El lujo de no mirar

Hay racistas que nunca se miran al espejo. No porque les falte un rostro, sino porque en su reflejo siempre ven a un justo. El odio, para ellos, nunca es arbitrario: tiene una causa, una herida, un argumento que en su cabeza pesa como una sentencia. “Si no contrato a ese moreno es porque no tiene estudios”, “si mi hija no se casa con él es por la familia”, “si le digo ‘prieto’ es con cariño”. La razón del racista dominicano es una razón blindada: no admite fisuras porque él no es el agresor, es el defendido. Y en ese error germinal florecen todas las violencias. El problema no es convencer al racista de que lo es. Eso es tan estéril como pedirle a un pez que reconozca el agua. La verdadera dificultad está en los demás, en los que no gritan insultos ni queman cruces, pero tienen una habilidad exquisita para no ver. Para archivar lo del haitiano en la construcción al que le pagan menos como “es que él aceptó”, lo de la muchacha negra a la que no le devuelven la solicitud en el call center como “falta de perfil”, lo del niño afrodescendiente al que llaman “cocolo” en la escuela como “un apodo sin malicia”. Llevamos siglos optando por la segunda opción: mirar hacia otro lado hasta que el cuello duele, y luego llamar a eso “convivencia pacífica”. Pero ocurre que el racismo no pide permiso para instalarse. Está en la puerta de la discoteca que no se abre para los de “pelo malo”, en la oficina pública donde el de piel más clara pasa primero, en la sonrisa del vecino que dice “nosotros no somos así, eso es cosa de haitianos”. Y quien lo sufre no necesita un juicio probatorio: lo sabe. Lo sabe como se sabe el sol de la tarde. Lo que no sabe es cómo demostrarlo, porque el racismo cotidiano en República Dominicana es un arte de la negación. Siempre habrá una excusa: “es que no había cupo”, “es que así es el carácter dominicano”, “es que usted es muy sensible”. Y así, el racista no es el que discrimina, sino el otro, el que denuncia. Por eso duele tanto la pregunta trampa: “¿En República Dominicana hay racismo?”. Porque quien la hace ya sabe que la respuesta correcta —la cómoda— es un no rotundo. Y ese no nos devuelve a la casilla cero, donde los racistas se sienten arropados, donde el problema se disuelve en “cosas del pasado”, donde el país entero respira aliviado porque, total, aquí todos somos hermanos. Pasa. Y pasa en la cotidianidad. Cuando en un colmado llaman “moreno” al que no tiene nombre, cuando en un concurso de belleza se elogia el pelo lacio como sinónimo de “profesional”, cuando en la tele los protagonistas son siempre de tez clara y los sirvientes negros. Eso no es un incidente. Es un síntoma. Y los síntomas, si se ignoran, no desaparecen: se cronifican. No pido que todos luchen. Pido que no pongan palos en la rueda. Que dejen denunciar. Que no nos obliguen a empezar cada conversación desde el principio, como si no hubiera historia, como si la sentencia de 1937 no existiera, como si el racismo fuera una invención de intelectuales resentidos. El racismo no es solo un problema para quien lo sufre. Es un aviso para quien cree que nunca le tocará. Porque el odio, cuando se siente legítimo, no se detiene en una frontera, en un tono de piel, en un origen. Se expande. Y un día, quizá, usted tampoco será el “adecuado”. Hasta entonces, tenga al menos la decencia de no mirar hacia otro lado.
