UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Claudia Sheinbaum: Solidaridad sin pausa hacia Cuba

La presidenta Claudia Sheinbaum reitera que México continuará enviando ayuda material a Cuba, asediada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense; califica el gesto como un acto de “solidaridad” histórica del pueblo mexicano. Por Ángel F. Guzmán  Ciudad de México, 9 de junio. — Frente al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial, financiero y energético impuesto por Estados Unidos a Cuba, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reafirmó hoy la decisión de su gobierno de mantener y profundizar la ayuda material hacia la isla. “Se sigue enviando ayuda de todo tipo y vamos a seguir enviando”, declaró la mandataria durante su habitual conferencia matutina, al ser cuestionada sobre los recientes agradecimientos públicos del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hacia la postura mexicana. Con la sobriedad que caracteriza su discurso oficial, Sheinbaum subrayó que esta política no responde a una coyuntura diplomática, sino a un principio arraigado en la historia nacional. “Siempre lo ha hecho el pueblo de México y lo vamos a seguir haciendo, porque es un pueblo que lo necesita”, afirmó, despojando cualquier ambigüedad a su postura. La ayuda, precisó, abarca múltiples rubros y se mantendrá en el tiempo sin condiciones. La declaración ocurre en un contexto de máxima tensión para La Habana, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, endureciera aún más el cerco contra la isla mediante una orden ejecutiva firmada el pasado enero. A las ya seis décadas de bloqueo se suman ahora restricciones que afectan —de manera crítica— el acceso a combustibles, con secuelas directas en la generación eléctrica, el funcionamiento de hospitales, la producción y distribución de alimentos, y el suministro de agua potable en la nación caribeña. Las recientes declaraciones de Trump —quien ha insinuado que, de regreso de un viaje a Irán, Washington hará “una breve parada” en Cuba— han encendido alarmas en la región. Sin embargo, lejos de amedrentarse, sectores populares, gobiernos y fuerzas políticas de México y el mundo han multiplicado las voces de rechazo y denuncia. En ese coro, el mensaje de Sheinbaum se erige como uno de los más firmes: la solidaridad mexicana no se negocia ni se somete a presiones externas. “Es un asunto de solidaridad”, resumió la presidenta, levantando así —sin estridencias, pero con la precisión de un acto soberano— la bandera de una tradición que México ha cultivado incluso en los momentos más adversos de la historia reciente de Cuba. Mientras el bloqueo aprieta, la respuesta de este país, al menos en palabras y hechos concretos, parece ser la de no ceder un milímetro en su compromiso humanitario.

\»Genocida, criminal e inhumano\»: el grito de Cuba contra el cerco que la asfixia

