UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Netanyahu regresa a Washington en medio del desgaste de su imagen y crecientes tensiones con Trump

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, llega nuevamente a la Casa Blanca en un contexto político complejo, marcado por el debilitamiento de su respaldo tanto en Estados Unidos como en su propio país, mientras afloran diferencias con el presidente Donald Trump sobre la estrategia frente a Irán. Por Redacción Internacional WASHINGTON. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, inicia una nueva visita oficial a Washington en uno de los momentos más delicados de su trayectoria política reciente, con un escenario marcado por la pérdida de respaldo en Estados Unidos, una campaña electoral incierta en Israel y señales de enfriamiento en su tradicional relación con el presidente estadounidense Donald Trump. La visita se produce a escasos tres meses de las elecciones legislativas israelíes, en las que los sondeos reflejan un panorama adverso para la actual coalición de gobierno encabezada por Netanyahu. Las proyecciones sitúan al bloque oficialista por debajo de la mayoría parlamentaria necesaria para conservar el poder, aumentando la incertidumbre sobre la continuidad del mandatario. Al mismo tiempo, Washington también atraviesa un ciclo electoral decisivo. La posibilidad de que los republicanos pierdan el control del Congreso introduce nuevas interrogantes sobre el futuro del respaldo militar y político que históricamente ha recibido Israel desde Estados Unidos, especialmente ante el creciente cuestionamiento dentro del Partido Demócrata. Crece el distanciamiento en Washington Durante los últimos meses ha aumentado el debate político en Estados Unidos sobre la política hacia Israel. Un sector cada vez más amplio del Partido Demócrata ha expresado reservas respecto al apoyo militar a Tel Aviv, en medio de las críticas internacionales por la situación humanitaria derivada de la guerra en Gaza. La semana pasada, más de un centenar de legisladores demócratas respaldaron una iniciativa orientada a limitar el envío de armamento a Israel. Aunque la propuesta fue bloqueada por la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, la votación evidenció un cambio significativo dentro del panorama político estadounidense. A pesar de ese contexto, Netanyahu busca aprovechar su encuentro con Trump para proyectar una imagen de continuidad en la alianza estratégica entre ambos gobiernos, considerada durante años uno de los pilares de la política exterior israelí. Diferencias por la estrategia frente a Irán Sin embargo, la relación entre ambos líderes ha mostrado señales de desgaste como consecuencia de las diferencias surgidas en torno a la estrategia militar y diplomática respecto a Irán. La ofensiva iniciada meses atrás contra territorio iraní no ha alcanzado los objetivos planteados inicialmente, entre ellos limitar el programa nuclear iraní o provocar un cambio de régimen en Teherán. Paralelamente, la prolongación del conflicto ha incrementado la tensión regional y generado efectos económicos, incluido el aumento del precio internacional de los combustibles debido a las amenazas sobre el estrecho de Ormuz y la intensificación de ataques en el Mar Rojo. Mientras Washington ha impulsado nuevos contactos diplomáticos con autoridades iraníes, Israel ha mantenido una posición más favorable a prolongar la presión militar, generando discrepancias públicas entre ambos gobiernos. Trump endurece el tono hacia Netanyahu Las diferencias también se han reflejado en las declaraciones del presidente estadounidense. Trump ha reconocido públicamente que existen desacuerdos con el Gobierno israelí respecto al conflicto con Irán y ha señalado que, aunque ambos países mantienen objetivos comunes, persisten diferencias sobre la forma de alcanzarlos. En intervenciones recientes, el mandatario estadounidense ha reiterado que Washington continúa explorando una salida negociada con Teherán y ha insistido en mantener abiertas las vías diplomáticas, al tiempo que recordó el papel determinante de Estados Unidos como principal aliado estratégico de Israel. Estas declaraciones contrastan con el respaldo prácticamente incondicional que caracterizó la relación entre ambos dirigentes durante años y reflejan una etapa de mayor complejidad en el vínculo bilateral. Cambia la percepción de Israel entre los estadounidenses El escenario también está condicionado por la evolución de la opinión pública en Estados Unidos. Diversos estudios reflejan un incremento del rechazo hacia Israel entre sectores del electorado, una tendencia que ya no se limita a los votantes demócratas, sino que también comienza a observarse entre parte de la base republicana, especialmente entre los ciudadanos más jóvenes. Analistas consideran que esta transformación responde tanto al prolongado conflicto en Oriente Medio como al debate interno generado por la participación estadounidense en escenarios militares internacionales, una de las principales promesas de campaña de Trump fue precisamente reducir la implicación de Estados Unidos en guerras en el exterior. Un encuentro clave para ambos líderes La reunión entre Netanyahu y Trump se desarrolla, por tanto, en un momento especialmente sensible para ambos mandatarios, quienes enfrentan importantes desafíos políticos internos mientras intentan preservar una alianza considerada estratégica para la estabilidad de Oriente Medio. El resultado del encuentro será observado con atención tanto por los aliados occidentales como por los actores regionales, en un contexto donde las decisiones sobre Irán, Gaza y la seguridad regional continúan condicionando la agenda internacional.

