóvenes profesionales ahogados por los préstamos estudiantiles y comunidades inmigrantes alrededor de una plataforma que desafía abiertamente el consenso neoliberal que ha dominado la ciudad durante décadas. La grieta demócrata: socialismo versus establishment La elección neoyorquina evidenció la profunda fractura dentro del Partido Demócrata. Por un lado, la vieja guardia representada por Andrew Cuomo -hijo del exgobernador Mario Cuomo- quien, derrotado en las primarias, optó por presentarse como independiente con el apoyo tácito de donantes corporativos y el sorprendente respaldo indirecto de Donald Trump, cuyo padre fue históricamente donante demócrata. Por el otro, la emergente ala socialista encabezada por Mamdani y respaldada por figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, aunque con notables diferencias en cuanto a la política exterior. Mientras Sanders y Ocasio-Cortez justificaron la reacción israelí tras los ataques del 7 de octubre de 2023, Mamdani se distinguió por su condena abierta a lo que calificó como \»genocidio\» en Gaza, posicionamiento que le valió feroces ataques de la poderosa maquinaria sionista norteamericana. El arsenal de los poderosos: antisemitismo y fantasmas rojos La campaña contra Mamdani activó todos los resortes del miedo. Lo llamaron comunista, marxista, yihadista, antisemita. Medios tradicionales y digitales profetizaron el éxodo judío de Nueva York -la ciudad con mayor población judía fuera de Israel- y magnates como Elon Musk lo tildaron de \»carismático estafador\». El lobby israelí AIPAC movilizó sus considerables recursos para impedir su ascenso, consciente de que un alcalde socialista y crítico de Israel en Nueva York representaba una amenaza existencial para su influencia. Como en los peores momentos del macartismo, las acusaciones de antisemitismo se mezclaron con el rechazo visceral al socialismo, creando una narrativa poderosa destinada a asustar a un electorado que, no obstante, optó por la esperanza sobre el miedo. Los dueños de Nueva York contraatacan La victoria de Mamdani representa solo el primer round de una batalla épica. Como bien advierte el académico Norman Finkelstein, crítico del sionismo pero también observador lúcido de la izquierda, la vida del alcalde electo podría estar en riesgo y su proyecto enfrenta obstáculos monumentales. Las contradicciones ya comienzan a surgir: la aceptación de fondos vinculados a Alexander Soros -heredero de la Open Society Foundation- y la posible continuidad de Jessica Tisch, miembro de una de las familias más ricas de Nueva York, como comisionada de policía, generan escepticismo entre sus bases. ¿Cómo conciliar la retórica revolucionaria con la práctica de gobierno en una ciudad cuyas estructuras de poder están profundamente entrelazadas con el capital financiero? Como reflexionaba el veterano luchador social mexicano Pedro Castillo Salgado, las movilizaciones muestran el músculo, pero el verdadero poder se ejerce en la capacidad de transformación duradera. Los 90,000 voluntarios que llevaron a Mamdani a la alcaldía deberán convertirse en el ejército ciudadano que respalde cada medida, cada reforma, cada enfrentamiento inevitable con los poderes fácticos. Nueva York se convierte así en el laboratorio más importante para la izquierda global del siglo XXI. El éxito o fracaso de Mamdani determinará no solo el futuro de una ciudad, sino la viabilidad misma de proyectos socialistas en las entrañas del capitalismo avanzado. La utopía ha llegado a Manhattan, y su supervivencia dependerá de si puede convertir la esperanza en realidad tangible para millones de neoyorquinos olvidados por el sueño americano.
