Cuba responde
Dice el halcón de Marco Rubio que espera tener sus propios informes para hablar sobre el frustrado intento de incursión a territorio cubano de los diez mercenarios interceptados por las autoridades de la isla. Pero ¿qué podría decir este señor, cuando es él uno de los que con su discurso y sus acciones siembra el odio, estimula la voluntad de agresión y arma las manos de provocadores, mercenarios y terroristas que, establecidos abiertamente en el sur de la Florida, están siempre listos para el ataque armado contra Cuba? El gobierno de Trump y Marco Rubio, como en los mejores tiempos de la piratería, ataca y hunde embarcaciones en mares extraños, mata a sus ocupantes y coloca al mundo ante los hechos consumados. Cuba no ataca, sino que se defiende, ha dicho con mucha propiedad su presidente Miguel Díaz Canel. Eso precisamente acaba de ocurrir. Cuba enfrentó a unos invasores, en los límites de sus aguas territoriales, el abundante material incautado es más que demostrativo de las actividades que planeaban los invasores. Estos sabían por experiencias anteriores, desde los tiempos de playa Girón, a los riesgos que se exponían, sabían que la legislación cubana incluye la pena de muerte para ese tipo de atentado, que aunque hace décadas no se aplica, está vigente con fines disuasivos más que otra cosa. Entonces, nadie puede hacerse el desentendido y tratar de sacarle el cuerpo a las consecuencias. En territorio norteamericano, a la vista y el conocimiento de las autoridades, Marco Rubio incluido, se conspira y organizan agresiones como la que ahora nos ocupa contra la integridad y la soberanía del Estado cubano. Y ante un enemigo que apela a la agresión, Cuba tiene derecho a la defensa. Se espera que el mundo lo comprenda y respalde con firmeza al agredido.
El pueblo dominicano se levanta: marcha patriótica exigirá la salida de tropas extranjeras
La Plazoleta de la Trinitaria será el punto de encuentro este domingo 22 de febrero a las 9:30 de la mañana, para caminar juntos hasta la estatua de Caamaño y decirle al mundo que este pueblo no se rinde ante la injerencia extranjera Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo respira memoria. En cada esquina donde el viento agita la bandera azul, rojo y blanco, hay un eco que no cesa: el de los trinitarios, el de los constitucionalistas, el de aquellos que un día dijeron que la patria no se negocia. Y ahora, cuando las aguas del Caribe vuelven a sentir el peso de botas extranjeras, el pueblo se prepara para alzar la voz. El Comité de Solidaridad en Defensa de la Soberanía de los Pueblos en Lucha ha lanzado la convocatoria. Detrás de esta voz se aglutinan seis partidos de izquierda y decenas de organizaciones populares que han decidido plantar bandera frente a lo que consideran una política de ocupación silenciosa: la presencia de la armada estadounidense en territorio dominicano y el Caribe. La cita es el domingo, cuando el sol aún se despereza sobre el Ozama. Desde la Plazoleta La Trinitaria, en la cabecera del Puente Duarte, las multitudes echarán a andar. No llevarán armas, pero sí la fuerza de la dignidad. Marcharán hacia el Parque Independencia, donde la estatua de Francisco Alberto Caamaño Deñó vigila eternamente el sueño de una nación libre. Pero esta marcha no es solo contra la presencia militar extranjera. Es un grito que atraviesa el mar: por Venezuela, por Cuba, por Nicolás Maduro y Cilia Flores, a quienes el Comité denuncia como víctimas de un \»secuestro\» que viola el derecho internacional. Es también un reclamo contra el bloqueo que asfixia a La Habana y a Caracas, un cerco que no perdona niños, ni ancianos, ni hospitales. La organización ha sido clara: esta es una jornada patriótica, en defensa de la Constitución, del territorio y de la dignidad nacional. Y en ese camino, han invocado a los fantasmas necesarios: Duarte, el visionario; Luperón, el restaurador; Minerva Mirabal, la mariposa que voló hacia la libertad; y Caamaño, el guerrillero inmortal. El llamado es a todos: partidos, juventudes, sectores democráticos, ciudadanos de a pie que sientan que la soberanía no es una palabra hueca. Este domingo, las calles de Santo Domingo serán el escenario de un pueblo que no olvida. La cita es con la historia. La cita es con la patria.