Escepticismo en Puerto Príncipe: Una Nueva Misión Internacional Que Nace Entre Sombras y Fracasos

La ONU aprueba una nueva Fuerza de Eliminación de Pandillas para Haití mientras la población, hastiada por décadas de intervenciones fallidas, mira con desconfianza el reemplazo de una misión que no logró proteger a un país donde más de 16,000 personas han muerto por violencia desde 2022. Por Julio Guzmán Acosta PUERTO PRÍNCIPE.- Como un ritual que se repite cada cierto tiempo en la tragedia haitiana, una nueva fuerza internacional promete ahora lo que otras diez misiones en treinta y cinco años no han podido cumplir: liberar a este país caribeño del yugo de las bandas armadas. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el martes el despliegue de la Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF), una iniciativa de Estados Unidos y Panamá que llegará con hasta 5,500 efectivos para sustituir a la fallida Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS). Pero en las calles de Puerto Príncipe, donde el miedo es moneda corriente y la esperanza un bien escaso, el anuncio suscita más escepticismo que alivio. “No es una sorpresa que la MSS no tuviera éxito”, afirma con amarga lucidez Marie Rosy Auguste Ducéna, responsable de programas de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH). Su voz, cargada de la autoridad que dan años de documentar atrocidades, enumera las razones del fracaso: “Nos preocupaba la forma en que se decidió llevarla a cabo. Pero también el hecho de que la ONU no dejara de decir que no se trataba de una fuerza de la ONU, sino de una fuerza multinacional”. El relato de Ducéna describe una misión fantasma: “Llegó sin ningún medio relacionado con su misión, que es hacer frente a las bandas”. La MSS, que llegó con la promesa de ocupar las principales carreteras y asegurar las grandes infraestructuras, terminó convertida en una presencia casi invisible. “No solo no han luchado contra las bandas, sino que, además, ni siquiera se les ve. No se les ha visto en las principales carreteras. Tampoco se les ve protegiendo las infraestructuras”, subraya la defensora de derechos humanos. Su testimonio pinta el cuadro de un país abandonado a su suerte, donde más de 16,000 personas han perdido la vida por la violencia de las pandillas desde el inicio de 2022, según cifras de la ONU que apenas capturan el horror cotidiano. Mientras la comunidad internacional celebra en Nueva York la aprobación de otra resolución, en Haití persiste la pregunta incómoda: ¿por qué esta vez será diferente? La GSF nace bajo el peso de la desconfianza, heredera de una larga lista de intervenciones que han dejado más promesas incumplidas que soluciones reales. En los barrios donde reinan las bandas, entre los escombros de la esperanza, los haitianos aguardan con escepticismo el próximo capítulo de esta historia que, hasta ahora, solo ha conocido un guion: el del fracaso.
Esperanza Blindada: Washington Presiona el Acelerador en Haití

El secretario de Estado Marco Rubio urge un despliegue expedito de la nueva Fuerza de Eliminación de Pandillas y recluta apoyos globales para una misión que busca redimir los fracasos del pasado, en una nación crucificada por la violencia. Por Julio Guzmán Acosta WASHINGTON.- Con la urgencia de quien intenta apagar un incendio con vientos contrarios, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, apostó este miércoles por un «rápido despliegue» de la nueva misión internacional destinada a despedazar el poder de las bandas armadas que tienen a Haití de rehén. En un llamado que resonó como un eco en los pasillos de la diplomacia global, Rubio instó a otras naciones a sumar sus fuerzas a este esfuerzo crucial, una carrera contra el reloj para estabilizar el corazón enfermo del Caribe. La petición llega apenas un día después de que el Consejo de Seguridad de la ONU, en un movimiento cargado de expectativa y escepticismo, aprobara una resolución patrocinada por Washington para el envío de la Fuerza de Eliminación de Pandillas (GSF). Esta nueva entidad nace con el mandato de suceder a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), un esfuerzo liderado el año pasado por Kenia cuyo legado fue más de sombras que de luces, sin lograr domeñar el caos que estrangula a la nación antillana. «Colaboraremos estrechamente con otros miembros del Grupo Permanente de Socios para garantizar el rápido despliegue de la GSF», declaró el jefe de la diplomacia estadounidense en un comunicado que fungía tanto como una hoja de ruta como un grito de auxilio a la comunidad internacional. Rubio, pintando con palabras el horizonte deseado, aseguró que esta fuerza no solo «abordará los desafíos de seguridad inmediatos de Haití», sino que también «sentará las bases para la estabilidad a largo plazo», trabajando en simbiosis con la recién creada Oficina de Apoyo de Naciones Unidas en Haití (UNSOH) y dotada de «los recursos necesarios para combatir las bandas». La GSF, que cuenta con el aval del maltrecho Gobierno haitiano, se perfila como un gigante con pies de barro si no recibe el respaldo masivo que Washington reclama. Con una capacidad de hasta 5.500 efectivos policiales o militares, asistidos por 50 civiles, y un mandato inicial de 12 meses, la misión carga sobre sus espaldas el peso de redimir a una población civil que ha perdido la cuenta de sus días de luto. «Estados Unidos mantiene su compromiso de colaborar con las partes interesadas internacionales para apoyar el camino de Haití hacia la paz, la estabilidad y la gobernanza democrática», concluyó Rubio, lanzando un llamamiento final que suena a última oportunidad: «Hacemos un llamamiento a todas las naciones para que se unan a nosotros en este esfuerzo crucial».
