UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

La guerra fría FP-PLD: Una Trampa de Tucídides a la dominicana

No se hagan en la primera vuelta heridas que no sean capaces de cicatrizar en la segunda vuelta, o la segunda vuelta se vuelve una tragedia”. Cita el expresidente de Colombia Ernesto Samper, un consejo que le hizo el expresidente Rodrigo Borja, de Ecuador. La población, lo que espera es respuestas ante problemas concretos, y difícilmente se sentirá convocada por una oposición que consuma sus energías en disputas intestinas mientras el país demanda soluciones. La relación entre el Partido de la Liberación Dominicana y la Fuerza del Pueblo parece haber entrado en una fase de guerra fría política, unas veces abierta y otras veces solapada, en la que dos organizaciones nacidas de una misma matriz histórica se observan, se miden, se disputan espacios y se lanzan mensajes cruzados, mientras el país avanza hacia un proceso electoral que exigirá más inteligencia estratégica que resentimiento acumulado. La expresión guerra fría no supone aquí una confrontación total, sino un estado de tensión permanente, donde las partes evitan declararse una guerra definitiva, pero actúan como si cada movimiento del otro representara una amenaza existencial. En ese terreno se mezclan heridas no cerradas, memorias de poder, liderazgos enfrentados, bases electorales compartidas y una lucha simbólica por decidir quién representa con mayor legitimidad la continuidad, la renovación o la superación del universo que algunos definen como el morado y el verde. La Trampa de Tucídides, formulada a partir de la rivalidad entre Atenas y Esparta en la antigua Grecia, describe el riesgo que surge cuando una fuerza emergente altera el equilibrio existente y provoca temor, reacción o resistencia en la fuerza establecida. Trasladada a la política dominicana, no se trata de identificar mecánicamente quién hace de Atenas ni quién actúa como Esparta, porque esa lectura colocaría al autor en una posición de parte, sino de observar cómo el crecimiento, la recomposición o la supervivencia de una fuerza puede activar reflejos defensivos en la otra. Una misma matriz, dos proyectos en disputa La Fuerza del Pueblo no nació como una organización ajena al PLD, sino como resultado de una división profunda de ese partido, encabezada por quien fue presidente de la República, líder histórico del peledeísmo y figura central de su etapa de mayor acumulación de poder. Esa circunstancia hace que la competencia entre ambas organizaciones no sea una rivalidad cualquiera, porque en ella pesan el pasado compartido, las lealtades rotas, las migraciones de dirigentes, la disputa por la memoria de gobierno y la búsqueda de hegemonía dentro de la franja opositora que capitalizan. El problema no está en que compitan, porque la competencia forma parte natural de la democracia, sino en el peligro de que esa competencia se transforme en una guerra de desgaste permanente. Cuando cada adhesión, cada encuesta, cada declaración y cada movimiento territorial se interpreta como una provocación o una amenaza, la política deja de ser cálculo estratégico y se convierte en ajuste de cuentas, con lo que el adversario principal podría terminar beneficiándose de una oposición entretenida en administrar sus propias heridas. En esa lógica aparece la versión dominicana de la Trampa de Tucídides: no necesariamente como una guerra inevitable, sino como una tendencia peligrosa a convertir la rivalidad en destino. FP y PLD compiten por un electorado con raíces comunes, por una narrativa de futuro y por el lugar de principal fuerza opositora, pero si esa disputa se maneja bajo la lógica de suma cero, donde todo lo que gana uno debe ser asumido como pérdida absoluta del otro, ambos podrían terminar debilitando el campo opositor. Entre suma cero y suma necesaria La política no siempre se decide por la intensidad del golpe que se lanza, sino por la claridad con que se identifica el momento. En una coyuntura marcada por el deterioro de los servicios públicos, la inseguridad, la crisis educativa, el endeudamiento creciente, las promesas incumplidas y el desgaste del gobierno, la oposición (FP-PLD) tendría que preguntarse si su tarea principal es derrotarse entre sí o construir una alternativa capaz de interpretar el malestar social que se acumula en amplios sectores de la población. Ahí cobra sentido el concepto de coopetencia, tomado del mundo empresarial, pero útil para explicar una dinámica política donde dos actores pueden competir sin destruir todos los puentes que mañana podrían necesitar. La coopetencia no exige borrar diferencias, decretar una unidad artificial ni renunciar a identidades propias, sino reconocer que en ciertas coyunturas la colaboración mínima puede ser más rentable que la hostilidad permanente, sobre todo cuando el adversario común administra el poder, los recursos públicos y la narrativa institucional. La guerra fría entre FP y PLD podría convertirse en una trampa si ambas organizaciones olvidan que el electorado no necesariamente premia a quien más golpea al potencial aliado, sino a quien demuestra mayor madurez, sentido de oportunidad y capacidad para ofrecer horizonte. La población, lo que espera es respuestas ante problemas concretos, y difícilmente se sentirá convocada por una oposición que consuma sus energías en disputas intestinas mientras el país demanda soluciones. En definitiva, la Trampa de Tucídides a la dominicana no tendría que desembocar en una guerra política sin retorno, porque todavía puede ser leída como advertencia. FP y PLD pueden competir, diferenciarse y defender sus espacios, pero si convierten al otro en blanco permanente, podrían regalarle al oficialismo una ventaja que no siempre obtiene por méritos propios. La gran prueba será saber si ambas fuerzas logran salir de la lógica de suma cero para entrar, aunque sea por cálculo estratégico, en una suma necesaria. “No se hagan en la primera vuelta heridas que no sean capaces de cicatrizar en la segunda vuelta, o la segunda vuelta se vuelve una tragedia”. Cita el expresidente de Colombia Ernesto Samper, un consejo que le hizo el expresidente Rodrigo Borja, de Ecuador.

