UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Conducta aberrante de “influenciadores”

VISIÓN GLOBAL PERSPECTIVA: Con mucha regularidad nos resulta difícil establecer la distancia que media entre la preocupación y la indignación cuando analizamos el terreno donde se mueven los especímenes que ahora se llaman “influenciadores” y que han hecho de las redes sociales un ecosistema altamente peligroso y tóxico para la convivencia civilizada y armónica. Hemos analizado en otros momentos la incertidumbre que plantea el comportamiento de cientos de irresponsables que asumen como conducta el desenfreno mediante la emisión de opiniones altamente contaminadas y sin consecuencias, dado el desierto legal que existe a partir del derecho a la libertad de expresión resguardado por nuestra Constitución. Justamente estos días se ha exacerbado el libertinaje a través de plataformas de internet, como derivado de la lamentable desaparición de la joven indo-estadounidense en una playa de Punta Cana, un hecho que le ha generado al país una abundante exposición mediática fuera de nuestras fronteras, no siempre en los mejores términos, si bien se trata de un caso aislado que nos ha turbado a todos. Una de las manifestaciones más deleznables y de extrema irresponsabilidad la observamos cuando un charlatán llegó al colmo de afirmar—ni siquiera como una especulación—que el hotel en cuya playa desapareció la visitante, había pagado a dos haitianos para que sepultaran su cuerpo. Al escuchar eso quedé pasmado, pues estábamos ante una expresión alarmante y una canallada sin límites, y asumí que en lo inmediato este irresponsable sería llamado por los investigadores policiales y del Ministerio Público para que aportara las pruebas de tan relevantes datos, pues estos serían claves para despejar las interrogantes no resueltas que ha dejado este suceso. Lamentablemente pasaron los días y ni los investigadores requirieron los datos ni el hotel—altamente lesionado en su imagen corporativa—ha procedido a demandar a este sinvergüenza ante los tribunales por daño reputacional. No faltarán quienes hasta se sorprendan de cómo un periodista puede abogar por la persecución legal de una persona que ha emitido un juicio de valor a través de un medio de internet. Y precisamente lo que buscamos es salvar la reputación de quienes nos hemos dedicado toda la vida al periodismo serio, el que no es capaz de lanzar semejante infundio, conociendo el daño que causa. Estos “comunicadores” sin conciencia ni rigor profesional resultan peor que una plaga para el oficio tan noble que es el periodismo, al punto de encontrarse entre los auxiliares más importante para la construcción de la historia. Aprovechar con sentido responsable y labor ciudadana los adelantos que nos ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) debería de ser el punto esencial de quienes disponen de esas herramientas para construir relatos. Derivarse hacia la violación de las normales legales y de responsabilidad ciudadana debería generar sanciones importantes, si bien no de tipo penal—hasta que haya daños irreparables—por lo menos de tipo moral motivando a los internautas a no consumir estas toxicidades mediáticas. Nelsonencar10@gmail.com

Ante un inveterado simulador

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación Son muchos los dominicanos que no se reponen del shock que les provocaron las diversas manipulaciones y mentiras vertidas por el expresidente Danilo Medina durante su comparecencia de la semana pasada en un importante medio radial de nuestro país.  Cuando se anunció días antes que el líder del Partido de la Liberación Dominicana aparecería en un medio público, hubo la apreciación generalizada de que aprovecharía el alcance del mismo para al menos desvestir su alma y bajar al terreno de la humildad para pedir algún tipo de perdón (aun fuese en voz baja) por las muchas culpas que necesitan urgentemente su expiación. Sin embargo, es evidente que Danilo está convencido de que todas sus actuaciones en el Gobierno estuvieron ajustadas a la decencia más absoluta, cuando la realidad apunta precisamente en otra dirección. Para él, los expedientes que involucran a familiares y entorno político más estrecho, son simples majaderías urdidas para molestarle, o una manifestación de la llamada judicialización de la política o politización de la justicia, mediante la cual han sido quitados del camino potenciales competidores de la corriente predominante. Con ese convencimiento resulta improbable que el expresidente se humanice y entienda que admitir los errores hace grandes a las personas, y que, por el contrario, encerrarse en una convicción pueril las reduce. Hay más de una evidencia que Danilo fue advertido por cercanos acerca del comportamiento depredador de algunos de sus íntimos, pero obvió tomar las medidas aconsejables, dejando campo abierto a la continuación de los desmanes, muchos de los cuales se han reflejado en los casos que actualmente se ventilan en justicia, y que él los atribuye a “persecución política”. En el campo de la lucha propiamente política, Medina trata de convencernos de que su laborantismo encaminado a propiciar el escenario para una segunda reelección en 2020 es un espejismo o un invento de sus adversarios. Eso de que no tenía votos para modificar la Constitución es un ardid y una expresión fehaciente de su condición de simulador, pues todos vivimos aquel trance que mantuvo en vilo a la nación hasta que la administración Trump (en una intromisión inaceptable, eso sí) le apeó del carro reeleccionista que pudo haberse descarrilado hacia una situación de manejo muy complejo. Danilo podrá decir lo que quiera, pero la historia no se puede borrar. Nelsonencar10@gmail.com