El látigo de la Casa Blanca: Petro y el sueño roto de un abrazo progresista que Trump decapitó

El presidente colombiano viajó a Nueva York con la doble misión de presidir el Consejo de Seguridad de la ONU y sellar una alianza simbólica con el alcalde socialista Zohran Mamdani, un creciente dolor de cabeza para Donald Trump. Sin embargo, lo que debía ser una fotografía de peso geopolítico –el primer encuentro de Mamdani con un jefe de Estado y un guiño de Petro a la izquierda demócrata en año electoral– se convirtió en una crisis de pasillos. El \’Washington Post\’ revela la amenaza velada del Departamento de Estado: \»Esa reunión es inaceptable\». Detrás, la furia por unas declaraciones de Petro sobre soldados estadounidenses y una vieja sanción de la OFAC que aún pesa como una espada de Damocles. Por Thiago N. Guzmán  Nueva York, el escenario soñado para la postal que nunca existió. Allí, entre los reflectores de Naciones Unidas y el ruido subterráneo del metro que gobierna la nueva izquierda, se tejió un encuentro que la Casa Blanca se encargó de deshacer con la sutileza de un hacha. Gustavo Petro, el presidente colombiano que tiene una clara posición política hacia la administración Trump, tenía todo calculado. Viajó esta semana a la Gran Manzana para recibir la presidencia del Consejo de Seguridad. Pero la verdadera jugada ocurría en las sombras: una reunión privada con Zohran Mamdani, el alcalde socialista democrático de Nueva York, un adversario declarado de Donald Trump y una estrella en ascenso. Para Mamdani, era la coronación: su primer diálogo cara a cara con un mandatario extranjero. Para Petro, una necesidad electoral urgente. El 21 de junio, Colombia elige presidente en balotaje. Su delfín, Iván Cepeda, se enfrenta al ultra Abelardo de la Espriella, a quien Trump ya bendijo con un mensaje que Petro calificó de \»intervención\» grosera. La foto con Mamdani era la vacuna perfecta: un demócrata visible para contrarrestar el abrazo del magnate a la ultraderecha local. Pero la Casa Blanca no solo tiene oídos en el salón oval, sino largas manos que llegan hasta Bogotá. Según cuatro fuentes anónimas citadas por el Washington Post, funcionarios del Departamento de Estado convocaron a los colombianos en la capital antes del viaje. El mensaje fue escalofriante en su frialdad diplomática: el encuentro era \»inaceptable\». La excusa legal, un tecnicismo sobre las restricciones de visado que pesan sobre Petro desde septiembre, cuando declaró que los soldados estadounidenses deberían desobedecer a Trump si ordenaba crímenes contra \»la humanidad\». La amenaza real, sin embargo, era más cruda. \»Era una amenaza velada de detener al presidente si se reunía con Mamdani\», confesó una fuente al diario estadounidense. El argumento es digno de un callejón sin salida. Sí, Petro puede pisar suelo norteamericano sin visa gracias a un convenio de la ONU para asistir al Consejo de Seguridad. Pero, según la lectura implacable de los oficiales de Trump, reunirse con un alcalde neoyorquino excede los límites de ese salvoconducto. Es el filo de una navaja que Washington afiló en septiembre, cuando le anularon la visa, y en octubre, cuando el Tesoro lo sancionó por supuestos vínculos con el narcotráfico, incluyéndolo en la lista negra de la OFAC. Petro y Trump se dieron un abrazo forzado en febrero en la Casa Blanca. El republicano dijo que se llevaban \»de maravilla\». Pero las heridas nunca cicatrizaron. Y este miércoles, el presidente colombiano tuvo que tragar el orgullo y cancelar el acto que debía rubricar su alianza con la izquierda global. El encuentro con Mamdani quedó así enterrado bajo el peso de una amenaza. El alcalde neoyorquino perdió su impulso internacional. Y Petro, a miles de kilómetros de las urnas, se quedó sin la foto que necesitaba para demostrar que, frente al trumpismo salvaje, su progresismo aún tiene quien lo respire al otro lado de la frontera.

