Reunion entre Gustavo Petro y Donald Trump: El Encuentro Imposible
Petro y Trump: la foto que estremece a Colombia y el cálculo frío de un año electoral donde todo, hasta un apretón de manos con el “fascista”, es una jugada por el poder Por Julio Guzmán Acosta. La instantánea es un puñal. Ahí están, congelados en un marco que parece blasfemo: el primer presidente de izquierda que ha tenido Colombia, estrechando la mano del hombre que amplios sectores del planeta –con razón fundada– señalan como fascista, autoritario, pedófilo, xenófobo, misógino, genocida, negacionista climático y artífice de políticas que han esparcido dolor y muerte dentro y fuera de Estados Unidos. La imagen escuece, quema la retina del idealismo. Pero reducir la política a la moral de una fotografía es un lujo que sólo pueden permitirse quienes nunca han tenido que gobernar. La verdadera política, esa que se cuece a fuego lento en los despachos donde se miden fuerzas, se leen contextos y se administran riesgos, es otra cosa: es la arena sucia y gris de lo posible. El encuentro entre Gustavo Petro y Donald Trump no es una curiosidad diplomática. Ocurre en el minuto exacto en que Colombia entra formalmente en la vorágine electoral. El 15 de marzo se elige nuevo Congreso; el 31 de mayo, presidente y vicepresidente. Petro no puede reelegirse, pero su proyecto –ese giro político iniciado en 2022– está en la picota. Lo que se juega no es la permanencia de un hombre, sino la continuidad o el desmantelamiento de una apuesta histórica. Y esa continuidad hoy tiene un nombre que resuena con fuerza en el campo progresista: Iván Cepeda Castro. Él es la carta para profundizar lo iniciado, el dique contra la ofensiva conservadora que quiere revertir cada reforma. Trump, por su parte, no es un espectador imparcial. Ha metido sus manos –tosca, temerariamente– en los procesos electorales de América Latina. A Colombia la tiene en la mira: ha acusado a Petro de narcotráfico, sin pruebas, en declaraciones que aquí no son simples improperios. En un país donde el narcotráfico, la seguridad y el visto bueno de Washington han sido históricamente látigos de campaña, esas palabras tienen el peso de una losa. Por décadas, en Colombia se instaló una pedagogía perversa que disfrazó la subordinación como “cooperación estratégica”. La presencia militar extranjera, la sombra de las agencias, los acuerdos de “asistencia” –esa palabra dulce para el saqueo– no se veían como injerencia, sino como garantías de un orden impuesto. El prolongado conflicto interno dio el pretexto perfecto: la lucha contra el comunismo y las guerrillas sirvió para legitimar una élite política, económica y mediática profundamente alineada con el Norte. Así se naturalizó una relación asimétrica: Estados Unidos como garante, Colombia como socio disciplinado. Una dependencia funcional sostenida por un axioma tácito: la seguridad se delega, la soberanía se negocia y la crítica se vuelve sospechosa. Por eso, este viaje a Washington no fue un mero trámite de política exterior. Fue, ante todo, una jugada maestra de política interna. Petro llegó con el agua al cuello: reformas entrampadas, tensiones en su propio campo, una ofensiva judicial y mediática feroz desde la derecha, y la narrativa opositora que lo pinta como un paria internacional, incapaz de dialogar con los centros reales del poder. La reunión con Trump, en ese contexto, operó en varios frentes a la vez. Le permitió desactivar –al menos en parte– el relato del aislamiento, contener la acusación de ser “enemigo de Estados Unidos” y exhibir capacidad de diálogo hasta con su antagonista ideológico más poderoso. Nada de esto implica afinidad o concesión; habla de un pragmatismo frío, atado al calendario electoral que marca el compás de cada gesto presidencial. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿legitimación o contención? Es comprensible el reparo moral: la foto conjunta puede sentirse como una traición a los principios. Pero gobernar exige a veces decidir en escenarios que no son ideales. No se trata de claudicar, sino de administrar los principios en un mundo de poder real. ¿Qué habría ganado Colombia con una negativa? En política, la ausencia también comunica, y en año electoral, puede ser un arma letal. Negarse habría alimentado el relato de la irresponsabilidad diplomática. Asistir conlleva un riesgo simbólico, pero también otorga un cierto control narrativo. Petro optó por lo segundo. Incluso el tuit posterior, con la dedicatoria de Trump –“You are great”– debe leerse en clave doméstica. La derecha colombiana ha construido durante años una descalificación clasista y cultural contra la izquierda: por no hablar inglés con fluidez, por el origen social, por el pasado guerrillero, por no encajar en los códigos rancios de la élite bogotana que se cree única “capaz y merecedora” de gobernar. Ese gesto, más allá de su contenido, es un mensaje interno: no se negocia desde la inferioridad cultural ni desde el complejo colonial. Se habla de tú a tú, aunque la asimetría estructural siga ahí, intacta. La derecha intentará usar el acercamiento como señal de incoherencia; el progresismo, como prueba de gobernabilidad. Pero más allá de la retórica inmediata, Estados Unidos seguirá siendo un factor estructural en la política colombiana. La relación en seguridad, migración, comercio y lucha contra las drogas no se evapora por afinidades o fricciones ideológicas. Y no cabe ingenuidad: Trump no da puntada sin