UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Fin de año con temores de fin de siglo

Ágora Por César Pérez   Este año termina con un mundo sumergido en una profunda y generalizada convulsión más que un fin de año, parece un fin de siglo.  En los fines de siglo siempre ha prevalecido la subjetividad y el temor de que, con la llegada de uno nuevo terminará el recorrido de la historia, el fin del tiempo o la llegada del juicio final.  Con este nuevo año no terminará la historia, ni se producirá la hecatombe que algunos auguran y como se auguraba en los fines de siglo. Pero, la profundidad de los cambios producidos en los liderazgos y correlación de fuerzas en singulares países y enteras regiones podrían agudizar irremediablemente los conflictos políticos, económicos, militares y las fracturas sociales que redireccionarían el curso de la historia. El temor, esta vez con bases definitivamente objetivas, es que de esos conflictos y de esos nuevos liderazgos surgiría un nuevo e incierto orden mundial. Son prácticamente incontables los elementos que configuran estos conflictos y es casi imposible establecer una jerarquización que dé conocimiento sobre cuál es el más peligroso. Entre los más salientes podría citarse: la profundidad e impacto de las migraciones tanto en los países receptores como emisores, el sistemático genocidio que lleva a cabo Israel en Palestina, el Líbano y ahora en Siria, la posible extensión de guerra entre Rusia y Ucrania, el saqueo de algunas potencias de oriente y occidente de los minerales de África, el auge del nazi/fascismo y la ultraderecha y lo que puede conducir la guerra económica entre China y EEUU, etc. A ellos se suman la mediocridad, irresponsabilidad y cinismo del liderazgo político de las principales potencias mundiales y los dilemas morales, políticos y científicos que se derivarían del uso y abuso de la inteligencia artificial. Sin embargo, prima la idea de que el conflicto entre China y los EEUU, es el más determinante en este nuevo orden o curso de la historia que comienza a despuntar. En cierto modo, podrían no estar descaminados quienes tienen y pregonan esa idea. Durante su milenaria historia, China se sintió a gusto en la zona de confort de su aislamiento. Durante siglos fue invadida, saqueada, humillada y hasta mutilada por algunas potencias occidentales y por Japón, la Rusia zarista… y soviética. El año que iniciamos no será el del fin de los tiempos, del fin del mundo, será como dice Maalouf, una pausa, una suerte de tregua. En los últimos cincuenta años, de la mano de Deng Xiaoping, que en los 20 vivió cinco en París trabajando y estudiando, además militar activamente en el de Partido Comunista Chino, ese país se ha convertido en la más pujante potencia económica mundial, despojándose de su ancestral gusto por el aislamiento y volcándose hacia el mundo con una inusitada, agresiva y sostenida búsqueda de predominio económico. En la caracterización de Xiaoping, autores como Amin Maalouf, dicen que este no se encorsetaba en ideología, sino que frecuentemente decía “debemos dejar que nos guíen los hechos y la experiencia”. Eso podría estar indicando que no es el predominio de una idea o ideología lo que debía guiar el desarrollo y expansión mundial de su país, sino su economía. Esto es importante para aclarar algunos equívocos. A lo largo de su historia, China ha tenido imborrables y mortíferos conflictos con Japón y Rusia, ella recela de estos y estos de ella. Ninguna santa alianza podrá sellarse entre ellos para asaltar la “fortaleza” de Occidente. Esta parte del mundo sabe que a pesar de su aún incuestionable poderío económico y militar no puede doblegar el dragón chino, el más potente que Asia haya tenido. Por tanto, la nueva, como la vieja guerra fría, se caracteriza por esa suerte de equilibrio (que puede ser catastrófico) que resulta de la conciencia de que ninguna potencia o región puede salir con vida de una guerra militar total entre ellas. Quizás el problema más acuciante y peligroso que enfrentemos es cómo detener la deriva autoritaria, de violaciones a los derechos humanos, la inexistencia de instituciones internacionales con capacidad de detener guerras puntuales y mortíferas que son verdaderos genocidios, como el referido de Israel en Oriente próximo, la barbarie en Ucrania, en Haití, en el cuerno de África, etc. Con grandes potencias como Rusia y China dirigidas por autócratas y la otra, aún la primera potencia del mundo, dirigida por un presidente que ha sido condenado por 34 delitos graves y con líderes sin ideas dirigiendo algunas potencias europeas. En esta región, qué nos deparará un año que se iniciará con la fuga de cerebros de algunos países hacia otros más ricos, huyendo de regímenes autoritarios, ilegítimos o ilegales o de las desigualdades sociales. El año que iniciamos no será el del fin de los tiempos, del fin del mundo, será como dice Maalouf, una pausa, una suerte de tregua. Pero sería insensato no advertir de que si el mundo sigue el derrotero que lleva cualquier chispa lo incendiaría irremediablemente. Por eso, algunos piensan que en este nuevo de año podría ocurrir lo que siempre se ha esperado de los fines de siglo. No creo que así será, por el contrario, será útil para seguir luchando para evitarlo. Albergo esa esperanza.    

