UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Honor al mes de junio

El mes de junio tendrá siempre una gran fuerza simbólica para los dominicanos. Muchos hechos ocurridos en ese mes son referencias históricas, fuentes de inspiración y de enseñanzas a los cuales hay que acudir para mantener el rumbo en la lucha por la liberación de nuestro pueblo. El cuatro de junio de 1960 arribó al país desde el exilio, una comisión del Movimiento Popular Dominicano, a luchar por la libertad en medio del terror impuesto por Trujillo. Un acto de valor y sabiduría política cuyo significado y cuyas lecciones aún no han sido del todo valoradas. Durante la guerra iniciada en abril de 1965, junio registró hechos dignos de recordación. Entre otros, la valerosa resistencia a los inhumanos ataques con morteros de las tropas norteamericanas los días 15 y 16; el sacrificio heroico de los que cayeron mártires a partir del día 25 en San Francisco de Macorís. Diez años después de la expedición del 19 de junio de 1949 en Luperón, el 14 de junio se produjo la de Constanza, Maimón y Estero Hondo. La gesta de mayor repercusión y de consecuencias más perdurables. Fue aplastada criminalmente, pero marcó el principio del fin de la tiranía. Entonces, Trujillo ganó la batalla que le costó la guerra, porque aquella hazaña heroica emplazó a los luchadores de la resistencia interna, algunos de ellos veteranos de los audaces ensayos revolucionarios de los años cuarenta; y en término de seis meses ya había un vasto movimiento clandestino, que al develarse dio una idea de lo extendida que estaba la oposición; la brutalidad con que fue reprimida causó el choque del tirano con sectores cada vez más amplios de la sociedad, incluso con uno de los soportes más importantes de aquel régimen, la Iglesia católica. Esa expedición dejó como herencia una bandera programática, un ejemplo de lucha y un imperecedero compromiso de honor. De la organización clandestina surgió el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio, y por consiguiente, allí tuvo su raíz más sólida y su nacimiento la izquierda actual, que surgió como fuerza política beligerante, para mantenerse en lucha incesante a lo largo del tiempo y, pese a todas sus fallas y limitaciones, es imposible, sin pecar de injusto, negarle el mérito de haber sido la fuerza que con más consecuencia y rectitud, desprendimiento y valor moral ha combatido por las libertades y derechos, y mayores aportes ha hecho a la elevación de la conciencia democrática y patriótica de nuestro pueblo. ¡Honor al mes de junio!

¡Qué extraño!

No sé si a otros les ocurrirá lo que hoy me pasa. Que con tantos motivos y temas para escribir, no atino a decidirme por uno de ellos, porque una mezcla de emociones inexplicables como que me bloquea la mente y me impide asomarme a la ventana y ver el mundo. No es la primera y supongo que tampoco será la última vez que eso me ocurre. Parecería tramposo intelectualmente o una excusa floja frente al periódico y al deber moral con los lectores que pueda uno tener. Pero el hecho cierto es que me encerré en medio de mi propio mundo, hice algún esfuerzo, pero a poco andar me dije a mí mismo que me regalaba el día. Jueves corpus, por demás. Y hasta me recordé que hoy estamos a cuatro, y que precisamente un día cuatro nací de nuevo. Precisamente un día cuatro de mayo, de hace más de cincuenta y nueve años, el gobierno me dio por muerto en combate con tropas del Ejército. Como no era cierto, puedo decir que un día cuatro de mayo nací otra vez. Y volví a nacer en esa misma fecha como Nicodemo el de la leyenda bíblica, sin entrar de nuevo en el vientre de la madre. Ya he leído, escrito y repetido que eso de escribir no es otra cosa que recopilar sentimientos y sensaciones, que bajo diversas causas y estímulos se reúnen en el cerebro y que cuando esa cosecha de sensaciones está madura, se ponen las letras en el papel y texto nace. Pero a veces eso no ocurre por más lúcido y veterano que sea el escritor. O el escribidor como es mi caso. Esta vez no pude mirar más allá de mí mismo, y como los asuntos personales, los estados de ánimo individuales, aunque sean alegres como los míos, no tienen importancia pública, mucho menos cuando hay tantas cosas de verdadera trascendencia en el debate, lo más aconsejable es el silencio. Hoy no encontré la forma de abordar lo trascendente y con la mayor prudencia, hago mutis por el foro, como se dice en el teatro, me tomo mi licencia y no trabajo, para despedirme con la esperanza de encontrarnos de nuevo en mi próxima entrega. Entonces, buen fin de semana y, como se decía en los tiempos viejos: “A todos los que la presente vieren: ¡salud!”.