En medio del recrudecimiento del bloqueo y las presiones de Washington sobre América Latina, Miguel Díaz-Canel recibe en La Habana al Convoy Nuestra América, una oleada solidaria de 650 activistas de 30 países que desafían el cerco imperial con donativos, banderas cubanas y la promesa de defender la isla con las armas si fuera necesario. \»Vamos a dar la vida defendiendo la Revolución\», sentenció el mandatario. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA Hay momentos en que la historia se concentra, se vuelve densa como la humedad del trópico, y en cada esquina de La Habana Vieja se respira algo más que el azúcar quemado de los barcos en la bahía. Este viernes fue uno de esos días. El presidente Miguel Díaz-Canel, con la voz entera y la mirada fija en un horizonte que se obstina en cercarlo, recibió a centenares de políticos, intelectuales y activistas que llegaron a la isla no con las manos vacías, sino con la generosidad a cuestas y la convicción de que el aislamiento, esa vieja apuesta imperial, puede ser derrotado con puentes de solidaridad. Ellos conforman el Convoy Nuestra América, una iniciativa que en su décimo aniversario —cuando Barack Obama pisó La Habana en un deshielo que nunca culminó— se presenta como un desafío tangible al cerco. Más de 650 personas de 30 países, envueltas en guayaberas y banderas cubanas, colmaron el acto de recibimiento. \»Cuba, Cuba, Cuba; libre y testaruda\», coreaban mientras alzaban carteles que decían: \»Levanten el bloqueo en Cuba\» y \»Cuba vencerá\». En medio de ellos, también ondeaban banderas de Palestina, como si las resistencias del mundo hubieran decidido citarse en el mismo lugar. El presidente no escatimó calificativos para referirse al embargo que durante más de seis décadas ha asfixiado a la isla y que, en las últimas semanas, Washington ha recrudecido con una virulencia que muchos califican de exponencial. Lo llamó \»genocida, criminal e inhumano\». Y su voz se hizo más grave al denunciar la \»brutal\» presión de Estados Unidos sobre los gobiernos de América Latina para que se sumen al aislamiento. Sin mencionar nombres, señaló las decisiones recientes de Ecuador y Costa Rica de romper en la práctica sus relaciones diplomáticas con Cuba, y la salida de las misiones médicas de países vecinos como Jamaica, Guatemala y Honduras. \»Lamiéndole la bota a los representantes del imperio\», dijo de aquellos que, según su visión, se subordinan vergonzosamente a las órdenes de aislar a Cuba. Pero no fue solo un discurso de denuncia. Díaz-Canel, con la solemnidad de quien sabe que las palabras también son un campo de batalla, se detuvo en la realidad concreta del sistema sanitario cubano: más de 96.000 pacientes esperando una operación, 11.000 de ellos niños. Esa cifra, fría como un quirófano vacío, fue el argumento para preguntarse en voz alta: \»¿Cómo es posible que una nación tan poderosa tenga que acudir a la mentira para asesinar la reputación de un país?\». Y remató con una máxima que parece salida de un manual de resistencia: \»Como decía el Che, del imperialismo no se puede fiar uno ni tantito así\». El momento más simbólico de la jornada llegó cuando el presidente entregó al cantautor Silvio Rodríguez un fusil AKM —el mismo que el trovador había solicitado para defender a Cuba si Estados Unidos se lanza—. Ada Galano, miembro de la organización Mujeres contra la Guerra, hizo la misma promesa: \»Tengan prontas nuestras AKM, porque como hoy venimos con medicinas, mañana venimos con las armas si es necesario\». Díaz-Canel sonreía emocionado ante la declaración de la cubano-italiana. Era la sonrisa de quien sabe que la lealtad no se compra y que la solidaridad, a veces, se viste de acero. \»Esta es una caravana de dignidad\», celebró el presidente mirando a los líderes con los que se había reunido previamente en una jornada que describió como \»de infarto\». \»Ustedes construyen los puentes que el imperio no puede destruir. Esto desmonta la falacia yanki de que Cuba está sola\». Entre los asistentes destacaba Medea Benjamin, fundadora de la ONG Code Pink, quien quiso dejar claro que Donald Trump no representa al pueblo de los Estados Unidos. \»Vamos a volver a nuestro país con los relatos de lo que estamos viendo y viviendo aquí para convencer a los que gobiernan para que acaben con esa política tan cruel e inhumana\», exclamó. Más contundente fue Michele Curto, activista italiano: \»Si me tocara a mí vivir en esta situación no aguantaba ni 15 días. Y si él [Donald Trump] dice que con gusto va a tomarse la isla, con más gusto la vamos a defender\». El Convoy Nuestra América cuenta con el respaldo de la Flotilla Global Sumud, conocida por su labor en la Franja de Gaza, y de figuras como la activista sueca Greta Thunberg. Aunque estaba previsto que llegara a La Habana este sábado, problemas administrativos y climáticos han retrasado el arribo. Parte de los tripulantes zarparon alrededor de las 15.15 hora local y calculan que la travesía durará al menos 58 horas. Estiman llegar el domingo en la noche o el lunes. Los donativos que traen como equipaje —costeados de su propio bolsillo— serán entregados a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), que se encargará de que la ayuda llegue directamente a la población y a los centros médicos de la isla. Fernando González, al frente del Instituto, celebró la capacidad de convocar y traer ayuda en este momento crítico. \»Cada uno de ustedes con su voz nos devuelven la certeza de que la lucha por la justicia no es solitaria\», dijo antes de lanzar un desafío: \»Nos quieren ver rendidos y en el suelo, pero la historia será el mejor testigo: No lo lograrán. Aquí hay un pueblo dispuesto a defender incluso con la vida los logros de la Revolución. Si algo define a los cubanos no es la escasez que nos imponen, sino la capacidad de resistir\». Mientras las banderas seguían ondeando en la tarde habanera, Díaz-Canel insistió en una idea que el Ejecutivo repite como

