El lujo de no mirar

Hay racistas que nunca se miran al espejo. No porque les falte un rostro, sino porque en su reflejo siempre ven a un justo. El odio, para ellos, nunca es arbitrario: tiene una causa, una herida, un argumento que en su cabeza pesa como una sentencia. “Si no contrato a ese moreno es porque no tiene estudios”, “si mi hija no se casa con él es por la familia”, “si le digo ‘prieto’ es con cariño”. La razón del racista dominicano es una razón blindada: no admite fisuras porque él no es el agresor, es el defendido. Y en ese error germinal florecen todas las violencias. El problema no es convencer al racista de que lo es. Eso es tan estéril como pedirle a un pez que reconozca el agua. La verdadera dificultad está en los demás, en los que no gritan insultos ni queman cruces, pero tienen una habilidad exquisita para no ver. Para archivar lo del haitiano en la construcción al que le pagan menos como “es que él aceptó”, lo de la muchacha negra a la que no le devuelven la solicitud en el call center como “falta de perfil”, lo del niño afrodescendiente al que llaman “cocolo” en la escuela como “un apodo sin malicia”. Llevamos siglos optando por la segunda opción: mirar hacia otro lado hasta que el cuello duele, y luego llamar a eso “convivencia pacífica”. Pero ocurre que el racismo no pide permiso para instalarse. Está en la puerta de la discoteca que no se abre para los de “pelo malo”, en la oficina pública donde el de piel más clara pasa primero, en la sonrisa del vecino que dice “nosotros no somos así, eso es cosa de haitianos”. Y quien lo sufre no necesita un juicio probatorio: lo sabe. Lo sabe como se sabe el sol de la tarde. Lo que no sabe es cómo demostrarlo, porque el racismo cotidiano en República Dominicana es un arte de la negación. Siempre habrá una excusa: “es que no había cupo”, “es que así es el carácter dominicano”, “es que usted es muy sensible”. Y así, el racista no es el que discrimina, sino el otro, el que denuncia. Por eso duele tanto la pregunta trampa: “¿En República Dominicana hay racismo?”. Porque quien la hace ya sabe que la respuesta correcta —la cómoda— es un no rotundo. Y ese no nos devuelve a la casilla cero, donde los racistas se sienten arropados, donde el problema se disuelve en “cosas del pasado”, donde el país entero respira aliviado porque, total, aquí todos somos hermanos. Pasa. Y pasa en la cotidianidad. Cuando en un colmado llaman “moreno” al que no tiene nombre, cuando en un concurso de belleza se elogia el pelo lacio como sinónimo de “profesional”, cuando en la tele los protagonistas son siempre de tez clara y los sirvientes negros. Eso no es un incidente. Es un síntoma. Y los síntomas, si se ignoran, no desaparecen: se cronifican. No pido que todos luchen. Pido que no pongan palos en la rueda. Que dejen denunciar. Que no nos obliguen a empezar cada conversación desde el principio, como si no hubiera historia, como si la sentencia de 1937 no existiera, como si el racismo fuera una invención de intelectuales resentidos. El racismo no es solo un problema para quien lo sufre. Es un aviso para quien cree que nunca le tocará. Porque el odio, cuando se siente legítimo, no se detiene en una frontera, en un tono de piel, en un origen. Se expande. Y un día, quizá, usted tampoco será el “adecuado”. Hasta entonces, tenga al menos la decencia de no mirar hacia otro lado.
República Dominicana se perfila como el socio indisoluble de Estados Unidos en el tablero geopolítico del Caribe
La ministra Faride Raful expone en el Miami Security Forum los avances en seguridad, economía y cooperación bilateral que consolidan al país como un aliado estratégico de Washington en la región, respaldados por cifras históricas en reducción de homicidios, combate al narcotráfico y solidez del intercambio comercial. Por: Alejandro F. Guzmán MIAMI. – En el escenario del Trump National Doral, donde la élite hemisférica en materia de defensa y seguridad converge para trazar las coordenadas del futuro inmediato, la República Dominicana no solo ocupó un asiento protagónico, sino que se erigió como el modelo emergente de estabilidad en un vecindario marcado por la turbulencia. La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, en representación del presidente Luis Abinader, desgranó ante la Heritage Foundation —en el foro inaugural Miami Security Forum— los pilares de una transformación silenciosa pero profunda que ha convertido a la nación caribeña en un activo estratégico de primer orden para Estados Unidos. Bajo el título del panel, “Dominican Republic: A Strategic U.S. Partner in Security Affairs”, la funcionaria desplegó una radiografía que, por su contundencia, trascendió el mero informe para convertirse en una declaración de principios geopolíticos. El dato central, de una elocuencia quirúrgica: la tasa de homicidios en 2025 se situó en 8.15 por cada cien mil habitantes, la más baja jamás registrada en la historia nacional, lo que representa una reducción cercana al 15% con respecto al año precedente. Con esta cifra, el país se consolida como el segundo más seguro de Centroamérica y el Caribe, una posición que desafía las tendencias regionales y ofrece un respiro de certidumbre en un corredor tradicionalmente acosado por la violencia. La arquitectura de este éxito, explicó Raful, no responde al azar ni a la retórica, sino a una metodología sustentada en la gestión rigurosa de datos a través del Centro de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana, la incorporación de 9,503 nuevos agentes a la Policía Nacional y una reforma institucional cuyo anteproyecto de ley orgánica aguarda ya su sanción en el Senado de la República. A ello se suma una ofensiva frontal contra el narcotráfico que ha quintuplicado las incautaciones desde 2019, alcanzando 48.3 toneladas en 2025 —una cifra que habla tanto de la eficacia operativa como de la confianza depositada por las agencias estadounidenses en sus homólogos dominicanos. Pero el vínculo con Washington, como subrayó la ministra, trasciende la cooperación policial y militar. La solidez del intercambio comercial bilateral, que superó