UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

¡Tres revoluciones y un pulso contra el poder!: Iván Cepeda lanza su programa para \»desmontar las élites\» y enterrar el modelo militarista

El candidato del Pacto Histórico propone un Banco del Pueblo, una reforma agraria profunda, justicia ambiental, la reversión de la privatización de la salud y un sistema propio contra la macrocorrupción. En seguridad, rechaza la militarización como única vía y sitúa la paz con justicia social en el centro de su agenda. Por Brendalis Reyes No es un programa de gobierno convencional. Es, en esencia, una declaración de principios envuelta en la urgencia de un país que aún sangra por las heridas del conflicto, la desigualdad estructural y la desconfianza hacia sus instituciones. El senador y candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha presentado oficialmente su hoja de ruta para el próximo cuatrienio: un proyecto que él mismo bautiza como \»tres revoluciones\» —la ética, la social‑económica y la política— y que atraviesa cada uno de sus planteamientos como un hilo invisible pero indestructible. En las últimas horas, Cepeda se ha consolidado como el abanderado de la continuidad del gobierno de Gustavo Petro, pero con un matiz significativo: donde Petro irrumpió como el outsider que fracturó el tablero tradicional, el senador pretende ser el arquitecto de las profundizaciones. Su campaña, construida desde los márgenes hacia el centro, apela directamente a los movimientos sociales, a las víctimas del conflicto armado, a las comunidades indígenas y afrodescendientes, y a esos territorios olvidados que han sido, durante décadas, el reverso oscuro del desarrollo nacional. Seguridad sin tanques, justicia con memoria Quizás uno de los puntos más audaces del programa es su enfoque en materia de seguridad. \»No gobernaremos con el fusil bajo el brazo\», parece decir el candidato, quien rechaza de plano la militarización como respuesta única frente a la violencia. Lejos de los discursos castrenses que han dominado la historia reciente de Colombia, Cepeda concibe la seguridad como un derecho ciudadano integral: protección de líderes sociales y defensores de derechos humanos, combate al crimen organizado a través del desmantelamiento de sus estructuras financieras, y una apuesta clara por las negociaciones de paz con los grupos armados ilegales. La paz con justicia social no es, en su retórica, un eslogan. Es el eje central de su agenda de seguridad. Propone un diálogo constante con los movimientos sociales para abordar las causas estructurales de la violencia y consolidar los acuerdos alcanzados durante el gobierno saliente. El bolsillo como campo de batalla: impuestos a las grandes fortunas y un Banco del Pueblo En el frente económico, el senador no esconde su filiación: la progresividad tributaria será su caballo de batalla. Propone gravar las grandes fortunas de Colombia y reducir drásticamente las exenciones fiscales a las grandes empresas. Los recursos adicionales, promete, se destinarán íntegramente a programas sociales. Pero su propuesta más novedosa en esta materia es la creación del Banco del Pueblo, una entidad financiera pública diseñada para comunidades empobrecidas sin acceso al sistema bancario tradicional. No se trata de un banco más, insiste su equipo, sino de una herramienta de inclusión y soberanía económica. A