Cien días de fuego en Irán sin visos de resolución

Estados Unidos intensifica bombardeos contra objetivos estratégicos; la Guardia Revolucionaria responde con drones sobre bases en Baréin. El estrecho de Ormuz muestra signos de reactivación comercial pese al bloqueo, mientras la comunidad internacional observa con alarma una escalada que acerca la región al abismo. Por Redacción Internacional  A cien días del estallido de la guerra contra Irán, el conflicto no solo persiste sino que se ha endurecido en una espiral de ataques cruzados, advertencias beligerantes y una paz que se desvanece entre bombardeos y misiles. Lo que el presidente estadounidense, Donald Trump, auguró como una contienda breve se ha convertido en una crisis prolongada que mantiene en vilo a Oriente Medio. El pasado domingo se cumplió el centenario de unas hostilidades que han dejado miles de desplazados, instalaciones destruidas y un tablero regional fracturado. A pesar de un alto el fuego acordado el 8 de abril, los enfrentamientos no han cesado. La última escalada llegó con el lanzamiento, por parte de Irán, de once misiles contra el norte de Israel —la primera ofensiva directa de este tipo desde la tregua—, en respuesta a bombardeos israelíes sobre Dahiye, bastión chiita en Beirut. Israel replicó de inmediato con ataques aéreos en territorio iraní. Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, advirtió que cualquier nuevo ataque recibirá una respuesta \»con fuerza\». En paralelo, Washington ha endurecido su posición: el Comando Central de Estados Unidos confirmó una serie de bombardeos \»proporcionales\» contra sistemas de defensa aérea y radares iraníes cerca del estrecho de Ormuz, en represalia por el derribo de un helicóptero estadounidense. La Guardia Revolucionaria iraní no tardó en contestar. Horas después, lanzó un ataque con drones contra bases de la Quinta Flota estadounidense en Baréin, advirtiendo que cualquier nueva \»agresión\» recibirá una respuesta \»más severa\». Las explosiones se han sentido también en Teherán, Isfahán y Tabriz, con al menos quince heridos reportados. Pese a la retórica belicista, Trump aseguró aún que un acuerdo podría alcanzarse en \»dos o tres días\». No obstante, los hechos sobre el terreno dibujan un panorama opuesto: las amenazas se multiplican, Irán ha prometido atacar instalaciones energéticas si sus complejos petroquímicos vuelven a ser blanco, y la comunidad internacional asiste impotente al riesgo de una confrontación regional de mayor calado. En medio de la turbulencia, el mercado petrolero ofrece un dato paradójico: el crudo intermedio de Texas cayó un 3.4 %, hasta 88.2 dólares por barril, después de que el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, anunciara que el tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz está aumentando pese al bloqueo. Antes de la guerra, por ese corredor marítimo circulaba una quinta parte del petróleo mundial. Su progresiva reactivación, aunque aún frágil, abre una tenue rendija a la esperanza económica, pero no a la política. A cien días del inicio de la guerra, Irán sigue en llamas, los misiles surcan el cielo y la diplomacia parece un eco lejano. Oriente Medio aguarda, otra vez, el siguiente estallido.

Trump, entre abucheos y una siesta histórica en el Madison Square Garden

El presidente de Estados Unidos se convierte en el primer mandatario en funciones en asistir a unas Finales de la NBA, pero su paso por el tercer partido entre Knicks y Spurs quedó marcado por el rechazo de la afición y un insólito momento de desconexión. Redacción de Deportes Nueva York vivió una noche de contrastes en el Madison Square Garden. El tercer partido de las Finales de la NBA entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs no solo fue un duelo por el título, sino el escenario de un hecho sin precedentes: la presencia de Donald Trump, primer presidente de Estados Unidos en funciones que asiste a una final de la liga de baloncesto. La invitación del mandatario, cursada por el propietario de los Knicks, James Dolan, desató una respuesta inmediata y contundente por parte del público. Cuando la pantalla gigante del pabellón anunció su llegada, una sonora oleada de abucheos recorrió las gradas, superando ampliamente los aplausos de una minoría. Las cámaras captaron a Trump sonriente durante la ceremonia del himno nacional, pero la noche depararía una imagen aún más insólita. En pleno desarrollo del encuentro, los objetivos se posaron nuevamente sobre el palco presidencial. Allí, Donald Trump apareció visiblemente somnoliento, con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente inclinada durante aproximadamente 45 segundos. El gesto no pasó desapercibido para los asistentes ni para las redes sociales, donde el video circuló de inmediato y avivó las críticas. La Casa Blanca negó que el presidente se hubiera dormido, y el propio mandatario sostuvo que estaba atento al partido, aunque el episodio reavivó cuestionamientos previos sobre su estado físico. La visita, sin embargo, no fue un acto casual. Exigió un brutal despliegue de seguridad que blindó los alrededores del Madison Square Garden. El Servicio Secreto y la policía de Nueva York cerraron cinco manzanas cuatro horas antes del inicio del partido, con vallas, drones y controles de acceso tipo aeroportuario. Las autoridades anularon la tradicional fiesta de visionado en las afueras del pabellón y ordenaron a los aficionados llegar con tres horas de antelación, sin mochilas, lo que convirtió el acceso al estadio en un operativo sin precedentes para un evento deportivo durante su mandato. Trump, un habitual de los grandes eventos deportivos desde su regreso al poder en 2025, ha sumado esta noche una nueva cita a su agenda. En los últimos meses, el presidente ha asistido a la final del Abierto de Estados Unidos de tenis, la Ryder Cup de golf, el Super Bowl de Nueva Orleans, la final del Mundial de Clubes de la FIFA en Nueva Jersey, las 500 Millas de Daytona de la NASCAR y una velada de la UFC en Miami. Pero ninguna de esas comparecencias había generado una reacción tan visceral de abucheos y rechazo a su presencia, como la vivida en el corazón de Manhattan.  