los US$18,900 millones, y el caudal de las remesas provenientes de la diáspora —más de US$11,800 millones— configuran un puente económico de una solidez inusual. En paralelo, el Índice de la propia Heritage Foundation otorgó a República Dominicana su puntuación más alta en la historia, superando los promedios mundial y regional, un reconocimiento que, en el mismo foro donde se anunciaba, adquirió el peso de un aval ideológico. En los márgenes del evento, la agenda de Raful incluyó un encuentro con la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón, con quien abordó los ejes de la seguridad regional, el combate a la criminalidad transnacional y la modernización de los cuerpos de seguridad en el Caribe. La reunión, cargada de simbolismo, anticipa una alianza insular que podría convertirse en punta de lanza de una estrategia conjunta en la cuenca caribeña. Finalmente, la ministra situó sobre la mesa el desafío que, como una sombra alargada, proyecta su gravedad sobre toda la región: la crisis haitiana. Lejos de tratarlo como un asunto de fronteras locales, Raful insistió en que se trata de un problema hemisférico que exige una respuesta colectiva de la comunidad internacional, en un llamado que resonó con fuerza entre los asistentes, conscientes de que la estabilidad dominicana es, en buena medida, una trinchera adelantada para la seguridad de Estados Unidos. La presentación en el Miami Security Forum dejó, así, una certeza: la República Dominicana ha dejado de ser vista como un mero receptor de políticas exteriores para convertirse en un socio con voz propia, cifras que respaldan y un proyecto de nación que, en seguridad y economía, se escribe en mayúsculas.
Brasil y República Dominicana unen sus carnavales: un puente cultural entre el samba y los diablos cojuelos
El Ministerio de Cultura dominicano y la Liga Independiente de Escuelas de Samba de Río de Janeiro (Liesa) firman una Declaración de Intenciones para iniciar un acuerdo de cooperación que impulsará el intercambio artístico y el fortalecimiento de las tradiciones carnavalescas de ambas naciones. Por REDACCIÓN INTERNACIONAL Umbral.com.do El ritmo contagioso del samba brasileño y la algarabía colorida de los diablos cojuelos dominicanos comenzaron ayer a bailar al unísono. En un acto celebrado en la sede del Ministerio de Cultura de República Dominicana, las autoridades de la nación caribeña y representantes de la Liga Independiente de Escuelas de Samba de Río de Janeiro (Liesa) rubricaron una Declaración de Intenciones que sienta las bases para un ambicioso acuerdo de cooperación cultural interinstitucional. La ceremonia estuvo encabezada por el ministro de Cultura dominicano, Roberto Ángel Salcedo, y la directora cultural de la Liesa, Evelyn Bastos, quien además ostenta el título simbólico de \»Reina de la batería\» de la emblemática escuela de samba Estación Primera de Mangueira, una de las más tradicionales del carnaval carioca. La firma del documento representa el primer paso formal para el intercambio de conocimientos, experiencias y buenas prácticas en torno a dos de las celebraciones populares más vibrantes del continente. La iniciativa busca tejer un puente cultural que permita el aprendizaje mutuo y el fortalecimiento de las identidades nacionales a través del arte. En el horizonte inmediato se vislumbran proyectos conjuntos que podrían abarcar desde intercambios de artistas y artesanos hasta la participación de delegaciones brasileñas en el carnaval dominicano y, recíprocamente, la presencia de expresiones típicas quisqueyanas en los desfiles de Río de Janeiro. Este acercamiento diplomático-cultural adquiere una significación especial apenas días después de la celebración del Desfile Nacional de Carnaval en el Malecón de Santo Domingo, que el pasado domingo congregó a comparsas y delegaciones de todo el país. La edición de este año contó con la participación de invitados internacionales, entre ellos una representación brasileña, lo que permitió avivar el interés por profundizar los lazos entre ambas festividades. El carnaval dominicano, que se despliega durante todo el mes de febrero y culmina con su gran desfile en marzo, constituye una de las expresiones más auténticas del alma popular de la nación. Personajes tradicionales como los diablos cojuelos —con sus máscaras vistosas, cascabeles y vejigas— conviven con manifestaciones regionales que reflejan la diversidad cultural y la creatividad inagotable del pueblo dominicano. Por su parte, el carnaval de Río de Janeiro, considerado el más famoso del mundo, representa una industria cultural de enormes proporciones y una vitrina global para la música, la danza y el diseño brasileños. La Liesa, fundada en 1984, es la entidad que organiza y regula los desfiles de las escuelas de samba en el Sambódromo carioca, y su apertura al diálogo con República Dominicana abre posibilidades inéditas de cooperación. \»Este es un paso fundamental para el intercambio de saberes y para el fortalecimiento de nuestras identidades culturales\», expresó el ministro Roberto Ángel Salcedo durante la firma del documento. Evelyn Bastos, en representación de la Liesa, destacó la riqueza del carnaval dominicano y el interés de su institución por explorar vías de colaboración que beneficien a ambas partes. La Declaración de Intenciones firmada ayer en Santo Domingo no constituye todavía un acuerdo vinculante, pero traza la hoja de ruta que deberán seguir los equipos técnicos de ambas instituciones para materializar, en los próximos meses, un convenio marco que permita la ejecución de programas concretos. El objetivo final, según expresaron los firmantes, es consolidar un intercambio sostenido que trascienda los gestos simbólicos y se traduzca en proyectos tangibles que enriquezcan el patrimonio cultural inmaterial de ambos pueblos. Mientras los ecos del carnaval dominicano aún resuenan en el Malecón, y cuando Brasil comienza a calentar motores para su propia fiesta, la semilla de esta alianza promete cosechas artísticas que, con suerte, harán bailar al son de la tambora y el samba a generaciones futuras.