Con la honda de David

Sigamos alzando la voz por Cuba, siempre agredida y acosada y ahora amenazada de agresiones mayores por su enemigo de siempre. Porque en ese pequeño punto del planeta están en juego cosas muy importantes. Donald Trump ha instruido cargos judiciales contra el comandante Raúl Castro, líder de la revolución y símbolo del decoro y la dignidad de los pueblos de América. Y eso es mucho en tiempos de gobiernos dóciles al mandato imperialista. “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que llevan en sí mismo el decoro de muchos hombres”, dijo Martí. Raúl Castro es uno de ellos y por eso se busca rebajarlo. Difícilmente en Cuba, con Raúl, se repita la historia del secuestro impune del presidente Maduro y su compañera en Venezuela. Cuba es Cuba y Raúl es Raúl. Por eso buscan infamarlo, violando el derecho a la justa fama y el bien ganado honor que él ha alcanzado, y sacan del baúl de los desperdicios el incidente de hace ya más de treinta años, en el cual murieron varios terroristas reincidentes, después de veinticinco incursiones contra el espacio aéreo cubano, cada una de ellas denunciadas ante las autoridades norteamericanas con las correspondientes pruebas y las condignas advertencias. En aquellos días se difundieron grabaciones con las advertencias disuasivas de las autoridades cubanas antes de ejercer su derecho a la defensa, frente al desafío temerario de los agresores. Un acto de soberanía y legítima defensa de un Estado soberano. El mundo no puede regirse por unos códigos imperialistas, que le den derecho a un país a dictar leyes y aplicarlas más allá de sus fronteras, ni darle poder para organizar atentados y eliminar dignatarios y jefes de Estado en cualquier parte del mundo, como es el caso del Gobierno yanqui. Asuntos de principio como esos, que van mucho más allá de conceptos ideológicos y apreciaciones sobre Cuba y su proceso, son los que están en juego en torno a Cuba y es inadmisible guardar silencio y dejar de pronunciarse. Raúl Castro es un personaje de leyenda, “de esos que ya no vienen”, un símbolo de la resistencia y el honor y, con su carga de años y de méritos encima, hoy le ha tocado representar esos valores y librar una batalla más. No dudo de que saldrá victorioso como lo ha hecho siempre desde los tiempos del Moncada. Su honda es la de David y ese viejo y oxidado Goliat imperialista no podrá prevalecer contra ella.

Recordando a Euclides Morillo

Los últimos mohicanos de los catorce combatientes del frente guerrillero “Hermanas Mirabal”, durante la insurrección de noviembre de 1963, son cuatro: Abel Rodríguez del Orbe, Aquiles Reynoso Paulino, Juan Antigua Javier y Rafael Chaljub Mejía, quienes, al conmemorarse el pasado 19 sesenta y un años de la muerte heroica de Euclides Morillo, espontáneamente estuvimos intercambiando recuerdos y anécdotas vividas junto a ese entrañable compañero de armas. El también guerrillero Rafa Pérez se integró al intercambio e hizo sus interesantes aportes. Como siempre, José Rafael. Mis recuerdos de Euclides son muy gratos. Lo conocí en los días previos al inicio del levantamiento armado, un joven obrero, espigado, cubierta su cabeza por un pelo negro y ondulado, algo ovalada, un tanto hundida en las sienes, usaba unos soportes ortopédicos porque tenía los pies planos, pese a lo cual reflejaba una gran resistencia física. Con habilidad se desplazaba en el monte sin hacer ruido, parecía un gato moviéndose entre las hojas. Tenía entrenamiento militar y se empeñaba en transmitir sus conocimientos a sus compañeros de armas. De trato suave y persuasivo, era uno de los principales mandos de nuestro frente, sin que se advirtiera en él esfuerzo alguno por sobresalir. Tras la captura, fuimos compañeros de celda en La Victoria, donde Euclides mantuvo la firmeza, la serenidad y la misma valentía con que enfrentó los avatares de la lucha, hasta caer gallardamente, como un guerrero, junto al coronel Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román y otros combatientes gloriosos en el intento de asalto al Palacio Nacional el 19 de mayo de 1965. Dice Juanito, con razón, que no nos olvidemos de Reyes Saldaña, campesino nativo de Laguna de Coto, San Francisco de Macorís, guía de nuestro frente guerrillero, de cualidades revolucionarias y humanas excepcionales, mártir de la dictadura balaguerista de los doce años, digno de recordarse siempre; lo mismo debemos hacer con otros compañeros que ya no están, los diez de nuestro frente que ya emprendieron el viaje sin regreso, los combatientes que se fueron durante o después de la insurrección, los hermanos de armas de otros frentes y, todos los compañeros revolucionarios muertos. Y, perdón por el ego, con los que, sesenta y tres años después, con su octogenaria carga de años, siguen firmes en los ideales que nos enseñó Manolo. ¡Honor y gloria a nuestro Euclides inolvidable! ¡Salud: queridos Juanito, Aquilito, Abel, y a todos los antiguos guerrilleros sobrevivientes !