Soberanía herida: izquierda convoca marcha en repudio al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba
Seis organizaciones políticas y movimientos sociales llaman a una movilización nacional el domingo 22 de febrero para exigir la salida de las tropas estadounidenses del territorio dominicano y denunciar el cerco económico que Washington impone a Cuba, en un acto que conjugará la memoria patriótica de Duarte y Caamaño con la solidaridad internacionalista Por Brendalis Reyes SANTO DOMINGO. — La historia, cuando se niega a ser polvo en los archivos, suele buscar las calles para recordar a los vivos lo que los muertos prometieron. Y en este mes de la Patria, cuando la memoria de Juan Pablo Duarte y la gesta de Playa Caracoles aún vibran en el calendario, las izquierdas dominicanas han decidido que la mejor forma de honrar a los héroes es denunciar a los que, a su juicio, siguen amenazando la soberanía desde el Norte. El próximo domingo 22 de febrero, una marcha nacional convocada por seis organizaciones políticas —Partido Comunista del Trabajo (PCT), Movimiento Popular Dominicano (MPD), Movimiento Caamañista (MC), Fuerza de la Revolución (FR), Partido Patria Para Todos/as (PPT) y Referente de la Izquierda Dominicana (RID)— recorrerá las calles de la capital con una consigna que es, a la vez, un diagnóstico y una acusación: el bloqueo de Estados Unidos a Cuba no es una disputa entre gobiernos lejanos, sino una herida abierta en el corazón del Caribe que exige respuesta de los pueblos. En rueda de prensa celebrada por los convocantes, la voz del dirigente Narciso Isa Conde se alzó como portavoz del colectivo para explicar que la movilización se inscribe en la conmemoración del Mes de la Patria, ese tiempo litúrgico donde confluyen la fundación de la Trinitaria y el desembarco de Francisco Alberto Caamaño en 1973. \»Por el rescate de la soberanía nacional, por el derecho a la autodeterminación y los derechos económicos, políticos, sociales y culturales de nuestro pueblo, sistemáticamente pisoteados\», leyó Isa Conde ante los micrófonos, \»hemos decidido convocar una marcha nacional\». La convocatoria, sin embargo, no se agota en la denuncia local. En el corazón de las proclamas late una solidaridad activa con Cuba, esa isla vecina que sobrelleva desde 1959 un bloqueo económico, comercial y financiero que la administración Trump ha recrudecido en los últimos meses con medidas que el embajador cubano en Brasil, Adolfo Curbelo Castellanos, no ha dudado en calificar de \»genocidas\» . La más reciente orden ejecutiva, firmada el 29 de enero, clasifica a Cuba como \»amenaza inusual y extraordinaria\» y amenaza con aranceles a cualquier país que le venda combustible, en un intento por asfixiar completamente la economía de la isla . \»No se trata solo de un conflicto bilateral\», advierten los convocantes. \»Es una política que viola los derechos humanos del pueblo cubano y que cuenta, para su aplicación, con la complicidad silenciosa de gobiernos que permiten la presencia militar estadounidense en nuestros territorios\». La referencia apunta directamente a la autorización que el presidente Luis Abinader concedió en noviembre de 2025 para que el Comando Sur utilizara áreas restringidas de la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de Las Américas como base logística de la Operación Southern Spear . Aunque esa presencia física se haya reducido en las últimas semanas, los organizadores de la marcha denuncian que la \»guerra silenciosa\» continúa: drones, vigilancia algorítmica y grupos de ataque navales mantienen el Caribe bajo control estadounidense . Por eso, la marcha exigirá no solo el fin del bloqueo a Cuba, sino también la salida definitiva de las tropas extranjeras de puertos, aeropuertos, mares, costas y fronteras dominicanas. El recorrido, minuciosamente trazado, tiene la geografía de la memoria. Partirá a las 9:30 de la mañana desde la Plazoleta La Trinitaria, en la cabecera del Puente Duarte, para atravesar los sectores de Villa Francisca, San Antón, San Miguel, San Lázaro, la Ciudad Colonial y la calle El Conde, hasta concluir frente a la estatua de Caamaño en el Parque Independencia. Será, prometen los convocantes, una marcha dedicada a Duarte, a Caamaño y a Luperón, pero también una protesta \»contra la corruptela, el saqueo, la usura bancaria, la explotación y la impunidad; contra las brutales desigualdades sociales, la privatización, el deterioro de los servicios públicos, la depredación ambiental y el robo del patrimonio público y natural del país\». En la lista de demandas, extensa como un pliego de pobrezas acumuladas, figuran el salario digno, la salud y educación públicas, la seguridad social universal, viviendas confortables para el pueblo humilde, la despenalización de las tres causales, el alto a la violencia de género y al racismo, el respeto a los derechos de jóvenes y niños, y la defensa del agua y la vida. Pero el énfasis final, el que da sentido a la convocatoria en el concierto de las naciones, es la solidaridad con los pueblos que, como Cuba, Venezuela, Nicaragua, México y Palestina, enfrentan lo que las izquierdas denominan \»la arrogancia imperial\». Mientras tanto, en La Habana, las medidas de austeridad se extreman: apagones prolongados, semanas laborales acortadas, universidades cerradas, vuelos cancelados . El gobierno cubano ha priorizado la instalación de paneles solares —casi mil megavatios en el último año— y la protección de hospitales y escuelas, pero el déficit energético sigue siendo agudo . \»Sin energía, todo queda comprometido\», ha denunciado el embajador Curbelo. \»Lo que han hecho es condenar al pueblo cubano al exterminio\» . El domingo, cuando los manifestantes caminen desde el puente Duarte hasta la estatua de Caamaño, llevarán en sus pancartas esa denuncia. Y quizás, en el eco de sus consignas, resuene la advertencia de José Martí que el diplomático cubano recordó en Brasilia: \»Hacer es la mejor manera de decir\». En las calles de Santo Domingo, este 22 de febrero, la solidaridad dejará de ser palabra para volverse paso.