El embrujo de las fiestas navideñas

La navidad es una fiesta en la que se mezclan lo pagano y lo religioso, la música sagrada con la que canta al disfrute de la vida, a veces hasta el desenfreno. También, es el momento en que la alegría tiende a confundirse con la nostalgia, en que se pasa balance de lo vivido en ese y en los pasados años y se anida con fervor la esperanza de que sea mejor el año que se inicia. Por César Pérez   Difícilmente alguien pueda sentirse libre del embrujo que producen estas fiestas que en esta parte del mundo llamamos navidad y año nuevo, el momento más esperado del año que, consciente e inconscientemente contamos los días que nos aproximan a su llegada. Todas las sociedades tienen sus particulares formas de celebrar: la abundancia de la cosecha, el inicio de una estación, la paz sobre la guerra, el triunfo de la calma sobre la tormenta, el final de las epidemias y/o las pandemias, del bien sobre el mal, de la fraternidad sobre la hostilidad y la abundancia de las cosechas. La navidad es una fiesta en la que se mezclan lo pagano y lo religioso, la música sagrada con la que canta al disfrute de la vida, a veces hasta el desenfreno. También, es el momento en que la alegría tiende a confundirse con la nostalgia, en que se pasa balance de lo vivido en ese y en los pasados años y se anida con fervor la esperanza de que sea mejor el año que se inicia. Es, en fin, un estado de ánimo colectivo de fiesta, de ensueño, melancolía, alegría colectiva, sin que falte, en muchos, el sentimiento de soledad. Pero, por encima de todo prevalece el espíritu festivo que nos envuelve y nos hace pensar en lo que deseamos como individuo y lo que les deseamos a los que queremos. En ese sentido, estas fiestas de fin año, como en general las de todas las grandes religiones y naciones y estados, tienen como fin latente y manifiesto reforzar la identidad y los lazos que unen a grupos particulares, a sociedades, familias, las amistades y hasta enteras regiones del mundo llamadas por muchos con el genérico y a veces vago término de civilizaciones. Tienen la importancia de hacernos recordar con cierta intensidad el valor de la tolerancia y de la convivencia con plena respeto a las diferencias que, lejos de hacer daño, fortalecen las relaciones interpersonales, intergrupales y de pueblos. Cierto es que el mundo vive un momento particularmente convulso, de incertidumbre, con ráfagas de vientos y de hechos que apuntan hacia nuevas tragedias, hacia la reproducción pasados holocaustos. Pero estas fiestas de fin de año también son momentos en que se refuerza la esperanza, en que sacamos lo mejor de nosotros y en el que, en fin, prevalece el sentimiento de solidaridad, de afecto/cariño hacia el prójimo que en definitiva es el amor por la humanidad. Es lo que siento al escuchar el profundo sentimiento de recogimiento espiritual contenido en la generalidad de la música y símbolos de la navidad. Lo mismo siento al escuchar himno a la amistad de Friedrich Schiller, tomado por Beethoven para el cuarto movimiento de su Novena Sinfonía, y al escuchar al prestigioso director de orquesta italiano Arturo Toscani dirigiendo La Internacional, el himno escrito por Eugène Pottier a la liberación de los oprimidos del mundo, a los sin pan, los que el día hoy no cenan en sus casas con sus familias y los suyos porque tienen que vender su tiempo, el de este día, para llevar el pan a los suyos. Son pues, días de reflexión, de fiestas, de goce, de ir a lo más profundo de nuestra conciencia para desear, como deseo, lo mejor a mis amigos más cercanos en términos de tiempo y espacio y a todos en general. A los que han sido y son compañeros de viaje en todas las esferas de mi vida les reitero mi más profundo sentimiento de amistad y mi más hondo convencimiento de que, a pesar de todo, vale la pena luchar por un mundo donde definitivamente terminen las amenazas y hechos que lo enlutasen. Reforcemos lo bueno que hemos logrado a lo largo de la historia, en particular en nuestro país, y disfrutemos del embrujo de estas fiestas de fin de año. ¡¡¡Felicidades!!!  