Cuba Convertida en el Muro de la Dignidad 

Hay momentos en la historia de las naciones en que las palabras se convierten en la primera trinchera. A veces, la única. Ayer, desde La Habana, Miguel Díaz-Canel ocupó esa posición con la firmeza de quien sabe que, detrás de su voz, se yergue un pueblo que ha hecho de la resistencia su principal divisa. \»Cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable\», advirtió el mandatario cubano. Y no era retórica. Era la historia hablando por su conducto. Porque si algo ha demostrado Cuba a lo largo de más de seis décadas es que la dignidad no se rinde, no se pliega, no se negocia. Lo han intentado todo contra la isla: invasiones, atentados, terrorismo, aislamiento, asfixia. Y, sin embargo, ahí está. De pie. Con las heridas abiertas por un bloqueo que es, en esencia, el castigo más prolongado y cruel que se haya infligido jamás a pueblo alguno, pero con la frente en alto. Las declaraciones de Donald Trump, manifestando su deseo de \»tomar o liberar\» Cuba, no son una simple bravata de quien se siente con derecho a disponer del destino de otras naciones. Son la expresión más cruda de una mentalidad imperial que nunca ha terminado de asumir que Cuba no es una propiedad, ni un feudo, ni una pieza de caza mayor. Es una patria. Con toda la carga de soberanía, de historia y de sacrificio que esa palabra encierra. Llama poderosamente la atención, eso sí, el contraste entre el tono de la respuesta de Díaz-Canel y la disposición al diálogo que el propio gobierno cubano había mostrado apenas días antes. El viernes, el presidente cubano admitía conversaciones con representantes de la Administración republicana, en busca de un entendimiento sobre bases de igualdad y respeto mutuo. El domingo, Trump confirmaba esos contactos. Pero el lunes, el inquilino de la Casa Blanca ya estaba hablando de \»tomar\» la isla. Algo se rompió en el camino. O quizá no. Quizá lo que ocurrió es simplemente que el rostro amable de la diplomacia dejó paso al rostro real del poder cuando se siente con la fuerza suficiente para imponer sus condiciones. Las filtraciones sobre una transición sin Díaz-Canel al frente, emulando el modelo aplicado en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, despejan cualquier duda sobre las verdaderas intenciones de Washington. No se trataba de negociar. Se trataba de rendir. Y Cuba no se rinde. Esa es la lección que el imperio parece no terminar de aprender. Puede que la economía esté debilitada, que las dificultades sean inmensas, que el pueblo cubano lleve demasiado tiempo soportando lo insoportable. Pero rendirse no es una opción. No lo fue en Playa Girón. No lo fue en los años del Período Especial. No lo será ahora. Marco Rubio, desde su posición de secretario de Estado, ha condicionado cualquier acercamiento a que La Habana realice \»cambios drásticos\» en su política económica. Lo hace, además, justo cuando el gobierno cubano anuncia su disposición a entablar una relación comercial fluida con empresas estadounidenses. Es decir, cuando da un paso al frente en la dirección que supuestamente se le reclama. La respuesta es más exigencias. Siempre más. Porque el objetivo no es el cambio, sino la rendición. Conviene recordar, aunque parezca obvio, que Cuba es un país independiente. Que sus problemas, que son muchos y profundos, deben ser resueltos por los cubanos que habitan la isla, no por burócratas sentados en Washington ni por políticos que ven en la isla un trofeo que exhibir ante sus electores. El aporte que legítimamente corresponde hacer a Estados Unidos no es la injerencia, ni las amenazas, ni los ultimátum. Es, sencillamente, la eliminación de ese bloqueo criminal que durante más de sesenta años ha sofocado la economía cubana y lastrado el bienestar de su pueblo. Todo lo demás es ruido. Un ruido que, ayer, encontró enfrente un muro. No de silencio, sino de fuego retórico. El muro de la dignidad. Ese que los cubanos llevan construyendo, piedra sobre piedra, desde mucho antes de que a nadie en la Casa Blanca se le ocurriera que la isla podía ser tomada como quien toma una mesa de juego. Que quede claro: Cuba no se toma. Se respeta. Y si algo ha demostrado su historia reciente es que, contra todo pronóstico, contra toda lógica del poderoso, contra toda asfixia, la resistencia sigue siendo inexpugnable. Díaz-Canel lo ha dicho. La historia lo avala. Y el pueblo, ese pueblo que llena las gradas de los estadios de Miami cuando juega la selección de béisbol, que envía remesas a sus familiares, que mantiene viva la llama de la cubanía a pesar de la distancia, lo sabe mejor que nadie. El muro está en pie. Y no será un tuit, por altisonante que sea, el que consiga derribarlo.

Díaz-Canel Erige un Muro de Fuego Retórico Frente a Trump: “Cualquier Agresor Externo Chocará con una Resistencia Inexpugnable”