dedal. Su política exterior no se mueve por gestos gratuitos; opera sobre intereses concretos, y eso casi siempre significa injerencia y saqueo. Es probable que en los próximos meses emerjan presiones o condicionamientos hoy aún ocultos. La reunión no cancela la historia de dependencia, ni transforma por sí sola la correlación de fuerzas. El imperialismo no desaparece con un apretón de manos. La pregunta correcta, entonces, no es si dialogar o no dialogar. La pregunta es desde qué posición se dialoga y con qué objetivo estratégico. Petro eligió hacerlo en el momento más complejo del calendario político. La fotografía es incómoda, sí. Pero la política, sobre todo en nuestra América Latina convulsa, rara vez ofrece escenarios cómodos. Y a veces, en año electoral, gobernar también significa administrar contradicciones, caminar sobre
LA GEOMETRÍA DEL PODER: PETRO, TRUMP Y EL REAJUSTE DE UNA ALIANZA INCOMODA
Tras la tormenta de señalamientos y misiles, el presidente colombiano y su homólogo estadounidense buscan un nuevo cauce para una relación histórica. La foto en la Casa Blanca es sólo la punta del iceberg: operaciones militares, deportaciones y una posible lluvia de inversiones marcan el camino de una normalización calculada al milímetro. Por Servicios umbral.local/ WASHINGTON, D.C.— El aire en la Sala de los Tratados de la Casa Blanca olía a cera antigua y a un alivio tenso, cuidadosamente negociado. Allí, el miércoles pasado, dos hombres que durante meses se habían intercambiado acusaciones de narcotráfico e intervencionismo se dieron la mano. No fue un gesto de amistad, sino el cierre ritual de una crisis. Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia, y Donald Trump, el mandatario estadounidense que llegó a sugerir que “cuidara su trasero”, trazaron con ese apretón la frontera visible de una tregua. Pero la política, como el agua, siempre busca su nivel. Y las aguas, tras meses de tormenta, “vuelven al cauce del que nunca debían haber salido”, sentencia Xavier Vendrell, asesor político y antiguo colaborador de Petro. Sin embargo, este reencuentro no es un simple retorno al statu quo. Es la reanudación de una coreografía geopolítica donde cada paso, sincronizado o no, tiene consecuencias inmediatas y terrenales. Mientras los titulares se centraban en la foto, el terreno ya cambiaba: el miércoles, el Ejército colombiano retomó con fuerza operaciones ofensivas contra el ELN. El jueves, la Operación Lanza del Sur de la Armada estadounidense extendió su radio de acción al Pacífico, interceptando una narcolancha en aguas internacionales frente a las costas colombianas. Y el 6 de febrero de 2026, un primer vuelo con deportados colombianos desde Estados Unidos ha aterrizado en Bogotá. Son los primeros frutos, amargos y dulces, de esta normalización. El distanciamiento había sido brutal y público. Comenzó hace un año, precisamente por el espinoso asunto de las deportaciones, y escaló en una espiral de improperios en redes sociales. La “extracción” militar de Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas estadounidenses, que Petro calificó de “aberrante”, y la posterior amenaza velada de Trump hacia Colombia, llevaron la relación al borde del abismo. La inclusión de Petro y su familia en la llamada “lista Clinton” –que le costó la cancelación de su visa– y la suspensión de la ayuda financiera fueron el punto álgido de un invierno diplomático. “Todo esto tiene que ver mucho con una intoxicación voluntaria y malévola por parte de la extrema derecha colombiana”, analiza Vendrell desde Barcelona. “Habían logrado convencer a Trump de unos vínculos con el narcotráfico que son sencillamente absurdos. Yo creo que la extrema derecha se ha marcado un autogol y Petro sale claramente reforzado”. Una politóloga colombiana, quien participó en el Proceso de Paz y pidió reserva de su nombre, coincide: “Una de las banderas de la derecha siempre fue su buena relación con Washington y vendían la idea de que un gobierno de izquierda no la tendría. Esa carta se les ha caído”. El diálogo de los “libres” (y los pragmáticos) La reunión en sí fue un ejercicio de realpolitik envuelto en retórica de principios. “Fue una reunión entre libres”, declaró Petro después, parado en el jardín de la Casa Blanca. “Entre iguales, que piensan diferente, sí, con poderes diferentes, obviamente, pero capaces de encontrar caminos comunes”. Su anfitrión fue más conciso: “Él y yo no éramos precisamente los mejores amigos… Nos llevamos muy bien”. Trump incluso dejó una dedicatoria para Petro: “You are great”. Pero detrás de la cordialidad forzada, no hubo concesiones programáticas. Petro, incluso durante su visita, no se mordió la lengua. En la Universidad de Georgetown, lanzó dardos contra la intervención en Venezuela: “En donde nació Bolívar cayeron misiles… Caracas se convirtió en la primera ciudad latinoamericana en toda la historia mundial en ser bombardeada”. Y en la rueda de prensa conjunta, redobló su crítica al enfoque fallido de la guerra contra las drogas, entregándole a Trump una lista con nombres y lugares: “La primera línea del narcotráfico vive en Dubái, en Madrid, en Miami… Sus capitales están fuera de Colombia y hay que perseguirlos conjuntamente”. ¿Quién cedió entonces? Para Vendrell, el giro es más atribuible a Washington que a Bogotá. “Ha habido un cambio de visión grande por parte de Trump. Petro no ha moderado su postura; ha mantenido su discurso, pero en un marco de diálogo”. Un diálogo