Final de modelos de sociedad, seguir la búsqueda

La insolidaridad de la clase trabajadora es lacerante y vergonzosa, y una de las principales razones es que les han vendido la idea de que la mano de obra de origen extranjero constituye una amenaza para sus puestos de trabajo y para sus salarios. Pero no sólo es antinmigrante el trabajador autóctono, sino el inmigrante contra otro de su misma condición. Piensa que los nuevos llegados son amenaza su lugar y permanencia en el lugar. Por César Pérez   El destacado sociólogo italiano, Domenico De Masi, en su valiosa obra Mapamundi: modelos de vida para una sociedad desorientada, hace un apretado pero notable resumen de 15 modelos de sociedad de esencia política, ética y/religiosa. Dos parejas, de ex compañeros de estudio en Roma, me la trajeron de regalo hace 10 años, recién salida del horno. A partir de entonces la desorientación se ha multiplicado e igualmente la insuficiencia de los modelos de sociedad referido por el autor, incluyendo el que creyó haber encontrado como modelo válido: Brasil. Pero este también naufragó en la ola reaccionaria que anega el mundo. Sigue la búsqueda y quizá de los ensayados y con nuevos elementos surgirá otro totalmente desconocido. Stefan Zwieg. El término modelo es usado en el diverso mundo de la ciencia y la tecnología. En este caso, el autor lo utiliza como proyecto de vida cimentado en una ética, en un orden social o de convivencia y en ese tenor, entendiendo que una propuesta de sentido de vida se corresponde con una idea de sociedad.  Asume como tal, entre otros, los modelos, siguientes: hindú, católico, protestante, musulmán, hebreo, japones, industrial capitalista, socialismo; industrial comunista y como futuro hecho presente: el brasileño. El soñado por Stefan Zwieg, el famoso historiador austríaco que huyéndole al nazismo creyó encontrar en Brasil la posibilidad de construir una nueva civilización. Terminó suicidándose, sin ver que ese país fue refugio de muchos criminales nazis. De Masi quedó fascinado de los dos primeros mandatos de Lula y al igual que Zweig creyó que ese país continente tenía la diversidad de climas, culturas y etnias que resumía el mundo. Este sí tuvo la decepción de ver cómo surgió allí un gobernante con el discurso y práctica de muchos neonazis/fascistas. Ambos jamás podían imaginarse que, precisamente, por momentos, ese país sería un epicentro de ola ultraderechista, ultranacionalista y neonazi/ fascistas que amenaza el mundo, negadora de los valores claves de los modelos de sociedad analizado por De Masi que pende aún sobre esa nación. Tampoco lo podían imaginar la generalidad de los pensadores de esta región y del mundo. Hoy día, la tendencia es hacia el predominio de valores completamente ajenos a los que guiaban e impulsan las principales religiones. Faltan los grandes líderes carismáticos cuyo poder estaban fundados en la ética de carácter religioso, de signo político relativo a la igualdad y la solidaridad propio del socialismo o simplemente guías espirituales de actitudes ante la vida como el hebreo y el japones. Pero la pérdida de solidaridad más aguda y peligrosa es la solidaridad no sólo comunitaria de sino de clases, con efectos devastadores en términos político, electoral y social. Pero no sólo es antinmigrante el trabajador autóctono, sino el inmigrante contra otro de su misma condición. Piensa que los nuevos llegados son amenaza su lugar y permanencia en el lugar. En efecto, uno de los fenómenos del mundo actual es el cambio de los mapas políticos de la generalidad de ciudades y regiones. Los grandes caladeros de votos de las derechas extremas y tradicionales son aquellas áreas anteriormente bastiones liberales, socialistas, socialdemócratas y comunistas en aquellos países de gran cantidad de inmigrantes. La insolidaridad de la clase trabajadora es lacerante y vergonzosa, y una de las principales razones es que les han vendido la idea de que la mano de obra de origen extranjero constituye una amenaza para sus puestos de trabajo y para sus salarios. Pero no sólo es antinmigrante el trabajador autóctono, sino el inmigrante contra otro de su misma condición. Piensa que los nuevos llegados son amenaza su lugar y permanencia en el lugar. Esa falacia no sólo es difundida por los ultras y la internacional del odio, la xenofobia y la mentira, sino por gente que pensándose muy izquierda defienden “su clase obrera nacional” frente al inmigrante. Un claro indicador de desorientación y de negación de la consigna/valor “proletarios del mundo unios” del modelo socialista. Entre otras explicaciones, el fenómeno de insolidaridad de clases o de grupo social contribuyó significativamente al triunfo de las acciones y discurso del odio Trump en zonas anteriormente bastiones del partido demócrata. Aquí hay dirigentes de grupos protestantes, que, hablándole a su feligresía, han expresado que Dios quiso ese triunfo. Finalmente, el factor más saliente que impulsa la transformación del mundo es el tema migratorio, tan intenso y variado como irreversible. Hobsbawm cita este párrafo de “Las ciudades Invisibles” de Ítalo Calvino, “Polo: el infierno de los vivientes no es algo que será; si existe ya lo tenemos aquí, en nuestra vida (..) hay dos maneras de soportarlo. La primera es la que resulta más fácil para la mayoría: aceptar el infierno y convertirnos en parte de él hasta que dejemos de notar que existe. La segunda es peligrosa y requiere nuestra atención constante y nuestra sabiduría: buscar, y saber reconocer en medio del infierno lo que no es verdaderamente infierno y en hacerlo duradero y en darle cabida”. Muchos resultados electorales parecen conducirnos al infierno, pero, como todo, eso también pasará. Más que la certidumbre de un modelo, necesitamos resistencia, persistencia y resiliencia. Es en ese proceso donde posiblemente se construirá el modelo, si es que hará falta.