Fuerza Antipandillas: ONU Aprueba Misión en Haití Tras Liderazgo Dominicano

La nueva fuerza, respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad, multiplica el efectivo previsto y surge del impulso diplomático de Santo Domingo y sus aliados. Por Julio Guzmán Acosta SANTO DOMINGO.—El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la transformación de la fallida Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) en Haití en una “Fuerza de Supresión de Pandillas” (GSF), una iniciativa que contó con el liderazgo diplomático de la República Dominicana y que despliega hasta 5,500 efectivos policiales y militares para enfrentar la crisis de seguridad en el país vecino. El presidente Luis Abinader celebró la decisión como un \»paso decisivo hacia la estabilidad\» de Haití y la región, durante su intervención en la 80ª Asamblea General de la ONU. Abinader destacó que la diplomacia dominicana ha trabajado desde 2021 en la búsqueda de soluciones efectivas y agradeció el respaldo de los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina, con quienes firmó una carta dirigida al Consejo de Seguridad. La resolución, impulsada por Estados Unidos y Panamá, fue aprobada con 12 votos a favor, las abstenciones de China, Rusia y Pakistán, y ningún voto en contra. China justificó su abstención al argumentar que la misión anterior fracasó parcialmente por incumplimientos de Estados Unidos y la falta de estudios de campo, mientras que Rusia tildó la nueva fuerza de \»una aventura peligrosa y mal planificada\». Detalles y Controversias de la Nueva Fuerza La GSF, que tendrá un mandato inicial de 12 meses, estará dirigida y financiada por expertos de la ONU, mientras que los países participantes aportarán voluntariamente los costos de personal. Esta nueva fuerza reemplaza a la MSS liderada por Kenia, que solo logró desplegar 970 de los 2,500 agentes planificados, con un presupuesto que apenas alcanzó los $115 millones de los $600 millones estimados. No obstante, el texto de la resolución ha generado inquietud. Organizaciones pro derechos humanos alertan sobre redacciones \»enrevesadas y contradictorias\», como la que supedita las operaciones a la Policía Nacional de Haití pero también autoriza acciones \»independientes\» para neutralizar pandillas. Además, preocupa una cláusula que indica que la fuerza actuará \»conforme al derecho internacional y los derechos humanos, según proceda\», lo que, para sus críticos, podría abrir la puerta a vulneraciones de garantías en una población civil ya devastada.
Haití en la encrucijada: la OEA traza su hoja de ruta

**\»Haití en la encrucijada: la OEA traza su hoja de ruta\»** La organización presentará un plan quinquenal para estabilizar el país caribeño, combatiendo la inseguridad y promoviendo desarrollo sostenible, mientras la crisis humanitaria exige acción inmediata. Por Virtudes Álvarez Sampedro Washington, D.C. — Bajo el peso de una crisis que ahoga a su pueblo en violencia y miseria, Haití encontró este miércoles un rayo de esperanza en la sala diplomática de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El secretario general Albert Ramdin inauguró el Grupo de Amigos de Haití con un mandato claro: tejer una *hoja de ruta* estructurada en cinco pilares —seguridad, ayuda humanitaria, consenso político, elecciones legítimas y desarrollo— que será presentada ante el Consejo Permanente en los próximos días. El plan, gestado tras la última Asamblea General, busca coordinar esfuerzos internacionales. Ramdin adelantó la propuesta de una conferencia de donantes liderada por el BID, mientras Myrtha Désulme, embajadora haitiana, pintó un cuadro desgarrador: \»Nuestra gente clama solidaridad, no discursos\». A su lado, representantes de la ONU, la MSS y la OPS escucharon el llamado. El eco de la urgencia ya resonó en junio, cuando EE.UU. exigió en Antigua y Barbuda mayor apoyo a la misión multinacional. Hoy, mientras Puerto Príncipe se desangra, la OEA intenta convertir la retórica en salvación.