La muerte del piropo

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación Hace unos días, una de las figuras más celebradas del establecimiento femenil español, la señora Yolanda Díaz, armó un demencial alboroto, luego de un periodista explayarse en galantería, cuando la ofendida daba declaraciones a la prensa, en Madrid. “Cada día estás más guapa”, le dijo el pobre hombre, asumiendo que estaba en presencia de una real dama y no de un monstruo envalentonado por el poder que concede el nuevo paradigma que hace de la galantería un cuerpo de delito. La señora acusó de machista al destinatario de su ira, e incluso amenazó con pasar a mayor. Es decir, al menos en España, están penados los piropos; al menos en España, esa pretendida expresión de dulzura que hace de un halago varonil una pieza útil del intercambio entre opuestos, resulta poco menos que un elemento que puede servir para el Ministerio Público. Desde los lejanos días de Publio Ovidio y su Arte de amar, el piropo ha formado parte de las armas más utilizadas por los hombres para conquistar a las mujeres. Para la ofendida, el poeta Oviedo dejó una receta que a lo mejor el periodista “machista y ofensor” desconoce, aunque luego del destape de doña Yolanda habrá de cuidarse, no vaya a ser que empeore su situación. En el Libro Segundo, Ovidio aconseja, a la distancia de más de 3,000 años, al desdichado y frustrado galán: “Si preguntáis cuánto tiempo se ha de quejar la injuriada, sea breve, porque no crezca el enojo con la lenta tardanza. Ceñid luego con los brazos su cándido cuello; estrechad con vuestro pecho a la llorosa; besad a la llorosa…hará la paz; de este único modo se desarma a la llorosa…”. Sin embargo, ha de imaginarse si con un simple piropo, Yolanda armó semejante tremolina, ¿de qué no sería capaz si el “machista” tratase de acercarse a ella? En estos predios caribeños, el piropo se niega a morir, aunque cada día sean menos las féminas que se sientan atraídas por las lindas palabras que eleven sus encantos. Y con las reacciones que influyen esos aires de “táctica defensiva” de las damas, imagino que hasta el mismo Oviedo se habría andado con sumo cuidado, y probablemente la humanidad se habría perdido la lectura de sus composiciones. ¡Que viva el piropo por encima de las yolandas!

La próxima llamada de Trump

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación Durante su ejercicio como presidente de los Estados Unidos, tanto en su anterior mandato como en el mes y pico de la nueva legislatura, Donald Trump ha evidenciado un comportamiento que a ratos se presenta como predecible, como de repente es lo contrario. En el marco de lo predecible que es su personalidad, en materia migratoria todos sabemos que su política se fundamenta en una cuasi animadversión hacia los inmigrantes, un talante que de entrada pudiera entenderse que se aviene con los intereses y las posturas de conservadores y ultras, para quienes los foráneos representan una amenaza para la supervivencia de su nación, sin importar que sus aportes sean superiores a los aspectos negativos. Con esa política tan agresiva de combatir la inmigración, el mandatario procura mantener contenta a su base electoral, pensando en la posibilidad de que se pueda jalar de las greñas una interpretación bizarra de la enmienda constitucional, conforme a la cual “ninguna persona podrá servir más de dos términos como presidente de los Estados Unidos”, para que se pretenda que esos mandatos son consecutivos. El otro comportamiento dual que suele proyectar el presidente Trump, se refiere a la política exterior, en la cual a veces mantiene dos posturas sobre una misma cuestión. Y es aquí donde al inquilino de la Casa Blanca se le debe juzgar por lo que hace, no porque lo que dice ni alardea, ya que, al final, lo que realmente pesa es lo último. En este sentido, en su anterior mandato mantuvo en principio un lenguaje incendiario frente a Corea del Norte, pero en el momento menos esperado anunció un encuentro con el líder de ese país, con quien mantuvo, no una, sino tres conversaciones directas. De modo que, nadie se sorprenda si cualquier día la Casa Blanca anuncia que Trump ha mantenido una conversación telefónica con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el entendido de que solo este tiene la capacidad de garantizar a Estados Unidos el acceso a recursos naturales que el país necesita. No se olvide que siempre Estados Unidos enarboló el concepto de que esa nación no tiene amigos ni enemigos, sino intereses, razón por la cual, llegado el momento crucial, no es con la oposición dispersa y sin rumbo que Washington negociará. Está bien claro el cuadro.