Trump ensañado contra Cuba

Desde su regreso a la casa Blanca el excéntrico y megalómano Donald John Trump, partidario de la Teoría del destino Manifest, ha enfilado su política contra sus vecinos a ambos lados de sus fronteras (Canadá y México), y siguiendo la política de su antigua administración se ha ensañado mucho más contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Dentro de sus primeras medidas fue la revocación de una de las últimas medidas de la administración de Joe Biden sacando a Cuba de los supuestos países que propician el terrorismo, para incluirla nuevamente en tan nefasta e injusta lista. No se han conformado con haber sometido a la revolución y al pueblo cubanos a un bloqueo criminal económico y financiero de más de 64 años. Desde aquel histórico primero de enero de 1959, fecha del triunfo de la Revolución, trece administraciones estadunidenses han tratado por todos los medios derrotarla y no han podido. A tan solo tres meses de su juramentación como el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos el ex senador del Estado de Massachusetts, John Fitzgerald Kennedy, siguiendo los planes de su antecesor Dwight D. Eisenhower, ordenó una invasión a Cuba. El 19 de abril de 1961, tropas mercenarios reclutadas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), brazo ejecutor de la política subversiva y de terror exterior de todas las administraciones de los EEUU, desembarcaron en Playa Girón, en el municipio de la Ciénaga de Zapata de la provincia de Matanzas, siendo derrotadas en menos de 72 horas por el gobierno y pueblo cubanos dirigido personalmente por el líder de la revolución Fidel Castro Ruz, hecho del que nunca se han repuesto los halcones del Pentágono. Es de ahí que lo que no pudieron con las armas, las administraciones yanquis de ambos partidos, Demócrata y Republicano, han pretendido hacerlo recurriendo a un bloqueo criminal económico y financiero que lleva más de 6 décadas, privando a esa hermana República y su heroico pueblo de elementos fundamentales para su desarrollo, económico, científico y de salud. Más de 240 leyes y medidas han sido dictadas contra el pueblo y la revolución cubana. Medidas como la Ley de Asistencia Exterior promulgada el 4 de septiembre de 1961; seguida de la Proclama Presidencial 3447, del presidente Kennedy, del 3 de febrero de 1962, que implementó el bloqueo comercial y financiero. A estas se suman otras regulaciones como la del Control de Activos Cubanos de 1963, y medidas administrativas que restringen el comercio, las finanzas y otras actividades. Como la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, Ley para la Administración de las Exportaciones (1979): la Ley Torricelli de 1992, Ley Helms-Burton de 1996. Desde 1992, el embargo estadounidense a Cuba tiene un carácter extraterritorial estableciendo sanciones a terceros países que acojan a subsidiarias de empresas cubanas. A esto se agrega la inclusión nuevamente de Cuba en la lista de países que supuestamente apoyan el terrorismo, y nuevas medidas que endurecen las ya existentes restricciones financieras y comerciales contra el gobierno y el pueblo cubano. Frente a esa política criminal, la Asamblea General de la ONU ha venido evacuando durante los últimos 33 años de manera permanente una resolución contra el bloqueo criminal. La última resolución de la ONU, la número 34 que condena el bloqueo a Cuba fue en 2024 dónde de 190 países presentes, 187(98%) votaron repudiando el bloqueo, dos a favor de mantenerlo, como es lógico Estados Unidos y sus socios sionistas de Israel, y una (1) abstención de la pequeña Moldavia. Frente a la posibilidad de que la condena abrumadora de los países miembros de la Organización de la Naciones Unidas se repita, la administración Trump amenaza y presiona a gobiernos en todo el mundo, especialmente en América y Europa, para que se sumen a votar por el mantenimiento de bloqueo contra el pueblo cubano, o que se abstengan de votar en ninguna dirección, lo cuál sería un triunfo para el gobierno estadounidense. El gobierno del presidente Luis Abinader no puede ceder frente al chantaje de la administración Trump frente al caso del bloqueo, como lo hizo con la exclusión de ese y otros países de la Cumbre de las Américas, y debe mantener la solidaridad fraternal entre nuestros pueblos sellada en el Manifiesto de Montecristi hace 130 años entre José Márti y Máximo Gómez, y la solidaridad del pueblo cubano en nuestra lucha contra la tiranía de Trujillo expresada en la fallida gesta de Cayo Confites en 1947 y en las patrióticas de 1959 de Constanza, Maimón y Estero Hondo. La política militarista y agresión de Trump debe ser rechazada. América Latina y el Caribe deben ser zonas de paz entré nuestros pueblos y naciones. No al bloqueo criminal contra Cuba.