La frontera herida: el éxodo forzado de los haitianos invisibles

Repatriaciones masivas de haitianos marcan el pulso migratorio en la isla compartida Por Virtudes Álvarez Sampedro Santo Domingo, RD. – Cada amanecer rompe con la misma ceremonia discreta y brutal: camiones militares que avanzan como sombras por carreteras polvorientas, manos esposadas que se aferran a documentos inexistentes, niños que aprenden demasiado pronto el significado de la palabra \»deportación\». Este viernes, 1.267 almas cruzaron de vuelta la frontera por los pasos de Elías Piña, Dajabón, Jimaní y Pedernales. Suman ya 1.196 los interceptados en las últimas horas durante redadas que se extienden desde La Vega hasta el Gran Santo Domingo, en una operación orquestada con precisión castrense. El mecanismo de la contención La Dirección General de Migración (DGM) teje su red con hilos de acero: ejército, policía, armada y fuerza aérea coordinan lo que denominan \»interdicción optimizada\». Hablan de capacitación conjunta, de inteligencia en tiempo real, de eficacia estadística. Cada comunicado oficial repite como letanía los tres pilares que justifican este éxodo inverso: la Ley 285-04, las directrices presidenciales y los designios del Consejo de Defensa. Pero detrás de los números hay rostros. Como el de la mujer que amamanta a su bebé junto al puesto fronterizo de Dajabón, o el del anciano que carga una bolsa de yuca seca —todo lo que pudo rescatar— antes de cruzar hacia el olvido. Las autoridades insisten en que solo actúan contra la irregularidad migratoria, pero las organizaciones humanitarias documentan casos de deportaciones exprés donde no hay tiempo para revisar posibles solicitudes de asilo. La isla partida Este operativo no es un episodio aislado, sino el capítulo más reciente de una crónica que se escribe con tinta amarga desde hace décadas. República Dominicana y Haití comparten geografía pero no destino; una frontera de 391 kilómetros que es herida abierta y zona de conflicto. Mientras las autoridades dominicanas destacan haber desarticulado redes de trata de personas, la ONU registra un aumento del 34% en deportaciones respecto al año pasado. El gobierno de Abinader defiende su política como un acto de soberanía ante lo que califica de \»crisis migratoria descontrolada\». Pero en los bateyes y construcciones donde antes trabajaban haitianos, ahora quedan hamacas vacías y herramientas oxidadas. La economía informal, que durante años se nutrió de esta mano de obra barata, empieza a resentir el vacío. valvarez@umbral.com.do © Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción sin autorización. ¿Ha sido testigo de estos operativos? Comparta su testimonio con #FronteraSinVoces En contexto: – 6,420 haitianos deportados en lo que va de julio (fuente: DGM) – La Ley 285-04 permite deportaciones exprés sin proceso judicial – 78% de dominicanos apoya controles migratorios más estrictos (encuesta Gallup RD) – ONU denuncia separación de familias en 12% de los casos
Abinader dispuesto a dialogar con obispos sobre crisis haitiana

Presidente valora aportes de iglesias y explica medidas ante situación compleja en Haití y sus repercusiones en RD Por Julio Guzmán Acosta Santo Domingo. – El presidente Luis Abinader manifestó su disposición para reunirse con la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) y explicarles de manera detallada la realidad que atraviesa Haití y los efectos que esta situación tiene sobre la República Dominicana. El mandatario destacó que el Gobierno siempre toma en cuenta las opiniones que emanan de las iglesias católica y evangélicas. La CED había solicitado recientemente a las autoridades dominicanas evitar convertir los hospitales en puntos de control migratorio y, en cambio, enfocar sus esfuerzos en perseguir a quienes trafican con inmigrantes irregulares. Al ser consultado al respecto, Abinader señaló que la gravedad de la crisis en Haití ha obligado a tomar medidas extraordinarias para contener las presiones migratorias que afectan al país. “La situación actual en Haití es muy especial y, por esa razón, hemos tenido que implementar acciones excepcionales para proteger nuestra soberanía y seguridad”, expresó el presidente. Entre las medidas adoptadas destacan el cierre temporal de la frontera aérea y terrestre, el control en hospitales públicos para evitar la atención irregular de migrantes y operativos de deportación. Estas acciones, sin embargo, han generado críticas tanto a nivel local como internacional, y la CED, a través de un comunicado, reconoció el trato “bueno” que el Gobierno ha dado a los migrantes haitianos, pero advirtió que las redadas afectan esa labor solidaria y rechazó los discursos xenófobos y discriminatorios contra esa población. Los obispos también hicieron un llamado a la comunidad internacional para intervenir en la crisis haitiana. En otro orden, Abinader informó que se reunirá el próximo viernes con el ex presidente Hipólito Mejía para abordar la crisis sociopolítica en Haití y sus repercusiones en la República Dominicana. Este encuentro formal se suma a las reuniones recientes que ha sostenido con otros exmandatarios, como Danilo Medina y Leonel Fernández, como parte de una comunicación continua sobre este tema. Recordemos que en junio pasado, Abinader junto a los ex presidentes enviaron cartas a líderes del Consejo de Seguridad de la ONU solicitando apoyo para transformar la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) en Haití en una misión bajo liderazgo de la ONU, con el fin de buscar una solución duradera a la crisis en el vecino país.