A Dios rogando….

Los activistas anticubanos de Miami convocaron para el 26 de abril pasado a una jornada de oración para pedirle a Dios dizque por la libertad de Cuba. Aunque anunciaron que se rezaría en muchos países del continente, incluyendo República Dominicana, desde donde supuestamente también viajarían delegados, el intento pasó sin pena ni gloria. Por más que se haya repetido que al César lo del César y a Dios lo que es de Dios, y que Cristo recalcara que su reino no es de este mundo, la derrotada contrarrevolución de Miami, trata de usar a Dios como estandarte, aunque en quienes cree es en Donald Trump y Marco Rubio, que han impuesto a Cuba y a su pueblo los rigores más implacables del bloqueo. Entonces, a Dios rogando y con el mazo dando. Pobre de Dios, en la boca y en los planes de esta clase de feligreses. Los continuadores de agentes del terrorismo como Posada Carriles; los sucesores de Jorge Mas Canosa y su mafia política y económica; los que organizan expediciones armadas contra la integridad territorial y la seguridad interior de Cuba, los que oran porque el gobierno yanqui endurezca el bloqueo, aunque el pueblo cubano sufra aún mayores penalidades, y los que, a pesar de la siempre actual y valedera advertencia de Antonio Maceo, claman porque Trump ordene un ataque militar en gran escala, con todas sus consecuencias materiales y humanas y se apodere de la isla. Esperan que bajo las botas invasoras y sobre las tumbas y los escombros, reine la libertad por la que rezan estos profanadores. Porque ¿Cuál libertad es la que se persigue? Cuba superó el viejo sistema bajo el cual la oligarquía legalizaba su dominio cada cuatro años, mientras para los de abajo, bastaba el circo electoral, con el soborno de los votantes incluido, y todo seguía igual. Ese país tiene su sistema de participación popular establecido, con sus probables limitaciones y sus déficits, pero no puede exigírsele lo imposible, si ha tenido y tiene que defender su existencia en el ambiente de cerco y plaza sitiada que se le ha impuesto. Y, en última instancia, cabe aclarar, que Cuba ejerce la más importante de todas las libertades para cualquier Estado nacional digno de ese nombre: la libertad y el derecho de ejercer su soberanía, esa libertad que no tienen los gobiernos que la asedian, la libertad de decidir su propio rumbo, sin permitir dócilmente que ningún agresor extranjero se lo imponga.  

