UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Tensión entre Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe marca la transición política en Colombia

La transición presidencial en Colombia, previa a la toma de posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella el próximo 7 de agosto, ha dejado al descubierto diferencias con el uribismo, principal fuerza de la derecha tradicional. Disputas en el Congreso, cuestionamientos a nombramientos y divergencias sobre la estrategia política evidencian que la unidad del bloque conservador atraviesa un momento de tensión. Por Julio Guzmán Acosta El Congreso revela las primeras fracturas de la derecha colombiana La etapa de transición entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y la próxima administración de Abelardo de la Espriella ha estado marcada por señales de distanciamiento entre el presidente electo y el sector político liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Aunque ambos comparten una orientación de derecha y coincidieron en enfrentar al oficialismo durante la campaña electoral, los acontecimientos de las últimas semanas reflejan diferencias sobre el rumbo del nuevo gobierno. La primera gran muestra de esas discrepancias se produjo durante la elección de la presidencia del Senado. De la Espriella promovió la candidatura del congresista Alfredo Deluque, un aliado cercano, mientras que el Centro Democrático, partido fundado por Uribe, defendió la aspiración del senador Honorio Henríquez. Una votación inédita deja un mensaje político La disputa rompió con la tradición de alcanzar acuerdos previos entre las distintas bancadas para distribuir las principales posiciones del Congreso. Finalmente, Henríquez obtuvo la victoria tras recibir el respaldo del Centro Democrático, del Pacto Histórico y de legisladores de otras colectividades, en una alianza coyuntural que sorprendió al escenario político colombiano. Aunque el presidente electo restó importancia al resultado, la votación fue interpretada como un revés simbólico para su liderazgo y evidenció que el uribismo mantiene autonomía frente a la futura administración. Cruces públicos profundizan las diferencias Tras la elección comenzaron los intercambios de críticas entre figuras cercanas a De la Espriella y dirigentes del Centro Democrático. El director de esa organización, Gabriel Vallejo, publicó un mensaje defendiendo el estilo político de su partido y cuestionando, sin mencionar nombres, las estrategias basadas en la confrontación permanente desde las redes sociales. Posteriormente, Vallejo advirtió que el Centro Democrático enfrenta una estrategia para debilitar su influencia política, declaraciones que fueron interpretadas como una respuesta a los sectores más cercanos al presidente electo. Polémica por la ceremonia de posesión presidencial Otro de los puntos de fricción surgió a propósito del interés de De la Espriella de realizar su toma de posesión en una instalación militar fuera de Bogotá. La propuesta generó debate en el Senado y encontró resistencia tanto en el gobierno saliente como en algunos dirigentes del propio uribismo. Aunque la iniciativa obtuvo respaldo suficiente para seguir adelante en el Congreso, voces del Centro Democrático expresaron reservas al considerar que una ceremonia de esa naturaleza podría afectar la institucionalidad de las Fuerzas Militares. Nombramientos también generan críticas Las diferencias aumentaron después del anuncio de Didier Blanco como futuro director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), organismo encargado de brindar seguridad a dirigentes políticos, defensores de derechos humanos y personas en situación de riesgo. Tras conocerse publicaciones antiguas del funcionario designado en redes sociales con ataques a dirigentes de izquierda, medios de comunicación y comunidades afrocolombianas, varios dirigentes del Centro Democrático solicitaron públicamente que el presidente electo reconsiderara ese nombramiento. Hasta el momento, De la Espriella no ha respondido a esas peticiones. Una nueva derecha busca espacio propio Las tensiones también se reflejan en la conformación del gabinete. Hasta ahora, De la Espriella ha privilegiado la incorporación de dirigentes provenientes de distintos sectores conservadores, sin otorgar posiciones relevantes a figuras identificadas con el uribismo tradicional. Entre las designaciones destacan Juliana Gutiérrez en el Ministerio del Deporte, Paola Holguín en Cultura, Miguel Gómez Martínez en Hacienda, Rodrigo Lara en Interior, Elsa Noguera en Transporte y Mauricio Gómez Amín en Comercio, una composición que reúne dirigentes de diversas corrientes de la derecha colombiana. Al mismo tiempo, el presidente electo impulsa la creación de un nuevo movimiento político denominado Defensores de la Patria, con el propósito de obtener reconocimiento legal y participar con candidatos propios en las elecciones regionales previstas para 2027. La relación entre ambas fuerzas será clave para la gobernabilidad Aunque el uribismo continúa respaldando en términos generales al próximo gobierno, los acontecimientos recientes muestran que la relación entre ambas corrientes políticas está lejos de ser plenamente armónica. Las diferencias sobre la conducción del Congreso, las designaciones gubernamentales y la estrategia política revelan la existencia de dos proyectos distintos dentro del espectro conservador colombiano. Las próximas semanas, una vez Abelardo de la Espriella asuma formalmente la Presidencia de la República, serán determinantes para establecer si estas discrepancias se transforman en una competencia abierta por el liderazgo de la derecha o si ambas fuerzas logran recomponer su relación para garantizar la estabilidad política del nuevo gobierno.  