que, advierten los analistas, es frágil. “No estamos a salvo de un nuevo episodio”, señala Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario, en declaraciones a Efe. “Ambos son presidentes que suelen comunicar lo que piensan mediante redes sociales y eso, en cualquier momento, puede llevar a una nueva crisis”. Las consecuencias sobre el terreno: de las armas a los capitales Más allá de la foto y los discursos, la normalización promete un impacto tangible. La politóloga consultada por Umbral anticipa varios frentes: “Va a haber una recuperación de la cooperación estadounidense, sobre todo en sustitución de cultivos; se fortalecerá el apoyo militar en la frontera con Venezuela; veremos un enfrentamiento más directo con el ELN; y aumentará la atención de los empresarios estadounidenses, que tendrán menos prevenciones”. Es el cálculo frío de Petro en año electoral. Con su sucesor en juego, demostrar que puede “hacer las Américas grandes de nuevo” –en una peculiar adaptación del lema trumpista– no es un eslogan, sino una necesidad. Sostener la inversión extranjera y recuperar el flujo de cooperación son argumentos poderosos frente a una oposición que lo acusa de aislamiento. El viaje a Washington, pues, no fue una peregrinación ideológica. Fue una operación de alto riesgo para reubicar a Colombia en el tablero. La foto con Trump era incómoda, pero necesaria. Las aguas, ahora, parecen fluir de nuevo por el cauce profundo y antiguo de la relación bilateral: un torrente de intereses estratégicos, donde la soberanía negocia y la seguridad se co-administra. El cauce nunca se secó; sólo estuvo turbulento por un tiempo. Y, como advierten todos, la próxima tormenta podría no tardar.
Diosdado Cabello Llama a la Calma y Acusa a EE.UU. de una \»Masacre Cobarde\» en Venezuela
El ministro del Interior y número dos del chavismo, rodeado de militares, insta al pueblo a no \»facilitarle las cosas al enemigo invasor\» y cuestiona la complicidad de los organismos internacionales tras el ataque y captura de Maduro. Por Virtudes Álvarez Sampedro CARACAS, sábado.— En un mensaje de firmeza dirigido a una nación en estado de shock, el ministro del Interior de Venezuela y poderoso número dos del chavismo, Diosdado Cabello, hizo un llamado este sábado a la \»calma\» y a no \»facilitarle las cosas al enemigo invasor\», tras calificar como \»criminal y terrorista\» el ataque ejecutado por Estados Unidos, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa. La alocución, transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) con Cabello flanqueado por un alto mando militar, buscó proyectar unidad y control en medio del vacío de poder generado por la desaparición forzosa del mandatario. “Mucha calma, que nadie caiga en el desespero, que nadie caiga en facilitarle las cosas al enemigo invasor, al enemigo terrorista que nos atacó cobardemente”, afirmó Cabello, cuya figura se erige como uno de los pilares del gobierno en esta crisis. El ministro, dirigiéndose directamente a la ciudadanía, pidió confiar \»en el liderazgo\» y en la \»dirigencia del alto mando político, militar\», en un claro intento de cohesionar las filas del chavismo y disuadir cualquier acción de desorden interno que pudiera aprovechar la potencia invasora. Un desafío a la comunidad internacional Más allá del llamamiento interno, Cabello lanzó una andanada de durísimas preguntas retóricas hacia los organismos multilaterales, acusándolos de potencial complicidad por su silencio. “¿Van a hacer pública su complicidad ante el ataque invasor, ante el asesinato de civiles, bombas cayendo en edificios, en lugares habitados por civiles? ¿Van a ser los organismos internacionales cómplices de esa masacre?”, interrogó, elevando la gravedad de los hechos a la categoría de crimen de guerra y exigiendo un pronunciamiento que hasta ahora, salvo por las voces de Rusia, Cuba y algunos líderes regionales, no se ha producido con la contundencia que Caracas demanda. El ministro evaluó que Estados Unidos logró su objetivo \»parcialmente\», una referencia clara a la captura de Maduro, pero destacó como un éxito de resistencia que el pueblo no hubiera salido \»desbocado\», sugiriendo que la operación también buscaba provocar un caos social que no se materializó. Esta narrativa busca transformar la profunda vulnerabilidad demostrada por el ataque sorpresa en un relato de fortaleza y serenidad colectiva. El vacío y la incertidumbre El mensaje de Cabello opera en el tenso limbo creado por el anuncio del presidente Donald Trump en Truth Social, donde confirmó el “éxito” del “ataque a gran escala” y la captura y traslado aéreo de Maduro y Cilia Flores. Mientras, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien mantuvo una llamada con el canciller ruso Serguéi Lavrov, sigue admitiendo que el gobierno desconoce el paradero de ambos y exige una “prueba de vida”. La aparición de Cabello, un histórico de la revolución bolivariana con gran influencia en las Fuerzas Armadas, parece ser la respuesta del núcleo duro del chavismo para llenar el vacío de liderazgo visible y asegurar la continuidad del gobierno. Su discurso, entre la exhortación a la calma y la denuncia internacional, traza la hoja de ruta inmediata del régimen: mantener la cohesión interna, internacionalizar la crisis como una “masacre” y preparar el terreno para una prolongada batalla diplomática y de legitimidad, mientras el destino de su presidente máximo se decide en manos de una potencia extranjera.