Un momento de convulsa incertidumbre

En nuestro país, es preocupante el derrotero que llevamos, se manifiesta en algunos chats temáticos y de mayoría de profesionales, siendo generalizado el disgusto en diversos medios y escenarios. Por César Pérez   El mundo vive en peligro desde hace varias décadas cuya sostenibilidad y diversidad de elementos amenazantes de alto riesgo que contiene indican que estamos lejos de haber tocado fondo y que la convulsión en que discurre el mundo tiene un carácter estructural. La naturaleza de las guerras que diezman miles de vida inocentes, la fractura en las fuerzas impulsoras de proyectos de sociedad basados en la solidaridad y la inclusión social y el fortalecimiento de aquellas que exacerban el odio y la que insolidaridad apuntan hacia un tipo de civilización en que la vida discurrirá en incertidumbre total. De eso ocurrir, nadie se salvará. Uno de los mayores motivos de preocupación sobre el futuro del mundo es la manera en cómo ha discurrido la presente coyuntura electoral en EEUU y su posible desenlace. Las voces más responsables y autorizadas a nivel mundial temen sobre el impacto que para el futuro inmediato podría significar el regreso al poder de Donald Trump. Y es que la campaña de este supera todos límites de la capacidad de difundir mentiras, odio, agresividad, impudicia, desprecio y odio hacia singulares individuos, hacia comunidades de inmigrantes y hacia países, como el caso de una de las bocinas que amplifican su discurso racista que califica de basura a Puerto Rico. Es el mismo que allí han usado contra la comunidad haitiana. Al igual que no pocos lo hacen aquí. La toxicidad de la campaña trumpista tiene también un sesgo machista, de desprecio hacia las mujeres, a la libre opción sexual y de envilecimiento de grandes grupos de individuos, muchos de ellos también víctimas del desprecio y del odio racista que no solo son seguidores del personaje, sino que aplauden sus delirantes discursos de campaña. Una triste manifestación de hasta dónde se ha llegado en la manipulación, cinismo y despersonalización de esas grandes mayorías a través de diversos medios que en varios países se decantan por el discurso del odio, de patrioterismo y contra la clase política. De esa mayoría están surgiendo una serie de gobiernos tanto nacionales como locales de derecha tradicional como extrema. En nuestra región hemos visto a esos tipos de derecha mostrar sus músculos, con sus triunfos electorales locales en Brasil y Chile. Alzan el tono en Colombia, Ecuador, Bolivia y en Argentina la ultraderecha golpea sistemática e inclementemente a la clase trabajadora, a las mujeres y al pueblo en sentido general. A pesar de las posibilidades de triunfo del Frente Amplio de Uruguay el domingo próximo y de la revalidación del gobierno izquierdista de México, el panorama es de incertidumbre. En nuestro país, es preocupante el derrotero que llevamos, se manifiesta en algunos chats temáticos y de mayoría de profesionales, siendo generalizado el disgusto en diversos medios y escenarios. Preocupa el incremento de la intolerancia en el debate público, a la recurrencia de las agresiones verbales y físicas de corte racistas, además del activismo de grupos e instituciones promotoras de esas acciones. Alarma el hecho que sectores en todas las esferas de la vida pública y privada sean partidarios y difusores de los desafueros que se cometen en la campaña trumpista y que, en la lógica de compartir la esencia de las posiciones de Trump, apuestan a un triunfo de este con la esperanza de encontrar en un eventual gobierno de EEUU dirigido por dicho personaje de un sólido aliado en todos los ámbitos, incluyendo el político de cara al tema haitiano. Una peligrosa y aparentemente absurda apuesta en la que se amalgaman la ceguera ideológica, la indolencia y la irresponsabilidad política. Una circunstancia preocupante, porque constituye una expresión local de un fenómeno mundial inasible que sume a mentes de incuestionable solvencia profesional e intelectual en la incertidumbre y el pesimismo. Y no solo por eso, sino porque se conjuga con otras expresiones