Inadmisible

Resulta inadmisible la información de la que el periodista Víctor Grimaldi se hace eco, según la cual la CIA sabía ya el 17 de enero de 1970 que el Movimiento Popular Dominicano \»secuestraría un funcionario de la embajada norteamericana si no era liberado su secretario general\». Según el artículo de Grimaldi, publicado en este mismo medio digital, el documento de la CIA está fechado precisamente el 17 de enero de 1970, y este es un detalle que debe tenerse en cuenta. Si se admitiera la versión de que el MPD fue el autor del secuestro del coronel Donald Crowley, y se recuerda que la detención de su líder Maximiliano Gómez se produjo en la tarde del día 14 de enero, resulta del todo inadmisible, porque está fuera de todo cálculo razonable el que, en los momentos en que la dirección emepedeísta debió estar asimilando el golpe y haciendo los reajustes organizativos indispensables, a setenta y dos horas apenas del apresamiento de su líder ya ese partido hubiese tomado una decisión de tanta envergadura y que, por demás, ya esa supuesta decisión anduviera circulando en los documentos de la referida agencia. Dice Víctor que \»el plan del secuestro había sido detectado —con una claridad que hoy estremece— dos meses antes en los circuitos silenciosos de la inteligencia de Washington\», y eso también es falso, aunque lo diga el documento citado por Grimaldi. Simplemente porque en enero ese plan de secuestrar a un diplomático de la embajada yanqui no existía. Es verdad que en medio de la intensidad del combate en el que estaba envuelto, el MPD cometió determinados errores de diferentes órdenes y diferentes magnitudes. Pagó por ellos un precio, desgraciadamente, demasiado elevado, pero con la firmeza y la dignidad siempre en alto. Y lejos de estar dirigido por un grupo de aventureros irresponsables, ese partido estaba encabezado por una promoción de jóvenes políticos revolucionarios, de probada inteligencia y suficiente sentido de la responsabilidad, merced a lo cual el MPD se había convertido ya en enero de 1970 en una fuerza política de considerable influencia en la vida nacional. Precisamente por eso sus enemigos la tomaron como su principal blanco de ataque. Por más que la confusión haya hecho perder el equilibrio de muchos para juzgar la historia, nadie puede creer que se trataba de un grupo de aventureros precipitados que en cuestión de horas apenas tomara una determinación como la del secuestro, ya tuviera un objetivo definido y trazado un plan como el que se sugiere en el documento que Grimaldi toma como fundamento para formarse un juicio y lanzarlo al aire. Aunque ese artículo contiene muchas partes a las que podría referirme, prefiero limitarme a lo que llevo dicho. Para refutar algo que ni es verdad ni tiene la menor lógica, pero que golpea la reputación política y la memoria de aquellos dirigentes, bajo cuya égida tuve el privilegio de compartir la militancia; también para apelar al buen sentido de la gente sobre la cual se lanza cada vez más confusión a costa del buen nombre y el aporte innegable del liderazgo histórico del movimiento de izquierda dominicano.

La ley entra por casa

Hace poco el primer ministro de Israel promulgó una ley que condena a la horca a los autores de actos terroristas. Una ley hecha como un traje a la medida, para aplicársela a los de la resistencia palestina, a los cuales las autoridades israelíes siempre han calificado de terroristas. No queda claro es si las ejecuciones de esos combatientes, que desde siempre y hasta ahora Israel ha llevado a cabo por cualquier medio, en lo adelante van a practicarse en las plazas públicas con un público como espectador del espantoso espectáculo. De cualquier modo, hay algo que obliga a uno a preguntar. Si a la cabeza del Estado sionista ha estado desde hace tiempo un personaje con un largo historial de violencia y terrorismo contra los pueblos árabes, especialmente contra el pueblo y la nación palestinas; si ese mismo personaje que ahora promulga la precitada ley, ha ordenado los bombardeos más destructores y mortíferos de la historia en la franja de Gaza, con saldo de más de setenta mil víctimas mortales, gran parte de ellas niños; si por orden del mismo gobernante, Israel ha reducido a escombros barrios enteros de poblaciones del sur del Líbano y causado también allí millares de muertes. Si sobre ese personaje pesa una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional porque, según el texto del mandato de prisión, se encontraron motivos razonables para acusarlo de cometer crímenes de guerra, usar el hambre como arma de guerra, dirigir ataques intencionales contra la población civil, cometer crímenes de lesa humanidad y actos inhumanos en perjuicio de la población de Gaza. Si de la CPI son miembros 124 países que están obligados a arrestar al acusado si pisa territorio de los mismos; si para evadir la captura, el gobernante prófugo se ha encerrado en su país, sólo viaja a Washington a coordinar acciones del mismo corte terrorista y genocida de los crímenes de terrorismo y lesa humanidad por los que se le persigue internacionalmente. Si la reincidencia será siempre una agravante y no un atenuante, se sobreentiende que el aludido jefe de Estado es un terrorista incorregible. Y si en Israel ha entrado en vigencia la ley que manda a ahorcar a los terroristas, y como la ley debe entrar por casa, acojo la pregunta que días atrás me hacía un amigo mío: ¿Cuándo colgarán al gobernante que promulgó esa ley?