Sin velo de luto: Esposa de Miguel Uribe y el maquiavélico juego de la derecha colombiana

La sangre apenas se ha secado en las calles de Bogotá tras el brutal atentado que mantiene al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay debatiéndose entre la vida y la muerte. Esta tragedia, que debería convocar a la solidaridad y la reflexión, ha sido rápidamente cooptada por intereses políticos. Lejos de la solemnidad que exige una situación tan dolorosa, un guion de cínico oportunismo político parece desplegarse ante los ojos de la nación, instrumentalizando el dolor ajeno. En el centro de esta controvertida narrativa, la figura de la esposa de Uribe Turbay, María Claudia Tarazona, emerge como pieza clave de un maquiavélico juego de la derecha. Este sector, en un momento de notable dispersión y debilidad, busca capitalizar la conmoción pública y el sufrimiento de una familia para recomponerse en el complejo panorama político colombiano. Lo que se observa es una orquestación fría y calculada, donde el duelo es un telón de fondo para ambiciones desmedidas. El Hospital como Escenario Político Las cámaras no mienten, y lo que se ha presenciado en los alrededores del centro médico donde Miguel Uribe lucha por su vida dista mucho de ser una muestra de duelo privado. Las visitas de su esposa, María Claudia Tarazona, al hospital no son simplemente el acto de una cónyuge preocupada, sino eventos cuidadosamente orquestados para el ojo público. A su lado, con una presencia casi constante, se ha visto al experto mercadológico del político abatido, una figura cuya labor trasciende el apoyo personal para convertirse en un director de orquesta de la imagen en medio de la crisis. Este patrón se repitió cuando el padre de Miguel Uribe Turbay ofreció declaraciones a los medios. El mismo asesor, cual sombra estratégica, se encontraba detrás, garantizando que cada palabra y cada gesto se alinearan con una calculada narrativa. Para muchos observadores, esta puesta en escena de la aflicción como herramienta para la construcción de un relato político roza la indecencia y es una muestra clara de la frialdad con la que se manejan las apariencias en este delicado momento. La Candidatura Gestada en la Sombra del Dolor Lo más inquietante de esta trama es cómo, mientras el senador se aferra a la vida y el país aún digiere el impacto del atentado, ya se ha comenzado a sembrar la idea de que su esposa podría asumir su legado político y lanzarse como candidata presidencial. La velocidad con la que esta posibilidad ha sido planteada, con la sangre aún fresca, resulta pasmosa y profundamente cuestionable. Se percibe una prisa inusitada por transformar una tragedia personal en una oportunidad de ascenso político. Observadores atentos notan que, en sus frecuentes apariciones públicas, al caminar y hablar frente a las cámaras, el rostro de María Claudia Tarazona no refleja la desolación y el abatimiento que cabría esperar de una persona cuya pareja se debate entre la vida y la muerte. Esta aparente falta de un \»velo de luto\» genuino y la disposición a ser considerada como una figura política, sugiere que la idea de la sucesión no solo no le desagrada, sino que forma parte de una estrategia fríamente calculada para capitalizar la simpatía y el dolor público. Es una maniobra que deshumaniza el sufrimiento, convirtiéndolo en un mero trampolín electoral. La Derecha Colombiana: Una Recomposición a Sangre y Fuego El atentado contra Miguel Uribe Turbay llega en un momento crítico para la derecha colombiana. Históricamente un actor dominante, este sector se encuentra actualmente fragmentado y en clara desventaja frente a un progresismo y una izquierda que, al parecer, lucen cohesionados y dispuestos a retener el poder \»con buenas artes\» y operando dentro de los cánones democráticos. La tragedia se presenta, entonces, como la oportunidad perfecta para \»pisar la sangre\» y unificar filas, buscando un punto de inflexión que les permita recuperar terreno perdido. La \»insensatez y crueldad\» que se le atribuye a este sector no es solo una cuestión de desfachatez en el manejo de una crisis personal, sino una estrategia calculada para reagrupar fuerzas. Se intenta capitalizar la conmoción nacional y la figura de un mártir político, esperando que el shock y la compasión impulsen el surgimiento de una nueva figura o la consolidación de un discurso que les permita proyectarse nuevamente con fuerza en el escenario político. La Internacional del Oportunismo: De Miami a Caracas La maniobra no se limita al ámbito nacional colombiano. La derecha internacional también ha desplegado sus peones en este tablero de ajedrez macabro. Figuras como el senador estadounidense Marco Rubio y el tristemente célebre ex \»presidente encargado\» venezolano, Juan Guaidó, han hecho sentir su presencia y apoyo. Sus declaraciones, condenas y, en algunos casos, supuestas visitas o gestos de solidaridad, no son meramente expresiones de empatía, sino que se integran en una estrategia coordinada que busca capitalizar la tragedia para fines geopolíticos más amplios. La presencia de estos actores internacionales subraya una verdad incómoda: la derecha en \»todos los litorales\» está buscando recomponerse en el plano nacional colombiano, dada su actual dispersión y el avance de las fuerzas progresistas en la región. El dolor de una familia, la vida en vilo de un senador, se convierten así en un pretexto para una reorganización política que trasciende las fronteras, buscando influir en la política interna de Colombia para sus propios intereses estratégicos.

