Panamá: entre la presión internacional y la efervescencia social, un país en el ojo del huracán

Por Theo N. Guzmán En las últimas semanas, Panamá se ha convertido en un hervidero de tensiones políticas, sociales y geopolíticas. La pequeña nación centroamericana, históricamente estratégica por su canal interoceánico, enfrenta hoy una convergencia de desafíos que ponen a prueba su soberanía y su capacidad para resistir las presiones externas e internas. Desde las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre el control del Canal hasta las masivas protestas contra las políticas neoliberales del gobierno de José Raúl Mulino, Panamá vive un momento crítico que refleja las contradicciones de un mundo en reacomodo. El Canal de Panamá: ¿objetivo de Trump? El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca ha generado preocupación en Panamá. En una serie de declaraciones, el mandatario estadounidense anunció su intención de retomar el control del Canal, una infraestructura clave para el comercio global que fue devuelta a Panamá en 1999 tras los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Trump no descartó el uso de la \»coerción militar o económica\» para lograr su objetivo y criticó duramente al expresidente Jimmy Carter por haber firmado esos acuerdos. El Canal de Panamá, ampliado en 2016, sigue siendo un punto geoestratégico de importancia capital. Aunque su participación en el flujo mundial de mercancías ha disminuido (actualmente concentra entre el 3% y el 6% del comercio marítimo global), su relevancia aumenta en un contexto de repliegue hegemónico de Estados Unidos en el hemisferio occidental. Para Trump, Panamá, junto con Canadá, Groenlandia y el Golfo de México, es una pieza clave para detener el declive de la influencia estadounidense en la región. Sin embargo, la reivindicación del Canal como símbolo de soberanía nacional es un tema sensible en Panamá. La recuperación de esta infraestructura, que fue un enclave colonial durante gran parte del siglo XX, costó décadas de lucha y dejó numerosos mártires, como los caídos durante la invasión estadounidense de 1989, conocida como la \»Operación Causa Justa\». Este hecho histórico, que incluyó el bombardeo de barrios populares como El Chorrillo y el derrocamiento de Manuel Noriega, sigue vivo en la memoria colectiva de los panameños. Mulino y el alineamiento con Estados Unidos El gobierno del presidente José Raúl Mulino, quien asumió el poder en julio de 2024, ha sido criticado por su actitud complaciente hacia la política exterior de Trump. Tras la visita del secretario de Estado Marco Rubio, Panamá anunció su salida de la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por China, alineándose con los intereses estadounidenses de contener la influencia de potencias rivales como China, Rusia e Irán en América Latina. Mulino también ha revisado el papel de China en el Canal, dando alas a las acusaciones de Trump de que esta infraestructura está bajo el \»dominio del Partido Comunista Chino\». Además, el gobierno panameño ha aceptado recibir a migrantes deportados por Estados Unidos que no pueden ser retornados a sus países de origen, convirtiendo a Panamá en un eslabón de la política migratoria regresiva de la administración Trump. El frente interno: protestas y resistencia social A nivel local, el gobierno de Mulino ha impulsado una agenda neoliberal que ha desatado la ira de los movimientos sociales y sindicales. Una de sus prioridades es retomar el polémico proyecto de la trasnacional First Quantum Minerals para la extracción de cobre en el distrito de Donoso, suspendido en 2023 tras masivas protestas ciudadanas. Este mineral, crucial para la fabricación de microchips, es considerado estratégico por el Departamento de Energía de Estados Unidos. Otra medida controvertida es la reforma del sistema de seguridad social, que busca privatizar la Caja del Seguro Social y entregar sus fondos a la banca y a compañías privadas de pensiones. Este modelo, inspirado en el sistema de capitalización individual implantado en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, ha sido rechazado por las principales centrales sindicales del país, como la CONUSI y la CONATO. Las protestas contra estas políticas han