El factor Trump como incertidumbre

Por Nelson Encarnación   El mundo está ahora mismo en una especie de vilo ante la llegada de Donald Trump nuevamente a la presidencia de los Estados Unidos, hecho que se verificará el 20 de este mes tras su incuestionable victoria en las elecciones del pasado noviembre. Es una especie de incertidumbre, la que solo se deriva de no saberse lo que depara el futuro inmediato, lo cual, a mi escaso entender, no aplica en el caso del venidero inquilino de la Casa Blanca, cuyos lanzamientos son fáciles de descifrar. El presidente Trump suele colocarse en los extremos para luego ir rodando posiciones en la medida de las conveniencias, no del país, sino las suyas de manera personal. En esa ubicación, el republicano obliga a sus interlocutores a bajar la guardia y en cierta medida conceder más de lo que él realmente persigue. Cuando decimos que el magnate tiene lanzamientos conocidos, es porque no se trata de un extraño, sino de alguien que hace cuatro años salió del Gobierno, y si revisamos sus posturas en la campaña de 2016, nos encontramos con los mismos pronunciamientos, amenazas y enfoques tremendistas. Su ejercicio presidencial a partir del 20 de enero de 2017 tuvo efectos muy distantes a los que fueron sus excesos de campaña, e incluso llegó hasta donde ningún otro presidente había llegado, como fueron los dos encuentros con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, algo, sencillamente inimaginable, apenas días antes de anunciarse el primero, celebrado el 12 de junio de 2018 en Singapur. El segundo, en Vietnam, se considera fracasado, y el tercero, que tampoco tuvo efectos trascendentales, se produjo en la zona desmilitarizada del paralelo 38, ambos un año después. Esos encuentros estaban fuera de las previsiones de los analistas más aventajados. De modo que, al presidente Trump hay que analizarlo no por lo que dice, sino por lo que hace. Esto vale para las incertidumbres que esparce por el planeta acerca del canal de Panamá, Groenlandia, México, Canadá, los inmigrantes, guerra comercial con China, salir de la OMS, dinamitar la OTAN, y un largo etcétera. Respecto de los inmigrantes, hay que resaltar que, pese a su discurso, su administración repatrió menos indocumentados que Barack Obama, comparados cada uno en cuatro años. Y sobre las guerras, desmontó conflictos, sin empezar otros. ¡De modo que, tranquilos!