ello se suma la consolidación de las reformas laboral y pensional impulsadas por Petro, y una reivindicación de la economía campesina y popular como verdadero motor productivo del país, en detrimento del latifundio y el extractivismo. Salud: reversión de la Ley 100 y adiós a los intermediarios Uno de los puntos que ha generado mayor expectación y también rechazo en los sectores tradicionales es su propuesta sanitaria. Cepeda propone revertir la privatización del sistema de salud instaurada con la Ley 100, defender el sistema público y reducir el poder de los intermediarios privados. Una prolongación directa de la fallida reforma a la salud que el Senado ha negado repetidamente. El candidato insiste en que la salud es un derecho fundamental, no un negocio, y promete destinar a su fortalecimiento los recursos recuperados de la corrupción en el sector. Educación y ambiente: universidad gratuita en el campo y Colombia como potencia de la vida En educación, su promesa es clara: educación pública, gratuita y de calidad hasta el nivel superior, con énfasis especial en las zonas rurales, históricamente excluidas del acceso a la universidad. La universidad pública es concebida como un espacio de pensamiento crítico y soberanía del conocimiento. En el plano ambiental, la candidatura de Cepeda abandera el concepto de Colombia como \»potencia mundial de la vida\». Rechaza el extractivismo depredador, apoya a las comunidades que defienden su territorio frente a proyectos minero-energéticos y sitúa la territorialidad indígena, campesina y afrodescendiente en el corazón de su política ambiental. La justicia ambiental y los derechos de los animales encuentran por primera vez un lugar destacado en un programa presidencial colombiano. El sistema contra la macrocorrupción: una cacería sin perdón Quizás el flanco más ambicioso —y necesario— de su programa es el Sistema Nacional contra la Macrocorrupción. Cepeda parte de una premisa incómoda: la corrupción no es un delito individual, sino una macrocriminalidad que captura instituciones, distorsiona mercados y despoja comunidades. Para enfrentarla, propone cinco pilares: la UIAF como herramienta de prevención, el Portal Anticorrupción de Colombia (PACO), una Unidad de Investigación de Macrocorrupción en la Fiscalía, una instancia de juzgamiento especial para corrupción sistémica, un Fondo de Reparación para las Víctimas de la Corrupción, y presencia ciudadana en los territorios con mayor impunidad. Su meta es reducir la actual impunidad —que estima en un estremecedor 94%— y gobernar bajo el principio de \»austeridad republicana\». Víctimas, mujeres y política exterior: un giro descolonizado Cepeda sitúa a las víctimas en el centro de su eventual gobierno. Verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición no son retórica: propone el reconocimiento del genocidio político contra la Unión Patriótica y las comunidades campesinas e indígenas, y un apoyo explícito a las madres buscadoras, las víctimas de falsos positivos y casos emblemáticos como La Escombrera. En su enfoque de género, las mujeres tienen un papel protagónico en las tres revoluciones. Propone una renta básica para la población en pobreza extrema, atención específica para mujeres víctimas de violencia sexual y desplazamiento, y una política de igualdad sustantiva. Finalmente, en política exterior, el candidato propone una