Trump irrumpe en la campaña electoral de Brasil y aviva la polarización política

El reciente encuentro del expresidente estadounidense con Flávio Bolsonaro en Washington es interpretado como un respaldo tácito al candidato conservador, mientras que la previa reunión con Lula da Silva enciende las alarmas sobre una posible injerencia externa en la contienda brasileña, en un clima ya de por sí fracturado por las tensiones ideológicas. Por Redacción Internacional BRASILIA, Brasil.– La sombra de la política estadounidense vuelve a proyectarse sobre el tablero electoral brasileño. A menos de cuatro meses de las elecciones presidenciales de octubre, la figura de Donald Trump ha emergido como un actor incómodo pero decisivo en la disputa entre las fuerzas de derecha e izquierda, luego de que sus recientes gestos diplomáticos —aparentemente protocolares— fueran leídos por analistas y adversarios como piezas de un tablero geopolítico que alimenta la polarización en el país sudamericano. El detonante inmediato de la controversia fue la reunión que Trump mantuvo en Washington con Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, actualmente en calidad de precandidato conservador. El encuentro, que no figuraba en las agendas oficiales de alto perfil, fue interpretado por círculos políticos como un respaldo implícito pero significativo al proyecto bolsonarista, en un momento en que la campaña del líder conservador enfrentaba flaquezas internas y un creciente desgaste en las encuestas. La sola imagen del encuentro, difundida con cautela pero con evidente oportunismo político, sirvió para robustecer la narrativa internacional del candidato y movilizar a su base más leal. Sin embargo, lo que ha encendido todas las alarmas en Brasilia es la secuencia de los acontecimientos: pocas semanas antes, Trump había recibido en su residencia de Mar-a-Lago al actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en una visita que entonces fue calificada como un gesto de cortesía entre exmandatarios. La yuxtaposición de ambos encuentros ha generado una tormenta interpretativa en el ambiente político local. ¿Se trata de una estrategia deliberada del magnate estadounidense para incidir en el proceso electoral brasileño? ¿O acaso de una desafortunada coincidencia de agenda que la polarización local ha convertido en arma arrojadiza? Analistas consultados por esta redacción advierten que, más allá de las intenciones de Trump, lo relevante es el efecto práctico sobre la contienda. “El simple hecho de que un líder de la magnitud de Trump —presidente de Estados Unidos— reciba a ambos polos de la política brasileña en un lapso tan breve introduce un factor de incertidumbre y de presión externa que ningún otro proceso electoral latinoamericano está experimentando”, señaló un politólogo con sede en São Paulo, que pidió reserva de su nombre. Lula, por su parte, no ha ocultado su malestar. En declaraciones recientes, el mandatario criticó con dureza las acciones y declaraciones procedentes de Washington —sin mencionar explícitamente a Trump—, y subrayó que Brasil debe defender su soberanía frente a cualquier intento de presión externa. “No aceptamos lecciones ni tutelajes de nadie. Nuestro pueblo decide su destino en las urnas, no en las capitales extranjeras”, sentenció el presidente durante un acto de campaña en Salvador de Bahía. Las tensiones entre ambos gobiernos, que ya venían arrastrando diferencias en materia comercial y de seguridad —particularmente en lo relativo a los aranceles al acero brasileño y a la cooperación en la Amazonía—, se han visto así exacerbadas por esta incursión simbólica de Trump en el debate doméstico. Sectores de la izquierda brasileña han denunciado una “injertencia blanda” destinada a desestabilizar el proceso democrático, mientras que desde las filas conservadoras se festeja lo que consideran una validación internacional de su proyecto. La campaña presidencial brasileña entra de esta manera en una nueva fase, marcada por la confrontación ideológica abierta y por la creciente internacionalización del debate. La influencia de líderes foráneos y el tenor de la relación con Estados Unidos —tradicional socio estratégico, pero también fuente histórica de desconfianza en la región— se han instalado en el centro de la discusión nacional. En un país donde cada gesto se magnifica y cada declaración se convierte en trinchera, la irrupción de Trump no ha hecho más que añadir leña a un fuego ya devorador.

Cuba y Dominicana, Unidos por Siglos de lucha y solidaridad.