El Mandatario y la Pasión: Abinader Lanza la Primera Bola en Miami y Viste de Gala el Sueño Dominicano
En una jornada que combinó la alta diplomacia con la religión del béisbol, el presidente Luis Abinader subió al montículo del loanDepot Park para realizar el lanzamiento ceremonial en el debut de la selección nacional ante Nicaragua. Horas antes de sumergirse en la cumbre convocada por Donald Trump, el jefe de Estado respaldó con su presencia la victoria 12-3 del equipo dominicano, en un escenario donde la pasión deportiva se entrelazó con la agenda política del continente. Por: REDACCIÓN DE DEPORTES MIAMI. – El loanDepot Park vestía sus mejores galas. 36,952 almas pintadas de azul, rojo y blanco coreaban cada lanzamiento como si el destino de la patria dependiera de un strike. Pero antes de que Junior Caminero desatara la furia con su jonrón de 414 pies, antes de que el bullpen tejiera su telaraña de brazos invictos, hubo un instante de ceremonia y simbolismo que elevó la noche a otra dimensión. El presidente Luis Abinader, con la elegancia de quien entiende que el béisbol es en República Dominicana más que un deporte —es un acto de fe colectiva—, caminó hacia el montículo. Vestido con la camisa de la selección nacional y una gorra azul que lo igualaba a los miles de quisqueyanos que rugían en las gradas, el mandatario tomó la pelota y realizó el lanzamiento de la primera bola. No fue un gesto protocolar frío, fue la confirmación de que el poder político se inclina, sin reservas, ante la religión del pueblo. La fotografía recorrió el mundo: un presidente caribeño, en medio de la vorágine diplomática de Miami, deteniendo el tiempo para honrar a los guerreros del diamante. A su alrededor, el ministro de Turismo, David Collado, y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, atestiguaban la escena con la satisfacción de quien sabe que el deporte es la mejor embajada que un país puede tener. Horas después, cuando el reloj marcaba las 12:03 de la madrugada del sábado, la victoria dominicana era un hecho. Nicaragua, valiente en los primeros compases, había sido aplastada por la profundidad del roster quisqueyano. Pero más allá del 12-3 final, quedaba la imagen de un presidente que prefirió sudar la camiseta en las gradas antes que encerrarse en los salones de la diplomacia tradicional. Abinader llegó a Miami no solo para sostener la agenda geopolítica que este sábado lo sentará a la mesa de Donald Trump en la cumbre del \»Escudo de las Américas\». Llegó también para recordar, en un gesto que la gente común entiende sin necesidad de discursos, que el corazón de la dominicanidad late al ritmo del béisbol. Que no hay cumbre internacional que pueda opacar la emoción de un pueblo viendo a los suyos defender el honor en el diamante. El presidente electo de Chile, José Antonio Kast, lo observaba desde las gradas. También los mandatarios de Paraguay, Santiago Peña, y de El Salvador, Nayib Bukele, quienes asistieron al juego y compartieron palco con Abinader. Una reunión informal de la derecha latinoamericana, disfrazada de tarde de béisbol, mientras en el terreno los peloteros escribían su propia historia. Y qué historia. La de un Cristopher Sánchez que sobrevivió a un primer inning de pesadilla con un histórico cuarto ponche. La de un Caminero que, a sus 22 años, descorchó la champaña del triunfo con un jonrón que será recordado. La de un Julio Rodríguez y un Oneil Cruz que en el octavo sellaron la victoria con la autoridad de los elegidos. Pero para el pueblo dominicano en Miami, el momento más íntimo fue ese instante en que su presidente, sin custodia que lo alejara de la gente, lanzó la primera bola y levantó los brazos al cielo, como un pelotero más. Como un fanático más. Hoy, Abinader se sentará con Trump y los doce líderes de la nueva derecha hemisférica. Discutirán sobre narcotráfico, migración y la influencia de China. Pero anoche, en el loanDepot Park, el mandatario demostró que entiende una verdad profunda: antes de ser socios de Estados Unidos, los dominicanos son dueños de una pasión que no entiende de fronteras ni de cumbres. Mientras el equipo descansa para enfrentar a Países Bajos el domingo, Abinader cargará con la agenda pesada de la diplomacia. Pero llevará consigo el eco de un estadio que coreó \»¡Quisqueya!\» hasta el amanecer. Porque en política, como en béisbol, a veces el mejor discurso es una pelota lanzada desde el corazón. El mandatario jugó su papel anoche: lanzó, saludó, celebró. Hoy le toca batear en un terreno más movedizo. Ojalá tenga la misma puntería que mostró en el montículo de loanDepot Park.
