IDEICE amenaza con volver a estudiar la realidad educativa… ¿para qué?
El anuncio de una nueva investigación del IDEICE pone de manifiesto un ciclo vicioso: diagnosticar el problema parece ser el único objetivo, mientras las soluciones quedan relegadas al olvido. La evaluación debería ser el punto de partida para implementar políticas transformadoras, no un ejercicio académico que perpetúe la mediocridad. Por Rafael Méndez La educación dominicana lleva años atrapada en un ciclo de investigaciones que parecen más un ejercicio académico para acumular datos que una herramienta para transformar la pésima realidad del proceso enseñanza-aprendizaje. Desde su creación en 2008, el Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE) ha liderado numerosos estudios que revelan las profundas carencias del sistema educativo. Sin embargo, la realidad en las aulas sigue estancada, como si el esfuerzo invertido en investigar quedara atrapado en un limbo de indiferencia institucional. El reciente anuncio del IDEICE de que realizará una nueva evaluación del desempeño magisterial en enero vuelve a despertar interrogantes: ¿para qué otro diagnóstico si los hallazgos anteriores no han generado ningún cambio? Hace seis años, una evaluación del desempeño magisterial dejó en evidencia el rezago en Provincias Bahoruco, que ocupó el último lugar entre las 18 regionales evaluadas. Pero, pese a la presión de organizaciones locales como la Fundación Padrino de las Escuelas de Bahoruco, las autoridades educativas no actuaron. Absolutamente nada se hizo para revertir esa realidad lacerante. Diagnósticos sin transformación El problema no es la calidad de las investigaciones del IDEICE, pues sus estudios podrían ser rigurosos y técnicamente impecables. El problema es la desconexión entre los hallazgos y las acciones necesarias para transformar el sistema. Cada diagnóstico se presenta con detalles alarmantes: infraestructura deficiente, un magisterio endeudado, y un rendimiento estudiantil que no responde a las necesidades del mercado laboral. Sin embargo, las soluciones quedan en el papel, atrapadas en la burocracia o en la falta de voluntad política. La evaluación de 2018, cuyos resultados se dieron a conocer en 2019, ofreció un mapa claro de las debilidades en pedagogía, gestión y formación docente, pero los responsables de tomar decisiones optaron por la inercia, dejando que las debilidades se perpetuaran y que el sacrificio de asignar el 4% del PIB a la educación se volviera sal y agua. El endeudamiento docente: una retranca para el sistema A esta inacción institucional se suma una crisis financiera que afecta directamente al magisterio. Los docentes dominicanos, pilares del sistema educativo, están atrapados en una espiral de endeudamiento que los somete a una precariedad económica y emocional insostenible. Algunos llegan a cobrar salarios netos de apenas un peso, como resultado de las políticas crediticias irresponsables de la Cooperativa Nacional de Maestros (COOPNAMA). Esta situación no solo afecta sus condiciones de vida, sino también su desempeño en el aula. Un docente estresado por problemas financieros difícilmente puede ser un agente de cambio para sus estudiantes. Sin embargo, ni el Ministerio de Educación ni la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) han abordado esta problemática con la urgencia que amerita. El círculo vicioso de las evaluaciones El anuncio de una nueva investigación del IDEICE pone de manifiesto un ciclo vicioso: diagnosticar el problema parece ser el único objetivo, mientras las soluciones quedan relegadas al olvido. La evaluación debería ser el punto de partida para implementar políticas transformadoras, no un ejercicio académico que perpetúe la mediocridad. Si el IDEICE tiene la capacidad técnica para identificar las debilidades del sistema, las autoridades educativas tienen la responsabilidad moral y política de actuar sobre esos hallazgos. No hacerlo equivale a condenar a estudiantes, docentes y al país entero a un futuro de oportunidades perdidas. Una conclusión obligada para romper este círculo de falta de voluntad política, indiferencia y complicidad impone que cada diagnóstico debe acompañarse de un plan de acción claro, con plazos específicos y responsables definidos, que se hace urgente implementar mecanismos para aliviar la carga financiera de los docentes, como programas de consolidación de deudas y límites a los créditos desmedidos, y que las autoridades asuman un rol activo y responsable en la ejecución de los planes derivados de las investigaciones. Si el IDEICE tiene la capacidad técnica para identificar las debilidades del sistema, las autoridades educativas tienen la responsabilidad moral y política de actuar sobre esos hallazgos. No hacerlo equivale a condenar a estudiantes, docentes y al país entero a un futuro de oportunidades perdidas.