La relación de los habitantes de ambas islas data de mucho antes de la llegada del Almirante de la Mar Oceánica, Cristobal Colón en 1492, cuando nuestros ancestros Taínos surcaban los mares en frágiles embarcaciones construida por ellos para ir de Isla en Isla. Nuestra solidaridad con los habitantes de la isla mayor de las Antillas data de 1511 cuando el Cacique Hatuey;oriundo de Quisqueya, llega a la misma con un grupo de sus seguidores, cruzando el canal de los vientos. Posterior al apresamiento del cacique Caonabo en 1496, la matanza de Jaragua y el posterior ahorcamiento de Anacaona en 1503, para denunciar la barbarie cometida por los conquistadores contra los pobladores de nuestra Isla en su sed insaciable de oro. Hatuey no sólo denunció el exterminio cometido por los españoles, sino que organizó en la isla grande las primeras rebeliones y resistencia contra el dominio colonial hasta su captura y ejecución en 1512. Trecientos cincuenta y cuatro años después en la guerra de independencia contra la misma potencia colonial, los dominicanos estuvieron presente tanto en la Guerrera de los 10 años (1868 -1878), dirigida por Carlos Manuel Céspedes, como en la iniciada en 1895 por el prócer José Marti; quien vino en búsqueda del ya legendario general Máximo Gómez, quien había participado con Céspedes en la Guerra de los Diez años. Martí murió en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895 a sólo 55 días después de haber firmado con Gómez el famoso Manifiesto de Montecristi, para la liberación de Cuba. Al año siguiente cayó el segundo hombre más importante de la nueva lucha iniciada por Martí, para la liberación de Cuba; el General Antonio Maceo y con él su ayudante, el capitán Panchito Gómez Toro, hijo del general Máximo Gómez, quien murió en un intento desesperado por rescatar el cadáver de Maceo de las huestes españolas. Los dominicanos también estuvimos presente en el Yate Granma que partió de las costas mexicanas, el 25 de noviembre de 1956 llegando a territorio cubano el 2 de diciembre de ese mismo año. Con el diestro marinero Ramón Emilio Mejía Castillo ( Pichirilo), segundo capitán timonel, experto en navegación y  así como en Sierra Maestra con Enrique Jiménez Moya, quien luego comandó la expedición del 14 de junio de 1959 contra la dictadura de Trujillo y Andrés Ramos Peguero, de los fundadores del Movimiento Popular Dominicano (MPD), organización fundada en la Habana en 1956. De igual Manera, los cubanos han reciprocado las manifestaciones de nuestra solidaridad en la lucha libertaria del pueblo dominicano en los momentos difíciles de nuestra historia republicana, como lo fue la larga dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, que duró 31 años, cercenando los derechos democráticos de nuestro pueblo. Cuba fue el principal destino para decenas de dominicanos que escaparon de las garras ensangrentadas de la dictadura. En suelo cubano con la ayuda solidaria de su pueblo se organizaron las principales acciones para el derrocamiento de la dictadura. Fue en Cuba que se organizó la fallida expedición de Cayo Confites en 1947, en la que se alistaron 1,200 voluntarios de los cuales más de 1,000 eran cubanos incluido el entonces líder estudiantil Fidel Castro Ruz. En el desembarco de Luperón en 1949; de los doce expedicionarios que salieron de Guatemala, uno era cubano, Alberto Ramírez. En el desembarco de Constanza, Maimón y Estero Hondo los días 14 y 20 de junio de 1959, para la liberación del pueblo dominicano de la dictadura de Trujillo, organizado y ayudado militarmente por el recién instalado gobierno revolucionario encabezado  por el comandante Fidel, de un total de 198 expedicionarios, 22 eran cubanos,  incluidos dos de los seis sobrevivientes,  el Comandante Delio Gómez Ochoa y el jovencito Pablito Mirabal  con tan sólo 15 años de edad, quienes vinieron a arriesgar sus vidas por la libertad del pueblo dominicano. A esto se agrega los cerca de 500 dominicanos que han cursado estudios gratuitos en universidades cubanas, delos cuales 442 han salido graduado de médicos a través del programa de becas de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), así como, cientos de compatriotas que han recibido atenciones médicas gratuitas, con enfermedades catastróficas y que son de alto costo en la medicina privada dominicana. En Cuba han sido tratados de manera totalmente gratis. Cuba nos ha aportado varios entrenadores deportivos que han contribuido con el desarrollo de atletas de alto rendimiento, como es el caso de nuestra Marileidy Paulino. Con la donación del Politécnico Máximo Gómez, por parte del mismo comandante Fidel Castro, en el municipio de Baní de la provincia Peravia; que ha graduado centenares de jóvenes capacitados para su inserción en el mercado laboral. Mientras Cuba, su pueblo y gobierno desarrollan una política de paz, apoyo y solidaridad con los pueblos latinoamericanos y del mundo, la administración Trump desde su nueva llegada a la Casa Blanca no ha dejado un día de atropellar, agredir y amenazar a decenas de países en todo el globo terráqueo, poniéndose en peligro la tranquilidad mundial y la existencia misma de la humanidad. Hoy Cuba exhibe al mundo el logro de una vacuna contra una de las enfermedades más terribles como es el cáncer en sus diversas variedades y la administración Trump aliada y apoyada por la Gusanera Cubana, cuya cabeza principal es Marco Rubio, buscan pretexto para hacer por la fuerza lo que no han podido en 66 años del criminal bloqueo económico y financiero contra el pueblo y la revolución cubana. Las acusaciones contra Raúl Castro, líder de la revolución cubana, es un ardid falaz y vulgar de una administración que es cómplice del asesinato de casi 80 mil palestinos, de los cuales 20 mil son niños y adolescentes. La administración de Donald Trump, es un régimen que sin previa declaración de guerra ha atacado conpremeditación y acechanzas el día 28 de febrero la República Islámica de Irán, asesinando a su líder máximo el Ayatollah Ali Jamenei y casi toda su familia, no en un campo de batalla sino en el sagrado lar familiar. Qué