sido masivas y han enfrentado una dura represión gubernamental. El 12 de enero, una jornada de movilización convocada por el poderoso sindicato de construcción SUNTRACS terminó con más de 500 detenciones y 83 trabajadores judicializados. Estudiantes de la Universidad de Panamá también fueron procesados por protestar contra la visita de Marco Rubio. El 20 de febrero, una multitudinaria marcha reunió a más de 12 mil personas en la capital panameña. Representantes de movimientos sociales, mujeres, barrios populares, campesinos, indígenas, estudiantes y ambientalistas se unieron para defender la soberanía nacional, denunciar la represión estatal y rechazar la privatización de la seguridad social. Un país en la encrucijada Panamá, con su ubicación geográfica privilegiada, se encuentra en el centro de un huracán geopolítico. La incompatibilidad entre el nacionalismo trumpiano y un nacionalismo progresivo y periférico es evidente. La soberanía nacional y el alineamiento con el viejo hegemón son, como bien lo saben Mulino, Trump, Rubio y el jefe del Comando Sur Alvin Hosley, lisa y llanamente incompatibles. En un contexto de efervescencia social, con protestas que articulan la demanda de bienestar y soberanía, Panamá enfrenta un desafío histórico. La memoria de las luchas pasadas, como la recuperación del Canal y la resistencia a la invasión de 1989, sigue viva y alimenta la resistencia actual. En medio de la ofensiva neoliberal y neoimperial, el movimiento social y sindical panameño se mantiene en pie de guerra, defendiendo un futuro más justo y soberano para su país. Panamá demuestra, de forma descarnada, que la lucha por la soberanía y la justicia social no es solo un tema del pasado, sino una urgencia del presente. En este escenario, el pueblo panameño sigue escribiendo su historia, con la determinación de no ceder ante las presiones externas ni las políticas regresivas de su propio gobierno.
¿Dónde está el mundo?

Por Rafael Chaljub Mejía Apenas se disipaban el humo y el eco fúnebre de las bombas lanzadas sobre Gaza, cuando salió de entre las ruinas un palestino que, con el cadáver de su pequeño hijo en brazos, sangrando él mismo de una herida en el rostro, señalaba hacia el montón de escombros en que acababan de convertirse las casas de su barrio y preguntaba ante las cámaras: ¿Dónde está el mundo…? Parecería que el mundo por el cual preguntaba el padre adolorido, además de injusto es insensible. No es así en su totalidad, pero sucede que los poderes dominantes, son los apoyadores de Israel, han condicionado la actitud de los demás, y cuando ocurren determinados crímenes, casi todo ese mundo mira hacia el lado y se hace el indiferente. Salvo muy contadas excepciones, ese mundo ha quedado callado ante el reciente anuncio del presidente Donald Trump, de que sacará a los palestinos de Gaza, para desarrollar, como negociante al fin, “un gran proyecto inmobiliario” y convertir aquel martirizado territorio en otra versión de la Riviera francesa en la cual los magnates del dinero hagan sus buenos negocios y vayan de vacaciones. Trump y Benjamín Nethanyahu han insistido en esa idea y quien piense que están hablando por hablar está subestimando las agallas, la ideología imperialista y los intereses que ellos representan. Se trata de terminar de desarraigar al pueblo heroico de Palestina de los últimos territorios que le quedan y convertirse ellos en dueños y señores de lo que no les pertenece. Ya se produjo el primer gran despojo cuando en 1948, a costa de una parte de la patria palestina se asentó el Estado de Israel. El despojo no ha cesado y cuando apenas les quedan a los palestinos la franja de Gaza y Cisjordania, ahora, tras la destrucción y la matanza, se les quiere expulsar de esos reductos y condenarlos para siempre a vivir y morir como parias en tierra extraña. Seguro que ese pueblo que por milenios, al precio de tanta sangre y dolor ha dado ejemplo de amor a su patria y su libertad, resistirá con el valor de siempre, pero indigna comprobar cómo todo aquello transcurre bajo la mirada indiferente y el silencio cómplice de tantos Estados, instituciones y países. Lamentablemente, así ocurre y la pregunta desesperada y lacerante sigue teniendo vigencia: ¿dónde está el mundo?