El mandatario cubano responde con inusitada dureza a las declaraciones del presidente estadounidense, quien manifestó su deseo de \»tomar o liberar\» la isla, en una escalada diplomática que contrasta con los recientes contactos entre ambos gobiernos para explorar un acercamiento bilateral. Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA  La Habana ha roto su silencio con la contundencia de quien se sabe observado desde el poderoso vecino del norte. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, elevó este martes el diapasón de su discurso hasta alcanzar notas de una gravedad poco comunes, erigiéndose en baluarte de la soberanía insular frente a lo que calificó como amenazas públicas y sistemáticas provenientes de la Casa Blanca. En una extensa declaración difundida a través de sus redes sociales, el mandatario cubano lanzó una advertencia directa al expresidente y actual inquilino del Despacho Oval, Donald Trump: \»Cualquier agresor externo que avance sobre la isla chocará con una resistencia inexpugnable\». La respuesta de Díaz-Canel, envuelta en la prosa encendida de quien invoca la historia patria, no es un hecho aislado, sino la culminación de una semana de tensiones diplomáticas que han transitado de los cauces discretos de la negociación al estruendo de las declaraciones públicas. El detonante inmediato fueron las palabras de Trump el pasado lunes, cuando, ante periodistas congregados en el Salón Oval, manifestó sin ambages que tendría \»el honor\» de \»tomar o liberar Cuba\». \»Creo que puedo hacer lo que quiera con ella. Es una nación muy debilitada en este momento\», agregó el mandatario republicano, en una afirmación que ha sido interpretada en La Habana como una amenaza existencial. \»Estados Unidos amenaza públicamente a Cuba, casi a diario, con derrocar por la fuerza el orden constitucional\», escribió Díaz-Canel en su alegato. \»Y usa un indignante pretexto: las duras limitaciones de la debilitada economía que ellos han agredido y pretendido aislar hace más de seis décadas\». Con estas palabras, el presidente cubano no solo respondía a la bravata trumpista, sino que tejía un argumento histórico que sitúa el actual momento de crisis como consecuencia directa de la política de asfixia económica mantenida por sucesivas administraciones estadounidenses. El mensaje presidencial denuncia que desde Washington \»pretenden y anuncian planes para adueñarse del país, de sus recursos, de las propiedades y hasta de la misma economía que buscan asfixiar para rendirnos\». \»Solo así se explica\», abundó Díaz-Canel, \»la feroz guerra económica que se aplica como castigo colectivo contra todo el pueblo\» de Cuba, en una clara referencia al bloqueo que pesa sobre la isla desde hace más de sesenta años. La aspereza del tono empleado por el mandatario cubano contrasta de manera notable con la moderación mostrada apenas cuatro días antes. El pasado viernes, en unas declaraciones que sorprendieron por su talante conciliador, Díaz-Canel había admitido que su gobierno sostenía conversaciones con representantes de la Administración republicana. \»En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía y a la autodeterminación de nuestros gobiernos\», manifestó entonces el presidente, en un tono que invitaba al entendimiento bilateral. Aquel primer gesto de apertura, que parecía indicar una disposición al diálogo en medio de la debacle económica que atraviesa la isla, encontró eco al otro lado del estrecho de la Florida. El domingo, el propio Trump confirmó la existencia de esos contactos y reveló que Cuba quería \»llegar a un acuerdo\». Sin embargo, la aparente ventana de entendimiento se cerró con estrépito apenas veinticuatro horas después, cuando el presidente estadounidense lanzó su provocadora idea de \»tomar Cuba\», acompañada de filtraciones a la prensa que apuntaban a un escenario de transición política sin Díaz-Canel al frente, siguiendo el modelo aplicado en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y el apoyo a Delcy Rodríguez como \»presidenta encargada\». La escalada diplomática continuó este mismo martes con un nuevo frente abierto por el secretario de Estado, Marco Rubio. El funcionario estadounidense condicionó cualquier acercamiento a que La Habana realice \»cambios drásticos\» en su política económica. Esta exigencia se produjo horas después de que el gobierno cubano anunciara su disposición a entablar una relación comercial \»fluida\» con empresas estadounidenses, en lo que constituía un gesto de apertura sin precedentes recientes. En el trasfondo de este tenso intercambio de declaraciones subyace una realidad incontrovertible: Cuba es un país independiente y, como tal, las soluciones a sus problemas deben ser encontradas por los cubanos que habitan la isla, sin injerencias externas que pretendan tutelar su destino. El aporte que legítimamente corresponde hacer a Estados Unidos para aliviar la crisis que atraviesa la nación caribeña no es otro que la eliminación del criminal bloqueo que durante más de seis décadas ha sofocado su economía y lastrado el bienestar de su pueblo. Mientras tanto, la retórica incendiaria y las amenazas de intervención no hacen sino alejar la posibilidad de un entendimiento que, a juzgar por los recientes contactos, ambas partes parecían estar explorando en la intimidad de los canales diplomáticos.