de preocupación sobre la presente coyuntura que vive el país. Veamos, hay momentos que otros países lo viven con relativa normalidad, pero que aquí, al ser inveteradamente propensos a la exageración y al tremendismo, sobre todo verbal, la vivimos envueltos en una atmósfera de tragedia/fin de mundo. Pienso en la fallida “modernización fiscal”, agravada por otras “minicrisis” provocadas por la toma de decisiones a todas luces inviables o equivocadas. Entre otras, la crisis en el ayuntamiento de la Vega, el caso del bien intencionado, pero fallido, nombramiento de un funcionario en dos cargos simultáneos, el mal manejo del tema migratorio y la gafe del INTRANT. Son errores que provocan una sensación de incertidumbre que objetivamente restan trascendencia política a importantes medidas tomadas en otras esferas. El irrefrenable deseo de emigrar de vastos segmentos etario y profesionales es fruto de la incertidumbre, a pesar de los indicadores de incremento de la inversión extranjera en el país. Esa y otras contradicciones indican la necesidad de un cambio de rumbo en la esfera de la política, político, fundamentalmente

La reforma indispensable

La reforma que requiere este país, y que además es posible, es un cambio radical en la manera de pensar la política, vale decir, insistir en producir una serie de transformaciones en los ámbitos de lo social, lo político y lo cultural. Por César Pérez   El retiro del gobierno de su propuesta de reforma fiscal es políticamente correcto. Sin embargo, más que “ajustar los alcances de desarrollo”, lo que debería hacer la presente administración es abocarse a hacer la reforma moral e ideal a que apostó ese abanico de fuerzas políticas y sociales que por más de dos años se mantuvo en las calles demandando el fin de la impunidad y de los irritantes privilegios de sectores políticos y empresariales.  En el imaginario colectivo es extendida la idea de que, en esencia, se mantienen esas dispensas restándole legitimidad al gobierno, algo evidenciado en el contenido de las discusiones sobre la reforma en las vistas públicas en el Congreso. Es innegable que ese proyecto adolecía de importantes falencias, que no atacaba distorsiones/ privilegios y fuente corrupción, pero pienso que son más peligrosas las exageraciones y el cinismo de los principales opositores de la reforma, políticos como /empresarios. A esos grupos se unieron otros con intereses diferentes e incluso defensores de los mejor para el país, produciéndose así una explosiva mezcla de ignorancia, irresponsabilidad, incoherencia de la participan sectores de la comunicación y hasta de las ciencias sociales, fundamentalmente de la economía. Indudablemente que esos factores contribuyeron a que se produjeran los “terribles números” de las encuestas que se dice asustaron al gobierno. Sin embargo, en última instancia, la fuerza de los opositores al fallido proyecto se encontraba en ese generalizado sentimiento de que el régimen no ha enfrentado con eficacia y determinación la permanencia de ancestrales lastres sociales económicos, políticos y sociales. Se dice que la evasión del ITBIS alcanza hasta un 47, que se han dilapidado los recursos del 4% a la educación, que la cobranza del agua y la energía eléctrica es relativamente insignificante, que el financiamiento a los partidos es excesiva, las elecciones signadas por las iniquidad e inequidad, publicidad del gobierno dispendiosa y beneficiosa para antiguas bocinas y congresistas que se autoasignan pensiones y seguros médicos prohibitivos, sus barrilitos y cofrecitos, etc. Sin legitimidad alguna, éstos legisladores eran los encargados de aprobar los alcances de la reforma, por eso fueron presas fáciles de sectores antisistémicos, antipolíticos, rabiosos enemigos de los valores básicos de la democracia que tuvieron en las vistas públicas un escenario para ampliar su siembra de odio, mentiras y de violencia verbal y física en esta sociedad. También fueron presas de una diversidad de actores que desde otra posición eran opuestos a la reforma. Otro factor que limitaba el apoyo a la iniciativa del gobierno fue la propuesta de