Venezuela recibe a 177 deportados desde EE.UU., uno con orden de captura de Interpol

Por Servicios umbral.local/ Caracas. — El ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, informó que uno de los 177 venezolanos deportados por Estados Unidos y repatriados tiene una orden de captura de Interpol por un delito cometido en Ecuador. Durante su programa de radio, Cabello aseguró que el individuo será juzgado en Venezuela bajo las leyes nacionales y que se solicitará al Gobierno de Ecuador el expediente correspondiente para avanzar en el proceso. El funcionario también reveló que, de los 177 deportados, otros 38 tienen \»algún registro policial\» abierto, aunque aclaró que esto no necesariamente implica que hayan cometido delitos graves, ya que podrían tratarse de denuncias o ofensas menores. Cabello aprovechó para desmentir las acusaciones de Estados Unidos sobre la presencia de miembros del Tren de Aragua, una banda criminal venezolana, entre los deportados. \»El Tren de Aragua es una narrativa, una vil narrativa contra nuestro país que ahora se le revierte a aquellos que la impulsaron\», afirmó Cabello, refiriéndose a las declaraciones de las autoridades estadounidenses, que habían asegurado que los deportados estaban vinculados a esta organización delictiva. Los 177 venezolanos fueron trasladados desde la base de Guantánamo, Cuba, hasta Honduras, donde fueron recibidos y posteriormente embarcados en un vuelo de la aerolínea estatal Conviasa con destino a Venezuela. Este operativo forma parte de las deportaciones masivas ordenadas por el Gobierno de Donald Trump, que incluyeron la visita del enviado especial Richard Grenell a Venezuela para coordinar la reanudación de estos vuelos. Cabello calificó como \»injusto\» el trato recibido por los deportados en Guantánamo, a los que describió como víctimas de un \»infierno\», y celebró su regreso al país. \»Están regresando a su país, están siendo tratados como seres humanos, más allá de cualquier situación judicial que tengan algunos\», declaró durante la recepción de los repatriados en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Este grupo representa el segundo contingente de venezolanos deportados desde el inicio de las redadas contra la inmigración irregular ordenadas por Trump. Honduras actuó como intermediario en esta ocasión, ya que no existen vuelos directos entre Guantánamo y Caracas. Otros países de la región, como Costa Rica y Panamá, también han accedido a colaborar como \»puentes\» en estos operativos, facilitando el tránsito temporal de los deportados antes de su repatriación definitiva. El Gobierno venezolano ha reiterado su compromiso de combatir el terrorismo y las organizaciones criminales, pero ha rechazado cualquier intento de \»criminalizar\» a sus ciudadanos. La situación de los deportados y las acusaciones cruzadas entre ambos países continúan generando tensiones en el marco de las relaciones bilaterales.
¿Un nuevo orden mundial?