Sesenta y siete años de bloqueo: la resistencia numantina de Cuba frente al asedio de Washington
Ni el cerco más largo de la historia ha logrado doblegar la dignidad de la isla, que hoy enfrenta su hora más crítica mientras el imperio dicta cátedra desde la comodidad de su propia orilla Por Julio Guzmán Acosta LA HABANA.- En el año 133 antes de Cristo, la ciudad celtíbera de Numancia cayó tras quince meses de asedio romano. Sus habitantes, diezmados por el hambre y la peste, prefirieron el suicidio colectivo antes que entregar sus hogares al invasor. Aquella gesta entró en la historia como símbolo supremo de la resistencia ante un poder abrumador. Cuba lleva 768 meses bajo bloqueo. Sesenta y siete años. Cincuenta y una veces lo que resistió Numancia . La diferencia no es solo temporal. Es, fundamentalmente, de resultado. Numancia fue arrasada. Cuba, en cambio, sigue en pie. Herida, asfixiada, con sus habitantes enfrentando carencias que en cualquier país desarrollado serían consideradas catástrofe humanitaria, pero en pie. Esa persistencia, esa obstinación por existir como nación soberana a sólo 140 kilómetros de la costa de Florida, constituye uno de los fenómenos geopolíticos más extraordinarios del siglo XX y lo que va del XXI. Pero la historia, como los ciclones del Caribe, retorna con violencia renovada. Esta semana, mientras el mundo miraba otros conflictos, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, compareció ante la prensa para dictar sentencia sobre el destino de la isla: \»Son un régimen que está cayendo. El país está derrumbándose y creemos que va en su interés realizar cambios muy drásticos muy pronto\». La declaración, pronunciada con la naturalidad de quien comenta el clima, encierra en pocas palabras la esencia de una política que trece administraciones estadounidenses —demócratas y republicanas por igual— han mantenido inalterable durante más de seis décadas: el derecho a decidir lo que Cuba debe hacer. I. Los orígenes del cerco: de Eisenhower a la orden ejecutiva de Kennedy Para comprender la dimensión de lo que hoy ocurre, es necesario retroceder hasta los albores de la Revolución Cubana. El 1° de enero de 1959, las columnas del Ejército Rebelde entraban en La Habana. Fulgencio Batista, el dictador que Estados Unidos había armado y sostenido durante años, huía del país con las arcas vaciadas . La reacción de Washington no se hizo esperar. Apenas tres meses después del triunfo rebelde, el subsecretario adjunto de Estado Lester Mallory redactó un memorando que el tiempo se encargaría de convertir en documento fundacional de la política exterior estadounidense hacia Cuba. Fechado el 6 de abril de 1960, el texto es de una claridad escalofriante: \»La mayoría de los cubanos apoya a Fidel Castro… La única manera previsible de restar apoyo interno es generar descontento y desesperanza mediante el deterioro de las condiciones económicas… Debemos emplear todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, aunque sea admirablemente correcta y legalmente posible, no implique el riesgo de una intervención militar, sea la de negar a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir sus ingresos reales y salarios, provocar hambre, desesperanza y el derrocamiento del gobierno\» . El párrafo contiene, con precisión burocrática, el programa que se aplicaría durante los siguientes sesenta y siete años: hambre, desesperanza, derrocamiento. Todo ello sin necesidad de invadir. Todo ello, en palabras de Mallory, \»admirablemente correcto y legalmente posible\». El 3 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy firmó la Orden Ejecutiva 3447, que establecía el bloqueo económico, comercial y financiero total contra Cuba, amparándose en la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, una legislación concebida originalmente para la Primera Guerra Mundial . La medida entraba en vigor el 7 de febrero de ese mismo año. Lo que comenzó como restricciones parciales se convertía así en cerco absoluto. Desde entonces, generaciones enteras de cubanos han nacido, crecido, envejecido y muerto bajo el asedio. Nadie en la isla menor de sesenta años recuerda cómo era vivir sin bloqueo . II. La arquitectura jurídica del asedio: leyes con nombre propio El bloqueo no es una simple acumulación de decretos presidenciales. Constituye un entramado legal de enorme complejidad, diseñado para cubrir todos los flancos por los que pudiera filtrarse cualquier resquicio de normalidad