La lógica global de los planes sociales

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación PERSPECTIVA: Los planes sociales en todos los países donde han existido y existen, se fundamentan en una visión asistencialista que más o menos se utiliza con fines políticos cuando el ambiente lo permite y, sobre todo, cuando al mando se encuentran dirigentes que tienen esa inclinación deleznable. Esos planes no son nuevos ni pertenecen solo a las naciones que registran una alta población bajo la llamada línea de pobreza o en situación de extrema vulnerabilidad. Asistir a esas poblaciones refleja el carácter humanitario de los dirigentes, razón por la cual las críticas se pueden justificar cuando se tiene una opción distinta que ofrecerle al pueblo. Uno de los países con más programas destinados a socorrer a los más necesitados es Estados Unidos, donde podemos identificar los más masivos y de mayor impacto en beneficio de las personas carenciadas. Las asistencias a los estadounidenses son iniciativas de las administraciones federal, estatal y local, y proveen apoyo financiero, alimentario, de vivienda, salud y educación a personas que enfrentan dificultades económicas. Para alimentos existen los conocidos «cupones» (ahora EBT), con ayuda mensual mediante una tarjeta electrónica, y el WIC, que suministra alimentos nutritivos y educación nutricional a embarazadas, lactantes y niños. Opera uno para escolares que incluye desayunos y almuerzos gratuitos o a bajo costo en escuelas públicas para niños de familias de ingresos precarios, y otro programa de gran incidencia es el conocido como Sección, por vía del cual se ayuda a las familias de bajos ingresos, personas con discapacidades y ancianos a pagar el alquiler en viviendas del mercado privado, mientras que también existe otro para subsidiar viviendas públicas. Pero sin duda la asistencia mayor incidencia es el Medicaid, mediante el cual el Gobierno proporciona cobertura médica a personas de bajos ingresos, sus familias y para ancianos y discapacitados. Citamos apenas algunos programas de los más conocidos, pero hay al menos otros diez de significativo alcance. Es decir, que si existen tantos programas en una sociedad altamente desarrollada, donde las personas tienen mayores oportunidades, ¿Por qué criticarlos en un país como la República Dominicana, donde las carencias sobran? Ahora mismo resulta simpático montarse en la narrativa contraria a la distribución de los llamados bonos navideños, a los cuales, según el Gobierno, accederían unos tres millones de personas en condiciones de precariedad, con el propósito de que dispongan de alguna ayuda para sus necesidades en esta temporada. Las mayores críticas se fundamentan en que el organismo encargado de la asignación de las ayudas no se cuidó en limpiar su base de datos, razón por la cual aparecieron personas que no debieron figurar. Estoy convencido de que esa imprevisión en la limpieza de la base de datos no invalida el esfuerzo para que esa ayuda llegue a los destinatarios correctos, como tampoco fueron invalidadas en el pasado por el hecho de que las personas se vieran sometidas al vejamen de los atropelladores tumultos para recibir una caja o una funda con alimentos. Lo correcto sería practicar el proverbio chino que manda enseñar a pescar a las personas antes que regalarles un pescado. Sin embargo, pudiera suceder, como al caballo del arriero, que murió cuando ya estaba aprendiendo a no comer.

El éxito de un plan vial

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación   PERSPECTIVA: El plan de seguridad vial anunciado el lunes por el presidente Luis Abinader y varios funcionarios es una iniciativa que de llevarse a la práctica debería tener un impacto significativo en la reducción de la siniestralidad en el tránsito, un renglón negativo en el cual nuestro país ocupa uno de los primeros lugares en la región como principal causa de muerte. Lo delineado apunta a una relevancia si se implementa en su plenitud, aunque se generan interrogantes que deben ser despejadas. Una de ellas—probablemente la más trascendental—es qué hacer con los 3.7 millones de motocicletas que circulan sin ningún control por toda la República Dominicana, que representan el factor determinante para que el país tenga tan elevado sitial en las mediciones sobre siniestralidad vial. La preocupación no es solo eso, sino que se fundamenta en las estadísticas disponibles—que son muy pobres, por cierto—sobre el impacto de los motores en el flagelo de los accidentes y el papel que estos juegan como causantes de fallecimientos y lesiones permanentes. Las únicas estadísticas disponibles las recibimos luego de ocasiones especiales, como Semana Santa, Navidad y festividades que incrementan la movilidad vial, cuando las autoridades montan los llamados operativos. Al pasarse balance de esos operativos puntuales nos enteramos que, en promedio, el 70% de los eventos viales, las muertes y las lesiones es aportado por las motocicletas, un medio de transporte que se ha masificado de manera inimaginable y sin controles efectivos. Es decir, que al desagregar el factor motocicletas, las estadísticas relacionadas a accidentes viales tenderían a una reducción significativa, y, por consiguiente, nuestro país bajaría a los lugares menos punteros en cuanto a muertes, heridos y discapacidades permanentes que se derivan de ellos. Esta dramática circunstancia nos lleva a ser escépticos respecto del resultado a obtener del importante plan que se ejecutará, pero también representa una decisión retadora para las autoridades. ¿Qué se contempla frente al desafío de millones motocicletas conducidas por desaprensivos para quienes no existen normas? Y lo más relevante todavía: ¿Cuál será la conducta de los agentes encargados de hacer cumplir las leyes, y para quienes—frente a motoristas y “padres de familia” que conducen “conchos” y voladoras—las disposiciones son nulas? Esta es la cuestión crucial para el éxito que todos esperamos, pues afrontar con determinación el caso de las motocicletas tiene un impacto económico y de salud pública cuyos alcances ni siquiera el propio ministerio es capaz de medir, conforme observamos cuando el presidente Luis Abinader requirió los datos a los encargados Víctor Atallah y Mario Lama. Sin embargo, las consecuencias de los accidentes y su repercusión negativa en los planos de salud y laboral, se puede notar en diferentes lugares de trabajo, agencias de servicios gubernamentales como en los hospitales, adonde acuden personas en edad productiva con secuelas de esos eventos. Una persona que pierde un miembro siendo el proveedor de su familia, genera una tragedia personal, económica y social, al dejar de llevar el sustento a sus dependientes como consecuencia de su discapacidad para el trabajo. De modo que, el efecto motocicletas desencadena unas derivaciones trágicas en muchos sentidos, razón por la cual, al abordar el tema del tránsito, ese medio de transporte es fundamental.