El Rugido del Escuadrón: Dominicana Despierta en Miami con un Vendaval de Poderío
La República Dominicana, apoyada en una bulliciosa barra que pintó de azul y rojo las gradas del loanDepot Park, sobrevivió a un tormentoso inicio de Cristopher Sánchez y respondió con la furia de sus bates. Junior Caminero rompió el empate con un jonrón monumental en el sexto, desatando una fiesta que Julio Rodríguez y Oneil Cruz sellaron con dos bombazos en un octavo episodio de pesadilla para Nicaragua. Fue un 12-3 final que, más allá del marcador, confirmó la profundidad de un roster que sabe ganar incluso cuando sus ases titubean. Por: Redacción de Deportes umbral.local/ MIAMI. – El béisbol, en su esencia más pura, es un deporte de relevos. De turnos que se construyen sobre los hombros de quien bateó antes y de lanzamientos que sostienen la esperanza mientras el bullpen se calienta. Y anoche, en el loanDepot Park, la República Dominicana ofreció una cátedra de esa verdad ante una multitud que convirtió el sur de la Florida en una extensión del Malecón dominicano. El reloj marcaba el inicio del Clásico Mundial de Béisbol para el Grupo D, y el ambiente era una olla a presión. Los miles de quisqueyanos que coreaban cada pitcheo competían en decibeles con la ruidosa y valiente barra nicaragüense. Pero el béisbol, caprichoso, quiso probar primero el temple de los favoritos. El abridor dominicano, Cristopher Sánchez —el subcampeón del Cy Young de la Nacional—, arrancó como si enfrentara una maldición. Los primeros cuatro bateadores pinoleros se le embasaron. Un ponche que se convirtió en un wild pitch, un sencillo remolcador de Ismael Munguía y una base por bolas a Mark Vientos pintaron un escenario de pesadilla: bases llenas, sin outs y una carrera en la pizarra. Fue entonces cuando Sánchez, contra las cuerdas, escribió un pequeño verso de historia. Recetó la medicina del ponche a los siguientes tres bateadores, convirtiéndose en el primer lanzador en la historia del Clásico Mundial en registrar un inning de cuatro ponches. Había apagado el incendio, pero el humo dejó una enseñanza: hoy no sería su noche. Y si el abridor flaquea, qué importa cuando la alineación es un poema de poder. En la parte baja de ese mismo primer episodio, Ketel Marte respondió con un doble productor que igualó el marcador y luego anotó gracias a un rodado de Vladimir Guerrero Jr. El nocaut se esquivaba, pero Nicaragua, valiente, no se rindió. En el segundo, conectaron cuatro hits en cinco bateadores y recuperaron la ventaja por una carrera: 3-2.p Sánchez, con la mirada perdida, entregó la estafeta tras apenas 1.1 innings. Pero entonces ocurrió la magia silenciosa que define a los campeones: el bullpen. Los relevistas dominicanos tendieron una muralla. Bateador tras bateador, los brazos quisqueyanos retiraron a 13 rivales de manera consecutiva, congelando la ofensiva nicaragüense y devolviendo el turno a una toletería que solo esperaba el momento preciso para rugir. Ese momento llegó en la fatídica sexta entrada. Con Manny Machado abriendo el episodio con un doble frente a Stiven Cruz, el joven talento Junior Caminero se paró en el plato con la mirada de un depredador. Dos lanzamientos bastaron. La bola emprendió un vuelo majestuoso de 414 pies hacia el jardín central, besó la grada y desató el caos ordenado en las gradas. Caminero, de apenas 22 años, trotó con la cadencia de quien sabe que su nombre ya forma parte de la noche. Saltó en la antesala, gesticuló, y fue recibido por Machado, Julio Rodríguez y Fernando Tatis Jr. en una coreografía de celebración que incluyó la tradicional chaqueta de los jonrones. Las gradas, poseídas, vibraron como si el juego hubiera terminado. Pero faltaba el clímax. El relevo, impecable, siguió ponchando la fe de Nicaragua. Wandy Peralta y Camilo Doval mantuvieron la ventaja con la autoridad del que sabe que tiene un ejército esperando turno. Y entonces, en el octavo, llegó la estampida. Julio Rodríguez, el héroe local de los Marineros, conectó un jonrón que fue un puñetazo en la mesa. Oneil Cruz, con la furia de sus brazos infinitos, repitió la dosis. Entre ambos, y una artillería que ya no tuvo piedad, fabricaron seis carreras que sepultaron cualquier esperanza de remontada. El 12-3 final fue solo un número. La verdadera historia de la noche fue la profundidad de un roster que, cuando su as se hundió en la tormenta, desenfundó un bullpen de acero y una alineación capaz de despertar en cualquier momento con la furia de un huracán. Nicaragua, herida pero digna, tendrá que sacudirse el polvo antes del mediodía del sábado para enfrentar a Países Bajos. La República Dominicana, en cambio, descansará, saboreará la victoria y se preparará para recibir el domingo al mismo rival, con la lección aprendida y la certeza de que, en este equipo, los héroes se turnan. Porque en el béisbol, como en la vida, no importa tanto cómo empiezas, sino con qué profundidad terminas. Y anoche, en Miami, la profundidad dominicana fue un abismo sin fondo para Nicaragua.