económica. La base del sistema descansa sobre la Sección 620a de la Ley de Ayuda Extranjera de 1961, que facultó al presidente para imponer las restricciones . Pero fueron las leyes aprobadas por el Congreso en las décadas siguientes las que convirtieron el cerco en una maquinaria de precisión quirúrgica. En 1992, bajo la administración de George H.W. Bush, el Congreso aprobó la Ley Torricelli, también conocida como Ley para la Democracia en Cuba. Esta norma prohibía a las subsidiarias de empresas estadounidenses en terceros países comerciar con Cuba y establecía sanciones a los barcos que atracaran en puertos cubanos. Por primera vez, el bloqueo adquiría carácter extraterritorial, violando abiertamente el derecho internacional al castigar a naciones soberanas por sus relaciones comerciales con la isla . Cuatro años después, en 1996, llegaría la Ley Helms-Burton (Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas), posiblemente la pieza más agresiva de este andamiaje jurídico. La norma permitía a ciudadanos estadounidenses —incluyendo a aquellos que habían abandonado Cuba décadas atrás— demandar ante tribunales de Estados Unidos a empresas extranjeras que \»traficaran\» con propiedades confiscadas tras la Revolución. El objetivo era claro: ahuyentar cualquier inversión extranjera en la isla mediante la amenaza de juicios multimillonarios . A estas leyes se suman las Regulaciones para el Control de los Activos Cubanos de 1963, que prohíben prácticamente cualquier transacción financiera con Cuba, y la inclusión recurrente de la isla en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una designación que el Departamento de Estado restableció en 2021 tras haber sido eliminada durante el breve deshielo de la era Obama. El resultado de este entramado legal es, en palabras del gobierno cubano, \»el sistema de medidas coercitivas unilaterales más prolongado y abarcador jamás aplicado contra nación alguna\» . III. Las cifras del dolor: el costo humano del bloqueo Detrás de
La arrogancia del Imperio: ¿Quién le pidió a EE.UU. que salve a Cuba?

Hay miradas que pesan más que cualquier bloqueo. La que llegó este miércoles desde la Casa Blanca no fue una advertencia: fue un zarpazo verbal contra la dignidad de un pueblo que lleva 67 años resistiendo el asedio del vecino más poderoso del mundo. Karoline Leavitt, portavoz de la administración Trump, se permitió dictar desde su púlpito lo que Cuba debe hacer. \»Drásticos cambios muy pronto\», sentenció, como si La Habana fuera un empleado negligente al que se le acaba el contrato. Como si el derecho a decidir el destino de una nación se subastara en las ruedas de prensa del imperio. La señora Leavitt habla de \»democracias florecientes y prósperas\» mientras su gobierno refina el arte de la asfixia: aranceles al petróleo que llega a la isla, presión máxima, bloqueo endurecido. Es el método clásico del amo que estrangula al siervo y luego le reclama que no respire. Pero hay algo más turbio aún. Mientras la portavoz pontifica sobre la necesidad de cambios, filtraciones periodísticas revelan que Marco Rubio —el mismo que lleva el anticholismo en el apellido— negocia en secreto con la familia Castro, buscando un \»modelo Delcy Rodríguez\» para la isla. O sea: cambio sí, pero cocinado en las cocinas de Washington, con los ingredientes que siempre han servido al imperio. ¿Desde cuándo la libertad de un pueblo se negocia en la penumbra? ¿Qué clase de democracia pretenden exportar quienes utilizan a Venezuela como espejo de transiciones ordenadas desde el Norte? Cuba no es una finca en quiebra que necesita un administrador judicial nombrado en Miami. Cuba es una nación con historia, con médicos que han sanado el mundo, con niños que aprenden a leer sin que el FMI les recete el menú. Su crisis es real —nadie lo niega— pero sus problemas los resolverán los cubanos, no los herederos de la Enmienda Platt. Que Estados Unidos deje de mirar a Cuba como un patio trasero en el que entrometerse. Que respeten, de una vez el derecho internacional. Que levanten ese bloqueo criminal que es, en esencia, el único \»cambio drástico\» que América Latina le exige a Washington. El destino de Cuba no se decide en el Despacho Oval. Se decide en La Habana, en Santiago, en cada rincón de la isla donde aún palpita la certeza de que la dignidad no se rinde ni se subasta, en la solidaridad de los países y pueblos que rechazan el bloqueo criminal yanqui. Déjenlos en paz. Ya está bueno.
