UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Nueva amenaza a la competitividad exportadora

La posible imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a más de 60 países, incluyendo al nuestro, a bienes producidos con trabajo forzoso, abre una amenaza que no se puede ignorar. Aunque el país no es un gran exportador hacia esos mercados en sectores de alto riesgo, sí participa en cadenas globales donde un eslabón contaminado puede impactar a todos. Para entender el impacto, conviene mirar el corazón de nuestra economía: las zonas francas, responsables de más de 190 mil empleos y exportaciones que superan los US$8,000 millones de dólares anuales. Muchas de estas empresas ensamblan o transforman insumos importados. Si alguno de esos insumos proviene de países o industrias señaladas por trabajo forzoso, el producto final podría enfrentar sanciones o aranceles, aun cuando la parte dominicana sea completamente legal y ética. Esto significa que la “trazabilidad”, saber exactamente de dónde viene cada componente, dejará de ser un lujo para convertirse en un requisito de supervivencia comercial. Las empresas dominicanas deberán exigir a sus suplidores certificaciones más estrictas y sistemas de verificación que aumentarán costos operativos, especialmente para pequeñas y medianas empresas. El riesgo no es sólo económico. También es reputacional. En un mundo donde los consumidores penalizan a las marcas asociadas a abusos laborales, cualquier señalamiento puede afectar la imagen-país y la confianza en nuestras exportaciones. Un ejemplo práctico ayuda a visualizarlo. Imagine que una fábrica dominicana de ropa deportiva importa telas desde Asia para confeccionar camisetas que luego vende a Europa. Si uno de los países proveedores es incluido en la lista de alto riesgo por trabajo forzoso, toda la camiseta dominicana podría enfrentar un arancel adicional o incluso ser rechazada, aunque el trabajo local sea digno y regulado. El costo final subiría y la empresa perdería competitividad frente a productores de otros países con cadenas más limpias. La buena noticia es que el país ya ha avanzado en estándares laborales y en transparencia. Pero el nuevo escenario exige ir más lejos: fortalecer auditorías, diversificar proveedores y promover acuerdos que garanticen cadenas éticas.  

Señor Presidente formalicemos mipymes con el “monotributo”

El monotributo es un régimen tributario simplificado diseñado para pequeños contribuyentes. Permite cumplir con las obligaciones tributarias mediante el pago de una cuota fija mensual, que incluye impuestos, pagos a la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y el Infotep. Por Antonio Ciriaco Cruz El monotributo es uno de los regímenes tributarios más adecuados para formalizar las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). Su simplicidad en el pago de impuestos y la posibilidad de acceder a beneficios de la seguridad social lo hacen ser una opción deseable para formalizar a la gran mayoría del tejido empresarial dominicano que está en la informalidad. El monotributo es un régimen tributario simplificado diseñado para pequeños contribuyentes. Permite cumplir con las obligaciones tributarias mediante el pago de una cuota fija mensual, que incluye impuestos, pagos a la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y el Infotep. La Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD ha insistido en que la aplicación de este régimen tributario simplificado puede tener efectos muy positivos en la labor de formalización del 85 % de las mipymes informales. Tenemos que ver la experiencia de Uruguay al respecto. Con la aplicación del monotributo, toda actividad que realice una mipyme conllevará su formalización en el régimen. Esto le permitirá estar en condiciones de poder emitir facturas por sus ventas o servicios. El monotributo deberá ser obligatorio para las mipymes que desarrollen una actividad económica. Por ejemplo, si un emprendedor alquila un local comercial, uno de los requisitos será inscribirse en el monotributo. El régimen del monotributo le ofrece a las mipymes varias ventajas, entre ellas, la posibilidad de generar ingresos de forma transparente, permitiéndole utilizarlos para diferentes fines, como inversiones o compras. Además, al estar registrado en el monotributo, realizará aportes previsionales, lo que brinda la posibilidad de tener una jubilación en el futuro. Otra ventaja es la posibilidad de trabajar con empresas y participar en licitaciones y compras públicas, ya que estos casos requieren la emisión de facturas por los bienes o servicios contratados y estar registrado como proveedor del Estado. Por último, el monotributo deberá estar acompañado con un programa de financiamiento a través de “Promipyme” dirigido a las mipymes que se acojan a ese régimen tributario simplificado.

Percepción, costo de la vida y la inflación

Por Antonio Ciriaco Cruz La inflación es un fenómeno con ciertas complejidades que aún se investiga activamente en economía. Es muy común escuchar a la gente quejarse de que los “precios están altos” y que el “costo de la vida está por las nubes”. El “costo de la vida” es una medida basada en la cantidad de dinero que necesitamos para cubrir una canasta básica representativa (alimentación, vivienda, salud, entre otros), siendo el “índice de precios al consumidor (IPC)” la métrica utilizada por el Banco Central para calcular el cambio en los precios de los bienes y servicios de esa canasta básica. No todos los precios de la canasta básica suben o bajan con la misma intensidad. Ni todos tienen la misma ponderación en la canasta. Generalmente, en los países en desarrollo la mayor ponderación la tienen los “alimentos y bebidas no alcohólicas”. En el país esa ponderación ronda el 23%. No obstante, la mayoría de los ciudadanos discrepan significativamente entre los datos oficiales de la inflación y cómo sienten el costo de la vida. Casi siempre la percepción de que tiene la gente de la evolución del costo de la vida supera las cifras de inflación difundidas por el Banco Central. Eso no significa que el Banco Central deje de hacer un trabajo muy técnico y profesional en el cálculo de la inflación. Sin embargo, la percepción que tienen las personas sobre el costo de la vida supera el dato “oficial”. Esto es parte de las complejidades de medición de la inflación. El Banco Central calcula canastas representativas de los consumos actuales de diferentes grupos poblacionales (estratos socioeconómicos o quintiles), y hay bienes y servicios que entran y salen a partir de las encuestas de Gastos e Ingresos que realiza el banco cada diez años. Sin embargo, el Banco Central no realiza “encuestas de percepción de la inflación” para ver cómo la gente siente el “costo de la vida”. Sería interesante que se comenzaran a realizar este tipo de encuestas. Esto nos daría más información sobre las complejidades de la inflación.