¿Por dónde hay que empujar HOY este país para llevarlo adelante?

La sociedad “descubre” que el gobierno se ha manejado con estrategia engañosa y manipuladora. Ha malgastado cuatro años en reformas vacías, y ha evidenciado una desconexión entre las promesas de reformas y la realidad. Por Rafael Méndez El gobierno del presidente Luis Abinader ha mostrado una peligrosa tendencia que la sociedad que no puede seguir ignorando: la constante improvisación, la manipulación y el uso de maniobras engañosas para imponer proyectos de reformas que no responden a las verdaderas necesidades del pueblo dominicano. En un momento crítico para la República Dominicana, la famosa pregunta de Mafalda, la icónica creación del dibujante argentino Quino, cobra una nueva vigencia: \\\»¿Por dónde hay que empujar HOY este país para llevarlo adelante?\\\». Esta interrogante, que refleja tanto frustración como deseo de cambio, resuena con especial fuerza en un país que, aunque ha experimentado ciertos avances, se enfrenta a una creciente desconexión entre las promesas de reformas y la realidad que vive su ciudadanía. Las movilizaciones sociales recientes, que lograron frenar la reforma fiscal propuesta por el gobierno de Luis Abinader, revelan una sociedad que ya no está dispuesta a aceptar soluciones improvisadas o medidas que no tengan en cuenta sus verdaderas necesidades. Este triunfo de la ciudadanía evidencia no solo el poder del pueblo dominicano para hacer valer sus demandas, sino también el desafío que enfrenta el gobierno para guiar al país por el camino correcto en medio de una creciente presión social. La retirada de la reforma fiscal: un golpe de realidad El intento de implementar una reforma fiscal que no contaba con el consenso necesario fue un punto de inflexión en la gestión del presidente Abinader. Aunque se justificaba por la necesidad de equilibrar las cuentas del Estado y asegurar ingresos para cubrir las demandas sociales, el proyecto fue percibido como un paso en falso. La reacción de la sociedad fue rápida y contundente: protestas, rechazo generalizado y una ola de movilización que obligó al gobierno a retirar la propuesta. Este episodio dejó claro que la ciudadanía no está dispuesta a aceptar medidas que no estén suficientemente explicadas, debatidas y consensuadas. La lección que deja la retirada de la reforma fiscal es que las grandes decisiones requieren un diálogo transparente y participativo. Intentar imponer reformas sin escuchar a los ciudadanos solo puede llevar al fracaso. No abarcar demasiado: la advertencia clave Una de las críticas más persistentes hacia el estilo de gobernanza de Abinader, reflejada en el análisis de José Luis Taveras, es su tendencia a querer abarcar muchos temas al mismo tiempo. Desde el inicio de su mandato, el presidente ha impulsado varias reformas y ha hecho múltiples anuncios de iniciativas en diferentes áreas. Sin embargo, esta estrategia de \\\»tocarlo todo\\\» no ha producido los resultados transformadores que se esperaban. Como bien advierte Taveras, y lo corroboran las recientes crisis, “no se trata de tocar muchos temas a la vez, sino de hacer unas pocas reformas, pero hacerlas bien”. Esta es una lección que el presidente debe internalizar para poder trazar un rumbo claro y evitar que su gobierno se diluya en promesas incumplidas. La impaciencia por demostrar cambios rápidos, sin una planificación profunda, ha sido un error repetido, y la sociedad ya no está dispuesta a tolerarlo. Las movilizaciones como reflejo de un agotamiento social El rechazo a la reforma fiscal fue solo el reflejo más reciente de un creciente agotamiento en la sociedad dominicana, que siente que los problemas estructurales del país –corrupción, desigualdad, precariedad en los servicios públicos– no han sido abordados con la seriedad necesaria. Las movilizaciones de la ciudadanía no solo obligaron al gobierno a replantearse su propuesta fiscal, sino que también enviaron un mensaje claro: los dominicanos exigen soluciones reales y profundas, no simples ajustes de último minuto. El clima de protesta y crítica social que se vive en el país es indicativo de una creciente conciencia colectiva sobre la necesidad de cambios estructurales. Estas movilizaciones son un recordatorio de que los ciudadanos no son actores pasivos, sino protagonistas activos en el rumbo del país. El gobierno debe entender que el verdadero avance solo se logrará con una participación ciudadana auténtica y con reformas que