Sheinbaum y Lula exigen respeto a la soberanía de Colombia y Cuba ante injerencias de Trump

En un diálogo de 40 minutos, los mandatarios de México y Brasil defendieron el multilateralismo y el principio de no injerencia, reclamaron el fin del embargo a Cuba, respaldaron los procesos internos de Colombia y ratificaron su apoyo a Michelle Bachelet como futura secretaria general de la ONU; además, acordaron profundizar la cooperación energética entre Pemex y Petrobras. Por Alejandro F. Guzmán En un gesto que subraya el creciente contrapeso latinoamericano frente a las presiones unilaterales de Estados Unidos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenaron este cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia y Cuba, en una explícita aunque no mencionada respuesta a las recientes declaraciones del presidente Donald Trump. Durante una conversación telefónica que se extendió por 40 minutos, ambos gobernantes coincidieron en la urgencia de preservar el derecho internacional, la democracia y el multilateralismo como pilares irrenunciables de la convivencia regional. En un comunicado oficial difundido por la cancillería brasileña, los líderes reafirmaron su postura favorable al levantamiento del embargo económico y financiero impuesto a La Habana, y analizaron la crítica situación humanitaria que vive la isla, subrayando la necesidad de construir soluciones que mejoren las condiciones de vida de su población. Frente al telón de fondo de un mapa regional otra vez tensionado por la retórica intervencionista proveniente del norte, Sheinbaum y Lula ratificaron su defensa del principio de no injerencia como eje ético y político de sus respectivas políticas exteriores. El respaldo explícito a los procesos internos de Colombia —en momentos en que sectores conservadores en Washington presionan por una revisión del acuerdo de paz— refuerza el alineamiento de ambos gobiernos con una visión autónoma y soberana de los asuntos hemisféricos. Más allá del frente diplomático, la llamada sirvió para consolidar una agenda bilateral de amplio espectro. Los mandatarios acordaron profundizar las negociaciones sobre el marco jurídico comercial entre las dos mayores economías de América Latina, con miras a modernizar los instrumentos de cooperación. También reconocieron avances sustantivos en salud, turismo, ciencia, tecnología y gobernanza pública. Un punto de especial relevancia fue el anuncio del avance hacia un acuerdo energético entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras, que busca articular el intercambio de experiencias en exploración, producción, buenas prácticas y alternativas vinculadas a los biocombustibles. La colaboración entre ambas empresas estatales se perfila como un eje estratégico para reducir la dependencia externa y fortalecer la soberanía energética regional. Respaldo conjunto a Bachelet para liderar la ONU En el plano multilateral, los presidentes reiteraron su respaldo a la expresidenta chilena Michelle Bachelet como candidata para ocupar la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas. Bachelet, quien ya se desempeñó como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, representa —en la visión compartida por Sheinbaum y Lula— una figura de consenso capaz de restaurar el prestigio y la eficacia del organismo en un momento de profundos desafíos globales. La conversación concluyó con un gesto de camaradería y proyección deportiva: Lula deseó a Sheinbaum todo el éxito en la organización del Mundial de Fútbol 2026, que comenzará este jueves y será coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá. Un detalle menor, quizás, pero que revela la voluntad de ambos líderes de construir una relación fluida, estratégica y con vocación de futuro. En un continente donde las sombras del intervencionismo vuelven a alargarse, México y Brasil han elegido hablar con una sola voz. Y esa voz, por ahora, se llama no injerencia, diálogo y derecho internacional.

El látigo de la Casa Blanca: Petro y el sueño roto de un abrazo progresista que Trump decapitó