unificación de las elecciones municipales con las presidenciales a pesar de ser  rechazada por mayoría de alcaldes y directores de distritos municipales; así como de centenares de destacados técnicos y activistas municipalistas. En ese contexto era impensable que el gobierno lograse su objetivo. Obligado a desistir de todo intento de reforma fiscal se plantea hacer reajustes presupuestarios, limitar las tentaciones hacia el endeudamiento y las fugas de dinero hacia las arcas de los evasores. Son medidas razonables, que podrán ayudar a paliar el golpe de no lograr los recursos buscados con la reforma, pero para hacerlas efectivas deberán aplicarse acciones drásticas, racionales y valientes. Pero me temo que por más eficaces que resulten esas medidas serán insuficientes para colmar las expectativas de la población tanto del primer como del segundo mandato de esta administración. No es momento de tirar la toalla, como bien plantea el Centro Juan XXIII, en uno de sus dos magníficos documentos sobre la presente coyuntura, pero insistir en un proyecto a todas luces  inviable, por los elementos arriba enunciados,  y porque quizás se magnificó sus eventuales alcances, no es una apuesta  razonable porque sus posibilidades de éxito son en extremo exiguas . La única salida que podría tener el gobierno para recuperar la subjetividad fracturada, es asumir una firme posición de firme combate a los privilegios de todo tipo, a la evasión fiscal de los grandes emporios nacionales e internacionales enclavados los sectores claves de la economía y de la política. Igualmente, haciendo conciencia que una vez naufragado su proyecto de reforma fiscal, la reforma que requiere este país y que además es posible y es un cambio radical en la manera de pensar la política, vale decir, insistir en producir una serie de transformaciones en los ámbitos de lo social, lo político y lo cultural. Conectarse con los cambios y problemas que actualmente acogotan el mundo y, sin renunciar a su soberanía,  hacer conciencia de que mantener una perenne puja y disputa con países y organismos internacionales no conduce a ninguna parte, además que no es posible gobernar sin estructuras políticas realmente existentes. Finalmente, está más que demostrado que uno de nuestros mayores lastres es la debilidad/inconsecuencia del liderazgo político, derivándose de ahí la preeminencia de las corporaciones económicas, sociales y eclesiales en las tomas de las decisiones políticas claves. Es el factor determinante del naufragio de la reforma fiscal.

Deportaciones masivas, debido proceso y contexto

Hay una exacerbación del antihaitianismo en los medios de comunicación que refuerza el racismo en la sociedad dominicana, acoso a directores y comunicadores de medios y de fabulación sobre la cantidad y consecuencias de la inmigración haitiana.  César Pérez   Se dice que los gobiernos dominicanos no han podido establecer una coherente y eficaz política migratoria frente a Haití. Los hechos confirman ese aserto y la reciente decisión de iniciar un proceso de deportaciones masivas de nacionales de ese país, real o supuestamente indocumentados, constituye un ejemplo. En una fatídica semana, marcada por escandalosas denuncias de corrupción que de alguna manera tocan organismos de seguridad nacional, del incremento de la campaña de odio y de amenazas a quienes se oponen a esa y otras expresiones del ultranacionalismo cerril que se expande en el país, el gobierno anuncia un incierto plan para efectuar 10000 deportaciones semanales, sin que se sepa por qué y de dónde se saca ese número. Esa operación se anuncia y se inicia sin que haya evidencia de cambios relativos al debido proceso en la práctica de las redadas y transportación de reales y supuestos indocumentados, en las que las extorsiones para dejarlos libres, el robo de sus dineros y bienes y sin que sea manifiesta sanción alguna a los agentes que participan de esos operativos por los abusos y robos cometidos en esa casa del terror que es la cárcel ambulante denominada Camiona. Tampoco se conoce el desmantelamiento de la estructura delictiva que operaba en las