La encrucijada colombiana: Cepeda, De la Espriella y Valencia miden en las urnas el legado de Petro

Más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para votar este domingo en unos comicios que definirán si el país profundiza el giro a la izquierda o retorna al conservadurismo, en medio de una nación profundamente dividida y con la sombra de una posible segunda vuelta el 21 de junio Por Theo N. Guzmán Enviado especial a Bogotá Bogotá amaneció este sábado con el cielo gris de los días previos a la tormenta. No la tormenta de aguaceros que moja los cerros orientales, sino la otra, la que se cocina en las urnas, la que los colombianos llevan meses mascullando en las tiendas de barrio, en los buses del Transmilenio y en las sobremesas familiares donde el voto se ha convertido en un secreto a voces. Mañana, 41.4 millones de ciudadanos están convocados a definir algo más que un presidente: definirán si el experimento más audaz de la historia reciente de Colombia —el primer gobierno de izquierda del país— fue un espejismo o un camino. Gustavo Petro no puede optar por la reelección. La Constitución de 1991, aquella que él mismo ayudó a construir desde la Asamblea Nacional Constituyente, se lo impide. Pero su nombre, su gestión y su fantasma recorren cada rincón de esta campaña como un cometa incandescente. Porque el domingo, en realidad, se vota sobre él. Los tres mosqueteros del desencanto La baraja era de once. Once aspirantes que, como naipes mal barajados, fueron cayendo uno tras otro en el favor de las encuestas. Quedan tres. Y son tres que representan no solo tres proyectos de país, sino tres formas de entender la herida colombiana. Por un lado, Iván Cepeda, el oficialista. Senador de larga trayectoria, defensor de derechos humanos, hijo del líder sindical asesinado Manuel Cepeda Vargas. Él es la continuidad. El heredero ungido por Petro para que el Pacto Histórico no se desmorone como un castillo de naipes una vez que el fundador abandone la Casa de Nariño. Cepeda ha prometido profundizar las reformas: la agraria, la de salud, la laboral. Sabe que camina sobre una cuerda floja tendida sobre un abismo de rechazo, pero también sobre una base de cerca del 40% de aprobación que el presidente aún conserva. En los sondeos, Cepeda lidera. No por goleada, pero lidera. En la otra orilla, Abelardo de la Espriella. Abogado, polémico, de discurso filoso como un cuchillo de cocina. Su movimiento, Defensores de la Patria, ha sabido capitalizar el hartazgo de quienes ven en Petro un peligro para la estabilidad económica y el orden público. De la Espriella no es un conservador de salón: es un guerrero de la trinchera comunicacional, capaz de encender multitudes con frases cortas y golpes de efecto. Las encuestas lo colocan segundo, respirando en el cuello de Cepeda. Y luego está Paloma Valencia. Ella es el viejo orden con rostro renovado. Senadora del Centro Democrático, el partido del expresidente y uribista de hierro Álvaro Uribe Vélez. Valencia representa la derecha institucional, la que cree en la mano dura contra las disidencias de las FARC y el ELN, la que mira con recelo cualquier acuerdo que implique \»impunidad\» para los alzados en armas. Su discurso es menos estridente que el de De la Espriella, pero su electorado es fiel, disciplinado y profundo. Tercera en las encuestas, pero con opciones reales de remontar si la primera vuelta deja heridos y se abre una segunda ronda. ¿Y los moderados? Quedaron en el camino. Los que proponían un socialdemocracia tibia, un centro que no asustara ni a unos ni a otros, no lograron encender la chispa. Colombia, parece, ha decidido que este no es tiempo de términos medios. La Colombia dividida: números que duelen El analista político Sergio Guzmán lo resume con una precisión quirúrgica: \»Colombia es un país que permanece profundamente dividido en temas sociales, económicos y políticos\». Y añade: \»Petro es una figura polarizante, pero no es impopular: cuenta con cerca del 40% de aprobación, según encuestas, y también tiene un muy alto rechazo entre algunos sectores\». Esa polarización no es abstracta. Se traduce en cifras que duelen en el bolsillo y en el alma. El gobierno de Petro logró reducir la pobreza monetaria —medida a partir de un mínimo de ingresos mensuales de 127 dólares— del 36.6% en 2022 al 31.8% en 2024. Ese es un logro que el oficialismo exhibe como una medalla en el pecho. Pero la oposición responde que la pobreza se midió con una vara distorsionada, que la inflación golpeó a la clase media, que el desempleo juvenil sigue siendo una hemorragia silenciosa. Y tienen razón, en parte. Porque en Colombia, como en pocos países, las estadísticas son campos de batalla. Más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar. Pero la abstención histórica ronda el 45% en primera vuelta. Eso significa que casi la mitad del país prefiere quedarse en casa, mirar el techo o salir a pasear antes que enfrentar la urna. Ese es quizás el dato más revelador de todos: no es que Colombia esté dividida entre tres candidatos; es que Colombia, en su mayoría, está harta de la política. ¿Segunda vuelta? El fantasma del 21 de junio Las reglas son claras, aunque el tablero esté en llamas. Para ganar en primera vuelta se necesita la mayoría absoluta: la mitad más uno de los votos válidos. Los sondeos sugieren que ninguno de los tres punteros alcanzará ese umbral. Cepeda ronda el 28%, De la Espriella el 24%, Valencia el 19%. Los porcentajes varían según la encuestadora, pero todas coinciden en un punto: habrá segunda vuelta. Esa segunda cita con las urnas sería el 21 de junio. Menos de un mes después de esta primera batalla. Un mes en el que los dos sobrevivientes —probablemente Cepeda contra el más votado de la derecha— se enfrascarán en una campaña relámpago, sin tregua, donde cada declaración puede valer miles de votos. Y entonces, Colombia volverá a mirarse al espejo. Porque una segunda vuelta entre Cepeda y, digamos, De la Espriella, sería un plebiscito sobre Petro en