La soledad en el poder

Por Nelson Encarnación   La soledad del poder es un concepto referido, básicamente, al espacio y tiempo cuando el gobernante entra en la etapa final de su mandato, en la cual, como ratas en naufragio, algunos de su cercanía—y más aun de los aparecidos—empiezan a saltar del simulado barco del Estado. Es decir, un mandatario que concluye y no tiene opción de continuidad, comienza a experimentar la soledad, pues casi siempre se va quedando con pocos leales que permanecen a su lado a pesar de las tempestades. Sin embargo, no siempre tiene que ser en ese momento ni en esas circunstancias cuando se experimenta la soledad, porque se puede estar solo en la defensa de políticas esenciales para la buena marcha de la administración. Y peor es cuando se desconecta con la población porque esta carece de la información básica para no dejarse confundir. Verbigracia, el reciente naufragio de la reforma fiscal es un caso específico. El presidente Luis Abinader está convencido de que la reforma no solo era y sigue siendo necesaria, casi indispensable, sino que sus efectos negativos podrían ser atenuados con los positivos. Estos elementos de gran impacto positivo quedaron sepultados por la corriente mediática que satanizó la reforma, mientras los encargados de contrastar lo bueno con lo malo, fueron ahogados de tal forma que el proyecto parecía no contener nada positivo. Pero veamos, someramente, algunos puntos fundamentales que la población desconoció en detalle, porque falló la didáctica de los encargados de hacerlos digeribles: —Se proyectaba duplicar el salario mínimo del sector público, lo que también implicaba que otros salarios subsiguientes aumentaran empujados por el menor. —Los municipios y distritos verían duplicados sus presupuestos, con el impacto que esto representaba para las comunidades, expresado en obras, mejoramiento de entornos y más. —Se difería el pago del anticipo para ser liquidado trimestralmente, lo que tendría un efecto altamente significativo en el fortalecimiento de las mipymes, cuya incidencia casi revolucionaria repercutiría en la creación de nuevas empresas y, por consiguiente, la posibilidad de ampliar la clase media. ¿Por qué la población no fue debidamente edificada sobre estos y otros aspectos positivos de la reforma y se permitió que la parte negativa se impusiera? Solo dejo esta interrogante, porque el presidente no puede, al mismo tiempo, cantar la misa y andar en la procesión.