Cumbre el Escudo de las Américas: Luis Abinader y el abrazo del pugilista
La imagen vale más que mil discursos, pero en política a veces vale más que todo un programa de gobierno. Cuando el presidente Luis Abinader pisó la alfombra roja del Trump National Doral Miami, escoltado por el protocolo de la Casa Blanca, la fotografía no solo capturaba un instante diplomático; retrataba una definición ideológica sin ambages. El mandatario dominicano se sentaba, sin el menor rubor, a la mesa de la derecha más radical del continente. Por Julio Guzmán Acosta, Director de umbral.local/ La participación de Abinader en la cumbre \»Escudo de las Américas\» convocada por Donald Trump es mucho más que una gestión de relaciones internacionales. Es la culminación de un proceso de realineamiento que su gobierno ha venido construyendo con disciplina militar: la inserción plena de la República Dominicana en el bloque de países que suscriben la llamada \»doctrina Donroe\». El anfitrión y la metáfora del club Que la reunión se celebre en un club de golf no es un dato menor. No es la Casa Blanca, no es un foro multilateral con reglas consensuadas. Es la propiedad privada de Trump, un espacio íntimo donde los líderes invitados no acuden como pares, sino como convidados a la finca del patrón. Allí, Abinader compartirá un almuerzo de trabajo ofrecido por Trump y una recepción nocturna del secretario de Estado, Marco Rubio . La Presidencia dominicana ha vendido esta participación como una \»oportunidad clave para reafirmar su posición como socio estratégico en el Caribe\» . Pero habría que preguntarse: ¿socio estratégico de quién? Porque mientras México, Brasil y Colombia —las verdaderas potencias democráticas de la región— han quedado fuera de esta foto, Abinader aparece en primera fila, flanqueado por Javier Milei, Nayib Bukele y José Antonio Kast. El contexto que Abinader elige ignorar No podemos olvidar cómo se llegó hasta aquí. La Cumbre de las Américas que debió celebrarse en diciembre pasado en República Dominicana fue cancelada porque Trump no asistiría y porque las divisiones en el continente eran demasiado profundas . En aquel momento, Abinader se vio presionado por la Casa Blanca para excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela, lo que provocó amenazas de boicot por parte de gobiernos progresistas. Ante la falta de compromiso de Trump, el mandatario dominicano optó por posponer el evento . Hoy, el escenario es otro. Trump ya no necesita una cumbre multilateral incómoda; ha construido su propio foro a la medida. Y Abinader, que entonces capeó el temporal con una cancelación diplomática, acude ahora dócilmente a la sede del anfitrión que antes le había fallado. La lección es clara: las reglas las pone Washington, y los líderes de la región se adaptan. La agenda de seguridad y el riesgo de la sumisión Los temas centrales de la cumbre —migración masiva, narcotráfico e influencia china— son presentados como preocupaciones compartidas . Pero detrás de la retórica de la \»cooperación hemisférica\» se esconde una realidad más cruda: la militarización de la política exterior estadounidense hacia la región. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, lo expresó sin tapujos en vísperas de la cumbre: \»Nos enfrentamos a una prueba esencial para determinar si nuestras naciones seguirán siendo naciones occidentales con características distintivas, naciones cristianas bajo Dios\». Ese lenguaje apocalíptico, que vincula migración con el fin de la civilización, es el mismo que ahora Abinader suscribe con su presencia. El presidente dominicano ha construido su capital político sobre una gestión ordenada de la economía y una lucha contra la corrupción que, aunque incompleta, le ha granjeado simpatías internacionales. Pero al sentarse en esa mesa, está vinculando el destino de la República Dominicana a una agenda que en Estados Unidos es profundamente divisiva y en la región abiertamente excluyente. El dilema de China y la soberanía Otro de los objetivos declarados del \»Escudo de las Américas\» es reducir la influencia china en la zona . La doctrina Donroe apunta directamente a los proyectos de infraestructura, la cooperación militar y las inversiones de Pekín. Para un país como el nuestro, donde China se ha convertido en un socio comercial relevante, alinearse acríticamente con esta postura implica riesgos considerables. Expertos internacionales han advertido que los líderes latinoamericanos se enfrentan al desafío de equilibrar su relación con Estados Unidos sin comprometer sus vínculos económicos con China . Mientras Pekín ofrece comercio e inversión, la administración Trump ofrece aranceles, deportaciones y militarización . Abinader parece haber elegido bando, pero habrá que ver a qué precio. La foto que no miente Doce líderes, una alfombra roja y un anfitrión que los recibe en su finca de Miami. Esa es la imagen del nuevo orden hemisférico. La República Dominicana, que durante décadas construyó una política exterior basada en el diálogo y la apertura, se reduce ahora a un invitado más en la coreografía del trumpismo. Abinader ha decidido jugar en esta liga sin el menor rubor. Quizás calcula que los beneficios económicos o migratorios que pueda obtener de Washington compensan el costo ideológico. Quizás simplemente cree que esta es la nueva normalidad. Pero al hacerlo, está renunciando a un principio fundamental de la política exterior dominicana: la capacidad de relacionarse con todos sin someterse a ninguno. El \»Escudo de las Américas\» no protege a nadie. Es, más bien, un escudo que oculta la sumisión de quienes, como Abinader, prefieren el abrazo del pugilista a la incomodidad de mantener la dignidad en un continente dividido. La historia juzgará esta foto. Por ahora, queda para el registro: el presidente dominicano, sonriente en la alfombra roja de Trump, formando parte de una coalición que excluye a más de la mitad del continente y que abraza, sin matices, la visión más radical de la derecha hemisférica. Sin rubor. Sin distancia. Sin preguntas.