La encrucijada de la derecha colombiana

El escenario electoral colombiano entra en su fase decisiva con una tendencia que, lejos de disiparse, se consolida: el avance sostenido de Iván Cepeda en las encuestas. Esa constante en los estudios de opinión permite advertir que no se trata de un fenómeno aislado ni de un repunte coyuntural, sino de una configuración político-electoral que empieza a perfilar un desenlace incómodo para la derecha tradicional, que observa cómo se reduce su margen de maniobra. Con la primera vuelta fijada para el 31 de mayo, y una eventual segunda para el 21 de junio, la contienda entra en su tramo decisivo. Pero la dinámica actual sugiere que la disputa podría resolverse en primera vuelta si, como proyectan las encuestas, los electores deciden cerrar el paso a la incertidumbre y convertir en mandato una tendencia que parece escaparse de las manos de la oposición. Las mediciones de intención de voto, incluidas aquellas realizadas por firmas tradicionalmente críticas del oficialismo, coinciden en un punto central: Cepeda lidera con amplio margen todas las encuestas y, en varios escenarios proyectados, se acerca al umbral de una victoria en primera vuelta. Esa perspectiva altera de forma significativa la correlación de fuerzas en el país, porque ya no se trata solo de una candidatura en ascenso, sino de un proyecto que busca convertir respaldo electoral en continuidad política bajo la idea de una \»segunda etapa del cambio\», articulada en el programa \»El poder de la verdad\». Una tendencia electoral que reconfigura el tablero Iván Cepeda Castro es el candidato presidencial del Pacto Histórico, coalición que agrupa diversas organizaciones de izquierda y que busca dar continuidad al proyecto político del presidente Gustavo Petro. Senador de la República, filósofo y reconocido defensor de los derechos humanos y de las víctimas del conflicto armado, ha construido una trayectoria política marcada por su confrontación directa con sectores del establecimiento y por su papel en debates decisivos sobre verdad, justicia y memoria. Su candidatura no surge de manera improvisada. Fue escogido como candidato del Pacto Histórico para representar una conjunción de fuerzas sociales, populares y democráticas que se reconocen en el ciclo político abierto por el primer gobierno del cambio. Su propuesta se centra en la profundización de la justicia social, la consolidación de la paz, la defensa de los derechos humanos y la construcción de un acuerdo nacional que permita ampliar su base política más allá del núcleo tradicional del petrismo. Este posicionamiento se refleja en una campaña austera, apoyada en actos públicos masivos, movilización popular y contacto directo con los territorios. A pesar de los ataques personales, señalamientos y operaciones de desgaste provenientes de la oposición, Cepeda ha logrado mantener coherencia discursiva y consolidar una imagen de liderazgo sobrio, firme y conectado con sectores que identifican en su candidatura una continuidad crítica, no una repetición mecánica, del gobierno del cambio iniciado y liderado por el presidente Gustavo Petro. La estabilidad de su ventaja en las encuestas no es un dato menor. En contextos de alta polarización, las preferencias suelen fluctuar; sin embargo, en este caso se observa una tendencia consistente. Esto sugiere no solo un apoyo consolidado, sino también una expansión hacia sectores que buscan continuidad con ajustes, profundización de reformas y una salida política que no regrese al país al viejo ciclo de exclusión, guerra interna y captura institucional por los poderes tradicionales. El programa del cambio y la reacción de la derecha El programa \»El poder de la verdad\» se presenta como una hoja de ruta para el período 2026-2030 y como una invitación a asumir el cambio no como obra de un gobierno aislado, sino como construcción histórica del pueblo colombiano. Su núcleo político es claro: el cambio no ha terminado; apenas ha comenzado. Bajo esa premisa, la candidatura propone avanzar hacia una segunda etapa capaz de enfrentar las causas estructurales de la desigualdad, la corrupción, la violencia y la exclusión. En esa visión se articulan varios ejes: profundización de las reformas sociales en salud, pensiones y trabajo; continuidad de la política de paz total; defensa de los derechos humanos; reforma agraria y desarrollo rural; justicia ambiental y transición energética; igualdad de género; educación inicial; vivienda integral; participación democrática; y un acuerdo nacional que no excluye la posibilidad de una asamblea constituyente. Es decir, no se trata solamente de administrar el Estado, sino de disputar el sentido mismo del poder democrático. Ahí radica una parte sustancial del temor de la derecha. Cepeda no aparece únicamente como un candidato competitivo, sino como el portador de un programa que pretende consolidar reformas sociales, reorganizar prioridades públicas y profundizar la presencia del Estado en territorios históricamente abandonados. Frente a ese horizonte, la oposición no discute únicamente una candidatura: combate la posibilidad de que el petrismo pase de experiencia gubernamental inicial a proyecto histórico con continuidad. Ante este panorama, la derecha colombiana enfrenta una encrucijada estratégica. La posibilidad de una derrota en primera vuelta obliga a acelerar decisiones, redefinir alianzas y, sobre todo, intensificar su presencia en el debate público. La respuesta ha sido una ofensiva política y comunicacional que se despliega en múltiples frentes, desde la amplificación de discursos de miedo hasta el intento de presentar toda transformación social como amenaza al progreso económico, la propiedad o la estabilidad institucional. Radicalización, disputa narrativa y desenlace electoral El tono de esta reacción ha tendido hacia la radicalización. Discursos más duros, apelaciones constantes a la incertidumbre y una creciente confrontación directa con el petrismo forman parte de una estrategia orientada a movilizar a su base electoral y frenar la expansión de Cepeda hacia sectores moderados. Sin embargo, este giro también implica riesgos: en lugar de ampliar apoyos, podría consolidar la polarización y reforzar el voto adverso entre quienes ven en esa ofensiva una repetición de viejas prácticas de exclusión política. En paralelo, el terreno digital se ha convertido en un espacio central de disputa. La circulación masiva de contenidos, la segmentación de audiencias y la intensificación de campañas buscan influir en la percepción del electorado en un momento crítico. No obstante,