Rusia y Cuba ofrecen diálogo a EEUU y critican el bloqueo
En un encuentro celebrado en Moscú, los cancilleres Serguéi Lavrov y Bruno Rodríguez instaron a Estados Unidos a desistir de sus planes de bloqueo naval contra la isla y a entablar una relación de respeto mutuo, en medio de un escenario geopolítico marcado por las tensiones y las acusaciones de injerencia Por Virtudes Álvarez Sampedro En el escenario helado de la diplomacia moscovita, donde los ecos de la Guerra Fría aún resuenan con matices contemporáneos, los cancilleres de Rusia y Cuba tendieron ayer un puente de diálogo hacia Washington, al tiempo que rechazaron con firmeza los planes de bloqueo naval anunciados por la administración estadounidense contra la Isla de la Libertad. La reunión, celebrada en la sede del Ministerio de Exteriores ruso, sirvió para que ambas naciones hermanadas por la historia y la geopolítica alzaran la voz contra lo que consideran una política exterior norteamericana basada en la coerción y la unilateralidad. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, cuya visita a la capital rusa transcurrió sin previo aviso, compareció ante los micrófonos con la mesura del estadista y la convicción del defensor de soberanías. \»Estamos prestos a un diálogo respetuoso en igualdad de condiciones con cualquier país\», declaró Rodríguez al inicio de su encuentro con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Fue una ofrenda verbal hacia el norte, una invitación a la distensión que, sin embargo, no ocultó la firmeza de una isla que, pese a las presiones, se mantiene \»inalterable\» en su rumbo. El canciller cubano aprovechó la tribuna moscovita para denunciar la política de la Casa Blanca que, al declarar a la isla como una amenaza para la seguridad estadounidense, no solo hiere la soberanía de su pueblo, sino que \»amenaza el multilateralismo y las Naciones Unidas\». En un discurso que trenzó la defensa de su patria con la crítica al orden global unipolar, Rodríguez advirtió sobre los peligros de una política exterior que, a su juicio, socava los cimientos de la convivencia internacional. Frente a la brusquedad de los vientos del norte, el canciller cubano encontró en su interlocutor ruso la calidez de unas relaciones que describió como \»históricas, fraternas, especiales y estratégicas\». Con la mirada puesta en un futuro que desafía coyunturas, Rodríguez se mostró convencido de que la cooperación bilateral continuará \»por encima de cualquier circunstancia\», augurando que los objetivos comunes serán alcanzados. Serguéi Lavrov, veterano de mil batallas dialécticas en el tablero mundial, recogió el guante y elevó la apuesta. Con la solemnidad que le caracteriza, el jefe de la diplomacia rusa aseguró que Moscú, en compañía de la mayoría de los miembros de la comunidad internacional, hace un llamamiento a Estados Unidos para que \»muestre sentido común\» y \»se abstenga de los planes de bloqueo naval de la Isla de la Libertad\». Lavrov fue incisivo al referirse al decreto especial de Washington que declara a Cuba una amenaza, una decisión que calificó de \»absolutamente inaceptable\». Pero fue más allá, lamentando que dicho decreto agravara esa supuesta amenaza señalando la cooperación de La Habana con Moscú, a la que se califica como \»un Estado hostil y malicioso\». Una triangulación geopolítica que, a ojos del Kremlin, busca justificar el cerco con falacias. Mientras los cancilleres hablaban, en el horizonte de la cooperación bilateral se dibujaban realidades más prosaicas pero igualmente vitales. Moscú ha confirmado que se encuentra en conversaciones con las autoridades cubanas para el suministro de petróleo, un flujo que no se materializa desde el envío de 100.000 toneladas de crudo en febrero de 2025. La urgencia del gesto se palpa en el aire: las aerolíneas rusas han tenido que suspender sus vuelos a La Habana y repatriar a varios miles de turistas ante la escasez de combustible en la isla caribeña, una imagen que subraya la crudeza del bloqueo y la necesidad de alternativas. Se prevé que, en la antesala de esta agenda de alta tensión diplomática, Bruno Rodríguez sea recibido en el Kremlin por el presidente ruso, Vladímir Putin, en un gesto que sellará la sintonía entre dos naciones empeñadas en desafiar, desde el diálogo y la resistencia, los designios de la potencia hegemónica.