Más allá del muro: Una visión coincidente para una relación inteligente RD-Haití

El presente artículo constituye una reseña elaborada a partir del análisis de diversos trabajos publicados por varios autores con respecto a la compleja situación de Haití y el enfoque que, desde la República Dominicana, particularmente a nivel oficial, y con énfasis en la gestión del presidente Luis Abinader, se ha adoptado frente a la coyuntura de violencia e inestabilidad que aflige al vecino país. Se busca identificar y destacar los puntos de convergencia entre las perspectivas de estos autores, con el objetivo de ofrecer una visión consolidada de los desafíos y las posibles vías para una relación binacional más constructiva y pragmática. En ese sentido, se presentan los aspectos coincidentes identificados en los artículos analizados, estructurados en los temas centrales que abordan la dinámica actual y las perspectivas futuras de la relación entre la República Dominicana y Haití. Me ha permitido tomar, sin su consentimiento, los articulos publicados Bernardo Vega, César Pérez, Esther Hernández-Medina, Manuel Salazar, Rosario Espinal y el autor de lo que tambien me he permitido llamar articulo-reseña, denominación que no he visto en género periodístico. En este trabajo busqué identificar y destacar los puntos de convergencia entre las perspectivas de estos autores, con el objetivo de ofrecer una visión consolidada de los desafíos y las posibles vías para una relación binacional más constructiva y pragmática.  República Dominicana-Haití: Momento crítico La intrincada relación entre la República Dominicana y su vecino Haití se encuentra en un momento crítico, donde las políticas del presente demandan una reflexión profunda y una visión de futuro que trascienda las barreras físicas y retóricas. Los diversos artículos analizados convergen en una idea central: la necesidad apremiante de que la República Dominicana adopte una política más inteligente y pragmática hacia Haití. Esta visión compartida reconoce la profunda interdependencia de ambos lados de la isla y aboga por estrategias que fomenten la estabilidad y el desarrollo mutuo, en contraposición a las medidas puramente defensivas o excluyentes. Los autores coinciden en señalar que el auge de discursos ultranacionalistas y anti-haitianos, aunque puedan ofrecer réditos políticos a corto plazo, representan un obstáculo significativo para la construcción de una relación sostenible y beneficiosa. Estas narrativas, que a menudo se traducen en políticas migratorias severas y la simbólica construcción de muros, ignoran la realidad de que un Haití en progreso y con instituciones sólidas redundaría en una mayor prosperidad y seguridad para la República Dominicana. Y ahí apuntan que la clave reside, por lo tanto, es abandonar la lógica de la confrontación y abrazar un enfoque colaborativo que reconozca los desafíos compartidos y las oportunidades inherentes a una vecindad responsable y visionaria, que debería proclamar lo indisoluble que obliga a la República Dominicana y Haití… \»La geografía nos ha hecho vecinos. La historia nos ha hecho amigos. La economía nos ha hecho socios. Y la necesidad nos ha hecho aliados.\» Esta frase, pronunciada por el presidente John F. Kennedy en su discurso ante el Parlamento Canadiense en Ottawa el 17 de mayo de 1961, resume de manera concisa e impactante los lazos multifacéticos e inquebrantables que unen a Estados Unidos y Canadá. Destaca cómo la proximidad geográfica, una historia compartida, la interdependencia económica y la necesidad de cooperación en asuntos globales han forjado (debería forjar, para este caso) una relación única y esencial entre ambas naciones.  El Impacto de la crisis haitiana en la República Dominicana La violencia y el deterioro institucional en Haití exacerban el discurso ultranacionalista en la República Dominicana. El temor a la inestabilidad vecina alimenta discursos excluyentes que recuerdan episodios oscuros del pasado, como la Masacre del Perejil. Los articulistas señalan que la historia dominicana está marcada por episodios de violencia y exclusión hacia los haitianos, y que es crucial aprender de estos errores para construir una sociedad más inclusiva. La migración haitiana es un tema central en los autores, en que todos coinciden en que, si bien se reconoce el derecho del Estado dominicano a regular la migración, se critica la forma en que se ha gestionado, con deportaciones masivas y violaciones de los derechos humanos, por lo tambien coinciden en abogar por una política migratoria responsable, exenta de odio y xenofobia, que respete la dignidad y los derechos de los migrantes haitianos. Propuestas para una nueva política dominicana hacia Haití Un aspecto importante en que coinciden es en proponer un cambio en la política dominicana hacia Haití. Se sugiere abandonar el populismo nacionalista y buscar un consenso entre personas conocedoras del tema para diseñar estrategias más efectivas. Una propuesta concreta es la construcción de tres modernas estaciones fronterizas en Dajabón, Elías Piñas y Jimaní, que facilitarían el comercio y el tránsito legal, además de mejorar el control migratorio. También se plantea la necesidad de una mayor colaboración internacional para ayudar a Haití a superar su crisis. Sin embargo, se enfatiza que la solución final debe venir de los propios haitianos, y que la República Dominicana debe jugar un papel constructivo en este proceso. Un Haití estable y próspera traería beneficios económicos, sociales y ambientales para la República Dominicana. El peligro del ultranacionalismo y la xenofobia Los artículos advierten sobre el peligro del ultranacionalismo y la xenofobia, que se manifiestan en discursos de odio y exclusión, al tiempo que se critica el uso político del \»peligro haitiano\» para movilizar sentimientos nacionalistas y ganar apoyo electoral, por lo que entienden que este discurso ignora la realidad de la interdependencia entre ambos países y promueve la división y el conflicto. Un aspecto trascendente recogido de los análisis es la importancia de combatir la desinformación y el discurso de odio en las redes sociales, donde se propagan mensajes xenófobos y racistas, al tiempo que coinciden en proponer  por un debate público basado en el análisis riguroso de los hechos y la búsqueda de soluciones multilaterales, donde la inclusión y la solidaridad sean los pilares de una política migratoria justa y humana. Coincidencia en “puntos cruciales” En primer lugar, enfatizan la necesidad de que la República Dominicana abandone el discurso populista y ultranacionalista anti-haitiano, al considerarlo contraproducente y

Distancia diplomática poco disimulada del Gobierno a la visita del canciller ruso a RD

