Un llamado a la familia: las niñas merecen la protección

Por Patricia Arache República Dominicana figura entre los países de América y el Caribe en el que existen políticas públicas de prevención contra la incidencia del virus del papiloma humano (VPH), que está estrechamente vinculado con el cáncer cervicouterino, convertido en segunda causa de muerte en las mujeres de esta nación. Las estadísticas son reveladoras sobre la necesidad de que haya más conciencia entre las madres, los padres y, en sentido general, en el seno completo de la familia sobre la obligación de proteger la salud de sus integrantes desde las primeras etapas de la vida. De acuerdo a datos de organismos de salud locales e internacionales, cada año en República Dominicana son diagnosticadas con cáncer cervicouterino alrededor de mil mujeres, de las cuales fallecen aproximadamente 714 personas a causa de esa enfermedad. Es un escándalo sanitario, cuyos efectos pueden minimizarse a tal punto que, en un período relativamente corto, como en el año 2030, por ejemplo, fecha meta para el alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pueda reducirse la incidencia del cáncer uterino en el país. Aunque los 17 ODS, promovidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), son transversales al bienestar y al desarrollo de las personas, el tercero de éstos se refiere en forma directa a la salud y al bienestar integral, lo que se constituye en un estímulo importante para que la sociedad en su conjunto se haga compromisaria con los propósitos de alcanzar esos objetivos. El Ministerio de Salud Pública, mediante su Programa Ampliado de Inmunización (PAI), ofrece la vacunación gratuita contra el VPH a niñas de entre 9 y 14 años de edad, con el interés de contribuir a disminuir la incidencia del cáncer cervicouterino y que en caso de que, se produzca la enfermedad, de todos modos, el desenlace no sea catastrófico. La meta de los ODS y de las propias autoridades de salud de República Dominicana es lograr una inmunización del 90 % de las niñas en el rango etario ya antes mencionado, para lo cual se requiere de conciencia, disposición y participación de las familias, así como de tutores y orientadores. Lamentablemente, creo que la sociedad no ha estado cónsona con el interés de los organismos sanitarios nacionales e internacionales en la lucha contra la incidencia del cáncer cervicouterino. Estimo que prejuicios sociales, religiosos y culturales han obstaculizado el flujo adecuado de la conciencia humana para que las niñas de entre 9 y 14 años de edad sean favorecidas con la inmunización necesaria, que les evitaría en el futuro ser una víctima más de la ignorancia, la obnubilación y la sinrazón, más que del cáncer mismo. En estos tiempos de avances tecnológicos, científicos, culturales, es importante que cada quien haga conciencia sobre el papel que se debe jugar frente a cada caso. Las vacunas han demostrado a lo largo de su historia que son instrumento efectivo de prevención de cualquier enfermedad y eso está hartamente demostrado. Ojalá que ya para el 26 de marzo próximo, que es el “Día Mundial de Prevención del Cáncer Uterino”, haya más conciencia y mucho más compromiso en el seno de la sociedad dominicana sobre la necesidad de luchar contra todas las enfermedades que puedan diezmar la población, y en torno a las cuales, desde el Estado, hay voluntad y mecanismos para combatirla, como es el caso del VPH, que provoca cáncer cervicouterino.