“Cuba No Está Sola”
Ante el nuevo bloqueo petrolero impuesto por Washington, el presidente Miguel Díaz-Canel agradece el apoyo de México y otros aliados, enuncia una cronología secreta de gestos de solidaridad internacional y anuncia un giro estratégico hacia las energías renovables, mientras prepara al país para una posible escalada de tensiones con Estados Unidos. Por Julio Guzmán Acosta LA HABANA.— La frase, pronunciada con la solemnidad de quien sabe que es más un juramento que una mera declaración, resonó en el aire cargado de la capital cubana: “Cuba no está sola”. El presidente Miguel Díaz-Canel, de pie frente a las cámaras en un mensaje televisado y luego en una conferencia de prensa este jueves, trazó un mapa alternativo de alianzas frente al cerco energético que Washington ha endurecido. No habló desde la angustia del asediado, sino desde la fortaleza calculada del que cuenta con respaldos en las sombras. Su agradecimiento público fue, significativamente, para la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuyo gobierno no solo defiende la ayuda humanitaria enviada, sino que evalúa un riesgoso envío de petróleo desafiando las amenazas de sanciones estadounidenses. El discurso de Díaz-Canel fue un ejercicio de geopolítica en tiempo real. Reconoció, con una franqueza inusual, que el bloqueo —que ha privado a la isla de suministro regular de crudo desde diciembre— busca “asfixiarnos completamente” y tendrá consecuencias severas. Pero rápidamente pivotó hacia el contraataque diplomático. Detalló una “cronología detallada” de muestras de solidaridad recibidas desde inicios de febrero, un archivo secreto de apoyos que incluye, además de México, a Rusia, China, Venezuela y “otros actores políticos”. Subrayó que tras los pronunciamientos públicos hay “gestiones diplomáticas y alternativas” que, por razones de seguridad, no pueden divulgarse. Era un mensaje claro para Washington y para los cubanos: el aislamiento es una ilusión; la red de resistencia está activa y es más profunda de lo que se ve. Frente a la asfixia energética, el mandatario anunció una respuesta doble: medidas de emergencia inmediatas y una apuesta estratégica de largo plazo. En un giro revelador, informó que Cuba ha instalado 49 parques fotovoltaicos en el último año, logrando elevar la participación de las energías renovables del 3% al 10% del consumo nacional. Es una cifra que, más que un logro técnico, es un símbolo político: la búsqueda de una soberanía energética que ya no dependa únicamente de los buques petroleros, sean estos venezolanos, mexicanos o de cualquier otro origen. Sin embargo, la sombra de la confrontación es alargada. Díaz-Canel reiteró que Cuba es “un país de paz”, pero admitió, con realismo frío, que se prepara para una “posible escalada de tensiones” con Estados Unidos. Criticó con dureza la decisión de la administración Trump de mantener a la isla en la lista de países “patrocinadores del terrorismo”, una etiqueta que calificó de “injustificada y falsa”, y que funciona como un multiplicador de sanciones económicas. Desde la Ciudad de México, el eco fue inmediato. La presidenta Sheinbaum, consolidando su postura como principal valedora regional de la isla, no solo defendió la ayuda enviada, sino que confirmó que su gobierno “analiza” el espinoso tema de un posible envío de petróleo. Es una consideración que pone a prueba la nueva doctrina de soberanía mexicana que ella misma enarboló días atrás en Querétaro, desafiando directamente las amenazas de aranceles de Trump hacia quienes exporten crudo a Cuba. Así, en un jueves de febrero, el pulso geopolítico del Caribe y América Latina se tensó un poco más. Díaz-Canel, con su mensaje, no hizo solo un inventario de apoyos; delineó los contornos de un nuevo frente diplomático y energético. La soledad de la que habla Washington se topa con una fraternidad articulada desde México, Moscú, Pekín y Caracas. Y en el horizonte, entre las sombras de las gestiones secretas y los paneles solares recién instalados, Cuba prepara su próximo movimiento en un juego donde la supervivencia es, en sí misma, la mayor declaración de independencia.
La historia no se escribe con miedo ni con profecía

En los últimos tiempos se ha insistido, desde determinados espacios de opinión, en una tesis tan alarmista como carente de rigor: que, si la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo hubiese triunfado, la República Dominicana habría quedado inexorablemente atrapada en un modelo político, económico y social idéntico —o peor— al de Cuba. Esta hipótesis, defendida por Víctor Grimaldi en su artículo de Acento del 8 de diciembre 2025 no solo incurre en una lectura simplista del pasado, sino que revela una comprensión profundamente anticientífica del proceso histórico. La historia no es una bola de cristal ni un ejercicio de adivinación retrospectiva. No se construye a partir de miedos proyectados hacia atrás ni de determinismos ideológicos disfrazados de análisis. Sostener que el eventual triunfo de la expedición de junio de 1959 habría conducido de manera automática a la “cubanización” de la República Dominicana es desconocer los principios elementales de la historiografía moderna y, peor aún, negar la complejidad real de la sociedad dominicana. El determinismo como trampa ideológica El principal problema de esta hipótesis es su determinismo mecánico. Parte de la premisa de que los pueblos no deciden, no disputan y no corrigen sus propios procesos, sino que quedan arrastrados por una sola fuerza externa. Según esa lógica, los actores dominicanos de 1959 carecían de autonomía política y estaban condenados a obedecer, sin mediaciones, los designios de La Habana. Esa visión no es histórica: es ideológica. Reduce la historia a una cadena de causas únicas y efectos inevitables, algo que las ciencias sociales llevan décadas desmontando. Ningún proceso revolucionario —ni siquiera el cubano— fue lineal, homogéneo o predeterminado desde su inicio. La República Dominicana no era Cuba Comparar mecánicamente la República Dominicana de 1959 con Cuba es un error de base. La sociedad dominicana estaba en una dictadura personalista extrema, encabezada por Rafael Leónidas Trujillo, pero al mismo tiempo estaba atravesada por una pluralidad ideológica real: liberales, socialdemócratas, nacionalistas, cristianos progresistas y diversas corrientes de izquierda no alineadas con el marxismo-leninismo. Incluso dentro del campo antitrujillista coexistían proyectos incompatibles entre sí. Pretender que todos ellos hubiesen