Rafael Méndez

La reciente visita del canciller ruso, Serguéi Lavrov, a la República Dominicana, marcada por la inauguración de la embajada rusa y la celebración de 80 años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones, ha dejado al descubierto una palpable frialdad en el trato oficial a tan distinguido visitante, lo que evidentemente contrasta con la recepción y el protocolo que se observó en la visita previa del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, lo que no resulta aventurado afirmar lo que se evidencia como una clara priorización de la relación con Estados Unidos. La Embajada Rusa, por lo tanto, se establece en un clima de deshielo cauteloso, donde la distancia diplomática observada durante la visita del canciller Lavrov subraya la complejidad de navegar las aguas de un orden mundial en transformación. De ahí que “a ojo de buen cubero” resulta fácil interpretar este frío recibimiento como un \»meta mensaje\» dirigido a Estados Unidos, con el que reafirma su lealtad y dependencia del gobierno dominicano hacia el hegemón del norte. La limitada interacción pública y la falta de efusividad en el recibimiento sugieren una estrategia deliberada para no enviar señales equívocas a Washington, reforzando la idea de que la relación con Estados Unidos sigue siendo primordial. La palpable frialdad Esta disparidad en el trato sugiere que, si bien la República Dominicana reconoce la importancia de mantener lazos diplomáticos con Rusia, lo hace con una reserva que contrasta fuertemente con la calidez demostrada hacia su aliado estadounidense, por lo que no es aventurado interpretar este frío recibimiento como un \»meta mensaje\» dirigido a Estados Unidos, reafirmando la lealtad y dependencia del gobierno dominicano hacia su principal socio comercial y hegemón político. La Embajada Rusa: Un Deshielo Cauteloso en un Nuevo Panorama Geopolítico La apertura de la embajada rusa en Santo Domingo, aunque tardía tras ocho décadas de relaciones formales, se inscribe en un contexto geopolítico donde la influencia de potencias como China y Rusia está reconfigurando el panorama de América Latina y el Caribe. Para Moscú, establecer una presencia diplomática permanente en la República Dominicana representa un movimiento estratégico para fortalecer lazos en una región históricamente bajo la influencia de Estados Unidos, buscando proyectar su influencia y diversificar sus alianzas. Sin embargo, para la República Dominicana, facilitar esta apertura bajo un gobierno de corte conservador y tradicionalmente alineado con Washington, podría interpretarse como un acto de pragmatismo. En un mundo cada vez más multipolar, de alguna manera podría tambien interpretarse que el gobierno de la República Dominicana busca optimizar sus relaciones exteriores, explorando posibles beneficios económicos o estratégicos sin que esta decisión signifique comprometer su histórica alianza con Estados Unidos. La cautelosa recepción de Serguéi Lavrov, en este sentido, podría ser una manifestación de este pragmatismo. El gobierno dominicano, si bien permite y reconoce la importancia de la presencia diplomática rusa, mantiene una distancia que busca equilibrar sus intereses con las expectativas de su principal aliado. La limitada interacción pública y la falta de efusividad en el recibimiento sugieren una estrategia deliberada para no enviar señales equívocas a Washington, reforzando la idea de que la relación con Estados Unidos sigue siendo primordial. La embajada rusa, por lo tanto, se establece en un clima de deshielo cauteloso, donde la búsqueda de nuevas alianzas no implica un abandono de las tradicionales, y donde la distancia diplomática observada durante la visita del canciller Lavrov subraya la complejidad de navegar las aguas de un orden mundial en transformación.  

Contexto electoral y realidad política: Fraude burdo y colosal en Ecuador

Con el precedente de tres gobiernos desastrosos, se efectuaron la primera vuelta electoral, 9 de febrero del 2025 y una segunda vuelta electoral efectuada el pasado 13 abril del 2025. En el primer certamen se produjo un empate técnico entre el candidato- presidente de la derecha Daniel Noboa, y la candidata del progresismo Luisa González, con una diferencia de apenas 16 mil votos a favor del mandatario. Y en los resultados de la en medio de una situación política, económica y social caracterizada la violencia, la inseguridad, la extrema precariedad en los servicios públicos, con suspensión de hasta 14 horas de fluido eléctrico, las más precarias condiciones de la educación pública y de la salud, la violencia y la delincuencia que ubican a Ecuador como el país más inseguro del mundo, y ante una reacción de shock, los diversos sectores  reaccionas: como Daniel Noboa sorprende con una victoria pasmosa, mientras se preguntan cómo Luisa González cae de manera estrepitosa, en tan poco tiempo. Para la segunda vuelta, se destacó el papel del candidato de la raza originaria, quien obtuvo más de 500 mil votos en la primera ronda y quedó en tercer lugar, y cuyo respaldo fue fundamental para la estrategia de Luisa González, al sumarse líderes y organizaciones indígenas a su campaña. Sin embargo, este apoyo parece haberse diluido al no reflejarse en el resultado final, lo que pone de relieve una desconexión abismal entre lo proyectado por las encuestas y los resultados oficiales, alimentando así la polémica sobre la transparencia y legitimidad del proceso electoral. Durante la contienda, Luisa González se destacó por una conducta impecable, sin errores que pudieran defraudar a un electorado ansioso por un cambio de rumbo en el país. La mayoría de las encuestas, tanto las previas, como las realizadas en boca de urna, apuntaban de forma clara a la candidata del progresismo como favorita para liderar el país, lo que generaba expectativas de una transformación en la conducción política y en la manera de abordar los problemas nacionales. Caracterización de la situación social y económica de Ecuador El escenario en el que se desarrollaron elecciones de segunda vuelta estuvo marcado por una crisis social y económica profunda. Durante el mandato del actual presidente-candidato, se han agravado todos los indicadores sociales y económicos, evidenciando un deterioro que afecta a amplios sectores de la población. La prolongada situación de apagones, que en ocasiones se extendieron hasta 14 horas, ha mermado la calidad de vida y ha repercutido en la productividad de diversas actividades. Paralelamente, la situación de la salud pública ha empeorado notablemente, con hospitales saturados y una respuesta insuficiente ante emergencias sanitarias, lo que ha generado un clima de descontento y desesperanza entre los ciudadanos. Este deterioro estructural se suma a una crisis política que se traduce en la falta de respuestas efectivas ante los problemas del país. La desconexión entre la realidad vivida por la ciudadanía y la gestión del gobierno se hace cada vez más patente, alimentando la percepción de un fraude burdo y colosal que favorece a un candidato cuyo mandato se percibe como incapaz de revertir la espiral negativa en la que se encuentra la nación. Las expectativas generadas por las encuestas y por el respaldo de diversos sectores se han visto frustradas por una realidad innegable de agravamiento en la vida cotidiana, dejando en evidencia un panorama que exige profundas reformas y una rendición de cuentas real. Descontento ciudadano y la inseguridad en auge  La inseguridad es otro factor determinante en este contexto de crisis. Durante el mandato actual, se ha registrado un incremento alarmante de la violencia y de situaciones delictivas en diversas regiones del país, lo que ha contribuido a un clima de temor y desconfianza hacia las instituciones. La percepción de que la seguridad ciudadana ha sido desatendida ha potenciado el descontento social, generando un ambiente de incertidumbre que se refleja en cada rincón de Ecuador. Este ambiente de inseguridad ha sido agravado por la falta de medidas efectivas y por una gestión que parece priorizar intereses políticos por encima del bienestar de la población. El agravamiento de la situación se convierte en el epicentro de las denuncias y críticas, ya que la discrepancia entre la realidad diaria de los ciudadanos y los resultados que anuncia el Consejo Nacional Electoral resulta insostenible. La evidencia de apagones prolongados, el deterioro de la salud pública y el aumento de la inseguridad, en un contexto donde la gestión gubernamental debería estar orientada a resolver estos problemas, refuerza la tesis de un fraude electoral que busca ocultar el verdadero estado de crisis que atraviesa el país.