El presidente colombiano viajó a Nueva York con la doble misión de presidir el Consejo de Seguridad de la ONU y sellar una alianza simbólica con el alcalde socialista Zohran Mamdani, un creciente dolor de cabeza para Donald Trump. Sin embargo, lo que debía ser una fotografía de peso geopolítico –el primer encuentro de Mamdani con un jefe de Estado y un guiño de Petro a la izquierda demócrata en año electoral– se convirtió en una crisis de pasillos. El \’Washington Post\’ revela la amenaza velada del Departamento de Estado: \»Esa reunión es inaceptable\». Detrás, la furia por unas declaraciones de Petro sobre soldados estadounidenses y una vieja sanción de la OFAC que aún pesa como una espada de Damocles. Por Thiago N. Guzmán  Nueva York, el escenario soñado para la postal que nunca existió. Allí, entre los reflectores de Naciones Unidas y el ruido subterráneo del metro que gobierna la nueva izquierda, se tejió un encuentro que la Casa Blanca se encargó de deshacer con la sutileza de un hacha. Gustavo Petro, el presidente colombiano que tiene una clara posición política hacia la administración Trump, tenía todo calculado. Viajó esta semana a la Gran Manzana para recibir la presidencia del Consejo de Seguridad. Pero la verdadera jugada ocurría en las sombras: una reunión privada con Zohran Mamdani, el alcalde socialista democrático de Nueva York, un adversario declarado de Donald Trump y una estrella en ascenso. Para Mamdani, era la coronación: su primer diálogo cara a cara con un mandatario extranjero. Para Petro, una necesidad electoral urgente. El 21 de junio, Colombia elige presidente en balotaje. Su delfín, Iván Cepeda, se enfrenta al ultra Abelardo de la Espriella, a quien Trump ya bendijo con un mensaje que Petro calificó de \»intervención\» grosera. La foto con Mamdani era la vacuna perfecta: un demócrata visible para contrarrestar el abrazo del magnate a la ultraderecha local. Pero la Casa Blanca no solo tiene oídos en el salón oval, sino largas manos que llegan hasta Bogotá. Según cuatro fuentes anónimas citadas por el Washington Post, funcionarios del Departamento de Estado convocaron a los colombianos en la capital antes del viaje. El mensaje fue escalofriante en su frialdad diplomática: el encuentro era \»inaceptable\». La excusa legal, un tecnicismo sobre las restricciones de visado que pesan sobre Petro desde septiembre, cuando declaró que los soldados estadounidenses deberían desobedecer a Trump si ordenaba crímenes contra \»la humanidad\». La amenaza real, sin embargo, era más cruda. \»Era una amenaza velada de detener al presidente si se reunía con Mamdani\», confesó una fuente al diario estadounidense. El argumento es digno de un callejón sin salida. Sí, Petro puede pisar suelo norteamericano sin visa gracias a un convenio de la ONU para asistir al Consejo de Seguridad. Pero, según la lectura implacable de los oficiales de Trump, reunirse con un alcalde neoyorquino excede los límites de ese salvoconducto. Es el filo de una navaja que Washington afiló en septiembre, cuando le anularon la visa, y en octubre, cuando el Tesoro lo sancionó por supuestos vínculos con el narcotráfico, incluyéndolo en la lista negra de la OFAC. Petro y Trump se dieron un abrazo forzado en febrero en la Casa Blanca. El republicano dijo que se llevaban \»de maravilla\». Pero las heridas nunca cicatrizaron. Y este miércoles, el presidente colombiano tuvo que tragar el orgullo y cancelar el acto que debía rubricar su alianza con la izquierda global. El encuentro con Mamdani quedó así enterrado bajo el peso de una amenaza. El alcalde neoyorquino perdió su impulso internacional. Y Petro, a miles de kilómetros de las urnas, se quedó sin la foto que necesitaba para demostrar que, frente al trumpismo salvaje, su progresismo aún tiene quien lo respire al otro lado de la frontera.

Petro asume la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York

El mandatario colombiano llega a la sede de Naciones Unidas para liderar una sesión especial sobre Medio Oriente, en medio de una agenda centrada en la paz, el derecho internacional y la protección de mujeres y niños en conflictos armados. Será su última visita como presidente antes de las elecciones del 21 de junio. Redacción Internacional  NUEVA YORK — El presidente de Colombia, Gustavo Petro, arribó en la madrugada de este miércoles 10 de junio de 2026 a la ciudad de Nueva York para asumir la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en una sesión especial dedicada a la crisis de Medio Oriente. El mandatario fue recibido pasadas las 3:00 a.m. (hora colombiana) por la canciller Yolanda Villavicencio, la embajadora ante la ONU, Leonor Zalabata, y otros diplomáticos, según confirmó la Presidencia de Colombia a través de sus canales oficiales. Esta es la tercera ocasión en el año que el jefe de Estado viaja a territorio estadounidense. En esta oportunidad, Petro presidirá el debate del Consejo sobre la paz internacional y el respeto al derecho internacional, con énfasis en la búsqueda de soluciones diplomáticas a los conflictos. “Colombia viene a hablar de paz y no de guerra”, declaró la embajadora Zalabata en rueda de prensa, quien detalló que la agenda colombiana también abordará el impacto de los conflictos armados en las mujeres, los niños y el acceso a la educación. La programación incluye reuniones sobre Mujer, Paz y Seguridad, liderada por la canciller Villavicencio, y sobre Niñez y Conflicto, a cargo de la embajadora Zalabata, los días 17 y 24 de junio, respectivamente. Mientras Petro desarrolla su agenda internacional, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, asume la presidencia encargada de Colombia según el decreto 0575 del 4 de junio de 2026. Aunque se baraja la posibilidad de un encuentro con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, durante la cumbre Dignidad en Democracia del 12 de junio, su realización permanece incierta debido a la proximidad con el regreso del mandatario. “En mi Gobierno la postura de Colombia es la paz mundial, el derecho internacional y la ley internacional que debe respetarse”, afirmó Petro antes de partir. Esta será su última visita a la sede de la ONU como presidente del país, pues el próximo 21 de junio Colombia elegirá entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella a su sucesor, quien asumirá el 7 de agosto de 2026.