Con los deepfakes, en RD ya no se respeta nada ni a nadie

Por Patricia Arache Desde hace meses, observa con preocupación en redes sociales, particularmente en Facebook, unos videos en los que distintas personalidades, incluyendo al presidente de la República, Luis Abinader Corona, al gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, así como a figuras de la televisión y de otros ámbitos públicos, promueven unas supuestas plataformas financieras, que estarían generando rápidos retornos millonarios a quienes invierten en ellas. La población debería estar consciente de que esos videos son \\\’deepfakes\\\’, que es como se conoce el producto de la manipulación de imagen y sonido, que se logra con la ayuda del uso de la inteligencia artificial (IA). La IA, como la importante herramienta que es y que llegó al mundo para hacerlo más productivo, eficiente e innovador y, por tanto, para quedarse, no pierde méritos con los deepfakes. Como cualquier otra tecnología y las redes sociales mismas, nada de lo creado es malo o bueno por sí mismo, sino que depende de la utilidad que le de la persona que accede a ellas. En República Dominicana ha habido, y me atrevo a decir que hay, muchos casos de estafas piramidales y otros esquemas fraudulentos que prometen grandes ganancias, sin riesgos o con riesgo mínimo, a cambio de inversiones iniciales. Decenas de gente han quedado enganchadas y otras tantas siguen involucrándose en esas prácticas que, más tarde o más temprano, provocan incontables dolores de cabeza a los incautos que participantes como inversionistas ya las propias autoridades que, de alguna manera, deben impedir que eso ocurra. Estos esquemas suelen atraer a personas con la promesa de rendimientos rápidos y altos, pero en realidad, el dinero de los nuevos inversores se utiliza para pagar a los anteriores, sin que haya un producto o servicio real que genere ingresos. En más de una ocasión, vio el video (deepfake) en el que el presidente Abinader, figura invitando a quienes “lo encuentran” en las redes a invertir para cambiar pronto de vida… “Hablo de una cantidad con la que puedes dejar de trabajar”, se le oye decir. Es más, lo transcribo, in extenso: “No sé cómo has encontrado este video, pero no te arrepentirás. He enviado una invitación a 50 personas, hay una oportunidad de ser parte de un proyecto que cambia la vida. Cuando digo que es un cambio de vida, no me refiero solo a 300 dólares en ingresos. Hablo de una cantidad con la que puedes dejar de trabajar”. Continúa el presidente, con el tono lo más apegado posible a su voz: “La plataforma de inversión ofrece una oportunidad única de empezar con tan sólo 250 dólares. El acceso a esta plataforma está abierto a un número limitado de personas. La confianza en el éxito del proyecto garantiza el reembolso, si no puede ganar dinero. Fecha prisa. Esta es la última oportunidad. ¡Únete a la plataforma hoy mismo y empieza a cambiar tu vida, ya!”. ¡Falso! Es un video con una alta calidad visual, aunque con voz robótica, pero con tono igual o muy parecido a la del mandatario, elementos (visual-oral) que, aún sin estar muy bien coordinados entre sí y las formas gestuales, conforman una imagen. integral que a cualquiera se le hace difícil ya muchos hasta imposible, separar la creación artificial de la imagen real del mandatario. ¡Es el deepfake! En otro caso, el gobernador del Banco Central, Valdez Albizu, supuestamente habla de una plataforma de esa institución, que estaría generando 6 millones de pesos dominicanos al año, a quienes inviertan sólo 15 mil pesos. < Y van tan lejos que aseguran que esa plataforma genera ganancias continuas, en tan sólo 20 minutos después de haber realizado la primera inversión. Así, hemos visto trabajos de edición de populares comunicadores y conocidos economistas en el que se resaltan las alegadas bondades de la inversión en línea, que per sé no están atadas al engaño ya la estafa, pero sobre las cuales se debe tener siempre mucha precaución a la hora de disponerse a realizar una inversión. Lo más fácil casi nunca es lo más conveniente. Dude de quien le ofrece duplicar, triplicar, cuadruplicar, quintuplicar o elevar a escalas inimaginables su dinero, sin mayor esfuerzo, con el simple hecho de entrar a una plataforma y decirle a alguien más que lo haga. ¡Cuidado! Esas promesas de alto y pronto rendimiento de su dinero, sin supuestos riesgos, son demasiadas buenas para ser verdad.