La democracia que nos venden: bots, cuentas falsas y la mano larga de Washington

Durante décadas, Estados Unidos no se ha limitado a observar los procesos políticos y electorales del mundo: los ha moldeado a su conveniencia. Hablo como dominicano, como alguien que ha visto de cerca la fragilidad de nuestras democracias frente a poderes externos. Y no puedo —no debo— callar. La historia verdadera, la que duele, es la de los golpes de Estado, los servicios secretos al servicio de dictadores afines, las embajadas convertidas en cuarteles de coordinación para sostener a los regíderes leales a Washington. Ese es el rostro oculto del discurso oficial de la \»democracia exportada\». Lo hicieron ayer en América Central mediante operaciones encubiertas, con la tristemente célebre Escuela de las Américas como semillero de represores. Lo hicieron en Chile con Salvador Allende, en Argentina durante las dictaduras del Cono Sur, en Nicaragua financiando a la contra. Y lo hacen hoy, en la era de la hiperconectividad digital, con una maquinaria más sutil pero igualmente letal. Porque las balas han dado paso a los algoritmos. Las redes sociales —ese nuevo tablero planetario— se han convertido en el terreno fértil donde la administración estadounidense teje una red de desinformación para influir en procesos políticos y electorales de naciones soberanas. No son conjeturas: participaron activamente en las elecciones de Brasil impulsando la candidatura de Jair Bolsonaro mediante campañas de desinformación orquestadas desde cuentas falsas. En Honduras lograron la liberación de Juan Orlando Hernández, un expresidente condenado por narcotráfico por las propias leyes de Washington —un cínico recordatorio de cómo se juzga a unos y se absuelve a otros según la conveniencia geopolítica. En Chile respaldaron explícitamente a sectores de ultraderecha durante el proceso constituyente. En Ecuador apoyaron sin pudor a Daniel Noboa mientras señalaban de \»autoritarios\» a gobiernos progresistas. A esta lista se suman los intentos de desestabilización en Bolivia tras la caída de Evo Morales, las presiones constantes sobre México en materia energética y migratoria, y la reciente reactivación de sanciones contra Nicaragua bajo argumentos que esconden un claro propósito de asfixia política. La lista se alarga como un rosario de injerencias. Y el más reciente capítulo ha tenido como escenario a Colombia. Luego de los resultados de la primera vuelta electoral del pasado 31 de mayo, el presidente republicano Donald Trump, sin ambages ni rubor, salió públicamente a respaldar al aspirante de la ultraderecha. Lo hizo como si el destino de un país latinoamericano fuera una extensión natural de sus designios. Nada casual. Nada inocente. Es el mismo guion de siempre, pero con nuevos actores y plataformas. Ya no son tanques ni cuartelazos. Son miles de cuentas falsas sembradas en plataformas digitales —X, Facebook, Instagram, TikTok—, propietarios de redes sociales plegados a la policía intervencionista de Washington, mentiras repetidas hasta convertirlas en verdades virtuales. La fachada de adalides de la democracia se desmorona ante cada nueva injerencia. Porque no hay libertad electoral cuando un imperio elige al candidato. No hay soberanía cuando los algoritmos obedecen a intereses extranjeros. Y no hay dignidad cuando se normaliza que una potencia extranjera ponga a sus embajadas a coordinar apoyos a dictadores y a quienes sirven a sus intereses económicos. Desde mi experiencia de militancia ciudadana y política, alzo la voz para denunciar estas groseras prácticas. No por nostalgia de un pasado que nunca fue limpio, sino por la urgencia de un presente que exige soberanía, verdad y respeto a los pueblos. No aceptamos lecciones de democracia de quienes manipulan voluntades populares con ejércitos de bots y mentiras. América Latina merece elecciones libres, sin interferencias del norte. Merece elegir sin que desde Washington se dicte el nombre del \»adecuado\». La soberanía no se subasta en tuits ni se negocia en servidores extranjeros. La injerencia extranjera, vista en su rostro digital, sigue siendo lo que siempre fue: una afrenta a la voluntad popular. Y como tal, debe ser nombrada, resistida y repudiada. Basta de injerencia. Basta de la farsa del imperio.