sido absorbidos sin resistencia por un supuesto modelo cubano es una caricatura política, no un análisis serio. Juan Bosch no era una nota al pie Otro elemento revelador del sesgo de esta tesis es la forma en que minimiza —o directamente anula— el peso histórico de Juan Bosch. Se afirma que Bosch habría sido inevitablemente marginado o expulsado. Pero esa afirmación ignora que Bosch era, ya en ese momento, uno de los principales referentes morales e intelectuales del antitrujillismo, con reconocimiento continental y con una concepción democrática profundamente arraigada. Bosch no fue un accidente de 1962. Fue una construcción política de décadas. Su rechazo a la vía armada y a todo totalitarismo no lo convertía en un actor prescindible, sino en un factor decisivo de disputa política en cualquier escenario postdictatorial. La historia demuestra que los liderazgos democráticos no desaparecen por decreto revolucionario; muchas veces resurgen como alternativa frente a los excesos del poder armado. La falacia del “destino cubano” El argumento más endeble —y más repetido— es que Cuba representaba un destino inevitable. Sin embargo, incluso la radicalización del proceso cubano no fue automática ni previsible en enero de 1959. Fue el resultado de conflictos internos, presiones externas, errores estratégicos de Estados Unidos y decisiones políticas concretas del liderazgo encabezado por Fidel Castro. Reescribir esa historia como si hubiese sido una secuencia cerrada desde el primer día es una falsificación retrospectiva. Trasladar ese desenlace, además, a la República Dominicana —con una estructura social, económica y cultural distinta— es un ejercicio de especulación ideológica, no de historia comparada. Historia no es miedo El afirmar que la República Dominicana habría terminado, de manera inevitable, en seis décadas de miseria, represión y aislamiento es una forma de historia del miedo. No explica el pasado; busca disciplinar el presente. Es una narrativa que intenta legitimar el orden actual presentándolo como el único camino posible, borrando de un plumazo las luchas, contradicciones y alternativas que han definido la experiencia dominicana. La historia no funciona así. Los pueblos no avanzan por rieles predeterminados. La historia es conflicto, disputa, retroceso, avance y corrección. Conclusión: Las hipótesis contrafactuales defendidas por Víctor Grimaldi sobre 1959 carecen de sustento científico y empobrecen el debate histórico dominicano. No se trata de defender la vía armada ni de idealizar procesos insurreccionales, sino de rechazar el uso del pasado como herramienta de chantaje ideológico. La historia no se escribe con profecías ni con temores retrospectivos. Se escribe con análisis, con contexto y con respeto a la complejidad real de los procesos sociales. Todo lo demás es propaganda con pretensiones de historia.
Cuba Declara Duelo Nacional por la Muerte de 32 Cooperantes en el Bombardeo a Venezuela
El presidente Díaz-Canel honra a los caídos en \»combate directo\» contra las fuerzas estadounidenses y decreta dos días de luto oficial, suspendiendo espectáculos públicos e izando la bandera a media asta en todo el país. Por Julio César Guzmán Acosta LA HABANA, 4 de enero de 2026.— Con un decreto presidencial de solemne y combativa elocuencia, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, declaró este sábado dos días de Duelo Nacional en toda la isla, tras confirmar que 32 cooperantes militares y del Ministerio del Interior cubanos perdieron la vida durante el “criminal ataque” ejecutado por Estados Unidos contra Venezuela. Los fallecidos, que cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior a solicitud de Caracas, cayeron “en combate directo contra los atacantes o como resultado de los bombardeos”, según el texto oficial. El decreto 1147, publicado en la Gaceta Oficial de la República, establece que el duelo regirá desde las 6:00 a.m. del lunes 5 de enero hasta la medianoche del martes 6 de enero. Durante este período, la Bandera de la Estrella Solitaria se izará a media asta en todos los edificios públicos e instituciones militares, y quedarán suspendidos los espectáculos públicos y actividades festivas en todo el territorio nacional. Los ministros de las FAR, del Interior y de Relaciones Exteriores quedan encargados de hacer cumplir la disposición. Un acto de solidaridad pagado con sangre El decreto, fundamentado en los artículos 125 de la Constitución cubana y 24 de la Ley 136, no es solo un acto administrativo de luto; es un documento político de alta carga simbólica. Al detallar que los compatriotas “cumplieron dignamente con su deber y cayeron, tras férrea resistencia” y que “supieron poner en alto, con su actuación heroica, el sentir solidario de millones de compatriotas”, el gobierno cubano eleva la muerte de los 32 cooperantes a la categoría de sacrificio por la solidaridad internacionalista, principio fundacional de la Revolución. Esta pérdida representa la consecuencia más grave y tangible para Cuba de la intervención militar estadounidense en Venezuela, y confirma la profundidad de la alianza estratégica y militar entre La Habana y Caracas. La presencia de personal cubano en misiones de asesoría y cooperación en Venezuela ha sido durante años un punto de fricción con Washington, que ahora se ve dramáticamente exacerbado con un saldo fatal sin precedentes en décadas. Un mensaje de resistencia y un llamado a la memoria La declaración de duelo, fechada en el Palacio de la Revolución y firmada en el “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, envía múltiples mensajes. Internamente, cohesiona a la población en torno a una narrativa de resistencia y honor frente a lo que califica como agresión imperial. Externamente, proyecta una imagen de Cuba como nación dispuesta a pagar un precio alto por sus alianzas y principios, al tiempo que carga de dramatismo su condena a la operación estadounidense. El duelo nacional coincide con el inicio de una batalla diplomática global por la liberación del presidente Nicolás Maduro y la condena de la intervención. Al honrar a sus caídos de esta manera, Cuba no solo llora a sus muertos, sino que politiza su sacrificio, convirtiéndolo en un argumento adicional para exigir responsabilidades y movilizar la opinión pública internacional contra lo que denomina, sin ambages, un “criminal ataque”. Las banderas a media asta en la isla son, también, una bandera de combate en el escenario de la disputa ideológica y geopolítica que ha estallado en el Caribe.