El crimen de la luz: Cuba ante la agonía impuesta

La noche cubana ya no es la de los bares de La Habana ni la de los malecones iluminados por la luna. Es una noche densa, total, impuesta. Una oscuridad que no nace de la voluntad de sus habitantes ni de un capricho de la naturaleza, sino de la maquinaria más implacable que haya conocido la política exterior moderna: el bloqueo de Estados Unidos, ese cerco criminal que durante más de sesenta años ha pretendido rendir por hambre a un pueblo que solo defiende su derecho a existir con dignidad. Lo que ocurre hoy en Cuba no es una crisis energética más. Es una ejecución programada. Desde que el pasado 29 de enero la administración Trump declarara la "emergencia nacional" para la isla, amenazando con sanciones a cualquier país que se atreva a proveerle combustible, el grifo del mundo se ha cerrado para los cubanos. Tres meses sin que entre una sola gota de petróleo. Tres meses de asfixia calculada, de apagones que superan las veinte horas diarias, de hospitales operando a tientas, de niños estudiando a la luz de velas, de abuelos muriendo en silencio porque la oscuridad también apaga los respiradores. Este lunes, el sistema eléctrico colapsó por completo. Un apagón total sumió a la isla en la Edad Media mientras, al otro lado del estrecho, el presidente de Estados Unidos fantaseaba desde su escritorio con "tomar Cuba" porque, según sus propias palabras, "tiene una tierra linda y vistas lindas". La frivolidad del poderoso que observa el hambre ajena como quien contempla un atardecer desde su balcón. No nos engañemos. El bloqueo no es una medida política. Es un acto de guerra en tiempos de paz. Es la negación deliberada del derecho más básico: el derecho a vivir. Durante seis décadas, Washington ha perfeccionado este mecanismo de destrucción masiva, blindándolo con leyes extraterritoriales, intimidando a gobiernos, persiguiendo barcos, congelando cuentas y castigando a empresas que osen comerciar con la isla. El objetivo nunca ha sido "promover la democracia", como repiten los voceros de turno. El objetivo ha sido, y sigue siendo, doblegar la dignidad de un pueblo que cometió el imperdonable pecado de querer ser libre. Y ahora, en su arrogancia, pretenden además decidir quién debe gobernar la isla. Las filtraciones a la prensa neoyorquina hablan de exigencias inaceptables: la cabeza del presidente Miguel Díaz-Canel como condición para cualquier acuerdo. Como si los cubanos fueran marionetas cuyo hilo puede ser cortado desde el norte. Como si la historia de resistencia de una nación entera pudiera resumirse en un cambio de nombre en la tarjeta de presentación de La Habana. Desde este medio dominicano, que conoce bien el peso de las intervenciones y el sabor amargo de las imposiciones, hacemos un llamado a los pueblos y gobiernos del mundo. No se trata de simpatías ideológicas. Se trata de humanidad elemental. Se trata de mirar a once millones de seres humanos condenados a la oscuridad por la soberbia de un imperio que no tolera la desobediencia. América Latina y el Caribe tienen una deuda histórica con la solidaridad. No podemos permitir que, en nuestro propio patio, se consume un crimen de lesa humanidad con la complicidad del silencio. Los puertos de la región deben abrirse al combustible que Cuba necesita. Los cancilleres deben alzar la voz en todos los foros internacionales. La Organización de Naciones Unidas, que año tras año condena el bloqueo por mayoría abrumadora, debe pasar de las resoluciones simbólicas a las acciones concretas. Porque lo que está en juego no es un gobierno ni un modelo económico. Lo que está en juego es la vida misma. La vida de una madre que no puede cocer los frijoles porque no hay gas. La vida de un enfermo que depende de un respirador eléctrico. La vida de un niño que merece crecer sin que la oscuridad sea su única maestra. El bloqueo es un crimen. Y los crímenes, cuando son prolongados en el tiempo, no se convierten en política. Se convierten en barbarie. Es hora de que el mundo despierte y diga basta. Es hora de que la luz vuelva a Cuba. No como concesión, sino como derecho. Que la comunidad internacional actúe. Que los pueblos se movilicen. Que la dignidad cubana no sea apagada por la fuerza bruta de quienes solo entienden el lenguaje del dominio. umbral.local/ se suma a la voz de los que exigen justicia. Por Cuba. Por el Caribe. Por la humanidad.

“Cuba No Está Sola”