estén a la altura de las expectativas. La necesidad de concentrarse en las reformas clave En lugar de dispersar sus esfuerzos en múltiples frentes, el gobierno de Abinader debe concentrarse en unas pocas áreas clave, aquellas que realmente pueden generar un cambio profundo y duradero. La educación, la salud y la lucha contra la corrupción deben ser los pilares de cualquier estrategia para impulsar al país hacia adelante. Estos son los sectores donde la ciudadanía espera ver resultados, y donde la inversión de tiempo y recursos puede tener el mayor impacto. Además, el fortalecimiento de las instituciones democráticas es crucial. La transparencia y la rendición de cuentas no deben ser solo promesas, sino realidades palpables. Combatir la corrupción y garantizar que los recursos públicos se utilicen de manera eficiente son medidas esenciales para recuperar la confianza de los ciudadanos y construir un futuro más justo. El clamor ciudadano: \\\»Empujar el país hacia adelante\\\» La pregunta de Mafalda, que hoy resuena como un grito de frustración en la República Dominicana, exige una respuesta que no puede esperar. Empujar el país hacia adelante implica, antes que nada, reconocer las demandas de la ciudadanía y actuar en consecuencia. El presidente Abinader y su equipo tienen la oportunidad de corregir el rumbo, pero esto solo será posible si priorizan las reformas que realmente importan y si escuchan de manera atenta las voces del pueblo. El país no necesita más anuncios apresurados ni reformas que solo toquen la superficie de los problemas. Necesita un liderazgo que se enfoque en lo esencial, que planifique con inteligencia y que tenga la voluntad política de realizar cambios que trasciendan más allá de un mandato presidencial. En definitiva, empujar a la República Dominicana hacia adelante no es tarea fácil, pero es posible. Sin embargo, como bien aconseja José Luis Taveras: \\\»No trate de tocar muchos temas a la vez, sino de hacer
Los BRICS desafían el orden mundial y amenazan viejo orden unipolar

Lo cierto es que el mundo está en un punto de inflexión y la dinámica entre los BRICS y Occidente podría definir el rumbo de la política y la economía global en las próximas décadas, con Venezuela como parte de esa recomposición global. Por Rafael Méndez La próxima cumbre de los BRICS se celebrará en Kazán, Rusia, entre el 22 y el 24 de octubre de 2024. En esta cumbre, se reunirán los líderes de los países del bloque BRICS, que ahora incluye a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, y a partir de 2024, también integrará a Argentina, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Esta reunión es vista como un evento clave para discutir temas de relevancia global y fortalecer la cooperación económica entre estos países, además de abordar desafíos multilaterales. En un mundo cada vez más fragmentado y multipolar, el grupo de países conocido como BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— emerge como un bloque con creciente influencia en la política y la economía global, y está comenzando a desafiar seriamente el viejo orden unipolar liderado por Estados Unidos y sus aliados, al tiempo de articular una narrativa alternativa que redefinirá las reglas del juego en la gobernanza mundial. La ampliación del grupo no solo refuerza su peso económico, representando ya más del 40% de la población mundial y aproximadamente una cuarta parte del PIB global, sino que también diversifica su base geopolítica, geoeconómica y cultural, en el que se destacan iniciativas como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y el Acuerdo de Reservas de Contingencia (CRA), lo que demuestran un esfuerzo concertado por crear alternativas a instituciones tradicionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que han sido criticadas por su sesgo hacia los intereses de las naciones desarrolladas. Y como habría de suponer, la respuesta de Occidente no ha sido indiferente, ya que Estados Unidos y sus aliados han comenzado a adaptar sus estrategias para enfrentar el creciente desafío que representa el ascenso de los BRICS, con iniciativas como la revitalización de alianzas desgastadas como el G7, el fortalecimiento de asociaciones estratégicas en la región del Indo-Pacífico, la expansión de la OTAN, así como el incremento en el gasto de defensa en Europa, lo que reflejan un intento por contener la influencia de China y, por extensión, del grupo BRICS. Nerviosismo de occidente De ahí que el