La situación de Haití: Un panorama complejo

Más que fuerzas militares, Haití exige asistencia en salud, alimentación, educación, viviendas, calles, aceras, contenidos, agua potable, medicinas y otras muchas cosas que no lo pueden aportar hombres armados, enviados desde lugares lejanos a enfrentar la violencia. Por Patricia Arache Cuando el poeta español Antonio Machado escribió “ ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios, contigo porque me matas y sin ti, porque yo no puedo ”, no proyectaba que ese estribillo quedaría tan bien aplicado a unas relaciones que históricamente han sido de amor y de odio, y cuyos protagonistas, las Repúblicas Dominicana y la de Haití, están conminadas a entenderse, sí o sí. Las letras popularizadas después por el cantante también español Emilio José, a modo de copla, se adaptan al momento que existe en medio de la prolongación de la crisis socioeconómica de Haití, que, además de la violencia social, sigue sumergido en un abismo angosto de carencias totales. Mucho tardaron representantes de sectores laborales dominicanos, al poner el grito al cielo, tras el anuncio del gobierno de Luis Abinader de que repatriaría a por los menos diez mil nacionales, en condición de indocumentados, cada semana. No se sabe si el elevado número de repatriaciones prometidas por el gobierno se ha estado cumpliendo, pero sí está claro que representantes de los sectores de la construcción y de la agricultura, principalmente, han elevado su voz, porque sobre los hombros de los haitianos es que descansa, casi por completo, las áreas a las que pertenecen. La historia de Haití ha estado marcada por una inestabilidad política crónica, golpes de Estado, desastres naturales y el aumento significativo de la violencia de pandillas, con un clima de inseguridad tal que dificulta hasta la sobrevivencia de hombres, mujeres y niños en esa nación. El vecino Haití es una nación de instituciones débiles, de liderazgos atomizados y de ausencia de estructuras físicas, éticas y morales que permiten pensar en una salida a corto plazo a la crisis social, económica y política que enfrenta. Las naciones que conforman los organismos internacionales competentes parecen ser ciegas, sordas y mudas frente a una realidad que es cada vez más complicada y que, sin duda, coloca a la República Dominicana en una de las peores situaciones de los últimos tiempos, respecto al flujo. migratorio desde ese lado de la isla. Es obvio que las causas de la crisis haitiana son múltiples y complejas, y se remontan a su historia colonial, la independencia, y las intervenciones extranjeras y cuando a una nación, aparte de República Dominicana, que paga los platos rotos, piensa en “ayudar”. ”, solo se enfoca en una parte del problema, que, aunque grave porque genera sangre, dolor, muerte y luto, no es lo peor que enfrentan los haitianos. Más que fuerzas militares, Haití exige asistencia en salud, alimentación, educación, viviendas, calles, aceras, contenidos, agua potable, medicinas y otras muchas cosas que no lo pueden aportar hombres armados, enviados desde lugares lejanos a enfrentar la violencia. Se requiere impulsar un modelo de desarrollo económico que genere empleo y reduzca la pobreza, pero que también sea sostenible a largo plazo y que la nación pueda dar un salto, que no sea al vacío, como ocurre continuamente. La comunidad internacional debe apoyar a Haití, pero de manera coordinada y con un enfoque a largo plazo, es el discurso más democrático, humano y solidario que se puede pronunciar. Las autoridades de República Dominicana reclaman una y otra vez esa ayuda, porque, es obvio, que el desarrollo de Haití no depende de que el territorio nacional esté lleno de haitianos, sino de que se pueda lograr que los vecinos de ese país se queden y se desarrollaron en su territorio, aunque ese enfoque no parece entenderlo los políticos de esa nación, y queda en evidencia cuando se limitan a rechazar las repatriaciones de indocumentados. Tampoco parecen entenderlo representantes de sectores empresariales del país que, en medio del torbellino y lejos de comenzar a buscar a la ausencia de la mano de obra haitiana no documentada, se aferran a emitir fuertes lamentos y pronósticos soluciones sobre el advenimiento de grandes crisis en sus sectores y, por ende, en la economía nacional. ¡Qué difícil es la cosa!