Cuando lo imprescindible acompaña la persistencia

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. La sentencia de Bertolt Brecht no es una consigna retórica, es una definición moral. Y cuando se piensa en una vida que encarna esa persistencia histórica, ese compromiso sin pausa y sin claudicaciones, surge con fuerza el nombre de Rafael Chaljub Mejía. Celebrar sus 84 años no es simplemente contar el tiempo transcurrido, es recorrer una biografía de combate, coherencia y entrega. Es honrar a un hombre que no ha vivido para sí, sino para una causa: la construcción de un país más justo, más humano y más consciente de su historia. Rafael pertenece a esa generación que no teorizó la lucha desde la comodidad, sino que la asumió en carne propia. Fue sobreviviente de la guerrilla de Manolo, aquella expresión heroica de resistencia que desafió el orden establecido con la convicción de que es “justo y decoroso morir por la Patria”, en momento en que la nación no podía seguir sometida a la injusticia y la opresión. No fue un observador distante: fue parte activa de esa epopeya. Y en los años oscuros de la dictadura de los doce años de Joaquín Balaguer, marcados por la persecución, la desaparición forzada y la represión sistemática, Rafael fue incluso declarado muerto en combate por las fuerzas represivas. La maquinaria del poder intentó borrarlo de la historia, pero sobrevivió. Y sobrevivir, en aquel contexto, fue también un acto político, una reafirmación de que la dignidad no se fusila. Ese episodio no es un detalle anecdótico, es una marca indeleble en su trayectoria. Significa que su compromiso no fue discursivo ni ornamental. Significa que arriesgó su vida por sus convicciones. Que enfrentó la violencia del Estado sin renunciar a sus principios. Que conoció la clandestinidad, el peligro y el estigma, y aun así decidió seguir persistiendo en sus ideales y luchar consecuentemente por alcanzar el poder. Pero la lucha de Rafael Chaljub no se limitó al terreno militar o a la resistencia directa. Comprendió, con lucidez estratégica, que la transformación social exige también batalla cultural e ideológica. En tiempos donde la política se banaliza y se mercantiliza, él defendió la ética como fundamento de la acción pública. Sostuvo que un proyecto emancipador no puede sostenerse sin formación, sin estudio, sin disciplina intelectual. Ha sido un adecentador de la política. Un hombre que ha insistido en que la militancia no es sinónimo de fanatismo, sino de conciencia crítica. Que el liderazgo no es un privilegio, sino responsabilidad. Que el poder solo tiene legitimidad cuando sirve al pueblo. En el terreno cultural, su aporte es igualmente trascendente. Defendió la identidad dominicana desde sus raíces más auténticas. Rescató y promovió el merengue típico, el perico ripiao, no como simple entretenimiento, sino como expresión viva de nuestra historia popular. Entendió que la cultura es territorio de disputa, que en la música, en la palabra y en la memoria también se libra la batalla contra la colonización ideológica. Rafael Chaljub Mejía ha sido maestro de generaciones. Ha orientado debates, formado cuadros y militantes, estimulado el pensamiento crítico. Su palabra es serena pero firme; su análisis es profundo pero accesible. No ha necesitado estridencias para sostener posiciones claras. Ha preferido la argumentación sólida al aplauso fácil. Ochenta y cuatro años después de su nacimiento, su figura no representa nostalgia, representa continuidad. Es puente entre la generación que enfrentó dictaduras y la juventud que hoy enfrenta nuevas formas de dominación: económicas, culturales, tecnológicas. Su vida demuestra que la lucha adopta distintas formas según el momento histórico, pero la coherencia es innegociable. En una época cuando muchos cambian de bandera según la conveniencia, Rafael Chaljub ha mantenido la suya en alto con la hoz y el martillo. En un tiempo de oportunismos, ha optado por la fidelidad a sus principios. Esa constancia es lo que lo convierte en imprescindible. Hoy no celebramos solo un cumpleaños, celebramos una historia de resistencia. Celebramos a un hombre que fue dado por muerto por la represión y regresó para seguir luchando. Celebramos a quien sobrevivió a la violencia política y decidió convertir esa experiencia en conciencia y organización. Que su ejemplo inspire a las nuevas generaciones. Que su coherencia sea faro en tiempos de confusión. Que su vida recuerde que la lucha no es un episodio, sino una vocación permanente. Porque, como escribió Brecht, los imprescindibles son los que luchan toda la vida. Y Rafael Chaljub Mejía ha hecho de esa lucha una forma de dignidad, de persistencia, de memoria y de esperanza para el pueblo dominicano.  