Paro nacional en Colombia concluye con cabildo popular en apoyo al Gobierno

Trabajadores y sindicatos rechazan modificaciones al proyecto de reforma laboral y llaman a nuevas acciones contra el Senado Por Servicios umbral.local/ Con la realización de un cabildo popular en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, finalizaron hoy las dos jornadas de paro nacional convocadas por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en respaldo a la consulta popular impulsada por el Gobierno de Colombia. En el encuentro, representantes de una veintena de localidades y líderes sindicales coincidieron en la importancia de fortalecer la participación ciudadana. Fabio Arias, presidente de la CUT, expresó la indignación de los presentes ante la actitud de la “élite oligárquica en el Senado”, que ha bloqueado la consulta popular y desmantelado importantes reformas sociales, especialmente en materia laboral. Arias anunció que el movimiento está dispuesto a impulsar acciones de mayor envergadura para evitar que el Senado continúe legislando en contra del pueblo. Durante la jornada, varias organizaciones sindicales emitieron un comunicado en el que rechazaron las modificaciones aprobadas por la Comisión Cuarta del Senado al proyecto de ley sobre derechos laborales. Consideran que las reformas propuestas favorecen a los grandes empresarios y desmontan derechos laborales históricos, convirtiendo la iniciativa en una “contrarreforma” regresiva que normaliza la precariedad del trabajo. El comunicado, firmado por la CUT y otras confederaciones obreras y de pensionados, advierte que lucharán para impedir la aprobación de esta versión de la reforma laboral. La iniciativa, aprobada por el comité el pasado martes, recibió duras críticas de la coalición política Pacto Histórico y de los líderes sindicales, quienes buscarán modificaciones en la plenaria del Senado próximamente.

Marcharán en Colombia en apoyo a Petro

Bogotá, 11 oct (Prensa Latina) Una movilización popular tendrá lugar hoy en esta capital en apoyo al presidente de Colombia, Gustavo Petro, y en contra de las maniobras que impulsa el Consejo Nacional Electoral (CNE) para sacarlo del poder. PRENSA LATINA   La coalición política Pacto Histórico convocó a la ciudadanía a salir a las calles durante esta jornada y pidió en redes sociales a toda la población de campos y ciudades sumarse a la movilización que denominaron Marcha Contra El Golpe. En Bogotá, el llamado es a concentrarse en la céntrica Plaza Bolívar a partir de las 10:30 (hora local), donde habrá demostraciones de respaldo al primer gobierno de izquierda en la nación. Se espera que se sumen a la convocatoria diversos movimientos sociales y sindicales que rechazaron la imputación de cargos por parte del CNE contra el mandatario por supuestamente violar los topes de financiación de su campaña electoral en 2022. Entre estas asociaciones está el Comando Nacional Unitario integrado por la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, la Confederación General del Trabajo, así como la Confederación de Pensionados de Colombia y la Confederación Democrática de Pensionados. También Fecode, la Federación Colombiana de Educadores, se declaró en estado de alerta en señal de repudio a la decisión del CNE y reiteró su apoyo a una movilización social, señalando que existe un golpe de Estado en marcha. Otras organizaciones que mostraron su solidaridad al mandatario son la Minga del Suroccidente, que se declaró en Asamblea Permanente, y el Consejo Nacional de Paz Afrocolombiano.