La tragedia del Jet Set y el Código de Hammurabi: Un análisis sobre justicia y responsabilidad

La madrugada del martes 8 de abril quedará grabada con profundo pesar en la historia de la República Dominicana. El derrumbe de la discoteca Jet Set, con la trágica pérdida de 231 vidas y las dolorosas heridas sufridas por más de 200 personas, conmocionó a la sociedad dominicana, y generó una ola de solidaridad internacional ante la magnitud de la pérdida humana. Ante una catástrofe de esta naturaleza, la sociedad inevitablemente busca respuestas y justicia, y en este punto donde el título propuesto, \»La tragedia del Jet Set y el Código de Hammurabi\», adquiere una relevancia conceptual, aunque no literal, por lo que es importante aclarar que no se trata de abogar por la aplicación de un código legal ancestral a un evento contemporáneo. Sin embargo, el principio fundamental de la lex talionis – \»ojo por ojo, diente por diente\» – que subyace al Código de Hammurabi, resuena en la psique humana como una expresión primigenia del anhelo de retribución y equidad ante una pérdida tan devastadora. La sociedad moderna, con sus sistemas legales sofisticados y sus principios de debido proceso, responsabilidad diferenciada y reparación integral, ha evolucionado más allá de la literalidad de la ley del talión. El análisis prospectivo que propongo no busca un retorno a prácticas arcaicas, sino utilizar la sombra del Código de Hammurabi como un punto de partida para examinar los complejos desafíos que plantea la tragedia del Jet Set en la búsqueda de justicia y la construcción de un futuro más seguro en el ámbito de la seguridad de edificaciones y la operación de establecimientos públicos. Desafíos prospectivos en la búsqueda de justicia Determinación rigurosa de las causas del derrumbe: Es imperativo llevar a cabo una investigación exhaustiva, transparente e independiente para establecer con precisión las causas que llevaron al colapso de la discoteca. Esto implica el análisis de la estructura, los materiales de construcción, los planos, los permisos, el mantenimiento, las posibles modificaciones y el cumplimiento de los códigos de construcción vigentes. Establecimiento de la responsabilidad en múltiples niveles: La tragedia demanda la identificación de las responsabilidades en todos los niveles relevantes: desde los propietarios y operadores del establecimiento hasta los arquitectos, ingenieros, constructores, supervisores y las autoridades encargadas de otorgar los permisos y fiscalizar el cumplimiento de las normativas. Es crucial determinar si hubo negligencia, imprudencia o incumplimiento de la ley por parte de alguno de estos actores. Justicia integral para las víctimas y sus familias: La justicia en este contexto trasciende la mera identificación y sanción de los culpables. Requiere una reparación integral para las víctimas y sus familias, que abarque la compensación económica por las pérdidas sufridas, el acceso a atención médica y psicológica a largo plazo, y el reconocimiento de su dolor y sufrimiento por parte de la sociedad y las autoridades. Revisión y fortalecimiento urgente de las normativas de seguridad de Edificaciones: La tragedia del Jet Set debe servir como catalizador para una revisión profunda y exhaustiva de los códigos de construcción, los procesos de inspección y aprobación de proyectos, y las regulaciones para la operación de establecimientos públicos. Es fundamental identificar las lagunas o deficiencias existentes y fortalecer las normativas para prevenir futuros colapsos. Mejora de los protocolos de prevención y respuesta ante emergencias: Es necesario evaluar la preparación del establecimiento para situaciones de emergencia, incluyendo la existencia y adecuación de las salidas de emergencia, la señalización, los sistemas de alarma, la capacitación del personal y los protocolos de evacuación. Asimismo, se debe analizar la respuesta de los servicios de emergencia (rescate, bomberos, ambulancias) y determinar cómo mejorar su coordinación y capacidad de respuesta ante eventos de esta magnitud. Fomento de una cultura de seguridad y cumplimiento normativo: Más allá de las regulaciones, es crucial promover una cultura de seguridad y cumplimiento normativo entre los propietarios, operadores y profesionales de la construcción. Esto implica la concienciación sobre la importancia de la seguridad estructural, el mantenimiento adecuado y el respeto por las normativas vigentes. Más allá de la retribución: construyendo un futuro de seguridad edilicia Si bien el sentimiento de pérdida y la búsqueda de justicia pueden evocar la noción de una retribución proporcional a la magnitud del daño, la respuesta de una sociedad moderna y justa debe ir más allá de la mera venganza. La tragedia del Jet Set debe impulsarnos a construir un futuro donde la seguridad de las edificaciones sea una prioridad absoluta, donde las normativas se cumplan rigurosamente, donde la responsabilidad sea claramente definida y donde las víctimas reciban el apoyo y la reparación que merecen. En lugar de buscar una aplicación literal de un código antiguo, debemos inspirarnos en el principio subyacente de justicia para fortalecer nuestros sistemas, aprender de esta dolorosa experiencia y trabajar incansablemente para evitar que una tragedia similar vuelva a ocurrir. La memoria de quienes perdieron la vida exige una respuesta que combine la búsqueda de la verdad y la justicia con la implementación de medidas preventivas efectivas para garantizar la seguridad de todos.