Abinader impulsa reforma en misión de paz en Haití y llama a la unidad regional ante crisis multidimensional
El presidente dominicano aboga por transformar la misión multinacional en Haití bajo liderazgo de la ONU y destaca la urgencia de enfrentar el cambio climático en el Caribe Por Thiago N. Guzmán En un llamado enfático a la comunidad internacional, el presidente dominicano Luis Abinader planteó la necesidad de una transformación sustancial en la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS), proponiendo que esta se convierta en una fuerza híbrida bajo el liderazgo operativo y logístico de las Naciones Unidas. Durante su intervención en la Cumbre Brasil–Caribe, Abinader describió la grave situación haitiana como “una tragedia humana sin precedentes”, producto del colapso institucional y la violencia extrema que azotan a la nación vecina. El mandatario insistió en que la pacificación de Haití es una necesidad estratégica para toda la región y advirtió que el fracaso en esta tarea solo aumentará las dificultades y los costos futuros. Subrayó que las bandas armadas que dominan amplias zonas del territorio haitiano han sido catalogadas como organizaciones terroristas tanto por República Dominicana como por Estados Unidos, enfatizando que frente a ellas “no cabe negociación ni ambigüedad alguna”. Reconociendo los esfuerzos de la Comunidad del Caribe (Caricom) y de países como Jamaica y Bahamas en la actual misión, Abinader señaló que esta se encuentra en un “punto crítico” debido a la falta de financiamiento. Por ello, respaldó la propuesta del secretario general de la ONU, António Guterres, de que la misión sea financiada por el presupuesto ordinario de operaciones de paz de la ONU, identificándola como “la única vía realista para estabilizar Haití”. Como muestra de un consenso interno sin precedentes, el presidente reveló que junto a tres expresidentes dominicanos envió una carta conjunta a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU solicitando apoyo para esta iniciativa. Con este gesto, Abinader busca fortalecer un frente común que permita garantizar la seguridad y la estabilidad del país caribeño, condición esencial para la región. Además de su enfoque en Haití, el presidente dominicano aprovechó la cumbre para llamar a sus homólogos a construir un pacto climático hemisférico que responda con determinación a los efectos del cambio climático, considerada por él como “la amenaza más urgente” que afecta al Gran Caribe. Destacó fenómenos como huracanes extremos, pérdida de biodiversidad y la proliferación del sargazo, este último un grave problema ecológico que ha dañado ecosistemas y comunidades costeras. Abinader propuso una transición energética inaplazable, basada en el aprovechamiento de los abundantes recursos naturales de la región, e instó a las naciones con mayor responsabilidad histórica a asumir un rol protagonista en el financiamiento de soluciones sostenibles. En relación con el sargazo, sugirió la creación de un sistema regional de monitoreo y respuesta coordinada, con Brasil desempeñando un papel clave gracias a su capacidad tecnológica y científica. Finalmente, el presidente extendió una invitación a los líderes de América Latina y el Caribe para participar en la décima Cumbre de las Américas, que se celebrará en diciembre en Punta Cana, República Dominicana, donde se buscará consolidar una agenda hemisférica dinámica que otorgue un rol destacado al sector privado como motor del desarrollo regional. Con esta agenda multidimensional, Abinader reafirma el compromiso dominicano con la estabilidad, el desarrollo sostenible y la cooperación regional en momentos decisivos para el Caribe y América Latina.