La larga sombra de EE.UU.: injerencia digital y vieja política

Los Estados Unidos han sido, desde hace décadas, una potencia que no solo observa los procesos políticos y electorales del mundo, sino que los moldea a su conveniencia. Golpes de Estado, servicios secretos puestos al servicio de dictadores afines, embajadas que funcionaron como cuarteles de coordinación para sostener regímenes leales a Washington: esa es la historia real que late tras el discurso oficial de la democracia exportada. Lo hicieron ayer mediante operaciones encubiertas en América Central, con la tristemente célebre Escuela de las Américas como semillero de represores; lo hicieron en Chile con Salvador Allende, en Argentina con las dictaduras del Cono Sur, en Nicaragua financiando a la contra, y lo hacen hoy, en la era de la hiperconectividad digital, con una maquinaria aún más sutil pero igualmente letal. Hoy, sin embargo, las balas han dejado paso a los algoritmos. Las redes sociales, ese nuevo tablero planetario, se han convertido en el territorio fértil donde la administración norteamericana teje una red de desinformación para influir en los procesos políticos y electorales de naciones soberanas. No son conjeturas: participaron activamente en las elecciones de Brasil impulsando la candidatura de Jair Bolsonaro mediante campañas de desinformación orquestadas desde cuentas falsas; en Honduras lograron la liberación de Juan Orlando Hernández, un expresidente condenado por narcotráfico por las propias leyes de Washington, en una muestra cínica de cómo se juzga a unos y se absuelve a otros según la conveniencia geopolítica. En Chile dieron su respaldo explícito a sectores de ultraderecha durante el proceso constituyente; en Ecuador apoyaron sin pudor a Daniel Noboa mientras señalaban de \»autoritarios\» a gobiernos progresistas. A esta lista se suman los intentos de desestabilización en Bolivia tras la caída de Evo Morales, las presiones constantes sobre México en materia energética y migratoria, y la reciente reactivación de sanciones contra Nicaragua bajo argumentos que esconden un claro propósito de asfixia política. La lista se alarga como un rosario de injerencias. Y el más reciente capítulo de esta intromisión ha tenido como escenario a Colombia. Luego de los resultados de la primera vuelta electoral del pasado 31 de mayo, el presidente republicano Donald Trump, sin ambages ni rubor, salió públicamente a respaldar al aspirante de la ultraderecha. Lo hizo como si el destino de un país latinoamericano fuera una extensión natural de sus designios. Nada casual. Nada inocente. Es el mismo guion de siempre, pero con nuevos actores y plataformas. Ya no se trata de tanques ni de cuartelazos. Se trata de miles de cuentas falsas sembradas en plataformas digitales —X, Facebook, Instagram, TikTok—, de propietarios de redes sociales plegados a la policía intervencionista de Washington, de mentiras repetidas hasta convertirlas en verdades virtuales. La fachada de adalides de la democracia se desmorona ante cada nueva injerencia. Porque no hay libertad electoral cuando un imperio elige al candidato, no hay soberanía cuando los algoritmos obedecen a intereses extranjeros y no hay dignidad cuando se normaliza que una potencia extranjera ponga a sus embajadas a coordinar apoyos a dictadores y a afines a sus intereses económicos. Desde Umbral, alzamos la voz para denunciar estas groseras prácticas. No por nostalgia de un pasado que nunca fue limpio, sino por la urgencia de un presente que exige soberanía, verdad y respeto a los pueblos. No aceptamos lecciones de democracia de quienes manipulan voluntades populares con ejércitos de bots y mentiras. América Latina merece elecciones libres, sin interferencias del norte. Merece elegir sin que desde Washington se dicte el nombre del \»adecuado\». La soberanía no se subasta en tuits ni se negocia en servidores extranjeros. La injerencia extranjera, vista en su rostro digital, sigue siendo lo que siempre fue: una afrenta a la voluntad popular. Y como tal, debe ser nombrada, resistida y repudiada. Basta de injerencia. Basta de la farsa del imperio.