Estados Unidos Bombardea Venezuela en un Escalada Militar sin Precedentes en la Región
Gobierno de Maduro denuncia \»gravísima agresión\» en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira; Petro exige sesión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU y Venezuela decreta estado de emergencia nacional, reservándose el derecho a la legítima defensa. Por Julio César Guzmán Acosta CARACAS, sábado.— En un giro dramático que coloca al borde del abismo a la ya tensa relación hemisférica, Estados Unidos ha ejecutado una serie de ataques aéreos contra territorio venezolano, según la denuncia formal presentada este sábado por el Gobierno del presidente Nicolás Maduro. La acción militar, confirmada extraoficialmente por fuentes de la Casa Blanca a medios estadounidenses, representa la materialización de las amenazas que han flotado durante años y la violación más grave de la soberanía de un Estado latinoamericano en décadas. Según el comunicado oficial venezolano, los bombardeos se dirigieron contra \»territorio y población venezolanos\» en instalaciones civiles y militares de Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. El Ministerio de Defensa venezolano los calificó de \»gravísima agresión militar\», con el supuesto objetivo de \»apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular de su petróleo y minerales\». Fuentes del Pentágono citadas por las cadenas CBS y Fox News, bajo condición de anonimato, han corroborado el inicio de una \»operación militar\» en suelo venezolano como medida de presión contra el gobierno de Maduro. Revelaron, además, que la orden fue autorizada por el presidente Donald Trump días atrás, y que la ejecución fue postergada en dos ocasiones: primero, por los ataques estadounidenses contra el Estado Islámico en Nigeria, y luego, por adversas condiciones meteorológicas. Explosiones en la capital y una convulsión regional En las primeras horas de la madrugada, los residentes de Caracas reportaron a la agencia Bloomberg el estruendo de múltiples explosiones, el sobrevuelo de aeronaves y el sonido de disparos. Medios locales y el ministro de Defensa de Colombia, Vladimir Padrino —país que comparte una extensa frontera con Venezuela—, han dado cuenta de ataques específicos con helicópteros de combate contra el complejo militar de Fuerte Tiuna, el cuartel de La Carlota, el aeropuerto de Higuerote, la antena de El Volcán y el Puerto de La Guaira. Las autoridades venezolanas aún recaban datos sobre posibles víctimas mortales y heridos. La reacción internacional no se ha hecho esperar y apunta a una severa condena. El presidente de Colombia, Gustavo Petro —cuyo gobierno ha tenido roces con Washington—, fue el primero en alzar la voz, exigiendo en la red social X una reunión \»de inmediato\» del Consejo de Seguridad de la ONU, organismo del cual Colombia es miembro no permanente, para \»establecer la legalidad internacional de la agresión\». \»En este momento bombardean Caracas. Alerta a todo el mundo han atacado a Venezuela\», declaró. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se sumó a la denuncia, tildando los hechos de \»criminal ataque de EEUU\» y un acto de \»terrorismo de Estado\» que \»brutalmente asalta\» la zona de paz. Ambos mandatarios hicieron un llamado urgente a la movilización de la comunidad internacional. Venezuela se moviliza y apela a la ONU Frente a lo que califica como una invasión, el gobierno de Nicolás Maduro ha declarado el estado de movilización general y de emergencia nacional, desplegando los mandos de defensa en todo el territorio. Simultáneamente, ha iniciado una ofensiva diplomática para presentar denuncias formales ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la Secretaría General del organismo, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL). En un pasaje de grave advertencia, el comunicado oficial venezolano invocó el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas para \»reservarse el derecho a ejercer la legítima defensa\» y convocó a los pueblos y gobiernos del mundo a una \»solidaridad activa frente a esta agresión imperial\». Del lado interno, la oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, mantiene por el momento un \»escrupuloso silencio\», a la espera de \»información confirmada\» para emitir un pronunciamiento oficial. Este ataque marca un punto de no retorno en la crisis venezolana, transformando una prolongada pugna política y económica en un conflicto militar abierto con implicaciones impredecibles para la estabilidad de América Latina y el orden internacional. El mundo espera, con alarma, la sesión de emergencia del Consejo de Seguridad.