Violencia y crisis institucional en Haití exacerban el discurso ultranacionalista en RD

El reto para la República Dominicana es trascender las viejas narrativas y construir una identidad nacional que integre la diversidad como elemento enriquecedor. Este proceso implica reconocer la complejidad de la crisis haitiana y sus múltiples dimensiones, evitando reduccionismos que conduzcan a la exclusión. La historia, con todos sus episodios dolorosos, puede servir como una lección para fomentar una convivencia basada en el respeto mutuo y la solidaridad. La violencia y el deterioro institucional en Haití se han convertido en un factor decisivo que repercute en la sociedad dominicana, generando un ambiente de tensión y polarización. En un contexto donde la historia y la memoria colectiva están marcadas por episodios oscuros, las imágenes de caos y desesperación al otro lado de la frontera reavivan viejos temores y alimentan discursos excluyentes que, lejos de ofrecer soluciones, profundizan la división social. Ante esta coyuntura, la República Dominicana se enfrenta a una encrucijada: por un lado, el riesgo de caer en narrativas simplistas y peligrosas, y por el otro, la oportunidad de transformar el debate público hacia un enfoque más humano y solidario. Es en este escenario donde los discursos ultranacionalistas, amplificados por las redes y algunos actores políticos, se presentan como una respuesta emocional que recuerda, sin quererlo, episodios como la Masacre del Perejil, poniendo en tela de juicio la capacidad del país para aprender de su pasado. El legado histórico del ultranacionalismo La historia dominicana está marcada por episodios en los que el ultranacionalismo se manifestó de forma violenta y excluyente. Durante la dictadura de Trujillo, se instauró una política de odio que culminó en la Masacre del Perejil en 1937, donde la diferencia étnica se utilizó para justificar actos atroces en contra de los haitianos. Este episodio no solo dejó una herida profunda en la memoria colectiva, sino que también estableció un precedente sobre cómo se pueden manipular las identidades nacionales para legitimar la violencia. Con el paso de los años, y en períodos posteriores como el gobierno de Joaquín Balaguer, las políticas de control migratorio y los discursos excluyentes se mantuvieron latentes. Aunque los métodos y la retórica han cambiado, la sombra de un pasado de intolerancia continúa influyendo en el presente. La utilización de episodios históricos para justificar el rechazo a los inmigrantes se reconfigura en discursos que, en el contexto actual, encuentran en la crisis haitiana un nuevo impulso para su difusión. El impacto de la era digital en la propagación de discursos Las nuevas tecnologías y las redes sociales han transformado la manera en que se difunden las ideas y se configuran las opiniones públicas. En el caso del discurso ultranacionalista, las plataformas digitales han permitido que mensajes de odio y exclusión se propaguen con mayor rapidez y alcance, desafiando los mecanismos tradicionales de control y verificación informativa. Esta nueva dinámica digital no solo intensifica la polarización, sino que también facilita la normalización de actitudes que históricamente han tenido consecuencias devastadoras. Al presentarse en formatos accesibles y virales, estas narrativas simplificadas transforman la complejidad de la crisis en argumentos emocionales, desprovistos de análisis profundo, que refuerzan estereotipos y alimentan la desconfianza hacia el otro. Desafíos contemporáneos y la búsqueda de soluciones inclusivas La situación actual exige una reflexión profunda sobre las raíces del rechazo y la hostilidad que se han observado en la sociedad dominicana. Es fundamental reconocer que, si bien la migración requiere regulaciones que garanticen la seguridad y el orden, estas no deben transformar el debate en un terreno fértil para el discurso de odio. La crisis en Haití demanda respuestas coordinadas y humanitarias, que consideren tanto la dignidad de los migrantes como la seguridad y estabilidad de la comunidad local. Frente a este escenario, es imperativo que los actores políticos y sociales impulsen un debate basado en el análisis riguroso de los hechos y la búsqueda de soluciones multilaterales. La inclusión y la solidaridad deben ser los pilares sobre los cuales se construya una política migratoria que reconozca la diversidad como una fortaleza y no como un riesgo. Solo mediante el diálogo y la cooperación se podrán evitar las tragedias del pasado y construir un futuro de paz y convivencia. Hacia una identidad nacional renovada El reto para la República Dominicana es trascender las viejas narrativas y construir una identidad nacional que integre la diversidad como elemento enriquecedor. Este proceso implica reconocer la complejidad de la crisis haitiana y sus múltiples dimensiones, evitando reduccionismos que conduzcan a la exclusión. La historia, con todos sus episodios dolorosos, puede servir como una lección para fomentar una convivencia basada en el respeto mutuo y la solidaridad. En este sentido, es necesario promover iniciativas y políticas públicas que incentiven la integración, la educación intercultural y el diálogo entre comunidades. La transformación del discurso público pasa por la construcción de espacios en los que se aborden los temores y prejuicios de forma constructiva, reconociendo que la seguridad y el desarrollo social se fortalecen en sociedades inclusivas y pluralistas.