“El poder es transitorio y debe de estar al servicio de la gente”
PATRICIA ARACHE Esta frase, en la voz de un presidente de la República, a sólo un mes de haber tomado posesión para un segundo mandato constitucional (2024-2028), tras haber sido legitimado en el puesto por quienes participaron en las elecciones del mes de mayo, es más que significativa, alentadora y reveladora de que los tiempos siguen cambiando. El presidente de República Dominicana, Luis Rodolfo Abinader Corona, al pronunciar un discurso ante la 79ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, atrapó favorablemente a muchos que, incluso, dudaban de sus intenciones de no aceptar su candidatura en las elecciones nacionales para un tercer período consecutivo que, en este caso, sería el (2028-2032). Afirmó el gobernante que fue elegido en mayo pasado “para su segundo y último” mandato de cuatro años y que, a pesar de obtener una mayoría congresual casi absoluta, ha propuesto una reforma constitucional para limitar el período presidencial, de manera que un nadie pueda pretender perpetuarse en el poder, modificando a su antojo la carta magna. Esa proclamación en un escenario más allá de lo local, aunque ahora todo es global, encierra una visión sobre la necesidad de que las personas en posiciones de autoridad entiendan que su tiempo en el poder es limitado y que pueden y deben ser reemplazadas en cualquier momento. Atrás van quedando las ideas de “Yo soy yo y mis circunstancias”, “el único que salva este país”, “el no hay nadie más para sustituirte”; “Sin ti se hunde este país” y otras tantas expresiones que a lo largo de mucho tiempo se manejan, en dinámica manipulación social en la política nacional e internacional, salvo honrosas excepciones. Esta visión se sustenta en una perspectiva nueva, interesante y muy añorada en el país sobre lo que debe ser el ejercicio de la política y, además, de manera directa e indirecta, fomenta la humildad, la responsabilidad, el compromiso y la humanidad en quienes están considerados como líderes. A esa visión del poder se suma el compromiso de servir a la comunidad, lo que refiere la necesidad de que los líderes utilicen su influencia y recursos para el bienestar colectivo, priorizando el bienestar de las personas sobre intereses individuales o de grupo, que ha sido lo que, mayoritariamente, ha primado en las sociedades latinoamericanas. Ese concepto que, aparentemente, va a guiar al presidente Abinader Corona en el segundo período gubernamental que recién inicia, sin dudas está muy vinculado a una “verdad de Perogrullo”: “El valor de una persona no se mide por su estatus social, riqueza o fama, sino por la bondad y el respeto con los que trata a los demás, sin importar su condición”. Las generaciones actuales se han venido formando sin referentes en la mayoría de las áreas de la vida, sin excluir, obviamente, por su importancia visceral de la política, cuyos actores han sido protagonistas, quiérase o no, de lo malo, pero también de cosas buenas que se han producido en la sociedad. De hecho, muchos “jóvenes” políticos sólo ostentan ese adjetivo calificativo por el momento de sus fechas de nacimiento. No por sus comportamientos, no por sus ideas, no por sus propuestas, no por sus visiones, no por sus posiciones. ¡Es una pena! Es tiempo ya de que tanto las actuales como las futuras generaciones puedan encontrar un contrapeso a los desmanes, a la angurria desmedida, a la petulancia, a la prepotencia, a la fantochada, al, ¿tú sabes quién soy yo?… y al muy distorsionado concepto de que el poder lo puede todo y, del que las cosas “siempre se han hecho así”, para que la sociedad pueda dar un gran salto y entrar al carril verdaderamente democrático, innovador, constructivo y desarrollista. Presidente, ojalá, ojalá, su expresión se eleve y sea interpretada como una línea para todos los políticos incluso, si no fueran de su partido, pero también para los militares, para los empresarios, en fin, para todos: “El poder es siempre transitorio y debe de estar al servicio de la gente”.