Trinidad y Tobago moviliza a su ejército ante crisis caribeña

Trinidad y Tobago moviliza a sus fuerzas ante la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, mientras el gobierno insiste en la normalidad operativa y la ciudadanía, presa del nerviosismo, vacía estantes de supermercados. Por Julio Guzmán Acosta PUERTO ESPAÑA, Trinidad y Tobago.— Un silencio elocuente, cargado de la pesada humedad del trópico, se cierne sobre el Cuartel Teteron en Chaguarama y se extiende por todas las bases militares de esta nación archipiélago. Es el silencio que precede a la tormenta, o al menos, el que sigue a una orden inusual: las Fuerzas de Defensa de Trinidad y Tobago (TTDF) han sido puestas en Alerta Estatal Uno, la fase primigenia de su plan de defensa nacional, y se ha dictaminado el regreso inmediato de todo el personal a sus cuarteles. La medida, confirmada a esta redacción por un alto oficial castrense bajo condición de anonimato, surge en el contexto de una escalada retórica y militar en el Caribe, donde los buques de guerra estadounidenses navegan a escasas millas de las costas venezolanas. Trinidad y Tobago, cuyo territorio insular se encuentra a un suspiro geográfico—apenas 11 kilómetros—de Venezuela, parece haberse convertido en el tablero donde se juega una partida de alto riesgo entre Washington y Caracas. Fuentes castrenses bien informadas aseguran que altos mandos mantuvieron conciliábulos a puerta cerrada durante largas horas este viernes, deliberando sobre la respuesta adecuada a la volatilidad del entorno regional. El oficial consultado por EFE arguyó que la alerta es, ante todo, “una medida de precaución destinada a garantizar la plena operatibilidad” de las fuerzas armadas. Sin embargo, la brusca convocatoria ha desatado un vendaval de especulaciones y un palpable clima de inquietud entre la población civil. La Negación Oficial y el Pálpito Ciudadano Frente a la alarma, la voz gubernamental ha intentado erigir un dique de tranquilidad. En el hemiciclo parlamentario, el ministro de Defensa, Wayne Sturge, se negó con evasivas diplomáticas a confirmar o desmentir los movimientos, amparándose en el interés público y la seguridad nacional. Su homólogo de Seguridad Nacional, Roger Alexander, fue más lejos al tildar la movilización de “mero ejercicio operativo rutinario”. No obstante, tales afirmaciones chocan frontalmente con la realidad que vive la calle. En la capital, Puerto España, y sus alrededores, se registró un éxodo temprano de oficinas y fábricas. Padres acudieron presurosos a recoger a sus hijos de los colegios, mientras los supermercados veían cómo sus estantes de agua embotellada, alimentos enlatados y otros víveres de primera necesidad se vaciaban con celeridad inusual. El temor a quedar atrapados en el fuego cruzado de un conflicto ajeno, pero geográficamente próximo, se propagó con la velocidad de un rumor. La primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, salió al paso de los temores: “No hay evidencia alguna de un ataque inminente de los Estados Unidos contra Venezuela”, declaró en un intento por serenar los ánimos. Sus palabras, no obstante, parecen flotar en un mar de incertidumbre, navegando entre las advertencias de Caracas y las negaciones de Washington. La Sombra de dos Gigantes El origen de esta crisis de confianza se encuentra en la creciente presencia militar estadounidense en aguas del Caribe oriental, un despliegue ordenado por la Administración Trump que ya incluye un destructor y que, según los reportes, pronto se verá reforzado por la llegada del mayor portaaviones de la flota. El pretexto público es la intercepción de narcóticos, pero la prensa norteamericana, con el Miami Herald y The Wall Street Journal a la cabeza, ha insinuado que los planes podrían ser más ambiciosos y contemplar ataques contra instalaciones militares en Venezuela. Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro, cuya voz ha encontrado eco en su canciller, Yván Gil, ha lanzado un dramático llamamiento al pueblo trinitense: evitar que Estados Unidos “meta una guerra en el Caribe”. La advertencia va más allá: son las naciones vecinas, como Trinidad y Tobago, las que sufrirían “las consecuencias más lamentables de una intervención”. Mientras el presidente Trump desmiente cualquier intención belicista, la maquinaria se ha puesto en marcha. Las unidades del Primer y Segundo Batallón, los ingenieros en Cumuto y el Batallón de Servicios en Teteron han recibido la orden de presentarse en sus puestos. La nación contuvo el aliento, preguntándose si esta movilización es el preludio de una tormenta geopolítica o simplemente, como insisten sus gobernantes, un ejercicio de rutina en un día extraordinariamente tenso.
El Nuevo Muro de Trump

Medidas migratorias, tensiones judiciales y protestas civiles definen una semana crucial en la política interna estadounidense, mientras el presidente intensifica su ofensiva contra la inmigración legal e irregular Por Julio Guzmán Acosta WASHINGTON.— En un movimiento que consolida su cruzada contra la inmigración, el presidente Donald Trump firmó este viernes un decreto que impone una tarifa de 100 dólares a las solicitudes de visas H-1B para trabajadores altamente especializados, argumentando la necesidad de frenar el \»uso excesivo\» de este programa. Desde el Despacho Oval, el mandatario aseguró que la medida asegurará la llegada de \»grandes trabajadores\» y anunció, en una orden paralela, la creación de una vía de \»tarjeta dorada\» para acelerar visas selectivas a cambio de tarifas elevadas. Estas acciones representan el más reciente esfuerzo de una administración que ha convertido la restricción migratoria en sello de su política interior. La semana, sin embargo, estuvo marcada por reveses judiciales y tensiones sociales. El juez federal Timothy Kelly frenó el intento del gobierno de repatriar a menores guatemaltecos bajo custodia en Estados Unidos, tras una demanda del Centro Nacional de Leyes de Inmigración que alega violaciones a derechos constitucionales. Los diez niños involucrados, cuyas edades oscilan entre los 10 y 17 años, permanecerán en el país mientras continúan sus procesos legales. Las calles de Manhattan fueron escenario de otra batalla: al menos 71 personas, incluidos funcionarios de la ciudad y el estado de Nueva York, fueron arrestadas durante una protesta frente al centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Federal Plaza. El incidente refleja la creciente polarización en torno a las políticas migratorias, que han convertido al ICE en símbolo de controversia nacional. En un giro sombrío, el asesinato del activista conservador Charlie Kirk impregnó el debate público. Tyler Robinson, de 22 años, fue acusado de homicidio agravado por el crimen cometido el pasado 10 de septiembre en la Universidad del Valle de Utah. Trump anunció que el Departamento de Estado investiga a extranjeros que celebraron el hecho, mientras aerolíneas como Delta, American y United suspendieron a empleados por comentarios inapropiados en redes sociales. El panorama económico añadió complejidad a la semana: el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, anunció el primer recorte del año en las tasas de interés —un cuarto de punto porcentual—, en línea con las expectativas de mercado pero bajo la presión constante de una Casa Blanca que exige medidas más audaces para estimular el crecimiento. Entre decretos, fallos judiciales y protestas, la administración Trump afronta un momento definitorio: su política migratoria choca con barreras legales y sociales, mientras el fantasma de la violencia política y los ajustes económicos plantean interrogantes sobre el rumbo de una nación profundamente dividida.