“Golpes blandos” y movimientos sociales y religiosos: República Dominicana-1962 y 2020

La historia política de la República Dominicana ha estado marcada por movimientos sociales y religiosos que, en apariencia, surgieron como expresiones legítima y genuina de encarnación de la voluntad popular, y de sus aspiraciones más sentidas, pero en muchos casos fueron instrumentalizados para lograr cambios de regímenes. Estos fenómenos, que se han dado en diferentes momentos históricos, como en 1962 y entre 2019 y 2020, comparten características que invitan a reflexionar sobre su naturaleza y los intereses que los impulsaron. Aunque estos movimientos se presentaron como respuestas legítimas a problemas como la corrupción o la amenaza ideológica, como el caso del gobierno de Juan Bosch, su desarrollo y desenlace sugieren que fueron utilizados o instrumentalizados como herramientas para desestabilizar gobiernos y favorecer agendas externas o internas específicas. En ambos casos, la participación de actores internacionales, la manipulación de la opinión pública y la incorporación de líderes de estos movimientos a estructuras de poder posteriores plantean serias dudas sobre su independencia y autenticidad. Estos episodios no solo son relevantes para entender la historia dominicana, sino que también sirven como advertencia sobre los riesgos de la manipulación política en contextos democráticos. El contexto histórico: 1962 y la lucha contra el \»comunismo\» En 1962, la República Dominicana se encontraba en un momento crucial tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Las elecciones de ese año, que llevaron al poder a Juan Bosch, representaron un desafío para los intereses de Estados Unidos en el Caribe. Bosch, líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), promovía un gobierno progresista que incluía reformas agrarias, derechos laborales y una política exterior independiente. Para Washington, estas ideas eran percibidas como una amenaza comunista en un contexto de Guerra Fría, especialmente después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959. La instalación de la AID-USAID en 1962 fue un movimiento estratégico de Estados Unidos para contrarrestar esta amenaza. A través de esta agencia, se canalizaron recursos económicos y técnicos hacia el país, no solo con el objetivo declarado de promover el desarrollo, sino también para ganar influencia política y debilitar a los movimientos progresistas. La Iglesia Católica, aliada con sectores conservadores, jugó un papel clave en esta estrategia al desacreditar a Bosch y presentarlo como un enemigo de los valores cristianos. Este clima de polarización facilitó el golpe de Estado contra Bosch en 1963, marcando el inicio de una larga historia de injerencia externa en la política dominicana. Movimientos sociales en el siglo XXI: ¿Expresión ciudadana o estrategia política? Entre 2019 y 2020, la República Dominicana fue escenario de un movimiento social que, al igual que en 1962, se presentó como una respuesta legítima a problemas endémicos como la corrupción. Sin embargo, el devenir de los acontecimientos y las revelaciones sobre su financiamiento y liderazgo han generado dudas sobre su verdadera naturaleza. Aunque la indignación ciudadana era real, la estructura y dirección del movimiento sugieren que fue aprovechado por grupos con intereses específicos, tanto dentro como fuera del país. Este movimiento exhibió características propias de un \»golpe blando\»: manipulación de la opinión pública, desestabilización política y guerra jurídica. La magnitud de la logística, la cobertura mediática y la movilización masiva sugieren una inyección de capital que trasciende la capacidad de un movimiento ciudadano espontáneo. Además, la incorporación de figuras clave a estructuras de poder posteriores generó suspicacias sobre la sinceridad de sus motivaciones. La sombra del financiamiento y la injerencia externa Uno de los aspectos más cuestionables de estos movimientos es su financiamiento. En ambos casos, la participación de actores internacionales, como la USAID, añade una capa de sospecha sobre su independencia. Aunque el apoyo de agencias internacionales puede ser crucial para fortalecer la sociedad civil, también plantea el riesgo de injerencia en los asuntos internos de un país. En el caso de los movimientos recientes, las acusaciones de financiamiento externo han reforzado la tesis de que fueron instrumentalizados para lograr un cambio de régimen.