Ante el nuevo bloqueo petrolero impuesto por Washington, el presidente Miguel Díaz-Canel agradece el apoyo de México y otros aliados, enuncia una cronología secreta de gestos de solidaridad internacional y anuncia un giro estratégico hacia las energías renovables, mientras prepara al país para una posible escalada de tensiones con Estados Unidos. Por Julio Guzmán Acosta LA HABANA.— La frase, pronunciada con la solemnidad de quien sabe que es más un juramento que una mera declaración, resonó en el aire cargado de la capital cubana: “Cuba no está sola”. El presidente Miguel Díaz-Canel, de pie frente a las cámaras en un mensaje televisado y luego en una conferencia de prensa este jueves, trazó un mapa alternativo de alianzas frente al cerco energético que Washington ha endurecido. No habló desde la angustia del asediado, sino desde la fortaleza calculada del que cuenta con respaldos en las sombras. Su agradecimiento público fue, significativamente, para la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, cuyo gobierno no solo defiende la ayuda humanitaria enviada, sino que evalúa un riesgoso envío de petróleo desafiando las amenazas de sanciones estadounidenses. El discurso de Díaz-Canel fue un ejercicio de geopolítica en tiempo real. Reconoció, con una franqueza inusual, que el bloqueo —que ha privado a la isla de suministro regular de crudo desde diciembre— busca “asfixiarnos completamente” y tendrá consecuencias severas. Pero rápidamente pivotó hacia el contraataque diplomático. Detalló una “cronología detallada” de muestras de solidaridad recibidas desde inicios de febrero, un archivo secreto de apoyos que incluye, además de México, a Rusia, China, Venezuela y “otros actores políticos”. Subrayó que tras los pronunciamientos públicos hay “gestiones diplomáticas y alternativas” que, por razones de seguridad, no pueden divulgarse. Era un mensaje claro para Washington y para los cubanos: el aislamiento es una ilusión; la red de resistencia está activa y es más profunda de lo que se ve. Frente a la asfixia energética, el mandatario anunció una respuesta doble: medidas de emergencia inmediatas y una apuesta estratégica de largo plazo. En un giro revelador, informó que Cuba ha instalado 49 parques fotovoltaicos en el último año, logrando elevar la participación de las energías renovables del 3% al 10% del consumo nacional. Es una cifra que, más que un logro técnico, es un símbolo político: la búsqueda de una soberanía energética que ya no dependa únicamente de los buques petroleros, sean estos venezolanos, mexicanos o de cualquier otro origen. Sin embargo, la sombra de la confrontación es alargada. Díaz-Canel reiteró que Cuba es “un país de paz”, pero admitió, con realismo frío, que se prepara para una “posible escalada de tensiones” con Estados Unidos. Criticó con dureza la decisión de la administración Trump de mantener a la isla en la lista de países “patrocinadores del terrorismo”, una etiqueta que calificó de “injustificada y falsa”, y que funciona como un multiplicador de sanciones económicas. Desde la Ciudad de México, el eco fue inmediato. La presidenta Sheinbaum, consolidando su postura como principal valedora regional de la isla, no solo defendió la ayuda enviada, sino que confirmó que su gobierno “analiza” el espinoso tema de un posible envío de petróleo. Es una consideración que pone a prueba la nueva doctrina de soberanía mexicana que ella misma enarboló días atrás en Querétaro, desafiando directamente las amenazas de aranceles de Trump hacia quienes exporten crudo a Cuba. Así, en un jueves de febrero, el pulso geopolítico del Caribe y América Latina se tensó un poco más. Díaz-Canel, con su mensaje, no hizo solo un inventario de apoyos; delineó los contornos de un nuevo frente diplomático y energético. La soledad de la que habla Washington se topa con una fraternidad articulada desde México, Moscú, Pekín y Caracas. Y en el horizonte, entre las sombras de las gestiones secretas y los paneles solares recién instalados, Cuba prepara su próximo movimiento en un juego donde la supervivencia es, en sí misma, la mayor declaración de independencia.

Cuba Declara Duelo Nacional por la Muerte de 32 Cooperantes en el Bombardeo a Venezuela

El presidente Díaz-Canel honra a los caídos en \»combate directo\» contra las fuerzas estadounidenses y decreta dos días de luto oficial, suspendiendo espectáculos públicos e izando la bandera a media asta en todo el país. Por Julio César Guzmán Acosta LA HABANA, 4 de enero de 2026.— Con un decreto presidencial de solemne y combativa elocuencia, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, declaró este sábado dos días de Duelo Nacional en toda la isla, tras confirmar que 32 cooperantes militares y del Ministerio del Interior cubanos perdieron la vida durante el “criminal ataque” ejecutado por Estados Unidos contra Venezuela. Los fallecidos, que cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior a solicitud de Caracas, cayeron “en combate directo contra los atacantes o como resultado de los bombardeos”, según el texto oficial. El decreto 1147, publicado en la Gaceta Oficial de la República, establece que el duelo regirá desde las 6:00 a.m. del lunes 5 de enero hasta la medianoche del martes 6 de enero. Durante este período, la Bandera de la Estrella Solitaria se izará a media asta en todos los edificios públicos e instituciones militares, y quedarán suspendidos los espectáculos públicos y actividades festivas en todo el territorio nacional. Los ministros de las FAR, del Interior y de Relaciones Exteriores quedan encargados de hacer cumplir la disposición. Un acto de solidaridad pagado con sangre El decreto, fundamentado en los artículos 125 de la Constitución cubana y 24 de la Ley 136, no es solo un acto administrativo de luto; es un documento político de alta carga simbólica. Al detallar que los compatriotas “cumplieron dignamente con su deber y cayeron, tras férrea resistencia” y que “supieron poner en alto, con su actuación heroica, el sentir solidario de millones de compatriotas”, el gobierno cubano eleva la muerte de los 32 cooperantes a la categoría de sacrificio por la solidaridad internacionalista, principio fundacional de la Revolución. Esta pérdida representa la consecuencia más grave y tangible para Cuba de la intervención militar estadounidense en Venezuela, y confirma la profundidad de la alianza estratégica y militar entre La Habana y Caracas. La presencia de personal cubano en misiones de asesoría y cooperación en Venezuela ha sido durante años un punto de fricción con Washington, que ahora se ve dramáticamente exacerbado con un saldo fatal sin precedentes en décadas. Un mensaje de resistencia y un llamado a la memoria La declaración de duelo, fechada en el Palacio de la Revolución y firmada en el “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, envía múltiples mensajes. Internamente, cohesiona a la población en torno a una narrativa de resistencia y honor frente a lo que califica como agresión imperial. Externamente, proyecta una imagen de Cuba como nación dispuesta a pagar un precio alto por sus alianzas y principios, al tiempo que carga de dramatismo su condena a la operación estadounidense. El duelo nacional coincide con el inicio de una batalla diplomática global por la liberación del presidente Nicolás Maduro y la condena de la intervención. Al honrar a sus caídos de esta manera, Cuba no solo llora a sus muertos, sino que politiza su sacrificio, convirtiéndolo en un argumento adicional para exigir responsabilidades y movilizar la opinión pública internacional contra lo que denomina, sin ambages, un “criminal ataque”. Las banderas a media asta en la isla son, también, una bandera de combate en el escenario de la disputa ideológica y geopolítica que ha estallado en el Caribe.