nerviosismo de occidente no es para menos, ya que tradicionales aliados de Estados Unidos, y otros que son miembros de la OTAN, se han incorporado al BRICS, como son los casos de Arabia Saudí, Egipto, Irán y Turquía., muchos de los cuales vienen haciendo transacciones comerciales en sus respectivas monedas, desde hace un buen tiempo. “Con todo lo anterior, el proceso de desdolarización del mundo se extiende con velocidad, y los propios países de los BRICS hablan públicamente o bien, como es el caso de Brasil o Sudáfrica, de crear una moneda nueva para la transacción de operaciones a nivel mundial, o bien, en el caso de Rusia, de una cesta de monedas nacionales de los BRICS. “En definitiva, se trataría de iniciar un proceso que orientado a formalizar lo que está sucediendo, ya en la práctica en el continente asiático, dónde las operaciones comerciales se están cerrando en las monedas nacionales entre las partes involucradas respectivas”, reseñan medio internacionales. El expedito camino de Venezuela La inclusión de la República Bolivariana de Venezuela en las conversaciones del grupo BRICS marca un desarrollo significativo en la evolución del bloque como entidad política y económica, lo que deja claramente establecido que el interés de Venezuela en unirse a esta coalición, junto con la reciente inclusión de nuevos miembros como Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, refleja un esfuerzo concertado por parte del Sur Global para fortalecer su peso político y económico. Para Venezuela, que ha enfrentado sanciones económicas y presiones diplomáticas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, la integración en el BRICS representa una oportunidad estratégica para buscar apoyo económico y político en una plataforma que desafía la estructura de poder occidental dominante, cuya economía ha sido severamente afectada por las sanciones internacionales, por lo que el acceso a estos mecanismos financieros podría ofrecer un alivio significativo y una oportunidad para revitalizar su economía. En definitiva, lo que estamos presenciando no es solo una reconfiguración del mapa económico y político mundial, sino un desafío directo a las estructuras de poder que han dominado el mundo durante décadas, por lo que el BRICS, con Venezuela como parte de este nuevo bloque, no solo busca un asiento en la mesa de las grandes potencias, sino que también pretende rediseñar esa misma mesa, con una visión más inclusiva y justa para todos los países.
Abinader reedita patrón histórico antihaitiano que encubre ultranacionalismo antinmigrante de derecha mundial
Las políticas de deportaciones masivas de haitianos, presentadas como necesarias para controlar la inmigración, han sido una respuesta populista que, lejos de ofrecer soluciones efectivas, profundizan el conflicto migratorio y aumentan las tensiones entre dominicanos y haitianos. Rafael Méndez Es fundamental que los sectores progresistas y de izquierda de la República Dominicana no se dejen arrastrar por estas corrientes de exclusión y rechazo. Deben alzar la voz en defensa de los derechos humanos, la justicia social y la convivencia pacífica entre los pueblos. El discurso anti-haitiano en República Dominicana ha sido una herramienta política recurrente utilizada por diversos líderes para generar apoyo popular, y en ese contexto, hay que reconocer que el presidente Luis Abinader ha sabido capitalizar esa narrativa, alineándose con sectores ultraconservadores y nacionalistas que priorizan la soberanía, ya que ha usado esta estrategia no solo para fortalecer su base política, sino también para desviar la atención de los problemas estructurales del país. Sin embargo, hay que reconocer que el presidente Abinader ha sido reiterativo en su llamado a la comunidad internacional para que intervenga en la crisis haitiana, su discurso encubre una agenda política que busca mantener su popularidad, en tanto que no ofrece una verdadera solución al conflicto migratorio, mientras se alinea con una estrategia global de la derecha ultranacionalista y antiinmigrante que, en muchas partes del mundo, está ganando terreno. La política migratoria de Abinader ha sido un fracaso evidente, en el que las deportaciones masivas no han resuelto el flujo migratorio, ni han mejorado la convivencia entre haitianos y dominicanos, más bien han contribuido a aumentar la tensión social, y a proyectar una imagen de represión en lugar de gobernanza efectiva, acciones estas que han atraído la