Ágora Por César Pérez Con el ascenso al poder del grupo políticamente encabezado por Donald Trump, hace apenas un mes, el mundo parece haberse encaminado hacia un nuevo orden mundial en el que sería hegemónico ese grupo a través de las nuevas alianzas y reglas que, en términos políticos, económico y militar pretende imponer. Es temprano para saber las características esenciales que tendría ese nuevo orden político, tampoco su calado, pero sí podría afirmarse que el mundo difícilmente sea el mismo después que se asiente esta suerte de terremoto político que ha sumido en un profundo desconcierto y humillación a las élites económicas y políticas europeas sino y de todo el mundo. Algo que jamás había ocurrido a lo largo de la historia. Las élites económicas/militar europeas, protegidas por el escudo de una OTAN capitaneada por los EEUU, jamás se podían imaginar que iban a ser humilladas por su aliado/protector durante casi 80 años, al negarle de manera brutal una silla en la mesa de negociaciones bilaterales entre esa potencia y Rusia. En esa mesa se discute el destino de Ucrania, lo que podría significar el destino de Europa, de ahí que su incertidumbre y desamparo no puede ser mayor. Es posible que varios sectores políticos y económicos europeos fueran conscientes de lo que para ellos y el mundo podía significar el ascenso de la fracción del gran capital que, en términos políticos, se expresa en la figura Trump. Conocían las estrechas relaciones entre aquel y Putin, además del entramado de fuerzas antieuropeas favorables a sus posiciones y designios. Pero la mezquindad, pusilanimidad y división entre esos sectores les impedían una reacción firme contra a los referidos personajes. No lograron reaccionar adecuadamente ante la inminencia de la catástrofe que le venía encima. No tenían ni tienen respuesta, nadie la tiene, a esta nueva convulsión del sistema capitalista, a esta nueva crisis cíclica en que discurre este sistema. De esas crisis el capitalismo ha podido sobrevivir, recomponiéndose y recuperando su vitalidad, pero quizás a eso ha contribuido la entonces existencia de un tejido social sostenido por utopías forjadoras de esperanzas. La presente crisis tiene como trasfondo el resurgimiento de las fuerzas anti sistémicas del nazi/fascismo, en cierta media el mismo de la crisis de los 20 y algo más de la mitad de los 30 que, según Hobsbawm significó el hundimiento del “sistema mundial liberal y de la sociedad burguesa”. Pero, en esos mismos años las fuerzas del movimiento de trabajadores y los partidos vinculados a este, de la intelectualidad progresista y de consolidación de la ex URSS estaban en un momento de pleno y sostenido auge. Hoy esas fuerzas Estamos ante el hundimiento del sistema formal de reglas económicas y de cierta convivencia entre los estados, provocada por una fracción del gran capital que, en un acto de piratería y arbitrariedad propio de los tiempos en que las grandes potencias se apoderaban del petróleo y otros minerales cuando estos eran la principales fuentes para producir riqueza, para terminar la guerra le exige a Ucrania la firma de un contrato de un irrisorio medio millón de dólares, según reporta el periódico Elpais, para que empresas ucranianas y norteamericanas asuman la explotación de las tierras raras de ese país. Con esa exigencia, EEUU no solo obtiene la riqueza de esos recursos, sino que salva a Rusia de su insostenible sangría económica para mantener su guerra. Eso significa un cambio de carácter histórico en el sistema de alianzas entre las grandes potencias capitalistas. Una lección que muchos deberían aprender. Y es que son viejas y conocidas las alianzas que han forjado estos personajes juntamente con los grupos extremistas belgas, italianos (que están en poder), griegos, españoles, la Le Pen que de Francia tiene el mayor partido; los neonazis alemanes donde todavía se siente el ruido provocado por Elon Musk que plena campaña electoral de ese país les manifiesta su apoyo. Esas y otras colectividades constituyen la internacional ultraderechista, cuyos puntos de referencia son Trump y Putin. La alianza entre ellos y la debilidad de Europa posibilitan la reunión para terminar la guerra en el corazón de Europa, al margen de esta y de Ucrania, la otra parte y de una China momentáneamente descolocada…y nerviosa. Los daños de esa alianza son ostensibles, pero difícilmente esta podrá construir un nuevo orden capitalista mundial de largo aliento, capitaneada por un gobernante que desconoce la división de poderes del Estado, y por un empresario que reclama y arbitrariamente tenga acceso y control para el beneficio de sus empresas de las informaciones de todas las instancias de ese país, es de incierta consolidación. Encontrará de frente a importantes sectores políticos con posiciones progresistas dentro y fuera de ese país y aunque debilitadla, Europa sigue siendo una potencia económica y en términos de servicios públicos básicos superior a EEUU. De igual modo, por sus niveles de desigualdad e iniquidad social, el sistema que en última instancia provocó esta crisis era insostenible. Esta, en este momento, es la única certeza.