EE.UU. ejecuta ataque letal en aguas del Caribe

Washington justifica la acción contra una embarcación venezolana como parte de la lucha antinarcóticos, mientras críticos alertan sobre un peligroso precedente y escalada regional. P El operativo, ejecutado el martes contra una lancha identificada como presunto vehículo de narcotráfico del Tren de Aragua, marca un giro abrupto en la estrategia habitual de Washington, que hasta ahora se basaba en interdicción, detenciones y sanciones. La Casa Blanca insistió en que el blanco era una “organización designada como terrorista”, en referencia al Cartel de Los Soles, que —según acusan— estaría liderado por el gobierno de Nicolás Maduro. Desde Caracas, el gobierno de Maduro calificó el hecho como “un invento” estadounidense. No obstante, medios locales y mensajes en redes sociales dieron cuenta de las muertes de varios pescadores de la zona de San Juan de Unare, contradictoriamente al discurso oficial. La embarcación habría zarpado con rumbo a Trinidad y Tobago, según reportó el diario El Nacional. Preocupación regional y advertencia de nuevas acciones Analistas internacionales han expresado alarma. José Enrique Arrioja, director de Americas Quarterly, señaló a EFE que el ataque “ha subvertido los principios legales y protocolos de rigor”, añadiendo que “asume culpabilidad irrefutable de los ocupantes, algo que solo se da en caso de guerra”. Mientras, el secretario de Estado Marco Rubio —en gira por Latinoamérica— advirtió que interceptar cargamentos “ya no funciona” y afirmó que Washington volverá a atacar embarcaciones ligadas al narcotráfico. Incluso se refirió a la posibilidad de reinstalar una base militar en Ecuador, lo que fue calificado como “ofensa” por el gobierno venezolano. Incidente militar y reacciones diplomáticas La tensión se agravó cuando dos cazas F-16 venezolanos sobrevolaron de manera “provocativa” —según el Pentágono— al destructor USS Jason Dunham en aguas internacionales. Como respuesta, Estados Unidos desplegó diez aviones F-35 en Puerto Rico. Varios países caribeños y sudamericanos han reaccionado con cautela. Trinidad y Tobago aplaudió la acción estadounidense, mientras Perú, Argentina, Paraguay, Ecuador y República Dominicana se sumaron a la designación del Cartel de Los Soles como organización terrorista. La ONU, por su parte, reivindicó el uso de la fuerza letal solo como último recurso y exigió una investigación transparente sobre lo ocurrido. Critican analistas que Estados Unidos no ha presentado pruebas contundentes que respalden su versión, y alertan que el operativo podría ser más una escalada calculada contra el gobierno de Maduro que una acción genuina antinarcóticos.
Marco Rubio inicia gira latinoamericana en medio de tensiones regionales

El secretario de Estado de EE.UU. se reúne con mandatarios de México y Ecuador para abordar narcotráfico, migración y seguridad, en un contexto de creciente presión sobre Venezuela. Por Brendalis Reyes Washington.— El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, inició este miércoles una gira de tres días por México y Ecuador, su cuarta visita a América Latina desde que asumió el cargo el pasado 20 de enero. La agenda incluye cooperación en la lucha contra cárteles de droga, tráfico de fentanilo, migración irregular y comercio. Un comunicado del Departamento de Estado destacó que este viaje “demuestra el firme compromiso de Estados Unidos con la protección de sus fronteras, la neutralización de las amenazas narcoterroristas y la igualdad de condiciones para las empresas estadounidenses”. Según el programa oficial, Rubio se reunirá este jueves con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, donde se espera aborden estos temas y se evalúe un posible acuerdo de seguridad bilateral. El viernes, el secretario sostendrá conversaciones en Quito con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa. La visita se produce días después de que una delegación del Congreso estadounidense se reuniera con el ministro ecuatoriano de Defensa, Gian Carlo Loffredo. La canciller ecuatoriana, Gabriela Sommerfeld, adelantó que entre los temas de cooperación se discutirá una solicitud de EE.UU. para recibir hasta 300 personas por año desde Ecuador, en el marco de acuerdos de movilidad controlada. La gira se desarrolla en un contexto de creciente tensión regional, marcado por el reciente despliegue militar cerca de aguas marítimas venezolanas, interpretado como una medida de presión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Analistas señalan que la visita de Rubio refuerza la estrategia estadounidense de consolidar alianzas bilaterales en materia de seguridad, mientras se mantienen posturas firmes frente a gobiernos considerados adversarios en la región. La gira concluirá el viernes por la tarde, después de que Rubio y Noboa ofrezcan una declaración conjunta en la capital ecuatoriana.