Representación ciudadana en las áreas de poder
PATRICIA ARACHE El sistema político democrático se alimenta de la participación ciudadana y mientras más estructuras de representación existan, mayor calidad pueden arrojar las acciones a favor de toda la sociedad. La participación activa de los ciudadanos no solo legitima las decisiones políticas, sino que también asegura que las políticas públicas reflejen las necesidades y deseos de la sociedad en su conjunto. Además, cuando existen múltiples estructuras de representación, se pueden abordar mejor las diversas perspectivas y necesidades de diferentes grupos dentro de la sociedad, lo que puede llevar a decisiones más inclusivas y equitativas. Una democracia robusta se fortalece con la participación activa y diversa de sus ciudadanos, y las estructuras de representación juegan un papel crucial en canalizar esa participación de manera efectiva. Los tratados, prácticas y teorías universales de democracia, se sustentan en la participación, pero la misma debe ser honesta, transparente, comprometida y con una importante carga de decisión. Esas son, justamente, características de las que adolece la representación de la población en las estructuras de los poderes político, social y económico, en República Dominicana. El Congreso Nacional es la institución legislativa, integrada por el Senado, con un representante por cada provincia y el Distrito Nacional, para un total de 32; y la Cámara de Diputados, con 178 integrantes, elegidos a partir de la categoría geográfica de municipios, a razón de uno por cada 50 mil personas, en elecciones realizadas cada cuatro años. Otras categorías de elección han venido surgiendo con el paso de los años con la intención originaria y hasta elogiable de que haya una adecuada y legítima representación de las mayorías y de los distintos sectores que convergen en la sociedad interna o externamente. La Constitución del año 2010 estableció la figura del Diputado Nacional, de los cuales existen cinco, escogidos mediante el sistema de representación proporcional, en el que se suman todos los votos obtenidos a nivel nacional para establecer a qué partidos correspondería el escaño, que son los que obtienen por lo menos el 1% de los sufragios, pero no alcanzan ninguna de las plazas legislativas geográficas. Este sistema busca asegurar que los partidos con apoyo significativo, aunque disperso en el país, también tengan representación en la Cámara de Diputados. También, la figura del diputado de ultramar, de los que hay 7, que representan a la comunidad dominicana en el extranjero, divididos en tres circunscripciones, de las cuales la número 1, pertenece a Estados Unidos y Canadá; la dos, a América Latina y el Caribe; y la tres, a Europa. Estas dos últimas categorías. elevan a 190 el número de diputados que sesionan en el Congreso Nacional. Igualmente, están los diputados del Parlamento Centroamericano (Parlacen), en el que República Dominicana cuenta con 20 representantes, que son asignados por los partidos políticos en una lista cerrada que se entrega a la Junta Central Electoral (JCE) que divide las curules de forma proporcional en base a los partidos y los resultados obtenidos. República Dominicana es miembro de pleno derecho del Parlacen desde el 1 de noviembre de 2007, aunque había sido observador desde 1997. Como se ve, el país cuenta con importantes escenarios de participación con personas elegidas en forma directa e indirecta, lo cual es importante, pero sería relevante si quienes los ocupan fuesen realmente la voz, la acción, el compromiso de lo que espera la población que los elige y la sociedad en sentido general. Ahora que se discute una propuesta constitucional que incluye la intención de reducir la cantidad de diputados en el país, mi opinión sigue siendo la misma: los espacios no se ceden, se aprovechan, se mejoran y se enaltecen. Es el desafío que deben tener quienes a partir de este cuatrienio los han asumido los puestos. ¡Es tiempo ya de que los legisladores de todos los niveles se reivindiquen y dignifiquen el ejercicio congresual con responsabilidad y con calidad! Los partidos políticos tienen una importante cuota en la responsabilidad de que la representación democrática deje de ser una simple pantomima.