El ALBA-TCP Condena el “Acto de Guerra” y Exige la Liberación de Maduro
El bloque regional califica la operación militar estadounidense como una “violación grave y deliberada del derecho internacional” y demanda la liberación inmediata e incondicional del presidente venezolano, asegurando que Venezuela “no está sola”. Por Brendalis Reyes CARACAS, sábado .— Con un lenguaje de contundencia diplomática y un firme arraigo en los principios de soberanía y autodeterminación, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) condenó este sábado, de manera “absoluta, categórica y sin matices”, el ataque militar ejecutado por Estados Unidos contra Venezuela, al que calificó como un “acto de guerra”. En una declaración oficial, el bloque integracionista hizo un llamado urgente a gobiernos y movimientos sociales del mundo a repudiar la agresión, que incluyó bombardeos y el “secuestro” del presidente Nicolás Maduro, y exigió su “liberación inmediata e incondicional”. El comunicado del ALBA, organismo fundado por Cuba y Venezuela, insiste en “el respeto a la soberanía, la paz y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino” y precisa que “esta agresión armada constituye una violación grave y deliberada del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas, de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”. La denuncia subraya la gravedad del desconocimiento del paradero del mandatario, exigiendo de manera inmediata una “fe de vida” y el respeto a su integridad física y moral, hecho que tilda de “crimen internacional de extrema gravedad”. Un mensaje de firmeza y unidad regional Más allá de la condena, la declaración emite un mensaje político de resistencia y apoyo inquebrantable. “Los países del ALBA afirmamos con absoluta claridad que ninguna agresión imperial logrará quebrar la voluntad política del pueblo venezolano ni desestabilizar su institucionalidad”, sostiene el texto. Saludando al pueblo y al Gobierno Bolivariano, el bloque asegura que estos han demostrado, “y seguirán demostrando, su capacidad histórica para preservar la estabilidad interna, la paz social y el orden constitucional”. La frase final, “Venezuela no está sola”, resume la postura de solidaridad activa que promueve la alianza. Este posicionamiento colectivo del ALBA-TCP se suma a las primeras y airadas reacciones de actores claves en la región, como Cuba y Nicaragua —miembros plenos del bloque—, y a las declaraciones previas de Rusia. Constituye la primera respuesta oficial coordinada de un grupo de estados latinoamericanos y caribeños, delineando un frente de rechazo político y diplomático a la acción unilateral de Washington. La referencia explícita a la “Zona de Paz”, proclamada por la CELAC en 2014, busca enmarcar la agresión no solo como un ataque a un país, sino como una violación a un principio fundacional de la política exterior consensuada por la región. El escenario de una batalla diplomática ampliada La declaración del ALBA no es un gesto aislado, sino la apertura de un flanco regional en lo que se perfila como una extensa batalla en foros multilaterales. Al exigir la liberación de Maduro y tildar su captura de “secuestro”, el bloque desafía directamente la narrativa jurídica esbozada por el senador estadounidense Mike Lee, quien habló de un “arresto” para un “juicio penal”. Esta confrontación de narrativas —una que habla de crimen internacional y otra de procedimiento judicial— anticipa un choque en la ONU, la OEA y otros organismos donde el ALBA tiene voz. Con esta condena unánime, los países del ALBA-TCP envían una señal clara: la crisis venezolana ha entrado en una fase donde la solidaridad regional se activa como un mecanismo de defensa política. Mientras las calles de Estados Unidos y otras naciones ven protestas, y la vicepresidenta venezolana gestiona el gobierno en la incertidumbre, la diplomacia de los aliados históricos de Caracas se moviliza para intentar contrarrestar, desde el derecho y la retórica internacional, la abrumadora asimetría de fuerza militar desplegada sobre Venezuela.