Trump juega a Ruleta Rusa: Venezuela no es Granada ni Panamá

Por Freddy González Siguiendo la política del Gran Garrote “ A Dios rogando y con el mazo dando”, iniciada en los albores del siglo XX por él republicano Theodore Roosevelt, (1901-1909), con la cual invadieron Haití, República Dominicana, Nicaragua, Hondura, en Guatemala derrocaron el gobierno de Jacobo Árbenz, intervinieron en Cuba con un grupo de mercenarios, derrocaron el gobierno constitucional del Profesor Juan Bosch, lo mismo hicieron en Chile con Salvador Allende y decenas de actos conspirativos y sediciosos contra gobiernos legítimamente elegidos, la administración Trump amenaza a la República Bolivariana de Venezuela, con intervenirla para derrocar y apresar al presidente Nicolás Maduro. Es la misma política con otra tonalidad que justificó y propicio en el año 1983 la invasión ordenada por gobierno de Ronald Reagan a la pequeña Granada con una superficie de 344 km² y una población de 112,003 habitantes, para derrocamiento del Gobierno de Hudson Austin, después del asesinato y la desaparición de Maurice Bishop, al que vincularon con régimen socialista de Cuba. Fue un enfrentamiento bastante desigual, una relación de cinco a uno, 1,300 soldados de Granada contra 7,300 infantes de marina estadounidenses, lo que a ojo de buen cubero era un combate donde los contrincantes libra a libra no salían, la diferencia era del cielo a la tierra. En 1989 en gobierno de George Bush padre, también invadieron a Panamá que tiene una extensión 75, 517 km², con un ejército de 26,000 soldados de EEUU contra los 12,000 que tenía el estado istmeño, en una relación del dos por uno. El argumento fue apresar al fanfarrón de Manuel Noriega que huyó raudo y veloz a buscar protección en la Nunciatura Apostólica de Panamá donde permaneció por un año antes de ser entregado a la fuerza de ocupación yankis y quien fuera antiguo colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en su lucha contra la revolución Sandinista de Nicaragua y como bagazo inservible acusado de estar ligado a los carteles de drogas colombianos. Erigido mutuo propio, como los guardianes de la \»Democracia\» en occidente, los gobiernos estadounidense Republicanos y Demócratas aplicando la política diseñada por los halcones del Pentágono, intervienen en todas partes de mundo, en busca de consolidar y expandir sus dominios y sobre todo obtener pingües beneficios, sin importa si es aupando y sosteniendo la Guerra en Ucrania, el genocidio de Gaza o las provocaciones y agresiones del sionismo a sus vecinos árabes en especial a Irán y Libia. Desde su retorno al poder el mitómano y excéntrico Donald Trump, ha aplicado una política de agresión en intimidación con sus vecinos del Norte y del Sur (Canadá y México), declarando a Cuba, Nicaragua y Venezuela cómo los responsables de la inestabilidad en América y el Caribe. También manifestó su deseo de anexar a Groenlandia, convertir a Canadá en el estado 51 de la unión e incursionar en territorio mexicano bajo el alegado manido de combatir los carteles de las drogas, sustancia que le han servido con anestésico a la enferma sociedad estadounidense situada entre las principales consumidoras del mundo que según estimaciones de las Naciones Unidas y la propia agencia antidrogas estadounidenses (DEA) está entré un 40% a un 50% del consumo mundial. Ahora su objetivo es la República y Bolivariana de Venezuela por sus riquezas y como no han podido por las vías democráticas desplazar al Chavismo donde todos sus adláteres han sido derrotados y como acusación de Comunista está muy desgastada, la nueva historieta es el terrorismo y el narcotráfico, usados como pretexto para agredir e intervenir en los países que no le son afines. Pero Venezuela no es Granada y tampoco Panamá, ni en tamaño, población, fuerzas de defensas y un pueblo dispuesto a defender sus conquistas con uñas y dientes Venezuela tiene una extensión de 916 445 km², con una población de 26 458 853, más grande que Granada 2,644 veces y que Panamá 12 veces. Tienes unas fuerzas armadas que superan los 300 mil soldados; una reserva mayor con 430 mil efectivos y sobre todo una aguerrida Milicia Bolivariana de más 4 millones de hombres y mujeres listo para defender la soberanía y la independencia de su país; lo que evidencia que estamos entre pesos pesados y el combate no sería tan desigual como los de Granada y Panamá A eso se agrega la solidaridad de los pueblos latinos americanos que condenamos cualquier tipo de injerencia en los asuntos internos de un país como lo señala la Carta de la OEA, que en su Artículo 19, que establece \»Que ningún Estado miembro tiene derecho a intervenir directa o indirectamente, por ningún motivo, en los asuntos internos o externos de otro Estado. Este principio prohíbe la fuerza armada y cualquier otra forma de injerencia que atente contra la personalidad del Estado, sus elementos políticos, económicos y culturales\» y la carta de las Naciones Unidas en su artículo 2.7 estipula \»Que la organización