Entre lo justo y lo enérgico

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación   PERSPECTIVA: Uno de los pensamientos legados por Juan Pablo Duarte, fundador de nuestra nacionalidad, empieza con estas palabras: “El Gobierno debe ser justo y enérgico…”, lo que de antemano infiere lo contrario de la arbitrariedad, y, por consiguiente, negativo frente al autoritarismo. Quiero montarme en esa corta expresión duartiana para referirme a la decisión del presidente Luis Abinader de retirar el proyecto de reforma fiscal, a pesar de estar más que nadie consciente de la necesidad de su aprobación.¿Le faltó energía al jefe del Estado para sostener la reforma? Creo que no. Lo que estoy seguro es que le sobró lo justo que aconsejó el caudillo de nuestro nacimiento como país soberano. Para desistir de la reforma hay que pasarse de desprendido, sobre todo cuando se dispone de una mayoría tan significativa en las Cámaras Legislativas, suficiente para aprobar cualquier iniciativa sin contar con las demás fuerzas. Pero esto negaría lo justo para afincar lo autoritario. Ahora bien, el líder de la nación tiene que asumir riesgos cuando emprende políticas cruciales que no siempre serán del agrado generalizado, como en este caso concreto, porque la reforma no es un capricho de Luis, sino una necesidad. A mi entender—absolutamente simplista—el riesgo de hacer la reforma es mucho menor que no hacerla, tomándose en consideración que la acumulación de déficit fiscal y el consiguiente crecimiento del endeudamiento público, conspiran contra la estabilidad de la economía y crean una dependencia insostenible a mediano plazo. Los números hablan claro. En la medida crece la deuda y se necesita destinar más recursos para amortizarla, del mismo modo cae la capacidad del Gobierno para hacer inversiones en áreas de altísimo impacto, como mejoramiento del transporte público, nuevas carreteras, hospitales, más escuelas, obras de riego, entre otras infraestructuras. Te puede interesar:   !Escribidor autodefinido gris! Cuando se evalúe en el futuro la administración de Luis Abinader, los sensatos recordarán a un presidente abierto a las sugerencias y atendió las sugerencias razonadas que pusieron—como en este caso reparos a la reforma, pero, al mismo tiempo, que se dejó influir por el bullicio que nada positivo aporta. Al final, si no tiene para mostrar una amplia cartera de realizaciones materiales, poco le juzgarán su vocación a escuchar, mientras la mayoría le enrostrará no disponer una obra visible. Y esto último sólo se plasma con dinero. Otro elemento a tomar en cuenta es aun cuando el mandatario quisiera insistir con la reforma—ya dijo que no, lo que es un error—para buscar “consenso”, él sabe también mejor que cualquiera que se trataría de una misión casi imposible, pues los factores en contra están determinados a que no se apruebe ninguna reforma. Los sectores empresariales lo hacen desde su posición de intereses económicos y su vocación rentista, mientras los políticos tienen suficiente en juego de cara a futuras contiendas electorales. En medio de un ambiente con semejante nivel de contaminación, el gobernante no puede aspirar a consensuar nada.

La reforma es un trago amargo

VISIÓN GLOBAL Nelson Encarnación   PERSPECTIVA: Quien pretenda siquiera sugerir que existe una reforma fiscal simpática, no solo se quiere hacer el distraído, sino que es un hipócrita incorregible. Eso, sencillamente, nunca lo hubo ni lo habrá. Ni aun los parches tributarios aplicados en los últimos 25 años pasaron sin generar resistencia, puesto que las reformas, por simple que resulten, terminan impactando negativamente a algún sector. La última reforma tributaria de gran calado se produjo en 1992 con el país literalmente en el precipicio estructural, sin vías de solución para un desbalance tan dramático que pensábamos que sería casi imposible de rebasar. Para entonces se echó mano a un recurso llamado diálogo tripartito, en el que todos los sectores depusieron intereses, se ajustaron el cinturón y el país salió a flote, dirigido por el presidente Joaquín Balaguer, sin dudas uno de los líderes de mayor arraigo en la política y la conducción del Estado. A pesar de la crisis surgida por los cuestionamientos a su reelección de 1990, Balaguer conservaba la autoridad suficiente para sentar en la misma mesa a políticos, empresarios y sindicalistas, quienes lograron armonizar la más profunda y duradera reforma estructural. La reforma que ha presentado el Gobierno es la más amplia después de aquella, y tiene la virtud de que se encamina sin que el país se encuentre en la encrucijada de 1992. Tal vez por ello el presidente Luis Abinader decide asumir el eventual costo político que se pudiera derivar de esta, pero también consciente de que en la coyuntura actual resultaría poco probable que la oposición preste su concurso para afrontar lo que en términos macroeconómicos es impostergable. Un factor que hace intrascendente la búsqueda de consenso político—que de antemano era descartable—es que el presidente goza de una privilegiada correlación congresual suficiente para aprobar la reforma con su propia bancada. Todos los sectores están conscientes de que un país no puede pretender que sus necesidades se resuelvan con endeudamiento externo continuado, sin correr el riesgo de descalabrarse, al punto de no poder pagar ni que nadie le preste un peso. Obtener más recursos sin endeudarse es un imperativo urgentísimo que el Gobierno asume con valentía, pues de no afrontarlo y dejar que la bola corra, se expondría a que la crisis le reviente. Y un presidente responsable no haría eso.