La reiteración de acuerdos fallidos

VISIÓN GLOBAL A lo largo de las últimas décadas el mundo ha asistido a una conducta pendular, tanto de los actores del eterno conflicto árabe-israelí como de las potencias, referido a los múltiples intentos por lograr una paz de largo alcance en la que se puede considerar la zona más conflictiva del planeta. Probablemente el intento más serio fue la Resolución 181 de 1947, mediante la cual la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó el establecimiento de los Estados de Israel y Palestina, previo a la participación del territorio. Esta disposición se ejecutó a medias, pues solo los judíos pudieron establecer su Estado, mientras la parte palestina recibió, de manera sistemática, el boicot para que nos ecumpliera su parte, hasta el presente. Tras aquella Resolución vinieron otras, y otras, y otras, en las cuales una mayoría importante de miembros de la ONU ha manifestado su apoyo a la creación del Estado palestino, sin éxito. Mientras esta parte se verifica, la zona no ha salido de un conflicto; sus principales actores han suscrito muchos acuerdos de paz, pero sobre una fragilidad que los ha convertido en firmas sobre papel mojado. Inclusive, actores importantes de los esfuerzos de paz fueron asesinados (Anwar el Sadat e Isaac Rabín), por fanáticos de ambos lados a quienes, directamente o por vía de sus mentores tras bastidores, conviene que la tragedia se prolongue eternamente. Es decir, los pueblos abogan y gritan paz, pues son quienes a lo largo de esta tragedia han puesto los muertos en grandes cantidades, como ha sucedido con el reciente episodio genocida dirigido por Netanyahu desde la alocada incursión de Hamas el 7 de octubre de 2023. Lo referido nos trae hasta el momento actual, parte del liderazgo mundial acudió a Egipto para apoyar el plan de paz en Gaza propuesto por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, esperanzados en que, finalmente, se pueda lograr un cese el fuego definitivo. Sin embargo, existen aprensiones muy notorias sobre la viabilidad de un acuerdo de paz duradero, cuando sabemos que persisten las cuestiones de fondo que han motivado el largo conflicto. Dos elementos son los más preocupantes: el desarme real de Hamas y la resistencia de Israel a que los palestinos tengan un Estado. ¿Desaparecerán de manera real? Es la interrogante Nelsonencar10@gmail.com
La actual pausa del genocidio en Gaza es resultado de la solidaridad internacional

Luego de dos años y siete días de la acción de Hamás en territorio israelí, que sirvió de pretexto para la mayor incursión terrestre del ejército de ese país en territorio palestino, la cual ha dejado 70 mil muertos, de los cuales 20 mil son menores de 10 años, 12 mil mujeres, 9 mil de ellas embarazadas. A esto se agregan 18 mil niños huérfanos, 14 mil desaparecidos y 170 mil heridos, de los que 40 mil tendrán lesiones permanentes. Parece que esta situación tomará una pausa. Mientras, el 90% de toda la estructura está destruida, incluyendo hospitales, escuelas, edificios públicos y privados, así como viviendas individuales. También, el cerco y bloqueo criminal que las huestes del ejército israelí han impuesto a los sobrevivientes de la población gazati, que han dejado centenares de fallecidos por falta de alimentos y otros elementos básicos para la subsistencia humana, comienza a flexibilizarse. Pero tales medidas no son por decisión propia, ni del agrado del sionismo, ni mucho menos de su titiritero y cómplice, Donald Trump. Son el resultado de voces inquebrantables como la de la relatora especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, que nunca se amedrentó frente a las medidas tomadas en su contra, tanto por el régimen sionista como por la administración de Trump. De acciones como las de la Flotilla de la Global Sumud que intentó romper el criminal e inhumano cerco con el que el sionismo mata de hambre a más de 600 mil niños, y del apoyo militante de los pueblos de la mayoría de países del mundo, que se fueron sumando a las denuncias y las protestas contra el genocidio al que se sometía a la población palestina de Gaza, obligando a sus respectivos gobiernos a tomar partido sobre el hecho. Las manifestaciones multitudinarias de condena al genocidio recorrieron los cinco continentes, desde Inglaterra hasta Australia, pasando por España, Alemania, Francia, Italia, Austria, Grecia, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suiza, Japón, Camboya, India, Pakistán, Filipinas, Singapur, los Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, Brasil, México, Colombia, Venezuela, Cuba, Chile, Sudáfrica, Nigeria, Libia, Argelia, Senegal, Túnez, Egipto, Irán, Irak, Jordania, Líbano, Siria, Emiratos Árabes Unidos yCatar. En el propio Israel, judíos no sionistas, se manifestaron en contra de la política aplicada por Netanyahu. Son hechos como el ocurrido en la última resolución de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en reconocimiento a la existencia del Estado palestino como se estableció en la resolución 181 del 29 de noviembre de 1947 de dicha institución, que dividió el antiguo territorio palestino ocupado en dos Estados: uno judío y otro árabe, con el voto a favor de 142 (87%) de unos 164 países presentes, 10 votos en contra (Estados Unidos, Israel, Argentina, Rumanía etc.) y la abstención de los 12, lo que ha obligado al sionismo y a sus auspiciadores a buscar una salida momentánea y dejar de lado el propósito de anexionar y colonizar la importante Franja de Gaza. Pero, indudablemente, el hecho más decisivo para la consecución de esta tregua es la determinación del