Reunión militar de alto rango entre Cuba y EE.UU. confirma La Habana

El general Roberto Legrá Sotolongo, jefe del Estado Mayor General de las FAR, y el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, sostuvieron un encuentro “por acuerdo de ambas partes”. Valoraron de positivo el diálogo centrado en la seguridad del perímetro de la base naval de Guantánamo, en un contexto de máximas tensiones bilaterales marcadas por el bloqueo petrolero y las recientes amenazas del presidente Donald Trump. Por Brendalis Reyes LA HABANA — El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (Minfar) confirmó este viernes la celebración de una reunión de alto rango entre mandos militares de Cuba y Estados Unidos, en un escenario de creciente hostilidad diplomática impuesto por la administración de Donald Trump. En un escueto comunicado difundido a través de sus redes sociales, el Minfar informó que el encuentro tuvo lugar “por acuerdo de ambas partes” y que las delegaciones “valoran de positivo” el intercambio. Durante la cita, explicó la institución castrense, se abordaron temas vinculados con la seguridad en torno al perímetro divisorio del enclave militar estadounidense en la bahía de Guantánamo, extremo este de la isla. La representación cubana estuvo encabezada por el viceministro primero y jefe del Estado Mayor General de las FAR, general de Cuerpo de Ejército Roberto Legrá Sotolongo. Por la parte estadounidense participó el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, quien además realizó una evaluación de la seguridad perimetral de la base naval. El Comando Sur, por su lado, precisó en un comunicado que ambos generales sostuvieron “un breve intercambio sobre asuntos de seguridad operativa”, incluida la protección del personal militar y sus familias, así como la preparación operativa en coordinación con los oficiales de la base. “La estación naval de la Bahía de Guantánamo constituye un centro operativo y logístico vital que respalda los esfuerzos militares de los Estados Unidos para contrarrestar las amenazas que socavan la seguridad, la estabilidad y la democracia en nuestro hemisferio”, agregó el mando estadounidense. El diálogo militar se produce en medio de una fase crítica en las relaciones bilaterales. La Casa Blanca ha endurecido el bloqueo económico contra la isla con medidas como la restricción de envíos de petróleo, y el presidente Donald Trump ha amenazado abiertamente con tomar el control de Cuba, señalando a la isla como un posible objetivo militar. La tensión se elevó aún más en las últimas semanas luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos imputara al expresidente Raúl Castro los delitos de conspiración y homicidio por el derribo de dos avionetas de una organización del exilio cubano ocurrido en 1996. Pese a ese clima, ambas partes coincidieron en mantener abiertos los canales de comunicación entre sus mandos militares, según confirmó el Minfar. No se informó de próximos encuentros ni de avances concretos más allá de lo declarado.

Irán aprieta el cerco sobre Ormuz y negocia con Omán el control total del estratégico paso

Teherán advierte que el acceso al estrecho “ya no será como antes” y anuncia conversaciones con su vecino para definir un nuevo mecanismo de tránsito. Trump niega cualquier acuerdo y sentencia: “Son aguas internacionales, nadie las va a controlar” Por Brendalis Reyes Teherán. – El pulso geopolítico en el corazón del comercio energético mundial se intensificó ayer con una advertencia que encendió todas las alarmas en Occidente. Las autoridades iraníes anunciaron que el acceso al estrecho de Ormuz, arteria vital por donde transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el planeta, “ya no será como antes”, al tiempo que revelaron la apertura de negociaciones con Omán para lograr el control total del paso. “Sin duda, las condiciones y la regulación de paso a través del estrecho de Ormuz ya no serán como antes. Aparecerá un procedimiento totalmente diferente”, sentenció Ali Beghani Kani, subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, durante un foro internacional celebrado en Moscú. El diplomático precisó que “Irán y Omán, como países costeros aledaños, mantienen negociaciones para determinar el mecanismo de paso por el estrecho de Ormuz”, según reportó la agencia rusa Interfax. Las conversaciones, que incluyen a figuras de primer nivel como el jefe negociador iraní Mohamad Baqer Qalibaf y el canciller Abás Araqchí, se desarrollan en Catar. Fuentes cercanas a la prensa iraní señalaron que el eventual acuerdo contemplaría la reapertura del estrecho —actualmente bloqueado— y el levantamiento de las sanciones económicas contra Teherán. El controvertido expediente nuclear quedaría, según ese esquema, para una fase posterior. Beghani Kani confirmó además que continúan los “contactos indirectos” con Estados Unidos, aunque aclaró que “no se han puesto de acuerdo en nada”. A pesar de que Rusia insistió nuevamente en su propuesta de empobrecer el uranio enriquecido en posesión de la república islámica, el diplomático iraní fue contundente: Teherán y Washington no están discutiendo esas reservas. Trump cierra la puerta En un contrapunto que evidenció la fractura diplomática, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó de manera tajante cualquier posibilidad de que Irán logre control sobre el estrecho de Ormuz. “Son aguas internacionales, nadie las va a controlar. Vamos a vigilarlas. Las vigilaremos, pero nadie las va a controlar”, declaró Trump en una breve pero enérgica intervención. El mandatario estadounidense subrayó también su oposición a que potencias como Rusia o China se hagan con el control de las reservas de uranio enriquecido que actualmente posee Irán, un mecanismo que ya había sido contemplado en el acuerdo multilateral firmado con Teherán en 2015. Con esta postura, Trump deja claro que su administración no está dispuesta a ceder ni un ápice en lo que considera una cuestión de seguridad nacional y libertad de navegación. Mientras las aguas del Golfo Pérsico se mantienen en vilo, la comunidad internacional observa con atención los movimientos de una mesa de negociación que podría redefinir el equilibrio energético del mundo. Por ahora, lo único cierto es el anuncio de Teherán: el estrecho de Ormuz, testigo mudo de décadas de tensiones, se prepara para un nuevo capítulo. Y nadie sabe aún cómo terminará la historia.