y sus Estados miembros no deben intervenir en asuntos que sean esencialmente de la jurisdicción interna de otro Estado\». La presencia de naves de Guerra y una cantidad indeterminada de tropas de la armada de EEUU , en costa Venezolana en la llamada zona contigua que exceden las 12 millas náuticas que limitan su territorio, es una provocación injustificable y violadora de la soberanía de ese pueblo hermano y una grave amenaza a la paz de la región por el gobierno neonazi de Donald Trump, que debe ser condenada y repudiada por todos los pueblos de Latino Americana y el Caribe por lo funesto y trágico que eso representa. Esperemos que el despliegue de fuerzas estadounidenses frente a las costas venezolana no pase de un simple amáraco, una bravuconada del irascible Donald III que en su megalomanía está llevando a la humanidad por el mismo camino que lo llevo Hitler hace 86 años, con los mismos argumentos y persiguiendo los mismos fines y muy probable con los mismos resultados más de 60 millones de seres humanos muertos y medio mundo destruido. Jugar a la ruleta rusa
Maduro moviliza la milicia ante despliegue militar de EE.UU. en el Caribe

Presidente venezolano denuncia \»plan criminal\» para cambio de régimen mientras Washington incrementa presión con buques de guerra y recompensa de 50 millones Por Arturo F. Guzmán CARACAS.— El presidente Nicolás Maduro ordenó este viernes el despliegue de 4.5 millones de efectivos de la milicia bolivariana en respuesta a lo que calificó como una \»amenaza inmoral, criminal e ilegal\» por parte de Estados Unidos, después de que tres destructores estadounidenses se posicionaran en aguas internacionales del Caribe. \»Lo que amenazan con intentar hacer contra Venezuela, un cambio de régimen, un zarpazo terrorista militar, es inmoral, criminal e ilegal\», declaró Maduro desde el hemiciclo del Parlamento, donde convocó a la unión nacional frente a lo que considera una agresión externa. Sus palabras resonaron ante una audiencia de diputados que coreaban consignas de apoyo. La sombra del Cartel de los Soles La crisis escaló cuando la Casa Blanca triplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura de Maduro, acusado de encabezar el llamado \»Cartel de los Soles\» —una organización que Washington vincula con el narcotráfico internacional—. Karoline Leavitt, portavoz de la administración Trump, afirmó que su gobierno está \»preparado para usar todos los medios del poder estadounidense\» para evitar que las drogas \»inunden nuestro país\». Maduro, por su parte, tachó las acusaciones de \»circo mediático\» y aseguró que su gobierno combate activamente el narcotráfico. \»Quien agrede a uno en América Latina agrede a todos\», subrayó, en un llamado a la solidaridad regional que hasta ahora no ha encontrado eco unánime. La disputa por el Esequibo y el rol de Guyana En un giro adicional, Venezuela acusó a Guyana de actuar como \»peón de los oscuros intereses imperiales y de ExxonMobil\». La Cancillería venezolana emitió un comunicado rechazando las declaraciones de Georgetown, que había expresado preocupación por el \»narcoterrorismo\» vinculado al Cartel de los Soles. La disputa fronteriza por el Esequibo —una región rica en petróleo administrada por Guyana pero reclamada por Caracas— añade otra capa de complejidad a la crisis. Desde el referendo de diciembre de 2023, donde Venezuela votó mayoritariamente a favor de anexarse el territorio, la tensión no ha dejado de crecer. ¿Invación inminente o guerra psicológica? Analistas consultados muestran escepticismo sobre una intervención militar directa. Mariano de Alba, especialista en geopolítica radicado en Londres, considera \»poco probable\» una invasión y sugiere que se trata más bien de una \»operación psicológica\» para aumentar la presión sobre el gobierno legítimo de Venezuela . En las calles de Caracas, la población reacciona entre la broma y la preocupación. \»Aprovechemos antes de que lleguen los gringos. ¡Es la última cena!\», bromea un comensal en un restaurante del este de la ciudad. Mientras, Wendy Ramírez, empleada de una biblioteca infantil, comenta con pragmatismo: \»Si vamos a esperar por los gringos que lleguen, no llevo comida para la casa\». Calculados movimientos en el tablero geopolítico Para De Alba, la crisis beneficia a Maduro al permitirle consolidar su narrativa del \»asedio imperial\» y justificar nuevas purgas internas. Para Trump, representa una oportunidad de mostrarse firme ante su base electoral en año de elecciones. La oposición venezolana, fracturada y debilitada, observa con cautela. María Corina Machado, líder opositora, no se ha pronunciado oficialmente, pero analistas como Rodríguez creen que el momento podría relanzar su figura. Lo cierto es que, después de años de relativo olvido, Venezuela vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de la Casa Blanca. Y como dice Gloria Hernández, una septuagenaria en una plaza caraqueña: \»Nosotros somos valientes, fuertes… y como hijos de Bolívar responderemos\».