pueblo palestino de nunca rendirse, de luchar hasta el final por su reconocimiento como Estado soberano. Lo que sí puede afirmarse es que esta pausa al genocidio de Gaza no es por voluntad propia ni a los sentimientos humanitarios de Trump, ni de su homólogo Netanyahu. ¿Acaso no fue el presidente Donald Trump quien promocionó su compromiso de traer la paz a Oriente Medio? Y en una reunión con Netanyahu, presentó su verdadera intención para el territorio: \»la limpieza étnica de la población palestina para convertir Gaza en la \»Riviera de Oriente Medio\». Instando a Egipto y Jordania, a absorber a la población desplazada en campamentos de refugiados a lo que estos se negaron, mientras que Estados Unidos se haría cargo del territorio costero”. ¿No es el mismo Trump el que quitó el impedimento puesto por la Administración de Biden para que Israel adquiriera la llamada Bomba MK-84 de 900 kilogramos, que puede atravesar el concreto y los metales gruesos, creando un amplio radio de explosión y de alto poder destructivo? El que ha facilitado los misiles que el Ejército Sonista lanza constantemente desde su territorio contra la ya diezmada población gazatí. ¿No es el mismo Netanyahu que, en la Casa Blanca, mientras Trump se regocijaba de su plan de paz, dijo: \»Estamos abiertos a un acuerdo de paz\», pero aclaró que \»este no puede incluir el reconocimiento del Estado Palestino\»? Más que paz, esta es una pausa que le fue impuesta al sionismo israelí y al imperialismo yanqui por la presión internacional y la lucha de los pueblos por un mundo de paz. No podemos llamarnos a engaño, los sionistas nunca abandonarán su propósito de anexarse la Franja de Gaza y poblarla de colonos judíos. Ojalá esta pausa sea lo suficientemente duradera y permita que el pueblo gazati se recupere de los horrores y los traumas psicológicos a los que fueron sometidos durante los últimos 737 días. La paz solo será duradera cuando Israel y los Estados Unidos reconozcan que, como se estableció por la ONU hace 78 años en la vieja Palestina, ocupada por los ingleses,existen dos estados, ambos independientes: uno judío y otro árabe. Sólo así habrá paz en esa zona del Medio Oriente. Lo otro será una simple y frágil tregua.
Abinader aclama el histórico armisticio: Oriente Medio vislumbra un nuevo amanecer

El Presidente dominicano celebra el acuerdo entre Israel y Hamás, fraguado bajo la égida de Donald Trump, como un giro seminal hacia la convivencia pacífica en una región agotada por el conflicto perpetuo. Por Ángel F. Guzmán SANTO DOMINGGO.— Con la solemnidad que un hito de esta naturaleza demanda, el Presidente Luis Abinader se sumó al coro de líderes mundiales que ovacionan el trascendental acuerdo de paz sellado entre Israel y Hamás. Desde la tribuna digital de su cuenta en X, el mandatario dominicano ensalzó este pacto como un \»avance significativo\» que siembra un rayo de esperanza para millones de almas atrapadas en el fuego cruzado de una de las disputas más longevas y enconadas del orbe. En su mensaje, Abinader puso de relieve el papel preponderante del Presidente estadounidense, Donald Trump, y la labor de zapa de los mediadores de Qatar y Egipto, artífices de una negociación que promete reconfigurar el paisaje geopolítico de la región. El miércoles, desde su plataforma de Truth Social, el mandatario republicano proclamó la consecución de la primera fase de un entendimiento que desembocará en la liberación expedita de todos los rehenes y en un repliegue pautado de las tropas israelíes de la Franja de Gaza. «Israel retirará sus tropas a una línea acordada como primeros pasos hacia una paz sólida, duradera y eterna», aseveró Trump, añadiendo con énfasis mayúsculo que «TODOS los rehenes serán liberados muy pronto». El anuncio presidencial vino acompañado de un reconocimiento expreso a las gestiones de Qatar, Egipto y Turquía, países que actuaron como arquitectos de la frágil arquitectura del diálogo en las conversaciones de El Cairo. Un optimismo cauteloso se globaliza El eco del armisticio ha resonado en las cancillerías del mundo con un optimismo mesurado, pero palpable. Al otro lado del tablero, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha adherido a la celebración, aunque sin desdeñar los escollos que aún persisten en el tortuoso camino hacia la paz plena. En una postura que marca un hito, Khalil Al-Hayya, alto dirigente de Hamás, corroboró que el grupo recibió garantías irrevocables de los mediadores, incluidos Estados Unidos, confirmando que \»la guerra en Gaza ha terminado permanentemente\», según recogió la agencia Reuters. Esta declaración, cargada de simbolismo, sugiere un punto de inflexión tras ciclos interminables de violencia y conciliación fallida. La ardua travesía hacia la estabilidad Más allá de la retórica triunfalista, los analistas coinciden en que este acuerdo constituye el avance más sustancial en años hacia la pacificación de un territorio martirizado. La liberación de los cautivos y la desescalada militar son los cimientos sobre los que deberá erigirse una nueva realidad para Gaza, una entidad asfixiada por una crisis humanitaria de proporciones dantescas. No obstante, los expertos previenen contra la autocomplacencia: la implementación fidedigna de los acuerdos exigirá un compromiso inquebrantable de las partes y un acompañamiento constante de la comunidad internacional, que deberá vigilar el cumplimiento de los plazos y garantías. El fantasma de los fracasos pasados planea sobre este nuevo amanecer, recordando que en Oriente Medio, la paz es una obra de arte que se pincela con paciencia y se firma con hechos.