¡Tres revoluciones y un pulso contra el poder!: Iván Cepeda lanza su programa para \»desmontar las élites\» y enterrar el modelo militarista

El candidato del Pacto Histórico propone un Banco del Pueblo, una reforma agraria profunda, justicia ambiental, la reversión de la privatización de la salud y un sistema propio contra la macrocorrupción. En seguridad, rechaza la militarización como única vía y sitúa la paz con justicia social en el centro de su agenda. Por Brendalis Reyes No es un programa de gobierno convencional. Es, en esencia, una declaración de principios envuelta en la urgencia de un país que aún sangra por las heridas del conflicto, la desigualdad estructural y la desconfianza hacia sus instituciones. El senador y candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha presentado oficialmente su hoja de ruta para el próximo cuatrienio: un proyecto que él mismo bautiza como \»tres revoluciones\» —la ética, la social‑económica y la política— y que atraviesa cada uno de sus planteamientos como un hilo invisible pero indestructible. En las últimas horas, Cepeda se ha consolidado como el abanderado de la continuidad del gobierno de Gustavo Petro, pero con un matiz significativo: donde Petro irrumpió como el outsider que fracturó el tablero tradicional, el senador pretende ser el arquitecto de las profundizaciones. Su campaña, construida desde los márgenes hacia el centro, apela directamente a los movimientos sociales, a las víctimas del conflicto armado, a las comunidades indígenas y afrodescendientes, y a esos territorios olvidados que han sido, durante décadas, el reverso oscuro del desarrollo nacional. Seguridad sin tanques, justicia con memoria Quizás uno de los puntos más audaces del programa es su enfoque en materia de seguridad. \»No gobernaremos con el fusil bajo el brazo\», parece decir el candidato, quien rechaza de plano la militarización como respuesta única frente a la violencia. Lejos de los discursos castrenses que han dominado la historia reciente de Colombia, Cepeda concibe la seguridad como un derecho ciudadano integral: protección de líderes sociales y defensores de derechos humanos, combate al crimen organizado a través del desmantelamiento de sus estructuras financieras, y una apuesta clara por las negociaciones de paz con los grupos armados ilegales. La paz con justicia social no es, en su retórica, un eslogan. Es el eje central de su agenda de seguridad. Propone un diálogo constante con los movimientos sociales para abordar las causas estructurales de la violencia y consolidar los acuerdos alcanzados durante el gobierno saliente. El bolsillo como campo de batalla: impuestos a las grandes fortunas y un Banco del Pueblo En el frente económico, el senador no esconde su filiación: la progresividad tributaria será su caballo de batalla. Propone gravar las grandes fortunas de Colombia y reducir drásticamente las exenciones fiscales a las grandes empresas. Los recursos adicionales, promete, se destinarán íntegramente a programas sociales. Pero su propuesta más novedosa en esta materia es la creación del Banco del Pueblo, una entidad financiera pública diseñada para comunidades empobrecidas sin acceso al sistema bancario tradicional. No se trata de un banco más, insiste su equipo, sino de una herramienta de inclusión y soberanía económica. A ello se suma la consolidación de las reformas laboral y pensional impulsadas por Petro, y una reivindicación de la economía campesina y popular como verdadero motor productivo del país, en detrimento del latifundio y el extractivismo. Salud: reversión de la Ley 100 y adiós a los intermediarios Uno de los puntos que ha generado mayor expectación y también rechazo en los sectores tradicionales es su propuesta sanitaria. Cepeda propone revertir la privatización del sistema de salud instaurada con la Ley 100, defender el sistema público y reducir el poder de los intermediarios privados. Una prolongación directa de la fallida reforma a la salud que el Senado ha negado repetidamente. El candidato insiste en que la salud es un derecho fundamental, no un negocio, y promete destinar a su fortalecimiento los recursos recuperados de la corrupción en el sector. Educación y ambiente: universidad gratuita en el campo y Colombia como potencia de la vida En educación, su promesa es clara: educación pública, gratuita y de calidad hasta el nivel superior, con énfasis especial en las zonas rurales, históricamente excluidas del acceso a la universidad. La universidad pública es concebida como un espacio de pensamiento crítico y soberanía del conocimiento. En el plano ambiental, la candidatura de Cepeda abandera el concepto de Colombia como \»potencia mundial de la vida\». Rechaza el extractivismo depredador, apoya a las comunidades que defienden su territorio frente a proyectos minero-energéticos y sitúa la territorialidad indígena, campesina y afrodescendiente en el corazón de su política ambiental. La justicia ambiental y los derechos de los animales encuentran por primera vez un lugar destacado en un programa presidencial colombiano. El sistema contra la macrocorrupción: una cacería sin perdón Quizás el flanco más ambicioso —y necesario— de su programa es el Sistema Nacional contra la Macrocorrupción. Cepeda parte de una premisa incómoda: la corrupción no es un delito individual, sino una macrocriminalidad que captura instituciones, distorsiona mercados y despoja comunidades. Para enfrentarla, propone cinco pilares: la UIAF como herramienta de prevención, el Portal Anticorrupción de Colombia (PACO), una Unidad de Investigación de Macrocorrupción en la Fiscalía, una instancia de juzgamiento especial para corrupción sistémica, un Fondo de Reparación para las Víctimas de la Corrupción, y presencia ciudadana en los territorios con mayor impunidad. Su meta es reducir la actual impunidad —que estima en un estremecedor 94%— y gobernar bajo el principio de \»austeridad republicana\». Víctimas, mujeres y política exterior: un giro descolonizado Cepeda sitúa a las víctimas en el centro de su eventual gobierno. Verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición no son retórica: propone el reconocimiento del genocidio político contra la Unión Patriótica y las comunidades campesinas e indígenas, y un apoyo explícito a las madres buscadoras, las víctimas de falsos positivos y casos emblemáticos como La Escombrera. En su enfoque de género, las mujeres tienen un papel protagónico en las tres revoluciones. Propone una renta básica para la población en pobreza extrema, atención específica para mujeres víctimas de violencia sexual y desplazamiento, y una política de igualdad sustantiva. Finalmente, en política exterior, el candidato propone una