Abinader emprende gira diplomática por Europa y Brasil en busca de una solución al tema haitiano

El presidente dominicano participará en cumbres de la ONU y la OIT, y abordará la crisis haitiana con Lula da Silva y Macron Por Virtudes Álvarez Sampedro Con la elegancia diplomática que caracteriza su gestión exterior, el presidente Luis Abinader partió este sábado desde la Base Aérea de San Isidro rumbo a Niza (Francia), iniciando un periplo de ocho días que lo llevará a cruzar dos continentes y recorrer más de 17,000 kilómetros. Su agenda, meticulosamente diseñada, mezcla simbolismo histórico —será el primer mandatario dominicano en intervenir en una cumbre de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)— y urgencias regionales, como la crisis haitiana y la transición energética. El viaje, que incluye escalas en Suiza, Francia y Brasil, tiene su primer hito en Ginebra, donde Abinader pronunciará el discurso central de la Reunión de Alto Nivel de la Coalición Mundial para la Justicia Social en el Palacio de las Naciones. Un foro que consolida su proyección internacional y donde expondrá los avances de República Dominicana en equidad laboral y desarrollo sostenible. Antes, en Niza, participará en la Tercera Conferencia de la ONU sobre el Océano, reforzando su compromiso ambiental frente a líderes globales Diálogos estratégicos: de Macron a Lula La gira no se limita a los foros multilaterales. En paralelo, el presidente sostendrá encuentros bilaterales clave: con Emmanuel Macron en Francia —donde se prevé abordar la cooperación franco-caribeña— y con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasilia, durante la Cumbre Brasil-Caribe los días 13 y 14 de junio. Allí, la agenda es tan pragmática como apremiante: la escalada de violencia en Haití, la seguridad alimentaria y los desafíos climáticos ocuparán el centro de las conversaciones. Abinader llega a este último encuentro con un capital político reforzado. Su firme postura ante la crisis haitiana —incluyendo la construcción de un muro fronterizo y la presión para una intervención internacional— ha posicionado al país como actor clave en la búsqueda de soluciones. Ahora, buscará aliados como Brasil para impulsar mecanismos de estabilidad regional. Mientras su avión surca el Atlántico, el mensaje es claro: República Dominicana ya no solo mira hacia dentro. Con esta gira, Abinader consolida un perfil de estadista que trasciende fronteras, tejiendo alianzas en un mundo donde la justicia social y la cooperación son monedas de cambio cada vez más valiosas. El Caribe, desde su mirada, tiene mucho que decir. Y él está decidido a ser su voz.
Ramdin asume con Haití en la mira

El nuevo secretario general de la OEA promete acción urgente ante la crisis humanitaria en el Caribe Por Ángel F. Guzmán Este viernes, Surinam marcó un hito histórico en la Organización de los Estados Americanos (OEA) con la elección y posesión de Albert Ramdin como su nuevo secretario general, convirtiéndose así en el primer caribeño en asumir tan alta responsabilidad. Su discurso inaugural, pronunciado ante el Consejo Permanente del organismo, delineó una agenda clara y apremiante, con la crisis humanitaria en Haití situada en lo más alto de sus prioridades. Desde el inicio de su gestión, Ramdin subrayó la gravedad de la situación haitiana, afirmando con rotundidad que en ningún rincón del continente están más amenazados la democracia, el Estado de derecho, la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo que en esa nación. Consciente de la premura, advirtió que el mandato del Consejo Presidencial de Transición en Haití concluye en febrero próximo y que “no tenemos mucho tiempo” para actuar. Entre sus primeras iniciativas, anunció el relanzamiento del Grupo de Amigos de Haití, una plataforma destinada a coordinar esfuerzos y apoyo internacional, estrechando lazos con actores regionales como CARICOM y organismos multilaterales como Naciones Unidas. Asimismo, Ramdin manifestó su intención de orientar la OEA hacia “resultados y acciones frente a necesidades inmediatas”, destacando no solo a Haití, sino también a Venezuela, aunque sin ahondar en detalles sobre este último país. En un momento en que la OEA afronta críticas por su gestión, particularmente desde Estados Unidos, Ramdin hizo un llamado al diálogo y la unidad, proponiendo una reforma orgánica que presentará en julio con el fin de fortalecer la eficacia y sostenibilidad financiera del organismo, cuyo mayor donante es Washington. En su discurso, también resaltó la importancia de priorizar la equidad de género y social, y anunció la creación de grupos de trabajo sobre el impacto de la crisis climática, así como expresó profunda preocupación por la tragedia migratoria que afecta al hemisferio. Al recordar la labor de su predecesor, Luis Almagro, Ramdin reconoció su compromiso con la paz, la democracia y los derechos humanos, pero enfatizó que la OEA debe ir más allá. “Esta institución no es solo necesaria, sino indispensable; debemos actuar ahora para que la OEA marque la diferencia y promueva un hemisferio de paz, democracia y prosperidad para todos”, concluyó. Con una trayectoria que incluye una década como número dos de la OEA y una experiencia reciente como ministro de Exteriores de Surinam, Ramdin llega con la convicción de que la unidad institucional es la vía para superar las divisiones ideológicas que han marcado los últimos años en América. Su mandato comienza, por tanto, con el compromiso de enfrentar con urgencia los desafíos más apremiantes del continente, en especial la crisis haitiana, cuyo desenlace puede definir el rumbo de la región en los años venideros.