El pueblo dominicano se levanta: marcha patriótica exigirá la salida de tropas extranjeras
La Plazoleta de la Trinitaria será el punto de encuentro este domingo 22 de febrero a las 9:30 de la mañana, para caminar juntos hasta la estatua de Caamaño y decirle al mundo que este pueblo no se rinde ante la injerencia extranjera Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo respira memoria. En cada esquina donde el viento agita la bandera azul, rojo y blanco, hay un eco que no cesa: el de los trinitarios, el de los constitucionalistas, el de aquellos que un día dijeron que la patria no se negocia. Y ahora, cuando las aguas del Caribe vuelven a sentir el peso de botas extranjeras, el pueblo se prepara para alzar la voz. El Comité de Solidaridad en Defensa de la Soberanía de los Pueblos en Lucha ha lanzado la convocatoria. Detrás de esta voz se aglutinan seis partidos de izquierda y decenas de organizaciones populares que han decidido plantar bandera frente a lo que consideran una política de ocupación silenciosa: la presencia de la armada estadounidense en territorio dominicano y el Caribe. La cita es el domingo, cuando el sol aún se despereza sobre el Ozama. Desde la Plazoleta La Trinitaria, en la cabecera del Puente Duarte, las multitudes echarán a andar. No llevarán armas, pero sí la fuerza de la dignidad. Marcharán hacia el Parque Independencia, donde la estatua de Francisco Alberto Caamaño Deñó vigila eternamente el sueño de una nación libre. Pero esta marcha no es solo contra la presencia militar extranjera. Es un grito que atraviesa el mar: por Venezuela, por Cuba, por Nicolás Maduro y Cilia Flores, a quienes el Comité denuncia como víctimas de un \»secuestro\» que viola el derecho internacional. Es también un reclamo contra el bloqueo que asfixia a La Habana y a Caracas, un cerco que no perdona niños, ni ancianos, ni hospitales. La organización ha sido clara: esta es una jornada patriótica, en defensa de la Constitución, del territorio y de la dignidad nacional. Y en ese camino, han invocado a los fantasmas necesarios: Duarte, el visionario; Luperón, el restaurador; Minerva Mirabal, la mariposa que voló hacia la libertad; y Caamaño, el guerrillero inmortal. El llamado es a todos: partidos, juventudes, sectores democráticos, ciudadanos de a pie que sientan que la soberanía no es una palabra hueca. Este domingo, las calles de Santo Domingo serán el escenario de un pueblo que no olvida. La cita es con la historia. La cita es con la patria.
¡LEONES ENCENDIDOS! Adames y Romero escriben con fuego el dominio criollo en el Caribe
El poder explosivo del tercera base y el brazo imperturbable del abridor sellan un triunfo de carácter sobre Puerto Rico, reafirmando una hegemonía que ya es leyenda en el torneo regional. Por Arturo F. Guzmán El Estadio Panamericano vibró este lunes con el rugido de una maquinaria que no conoce de treguas. Los Leones del Escogido, portando con orgullo la bandera de la República Dominicana, desplegaron músculo y temple para derrotar 5-3 a los Cangrejeros de Santurce de Puerto Rico, en un choque que tenía sabor a clásico y a reafirmación de un dominio casi absoluto. Con este triunfo en la segunda fecha de la 68va Serie del Caribe, el cuadro quisqueyano perfecciona su récord a 2-0 y se encarama, solitario, en la cima del torneo. La historia se escribió con dos nombres propios: Cristian Adames y Enny Romero. El tercera base, con la madera candente, destrozó la ofensiva boricua al conectar dos dobles en tres turnos, empujando dos carreras decisivas. No era un acto casual; Adames se convirtió en el primer jugador de esta edición en lograr la hazaña, emulando a figuras como Ildemaro Vargas y Henry Urrutia. Mientras, en el montículo, Romero fue simplemente un muro. El zurdo trabajó cinco entradas de blanqueada, dispersando solo tres hits y demostrando un control aplastante para llevarse la victoria. El partido no fue un paseo. Puerto Rico, que venía de humillar a los dominicanos en la final de Mexicali 2025, llegó con sed de revancha. Pero desde el primer acto, los Leones marcaron territorio. La ofensiva explotó en la entrada inicial contra el abridor puertorriqueño Daryl Thompson, quien apenas pudo sacar dos outs antes de ser castigado con tres carreras que sentaron una declaración de intenciones. Aunque los Cangrejeros arañaron la pizarra con un triple de Yohandy Morales y la consistencia de Rubén Castro (quien llegó a base las cuatro veces que bateó), nunca lograron sofocar el liderato dominicano. El relevo, capitaneado por un implacable Jimmy Cordero que se anotó su segundo salvamento del torneo, cerró la puerta con autoridad en el noveno episodio, dejando claro que en este equipo la victoria es un trabajo colectivo. Con este resultado, la estadística se vuelve abrumadora: Dominicana ha ganado 10 de sus últimos 11 enfrentamientos contra Puerto Rico en Serie del Caribe, incluyendo una racha de nueve victorias consecutivas hasta 2024. No es solo un dato; es una demostración de jerarquía, mentalidad ganadora y un legado que esta nueva generación de Leones lleva sobre sus hombros con orgullo. En la caja de score: Para los campeones, Junior Lake (3-2, dos anotadas, una impulsada) y Sócrates Brito (con triple) aportaron chispas clave. Por los Cangrejeros, Nelson Velázquez (3-1) y Jack López (con una impulsada) intentaron reanimar la ofensiva, pero no fue suficiente frente al torrente leonado. El camino sigue: Los Leones del Escogido descansan este martes 3 de febrero, para recargar baterías y preparar el siguiente asalto. Regresan a la acción el miércoles 4, enfrentando a los Federales de Chiriquí de Panamá (4:00 p.m.), con la mira puesta en seguir ampliando su leyenda caribeña. Mientras, los Cangrejeros de Santurce buscarán reencontrar su rumbo este martes ante los Charros de Jalisco (9:00 p.m.), en un duelo crucial para sus aspiraciones.
Leones con hambre de historia: llegan al Caribe para defender la corona y perseguir el bicampeonato
Con un roster balanceado que mezcla potencia, velocidad y un sólido pitcheo, los Leones del Escogido aterrizan en la Serie del Caribe con la misión clara de Ramón Santiago: no solo defender el título obtenido el año pasado, sino conquistar la sexta corona para el club y la vigésima cuarta para República Dominicana. Con Oscar De la Cruz como abridor en el debut ante Jalisco y últimos ajustes en el roster, los escarlatas buscan emular a las Águilas Cibaeñas y convertirse en el segundo equipo lidomense en repetir cetro caribeño. Por Brendalis Reyes SANTO DOMINGO. – La melena está erizada y la mirada, fija en el horizonte. Los Leones del Escogido no llegan a la Serie del Caribe como turistas ni como simples invitados de honor. Llegan como monarcas defensores, con el rugido listo para resonar en el Estadio Panamericano y el único objetivo de Ramón Santiago claro como el cristal: traer de vuelta la corona a casa. “Vinimos aquí a ganar”, sentenció el mánager, cargando sobre los hombros escarlatas no solo la presión de un equipo, sino la esperanza de toda una nación sedienta de gloria béisbolera. El año pasado, los Leones mordieron el trofeo y probaron la miel del reinado caribeño. Ahora, la misión es más ambiciosa: defender el título y morder la historia. Solo las Águilas Cibaeñas, en los lejanos 1997 y 1998, han logrado que un equipo de la Liga Dominicana repita cetro en este torneo. Los escarlatas, con el núcleo duro que los llevó a la cima local e internacional –Junior Lake, Sócrates Brito, Christian Adames, Erik González, Gustavo Núñez–, tienen en la mira esa hazaña. Buscan la sexta corona para el Escogido y la número 24 para el país, un número que reafirma el dominio quisqueyano en el diamante caribeño. El balance: un rompecabezas armado para ganar Santiago no oculta su satisfacción con el arsenal a su disposición. “Tenemos velocidad, una defensa sólida y buen pitcheo”, analizó el estratega, destacando la calidad de su rotación inicial. El derecho Oscar De la Cruz, quien lució un dominante 1.73 de efectividad en el Round Robin con las Águilas, tendrá el honor de la bola inaugural este domingo a las 9:30 PM, frente a los Charros de Jalisco (México Rojo). Junto a él, el zurdo Enny Romero refuerza un grupo de abridores de alto calibre. En el bullpen, nombres como Travis Lakins y Jefry Yan prometen apagar incendios, respaldados por un último ajuste: la incorporación del relevista derecho Jimmy Cordero, quien llega para sustituir a Joe Corbett. Últimos movimientos antes del primer pitcheo El roster tuvo sus ajustes de última hora. Además de la baja de Corbett –próximo a firmar con un equipo organizado– y la entrada de Cordero, el receptor Geraldi Díaz reemplaza a Julio E. Rodríguez, quien enfrenta problemas con su visado. Son cambios tácticos para un torneo que promete batalla feroz. Santiago es consciente del desafío: “Hay que trabajar para conseguir ganar la serie. Sabemos que vamos a tener equipos rivales que quieren ganarnos”. Junto a Jalisco, los temibles Cangrejeros de Santurce (Puerto Rico), los Federales de Chiriquí (Panamá) y los Tomateros de Culiacán (México Verde) completan un grupo de muerte donde solo el más fuerte sobrevive. Pero en el campamento escarlata no hay rastro de duda, solo la certeza del que sabe que tiene las herramientas. “Si nosotros ganamos aquí también, vamos a celebrar doble”, remachó Santiago. Esa es la consigna: celebrar el título local fue solo el aperitivo. El banquete completo, el que sabe a gloria eterna y a bicampeonato histórico, se sirve en el Caribe. Los Leones están listos. El rugido está a punto de comenzar.