atención de organizaciones de derechos humanos que han denunciado la violación sistemática de los derechos de los migrantes, generando críticas internacionales que afectan la imagen de la República Dominicana. Un patrón histórico en la República Dominicana Desde tiempos de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, el discurso anti haitiano ha sido una herramienta útil para definir la identidad nacional en contraposición a la haitiana. A lo largo de la historia, diversos líderes dominicanos han utilizado este enfoque para unificar a la población en torno a un enemigo externo, desviando la atención de los problemas internos. Las políticas de deportaciones masivas de haitianos, presentadas como necesarias para controlar la inmigración, han sido una respuesta populista, muy lejos de ser una solución efectiva, debido que estas deportaciones han demostrado que no resuelven los problemas estructurales ni mejoran la convivencia entre haitianos y dominicanos, más aún, exacerban las tensiones sociales y contribuyen a una mayor polarización. Una estrategia global de la derecha ultranacionalista Las políticas antiinmigrantes de Abinader no son aisladas, sino que forman parte de un fenómeno global de resurgimiento del ultranacionalismo, que se alimenta del miedo al \\\»otro\\\» y la supuesta amenaza que representa la inmigración. Desde Europa hasta América del Norte, hemos visto cómo movimientos de derecha utilizan este tipo de discurso para movilizar apoyo, apelando a sectores que sienten que su identidad nacional está bajo ataque. En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump utilizó la inmigración como uno de los ejes principales de su plataforma, mientras que, en Europa, partidos de extrema derecha han crecido en popularidad al capitalizar la inseguridad social y económica, exacerbada por las crisis migratorias. El gobierno de Abinader se alinea con estas corrientes globales, insertándose en una tendencia donde el ultranacionalismo y la xenofobia se presentan como soluciones políticas. Consecuencias y el peligro del precedente Las políticas de Abinader no solo han fracasado en controlar la inmigración haitiana, sino que han afectado gravemente la imagen de la República Dominicana en el ámbito internacional. Organizaciones de derechos humanos han denunciado las condiciones en que se llevan a cabo las deportaciones, y han criticado el impacto negativo sobre la comunidad haitiana, que incluye la separación de familias y la deportación de personas nacidas en territorio dominicano. Este enfoque, además, establece un peligroso precedente para futuras administraciones. Al normalizar el uso de la represión y la exclusión como respuestas válidas a los desafíos migratorios, se abre la puerta a políticas aún más draconianas y a un incremento de la violencia institucional. Las deportaciones masivas no solo no han resuelto los problemas estructurales, sino que han incrementado la percepción de inseguridad y la división social. Llamado a los sectores progresistas Es fundamental que los sectores progresistas de la República Dominicana no se dejen arrastrar por estas corrientes de exclusión y rechazo. La historia ha demostrado que las políticas basadas en el miedo y la represión no solo fracasan en resolver los problemas sociales, sino que también generan mayores conflictos y polarización. Los movimientos progresistas deben alzar la voz en defensa de los derechos humanos, la justicia social y la convivencia pacífica entre los pueblos. En un momento en que el ultranacionalismo y el fascismo resurgen en muchas partes del mundo, es vital que los sectores democráticos y progresistas de la República Dominicana mantengan una postura firme contra la xenofobia y el racismo, ya que no podemos permitir que el país se arrastre hacia la agenda de la derecha mundial, que promueve la exclusión y el odio como herramientas políticas. Asimismo, es esencial que los sectores progresistas y de izquierda en República Dominicana no solo denuncien estas políticas, sino que también propongan alternativas que aborden las causas estructurales del fenómeno migratorio. Esto incluye una visión de cooperación regional con Haití, centrada en el desarrollo, el respeto a la soberanía y los derechos humanos. Solo a través de una visión inclusiva y de justicia social, los progresistas pueden ofrecer una verdadera solución a los problemas que enfrenta la isla, promoviendo la paz y la estabilidad tanto para dominicanos como para haitianos.