Lo de Trump no está escrito

Por Freddy González \»Primero vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no dije nada, porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada, porque no era judío; luego vinieron por mí, y no quedó nadie que hablara por mí\». Martin Niemöller Todos los días, cada hora y cada minuto desde su llegada al gobierno de los EE. UU., el presidente Donald Trump sorprende a la colectividad mundial anunciando medidas que parecen absurdas y descabelladas, pero que en realidad no lo son y nadie dice nada. Su propósito de hacer de su país una gran nación en crecimiento y en expansión en detrimento de otros no importa sea al norte o al sur de su país, es un plan imperial fríamente calculado, pero nadie dice nada. Puede ser no sólo ocupando el canal de Panamá sino también engulléndola entera, comprando u ocupando manos militares a Groenlandia, pero nadie dice nada. Ocupando cualquier parte de Europa, Asia, África y sobre todo del medio oriente rico en petróleo y otros minerales indispensables para el desarrollo de las industrias, especialmente la bélica, pero nadie dice nada. En sus planes políticos confluyen dos concepciones imperialistas y expansionistas, El Destino Manifiesto y El Espacio Vital, ambos de oscuros recuerdos para la humanidad, el primero por el despojo de la mitad del territorio de su vecino México y el segundo por haber conducido a una conflagración mundial con saldo de más de 60 millones de pérdidas humanas sin contar las enormes pérdidas materiales, pero nadie dice nada. Ante el genocidio del ejército sionista de más de 50 mil ciudadanos palestinos, de los cuales el 80% unos 40 mil, son mujeres, niños y ancianos, nadie dice nada. Trump acaba autorizar el envío a Israel de la bomba MOAB, de alto poder destructivo, para seguir usándola en su política de exterminio del pueblo palestino, pero todos callan por temor a represalias. Dice que está dispuesto a apoyar a sus aliados Sionistas a que\» Desatan el infierno\» en lo que queda de la ya destruida franja de Gaza, si Hamas no accede a sus dictámenes, y todos hacen silencio. Se abroga el derecho de decir: que los palestinos de Gaza no tendrían derecho a regresar en virtud de su plan de \»propiedad\» estadounidense del territorio devastado por la guerra, y la comunidad internacional lo contempla sin inmutarse. Su última propuesta para solucionar la situación de la Franja de Gaza consistente en expatriar más de dos millones de palestinos de su país, lanzándolo a deambular por el mundo como mendigos sin techos, salud, alimentación y educación, pero nadie dice nada. El nuevo faraón estadounidense dice que su país \»tomará el control» de la Franja de Gaza y la construirá, convirtiéndola en la «Riviera de Oriente Medio»”. Ocupación que según él será a largo plazo, insistiendo en que es necesario el desplazamiento permanente de los gazatíes (ciudadanos de Gaza) fuera del enclave (de su territorio), y la comunidad internacional hace mutis frente a tal aberración. Yo me pregunto: ¿qué derecho tiene Trump, que no sea el de la fuerza, a convertir un pueblo sedentario en nómada? ¿Quién lo ha nombrado juez para juzgar y decidir la suerte de lo que llaman gazatíes, a los que quiere ver fuera de ese enclave?; ¿Con quién pretende Trump repoblar su llamada \»Rivera de Oriente Medio”? Naturalmente que con sus socios los colonos israelíes. Frente a los desmanes, abusos y arbitrariedades que a diario anuncia y comete Donald Trump, todos callan, unos por hacerse los graciosos con él y otros por miedo a desatar la ira del autoproclamado amo del mundo. Solo que ese silencio cómplice nos traerá consecuencias de las que todos nos lamentaremos, y cuando caiga el telón de esta obra tragedia ya nadie podrá decir nada, porque nadie quedará para protestar y defender los derechos de millones de ciudadanos en todo el mundo. Así de simple.