Rusia fue, es y será invencible ante el nazismo, asegura Putin

Moscú, 9 may (Prensa Latina) El presidente de Rusia, Vladimir Putin, aseguró hoy que su país fue, es y será invencible ante el nazismo y los planes de ocupar el gigante euroasiático. PRENSA LATINA «Rusia ha sido y seguirá siendo una barrera indestructible contra el nazismo, la rusofobia y el antisemitismo, y luchará contra las tropelías cometidas por los defensores de estas ideas agresivas y destructivas. La verdad y la justicia están de nuestro lado», sentenció en su discurso al inicio del desfile militar por el aniversario 80 de la victoria soviética sobre la Alemania nazi. Hoy todos estamos unidos por sentimientos de alegría y tristeza, orgullo y gratitud, adoración por la generación que aplastó al nazismo y conquistó la libertad para toda la humanidad a costa de millones de vidas, remarcó el mandatario. Al respecto, destacó que los padres, abuelos y bisabuelos salvaron la patria y les legaron la defensa de esta, así como estar unidos y defender con firmeza los intereses nacionales, historia milenaria, cultura y valores tradicionales. En ese sentido, el jefe de Estado manifestó que hoy todo el pueblo del territorio eslavo, como herederos de los vencedores, celebra la festividad del 9 de mayo como la más importante para toda la nación, para cada familia, para cada uno de los rusos. Putin destacó que Rusia «recuerda las lecciones de la Segunda Guerra Mundial y nunca aceptará la distorsión de sus acontecimientos, pues casi el 80 por ciento de la población del planeta fue arrastrada a la órbita ardiente del conflicto bélico”. La derrota completa de la Alemania nazi, del Japón militarista y de sus satélites en diferentes regiones del mundo se logró mediante los esfuerzos conjuntos de los países de las Naciones Unidas, recordó Igualmente, recalcó que la apertura de un segundo frente en Europa, después de las batallas decisivas en el territorio de la Unión Soviética, acercó la Victoria. “Valoramos altamente la contribución a nuestra lucha común de los soldados de los ejércitos aliados, los participantes de la resistencia y el valiente pueblo de China. Todos los que lucharon por un futuro de paz”, enalteció Putin. El dignatario instó a toda la sociedad rusa a seguir admirando a los veteranos, su amor sincero por su patria, su determinación de defender su hogar, los valores del humanismo y la justicia. Demos a estas tradiciones, a este gran patrimonio lo más importante de nuestro corazón y transmitámoslo a las futuras generaciones, insistió el jefe de Estado. En ese contexto, aseguró que todo el país, la sociedad y el pueblo apoyan a los participantes en la operación militar especial en Ucrania. «Estamos orgullosos de su valor y determinación, de la fortaleza que siempre nos ha traído solo la victoria», argumentó. Siempre confiaremos en nuestra unidad en los asuntos militares y pacíficos, en el logro de objetivos estratégicos, en la solución de problemas en nombre de Rusia, su grandeza y prosperidad, concluyó el presidente. El discurso de Putin estuvo seguido de un desfile militar en honor a la memoria de los héroes soviéticos. Columnas de carros blindados, camiones lanzacohetes, tractores, tanques y otros vehículos oruga marcharon este viernes por la Plaza Roja de Moscú, para conformar más de 180 unidades de material bélico expuesto. Asimismo, desfilaron 11 mil 500 militares de las diferentes formaciones armadas del país eslavo, de los cuales mil 500 son participantes activos del conflicto armado en territorio ucraniano, además de 13 alineaciones en representación de países amigos. Líderes de cerca de una treintena de países asistieron a la celebración, entre ellos los presidentes de Brasil, Venezuela y Cuba, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, respectivamente, así como el líder chino, Xi Jinping, y el mandatario serbio, Aleksandar Vucic. npg/odf

América Latina en amenaza: Alerta del presidente cubano ante la injerencia de Donald Trump