Gustavo Petro celebra la victoria de Roberto Sánchez en Perú

Con el 98% de los votos escrutados y una ventaja irreversible para el izquierdista Roberto Sánchez, el presidente Gustavo Petro celebra el triunfo progresista en Perú y anuncia el restablecimiento pleno de las relaciones diplomáticas con el país vecino. Por Brendalis Reyes Bogotá. — Cuando los números ya no dejan espacio para la incertidumbre, la política se viste de certidumbre. Con el 98% de las actas escrutadas y una diferencia que las autoridades electorales peruanas califican como “irreversible”, el izquierdista Roberto Sánchez se perfila como el virtual ganador de las elecciones presidenciales en Perú, derrotando a la candidata de derecha Keiko Fujimori. Y aunque la proclamación oficial aún no ha sido firmada, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, no quiso esperar ni un segundo más para celebrarlo. “El progresismo acaba de ganar la presidencia del Perú y ha derrotado la fuerza más de extrema derecha de ese país, la que representa a la familia Fujimori”, escribió el mandatario colombiano en su cuenta de X, donde también anunció una decisión de alto calibre diplomático: el restablecimiento completo de las relaciones bilaterales con Lima, rotas desde la crisis que derivó en la destitución y encarcelamiento del expresidente Pedro Castillo. Petro, fiel a su estilo narrativo y a su convicción ideológica, vinculó el triunfo de Sánchez con una suerte de reivindicación histórica. “Castillo ha sido reivindicado por las urnas”, afirmó, al señalar que el virtual presidente electo fue su “escudero y representante”. En la misma línea, el jefe de Estado colombiano adelantó que propondrá a su futuro homólogo peruano “una fusión del Pacto Andino con Mercosur”, una expresión que, aunque imprecisa en los términos formales, apunta a una ambiciosa integración regional entre la Comunidad Andina (CAN) y el bloque sureño. Lejos de la cautela que otros mandatarios han preferido mantener mientras se consuma el trámite oficial, Petro ha optado por la contundencia. Su anuncio de restablecer plenamente las relaciones diplomáticas —suspendidas en los hechos desde la salida de Castillo— no es un gesto menor: implica el retorno de embajadores, la reactivación de agendas binacionales y un giro en la política exterior colombiana hacia el país vecino. El eco de esta victoria anunciada resuena, así, no solo en las calles de Lima, sino también en el palacio de la Carrera Octava en Bogotá. Petro, que ha hecho de la solidaridad ideológica una bandera, celebra hoy lo que los números ya no discuten. Y mientras Perú se prepara para la transición, Colombia ya extendió la mano.