Visita de Marco Rubio a la República Dominicana genera rechazo y críticas de organizaciones sociales y de Izquierda

Por Servicios umbral.local/ Santo Domingo, 8 de febrero de 2025 – La reciente visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a la República Dominicana, ha suscitado controversia y críticas por parte de organizaciones de izquierda que acusan al funcionario de intentar imponer una agenda colonialista de Washington en la región. Rubio arribó al país el miércoles por la noche como parte de su primera gira internacional desde que asumió el cargo hace dos semanas. Durante su estancia, se reunió con el presidente dominicano, Luis Abinader, en el Palacio Nacional, donde se abordaron temas de seguridad, migración y comercio. En una rueda de prensa conjunta, Rubio destacó el compromiso de la administración de Donald Trump con la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití, dirigida por Kenia. Afirmó que, a pesar de una orden de “freeze” que congela los programas de asistencia, existe la posibilidad de crear excepciones, siendo la ayuda a Haití una de ellas. El secretario de Estado también enfatizó la importancia de fortalecer la generación eléctrica en la República Dominicana, un esfuerzo que, según él, beneficiaría también a Puerto Rico. Resaltó el potencial del país caribeño para convertirse en un centro de innovación y tecnología, dada su proximidad a Estados Unidos y su estabilidad política. Por su parte, el presidente Abinader coincidió en la necesidad de una respuesta coordinada y solidaria de la comunidad internacional ante la crisis en Haití, reiterando que no existe una solución dominicana a la situación haitiana. Abinader enfatizó la urgencia de un mayor apoyo financiero para la Fuerza Multinacional liderada por Kenia. No obstante, las declaraciones de Rubio sobre Cuba, Venezuela y Nicaragua, a las que calificó como “enemigas de la humanidad”, fueron recibidas con rechazo por parte de diversas organizaciones políticas y sociales en el país. Estas entidades critican a Estados Unidos, argumentando que es el “único enemigo de la humanidad” en el contexto de las intervenciones en la región. La visita de Rubio y sus declaraciones han generado un ambiente de tensión y polarización, evidenciando las diferencias ideológicas en la política internacional y la percepción de la influencia estadounidense en América Latina. Las organizaciones de izquierda han prometido seguir manifestando su rechazo a lo que consideran un intento de imponer una agenda neocolonial en la región.
Trump y el chantaje arancelario

VISIÓN GLOBAL Por Nelson Encarnación PERSPECTIVA: Durante el apogeo de la Guerra Fría, Estados Unidos ejercía presión sobre su “patio trasero” mediante el recurso de la fuerza militar, a través de la cual, y por vía de las asonadas de los cuarteles, doblegaba a los gobiernos “desafectos”. En consonancia con esa conducta, Estados Unidos plagó América Latina de dictadores criminales, ladrones y hasta genocidas, para quienes la vida humana era prescindible, material desechable. De esa conducta signada como política de Estado, Washington prohijó a criminales, genocidas y ladrones de la calaña de Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla en Argentina, los Somoza en Nicaragua, Stroessner en Paraguay y otros carniceros de su misma catadura. Ningún régimen democrático que contraviniera las líneas anti soviética, anti china, anti cubana, etc., estuvo exento de las conspiraciones alentadas desde el Pentágono a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Grupo de Asesoría Militar conocido como MAAG, mediante el uso de sus arietes entrenados en la Escuela de las Américas, en Panamá. La muerte del líder chino y la posterior caída del bloque soviético provocaron un giro esencial en la política estadounidense respecto de sus vecinos del sur, pues el comunismo dejó de ser una preocupación para Washington. Ahora, con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, el juego ha cambiado hacia el chantaje arancelario, pues la imposición de estos pende como la famosa espada sobre el cuello de países sin importar su tamaño, en tanto y en cuanto el presidente usa ese recurso como una perra brava que amenaza soltar, y que tiende a doblar la voluntad de gobernantes, a menos que se trate de líderes dotados de una férrea determinación que no sucumben a ese chantaje. Sin lugar a dudas que se trata de un recurso con el que cuenta el presidente Trump, que unido a la inmigración y el narcotráfico le permiten jugar su baza, a pesar de que en este último caso la responsabilidad es compartida. Es decir, los países productores de drogas duras, los que sirven de puente y Estados Unidos tienen que repartirse la carga: unos sirven en la primera parte y los estadounidenses la siguiente que representa el gran consumo y el celo para que el producto de ese veneno—que se llama dinero—quede represado en el sistema financiero y se lave en sus grandes bancos sin mayores consecuencias. Este ha sido un comportamiento recurrente en la administración estadounidense que ha consistido en obligar a otros países a implementar políticas de persecución del lavado de activos con el cual las autoridades, generalmente, han preferido mirar para otro lado cuando se trata de grandes lavadores de dinero. ¿Alguien me puede explicar?