actividades de despojo y de extorsión a los apresados; ni por qué se militariza la dirección de migración cuyas consecuencias podrían ser de acentuación del irrespeto a los derechos humanos. Y, quizás lo más importante, se recurre a esa medida sin haber avanzado prácticamente nada en el proceso de regularización iniciado con la Ley 169/14, promulgada para tratar de paliar los daños causado por la inconstitucional Sentencia 168/13. Se mantienen las trabas y maltratos contra los que buscan sus documentaciones en el plan de regularización. A 8 mil que se acogieron al plan se les otorgó residencia permanente y a los mayores de edad sus respectivas cédulas. Sin embargo, a pesar de decir “permanente”, esos documentos tenían fecha de vencimiento: el 2020 y las oficinas creadas para hacer efectiva la Ley se mantienen cerradas desde la pandemia, por lo cual a muchos se les vencieron esos documentos sin hasta ahora posibilidad de renovarlos. Se estima en 200 mil los nacidos antes del 2010 que fueron desnacionalizados por la Sentencia 168/13, de carácter retroactivo, que por diversas razones no pudieron acogerse a la Ley 169/14 y por su condición de “indocumentados” no pueden inscribir sus hijos en los centros educativos y estarían entre las víctimas de las redadas. Son cuestiones para tomarse en cuenta antes de tomar la medida de las deportaciones masivas. A ese propósito, recordemos la experiencia del abrupto cierre de la frontera que el tiempo demostró que era insostenible por su impacto negativo sobre la economía local, regional y binacional. La fuerza de los hechos lo fue abriendo paulatinamente. La razón se impuso a la fuerza. En este caso, los costes económicos (ya a la vista), humanos y para la imagen/país serán mayores. Fatigosamente, en la primera semana podría llegarse a los 10 mil deportados, pero a qué precio en términos de injusticias, errores, de personas apresadas y expulsadas en proceso de regularización, generalmente nacidos y criados en el país antes del 2010, de madres, padres o tutores que son obligados a abandonar bienes e hijos por culpa de las trabas burocráticas, injusticias e ilegalidad del sistema para regular su estatus. Se creará un clima de terror en una comunidad, cercenando sus derechos a la libre circulación para ir a sus trabajos, llevar sus hijos a los centros educativos y obligados a vivir recluidos. Constituye una tragedia enviar a una o a un grupo de personas a un sitio totalmente desconocido cuyas condiciones de vida además de deplorables son en extremo peligrosas, algo contrario a principios universales de las deportaciones. Todo Estado es soberano en su política migratoria, no se discute. Pero, en este caso, resulta inconducente ejecutarla en un contexto de exacerbación del antihaitianismo en los medios de comunicación que refuerza el racismo en la sociedad dominicana, de acoso a directores y comunicadores de medios y de fabulación sobre la cantidad y consecuencias de la inmigración haitiana. Las persecuciones indiscriminadas provocan estrés a la sociedad, son inhumanas y económicamente insostenible, y provoca diversas formas de violación de derechos. El contexto internacional es de exacerbación del ultranacionalismo, mediante el cual se construye una identidad basada en el odio, en el odio como pasión colectiva contra el no idéntico, parafraseando a U. Eco Cualquier identidad nacional construida sobre esa base indefectiblemente descansará en pilares corroídos. Finalmente, necesitamos buenas relaciones con Haití porque constituye una imprescindible fuente de mano de obra, ¿que debe ser controlada? Sin dudas, pero la lógica de nuestra economía y de la economía mundial determina su carácter imprescindible. Para bien de esas relaciones, el Estado dominicano debe renfocar el tema migratorio y de las deportaciones, retomar el plan de regularización iniciado con la Ley 169/14, reabrir las oficinas del Ministerio de Interior y Policía creadas para tal fin y entender que la inexistencia de infraestructuras, recursos humanos, protocolos, con una frontera porosa, insegura y antro de corrupción, las deportaciones masivas son inviables.