La larga sombra de EE.UU.: injerencia digital y vieja política

Los Estados Unidos han sido, desde hace décadas, una potencia que no solo observa los procesos políticos y electorales del mundo, sino que los moldea a su conveniencia. Golpes de Estado, servicios secretos puestos al servicio de dictadores afines, embajadas que funcionaron como cuarteles de coordinación para sostener regímenes leales a Washington: esa es la historia real que late tras el discurso oficial de la democracia exportada. Lo hicieron ayer mediante operaciones encubiertas en América Central, con la tristemente célebre Escuela de las Américas como semillero de represores; lo hicieron en Chile con Salvador Allende, en Argentina con las dictaduras del Cono Sur, en Nicaragua financiando a la contra, y lo hacen hoy, en la era de la hiperconectividad digital, con una maquinaria aún más sutil pero igualmente letal. Hoy, sin embargo, las balas han dejado paso a los algoritmos. Las redes sociales, ese nuevo tablero planetario, se han convertido en el territorio fértil donde la administración norteamericana teje una red de desinformación para influir en los procesos políticos y electorales de naciones soberanas. No son conjeturas: participaron activamente en las elecciones de Brasil impulsando la candidatura de Jair Bolsonaro mediante campañas de desinformación orquestadas desde cuentas falsas; en Honduras lograron la liberación de Juan Orlando Hernández, un expresidente condenado por narcotráfico por las propias leyes de Washington, en una muestra cínica de cómo se juzga a unos y se absuelve a otros según la conveniencia geopolítica. En Chile dieron su respaldo explícito a sectores de ultraderecha durante el proceso constituyente; en Ecuador apoyaron sin pudor a Daniel Noboa mientras señalaban de \»autoritarios\» a gobiernos progresistas. A esta lista se suman los intentos de desestabilización en Bolivia tras la caída de Evo Morales, las presiones constantes sobre México en materia energética y migratoria, y la reciente reactivación de sanciones contra Nicaragua bajo argumentos que esconden un claro propósito de asfixia política. La lista se alarga como un rosario de injerencias. Y el más reciente capítulo de esta intromisión ha tenido como escenario a Colombia. Luego de los resultados de la primera vuelta electoral del pasado 31 de mayo, el presidente republicano Donald Trump, sin ambages ni rubor, salió públicamente a respaldar al aspirante de la ultraderecha. Lo hizo como si el destino de un país latinoamericano fuera una extensión natural de sus designios. Nada casual. Nada inocente. Es el mismo guion de siempre, pero con nuevos actores y plataformas. Ya no se trata de tanques ni de cuartelazos. Se trata de miles de cuentas falsas sembradas en plataformas digitales —X, Facebook, Instagram, TikTok—, de propietarios de redes sociales plegados a la policía intervencionista de Washington, de mentiras repetidas hasta convertirlas en verdades virtuales. La fachada de adalides de la democracia se desmorona ante cada nueva injerencia. Porque no hay libertad electoral cuando un imperio elige al candidato, no hay soberanía cuando los algoritmos obedecen a intereses extranjeros y no hay dignidad cuando se normaliza que una potencia extranjera ponga a sus embajadas a coordinar apoyos a dictadores y a afines a sus intereses económicos. Desde Umbral, alzamos la voz para denunciar estas groseras prácticas. No por nostalgia de un pasado que nunca fue limpio, sino por la urgencia de un presente que exige soberanía, verdad y respeto a los pueblos. No aceptamos lecciones de democracia de quienes manipulan voluntades populares con ejércitos de bots y mentiras. América Latina merece elecciones libres, sin interferencias del norte. Merece elegir sin que desde Washington se dicte el nombre del \»adecuado\». La soberanía no se subasta en tuits ni se negocia en servidores extranjeros. La injerencia extranjera, vista en su rostro digital, sigue siendo lo que siempre fue: una afrenta a la voluntad popular. Y como tal, debe ser nombrada, resistida y repudiada. Basta de injerencia. Basta de la farsa del imperio.

Trump respalda a la ultraderecha en Colombia y desata oleada de repudio contra Abelardo De la Espriella