La visita injerencista de Marco Rubio y el robo del avión venezolano: Una muestra más de la política entreguista de Luis Abinader y el PRM

Por Julio Guzmán Acosta La reciente visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio a la República Dominicana ha dejado al descubierto una vez más la sumisión del gobierno de Luis Abinader y el PRM a los intereses de la administración de Estados Unidos. Este episodio, que podría parecer un simple acto de cortesía diplomática, en realidad es un reflejo de la política entreguista y dependiente que ha caracterizado al actual gobierno dominicano, especialmente en su relación con Washington. Uno de los hechos más polémicos que han marcado esta visita es la entrega del avión venezolano retenido en el país a las autoridades estadounidenses. Este avión, que pertenece al Estado venezolano, fue confiscado bajo presiones de Estados Unidos, y su entrega no solo viola principios básicos de soberanía y derecho internacional, sino que también demuestra cómo el gobierno de Abinader actúa como un títere al servicio de los intereses geopolíticos de Donald Trump. La administración de Abinader ha justificado esta acción bajo el argumento de que el avión estaba vinculado a actividades ilícitas, una narrativa que coincide con la retórica anti venezolana impulsada por Washington. Sin embargo, lo que no se dice es que esta entrega forma parte de una estrategia más amplia de injerencia y desestabilización contra Venezuela, en la que el gobierno dominicano ha decidido participar de manera activa siguiendo las órdenes de la Casa Blanca. La visita de Marco Rubio, conocido por su postura dura contra los gobiernos progresistas de América Latina, no es casual. Rubio, uno de los arquitectos de la política exterior agresiva de Trump hacia la región, ha encontrado en el gobierno de Abinader un aliado dispuesto a seguir al pie de la letra las órdenes de Washington. Esta alianza no solo perjudica la imagen internacional de la República Dominicana, sino que también la convierte en cómplice de una política injerencista que busca socavar la soberanía de otros países. Lo más preocupante de todo esto es la falta de autonomía que muestra el gobierno dominicano en su política exterior. En lugar de defender los intereses nacionales y promover una relación de respeto mutuo con otros países, Abinader ha optado por alinearse de manera incondicional con Estados Unidos, incluso cuando esto implica actuar en contra de principios básicos de soberanía y no intervención. La entrega del avión venezolano es solo un ejemplo de esta política entreguista. Con esta acción, el gobierno dominicano no solo ha violado normas internacionales, sino que también ha sentado un precedente peligroso: el de permitir que su territorio sea utilizado como plataforma para la injerencia extranjera. En un momento en que América Latina necesita líderes que defiendan la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, el gobierno de Luis Abinader ha decidido seguir el camino opuesto. La visita de Marco Rubio y la entrega del avión venezolano son una muestra clara de que, bajo la actual administración, la República Dominicana ha renunciado a su independencia política para convertirse en un peón al servicio de los intereses de Estados Unidos. Es hora de que el pueblo dominicano tome conciencia de las consecuencias de esta política entreguista y exija un gobierno que defienda los intereses nacionales por encima de los intereses extranjeros. La soberanía no se negocia, y menos aún se entrega a cambio de favores políticos.