Para que sea útil el balance debe ser objetivo

En el balance sobre el proceso recién finalizado, la posición que sobre estos valores asuman los partidos y las individualidades se juega el futuro de esta nación y además, lo que le dejará esta nueva mayoría… Por César Pérez  Al pasar balance de todo proceso o experiencia la objetividad es básica, una obviedad de simple sentido común que, en sentido general, parece no serlo en el mundo de ciertos políticos y de cierta política. Terminado un proceso electoral, en general, se tiende a magnificar el desempeño de quienes se consideran ganadores y a minimizar el de quienes se consideran perdedores. Y es que, en la política, el peso de las emociones y de las pasiones es particularmente importante antes y después de los procesos electorales. Inmediatamente termina uno, comienza otro, reactivándose los proyectos grupales y/o personales con prisas, emociones y pasiones. Por esa circunstancia los análisis sobre los desempeños electorales suelen no ser objetivos. A pesar de que las direcciones de las fuerzas políticas que participaron en los recién pasados comicios no han pasado un recuento final/oficial sobre su participación en ellos, algunos sectores dentro y fuera de esas colectividades han avanzado algunas opiniones al respecto, además de algunas iniciativas de cara a los comicios del 28. A comenzar por el partido ganador, el PRM, su triunfo ha sido ostensiblemente arrollador. Nada que objetar al relativo a la presidencia de la república; en lo que respecta al congresual si bien ese partido tiene un Congreso prácticamente monocolor, muchos se preguntan sobre la correspondencia entre cantidad-calidad de sus integrantes. El punto más controversial y, quizás de lamentar de parte de muchos, fue que perdieron la plaza política más importante en términos simbólicos y político: el Distrito Nacional. Sobre esa circunstancia, ese partido debe reflexionar seriamente por varias razones. Entre otras, por la manera en que discurrió el proceso de escogencia de la candidatura a esa plaza, las polémicas generadas en torno a ella, el largo tiempo que se tomó en materializarla y sobre todo, las razones que la motivaron. Pienso que en esa decisión se mezclaron factores que bien pudieron ser decantados.  Al acoso de sectores del conservadurismo político/eclesial a la Faride Raful, senadora, de alguna manera se unieron sectores que dentro y fuera del partido le adversaron no sólo por cuestiones de ideas, sino por cálculos políticos de estrecha mira. Igualmente, el mito de la segunda vuelta caló seriamente en sectores del PRM y calibraron erróneamente supuestos “números” de las encuestas. Por razones que deberían discutirse en otros espacios, los decepcionantes resultados de la escogencia de la candidatura de Guillermo Moreno indicarían que esta fue firmemente objetada dentro y fuera de ese partido. Muchos hemos oído testimonios de gente que dicen haber votado por el adversario de aquel, al tiempo de hacerlo entusiasta y decididamente por Abinader. Haber perdido la apuesta de candidatura en el DN podría contribuir a que el FP tenga un más significativo proceso de recolocación en los sistemas político y de partido del país. El miedo al chantaje del conservadurismo eclesial y político conduce irremediablemente al fracaso de cualquier iniciativa o proyecto político. Morir asumiendo las ideas del adversario es morir dos veces. Como fue el caso. En cuanto al FP, su desempeño en términos de porcentaje y cantidad de votos no es desdeñable. Obtuvo un resultado global significativamente mejor de lo que las encuestas y observadores le dábamos, amén de que, como se consigna más arriba, se alzó con la simbólica plaza de la ciudad capital con votos potencialmente del caladero del PRM. Pero hay que consignar que el porcentaje obtenido a nivel nacional 29.34 ha sido posible por el 56%, del DN, un resultado donde el rechazo a la principal candidatura que le adversaba pudo haber sido en última instancia determinante. El desempeño de la FP debe analizarse objetivamente, no sobrestimarlo, como tampoco subestimarlo. En el terreno de la política el menosprecio al adversario suele ser letal. No subestimar un partido que obtuvo 1,164,045 votos. Para el PLD, estos resultados no podían ser peores. En términos jerárquicos, sus dos principales dirigentes anuncian que dejan sus puestos, la deserción en todos los niveles de esa colectividad “sigue su agitado curso” y la sangría hacía la FP no logran yugularla, no se descarta que la única forma de hacerlo es buscar un arreglo con este partido. El tema de la sucesión, de darse en la FP, sería el factor que condicionaría o detendría ese arreglo, por el momento. Pero son de la misma familia, conservadores los dos, uno más que otro (el FP). En cuanto los partidos pequeños, su desempeño fue el previsto: decepcionante. El incalificable que los superó en votos ha terminado en envuelto en graves acusaciones y contracusaciones rayanas en la abyección. Para los grupos progresistas y de izquierda, este ha sido el más lastimoso de cuanto proceso electorales han enfrentado. Si continúan haciendo análisis de este tiempo con simple manifestación de voluntarismo y con las mismas ideas de tiempos irremediablemente pasados, de la irrelevancia política en que están inmersos podrían pasar a la condición de desaparecidos. Pero, la desaparición de esos grupos, recordando a François Furet, no elimina la pertinencia de la exigencia de una sociedad sustentada en los valores fundamentales de la democracia. En el balance sobre el proceso recién finalizado, la posición que sobre estos valores asuman los partidos y las individualidades se juega el futuro de esta nación y además, lo que le dejará esta nueva mayoría… Al pasar balance de todo proceso o experiencia la objetividad es básica, una obviedad de simple sentido común que, en sentido general, parece no serlo en el mundo de ciertos políticos y de cierta política. Terminado un proceso electoral, en general, se tiende a magnificar el desempeño de quienes se consideran ganadores y a minimizar el de quienes se consideran perdedores. Y es que, en la política, el peso de las emociones y de las pasiones es particularmente importante antes y después de los procesos electorales. Inmediatamente termina uno, comienza otro, reactivándose