El presidente de Estados Unidos manifestó su “total apoyo” al candidato presidencial Abelardo De la Espriella, provocando el rechazo del Gobierno colombiano, excandidatos, exdiplomáticos y legisladores, que calificaron la injerencia como un ataque a la soberanía nacional. Las voces opositoras alertan sobre intereses extranjeros en los recursos naturales del país, en la antesala del balotaje del 21 de junio entre De la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda. Por Redacción Internacional  Bogotá, 4 jun. — Nuevas voces rechazan hoy en Colombia el pronunciamiento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante la víspera expresó su “total respaldo” al candidato ultraderechista a la Presidencia Abelardo De la Espriella. El viceministro de Asuntos Multilaterales de la Cancillería, Mauricio Jaramillo, repudió la postura del gobernante estadounidense. “No es un apoyo, es un ataque a Colombia, a sus instituciones, a su pueblo y a lo más valioso, la soberanía que hemos conquistado en 200 años”, escribió en su cuenta de la red social X. La excandidata presidencial Claudia López también expresó su malestar. “El Defensor de la Mafia es además la marioneta del trumpismo. No solo porque es una copia payasesca de la estrategia electoral trumpista sino porque es chantajeable con el dossier de toda la mafia que ha defendido. Payaso y chantajeable es la combinación ideal para ellos. ¿Y nosotros? ¿Nos vamos a dejar?”, cuestionó en sus redes sociales. Asimismo, el exvicecanciller Jorge Rojas consideró que la intromisión de Trump no podrá impedir el triunfo del candidato de la izquierda, Iván Cepeda. “La meta es un millón de votos más en Bogotá para ganar en la segunda vuelta. Vamos por 2,7 millones de votos en la capital del país”, expresó. El exembajador Camilo Romero denunció que el apoyo de Trump a De la Espriella tiene más de un propósito. “Lo que quiere son nuestros recursos naturales. La pregunta es: ¿se los vamos a regalar? Por nosotros, por nuestros hijos, vota el 21 de junio @IvanCepedaCast”, manifestó en referencia a la apuesta del Movimiento Progresista Pacto Histórico. La senadora por el partido Comunes Sandra Ramírez también patentizó su repudio. “Nos oponemos rotundamente a la injerencia de los Estados Unidos en las decisiones internas de nuestro país. ¿Qué sigue después? ¿El fraude y la invasión de nuestro país? ¿Eso es lo que busca la derecha?”, refirió. Todas estas manifestaciones se suman a otras que se generan desde la víspera. El presidente Gustavo Petro, por su parte, ratificó en un mensaje el carácter soberano de su nación tras los comentarios de su homólogo estadounidense. Según escribió el mandatario neogranadino en su cuenta de la red social X, cuando un país interviene en las decisiones de otro, muere la libertad. “Invito a toda Colombia a votar en plena libertad y no volvernos ni esclavos ni colonia de nadie. Luchó toda una generación joven de neogranadinos y neogranadinas al lado de Bolívar y Nariño para darnos Libertad y Soberanía. Si el corazón del mundo pierde su libertad y soberanía se apaga la esperanza del mundo y de Colombia”, expresó. De la Espriella y Cepeda se medirán el próximo 21 de junio en un balotaje después de que ninguno de ellos alcanzara más del 50 por ciento de los votos el pasado 31 de mayo.

El juego electoral sucio en Colombia

Una señora humilde de Colombia se acercó a un observador electoral europeo y lo dejó en medio del mayor asombro posible, al preguntarle cómo podía votar por dos candidatos. La mujer le dijo que quería votar por el candidato A que le gustaba, pero que el aspirante B le había pagado para que sufragara por él. El observador quedó virtualmente anonadado y sin respuesta posible, solo pensando si estaba en presencia de algo verdadero o surrealista. Solo pudo decirle a la mujer que eso no era posible en un régimen electoral donde se respetaran las reglas. De hecho, no es posible ni siquiera en Colombia, donde se tiene uno de los sistemas electorales más atrasados y de fácil manipulación, no solo a través de la compra del voto—muy frecuente—sino ya en el propio acto electoral, pues muchos de sus procesos son altamente vulnerables. Y luego le sigue la fragilidad de su escrutinio puesto en manos privadas, en este caso, bajo el control de una empresa de unos empresarios procesados por la justicia en Estados Unidos por fraude fiscal y otros delitos. Bajo este panorama es que se dirimen en Colombia los procesos electorales como el desarrollado el domingo 31 de mayo, donde las urnas parieron un escenario en el que cualquier cosa puede suceder en el balotaje del 21 de junio. El señor Abelardo de la Espriella—abogado de narcotraficantes, de paramilitares y de evasores de impuestos—emergió como el candidato más votado con el 43.7% de los votos, frente al 40.9% de Iván Cepeda. Este cuadro no estaba previsto, aunque de antemano se sabía la dificultad para que un candidato resultase electo en primera vuelta. Es evidente que la modificación del cuadro que adelantaban las encuestas, donde Cepeda lideraba hasta la última semana, se debió al vuelco de la derecha encabezada por el expresidente Álvaro Uribe, uno de los personajes más dañinos y despreciables que ha engendrado la  política colombiana. Lo más probable es que el propio Uribe, ladino como es, pasara la señal para que sus seguidores sacrificaran a la candidata Paloma Valencia y mandarla a volar. El domingo 21 de junio, los colombianos tienen la oportunidad de escoger entre un aparecido que ni siquiera vive en ese país, o Iván Cepeda, un experimentado funcionario público