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, alertó hoy que América Latina y el Caribe están bajo amenaza y solo con unidad se puede enfrentar la articulación de la contraofensiva imperialista y oligárquica. Por César Guzmán Dalmasi La Habana, 3 de febrero de 2025 – En un contundente discurso durante la XII cumbre extraordinaria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), el presidente cubano Miguel Díaz-Canel advirtió sobre la creciente amenaza que América Latina y el Caribe enfrentan ante una nueva articulación de la \»contraofensiva imperialista y oligárquica\». En su intervención, el mandatario cubano hizo hincapié en la política injerencista de la administración de Donald Trump, a la que calificó de \»delirante y peligrosa\», y que, según él, todavía deja huellas en la región. Díaz-Canel destacó que bajo el gobierno de Trump, América Latina fue escenario de episodios de injerencia que no deben ser olvidados. \»Hoy ese gobierno de los Estados Unidos pretende definir las opciones para los países de la región: o someternos o ser objeto de agresión\», afirmó, resaltando la presión que enfrenta cada nación en un contexto geopolítico cada vez más adverso. Esta declaración retoma un discurso que ha sido recurrente entre los líderes de izquierda en la región, quienes ven en las políticas estadounidenses un intento de controlar y desestabilizar gobiernos que buscan una autonomía económica y política. El presidente cubano denunció que desde el 20 de enero de este año, la nueva administración estadounidense ha continuado un patrón de desprecio hacia los pueblos latinoamericanos y caribeños, utilizando medios que van desde la manipulación de la información hasta calificativos racistas. \»Etiquetan como criminales a millones de inocentes por ser latinoamericanos y caribeños\», subrayó, haciendo eco de un sentimiento que resuena en muchas naciones de la región que han sido víctimas de la retórica hostil de Washington. Díaz-Canel indicó que las amenazas y las medidas coercitivas unilaterales son parte de una estrategia que busca legitimar acciones sin respeto por la soberanía de los países. En este sentido, el mandatario cubano hizo un llamado a la unidad entre los países de la región como la única vía para enfrentar estas agresiones. \»Es imposible enfrentar esta injerencia sin la solidaridad y el apoyo mutuo entre nuestros pueblos\», enfatizó. En su intervención, el presidente cubano también hizo hincapié en la importancia de discernir entre la retórica política y la desesperación de aquellos actores que buscan alcanzar objetivos a corto plazo. En este contexto, la cumbre del ALBA-TCP se presenta como una plataforma crucial para actualizar las prioridades de trabajo del bloque y discutir los desafíos que enfrentan en un entorno geopolítico complejo. Díaz-Canel aprovechó la ocasión para agradecer a los miembros de la Alianza por su apoyo en la lucha para que Cuba fuera retirada de la lista de países supuestamente terroristas, una lista que calificó de \»fraudulenta y espuria\». La administración de Joe Biden, aunque tardíamente, se vio obligada a reconocer que no existían argumentos válidos para mantener a Cuba en dicha lista, lo que, según el presidente cubano, es un indicio de que la política exterior de Estados Unidos está en una fase de reevaluación, aunque sigue siendo hostil. Este discurso en La Habana se da en un momento en que América Latina se encuentra en una encrucijada, enfrentando desafíos internos y externos que ponen a prueba su estabilidad y su capacidad de respuesta ante injerencias extranjeras. La figura de Donald Trump, de nuevo en la Casa Blanca, continúa siendo un referente de las tensiones que han marcado las relaciones entre Estados Unidos y los países latinoamericanos, donde la lucha por la autodeterminación y la soberanía sigue siendo un tema central. La alerta de Díaz-Canel resuena como un llamado a la resistencia y la unidad en un continente que ha vivido en carne propia las consecuencias de políticas injerencistas. La esperanza de un futuro más equitativo y libre para América Latina y el Caribe depende, en gran medida, de la capacidad de sus naciones para unirse en la defensa de su soberanía frente a las presiones externas. La cumbre del ALBA-TCP se convierte así en un espacio crucial para forjar caminos de cooperación y solidaridad entre los pueblos de la región, en un contexto donde la historia reciente de injerencia estadounidense sigue vigente.

Presidente de Cuba en Venezuela para toma de posesión de Maduro

Caracas, 10 ene (Prensa Latina) El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, arribó hoy a Venezuela para acompañar a su homólogo Nicolás Maduro en la toma de posesión ante la Asamblea Nacional (Parlamento) para el periodo 2025-2031. Prensa Latina La delegación cubana fue recibida en la rampa cuatro del aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, estado de La Guaira, por la vicepresidenta sectorial para la Ciencia, Tecnología y Salud, Gabriela Jiménez, y el embajador de la isla en Caracas, Dagoberto Rodríguez. Este viernes el jefe de Estado bolivariano asumirá la presidencia de su país en su tercer mandato consecutivo, luego de obtener la victoria en las elecciones presidenciales del 28 de julio último con el 51,95 por ciento de los votos, según el Consejo Nacional Electoral. Más de dos mil representantes de gobiernos, movimientos sociales de más de un centenar de países de todos los continentes y organizaciones internacionales viajaron a esta capital para asistir a la juramentación de Maduro este viernes, en el Palacio Federal Legislativo. mem/jcd