Despejado el camino hacia la toma de posesión de Nicolás Maduro

Por Rafael Méndez El próximo 10 de enero, Nicolás Maduro asumirá un nuevo mandato presidencial en un contexto que se perfila como uno de los más prometedores para el chavismo en los últimos años, en medio de un panorama caracterizado por el aislamiento y la dispersión de la oposición, lo que de manera INCONTRATBLE, se refuerza en un crecimiento económico reconocido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). La República Bolivariana de Venezuela, según ambas entidades, lidera el crecimiento económico de la región de América Latina con un aumento del 6.2% en su producto interno bruto (PIB) durante 2024, lo que constituye un factor determinante para su entorno interno y externo, en medio de un camino sin retorno y perspectivas ampliamente promisorias. Incontrastable conclusión: Oposición fragmentada y el afianzamiento del chavismo La dispersión y el aislamiento de la derecha venezolana han allanado el camino para que el chavismo consolide su liderazgo político en un contexto nacional más estable. La oposición venezolana, incapaz de unificar su discurso o presentar una alternativa coherente, sigue sumida en un estado de aislamiento y fraccionamiento que profundiza su irrelevancia en el panorama político nacional. Este debilitamiento se refleja en su incapacidad para movilizar una base popular significativa, mientras el chavismo, con Nicolás Maduro a la cabeza, ha consolidado su posición política y su capacidad de liderazgo. El contexto político interno ha permitido al chavismo ganar terreno en todas las esferas de influencia, reforzando su narrativa como defensor de la soberanía nacional frente a injerencias externas y como gestor de una recuperación socioeconómica palpable. La falta de cohesión en la derecha, junto con los resultados positivos en la gestión económica, deja poco espacio para que surjan alternativas que puedan desafiar el liderazgo de Maduro en esta nueva etapa. Incontrastable conclusión: Recuperación económica y avances sociales Los recientes logros económicos y el fortalecimiento de los programas sociales destacan como pilares en la nueva etapa de gobierno. La economía venezolana se ha convertido en un factor determinante para el contexto político actual.  Según la CEPAL, Venezuela lidera el crecimiento económico en América Latina con un aumento del 6.2% en su PIB durante 2024. Este avance es resultado de la diversificación de alianzas comerciales, el fortalecimiento del sector petrolero y la implementación de políticas orientadas a estabilizar el mercado interno y reactivar la producción nacional. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional coincide con esta perspectiva, proyectando una continuidad en la recuperación económica del país. Estos indicadores no solo representan un alivio tras años de crisis, sino que también refuerzan la percepción de que las estrategias económicas del gobierno están dando frutos. Además, el impacto de esta recuperación se refleja en los programas sociales que han mejorado el acceso a servicios básicos, incrementando la confianza popular en el proyecto chavista. El crecimiento económico, además, no puede entenderse aislado de la estrategia internacional del chavismo, que ha diversificado sus socios comerciales y ha encontrado respaldo en países clave como China, Rusia e Irán. Estas alianzas han permitido superar parcialmente el cerco económico impuesto por las sanciones internacionales, abriendo nuevas oportunidades para el desarrollo nacional. Incontrastable conclusión: La multipolaridad como escenario de oportunidad El chavismo se posiciona en un mundo que transita hacia el multilateralismo, reforzando su protagonismo en alianzas clave como el BRICS. En el ámbito internacional, Venezuela ha sabido aprovechar los vientos de cambio hacia un orden mundial multipolar. Su ingreso al grupo BRICS simboliza un reconocimiento a su papel estratégico en el escenario global y le permite participar en un foro donde las potencias emergentes buscan redefinir las reglas del juego internacional. Este movimiento se suma a su consolidación de relaciones bilaterales con actores clave como Turquía, India y los países de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). La narrativa de la multipolaridad no solo refuerza la legitimidad del chavismo en el plano internacional, sino que también le permite posicionarse como un defensor de la soberanía y la autodeterminación frente a las políticas hegemónicas tradicionales. Este contexto brinda a Venezuela acceso a nuevas fuentes de financiamiento e inversión, que resultan fundamentales para consolidar su recuperación económica y proyectar una imagen renovada en la arena global. Incontrastable conclusión: Un horizonte prometedor para la Revolución Bolivariana La toma de posesión de Maduro simboliza el inicio de una etapa de consolidación, con retos y oportunidades en el ámbito nacional e internacional. El inicio del nuevo mandato de Nicolás Maduro marca un punto de inflexión para el chavismo, que se adentra en una etapa de consolidación sin los reveses que marcaron años anteriores. Las cifras de crecimiento económico, respaldadas por organismos internacionales, y el reconocimiento de su papel en el contexto multipolar ofrecen un escenario que parece diseñado para impulsar la estabilidad y el desarrollo sostenido. Sin embargo, el reto radica en traducir estos avances en logros tangibles para la población venezolana, asegurando que la recuperación económica sea inclusiva y sostenible. La toma de posesión de Maduro no solo simboliza la continuidad de un proyecto político, sino también la oportunidad de posicionar a Venezuela como un modelo de resistencia y reinvención en un mundo en transformación. Incontrastable: camino sin reversa-perspectivas promisorias Este panorama, caracterizado por el fraccionamiento y la falta de liderazgo de la derecha, consolida aún más la hegemonía del chavismo, que parece entrar en una etapa prometedora en lo político, social, económico y en su proyección internacional. El camino hacia la toma de posesión de Nicolás Maduro no solo refleja la solidez interna del chavismo, sino también la madurez con la que el proyecto bolivariano ha logrado adaptarse a un entorno internacional dinámico y desafiante. La combinación de un crecimiento económico sostenido, un fortalecimiento político interno y una reintegración estratégica al orden multipolar permite proyectar un futuro de estabilidad y transformación para Venezuela. Más allá de los retos inherentes a su contexto, el chavismo parece haber consolidado las bases para una etapa en la que la recuperación económica y social se traduzca en beneficios concretos para la población. Este momento

Rafael Méndez respalda decisión del Tribunal Constitucional sobre candidaturas independientes

Por Theo N. Guzmán   El exdiputado Rafael Méndez expresó su apoyo a la reciente decisión del Tribunal Constitucional, que permite la presentación de candidaturas a cargos de elección popular sin la obligación de afiliarse a un partido político. Méndez, quien también es expresidente del Colegio Dominicano de Periodistas y miembro de la Dirección Central de la Fuerza del Pueblo, argumentó que esta medida fortalece la libertad de asociación y el derecho de los ciudadanos a determinar su participación política. En sus declaraciones, Méndez señaló que la obligatoriedad de pertenecer a un partido para aspirar a un cargo electivo no solo contraviene principios fundamentales de libertad, sino que también vulnera derechos consagrados en instrumentos internacionales y en la propia Constitución de la República Dominicana. “La obligatoriedad de la afiliación partidaria para optar por un cargo de elección popular no solo contraviene la libertad de asociación y la libre determinación de la persona, sino que además vulnera un derecho fundamental”, afirmó el exdiputado. Méndez hizo hincapié en que el criterio establecido por el Tribunal Constitucional está alineado con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), que en su Artículo 25 garantiza el derecho de los ciudadanos a ser elegidos \»sin restricciones indebidas\» y a participar libremente en la gestión de los asuntos públicos. Asimismo, recordó que la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) consagra en su Artículo 21 el derecho de toda persona a participar en el gobierno de su país en condiciones de igualdad. El exdiputado destacó que, aunque la DUDH no es un tratado de ratificación obligatoria, su reconocimiento a nivel internacional por parte de los Estados miembros de las Naciones Unidas, incluida la República Dominicana, estructura la base del sistema global de protección de los derechos humanos. Méndez también citó la Constitución dominicana, que en su artículo 22 establece el derecho a elegir y ser elegido. “Ningún ciudadano puede ser obligado a pertenecer a un partido político para ejercer su derecho a optar por un puesto electivo en el Estado”, reiteró, subrayando la necesidad de que las instituciones y la clase política realicen las modificaciones legales pertinentes para garantizar que este derecho fundamental sea accesible a todos los dominicanos. Finalmente, hizo un llamado a las autoridades para que se implementen cambios legales o se apliquen adecuadamente las normativas existentes, con el fin de asegurar que el derecho a la participación política sea plenamente ejecutable y accesible para todos, sin distinción.