La historia no se escribe con miedo ni con profecía

En los últimos tiempos se ha insistido, desde determinados espacios de opinión, en una tesis tan alarmista como carente de rigor: que, si la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo hubiese triunfado, la República Dominicana habría quedado inexorablemente atrapada en un modelo político, económico y social idéntico —o peor— al de Cuba. Esta hipótesis, defendida por Víctor Grimaldi en su artículo de Acento del 8 de diciembre 2025 no solo incurre en una lectura simplista del pasado, sino que revela una comprensión profundamente anticientífica del proceso histórico. La historia no es una bola de cristal ni un ejercicio de adivinación retrospectiva. No se construye a partir de miedos proyectados hacia atrás ni de determinismos ideológicos disfrazados de análisis. Sostener que el eventual triunfo de la expedición de junio de 1959 habría conducido de manera automática a la “cubanización” de la República Dominicana es desconocer los principios elementales de la historiografía moderna y, peor aún, negar la complejidad real de la sociedad dominicana. El determinismo como trampa ideológica El principal problema de esta hipótesis es su determinismo mecánico. Parte de la premisa de que los pueblos no deciden, no disputan y no corrigen sus propios procesos, sino que quedan arrastrados por una sola fuerza externa. Según esa lógica, los actores dominicanos de 1959 carecían de autonomía política y estaban condenados a obedecer, sin mediaciones, los designios de La Habana. Esa visión no es histórica: es ideológica. Reduce la historia a una cadena de causas únicas y efectos inevitables, algo que las ciencias sociales llevan décadas desmontando. Ningún proceso revolucionario —ni siquiera el cubano— fue lineal, homogéneo o predeterminado desde su inicio. La República Dominicana no era Cuba Comparar mecánicamente la República Dominicana de 1959 con Cuba es un error de base. La sociedad dominicana estaba en una dictadura personalista extrema, encabezada por Rafael Leónidas Trujillo, pero al mismo tiempo estaba atravesada por una pluralidad ideológica real: liberales, socialdemócratas, nacionalistas, cristianos progresistas y diversas corrientes de izquierda no alineadas con el marxismo-leninismo. Incluso dentro del campo antitrujillista coexistían proyectos incompatibles entre sí. Pretender que todos ellos hubiesen sido absorbidos sin resistencia por un supuesto modelo cubano es una caricatura política, no un análisis serio. Juan Bosch no era una nota al pie Otro elemento revelador del sesgo de esta tesis es la forma en que minimiza —o directamente anula— el peso histórico de Juan Bosch. Se afirma que Bosch habría sido inevitablemente marginado o expulsado. Pero esa afirmación ignora que Bosch era, ya en ese momento, uno de los principales referentes morales e intelectuales del antitrujillismo, con reconocimiento continental y con una concepción democrática profundamente arraigada. Bosch no fue un accidente de 1962. Fue una construcción política de décadas. Su rechazo a la vía armada y a todo totalitarismo no lo convertía en un actor prescindible, sino en un factor decisivo de disputa política en cualquier escenario postdictatorial. La historia demuestra que los liderazgos democráticos no desaparecen por decreto revolucionario; muchas veces resurgen como alternativa frente a los excesos del poder armado. La falacia del “destino cubano” El argumento más endeble —y más repetido— es que Cuba representaba un destino inevitable. Sin embargo, incluso la radicalización del proceso cubano no fue automática ni previsible en enero de 1959. Fue el resultado de conflictos internos, presiones externas, errores estratégicos de Estados Unidos y decisiones políticas concretas del liderazgo encabezado por Fidel Castro. Reescribir esa historia como si hubiese sido una secuencia cerrada desde el primer día es una falsificación retrospectiva. Trasladar ese desenlace, además, a la República Dominicana —con una estructura social, económica y cultural distinta— es un ejercicio de especulación ideológica, no de historia comparada. Historia no es miedo El afirmar que la República Dominicana habría terminado, de manera inevitable, en seis décadas de miseria, represión y aislamiento es una forma de historia del miedo. No explica el pasado; busca disciplinar el presente. Es una narrativa que intenta legitimar el orden actual presentándolo como el único camino posible, borrando de un plumazo las luchas, contradicciones y alternativas que han definido la experiencia dominicana. La historia no funciona así. Los pueblos no avanzan por rieles predeterminados. La historia es conflicto, disputa, retroceso, avance y corrección. Conclusión: Las hipótesis contrafactuales defendidas por Víctor Grimaldi sobre 1959 carecen de sustento científico y empobrecen el debate histórico dominicano. No se trata de defender la vía armada ni de idealizar procesos insurreccionales, sino de rechazar el uso del pasado como herramienta de chantaje ideológico. La historia no se escribe con profecías ni con temores retrospectivos. Se escribe con análisis, con contexto y con respeto a la complejidad real de los procesos sociales. Todo lo demás es propaganda con pretensiones de historia.