Cuba responde

Dice el halcón de Marco Rubio que espera tener sus propios informes para hablar sobre el frustrado intento de incursión a territorio cubano de los diez mercenarios interceptados por las autoridades de la isla. Pero ¿qué podría decir este señor, cuando es él uno de los que con su discurso y sus acciones siembra el odio, estimula la voluntad de agresión y arma las manos de provocadores, mercenarios y terroristas que, establecidos abiertamente en el sur de la Florida, están siempre listos para el ataque armado contra Cuba? El gobierno de Trump y Marco Rubio, como en los mejores tiempos de la piratería, ataca y hunde embarcaciones en mares extraños, mata a sus ocupantes y coloca al mundo ante los hechos consumados. Cuba no ataca, sino que se defiende, ha dicho con mucha propiedad su presidente Miguel Díaz Canel. Eso precisamente acaba de ocurrir. Cuba enfrentó a unos invasores, en los límites de sus aguas territoriales, el abundante material incautado es más que demostrativo de las actividades que planeaban los invasores. Estos sabían por experiencias anteriores, desde los tiempos de playa Girón, a los riesgos que se exponían, sabían que la legislación cubana incluye la pena de muerte para ese tipo de atentado, que aunque hace décadas no se aplica, está vigente con fines disuasivos más que otra cosa. Entonces, nadie puede hacerse el desentendido y tratar de sacarle el cuerpo a las consecuencias. En territorio norteamericano, a la vista y el conocimiento de las autoridades, Marco Rubio incluido, se conspira y organizan agresiones como la que ahora nos ocupa contra la integridad y la soberanía del Estado cubano. Y ante un enemigo que apela a la agresión, Cuba tiene derecho a la defensa. Se espera que el mundo lo comprenda y respalde con firmeza al agredido.

De viaje

Espero estar viernes 20 en la noche, dictando una conferencia en Nueva York con motivo de los setenta años de la fundación del Movimiento Popular Dominicano. Me invita un comité conmemorativo integrado por compañeros y amigos residentes en esa ciudad, a quienes agradezco desde ahora la invitación y la hospitalidad con que, de seguro, nos acogerán a mí y a doña Dulce. Contento, porque viajar puede ser divertido; útil, además, porque salimos de la rutina, puede uno aproximarse a esos grandes escenarios de los cuales, metido uno en este pequeño rincón del mundo donde vivimos, apenas se tiene una visión muy limitada. Se encuentra uno con gente a la cual tiene años y hasta décadas sin verla y abrazarla. En fin, se vive y se aprende. Pero como no soy muy viajador, vivo demasiado apegado a mi país, mis hábitos laborales, mi casa, mi gente, a mi rutina y todo eso crea en mí un vínculo sentimental y cariñoso del que me he tenido que zafar para emprender el viaje. Los que viajan a menudo no tienen ese problema. Disfrutaré mi viaje, trataré de aprovecharlo para aprender, pese a lo drástico que resulta el cambio de ambiente, empezando por el violento cambio de temperatura. Así, que a nadie le quepan dudas de que extrañaré muchas cosas. Aunque la tecnología moderna nos facilita la relación y el intercambio a la distancia, a mí, el de Nagua, el último romántico, le resulta imposible caer en las manos glaciales del invierno norteamericano, y no añorar el clima acogedor de mi país; el paisaje natural y humano, ni todas y cada una de las causas que dan vida al apego amoroso a las cosas buenas de la cotidianidad en que discurre la vida en República Dominicana. Es una extraña dualidad eso de estar contento con el viaje y altamente agradecido de quienes me han invitado, por un lado; y medio pensativo y añorante, por salir de los hábitos cotidianos. Pero he encontrado una solución para armonizar las cosas. Disfrutar el viaje y aprovecharlo en todo lo positivo que pueda haber en él, mientras, en mi corazón me llevo mi tierra y a toda la mucha gente que quiero, para seguir queriéndolas con más intensidad cuando regrese.