Ante la voz del amo

Por Rafael Chaljub Mejía Si alguien pensó que a la renovada ofensiva del gobierno de Donald Trump, los países latinoamericanos responderían con un frente común de resistencia, la sumisión y la actitud claudicante de algunos gobernantes debe haberlo desengañado. Esa embestida yanqui está empezando, Trump lleva apenas días en la presidencia y la región está conmocionada. Unos de los ejes de su política es la persecución a los emigrantes y ese es cosa de gran envergadura. Ya se habla de crear campos de encierros masivos para los indocumentados, de usar las cárceles del territorio usurpado de Guantánamo, de enviar deportados a los infiernos salvadoreños de Nayib Bukele, y mientras el presidente norteamericano amenaza a otros países; para completar el cerco, ha sido enviado el secretario Marco Rubio a transmitir, como cualquier procónsul, los mandatos de Trump a varios gobernantes de la zona. Y lo que se está viendo es vergonzoso. El presidente José Raúl Mulino Panamá reafirma control soberano sobre su canal tras declaraciones de Donald Trumphabló de soberanía innegociable sobre el canal de Panamá, pero cuando llegó Rubio y reiteró que “bajo ningún concepto su país acepta los actuales términos de la relación entre China y Panamá”, entonces se vio que ese discurso patriotero de Mulino sobre el canal era una máscara para ocultar lo esencial, que es la llamada influencia china en Panamá. Sin delicadeza ni pudor, cayó rendido. Revisará los acuerdos con China sobre el canal y se retirará de la iniciativa de la ruta de la seda. Con el presidente guatemalteco Bernardo Arévalo, el enviado no tuvo que bregar mucho, para que don Bernardo se comprometiera a desplegar millares de soldados para atajar la emigración, que es lo mismo que ponerse de peón a cuidarle la frontera a los yanquis. Bukele dijo que sí, que servirá de carcelero de prisioneros enviados por el Gobierno yanqui y hasta la digna presidente de México y el poderoso Canadá, se han comprometido a reforzar la custodia de las respectivas fronteras con Estados Unidos. A punta de amenaza, Trump va involucrando a toda la región en el asunto migratorio norteamericano. Como escribo miércoles, aquí aún se está a la espera de la visita del procónsul. Ya veremos los resultados de sus tratos con el presidente dominicano, que ha dicho y demostrado estar del lado de los norteamericanos. Así, el anhelado frente de resistencia a la embestida yanqui lo han roto los gobiernos dóciles. Ya alguna vez, más temprano que tarde, los pueblos, las naciones y los gobiernos dignos sabrán construirlo y liberarse. Es la esperanza.
El Presidente Luis Abinader recibirá al Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio

Por Theo N. Guzmán Santo Domingo, RD – Este jueves, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, se reunirá en el Palacio Nacional con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, en una visita que abordará temas de interés común entre ambas naciones. Rubio llegará al país a las 11:45 de la mañana, acompañado por una comitiva oficial. La agenda de la visita incluye una reunión privada entre el presidente Abinader y el secretario de Estado en el Salón Blanco, seguida de un almuerzo de trabajo con la delegación estadounidense en el Salón Verde. Posteriormente, ambos líderes ofrecerán declaraciones a los medios de comunicación en el Salón Embajadores. La delegación dominicana estará compuesta por figuras clave del gobierno, incluyendo a la vicepresidenta Raquel Peña y varios ministros, tales como José Ignacio Paliza (Ministro de la Presidencia), Roberto Álvarez (Ministro de Relaciones Exteriores), y el teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre (Ministro de Defensa), entre otros. También asistirán altos mandos militares y representantes del Ministerio Público. Por parte de Estados Unidos, la comitiva estará liderada por la encargada de Negocios de la Embajada, Patricia Aguilera, e incluirá a funcionarios destacados de diversas oficinas del Departamento de Estado, como el consejero Michael Needham y la vocera Tammy Bruce. Este encuentro se produce en un contexto de creciente colaboración entre ambos países, y se espera que se discutan temas de seguridad, economía y migración, entre otros aspectos relevantes para la relación bilateral. Es bueno recordar que varios partidos de izquierda, organizaciones populares y sociales han denunciado la visita de Marco Rubio como una injerencia en los asuntos internos del país y han llamado a la ciudadania a rechazar los intentos de la administración de Donald Trump de querer alinear al gobierno dominicano que encabeza Luis Abinader con su política imperialista y de acoso a los gobiernos progresistas de la región.