La encrucijada colombiana

ÁGORA Pocas veces se ha presentado en esta parte del mundo, un proceso electoral en el que la polarización/opción izquierda-derecha sea tan nítida. En el que las posibilidades de triunfo de una o la otra sean tan claras. Quizás sea una palmaria demostración que, en el fondo y de otras formas, el enfrentamiento entre esas dos opciones ha estado presente en la sociedad colombiana desde hace décadas y en última instancia han determinado que, siendo Colombia un país de extraordinario potencial, se mantenga con tantos lastres sociales y políticos. En ese sentido, el desenlace de esta coyuntura electoral es vital. Será una lucha entre un candidato que profundizaría un proceso que tiende a aprovechar ese potencial y otro que lo de sumiría en un caos que profundizaría esos lastres. Contrario a los pronósticos de las encuestas que pronosticaban que el izquierdista Iván Cepeda ganaría la primera vuelta, este fue superado por un grotesco ultraderechista. Hay serios indicios de acciones fraudulentas que contribuirían a ese triunfo, entre otros, las diferencias entre los registros de votantes y de mesas inicialmente validadas y las cantidades, tanto de sufragantes como de mesas posteriormente registradas. No puede demostrarse que esas diferencias se expresaron en votos favorables a la derecha, pero su registro tendería a favorecerla objetiva y subjetivamente a esa fuerza. En tanto sumatoria, falsa o no, de los votos obtenidos la candidata del ultraderechista Uribe y de Abelardo della Espriella alcanzan el 50%, frente al 41% de Cepeda. Pero, lo objetivo es que, con ese significativo registro la ultraderecha inicia su camino a la segunda vuelta. A eso hay que agregar que posee una fuerte estructura digital para difundir su mensaje simplista, basado en las mentiras y el miedo. Un medio abominable, pero efectivo, que usado por la ultraderecha en todo el mundo. Además, tiene la ayuda material y subjetiva de la internacional de derecha que encabeza Trump. La sumatoria de ese 50% no se expresarán mecánicamente en la segunda vuelta, pero es innegable que el pensamiento conservador y ultraderechista está profundamente radicado en la sociedad colombiana y las acciones de algunos grupos que se venden como izquierda contribuyen a fortalecer ese pensamiento. En situaciones de extrema polarización, un sector importante de la población no expresa públicamente sus preferencias, sobre todo aquellos inclinados hacia las posiciones conservadoras, es una circunstancia difícilmente registrada en las encuestas y no fácilmente interpretada en las lecturas de éstas. También, en esas situaciones se producen inesperados y drásticos cambios en la intención y expresión objetiva del voto en significativo segmento de la población. La polarización agudiza el llamado voto útil: votar por quien se percibe como probable o muy probable ganador, en este caso lo demuestra el desplome de la candidatura de la uribista Paloma Valencia su intención de votos se materializó en el caladero de la Espriella.  Este amplificaba y radicalizaba el discurso de aquella. No fue una casualidad. Estos factores estarían explicando este sorpresivo resultado. Ahora viene la lucha por captar los abstencionistas. El candidato de la derecha insiste en su discurso ramplón y simplista basado en el miedo, la mentira, la captación del voto a través de la emotividad y la manipulación que es la forma en que se manejan los populistas que venden quimeras que, como tal, una vez en el poder se demuestra vacuidad. Pero funcionan en los momentos electorales. Nada subestímale. De su parte, Cepeda es el candidato de una izquierda que ha sabido comunicarse con el país real, lo demuestra su alta votación en esta primera vuelta y el hecho concreto de que la población votó por el gobierno que hoy tiene, el cual ha logrado importantes conquistas sociales. Pero tiene ante sí un contexto internacional que le desfavorece, y un sector que se dice de izquierda que le ha hecho mucho daño a un gobierno reamente de izquierda: las llamadas guerrillas irredentas que mantienen prácticas esencialmente criminales, como las califica Petro. Tiene también unas referencias de gobiernos que, llamándose de izquierda constituyen un pesado fardo. Un lastre que no sólo afectan a Cepeda, sino a toda la izquierda del continente.  En ese sentido, más que un discurso, tiene que elaborar un relato coherente sobre de donde viene y qué se propone. Difícil, pero necesario. Imprescindible. Dice que quiere hacer un gobierno en un sistema “capitalista, pero equitativo”, un atisbo de relato hasta ahora no registrado en la izquierda, ni necesariamente único, que sería bien desarrollar su esencia y matices. Como acción política concreta, debe buscar el voto de los diversos sectores, muchos de ellos, no de izquierda pero que rechazan las posiciones cerriles de una derecha acostumbrada a recurrir a las peores artes para mantener sus privilegios. Debe, además, ser capaz no sólo de lograr acuerdos, sino de honrarlos si obtiene el poder. Y es que el desenlace de la presente encrucijada electoral en Colombia es clave para la izquierda en sentido general, una coyuntura que demuestra una vez más la complejidad del mundo actual. Allí, como en otros lugares, con un discurso simplón, ramplón, estridente y basado en burdas mentiras, un candidato tiene éxito, mientras que en otros sitios algunos lo logran sin discurso ni propuestas.